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miércoles, 1 de junio de 2016

Cicatriz de Sara Mesa: una novela que no deja indiferente.



Ayer, día 31 de mayo, a las cuatro y media de la tarde, los amigos del Club de Lectura presencial, dirigido por Pedro Ojeda, nos reunimos en la Facultad de Humanidades, de la Universidad de Burgos, para comentar la novela Cicatriz de Sara Mesa. 

 Tenemos delante una obra que ha provocado gran diversidad de opiniones, desde los que les ha gustado mucho hasta los que no les ha gustado nada. En realidad, siempre es así; pero esta vez los compañeros, virtuales o presenciales, se han expresado con especial vehemencia.  Cicatriz no es una obra que nos deje indiferentes.

Los lectores van expresando ideas y Pedro Ojeda matiza alguna de ellas; aunque advierte que  reserva su opinión para el final. Señalo las intervenciones de Pedro en color azul, para distinguirlas.

Paco Cuesta, del blog El Alfoz, no ha podido asistir pero ha dejado constancia de que la novela le ha gustado mucho. 

Una novela que nos habla como si fuera televisión para sordos: sale, se levanta, entra...¿Cómo se llama eso?

Una voz narrativa omnisciente que da cuenta de algunos detalles y omite otros.

Según la iba leyendo, me iba entrando la curiosidad. Me admira la autora porque es difícil hacer un diálogo con un personaje como él (se refiere a Knut). Su trabajo me ha gustado, muy de nuestro tiempo.



Me pareció una prolongación de mi trabajo, dice una lectora abogada que vive cotidianamente casos de maltrato psicológico, en un juzgado de familia. Le sorprende que exista maltrato sin conocerse y a través de internet. También  conoce de cerca los robos en los grandes almacenes: Pillan a la mitad de la mitad y en los precios están incluidos los robos. Hay quien es sorprendido y sigue negándolo, incluso caras muy conocidas de nuestra ciudad.

Me ha gustado la manera de escribir, el uso de la letra cursiva.

Me recuerda los programas de radio de la madrugada, donde hablan personas desgraciadísimas. Nadie lo había plasmado a través de internet. Es una novela muy actual.

Me ha gustado el final: escribe, vende los tres primeros libros, acaba haciendo lo que él dice.

Ella es tonta y masoquista.

No habría pasado de la página 62, pero me comprometí a hacerlo. La relación amor odio me ha gustado. El lenguaje es muy pobre y no me creo que alguien robe zapatos y no lo pillen. Y de Armani nada menos. En Marte tal vez.

Yo le preguntaría a Paco Cuesta: por qué te ha gustado.

¿El marido no se entera de nada?

No me ha gustado, me cansa la forma de escribir de esta escritora.

Es una relación inverosímil.

 La relación no es inverosímil, aunque el personaje de él sí lo sea.

El personaje de ella es superficial, no sabemos quién es ella. El personaje de él es un boceto, pasa por encima muchas cosas. El erotismo no está claro, tal vez sea  fetichista...Es un personaje sin desarrollar.

Me gustaría que la autora nos explicara lo que ha pretendido. Él es la idea del mal, es amoral y perverso. Es más una idea que un personaje.

Imagina una ciudad ficticia (Cárdenas), pero los detalles son de una ciudad como Madrid o Barcelona. Habla de El Corte Inglés o de La Casa del Libro.

Crea un espacio recurrente, como muchos escritores.

No ha construido ese espacio recurrente ¿Lo ha hecho adrede o no lo ha trabajado?

Le interesa lo interior más que los espacios. Lo que ha querido construir es una novela mental, la mente de los personajes, da igual que sea una ciudad u otra.

¿Os han molestado los saltos temporales? No, por unanimidad.

La forma es un poco morosa, cansa.

La estructura es la adecuada a esta historia. Hay una parte manipuladora y otra manipulada. ¿Cuándo comienza todo? En el archivo, ella está desmotivada, se aburre, no tiene vida, se le abre alguien que le hace regalos…Es la soledad del personaje. Llega un momento en que la relación la abruma, pero está enganchada y, al final, le busca por la calle en donde ella sabe que vive, hay una propuesta de continuación.

Manipuladores y manipulados, si se encuentran quedan enganchados. Algo que queda muy bien reflejado en la novela.


Es una relación tóxica: más me maltrata, más enamorado está.

Se emociona cuando roba para ella. La aventura la quiere a través de él.

Es un personaje que no te lo crees.

Hay dos situaciones muy bien construidas, lo dice alguien que no le ha gustado la novela. ¡Pedro Ojeda se destapa!
  • Cuando leemos el último capítulo, estamos esperando un final como el de Doctor Zhivago.
  • Cuando parece que los van a pillar, la tensión...
Son dos momentos muy bien construidos.



