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miércoles, 1 de julio de 2015

"Crónicas periodísticas de la Guerra de África (1859-1860)": " en medio de las mayores penalidades, la honra y el prestigio de nuestra querida patria."



Muley Abbas, hermano del Sultán y jefe militar de los marroquíes.

Comentario a dos de las "Crónicas periodísticas de la Guerra de África (1859-1860), correspondientes al 8 y al 13 de diciembre de 1859, de Gaspar Núñez de Arce. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.


Recordáis, de las dos entradas anteriores, a un matrimonio burgués y español, pongamos que madrileño: don Carlos y doña María. Ambos comentaban las primeras crónicas de la guerra de África de Gaspar Núñez de Arce, publicadas en el periódico "La Iberia", en 1859. También conocimos a su hijo Leopoldo, aficionado a jugar con soldados de plomo y de papel. Y a Blasa, su cocinera, muy triste porque han mandado a su hijo a la guerra.

Doña María tiene la costumbre de dar una vuelta a la casa antes de irse a dormir. Entra en el pequeño gabinete donde acostumbra a leer o coser, durante las largas tardes invernales. Allí encuentra a Blasa que  mira unos ejemplares del periódico "La Iberia". No se atreve a tocarlos, como si quemaran. Llora y se limpia con la punta del delantal.




-Buenas noches Blasa.

-¡Ay! ¡Disculpe la señora mi atrevimiento! El aya me dijo...cal señor le mandan papeles que cuentan lo de la guerra donde los moros...sabe usté, mi Blasito, pallá loan mandao. ¡Tontunas de una madre!

-Nada de tontunas, que yo también soy madre y bien entiendo tus sentimientos. ¡Puedes cogerlos!

-Pero señora...yo no sé leer, pa mi no dicen na.

-¡Eso tiene fácil arreglo! Yo te leo lo que quieras. Siéntate aquí, a mi lado. ¿Por dónde empezamos?

-Por...donde usté quiera. Dios la bendiga.

-Te leo lo más interesante:

"El valor de nuestros enemigos raya en temerario, si bien el de nuestros sufridos soldados no le va en zaga..."

-¡Ay señora que así  no me entero de na! Mejol usté  me lo cuenta, ques mu lista y lo tie todo leído.

-De acuerdo. Escucha. Aquí dice que los enemigos son muy valientes pero nuestros soldados más. Y les pueden.  Había mucho viento y mucho humo, no veían nada, pero atacaban con todo el empuje. Los moros se escondían entre los árboles y los matorrales que allí son muy espesos. Se arrastraban como culebras, era difícil distinguirlos con sus alquiceles, sus capas de color tierra que un día fueron blancas. Pero no te preocupes, Blasa, porque el arma blanca de los nuestros les da mucho miedo y huyen despavoridos en cuanto ven una bayoneta. Así que tranquila.



-A mi Blasillo mu rápido no es y lo pillan los de la capa gorrina, seguro. Quel no sabe qué cosa es la bayoneta, entiende nomás que de paletas y ladrillos.

-Ya le enseñarán, mujer, que para eso está la instrucción. "Entraron en acción...los cazadores de Simancas, Navas, Mérida, Barbastro, Arapiles y Alba de Tormes y los regimientos del Rey...Hubo rasgos de un valor heroicos. Algunos soldados heridos se resistieron a retirarse del campo de batalla y yo vi a uno...referir en tono chancero...de qué medio se había valido para atravesar de parte a parte a su contrario..."

-¡Papo! ¡Cuántos pueblos! ¡El Rey y to! ¡Digo yo que también la Reina, ques la prencipal. Yo le diría que se retire en cuanto se lo ordenen y que na de chanzas, que donde las dan las toman. Lea, lea usté.

-"Nuestra pérdida fue menos considerable que en combates anteriores...La de los moros fue mayor, si bien no puede calcularse fácilmente, porque...hacen toda clase de esfuerzos y sacrificios por retirar sus cadáveres...que no caigan en poder de los cristianos."

-¿Y por qué ese empeño señora? Pa enterrarlos a lo moro será.

-Por eso y porque creen que no pueden ir al Paraiso, al cielo para que lo entiendas, con la cabeza cortada. 



-¿Y quién se la ha de cortar si no es mala pregunta?

-Los soldados, Blasa, quiénes si no.

