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jueves, 8 de noviembre de 2012

"El lector de Julio Verne". "El único pecado interesante".


Como ya eres amigo, personaje amigo, te hablo de tú a tú. La semana pasada  salí a tu encuentro en un momento clave de tu infancia, cuando Pepe te revela el misterio de tantos “cállate". Todo encaja ahora, pero te sientes débil para cargar con secreto tan terrible“  y lloras. Es mucha carga para un niño de diez años, ánimo,valiente.



Detalle del "Descendimiento" de Van der Weyden.
Pepe desea aliviar tu sufrimiento con un relato divertido y algo picante. Y te doblas de la risa. Tetas, culos y el Putisanto en la casa de lenocinio. Te pinta  un mundo completamente nuevo para ti, tan poco hollado como las selvas de los libros de Julio Verne: el del sexo. Las tijeras jactanciosas de Paula y  el chivatazo del "capillitas" más putero de toda la sierra de Jaén. Consiguen romper el hielo.
Ayudas a Pepe en su reconciliación con Paula, el paquetito de tabaco y las palabras adecuadas, las aguas volverán a su cauce, está cantado.  Las mujeres son complicadas, es mejor seguirlas el juego. Así lo hace un hombre tan hombre como el Portugués, tomas nota.
Porque ya no sabes vivir sin leer, recibes con pesar la noticia de que Doña Elena se va a Oviedo una temporada. La maestra disipa tus temores, la llave te espera siempre, en un hueco entre el marco de la ventana y la pared.  Puedes coger los libros que quieras.
"El capitán de quince años" no fue suficiente para un noviembre frío y lluvioso. "Miguel Strogoff", lo devoras en cuatro días.

Subes otra vez a la casilla, la llave no está. Humo en la chimenea, qué extraño. Doña Elena te dijo que también podías subir por el ventanuco, no hay escalera, trepas por los restos de unos viejos travesaños, te cuesta mucho, está lloviznando, tus suelas de goma resbalan. Llegas arriba, un empujón al ventanuco y adentro. Aventurero en busca de aventuras de tinta.
La casa está caliente y en penumbra, la luz de dos velas encendidas apenas permiten identificar los contornos. Si Julio Verne dice que los ojos se acostumbran a ver en la oscuridad, tú adelante.
Cuando ya empiezas a ver algo, escuchas el chirrido de una cerradura y descubres a Filo que enciende una lámpara. Tienes que esconderte y lo haces bajo el saco que cubre un extraño bulto metálico muy grande y con manivela.



Ella se quita el abrigo, qué guapa se ha puesto. Un vestido de lunares, absurdo en una noche de lluvia. "Se había adornado el pelo , rizado, brillante, con una cinta verde. Estuvo mirándose un rato, se pellizcó las mejillas, se pintó los labios...empezó a hacer cosas raras con los labios...como si quisiera besarse uno con otro".

La puerta se abre, "una figura oscura y presurosa". ¡Elias el Regalito! Ella le regaña, se hace la ofendida, vino ayer y antesdeayer, ya se iba. Él apoya en la pared un fusil más alto que tú, "como se enteren arriba...me fusilan". Filo se quita el abrigo, Elías la coge por la cintura. "Luego besó a la Rubia muchas veces, en el cuello, en el pelo, en la cara y yo lo vi todo". ¡Lo viste todo! Y una sorpresa aún mayor. Filo le dice "menudo Cencerro estás tu hecho". Y él contesta tolón, tolón. Ahí tienes al nuevo Cencerro.

Y recorre "con las manos abiertas los pechos, las costillas, la cintura más deseada de Fuensanta de Martos". Elías la coge en brazos, se la lleva a la cama y no ves nada más. Siempre te pasa lo mismo. La suerte traidora te lleva "hasta el borde del único pecado interesante" y te deja "abandonado a la condena de una curiosidad sin recompensa". Sanchís pintando las uñas de los pies a Pastora, Pepe reconciliándose con Paula tras la puerta cerrada y tú tecleando las consultas de "don Wenceslao el quiropráctico".
Vuela el vestido de lunares, chirria el colchón, el cabecero golpea la pared y tú escuchas "sus besos, sus palabras, sus risas". Quieres asomarte sólo un poco, agarras la palanca de aquel extraño bulto metálico, intentas moverla, no cede. Lo único que puedes ver es "una esquina de la colcha roja, luego un pie, después dos y al final ninguno".
 
Lo que sí contemplas con claridad es el fusil de Regalito, apoyado en la pared. Inmóvil, sudas y te congelas, cierras los ojos, son las siete, es de noche, le dijiste a tu madre que ibas a volver enseguida. Te buscarán, te encontrarán con Filo y Regalito, moriréis todos. Y no es una película.


Imaginas tu muerte mientras ellos se cansan. Un silencio y Elias salva la vida de los tres. Tiene que irse, allá arriba empezarán a preguntarse dónde se ha metido.

Un último crujido de muelles y Filo salta desnuda de la cama. Ves sin ver, increible: "yo nunca había visto a una mujer desnuda, quizás ninguna de las que podría ver en mi pueblo sería tan hermosa como ella, pero tenía tanto miedo...la vi sin mirarla, sin darme cuenta de lo que estaba viendo, como si me estorbara, como si me sobrara, porque en aquel momento no deseaba nada, no me importaba nada excepto verla vestida otra vez".