Hay muchas citas como de primero.

 Las citas no están integradas en la novela.

¿Cómo nos deja a los clubes de lectura? Gente mayor y aburrida.



 Hay gente que lo ha leído muy bien y hay gente a quien se le ha hecho insufrible. Es un libro que se ha vendido muy bien. No deja indiferente a nadie.

Ella fantasea, lo de él es terrible. Ella se deja llevar por la fantasía.

¿Qué busca ella? Una persona que crea en ella, aunque la castigue...

Sin embargo, no aguanta la relación personal, la "hendidura" de las ocho horas que pasa con él, quiere irse, le quema el roce, mira el reloj.

Ha habido pegas en cuanto a la construcción, a algunos se les ha hecho cuesta arriba.

Hay ideas no desarrolladas, se le escapan de las manos: el fetichismo, la manipulación.

 Me gusta el estilo, Sara Mesa tiene mucho oficio. Los recursos técnicos son demasiado evidentes pero funcionan. está bien escrito, las propuestas son interesantes pero no están desarrolladas. 

Una relación así puede existir, él es inverosímil. Lo que me más me ha preocupado es que empieza con unos planteamientos contra el sistema  que se quedan en nada. Las bases son excelentes. Propone pero no transgrede, se queda en nada. Para Sonia es irrelevante, no es su vida pero siente curiosidad.

Sombras de novela romántica, de esa que sigue funcionando: hombre rico que se enamora de chica pobre. Venden ensoñación para gente que busca lo que no está en su vida normal. La novela romántica suele estar mal escrita, ésta está bien escrita.


Sombras...

La autora sale de la novela romántica convencional a través del estilo. Está bien escrita y recurre a los saltos temporales, algo prohibido en las novelas románticas. Ya no es una novela romántica pero tampoco lo que se propone al principio. No desarrolla ese potencial.

Nuestra relación con la novela es ambigua, según pidamos. Tiene buen oficio, promete, no es una novela de encargo, pero tiene todas las pintas. Es el esbozo de una gran novela.

¿Qué opina la gente joven?

 Ha gustado mucho a la gente joven.

Puede ser el libro de mesilla de los de Podemos. ¿?

Las treinta primeras páginas parecen de una escritora y el resto de otra.

Una lectora destaca algunas palabras machistas del personaje: “yo voy en línea recta…” A Pedro le parece muy interesante ese fragmento. 

Porque el personaje  es muy machista. tanto como la novela romántica, historias como  Pretty Woman...que tienen tanto éxito.



Antes de cerrar mi pequeña crónica, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que nadie haya llamado a los personajes con su nombre. No he oído ni Sonia ni Knut. Puede ser significativo. Recuerdo otras lecturas en las que llamábamos a los protagonistas por su nombre, como si fueran amigos de toda la vida. Sí, incluso a Tediato...

Agradezco a Sara Mesa que me haya ofrecido una novela diferente, una novela de soledad, de manipulación, de obsesión, de la nada atiborrada de mensajes que podemos vivir en los tiempos de internet. A mí me atrapó el aislamiento de Sonia en el archivo, pasando fichas escritas a una base de datos que ya estaba condenada a desaparecer. Y, en medio de ese trabajo tedioso e inútil, entra Knut en su ordenador, se ha fijado en ella. Sonia manipulable no podrá desengancharse de su manipulador. ¿Una continuación? 

"Se empequeñece mientras avanza. Se difumina. Desaparece."

Un abrazo para todos mis compañeros virtuales y presenciales:

María Ángeles Merino

¿Qué pensará Sara Mesa de nuestras palabras? ¿Y de las de Pedro Ojeda?


jueves, 26 de mayo de 2016

Cicatriz: "Era verdad. Existía. Era."





¡Hola amigos lectores!


Aquí me tenéis otra vez, con Austri, mi fiel contertulia literaria. Como soy totalmente ajena al mundo de la ropa carísima, mi amiga me ha paseado, para ambientarme dice, por tiendas y grandes almacenes, en una magistral lección de lo que yo llamo "pijotería". Que todas esas marcas existen, María Ángeles, me asegura, incluso en Burgos. Y también esos precios de cuatro cifras que aparecen, de vez en cuando, en Cicatriz

No sé de dónde saca esta chica tales conocimientos sobre prendas que ella nunca compraría, ni llevaría, por razones obvias. Cansadas de ver trapos de oro, a juzgar por las etiquetas, nos sentamos delante de un café, con el portátil delante, para redactar la entrada semanal. Ya empezábamos a percibir hostilidad en las miradas de las dependientas...qué hacen estas que no llevan trazas de comprar y hablan de no sé qué libro. ¡Mira que hay gente rara!

