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domingo, 6 de junio de 2010

¡Existo, sí existo!


¡Ya esta otra vez el Alonso con lo de partir a Zaragoza! Yo ya no sé en realidad en que lugar de España andan. Me tienen despistao.


Ele Bergón, mi amiga Luz del Olmo, dijo:

Hola troncos y troncas

¡Ya esta otra vez el Alonso con lo de partir a Zaragoza! Yo ya no sé en realidad en que lugar de España andan. Me tienen despistao.

Me temo que la doña Rodríguez le volvera a liar al iluso del Alonso¡Como si lo viera!

Parece que ya han llegado las cartas que escribio mi madre hace unos dias. Éstas han tardado menos que las otras.

Los vecinos se lo han tomado un poco a cachondeo eso de que mi padre es gobernador de Barataria y preguntan con guasa que por dónde está esa famosa isla o insula o lo que sea. Sin embargo, mi madre y mi hermana se lo han creído a pies juntillas y no hacen más que repetir sobre todo mamá eso de "La mujer y la hija de Sancho Panza, gobernador de la insula de Barataria" y las dos se olvidan por completo de mí. En fin las dejo con sus delirios de grandeza, ya casi ni me importa, porque están muy contentas y viven en otro mundo, asi que a mi me dejan en paz. Hasta mi madre se fue a buscar bellotas para la duquesona. Le ha costado, pero al final las ha encontrado creo que en un monte perdido que hay algo lejos de casa. ¿No se da cuenta que le estan tomando el pelo? Yo no le puedo decir nada, ya caerá del burro.

¡Existo, sí existo! "Sancha mi hija y mi hijo besa a vuestra merced la mano" Asi queda escrito.

De la carta de mi madre a mi padre pocos comentarios. Ellos son asi. Mi madre cree toda esta historia porque tiene pruebas, en eso si lleva razón. Siempre ha sido muy realista. Lo demás cotilleos del barrio y lo maja y trabajadora que es Sanchica y de mi, nada. Mejor, porque le va a decir lo mal que voy en los estudios . Asi que mejor.

Choque de manos.

El Sanchico

lunes, 24 de mayo de 2010

Una Sanchica de hoy.



Ahora que, en la lectura de "La acequia", hemos llegado a este capítulo 2,50, en que actúa Sanchica, es buen momento para recordar un trabajo publicado en el blog "Los cuentos de la abuela",de Kety Morales, en el que participamos Kety, Ele Bergón , Antiqva, Sabela , esta Abejita de la Vega y otros. Su título :" El Quijote por internautas: Don Alonso Quijano, siglo XXI". Allí nació nuestro querido Sanchico, el de Ele Bergón, mi amiga Luz del Olmo. Podéis verlo pinchando aquí. 

Gracias a todos los que participasteis y a Pedro Talaván, otro gran Pedro, que tuvo la idea.
Este texto ,"Una Sanchica de hoy" formaba parte de aquel trabajo colectivo , realizado en 2008 y publicado también en este blog. Aquí tenéis la primera entrega. Como veis sigo el capítulo y lo voy transformando, que don Miguel me perdone.



“Dice, pues, la historia, que el de Seur era muy rápido y eficiente, y con deseo de encontrar aquella imprecisa dirección partió, en su furgoneta, hacia el pueblo de Sancho.

Antes de entrar en él vio, en las orillas de un arroyo, estar haciendo botellón cantidad de chicos jóvenes, a quienes preguntó si le sabrían decir si en aquel lugar vivía una mujer llamada Teresa Panza, mujer de un tal Sancho Panza, trabajador autónomo de chapucillas diversas y ayudante ocasional con un ejecutivo de Telefónica prejubilado llamado Alonso Quijano, a cuya pregunta se levantó en pie una joven que estaba agitando una botella de Coca Cola y dijo:—La Teresa Panza es mi madre, y el Sancho ése, mi padre, y el don Alonso, un cliente suyo que está como una chota. Desde que un día llamó, anda “missing” mi viejo y… la vieja desesperadita que no para de hacer horas en ca los pijos.

—Pues, si no te importa, acompáñame a casa de tu madre—dijo el de mensajería— porque le traigo una carta y un paquete de ése al que tú llamas “viejo”. Jesús, qué juventud, ya no hay respeto ni na.

—Vale, tío, voy contigo que igual algo cae —respondió la chavala, que mostraba ser de edad de dieciocho años, poco más a menos.Y dejando la Coca Cola y el tinto don Simón a otra compañera, ajustándose los pantalones caídos y la camisetilla ajustada, que dejaba al aire su ombligo con plateado piercing , atándose las deportivas de marca falsa ,se plantó de un brinco en la furgoneta y dijo:—Enseguida vuelvo, coleguís, dejadme algo de calimocho pa luego.