De aquí.

Se van, cuentas hasta cien, te agarras a la palanca para levantarte, abres el ventanuco y bajas tan deprisa que te caes. No llueve, te sientes tan feliz de seguir vivo que no dejas de correr hasta tu casa y sólo entonces te das cuenta de que te duele la pierna.

Te peinas con los dedos, te recibe tu hermana, de dónde sales con esa pinta, tienes suerte, papá y mamá están en casa de Rodillaspelás, que se les ha muerto la abuela. Uf, menos mal.

Te miras las manos, la palma de la derecha muy negra, como pintura. Recuerda que te agarraste a aquella palanca. Te lavas en la pila, chorrean unos hilos negruzcos, frotas y frotas con el jabón de lavar.



Vacias la pila, la vuelves a llenar, ahora el agua es cada vez más limpia y piensas "en doña Elena, en su casa blanca y bonita, tan pequeña, tan limpia como su dueña".

Se te representa la imagen de la completa felicidad, con los personajes de todos tus libros hablándote al mismo tiempo, mientras la boca se te llena del sabor a vino de Málaga y a pestiños. Y ves la cara del Portugués, el rostro del hombre a quien elegiste como modelo.

Y, entonces, ahora sí, te acuerdas de Filo y vuelves a verla desnuda y sonríes. Es una pena que no puedas contárselo a Paquito.

Y otro descubrimiento, otro secreto que deberás guardar. La mancha de tu mano
"no era más que tinta negra, ni más ni menos que tinta de imprimir". Nada por aquí, nada por allá, haces desaparecer la imprenta de la guerrilla, tú no has visto nada. Te quedan libros por leer y parajes por explorar, junto a Pepe el Portugués.


"No está mal", en tres horas has descubierto la identidad de Cencerro y la imprenta de sus hombres. Y el "único pecado interesante". Y el amor. Vas a dormir de un tirón.

De momento, vas a tener a Elenita, que vuelve muy rara de Oviedo. Te costó reconocerla en "aquella señorita vestida con un abrigo azul marino con botones y solapas de terciopelo...guantes de punto azul celeste, leotardos de lana  a juego, una bufanda de rayas rematada con pompones...unos zapatos de charol tan brillantes..."

Mariquita Pérez, en un escaparate burgalés (Chapero).

Muy cambiada, sí, y muy guapa. Elenita parece una muñeca, con razón su abuela le llama ahora Mariquita Pérez. Tendrás un disgusto por algo tan inocente como invitarla a churrros, pero si es por amor merecerá la pena recibir una bronca.

Me encantaría, como a ti, que todos los personajes de todos los libros que he leído me hablaran al mismo tiempo. Tú también, estás invitado. Don Quijote no será mala compañía. Y muchos más.

 


Un abrazo de:


María Ángeles Merino




jueves, 1 de noviembre de 2012

"El lector de Julio Verne". Nino Sísifo.




Esta entrada pertenece a la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. Es un comentario acerca de algunos contenidos de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes.

"...un callejón sin salida, un punto sin retorno, un pozo oscuro y hondo, de paredes lisas, desnudas, sin asideros en los que apoyarse para trepar hacia la luz." Hasta ahí le conducen las palabras de su amigo Pepe, el Portugués.

 Ahora entiende los "cállate , Mercedes, que te pueden oír, y calla, Antonino, que te puede oír alguien". Palabras que "hieren, golpean, pinchan, queman los tejidos del cuerpo y del espíritu", las que no se dicen, las que no se pueden decir.

Pepe lanza una piedra plana al río. Cuatro veces rebota.

"...Nino... Tendrás que pensar cómo quieres vivir a partir de ahora y calcular bien las consecuencias, ¿no?"



Si ayer no hubieras subido al cortijo no habría pasado nada, Nino. Las palabras hirientes y acusadoras  de Catalina, tu padre es un asesino, se hubieran quedado en el limbo de las palabras no pronunciadas.

 Pero pasó.  Un niño de diez años, no sabe nada, no es responsable de nada. Nino llora, Pepe le arropa con  su primer abrazo.

Ahora tiene que pensar en la cadena que puede provocar. Pepe se la explica. Si le dice a su padre que no quiere volver donde las Rubias, él preguntará, se enterará, se sentirá mal, se sentirá culpable, tal vez decida vengarse de Catalina, acosarla, humillarla. Pagará, por mala,  y pagarán todos: Chica, Paula, Filo, Manoli con sus hijos, Elena con su nieta.

Nino se siente como aquel griego del que le habló doña Elena, condenado por los dioses a transportar una enorme roca toda la eternidad. Se siente inútil para sostener la carga que Pepe acaba de depositar sobre sus hombros.

http://www.elrincondesisifo.es/
Y lo más importante, le asegura,  no es eso; con serlo mucho: poner a salvo a unas mujeres inocentes. Nino, tienes que pensar en ti, en qué clase de persona quieres ser. Hay quien piensa que la Guardia Civil no tiene por qué dar explicaciones, que es la ley, injusta pero ley. Hay quien tiene miedo y se calla. Hay quien corre el riesgo de pensar por su cuenta, a pesar de todo ¿Qué clase de persona vas a ser tú, Nino?