-¡Qué decepción! ¡No vimos a nadie con trazas de ser un Knut o una Sonia!

-No, la señora del bolso a lo Rita Barberá o las rubitas gangosas no se parecían a Sonia. Ni a Knut...el viejecito del loden que buscaba un "picardías" para una señorita, como susurraba a la dependienta.

-No te fíes de las apariencias, dicen que muchos ladrones de tiendas son de los que podrían pagar sin problemas. También hay verdaderos profesionales, como dice aquí una legión:

"Son legión, dice él. Todas las mañanas montones de personas salen de sus casas a hacer acopio. Centenares de ellos pululando aquí y allá, invadiendo las tiendas como termitas: libros, cds, dvds, videojuegos, pero también perfumes, bebidas alcohólicas, gafas de sol, comida, juguetes, ropa. Muchas son descubiertas, está claro, y se vienen abajo, lloriquean, jamás vuelven a intentarlo. Pero otras son tenaces, continúan , dan ejemplo a las que aún están aprendiendo. Y siempre hay nuevas camadas dispuestas a intentarlo. La rueda gira y gira, nunca se detiene. Siempre hubo cazadores y cazados, vigilantes y ladrones, control y descontrol, sentencia Knut. Así es como funciona el mundo."

¿Seguimos comentando Cicatriz? Parece ser que no ha sido del gusto de algunos de tus compañeros lectores. Y alguno se ha pronunciado contundentemente. ¡Incluso en inglés! Pero siempre con respeto.

-Ahí tenemos  la señal de la buena salud de nuestro club de lectura. Ya te contaré la opinión de los de la lectura presencial.  Algunos han leído Cicatriz como un libro muy de nuestro tiempo: tanta comunicación y más solos que nunca, personas que dicen ser  libérrimas que se anclan a  nuevas esclavitudes. No parece haberles desagradado,  aunque les pueda esta chica, qué tonta, qué gilipollas incluso, dónde se va a meter, tiene un peligro.

-¿Por dónde seguimos?

-Por donde quieras porque es un libro circular, los personajes no escapan del esquema trazado en el capítulo 1. Sólo cambian las circunstancias personales de Sonia: deja de ser becaria y soltera, consigue un contrato en el archivo, se casa con un hombre que parece interesante, tiene un hijo, se separa...La tela de araña, digo los regalos de Knut, se amplían; ya no son sólo libros, también ropa y calzado de lujo, perfumes, cosméticos...coladores, tijeras de cocina o comprimidos de valeriana, todo robado. Sonia cada vez va más lejos en la construcción de su doble vida, llega incluso a robar, como él. 



-Knut disfruta vistiendo a su maniquí por fuera y también por dentro: qué y cómo leer, cómo pensar, cómo escribir para una hipotética carrera literaria de la cual Knut sería el mentor. Un formateador que la somete a  incansables cuestionarios: "Cada nueva respuesta que ella le da genera a su vez nuevas preguntas", una cadena agotadora pero Sonia aguanta, no puede evitar la atracción que siente por un personaje que asegura enviarle regalos "simplemente como pago por tu existencia".



-Como no podemos contar todo el libro, qué te parece si nos centramos en el primer encuentro personal. Jugamos un poco, yo me meto en el pensamiento de Knut y tú en el de Sonia. 

-De acuerdo. Comienzo yo. Soy Sonia.

En los últimos días me ronda una tentación por la cabeza, quiero ver a Knut. Podría coger el primer avión a Cárdenas y volver en el último. Un cortafuegos de casi ocho horas para estar juntos. Salir y entrar de su vida, como por una hendidura casi invisible, sin riesgos ni compromisos. Olvidar por un día a la familia, el trabajo, los cortejadores que me graban cds y me invitan a tomar algo a la salida de la oficina. Qué vulgaridad.

No sólo es la íntriga de verlo, es la necesidad de fingir, sólo durante un día, que es posible vivir la vida de una chica distinguida, elegante y despreocupadamente libertina. Knut no oculta su entusiasmo ante mi propuesta, lo he conmovido. ¡Desea tanto verme, hablar conmigo! Me conmueve a mí también cuando dice que todo lo que puede darme es menos de lo que merezco. Fijamos una fecha.

-Ya ves la ensoñación de Sonia, qué obsesión por vivir una vida diferente. ¿En qué libro, o película, habrá visto una libertina distinguida y elegante?


Ahora me toca a mí. Soy Knut. 

Prometo a Sonia que le compensaré los gastos del viaje. Ella dice que ya están compensados con creces. Pero no, en serio, le enviaré algo, veré qué puedo conseguir. Me encantaría coger para ella alguna prenda que pudiera ponerse cuando venga. Le aclaro que no me refiero a lencería sino a algo de ropa fina, sofisticada. Tengo ya varios objetivos.