-O sea que mi Blasito va a andar cortando cabezas por ahí, como un carnicero de presonas.



-A mí no me parece de buenos cristianos, pero la guerra es así.

-Mi niño que no era capaz de matar al pollo que engordamos pa Nochebuena.

-Dejamos las cabezas y ten en cuenta que eso es una ventaja para los nuestros, cuando vuelven a recuperar a sus compañeros muertos...a por ellos. Piensa que los moros degüellan a todo cristiano que cae en sus manos. Aunque mira lo que escribe el señor Núñez de Arce al respecto:

"Afortunadamente no tengo noticias de que hasta ahora haya que lamentar en este sentido la pérdida de ninguno de nuestros hermanos" ¡Ninguna cabeza fuera de su sitio!

-Mi niño muerto y en dos trozos. ¡Ay Señor!

-Que no, que al tuyo no va a pasarle nada. Además, hace muy poco que partió, todavía tiene que recorrer muchos kilómetros hasta Cádiz. Y después embarcarse para Ceuta. La guerra habrá terminado para cuando tu chico llegue a ver el mar. Llegará a tiempo para el desfile de la victoria.


Prim y O´Donnell entran victoriosos en Tetuan

-¿Qué dice después de lo de las cabezas?

-Pues...dice que hubo viento y lluvia en el campamento pero "en medio de las penalidades y fatigas de la campaña, se muestran alegres y satisfechos, olvidándose de la lluvia a la media hora de haber pasado..." ¡Jóvenes al fin! Y no veas lo bonito que tiene que ser aquello, escucha lo que dice de lo que vio desde las alturas del Hacho, un monte de por allí.


"...divisábamos...por el mar los montes de Tarifa y Gibraltar, perdiéndose en el espacio como dos dudosas estrellas, y por tierra la ciudad a nuestros pies, y más allá las numerosas hogueras del campamento con su llama rojiza azotada por el aire cada vez más impetuoso."

-Vamos que por esas tierras el aire no se queda quieto. Y otro tanto hará el mar, que man dicho ques tan grande, tan grande que da respeto. Y que en ocasiones brama como un toro. También dicen que los árboles no tien hojas sino pinchos como puñales.



-Hay unos alcornocales muy robustos, que como son árboles tienen hoja. Los de los pinchos son las higueras chumbas, que hay muchas. Y palmitos y arbustos frondosos. Don Gaspar no sabe como se llaman, pero frondosos lo son mucho, al parecer. ¡Con muchas hojas!




-¿Higos con pinchos? Nunca comí higos así.

-Sí, Blasa, no tienen nada que ver con los de las higueras de por aquí. Me los trajo cierta vez una amiga que se casó con un noble andaluz, buena boda.


Aquí termina don Gaspar la crónica del 8 de diciembre de 1859. Concluye hablando de una catedral que hay en Ceuta y del santuario de la Virgen de África, lugar de mucha devoción, que no todos son mahometanos allí.


Virgencita cuida a mi chico! ¿Y en el otro cuaderno? ¿Sigue contando?


-Sí, pero no te preocupes, mira lo que dice:


"Hace muchos días que los moros escarmentados sin duda de los descalabros sufridos, no molestan ni atacan nuestras posiciones." Y se pone a contar algunos incidentes de esta campaña "donde en tal alto lugar colocan los soldados españoles, con su valor inquebrantable, su resignación heroica y su humor siempre alegre, en medio de las mayores penalidades, la honra y el prestigio de nuestra querida patria."


-Sí, muy altos, muy alegres, resignación...papo qué remedio. Y penalidades, lo dice el señor Núñez. Hambre, sed, un infierno para los probes muchachos, todo sea por la patria. ¡Ay!


-Mañana seguimos, yo quiero que estés tranquila.


-O intranquila, señora, pero quiero saber lo que escribe ese don Núñez que anda por allí. ¡Quién supiera leer! Buenas noches, Dios la bendiga.


-Buenas noches, Blasa. Rezaremos por tu hijo.


Doña María guarda los fascículos de "La Iberia" en un pequeño buró. Entra en su alcoba, donde su marido está todavía despierto. Pregunta:

-¿De verdad, María, que le leíste a Blasa todo lo que escribe el cronista el 8 de diciembre?