Nino será "un hombre valiente, que a los diez años fue capaz de cargar con un secreto terrible". Bueno, sí, pero ahora tiene ganas de llorar. Llora por su padre, por todos, llora hasta aburrirse, piensa que lleva toda  la vida mintiéndose a sí mismo y a los demás, viviendo "una vida fea, áspera, pestilente". Toda la vida aprendiendo a vivirla.

Detalle del "Descendimiento" de Van der Weyden.

"Así que decidir no era tan difícil". Cuando se cansa de llorar, comprende que Pepe conoce de sobra la respuesta .Y le pregunta si va a ver luego a Paula, para que avise a doña Elena que "mañana, a las cinco, estaré arriba". Todo vuelve a la normalidad.

Nino confía en el Portugués, mas "aquel discurso impecable, tan bien armado, tan bien estructurado...por un instante sospeché que Pepe no me lo había contado todo".

Pepe da un giro total a la conversación, hace diez días que Paula no le habla.

Porque hace un mes, cuando fue a Jaén, se encontró con uno de su pueblo, acabó en una venta, había unas tías que...no te lo cuento, que eres pequeño, que no soy pequeño, cuando se empieza a contar una historia hay que terminarla. Es verdad, no se lo cuentes a nadie, una rubia, el culo así, "las tetas como dos sacos de arena", me sacó a bailar, me metió una pierna entre los muslos, qué iba a hacer yo, a qué no sabes quién estaba en el mostrador, ¡el Putisanto!", el capillitas más ferviente", el que pasea escapularios y reparte estampitas por las casas de putas de todo Jaén. De procesión en procesión, con los pantalones subidos o bajados. "¿Qué tendrá él que ver con Paula?" Sí, porque Paula se ha enterado, cómo coja al que le ha ido con el cuento.


Estampitas
Nino ríe hasta que el estómago le duele de reírse, de doblarse, mientras se imagina el encuentro de Pepe y el Putisanto.

Sísifo deja de pensar en su piedra, el Portugués lo ha conseguido. Saca una cajetilla de tabaco, a Paula le gusta mucho el tabaco, un vicio mal visto entonces en una mujer. Nino se ofrece,  se la dará "a doña Elena para que se lo dé a Paula de tu parte".


De aquí.
Aquella noche, no consigue aterrizar en la India con Phineas Fogg, Su hermana le obliga a apagar la luz. Entonces intenta pensar en la rubia despampanante de la venta, en Paula amenazando la virilidad de Pepe con las tijeras del pescado. Las imágenes divertidas se le escapan. En su lugar, un pasodoble, un hombre flaco avanza de espaldas, el eco de un disparo le derriba, cae una y otra vez. "El Pesetilla murió muchas veces aquella noche, y moriría muchas otras veces". Sísifo otra vez.


¿Ley de fugas?

Al día siguiente, "la cuesta que subía hasta la casilla vieja se me hizo más dura que nunca aquella tarde". Comprenderá por qué. La puerta abierta, doña Elena sentada a la mesa, como de costumbre. Tan ordenado que parece falso: el tapete estampado en el centro exacto de la mesa, la máquina de escribir "en posición equidistante", tres lápices sobre una libreta, las cuartillas, los brazos de la maestra, su impecable moño, "armonía geométrica", pulcritud como siempre, pero hoy más.

"Desde que te fuiste, ando buscando una historia que contarte mi cabeza, en los libros, en todas partes...Pero no la encuentro. Eso es lo que pasa con España...lo que pasa aquí ya ha pasado otras veces, en otros sitios, pero no es igual,  nosotros siempre llegamos a todo más tarde o más temprano que los otros...La verdad es que no sé qué decir. Que siento mucho lo de la otra tarde...Nino."


Nino tampoco sabe qué decir, se queda parado, doña Elena se levanta y, al hacerlo, desbarata todo aquello tan matemáticamente colocado.  Le abre los brazos, le aprieta contra su cuerpo, él se mete dentro del abrazo, la cabeza en el pecho de su maestra, hasta que los dos se serenan por completo.

"Gracias...Me contó una vez la historia de un griego al que los dioses condenaron a cargar con una roca inmensa por una cuesta."

"Claro...Sísifo. ¡Eso Sísifo!" Nino no recuerda por qué le castigaron, doña Elena se lo cuenta otra vez. Aquella clase cerró un paréntesis de horror. Aquella clase fue el principio de una vida nueva  adulta, "bajo el peso de un secreto y de su precio tan alto, tan insoluble, tan duradero como la condena de Sísifo".

Después de esto, Nino descubrirá los secretos del amor, del sexo...y de unas manchas de tinta. Será Sísifo, pero Sísifo enamorado. Es lo único que puede endulzar nuestra condena.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino



Las palabras en letra color naranja están extraídas directamente de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes, editorial Tusquets, primera edición, marzo 2012.