Le anuncio mi botín, tengo que contárselo. Una falda negra de Escada, tres piezas de tela superpuestas con delicadeza, todas diferentes al tacto. Calculo que le queda ligeramente por debajo de la rodilla. Los frunces superiores le prestan volumen, sin perder caída. Frunces, caída, qué pocos hombres saben de eso. Su precio normal era 319 euros, en oferta está a 230, qué me importan a mí las rebajas. Fue sencillo desprenderla de la percha y quitarle el clavo en una caja, en un descuido de la dependienta. Envío a Sonia unas fotos de la falda, le gustará.



-Miro las fotos pero más que la falda, miro lo que hay en torno de ella. Knut la ha extendido sobre una cama. ¿En su cama? La colcha tiene un estampado descolorido y anticuado de flores y peces. Hay un cojín marrón de cuadros y restos de papel pintado en la pared pintada de amarillo. Todo muy feo. Contrasta la falda de lujo sobre la colcha barata. 




Ahora caigo en la cuenta de que Knut y yo hemos emborronado nuestros orígenes hablando de lencería, restaurantes y libros. Los dos somos de un barrio periférico, venimos del mismo mundo.


Me anuncia que el paquete incluirá otros zapatos de Armani, de color crema y tacón medio, tipo mocasín. Así podré después ponérmelos a diario, ya sabe que soy de zapatos bajos y medias tupidas. Muy considerado en lo de los zapatos pero añade que le encantaría que llevara la falda y los zapatos con unas medias finas y trasparentes. ¡Medias en verano!


-Claro, por qué no, medias en verano. Me gustaría que se vistiese siempre como una señora, que fuese al trabajo con traje de chaqueta, falda, collares de perlas y medias. Y cuando hablo de medias no me refiero a los panties sino a medias de verdad, de las que se sujetan a medio muslo. No tiene que preocuparse si no tiene medias, yo le mandaré varias, de varias tallas. En uno de los sitios, casi me pillaron, pero yo vi a tiempo como se movía la cámara hacia mí y dejé la mercancia  en otro lado. Cuando el guardia me llevó al cuartelillo sólo encontró una servilleta usada. Seguí la caza por otros lados. De  vuelta a casa vi a un chico tirado en el suelo, había resbalado y se había golpeado contra el reborde de una tapa de alcantarilla mal encajada. 

"Era un chaval ordinario, rechoncho, con gafitas de alambre. Sentí que Dios lo había querido castigar a él mientras instantes antes me salvaba a mí. Probablemente Él aprueba que yo te haya cogido esas medias. Hay unas...preciosas, insuperables, con un sútil brillo nacarado. Las imagino en tus piernas...Frotar la banda, pasar la mano por ella para comprobar que está en su sitio y no se mueve, besarte las rodillas, me dan escalofríos."

Este Knut es un psicópata que mezcla a Dios en sus retorcidos razonamientos. De castigos y premios divinos a sus fantasías con unas medias. ¡Y por medio un pobre chico accidentado que no tiene nada que ver!

-No me molestan sus comentarios, algunos un poco extraños como ese del chico en el suelo y el robo de mis medias. Accedo al plan de probarme la camiseta de Tommy Hilfiger delante de él, suena inocente, no veo el problema.

Me ha enviado una foto, para que pueda reconocerlo cuando nos encontremos. Amplío la foto hasta que los píxeles dejan de representar un rostro humano, la empequeñezco una y otra vez. Es un tipo normal, de facciones anchas y un gesto todavía infantil, moreno, con pelo abundante cortado a cepillo. Sonríe un poco, hay cierta expresión de jactancia en los ojos. Cejas pobladas, piel cetrina, tal vez acné...rasgos tremendamente vulgares. ¿Cómo relacionarlos con los paquetes de regalos que llevo recibiendo durante años? Me dice más el sillón viejo donde aparece sentado y la pared amarilla, rugosa y no muy limpia. 



Llegó el día y yo estaba tan aturdida que era incapaz de distinguirlo allí, tras la cinta de seguridad. En traje de chaqueta a pesar del calor, con el pelo engominado, manos sudorosas, en fin. Iba cargado de bolsas, "palpitante, paralizado, sin sonreír apeas, asustado". Porque yo ya estoy ahí y no me reconoce. Doy un paso hacia adelante y consigo sacarlo de la confusión. Sonrío, nos besamos en las mejillas y bajamos la mirada. No sé qué decir, no hay rastro de aquel gesto de orgullo desdeñoso. Ahora todo es timidez e inseguridad. Me pregunta por el viaje, lo más convencional. Desvía la mirada, no se enfrenta a mis ojos. No me siento defraudada porque no esperaba nada. Tengo la impresión de estar con alguien que no conozco en absoluto. Frente a mí: "un ser que respira, que suda, que se agita, tiembla, sonríe". Me observa de reojo.