Vamos, tío, que a la entrada del pueblo está la casa, y la Teresa con muchas ganas de saber algo de su hombre. Como dice “en qué hora se junto con ése chiflao que va a ser nuestra ruina”.


María Ángeles Merino

domingo, 23 de mayo de 2010

"Vuesa merced...es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo, y para prueba desta verdad reciba vuesa merced esta carta y este presente." (2)


La abejita prepara un "empedrado", para el paje.

Segunda parte del comentario al capítulo 2,50 del Quijote, publicado en "La acequia".

Mi madre no quiere salir por aquí. Dice que ella es personaje de lo más principal y se niega a salir como secundario. Así que cuento lo que Teresa Panza, mi madre, me cuenta.

Mientras yo atiendo a caballo y a caballero, Teresa se sale de casa, con los corales al cuello, “tañendo en las cartas como si fuera un pandero”, tan contenta estaba. Se encuentra con el cura y con Sansón Carrasco y les dice, bailando que es ya gobernadora, entre otras cosas que , de momento, no entienden. Creen que se ha vuelto loca de atar.

Les da las cartas, las lee el cura y los dos se miran asombrados e incrédulos. Pregunta el bachiller quién las ha traído. Responde que vengan pa casa, que allí verán al mensajero, tan hermoso él. El cura mira y remira lo corales, certifica que son de los finos y no sabe qué pensar. Eso de una duquesa pidiendo bellotas…

Deciden ver al portador del pliego y madre les acompaño. Al llegar, está cribando cebada para su cabalgadura y yo corto un torrezno, para empedrarlo con güevos. Le saludan cortésmente y miran el buen adorno del que llamaban paje.

Esos dos sienten mucho gusto en meter las narices en todo. El joven Sansón le pide nuevas del amo don Quijote y de su escudero, que no acaban de entender eso del gobierno de Sancho y, menos aún, eso de la ínsula.

El paje asegura que el señor Sancho Panza es gobernador y me entra una alegría por dedentro. De si es de una ínsula, no se entremete en eso, mil vecinos tiene, eso sí puede decir. De lo de las bellotas, dice que su señora, la duquesa, es muy llana y tan humilde. Hemos de saber que las señoras de Aragón son asi, tratan con m´s llaneza que las puntuosas castellanas.

Mi madre se ve ya de señora gobernadora, con verdugado y coche de lo mejol. Que la que tiene marido gobernador, bien puede. Teresa sueña y yo también. Me veo sentada en el mismo coche y la gente dice que ahí va la hija del harto de ajos, como si fuera una papesa. Que rabien los murmuradores, ándeme yo caliente…



Nunca había visto a mi madre tan ilusionada. Ahora dice que todo esto se lo tenía profetizado su buen Sancho, el cual no parará hasta hacerla condesa. Y suelta una sarta de refranes más larga que la de los corales, los mismitos que soltaba mi padre: Que si te dan la vaquilla, corre con la soguilla. Y si te dan un gobierno cógele y, si es un condado, agárrale…Y sigo yo con ese de “viose el perro en bragas de cerro”.

Entonces, el cura saca en consecuencia que los Panzas nacemos con un costal de refranes. El paje asiente, su “señor gobernador” a cada paso los dice, aunque no vengan a cuento. Los duques tienen mucho gusto en oírlos, al parecer.

El bachiller insiste, si afirma ser verdad eso de los duques, el gobierno y demás. Porque para don Quijote piensa que todas cosas son por encantamiento. El Carrasco está por tocar al muchacho por ver si es de carne y hueso.

El mensajero responde, harto , que él es embajador verdadero y Sancho es gobernador efectivo. Que los duques se lo dieron y él lo hace valentísimamente, Y que lo jura por sus padres. ¡Qué gusto me da oír a este buen mozo! Es una pena que no me quiera llevar en las ancas de su rocín, hasta la ínsula ésa. Pero no, que las hijas de los gobernadores han de ir con carrozas, literas y sirvientes. Yo estoy dispuesta a ir en una pollina, pero mi madre dice que ahora toca ir de señora…

Hay cosas que no entiendo porque el bachiller suelta latinajos y el paje contesta con más latinajos.

El de las cartas se impacienta, tiene prisa, démosle de comer y dejémosle marchar. El cura le invita a comer, a su casa. Que vaya con él a “hacer penitencia”, que Teresa tiene voluntad pero no dispone de lo necesario para servir a tal huésped. Y él acepta, por la mejora. ¡Con lo que me hubiera gustado a mí verlo comer mi empedrado de torreznos! Ya estoy viendo al cura, cosiéndole a preguntas.