-Bueno, todo todo no, no quería hacer sufrir a la pobre mujer. Núñez de Arce comienza soltando lo de los 7000 moros embistiendo, "en medio de una enorme gritería y de los roncos sonidos de sus instrumentos bélicos". Y se adelantan en distintos grupos, impetuosos, hasta cerca de los puntos fortificados, que a don Gaspar no le llegaría la camisa al cuerpo. Y suben por las cañadas "donde la traición acecha siempre". Me salté lo de los 12 o 15 muertos y lo de los 150 heridos. Suavicé también lo del vendaval en el campamento. 

-¿Quién habrá contado a los moros, uno por uno, hasta llegar a siete mil? ¿No será un poco exageradillo el periodista como aquel Marco Polo de los millones? Lo que no tiene vuelta de hoja es lo de los 12 o 15 muertos y los 150 heridos. ¡Qué espanto el de los hospitales de campaña! ¡Y la papeleta de notificar esas muertes a la familia! ¡En fin! ¡El conde de Lucena sabrá lo que se hace! ¡Todo sea por la Patria!



-Y los manejos de O´Donnell que quiere ganar la guerra con los periódicos más que con los cañones.

-María, tú sabes más de lo que te han enseñado...Ten cuidado con lo que le lees y le cuentas a Blasa.


-Ya lo tengo. No le contaré lo del capitán herido que, espada en mano, dirigió una carga a la bayoneta de su compañía, yendo doce pasos delante de sus soldados. Ni lo de los dos hermanos que cayeron abrazados, uno muerto y el otro herido. Ni del que se presentó a O´Donnell con la espingarda que con la vida arrancó a un moro. Ni del capitán que se extrajo él mismo una bala que le había penetrado en el hombro. Mejor me extiendo con lo de la Mezquita, el sepulcro del Santón, el Serrallo y la casa del Renegado, siempre en muda contemplación de la costa peninsular.


Y los rumores de que los moros habían pedido parlamento. Aunque después confirme que fueron "voces sin fundamento".

No sé si comentarle la visita que hizo O´Donnell a los hospitales. Que mandó mejorar las camas, aumentar el servicio y estuvo consolando a los heridos. ¡Y dispuso que se les diera un duro a cada uno! Al menos, los que están allí han salvado la vida y bueno es que tengan un hospital, aunque sea de campaña. Y que el general se preocupe porque tengan mejor lecho. Y el duro les animaría...pienso.




-"El tiempo sigue malísimo"

-Sí. Buenas noches, Carlos.

-Buenas noches, María.

-¿De verdad crees que los moros son tan bárbaros y los cristianos tan civilizados?


Don Carlos no contesta, se ha quedado dormido. 

Un abrazo de María Ángeles Merino

Doña María, don Carlos y Blasa. 

Palabras extraídas directamente del libro de Núñez de Arce.

miércoles, 24 de junio de 2015

"Crónicas periodísticas de la Guerra de África (1859-1860)": "Hasta el postrer aliento se baten con un encarnizamiento salvaje..."

Museo del Ejército (Burgos)


-Mira, hijo, la guerra de verdad es algo muy duro, no es un juego. Imagina cuerpos destrozados, mucha mucha sangre, calamidades, sufrimiento, muerte, el combate cuerpo a cuerpo...tu abuelo que era militar y la conoció bien me contaba historias terribles. Luego no podía dormir.

-Tiene razón tu madre. Así es. No tiene nada que ver con tus soldaditos, tan marciales e impecables.

Museo del Ejército (Burgos)

Tú piensa en hacerte ingeniero y construir cosas bonitas.

-Lo pensaré, papá. Buenas noches a los dos.

 -Anda, vete, que te está esperando el aya para llevarte a la cama.

-El aya me dijo que el hijo de Blasa se va a la guerra.  ¡Y que estaba llorando en la cocina!

-Lo sabemos, hijo. Ya te hemos explicado que tú no tendrás que ir, si no quieres.

Doña María y don Carlos se quedan solos. Sobre la mesa tienen algunos ejemplares de "La Iberia".



-Bueno Carlos, ahora es tu turno. Cuéntame lo que dice don Gaspar en la del 7 de diciembre.

-¡Pero tú ya lo has leído!

-Sí, pero me gusta escucharte y ver tu punto de vista...de hombre.

-De acuerdo. Veamos. Bellas costas, hermosos amaneceres, gloriosos recuerdos liberales ligados a Cádiz, el embarque en las playas del Trocadero, la de los cien mil hijos que venían a ponernos las cadenas de nuevo. 