 "Era verdad. Existía. Era." Todo en pasado, todo extrañeza. Devuelvo la sonrisa para vencerla.  Él señala mis piernas. Parece ser lo que más le interesa.

- Le señalo la falda que ella plancha con las manos. Se disculpa por no llevar medias, hace tanto calor. Yo, aunque defraudado, contesto caballerosamente:

"Te queda muy bien. Tal como imaginaba. Eres muy guapa. Más aún al natural"

Avanzamos rápidamente, sin hablar. Le cuesta seguirme. Nos sentamos en un banco, el uno al lado del otro. Sonia estira las piernas, resopla para coger aire. ¿No siente curiosidad por el contenido de las bolsas? 



Hay un ligero temblor en sus manos cuando las abre y va sacando zapatos de Armani envueltos en papel de seda más unas zapatillas de golfista. Son de su número, duda en probárselos. Lo hace un poco avergonzada de exhibir sus pies desnudos. De salón, abiertos, con pulserita, con remaches...y unas sandalias espectaculares, llamativas, de tacón plateado. Duda si podrá ponérselas. Se acerca a mí y me besa con suavidad en la mejilla.


-Me pide que me ponga de pie, que camine un poco, que me suba a un banco para verme con mayor perspectiva. Me tambaleo, me río nerviosamente. Knut quiere que cambie mis sandalias. Vamos a andar mucho y temo hacerme daño. Knut sonríe para sí y dice que no le importa. 

Dejamos los zapatos en la taquilla, entra en una perfumería para robar un perfume para mí y recorremos un itinerario previsto. Knut está cada vez más distendido y me enseña las etiquetas que invalidan las alarmas y algunos secretos de su "oficio". Una ruta jalonada de entradas más o menos rápidas en centros comerciales, librerías y grandes almacenes. Yo lo observo actuar con una mezcla de inquietud y orgullo.

En la sección de cosméticos de El Corte Inglés hay muchos más stands que en el de mi ciudad Hay un montón de artículos que, de pronto, se me vuelven irresistibles. Los voy escogiendo con entusiasmo infantil. 



Al salir, Knut mira hacia arriba, enrojece de súbito. Le pregunto qué pasa, él no me contesta. Le sigo con docilidad, siento nauseas. He visto a uno de uniforme decir algo con su walkie, la cabeza me da vueltas. Me dice que no me pare. A nuestras espaldas, vibra el sonido del walkie y luego un pitido y un "recibido" cortante, pero nadie nos detiene.

En la explanada, Knut me pregunta si puede abrazarme. Me estrecha entre sus brazos, pero mira con fijeza hacia el edificio que acabamos de dejar. Me toma por los hombros, me mira a los ojos, me besa en la boca. Nos abrazamos largo rato. Knut sigue mirando cada poco al edificio, yo también estoy pensando en otra cosa.

¡Qué pareja! No están a lo que están. 

-Le explico a Sonia lo que pasó. Teníamos una cámara encima, pero no debían estar muy seguros, por eso ni nos pararon para preguntar. Sí, también colocan cámaras en el exterior. Una nos estaba enfocando justo cuando nos besábamos en la explanada. A mí me gustó especialmente hacerlo allí, justamente por eso. "Debimos dejarlos a todos descolocadísimos". 

Un brownie, una crème brulée y dos copas de helado. En los restaurantes sólo pido postres. Sonia da otro trago a la cerveza, apenas ha tocado el plato. Mira con disimulo el reloj. El restaurante está atestado, la camarera sortea las mesas, el servicio es lento y el lugar agobiante.

Sonia me observa con atención mientras me limpio las manos con unas toallitas húmedas. Le llama la atención mi paleta picuda sobresaliendo de los labios.. Aparta el plato y extiende el brazo, nos cogemos de la mano y entrelazamos los dedos. Sonia tiene las uñas mordidas, con las cutículas desaliñadas y los dedos con padrastros, pellejitos y heridas. Me disgusta, mis uñas están bien cortadas y pulcras. Le digo que son "síntomas de una naturaleza inestable". 

-Como nota que me enfado, me dice que él también tiene la piel estropeada. Se le descama, se le enrojece, le salen granos, eccemas, un herpes en el labio. Pero que lo mío podría evitarlo, le gustaría ayudarme a tener las uñas bien. Yo me encojo de hombros y pregunto por el siguiente plan. "Vamos a ir a un sitio para que pueda probarme la camiseta, como hablamos. Nada de un probador, va a llevarme a la parte de arriba de un edificio de oficinas. Paga y me pregunta a la oreja si llevo algun sujetador de La Perla. 