Esta entrada incluye una foto tomada, con la cámara del móvil, en una exposición con motivo del centenario de la Guardia Civil en Burgos, en el Consulado del Mar, paseo del Espolón, en Burgos.
 

jueves, 25 de octubre de 2012

"El lector de Julio Verne". "Mi padre no es un asesino"

 

“El río me pareció más manso, más turbio, los árboles polvorientos como troncos de leña vieja, y los rayos de sol que acertaban a filtrarse entre sus ramas para dibujar sombras de luz sobre la superficie del agua, un truco barato, sin gracia.”


Para Nino, el mundo ha perdido el color.

Aterrizó en el cortijo de las Rubias en el peor momento del duelo. Una cuartilla escrita a máquina, en las manos de Catalina,  “informaba del fallecimiento de Francisco Rubio Martín…que carecía de documentación en vigor…conducía un automóvil que no respondió al alto de un puesto de control de la Guardia Civil…en Ponferrada”. Paco, el hijo de Catalina, uno de los dos que tenía en Francia.

Le recibieron los ojos húmedos de Chica, asombro, miedo, miedo, cautela. Manoli con Pedrito, Paula con Pepe, Catalina “quieta y vacía, fría y exhausta, como muerta, doña Elena a su lado, Filo al otro”. Elenita escondió  la cara en la falda de su abuela “para acabar de componer una imagen tan perfecta de la desolación que parecía ensayada, casi teatral... personajes, actores, actrices, que representaran un papel o posaran para un cuadro, una Trinidad doliente, desgarradora, en aquel banco de mimbre”
Detalle del "Descendimiento de Van der Weyden"
Catalina le señaló con el dedo: “¿Qué hace este aquí?...os he dicho que no quería verle”. Esssste, osssss he dicho, todas las eses se clavan en Nino. Doña Elena: “¡Cállate Catalina!... Nino… vete, por favor, vete, vete ya”.Y Catalina: “eso, vete tranquilo, que aquí nadie te va a matar por la espalda, como mató tu padre a Fernando el Pesetilla”.


¿Ley de fugas?

 “La tierra se abría y yo caía, caía, caía entre piedras incandescentes que ardían dentro y fuera de mí”. Nino sentía algo que le quemaba, le mordía le devoraba. Percibía Catalina muy lejos, al otro lado de un abismo. La voz de doña Elena: “no sé cómo puedes ser tan dura, tan cruel…si no es más que un niño”. Nino, al fin, escuchó su propia voz y se asombró de  su sonido: “mi padre no es un asesino”.
Ella le replicó: "¡ah!, ¿no? pregúntaselo a Carmela, anda". Él repitió a gritos "¡no es un asesino!" hasta que Blas, el nieto de Catalina, lo derribó de un puñetazo. Nino se lo devolvió y Pepe los separó. El Portugués intentó detenerle pero salió y corrió, corrió hasta agotarse.
Ni piedad, ni esperanza, ni futuro para un niño como él.
Pasó un ´día encerrado en su cuarto sin hablar con nadie. Pepe vino a buscarle un día después.
Que si no vas a volver a hablarme en la vida, no, "tú y yo ni siquiera deberíamos estar juntos aquí". "¿No?... ¿Por qué? ¿Somos amigos?... ¿no? Sonrisa de Pepe. No, ya no. "¿Porque a mí me gusta Paula y tú eres hijo de un guardia civil? Justo". Pepe se echó a reír. Nino sintió nostalgia, iba a perder a Julio Verne, a doña Elena, preguntas y respuestas, el verdadero origen de "los cinco pelados" del maestro, cangrejos con un atrapamariposas, bocadillos con tomate, una casilla, un olivar, unos pocos animales, unos pocos amigos, pocas cosas bien ordenadas. Se le partía el corazón.


De aquí
No entiendes nada, Pepe se lo hace saber. Nino llegó a pensar que no había más camino para él, ha de pasarse al otro lado, será como Paquito. Antonino Pérez se limitó a aplicar la ley de fugas, Cencerro es un delincuente, son delincuentes las mujeres que venden huevos de recova, los que cogen esparto, los que coreaban "La vaca lechera", delincuente Fernanda la Pesetilla por no entregar a su marido, chivatos ejemplares, traidores legales, cobardes amigos de la paz y el orden. Aunque le repugne todo eso y dejará de leer, por supuesto.
No entiendes nada, Nino. El Portugués le revela la verdadera situación de Antonino Pérez, guardia civil. Si se hubiera negado a disparar sobre Pesetilla le habrían formado consejo de guerra, condenado a muerte o preso en una prisión militar. Tu madre tendría que matarse a trabajar para dar de comer mal a Pepica, Dulce sirviendo y tú de criado en un cortijo, trabajando por la comida y gracias.
Un mapa, una brújula para orientarse, un devocionario, el equipo de un guardia civil patriótico.
 Tu padre no es un asesino, "no mató porque quiso...le dieron una orden y la cumplió". ¿Cómo sabe eso Pepe?
El Portugués sabe muchas cosas. Los hermanos de tu madre fusilados en el 39, en Almeria. Un hermano y dos primos de tu padre también fusilados. Y tu padre no se enteró a tiempo, nunca volverá a Valdepeñas, su pueblo. Nunca será cabo, nunca obtendrá otro destino. Lo tienen en el cuartel de Fuensanta, "bien vigilado, por si tropieza, porque no acaban de fiarse de él, y él lo sabe. "
Antonino Pérez es guardia civil porque el 18 de julio estaba en un pueblo donde triunfó el Alzamiento, donde nadie conocía sus antecedentes, ni los de su mujer. Y pensó que alistarse era la mejor manera de que no le pasara nada a su familia. Y porque hizo la guerra en el bando ganador. Si hubiera estado en su pueblo, un jornalero sin tierras, todos los jornaleros sin tierras...sabemos donde lucharon. Razones geográficas, como tantos españoles.
El padre de Nino ganó la guerra, "ganó contra sus padres, contra sus hermanos, contra sus primos, contra sus cuñados, sus amigos...hasta hubiera preferido perderla...le destinaron aquí, a dos pasos de Valdepeñas de Jaén, de donde todos los vecinos se acuerdan de quienes eran los Carajitas...sindicatos de jornaleros...Frente Popular."
Nino entiende ahora muchas cosas. Un guardia civil rojo.
Un abrazo para los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino

Las palabras en letra color naranja están extraídas directamente de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes, editorial Tusquets, primera edición, marzo 2012.

Esta entrada incluye fotos tomadas, con la cámara del móvil, en una exposición con motivo del centenario de la Guardia Civil en Burgos, en el Consulado del Mar, paseo del Espolón, en Burgos.

jueves, 18 de octubre de 2012

"El lector de Julio Verne". El dolor de las mujeres solas.


"¡Otra Margarita!", Sorolla.
En “El lector de Julio Verne” la voz del narrador, Antonino, es de un niño hombre; mas  la novela nos regala una sinfonía de voces femeninas. Sensibilidad de escritora mujer. El dolor de las mujeres solas.
La primera voz es la de Mercedes, la madre de Nino. Quién le habrá mandado salir de su Almería sin invierno. Mira que casarse con un guardia civil, sin posibilidad de traslado; vivir  en las habitaciones de un cuartel, junto a una sierra, andaluza pero heladora, donde anida el “maquis”.  Esperar el regreso del marido a las tantas, escarchado y roto, oír gritos y golpes tras las paredes de papel.   Ir a la compra, sentir las miradas de las mujeres de los detenidos o de aquellos a quienes aplicaron la ley de fugas. Vamos niños, todos adentro, no se puede salir. Así no se puede vivir. Besos y cuidados, una botella de agua caliente para el frío. La funda primorosamente cosida, un trozo de manta vieja, mucho más bonita que la de Paquito.

¿Ley de fugas?
Las hermanas de nuestro “lector”, la mayor Dulce y la pequeña  Pepica. Gritos, golpes, son películas, vamos a cantar. Dulce calmaba así a su hermano. Ahora, Nino se esfuerza en borrar  los miedos de Pepica. Vamos a contar mentiras, tralará.

La odiosa Michelina, la mujer del teniente, la que  mira por encima del hombro a su marido y no digamos a los subordinados. Su costilla, un oficial, va usted a comparar. La mamá de Sonsoles y Marisol, las “Mediamujer”, solteronas cursis; guapa y con mala figura la  una, fea y con buena figura la otra. Por fin, un hijo de terrateniente se ha  fijado en Marisol. Sonsoles emprende la fuga  lee novelitas rosas mientras nuestro Nino  hace “planas” mecanografiadas,  otra cosa no sabe, el método se perdió. Lee historias de chicas pobres y buenas que un día conocen a un millonario, etc, etc.

Pastora, la mujer del sargento Sanchís. Su pie deforme no le impide volverle loco de amor, la miel más dulce para ella. Nino es testigo, aquella ternura en el mismo hombre que amenazó a  una detenida con una impune violación. Esa forma de pintarle , voluptuosamente, una  a una, la uñas de los pies. Y de rojo, el pie bueno y el pie malo, los algodones entre los dedos. Nino no comprende, tiene diez años. Sanchís y Pastora no son lo que parecen.

Las mujeres de los que huyeron al monte. Madres, hermanas, hijas, novias, esposas. Miran temblorosas hacia la sierra. Les proveen de lo  necesario, a escondidas, cuando pueden. Se ganan la vida ilegalmente: recogen esparto, hacen “pleita”, van a la “recova”. Como la Filo, que vende  los mejores huevos recién puestos, la yema no se desparrama al freír. Los tendales y  su código: ropa tendida negra, ropa tendida blanca. Embarazadas, se confiesan adúlteras, su hombre no ha podido ser. Hubo una que confesó sinceramente la autoría, fue detenida.

Pleita, trabajo con el esparto.
Algunas ni en el monte. Mujeres de fusilados, pobrísimas, con muchos niños, no dan abasto, mandan al niño a la escuela sin camisa en el buen tiempo, así les dura más.  “Potajillo” recibió la reprimenda de un maestro cobarde.
 