“No es fácil describir la animación que reinó durante el tiempo que tardaron hombres, caballos, acémilas, bagajes y pertrechos en pasar a bordo”.  “Los soldados marchaban alegremente”, los caballos “a fuerza de brazos y pataleando”; el instinto de las bestias es sin duda más sabio.

Sigamos. Las naves iluminadas, el silencio, la luna, el sentimiento patriótico, el murmullo de las olas, la inmensa mancha negra de la costa. Dice el cronista que “todo contribuía a aumentar la emoción”.  El “Isabel II” da la señal y todos los buques emprenden la marcha.



¡Por fin! “Al rayar el alba…las crestas de Sierra Bullones y el cabo Espartel”



Las costas españolas son visibles también, ahora más bellas, para algunos será la postrera mirada. Las africanas aparecen “envueltas en una inmensa faja rojiza”. Un sol violento y un rojo que se nos antojan premonitorios.



Tarifa y Sierra Bullones, frente a frente. El cronista ve Tánger vagamente, con anteojos. Se puede decir que ahí ha tenido esta guerra su nacimiento. Ven levantarse grandes humaredas en las cumbres africanas, están anunciando que se acerca la escuadra. ¡Es la guerra!



Trafalgar, Gibraltar, más recuerdos históricos. Que los deje aparte el “fiel y exacto cronista”. Dice que no sabe como se apropiaron los ingleses del Peñón, demasiado lo sabe. 




En el vapor tuvo el gusto de conocer a oficiales distinguidos y al famoso ayudante Álvarez que padeció las amarguras de ser preso de los “rifeños”. Y también al intérprete  Aggia Batain, un moro argelino al que se le escapa, por una herida del cuello, parte del mucho vino que trasiega y asegura que  “moro fino, bebe vino y come tocino”.  ¡Es de desear que cumpla con los españoles mejor que con el Corán!

Después de “una felicísima navegación” desembarcan en la cristiana Ceuta, en cuyas altas murallas  “flota orgullosamente la bandera española”.  De vez en cuando oyen disparos de cañón. Se ven soldados por todas partes, no se ve otra cosa...



-Y los víveres carísimos, no olvides ese detalle que don Gaspar no olvida.

-Sí, los víveres. Aquí llega lo que interesa. Ha sabido de algunos pormenores sobre las acciones que hubo antes de su llegada, en las inmediaciones de la ciudad.

“Los moros han acometido violentamente, en tropel y con un valor extraordinario a nuestras tropas, sin miedo a la metralla" ¡Y los que hirieron a Echagüe estuvieron a cuatro pasos de él y de los que le acompañaban!




"Se baten con obstinación, dando pruebas de un valor personal, que sería invencible si le acompañara la disciplina"

Les falta disciplina y sienten pánico ante las cargas a la bayoneta. Por suerte para nuestros soldados...Huyen y arrastran sus cadáveres para que no caigan en manos del enemigo.

-Sí, porque si son profanados por manos cristianas no pueden entrar en el Paraíso que Alá les tiene prometido. ¿Sabes que les esperan allí no sé cuántas doncellas siempre vírgenes y a su disposición?

-No lo sabía. Ahora entiendo la razón por la que se arriesgan y vuelven al campo de batalla con "obstinada energía", como dice don Gaspar. Y es imposible hacer prisioneros. Lee: "Hasta el postrer aliento se baten con un encarnizamiento salvaje, y cuando caen heridos no dejan de blandir la gumía, mientras  la moribunda mano puede empuñarla y hay en torno cristianos pechos en donde hundirla."



-¡Salvajes carniceros! ¡Por Dios, que no te oiga Blasa nada de eso, que bastante tiene la pobre!

-Y nuestro cronista visitó el campamento. Le sorprende la animación que reina en él, tiendas y más tiendas, y en las de los generales ondeando la bandera.

Termina la crónica con la posición de la división del general Echagüe. Ocupa la vanguardia situada desde el Serrallo hasta las posiciones tomadas en Sierra Bullones.


-Es la posición del momento en que redacta la crónica. Seguramente hayan conquistado más territorio. ¿Y Prim? 



-Lee:"El cuerpo del ejército del bravo general Prim se extiende a la izquierda, conforme se sale de la ciudad..." La carta se alarga. Mañana nos dará más pormenores. Pasa al siguiente de "La Iberia", ahora te toca a ti.