Como conoce al bachiller desde chico, no quiere que le escriba la carta de respuesta, que lo de la burla le viene de antiguo y de familia. Así que, con un bollo y dos huevos, paga a un monacillo que sabe escribir. Son dos cartas, una para padre y otra para la duquesa. No le quedan nada mal, sería una buena escribana.
Desaparezco.

Un abrazo para Pedro y todos los que pasáis por aquí.


Y Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Abejita de la Vega, tras comentar la venganza de una mujeres que se ven traicionadas, ve invadido su ordenador por otro de sus grandes secundarios. No os perdáis la voz de Sanchica, que comenta la llegada del paje en primera persona, y continúa. Después, publica el comentario del Sanchico -gracias a Ele Bergón-, que bien cabreado y con razón, que de él se han olvidado y el narrador manipula la verdad de la acción... Después recuerda cómo nació una idea que actualizaba el Quijote al presente, origen de tanto como nos ha hecho disfrutar: os recomiendo que leáis su entrada para comprenderlo."


Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0oyQTG7V6
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives

viernes, 21 de mayo de 2010

"Vuesa merced...es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo, y para prueba desta verdad reciba vuesa merced esta carta y este presente."(1)


Ana Queral pinta al Quijote.

Comentario al capítulo 2,50 del Quijote, publicado en "La acequia"http://laacequia.blogspot.com/

Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa Sancha, mujer de Sancho Panza


Comienza el capítulo y jugamos, otra vez, con la muñeca rusa de los narradores de esta gran obra. El narrador, la voz textual anónima, nos dice lo que dice el cronista, el morisco Cide Hamete, al que califica de “puntualísimo escudriñador de los átomos de esta verdadera historia”. O sea, grandísimo cotilla.

Cide nos revela que la duquesa y Altisidora fueron las que vapulearon y pellizcaron a la Rodríguez y a Don Quijote, respectivamente. Algo que ya sospechábamos porque, fácilmente , se despiertan los demonios de la ira y la venganza en las mujeres, si se pone en entredicho su hermosura. Carros y carretas, suelen soportar las féminas, pero la belleza, ni tocarla.

¿Cómo va a sufrir la duquesa que esa deslenguada dueña destape el “Aranjuez de sus fuentes”? Su recóndito secreto de belleza: esos desaguaderos que destilan sus malos humores. Y de mil amores, que no humores, le acompaña “Altisidorilla”, furiosa también , ésta por insinuaciones acerca de su mal aliento.

Y, ahora, sabemos de otra dueña que la ve levantarse del lecho, la sigue sigilosamente y va con el cuento a su señora: la Rodríguez, en estos momentos, se encuentra en el aposento del invitado, don Quijote. ¡Qué deber tan penoso para la pobre dueña anónima!

El primer impulso de la duquesa es acudir con inmediatez, mas las grandes señoras también están sometidas a su dueño y señor esposo, al que han de pedir licencia. Mendigas, campesinas, sirvientas, hidalgas, duquesas se igualan, no dan un paso sin permiso marital.

El duque, divertido, da consentimiento y ellas “con tiento y sosiego”, se colocan junto a la puerta del aposento y pegan la oreja. Cuando oyen lo de las fuentes, empujan de golpe la puerta, coléricas y vengativas.


Ana Queral pinta al Quijote.

¡Cómo disfruta el duque con el relato que le hace su media naranja! La duquesa se anima, hay que seguir con el pasatiempo quijotesco. Que venga aquel paje que hizo de Dulcinea. Va a enviarlo a casa de Teresa Panza, con dos cartas, una de su marido y otra suya. Una sarta de ricos corales, con una miaja de oro, será el presente que deslumbre a la villana.

El “discreto y agudo paje” parte de muy buena gana, hacia la aldea de Sancho, con esta misión que promete ser tan divertida y bien remunerada.

Y, de golpe y porrazo, el paje se encuentra en las afueras del pueblo. Hay un arroyo, donde lavan unas cuantas aldeanas. El mensajero pregunta si vive allí Teresa Panza, mujer de Sancho Panza, escudero de don Quijote de la Mancha.




Parece que mi ordenador vuelve a recibir alguna extraña visita. Nada me causa asombro, después de haber recibido a tantos personajes quijotescos, de segunda línea.

Veo la imagen de una mujer muy joven, no tiene nada que ver con la dueña Rodríguez. Sí, es casi una niña, va descalza y lleva los cabellos largos y enmarañados. Viste una saya corta y descolorida, las corvas al aire y no demasiado limpias, la camisa remendada y enorme.

Me hace señas, quiere comunicarse conmigo. ¡Habla! ¡Escuchémosla!