Vamos al cortijo de las “Rubias”, tan rojas. Allí vive Catalina, con sus hijas, su nuera viuda, sus nietos, su amiga doña Elena y la nieta de esta. Catalina acumula en dos meses más desgracias que otros en toda una vida. Hijos muertos, marido muerto, cárcel. Se paseó por el pueblo con sus hijo agonizante, nadie quiso atenderlo, ni el médico, ni el veterinario, ni el cura, ni nadie.

Detalle del Guernica, Picasso.
Aliada con doña Elena, la maestra represaliada, la que también perdió a su esposo en la cárcel, un buen médico, murió de pena, tras las rejas. En el pueblo, unos dicen que Catalina exprime a Elena, otros que es Elena la que se aprovecha de Catalina. Las dos trabajan mucho y duramente. Comparten vivencias, dolor e ideología. Manos ásperas, las dos.
 
Nino vivió los meses más felices de su vida. Porque Doña Elena no se conformó con enseñarle mecanografía y taquigrafía, tras desempeñar la máquina. Le abrió las puertas de un mundo nuevo, el de Julio Verne y el  de los grandes libros. El legado que nos dejó Darwin, Cervantes, Galdós, Tolstoi, Bécquer...un tesoro antológico guardado en estanterías de cajas de fruta. No sólo los libros, doña Elena le cuenta historias maravillosas, le descubre que hay otras lenguas, que el mundo es muy grande más allá de Fuensanta de Martos. Porque Julio Verne no salió de Francia. Sabor a limonada y pestiños de limón. Felicidad.


Dos hijos de  Catalina escaparon a Francia. Uno de ellos vuelve, para rescatar a un compañero, consignas de partido. Es asesinado en tierra española y el día en que Catalina recibe la terrible noticia, ley de fugas, el hijo del guardia civil acude al cortijo, a su clase de todos los días. ¿Qué hace ahí ése? Una pregunta que Antonino no olvidará. Se sintió como un apestado.

Pepe le mostrará  la verdad de su familia, la condición "roja" de sus padres. Un guardia civil rojo, un "Carajita". Presos en un cuartel, nunca habrá ascenso, Antonino padre no saldrá de allí. No, Nino no eres "ése".


El equipo de un guardia civil "patriótico"

Descubriremos nuevos secretos en el mundo del "lector". Muchas cosas no son lo que parecen.

Por último, os diré que la  entrada presente está hecha al aire, sin mirar al libro; en contra de mi costumbre. Ejercicio de memoria.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Esta entrada incluye fotos tomadas, con la cámara del móvil, en una exposición con motivo del centenario de la Guardia Civil en Burgos, en el Consulado de Mar, paseo del Espolón, en Burgos.


jueves, 11 de octubre de 2012

"El lector de Julio Verne". ¿Para qué lee Nino? ¿Para qué leen los lectores?



De aquí

Esta entrada pertenece a la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. Es un comentario acerca de algunos contenidos de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes.

Una mancha roja en un cesto con retales azules. Nino lo toma, le da la vuelta, lee un nombre, Julio Verne, un título en dorado: "Los hijos del capitán Grant" Una ilustración a color le intriga, es un paisaje tropical y helado a la vez . Ante la pregunta de dónde lo has sacado, Pepe se para a pensar la respuesta. Alguien se lo dejó, se le debió caer, se lo encontró ahí fuera. No le puede decir si es bueno o malo, a Pepe no le gustan los libros, junta malamente las letras, asegura. Será mentiroso.

Nino le vio aquella vez escribiendo y consultando varios libros  abiertos sobre la mesa, eso no lo hace un casi analfabeto. Pero es 1947, vive en un cuartel, su padre es guardia, ha de actuar como si lo creyese así, le da miedo lo que podría contarle. Se la pide, le gustaría leerla..."pues llévatela".

Recordamos a Nino leyendo humildes novelas del Oeste, buscando respuestas. ¿Es su padre un cobarde cuando se oculta en el dormitorio? No, el vaquero que se aleja del salón es sensato, no cobarde. Libros que ofrecen modelos de comportamiento, además de evasión, claro. Que se lo pregunten al joven guardia Curro, en su hamaca liberadora.



 Ahora comienza una aventura lectura mucho mejor y  recibe unas absurdas clases de mecanografía, con una improvisada y ausente profesora que , a falta de método, le pone a hacer "planas". Sonsoles , la solterona hija del teniente, la "Mediamujer" fea y con buen tipo, qué crueldad la de los pueblos...se va a hacer recados o lee novelitas rosas mientras nuestro aventurero escribe "qwer" y "poiu", "asdf" y "ñlkj". Y cómo aprieta el libro contra su pecho , "como si su corazón fuera a explotar, incapaz de albergar ya ni un gramo más de emoción". Le cuenta, es una historia precioooosa de una viuda joven que da clases de inglés y un millonario y su hijo...demasiado azúcar.

Una novelita rosa

Nino lee "naufragios y tormentas´...caballeros de honor intachable y mercenarios, ruines...". Y,sin embargo, reconoce que no hay tanta diferencia entre las lecturas de Sonsoles  y las suyas. Ella lo hace "para cobrar por adelantado...una felicidad de la que tal vez nunca disfrutaría". Él "para soportar la calamitosa aventura de vivir en la casa cuartel de Fuensanta de Martos, en 1948" con unos "muertos de papel" que no dejan viudas. Los dos  huyen entregados a un desaliento, son cómplices, Nino no se quejará de la dejadez e ignorancia de la docente tenientilla. Literatura de evasión.
 