Tras lo de la camiseta, por fin el panel de salida anuncia que se puede acceder a la zona de embarque. Nos levantamos y nos quedamos el uno junto al otro, sin decir nada. Quizás haya sido algo brusca con mi "Tengo que irme". Knut está abatido, me roza el brazo y el roce quema, no me aparto, pero miro hacia el suelo. Oigo su respiración agitada. Me quita con suavidad un cabello que tengo adherido en la camiseta y me pregunta si se lo puede quedar.

Claro, le digo. Se acerca, lo abrazo, noto su cuerpo tenso. "Knut emite un leve jadeo intermitente". Nos besamos una última vez. Me retiro, cojo las bolsas y me marcho sin mirar hacia atrás.

-Sonia parece que tiene mucha prisa por dejar atrás a la libertina elegante y despreocupada, como Cenicienta en el baile. Sin embargo, no podrá salir de la vida paralela que le ofrece Knut. ¿O sí? 


Una novela que se inicia como historia romántica, pero lo que nos ofrece es el pseudoamor, dos modalidades de sucedáneos del amor, para los tiempos de internet. 

Porque yo sigo creyendo en el amor. 

-Esta chica nos puede, María Ángeles.

Besos de María Ángeles y de Austri
 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Cicatriz de Sara Mesa: "Cada nueva respuesta que ella le da genera a su vez nuevas preguntas"



Comentario en torno a la novela Cicatriz de Sara Mesa, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

-¡Hola amigos lectores!

Aquí me tenéis otra vez, con mi amiga Austri, mi fiel contertulia literaria. Después de realizar nuestro recorrido habitual por la orilla del río, de puente a puente, llega el momento de pararnos a hablar de Cicatriz, la novela de Sara Mesa, la lectura del mes de mayo. Hace buen tiempo y ese banco invita a una charla relajada. ¿Recordáis a Sonia y a Knut? 

-¡Qué tipo más raro ese Knut! Ahora veo lo acertado de la portada. Sólo le...estremece que ella se ponga la ropa que él roba. Sonia será su maniquí y disfrutará  moldeándola a su gusto.

¿Por debajo llevas también algo...mío?
Ella afirma con un movimiento de cabeza y baja unos centímetros la cinturilla de la falda hasta que puede verse el filo de una blonda color perla, por encima del pubis.
Es suficiente, dice él. Gracias, añade.

-A continuación, vamos a "Siete años antes". Nos acostumbramos enseguida al desorden temporal porque no es una historia complicada. En letra distinta y con sangría, nos recibe el texto que Sonia acaba de introducir en Internet. Tal vez algún lector sonría ante su pose de persona filosófica, profunda, resignada y apenadísima. No te creas que soy una chica vulgar...parece decir al destinatario. Proclama su "visión estoica de la vida", considera inevitable que unos estén arriba y otros abajo, cree en la predestinación y se pregunta por el sentido de la vida, si todo está escrito, incluso lo que está escribiendo.

Concluye: "Cuando se llega a tal conclusión, el fardo de penas disminuye, o se hace más ligero de llevar". 

-A esta chica le pesa la vida.

-Y la culpa, por algo incluye la autora:

"...y las cicatrices se generan con la culpa y la culpa es una forma, más bien insípida, de enfrentarse al mundo" (Marta Sanz, Amour Fou)



Y el trabajo en un archivo que ella vive como una cárcel. La sala es estrecha y sin ventanas. Le hiere la vulgaridad. El almanaque es del año pasado, el ficus es de plástico y alguien pegó un chicle en la pared. Huele a lejía y amoniaco. Suenan los teléfonos y el climatizador: "la vida fuera, que nunca, jamás, se cuela dentro..."

El mensajero que trae los paquetes se marcha sin que nadie pueda ver el rostro. Cruza la página doce de forma misteriosa, con el casco puesto.

-¡Vida! ¡No la de sus cotorras compañeras!

-"Hay un murmullo constante en las mesas del fondo". Dos mujeres "conversan desganadas", sin dejar de teclear o atender llamadas. Estudios de los hijos, reformas de la casa, recetas de cocina...cosas de gente mayor. 

-Frente a ellas, Sonia se balancea nerviosa en su sillón, teclea, se muerde las uñas y arranca espuma del reposabrazos roto. Sigue su rutina: arranca la hojita del calendario, teclea los datos de una decena de fichas y pasa a navegar por internet. "Su trabajo-que considera un despropósito-consiste en volcar la información de las antiguas fichas de papel en una base de datos". Información que no se deja volcar así como así: "las categorías rara vez coinciden, tiene que modificarlas, o deformarlas,  distorsionarlas, cueste lo que cueste, para que encajen. Al principio le atormentaban las dudas, se sentía paralizada...preguntaba a sus compañeros y no tenía respuestas..." 