-Tengo sueño. ¿Te parece si lo dejamos por hoy?

-Como quieras, mañana la del 8 de diciembre. A ver si Núñez de Arce recibe su bautismo de fuego. 

Doña María y don Carlos se retiran. Blasa, la cocinera, entra sigilosamente en la sala y contempla los ejemplares que están encima de la mesita. Pero ni siquiera osa tocarlos. No sabe leer. Cuánto le gustaría que alguien le descifrara lo que esos papelotes cuentan sobre la guerra de Ceuta, esa a la que su hijo va a ser enviado. Mañana le pedirá a la señora que le lea un poco y le explique. Doña María es tan buena y...tan lista, ha estudiado mucho para ser mujer.

Blasa vuelve a la cocina.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

Doña María, don Carlos y Leopoldito.
Palabras extraídas directamente del libro de Núñez de Arce.

miércoles, 17 de junio de 2015

"Crónicas periodísticas de la Guerra de África (1859-1860)": "...por España y por su valiente ejército, en quien se fijan hoy las miradas de la Europa entera"


Los libros de este curso al sol de la mañana.




Avellaneda, Laforet, Martín Gaite, Abella, Vargas Llosa, Muñoz Molina, Herrera y...Comenzamos una nueva aventura lectora, la última de este curso. Tengo en manos un pequeño libro titulado "Crónicas periodísticas de la Guerra de África (1859-1860), de Gaspar Núñez de Arce, edición de María Antonia Fernández para "Clásicos de Biblioteca Nueva". La introducción  comienza resaltando el apasionamiento que este conflicto provocó en su época, proyectado en poesías, representaciones teatrales y artículos periodísticos que contribuyeron a aumentar la expectación que la declaración de guerra había provocado. 

Los grandes periódicos españoles comienzan a buscar nombres idóneos para la nueva figura de corresponsal de guerra. Y los méritos literarios, junto con la amistad con el director del periódico progresista La Iberia, convierten a Núñez de Arce "en el encargado de narrar la guerra en directo para unos lectores ávidos de información de primera mano". 


"Los textos publicados...desde noviembre de 1859 hasta marzo de 1860 bajo el título de Correspondencia particular de la Iberia", tuvieron una gran acogida de público...la fama del joven poeta creció enormemente. La notoriedad pública alcanzada por el trabajo de corresponsal de guerra le sirvió como plataforma de lanzamiento de una brillante carrera política y literaria...a todo ello hay que sumar la evolución de su pensamiento político, muy relacionada con las amistades que hizo en África, en especial la del general O´Donnell."


Antes de comentar las crónicas, busco algunos enlaces acerca de esta guerra: 



También es muy útil la citada introducción de María Antonia Fernández. Leo un poco de aquí y de allá y me creo una imagen del ambiente creado en España por este acontecimiento tan popular. Y la imaginación me lleva...

A un saloncito de una casa burguesa española, pongamos que madrileña, en 1859. ¡Ya está! El padre, don Carlos, la madre, doña María, el niño, Leopoldito,  y algunos ejemplares de "La Iberia" enviados por correo, cuatro o cinco, cada uno rodeado de su fajín de papel. 

-¡María! ¡Los periódicos! ¿Dónde me habéis puesto los cuatro o cinco que recibí ayer?¡ "La Iberia"! Ni en el buró, ni encima de la mesa del despacho. ¡Mira que os he dicho que no me toquéis mis papeles!

¡Lo habrá cogido Leopoldito para fabricarse sus recortables! ¡Valiente tropa se monta este niño! Moritos con turbante y  soldaditos españoles con el ros bien puesto. Como no le bastan sus soldaditos de plomo, refuerza su ejército con los de papel. A unos los arma con gumías y lanzas, a los otros con fusiles y bayonetas. ¡Qué ardor guerrero el de la criatura!



-Sí, buena mano tiene el niño para el dibujo. Pero no, no te ha cogido La Iberia. Aquí lo tienes, le he echado un vistazo. 

-No sabía que te interesara la política. La guerra es cosa de hombres, esposa mía.

-Y de mujeres que se quedan en casa llorando al hijo que acaso no vuelvan a ver. Pena me da ver a Blasa, la cocinera, que su hijo lo han llamado a filas…Parir a un hijo con dolor, como dice ella, para que te lo maten con una navaja curva, como a un cordero.