 
  ¿Y la escuela? ¿No  le ofrece acaso una aventura lectora? No, don Eusebio, el maestro es un hombre "débil, pequeño" que ha de ocultar su cultura tras los dictados pedagógicos del nuevo régimen. Tuvo que expulsar a su mejor alumno, aquel Elías "Regalito" que un día se fue con los del monte. Con él había hablado de " historia y de filosofía, de poesía y de ética", le había preparado para el Bachillerato; pero un mal maestro no merece el regalo de un alumno así. Y rompió con él, después de la bronca de don Eusebio  a un pobre niño, el "Potajillo", hijo de un fusilado, por asistir a la escuela sin camisa. Elías le replica, usted sabe que su madre " no da  abasto", por qué le maltrata usted, una persona decente, un buen profesor...
 
Los hijos del capitán Grant abrazan por fin a su padre y Nino no sabe cómo remediar la orfandad que dejan los libros que nos gustan. El maestro sólo presta libros a los mayores, tal vez si habla con él pueda leer algún otro libro de Julio Verne, de los que figuran en la solapa. 
 
 
Examina la cubierta de aquel tomo que le ha hecho tan feliz y descubre que la guarda tiene una esquina levantada. Mete el dedo y lo despega, dentro hay un papel que dice: "Sotero López Cuenca, Comerrelojes". Vuelve a pegar la guarda y se mete la culpa de Pepe en el bolsillo. Al día siguiente la rompe en pedacitos. ¿Es su amigo Pepe un chivato? No, si el libro no es suyo..., no es suyo, que no. Nino no ve las cosas claras, qué suerte tiene Paquito, ni siquiera se pregunta si su padre tiene algo que ver con las muertes de los del monte. El espíritu crítico no abandona nunca a un lector.
 
Pepe le pedirá el libro, ya sabe quién lo perdió, Nino sonríe, qué peso se quita de encima. El Portugués también sonríe, si le ha gustado tanto le puede conseguir otro.
 
Una semana después, le entrega los dos tomos de "La isla misteriosa"con volcán humeante y hombres astutos en la selva. Dice que se los ha prestado la Filo, son "un regalo comparable a la incertidumbre que me permitió seguir pensando todo, y nada".
 
Y, sin dar tiempo a la orfandad de los libros ya leídos y disfrutados, Pepe le regala, por su cumpleaños, "Veinte mil leguas de viaje submarino". Le habían dicho que era el mejor de todos.
 
 
En el cuartel siguen echando películas nocturnas. Nino continúa con sus tediosas clases de mecanografía hasta aquel día de la detención de  Filo, la amiga de Pepe, por el delito de recoger esparto en el monte. Aquella tarde, en la oficina del cuartel, Sanchís se desabrocha el cinturón y acerca su cara a la de Filo que se resiste a entrar en el calabozo. Nino está escribiendo las "planas"y siente un escalofrío mayor que los vividos de noche. No puede pasar aquello a plena luz del día. Debe elegir entre ponerse a gritar y salir corriendo. Puede evitarlo o aplazarlo, al menos. Entra, Filo, entra.
 
Menos mal que aparece Sonsoles y todo estalla "como un globo cuando roza la punta de un alfiler". Qué alivio. Se va, Sanchís le hace quedarse, va a  hacerle el favor de escribir a máquina la denuncia, le indica lo que ha de poner.
 
Se queda a solas con Filo, qué difícil es escribir aquello. "Así no vas a escribir a máquina en tu vida", le asegura. Le pregunta quién le enseña. Ella sabe, le enseñó la maestra doña Elena.
 
Y Filo ´habla con Mercedes, la madre de Nino. Y nuestro lector va a tener otra profesora de mecanografía y taquigrafía. Y, en el cortijo de las Rubias, con doña Elena, va a comenzar una aventura mayor, la de los libros más grandes.
 
Algunos de los libros de doña Elena.
 
Un tesoro. El Quijote, las Rimas y leyendas, Antonio Machado, el Lazarillo, Galdós...le esperan en una estantería hecha con cajas de fruta. Y las historias de doña Elena, "se sabía tantas que nunca se agotaban...una historia infinita que muchos adultos como ella y muchos niños como yo habían fabricado juntos a lo largo de los siglos, la historia de la sabiduria y la curiosidad..." Ulises, Newton, el Cid, Mozart, otras lenguas, poemas, romances... Nino descubre una forma diferente de mirar el mundo, la lectura lo ensanchará más y más.
 
Un niño de diez años que "nunca se sintió tan mimado, tan arropado, tan seguro". Nunca sería secretario ni oficinista, por mucho que mejoraran sus pulsaciones. "Doce semanas enteras de la mejor vida que había tenido jamás".

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Las palabras en letra color naranja están extraídas directamente de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes, editorial Tusquets, primera edición, marzo 2012.

jueves, 4 de octubre de 2012

"El lector de Julio Verne". Vamos a contar mentiras, tralará.

