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miércoles, 25 de agosto de 2010

Desde el cercano Palacios de Benaver, damos un paseo hasta la ermita de San Pelayo, en San Pedro Samuel (Burgos).



Hemos recorrido unos dos o tres kilómetros desde el pueblo. Al final del camino, está la ermita de San Pelayo.



Nos encontramos con la estela epigráfica dedicada a Bernabé Pérez. Dicen que estaba cortando un árbol y tuvo un desgraciado accidente.



La puerta con su ramita seca.



¿Nos asomamos al ventanuco? Las esculturas de los capiteles son centauros o centáurides.



Aquí los capiteles están decorados con motivos vegetales.




Hay rostros humanos en los canecillos. ¿O son máscaras?



Si alargamos la vista vemos los molinos eólicos, esos que proliferan por todas partes. ¡Si los viera don Quijote!



Descubro la parte trasera de la ermita. Cuando la visité sola no me atrevía...Es un paraje muy solitario.



En la parte trasera descubro este capitel con decoración floral.



Una nube gris que nos refrescará con unas gotas de lluvia, muy poca cosa.



La cebada juega al corro.


En este paseo me acompañó E., con su perro Rufo. Hablamos un poquillo...Gracias por la compañía.

Ya conocía esta solitaria ermita, con sus restos románicos. Pero siempre es distinta. La última vez fue en invierno...y estaba Curry.


¿Qué tiene el románico?

martes, 24 de agosto de 2010

En busca de la ermita perdida, de Palacios de Benaver a Villanueva de Argaño (Burgos).



Estamos en Palacios de Benaver, hay que ir al otro lado de ese cerro.



Subimos por el camino que sube por el cerro. Dejamos el pueblo atrás.



Contemplamos un hermoso campo de girasoles.



Pisamos cardos y más cardos. Bajamos por laderas empinadas. Me dicen cómo poner los pies para no coger una liebre.



Las hormigas no se inmutan.



Ladeamos un trigal.



Dice E. que ahí escondida está la ermita.



Esa estela epigráfica dice que ahí se apareció la Virgen, en el siglo X, que ya llovió.



Estas mesas son ruedas de molino.



Bebemos en la fuente y nos limpiamos los arañazos de las piernas.



La ermita está cerrada. Es muy sencilla, piedra y nada más.



Este ventanuco es un poco siniestro.

Era un día de principios de agosto, en Palacios de Benaver. E. y R. me llevan a conocer la ermita de la Virgen de Argaño, en el pueblo de Villanueva de Argaño. El paisaje ,y la compañía de estas amigas, mereció la pena, la ermita no tanto. Pensaba que tenía esculturas románicas, como la de San Pelayo, en San Pedro Samuel, que me encanta.
Lo aburrida que debía ser la vida de un ermitaño, en lugares tan escondidos. El más famoso ermitaño de esta ermita fue Juan Narduck, conocido como Juan de la Miseria. Mirad lo que he encontrado acerca de este personaje:

"Jan Narduck, nacido en el Reino de Nápoles hacia el año 1526, y más conocido como Fray Juan de la Miseria. Parece ser que este personaje llegó a nuestro país con la intención de peregrinar a Santiago. Posteriormente se establece en el Santuario de la Virgen de Argaño, donde vivió algún tiempo y construyó la casita adosada a la ermita.
Más tarde conoció a Santa Teresa, a quien pintó. Pero el cuadro no debió de satisfacer plenamente a la Santa. La historia ha conservado el comentario que Teresa de Jesús hizo a Fray Juan de la Miseria cuando éste le presentó su retrato. Dicen que la Santa se quedó boquiabierta, y como era tan clara y expresiva le dijo: "Dios te perdone, fray Juan, ¡qué fea y legañosa me pintasteis!"

http://www.galeon.com/cfs/Historia.htm

Más información acerca de la ermita en:
http://www.villorejo.com/wordpress/el-santuario-de-argano/

Bueno, os he contado mi aventura en busca de una ermita. Gracias a E. y R., de Palacios de Benaver por servirme de guías, les dedico esta entrada. Un abrazo a todos los que pasáis por aquí.

¿Alguien tiene vocación de ermitaño?





SI PINCHÁIS AQUÍ, ENCONTRARÉIS UN CAMINO MEJOR Y PODRÉIS DAROS UN PASEO VIRTUAL.¡VIVA EL GOOGLE MAPS!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Dice Pedro Ojeda que el capítulo XXIV "es un zurcido" (2)



"No lejos de aquí -respondió el primo- está una ermita..."




"-¿Tiene por ventura gallinas el tal ermitaño? -preguntó Sancho. 
-Pocos ermitaños están sin ellas -respondió don Quijote-"



Segunda parte del comentario al capítulo 2, 24 del Quijote, el capítulo "zurcido". Publicado en "La acequia".