Gumías

-No habrá dolor para ti.  Carlos, nuestro hijo mayor  tiene asegurado el no ir a la guerra, ya sabes que pagué los 6000 reales de la redención. Y, si no lo hubiera hecho ya, a tiempo estaría de buscar un soldado sustituto, por el mismo precio.


Moneda de 1 real de 1859. 

 Pensé también en el pequeño y,  por si vienen mal dadas, acabo de firmar una poliza con la Compañía Catalana General de Seguros, un seguro contra quintas. Pagaré cada mes una cantidad para que Leopoldito no tenga que ir , lo hacen ya muchos padres de hijos varones. Son avispados estos catalanes. Y patriotas, pardiez, no sé si sabes que han formado un tercio voluntario para ir a batirse el cobre en Ceuta. Lo mismo que los vascos.




-Excelente idea, pero mira tú por donde a nuestro niño le tira lo militar. Dice que de mayor quiere ser capitán de húsares, qué sabrá la criatura. Ojalá se le quite de la cabeza, con lo bien que dibuja y un buen profesor de matemáticas...sería un gran ingeniero.

-Sí sabe, que lo saca de los libros de milicia que dejó tu difunto padre, su abuelo, menudo carlistón estaba hecho el señor comandante, que en la misma gloria de don Carlos María Isidro descanse. Dejemos a los difuntos y dime qué trae "La Iberia" que te tiene tan interesada.



-Un respeto para mi padre, maridito mío. Me he leído de pe a pa las crónicas de don Gáspar Núñez de Arce, qué pluma la del vallisoletano. ¡Se nota su condición de poeta! Tú todavía no te has dignado leerlas, que tienen intactos los fajines.

-No he tenido tiempo. Y mira, ahora me pica la curiosidad. ¿Qué dice el bueno de don Gaspar?

-He viajado con él, desde un barco, por toda la costa mediterránea. ¡Qué bonita! Divisamos la gigantesca vegetación de Cataluña o Valencia, la desnudez de las rocas de Alicante "iluminadas por un sol de fuego", las cumbres de Sierra Nevada "envueltas en azuladas brumas" y las atalayas, recuerdos vivos de los moros en la costa...Al llegar aquí, don Gaspar parece recordar que el viaje no es de placer sino que va a una guerra. Mira, aquí dice:

"...se divisan en todos los puntos culminantes de la costa las ruinas de antiguas atalayas, recuerdos vivos de aquellos tiempos en que esos mismos bárbaros a quienes vamos a combatir invadían nuestras playas, robaban nuestras mujeres, incendiaban nuestros pueblos y esparcían por todas partes la desolación y el espanto."


Torre almenara del Saladillo (Estepona) 1575. 

-Y recuerda a los lectores, la calaña de nuestros enemigos, heredada sin duda...viejas afrentas. Entre col y col, lechuga.

-Sí, así es, porque sigue con los pueblitos andaluces, tan blancos que parecen "formados por la espuma que el mar arroja". Málaga con sus calles tortuosas y sus riquísimas pasas, gloria para  los golosos europeos, y su puerto tan animado en época de vendimia, o "vendeja".

Y cómo les gusta Andalucia a los ingleses y alemanes acomodados que pasan allí el invierno, gozando de nuestro sol. Ellos tan amantes de la poesía que organizan banquetes para honrar a su amado poeta Schiller con patriótica veneración, dándonos ejemplo, que nosotros enseguida olvidamos a nuestros grandes hombres...Tuvieron el detalle, los alemanes de la comilona, digo, de brindar "por el buen éxito de nuestra campaña en África, por España y por su valiente ejército, en quien se fijan hoy las miradas de la Europa entera". ¡Los laureles de  Carlos V y de Juan de Austria reverdecerán! 


-Sí, buen detalle el de los alemanes, lo de los laureles verdes  seguro es cosa del vallisoletano.¿No es ese Schiller el de "Don Carlos", el que dejó en tan mal lugar a nuestro rey Felipe II, acusándolo de mal padre? 

-El mismo Núñez de Arce debería escribir su don Carlos, sería mejor que el del alemán y más verdadero. No nos vayamos por las ramas.