 

De aquí
Esta entrada pertenece a la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. Es un comentario acerca de algunos contenidos de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes.

La voz del narrador suena muy  adulta cuando nos relata  las últimas horas del guerrillero Cencerro, aquella madrugada de un 17 de julio, entre gasolina, dinamita, tiros y “un río de papelitos verdes”: ciento cincuenta mil pesetas que le iban a llevar a Francia.


Billete de 1000 pesetas de 1946.

Dos horas más de tiroteo, dos vivas a la República y “arriba, parias de la tierra, en pie, famélica legión”. El teniente coronel, obviamente nunca ha cantado eso, midió mal el tiempo, les ha dejado elegir su muerte, ascenderán a la categoría de símbolos porque “hay muertes que valen muchas vidas juntas”. Cencerro y Crispín  vencen, se abrazan  “antes de suicidarse disparándose un tiro en la sien”. La sierra se llenará de niños llamados Tomás.


De aquí
Antonino no ve la muerte de Cencerro, mas sus asombrados ojos de niño son testigos del miedo y la tristeza de su padre; al que convocan, es una orden, para recibir con los peores honores al cadáver de Crispín. El himno será "Tengo una vaca lechera"."Tenía la cara desencajada, los labios apretados y una mirada extraña, turbia, casi líquida. Y tenía mucha prisa". Mira uno por uno a sus tres hijos y murmura "Largaos ahora mismo...No os pueden encontar aquí. Por vuestro propio bien". Y no pueden salir por la puerta, por la ventana...



Entonces recuerda que "no era la primera vez que mi padre desobedecía una orden". Aquel día en que, al volver de la escuela, se lo encontró "escondido en su dormitorio" y "madre me dijo que como se me ocurriera abrir la boca, me echaba de la casa para siempre y se hacía a la idea de que no me había parido". Nino, que todavía no ha comenzado su aventura con los libros de verdad,  busca el asidero en las novelas del oeste. En ellas, los pistoleros escondidos "no eran cobardes, sólo astutos".

Ese día en que ha de huir con la pequeña Pepa de la mano, Nino avanza "una hipótesis descabellada", la única que le cuadraba: "¿Es que padre es rojo, madre?". Porque "nunca me había parecido tan pequeño, y nunca tan grande". La idea absurda se desvanece, de momento, cómo se te ocurre Nino, un guardia civil rojo.

"La cuesta del molino viejo nunca me pareció tan empinada". El calor, el peso de la hermanita en brazos y sus temores...por su amigo forastero. "Sin saber por qué, yo temía que Pepe el Portugués fuera uno de ellos, y sin embargo, estaba en su molino y muy contento de vernos."

Pepe no mueve un músculo de más, estudia la cara de Nino, "como si no la conociera". "Lo han matado ". "Se ha matado él". El niño corrige al adulto que esboza una sonrisa y añade: "Eso lo has dicho tú".

Pasan los tres una buena tarde, entre risas y chorizos asados. Muchos años después, Antonino recuerda el sentido de "una manta roja tendida a secar a mediados de julio". "Para adivinar que la noche sería peor, no hacía falta más que mirarla a la cara".

"Noche eterna y espantosa". Las paredes del cuartel no guardan secretos: gritos, protestas inútiles, ruido de cuerpos, gritos, voces conocidas, alaridos, "letras largas", "estrépito de cuerpos cayendo como fardos", silencio y "llevaos a este y traedme al de antes". Pepa pregunta, no puede dormir, "No es nada, Pepica, una película...". Le miente como unos años antes le había mentido Dulce, la hermana mayor.

La niña llora y Nino escucha todo, mientras le canta lo de "vamos a contar mentiras". "Ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras, tralará," no me peguéis más, si yo no sé nada", por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas. Pepica se queda dormida, abrazada a su cuerpo "como un náufrago se abraza a una tabla".


Y Nino sigue cantando bajito: "salí de mi campamento, con hambre de seis semanas..." Lo hace para no escuchar la voz de su padre. "¿Por qué no nos dices lo que sabes?". "Cargadito de manzanas, tralará, y más ruido, más cuerpos cayendo...aquella vocal sola, larga, interminable...y caían avellanas, tralará, las verdades y las mentiras". Y la resistencia de los que pegan y de los que reciben golpes.

Vómitos en el patio. La madre de Nino le espera sentada en la mesa de la cocina: "Estarás contento...no me digas nada, Mercedes...no se puede vivir así". Mercedes no tendrá valor para mirar a la cara  "a los que acabáis de romper todos los huesos".

Nino se levanta, la puerta no estaba cerrada del todo. Ve llorar a su padre por primera y por última vez. "Tú no has estado en Martos, Mercedes, tú no lo has visto...yo estaba allí, quieto, callado, sin hacer nada, como la mierda de hombre que soy...".

"Madre" le pide"calla, calla" y envuelve al marido en los brazos, como un niño, se lo lleva a la cama.

Al día siguiente, hay que vestirse de domingo, es 18 de julio. Hay que seguir contando mentiras, tralará.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Las palabras en letra color naranja están extraídas directamente de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes, editorial Tusquets, primera edición, marzo 2012.