Estamos cerca de una ermita. El ermitaño tiene buena fama: ha sido soldado, es discreto y buen cristiano. Se lo digo así a don Quijote, aunque no sé si, como caballero andante, tendrá tan buen concepto de la soldadesca. A Sancho le interesa saber si el eremita tiene gallinas, tal vez añora aquellas espumas gallináceas de las bodas de Camacho. Su señor le contesta que los ermitaños de ahora las tienen, no son como los de antaño que se alimentaban de raíces. Algunas cosas que dice este hombre me recuerdan a los libros, con un punto de herejía, de los erasmistas, los seguidores del de Rotterdam.

Estando en esto, vemos a un hombre a pie que camina deprisa, arreando a un macho cargado de lanzas y alabardas. Nos saluda y pasa de largo. Don Quijote mira las lanzas y alabardas, le pica la curiosidad; le pide que se detenga pero, según sus palabras, las armas que lleva han de cumplir, al día siguiente, su misión. Piensa alojarse en la venta, un poco más allá de la ermita. Promete contarnos maravillas si vamos allí y nos adelanta, con muchísima prisa. El caballero andante desiste de pasar la noche en la casa del ermitaño y decide ir a la venta, que él no se queda sin saber para qué son las lanzas. Así que seguimos hasta la venta, a la que llegamos con la escasa luz del anochecer.

El vino de la venta es muy malo y pienso que el ermitaño tendrá del bueno. Le digo a don Quijote que lleguemos a ella, a la ermita y no a la venta, a beber un trago. Sancho oye la palabra vino y no se hace de rogar. Pero el ermitaño no está y nos atiende la “criada” del ermitaño, la sotaermitaño. No, estos ermitaños no son los del desierto. Los del desierto no disponían de criada ni…de barragana. Pedimos vino de lo caro, uno de Arganda o Valdepeñas no estarían mal, y nos dice que su señor no tiene. Nos ofrece agua barata, o sea que agua y pagando. Sancho, no es tu día, tu sed no es de agua y añoras la abundancia de las bodas de Camacho y de la silenciosa, pero nutritiva, casa de don Diego.

En el camino de vuelta hacia la venta, nos topamos con un mancebito con la espada al hombro y el hatillo con sus vestidos, colgando de la misma. Asoman fuera del envoltorio los greguescos o calzones, el herreruelo o capa corta y una camisa. Lleva puesta sólo una ropilla, camisa y medias. Va alegre y ágil, cantando seguidillas para entretenerse. Al alcanzarle, iba con aquella que dice: “a la guerra me lleva mi necesidad; si tuviera dineros, no fuera, en verdad”. Va a la guerra, ligerito, sin los calzones a juego, que se le estropean y no tiene para otros. Desea alcanzar a unas compañías de infantería, cerca de allí. Desea sentar plaza, embarcar en Cartagena y servir al rey en la guerra, mucho mejor que hacerlo con un cortesano pelón. Está harto de cortesanos…

Le pregunto si lleva alguna ventaja, es decir alguna prebenda o sobresueldo. Me dice que si hubiera servido a un grande o principal, algo llevaría; pero él siempre sirvió a advenedizos “catarriberas”, gente de ración mísera que bastante tienen con almidonarse la lechuguilla. Y ni siquiera pudo quedarse como criado permanente de algún noble y, de esta forma, llevar librea. Sólo lo fue ocasionalmente y, una vez acabado el servicio, fuera la librea.

Tal vez, este don Quijote haya vivido en Italia. Lo digo porque suelta italianismos como “espirlochería” y “felice”. Y, para nuestro héroe de la cueva, a “felice” ventura ha de tener el jovenzuelo el salir de la corte para servir a Dios y a “su rey y señor natural”, en el “ejercicio de las armas”. Y se le nota, le place enormemente el trillado tema de las armas y las letras. Si con las armas se alcanza, si no más riquezas, más honra que con las letras. Que han fundado más mayorazgos las letras, con su toquecito de esplendor. Qué me va a contar a mí, un humanista que ha imprimido tantos libros imprescindibles para la humanidad, los cuales no me han dado un maravedí…El dinero de mi padre me permite no fenecer de inanición…

Y, a continuación, para elevar el ánimo del zangolotino le habla de sucesos adversos, de la buena muerta, la muerte con honra, el olor a pólvora como perfume, la necesidad de remediar a los soldados viejos y estropeados, esclavos de el hambre si no se les asiste…

Para alegrarle la cara, que había mudado de color, le invita a subir en las ancas de Rocinante y a cenar. Acepta lo de la cena, no lo de las ancas.

Llegamos a la vente al anochecer. Sancho dice no sé qué de un castillo. Don Quijote pregunta por el de las lanzas y albardas. El ventero le responde que está en las caballerizas. Y a las caballerizas vamos todos para atender a nuestros jumentos y el mejor atendido, Rocinante.
.

Y se acabó el comentario al capítulo zurcido.

Un abrazo para todos

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero. dijo en este blog:

"y bien zurcido y mejor ilustrado."

Un abrazo para todos los bordadores y zurcidores blogueros,con Pedro Ojeda a la cabeza.