 Nuestro cronista se embarca para Cádiz y allí ve  a los soldados, los del general Ros, armar y desarmar las tiendas de campaña que les cobijarán en suelo africano. Y no veas el entusiasmo de la multitud que acudía a ver estos ensayos "deseosa de ver vengado el ofendido honor nacional y ondeando en la otra punta del Estrecho la generosa y heroica enseña española".



-Parece que veo a la patriótica multitud, sigue María.

-Felicísimo fue su viaje hasta Cádiz. El Estrecho de Gibraltar lo pasó de noche y así evitó el berrinche de ver flotar en ese rincón de la Península una bandera extranjera.



Al amanecer, dos sublimes espectáculos a su vista: el sol, "globo de fuego inflamado" y Cádiz, "verdadera Venus meciéndose en una concha". Hay que verla desde el mar, tan blanca como la espuma, tan gallarda como las aves que se mecen en las ondas, diáfana, transparente, brillante...En lugar de "Ir a Nápoles y morir", que dicen los gabachos, nosotros deberíamos decir "ir a Cádiz y admirar". Y don Gaspar da rienda suelta a su pasión liberal, aquella Cádiz que él conoció cuando la guerra contra las tropas de Napoléon, la ciudad de Hércules donde se meció "la cuna de la libertad española", entre estampidos de cañones extranjeros. La liberal España que legislaba y combatía a la vez.

-Sí, qué hombres aquellos que alumbraron la Constitución, nuestra Pepa, tan pisoteada por tantos. El mismo pueblo gaditano fue tiroteado aquel día aciago de 1820...

-Escucha, marido: "Cádiz debe estar orgullosa, su nombre está escrito en la primera página en el libro de nuestra regeneración" .




El cronista reconoce no conocer "la perla de Andalucia" lo suficiente para dar una descripción minuciosa, ni va a tener tiempo. Pero no deja en el tintero las calles rectas ni las  hermosas, plazas espaciosas ni la estatua de Balbo, gaditano romano, el "primer extranjero que subió en triunfo al Capitolio". ¡Y el puerto! Concurridísimo y ahora mucho más. "Reina gran animación en el comercio, y en todos los habitantes un decidido entusiasmo".


-Como en todas partes donde se mueve el dinero. La euforia no durará mucho. Sigue. ¿Qué más cuenta?


-Que hijos de familias acomodadas han solicitado y obtenido su ingreso como soldados en el ejército expedicionario. Incluso conoce a un "apreciabilísimo joven" que se ha ofrecido como voluntario, a cuenta suya su equipo y manutención. ¡Menudo chasco se llevarán esos niños de papá cuando vivan el horror de la guerra! Cuerpos destrozados, sangre, calamidades, sufrimiento, muerte, el combate cuerpo a cuerpo... lo que contaba mi padre pone los pelos de punta...y eso que era su oficio.




-¿Cuenta algo más en esa primera crónica?

-Poco más, que estuvo en la función que daban en el Ateneo, donde se leyeron poesías alusivas a la guerra, algunas "de mérito sobresaliente"que obtuvieron "un éxito en extremo satisfactorio". El más conocido allí era el cronista de la prensa gaditana Sánchez de Arco, dicen de él que está dispuesto a asistir a las mismas batallas. 


-Ya veremos si se muestra tan valiente cuando haya batallas de verdad.


- A don Gaspar Núñez de Arce le hubiera gustado asistir a la revista de tropas en el Puerto de Santa María. Pero no ha podido porque ha de estar a la mira de los vapores que entran y salen para volver cuanto antes a Málaga. 




Cierra la primera crónica el 18 de noviembre, la que se publicó el 23. La próxima ya la hará desde suelo africano. Aquí tienes la escrita el primero de diciembre, en Ceuta. No te cuento más, lee tú y luego me comentas.

Dejo a don Carlos leyendo, sentado junto al calor de la chimenea. Doña María iba a sacar algo del costurero, pero acaba de entrar Leopoldito con sus  soldados de plomo y toda su atención se concentra ahora en el niño. Ayuda a su hijo a colocar las pequeñas piezas sobre la alfombra, digo...sobre el frente de batalla. ¡Bum! ¡Bum! 





Acaricia a su hijo, se alegra de que nunca vaya a la guerra. ¡Bendita poliza! Pero...¿y si el niño se empeña en seguir la carrera del abuelo Leopoldo? 


Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Doña María y don Carlos.

Palabras extraídas directamente del libro de Núñez de Arce.