-Un día oye decir que, en breve plazo, la base de datos sería sustituida por un sistema nuevo. Descubre que sus esfuerzos no sólo son tediosos sino también inútiles. Nadie controla, ni a ella ni a su trabajo, solo la mantienen ocupada para que no moleste. "Una beca en el archivo municipal no da para mucho más." 

"La apatia se extiende como un cáncer, piensa". Cada día menos fichas, cada día dedica más horas a distraerse en internet, sobre todo en los chats: diálogos, discusiones, mascaradas, aire para Sonia. La sala estrecha se amplía. Ya no se siente aislada, sólo cuando apaga el ordenador.

-Entra en un foro literario. Los participantes le parecen más interesantes que en otros sitios: libros, películas y sarcasmo que le hace sonreír. Se da de alta con un seudónimo masculino y recibe un mensaje de alguien que se identifica como "Clarice". A Sonia le divierte enmascararse: "Vivo en una choza , como Walden". Como las trolas que contaba de niña en el colegio: que era bailarina, que su padre había muerto en la guerra, que tenían un piano de cola...¿Mentirosa? "Sólo vivir otras vidas". Una sola existencia no le basta.




-Ahora vive otras vidas con Hipatia, Sr. Pez, Venus Posmoderna...Knut Hamsun..."Hay gente que entra a diario, a todas horas, y gente que casi nunca se deja ver; hay locuaces y parcos, previsibles y enigmáticos, agresivos y sumisos, clásicos y esnobs". 

-Apaga el ordenador y la aventura se desvanece. "Menuda estupidez, se dice"

-Pero se ha enganchado y se suma a una cena que los miembros del foro organizan en Cárdenas, ciudad más grande con visos de capital, a setecientos kilómetros. "Ella, que no tiene dinero, que no tiene tiempo y que tendrá que inventarse una mentira para poder ir allí sin que nadie en su familia censure sus caprichos."

-Se le acelera el corazón según se acerca al lugar donde han quedado. Al final, se presentan sólo dieciséis. "...Sonia entra la última, aturdida, titubeante, tensa, ligeramente defraudada". Una vez más ha perdido el tiempo. Son más mayores, más convencionales y lo suficientemente aburridos. El Sr. Pez, Clarice, La Musa...Risas falsas. Copas. Tras la cena, van a una discoteca. Intentan besarla, quizá accede. Le ofrecen cocaína, la rechaza. "Por la mañana, vendrán el martilleo en la cabeza, los labios agrietados y la vuelta interminable en el tren". 



-El foro la ha desilusionado, va a abandonarlo. Pero recibe un inesperado mensaje de Knut Hamsun:

"Tú me envías una foto para que pueda verte. Yo a cambio te envío los libros que me pidas. Puedes pedirme varios. No hay problema."


Sonia no lo conoce, Knut estaba en la lista de asistentes pero no llegó a presentarse a la cena de Cárdenas. Sabe muy poco de él, casi nunca interviene en las charlas y cuando lo hace resulta incómodo. Tal vez por su tono seco y aséptico, tal vez por su suficiencia, esa impresión de que posee conocimientos inacccesibles para los demás. 

-Incómodo y contradictorio. Provocador y educado. Solitario que se interesa por analizar a los demás. "En la cena se comentó que es un chico muy joven que se jacta de hurtar en los grandes almacenes." Un tipo peligroso o, al menos, alguien de quien no hay que fiarse. Se expresa de forma correcta y arcaica que no encaja con un ladronzuelo de videojuegos. 

-Sonia da vueltas por el pasillo, con el abrigo puesto. Contempla a sus compañeros antes de volver a su mesa. Tiene la sensación de que todos están enfrascados en foros, chats o páginas. El mensajero cruza ahora las páginas veinte y veintiuna. Llega resoplando a través del casco en el momento en que Sonia responde a Knut: ¿Por qué ese interés por verme? También reenvía el mensaje a La Musa para saber lo que piensa de la propuesta. El mensajero espera: ¿Qué? ¿Mucho trabajo? La ve tan concentrada...

-Sonia se disculpa y le firma el albarán. Cuando mira de nuevo, parpadean ya dos respuestas. 

La de Knut: "Mi interés es muy simple. Alguien que estuvo en la cena me habló de ti. Se dice que eres una chica muy guapa. Por eso quiero verte. Para más tranquilidad, te diré que no pretendo nada más-y nada menos-que eso."

La Musa le aconseja que ni conteste, que los libros seguro que son robados, que se mantenga alejada de ese tío.



-Sonia pica el anzuelo de un Knut caballero galante y no hace caso a La Musa. Le manda una foto escaneada, junto a tres títulos de libros. Su respuesta es brevísima y aséptica. Le da las gracias y no le dice qué le parece la foto, sólo que esperaba una digital, no un escaneo. Le pide una dirección para hacerle llegar los libros. 

-Sonia es pobre. Le explica que no tiene ni cámara digital, ni fotos en formato digital, ni ordenador en casa. Le da la dirección y a esperar. 

Dos días después, recibe un paquete que se lleva a su cuarto "sin dar explicaciones a su madre, que la mira de soslayo y sin pestañear". La dirección está escrita con una caligrafía infantil y pulcra. En el remitente, un nombre normal y un apellido normal. Un barrio de las afueras y un bloque de muchos pisos, la letra no es ni la A ni la B. Knut es un habitante más de la gran ciudad.


-Sonia se sorprende, no hay tres sino doce libros. Pidió uno de Onetti, hay cinco. Pidió uno de Clarice Lispector, hay tres. Pidió uno sobre la interpretación de los sueños, hay cuatro. Una pequeña nota: "Los gastos de envío son 12'95 euros. Cuando puedas, ¿me haces un ingreso? Un número de cuenta y una carita dibujada con un guiño."


-No le resulta fácil estar sola, en su casa. Espanta a su hermano Lucas que se acerca a husmear. Hojea los libros, se pregunta si son realmente robados. Vienen con la etiqueta de El Corte Inglés o de La Casa del Libro. No puede evitarlo, hace la suma. Es un gran regalo. "Se pregunta si de verdad el escaneado de una foto de carnet...puede valer todo eso."




-Esta chica nos puede. ¿Es tonta o se lo hace? Se escriben. Al principio, comentan los libros enviados: "¿Qué te pareció La ciudad sitiada?...Por favor, en cuanto lo leas, me gustaría comentar El astillero contigo".

-Pero luego desliza otras tipos de preguntas. Cuántos años tiene, si vive con sus padres, cómo es el lugar donde trabaja, por qué decidió ir a la quedada, te pareció atractivo algún hombre de los que estuvo allí. Abandonan el foro y se comunican por correo electrónico. 

-Los correos de Knut "son extensos, concienzudos, sin puntos y aparte, sin encabezamientos ni despedidas". Sonia se da cuenta de la imposibilidad de cerrar las conversaciones. "Cada nueva respuesta que ella le da genera a su vez nuevas preguntas".  ¡Una cadena continua!

-A Sonia le resulta sencillo contestar preguntas sobre su vida. Tiene veintidós años y vive con su madre, sus hermanos y su abuela. Su padre murió cuando ella era una niña.
Sigue sin saber quién es en realidad Knut Hamsun, si ha de creer lo que dice a pies juntillas. 

Poco a poco le va contando cosas de sí mismo, deslavazadas y no siempre coherentes. Knut vive con sus padres, no se dedica a nada en especial, hace años que dejó los estudios. Un nini mayorcito. Sabe "un montón de cosas", "¿Qué tiene que ver?, responde él con arrogancia." Muy satisfecho con su autodidactismo, considera que la enseñanza en grupo aniquila al individuo. Él va por libre, lee y escribe continuamente, incluso andando. Admite que consagra gran parte de su tiempo al "arte de hurtar libros", u otros bienes. 


-Sonia contesta acobardada cuando le pregunta si le parece mal. Le parece bien, "ojalá ella supiera robar libros. Le encanta leer, pero apenas tiene dinero". Knut responde que no tiene que preocuparse, si quiere más libros no tiene más que pedírselos. 

Hay más envíos en los meses siguientes. Lo que ella pide; pero, sobre todo, lo que él sugiere o piensa que debe leer. ¡La está formateando! 

-Sonia disfruta con la llegada de los paquetes. Ahora son enviados al archivo municipal, para que su madre no sospeche. 

-Ya no es la chica guapa, ahora los halagos van por otro lado:

"Eres la única persona que conozco a la que considero mi igual en el terreno del intelecto, le dice. La única con la que me apetece compartir mis lecturas"

-Seguiremos con esta chica, se va a meter en la boca del lobo. ¿O no se meterá? 

-¿Llegará hasta el cubil del peligroso lobo manipulador y formateador? ¿Lo detendrán? ¿La detendrán?

-Nos puede Sonia. ¿Es posible que proliferen las Sonias en este tiempo que nos ha tocado vivir?

-Lo que decías: la soledad en tiempos de internet. Crisis, insatisfacción, vacío, manipulación, consumismo...todo eso que decíamos.

La próxima semana quedamos para otro paseo literario. 

-Hasta la semana que viene, Austri.

Un abrazo de María Ángeles Merino.