Saludo a vuesa merced. Sanchica me llaman, pa servir a Dios y a usté. Soy hija de Sancho Panza, escudero de ése que dice llamarse don Quijote de la Mancha...don Alonso Quijano, hidalgo natural de nuestra aldea. Vengo a visitarla a usté, pa contarle como fue lo de la vesita del paje, el del señor duque, el que dio gobierno a mi padre.

Me escapé del limbo de los personajes, me aburría. Allí hay pocas muchachas de mis años. Y las hay mu estirás, como ésa que se escapó de casa, con su hermano y la ropa cambiá.

Así que le cuento, señora que hace letras:

Aquel día estaba lavando la ropa, en el arroyito que pasa cerca del pueblo, junto a mis amigas. Mientras trabajamos, hablamos de nuestras cosas y no nos damos cuenta de lo fría que está el agua o de lo que pesa la ropa mojada.

Cuando aparece aquel mensajero del duque, a caballo, lo miramos embobadas, qué ojos tentadores, qué talle tan garrido…

Cuando va y pregunta por Teresa Panza, mujer de Sancho Panza y escudero de don Quijote. Ay, diome un vuelco el corazón. Me levanto, con presteza y le aclaro que ésos son mi madre, mi padre y nuesamo.

El buen mozo me llama doncella y me pide que le lleve con mi madre, que trae una carta y un presente del mío padre. Suelto la ropa, la María la recoge y pa casa, que harta pena tiene mi madre. Tiempo ha que no sabe nada de padre. El de los ojuelos tentadores masegura que las nuevas son buenas, que son de las de dar gracias a Dios.

Salto, corro, brinco y ya estoy en la puerta de mi casa. Llamo a voces a mi madre, que salga, que viene un señor que trae cartas y cosas de padre. Está hilando un copo de estopa y sale a ver qué pasa. Lleva esa saya parda que tuvo que cortar porque se chamuscó, al arrimo de la lumbre. Guarda la saya nueva para ir a misa, los domingos. El corpezuelo pardo y la camisa de pechos no están tan mal…Ya es un poco vieja pero tiene fuerza para tirar del arado, en las largas ausencias de padre.

Me pregunta quién es el señor y el de a caballo se presenta como “un servidor de mi señora doña Teresa Panza”. Se arrodilla , le llama “vuestra merced” y le pide las manos como mujer no sé qué del señor Sancho Panza, gobernador de no sé cuántos.

Mi madre no quiere hacer nada de eso, que ella es una probe labradora y mujer de un escudero andante, que no gobernador. Y el mensajero responde que es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo y, como prueba, ahí tiene la carta y unas güeltas de corales que le pone al cuello. La carta es del señor gobernador, que es padre. La sarta es de la duquesa esa.

Pasmadas quedamos y yo digo que todo eso es cosa de nuestro amo don Quijote, que le habrá dado a mi padre el gobierno prometido. Nos contesta que así es, por don Quijote es Sancho gobernador de la ínfula Barataria, que así lo dice la carta.

Le pedimos que nos la lea, que no sabemos leer. Nos lee primero la de padre, no la entiendo, no sé que dice de azotes que le daban. Mi madre es mujer de un gobernador, eso está claro, y en coche ha de ir. Y envía un sayo verde para que me haga una saya, me gusta ese color.

Después, saca de su faltriquera la carta de la duquesa. Qué señora, la llama amiga Teresa, nada menos. La bondad y el ingenio de padre la movieron , no sé de dónde, y ella pidió a su marido le diese un gobierno de una ínsula, que tiene muchas.

Y la gobierna muy bien y está muy contenta, y el duque también. Da gracias al cielo que no es tan fácil pillar uno así. En que es difícil encontrar uno como Sancho Panza, estoy de acuerdo.

Y envía a su “querida mía” la sarta de corales, con los padrenuestros de oro. Da a entender esta mujer que el collar es poca cosa, que más adelante cuando se traten...Duquesa y gobernadora, a partir un piñón.

Y lo más importante de la carta es que habla de mí y que me apareje, me dice. Me ha de casar altamente, mas a mi lo altura del mancebo me da igual.

Y esta mi casamentera pide dos docenas de bellotas gordas, que le escriba largo y si hubiere menester de algo, no tiene más que boquear. Como pez fuera del agua, entiendo yo. Y se despide y firma, sin poner su nombre de pila. La duquesa y ya está. No hay muchas, creo yo.

Mi madre se derrite oyendo la carta. Y le sale fuera el desprecio que las hidalgas del pueblo muestran hacia las labriegas, como nosotras. Que aprendan de esta duquesa, que a mi madre trata como igual. Un celemín de bellotas le enviará, faltaría más.

Y me dice que atienda al de los mensajes y a su caballo. Y que saque de la caballeriza güevos, querrá decir el gallinero, está que no sabe lo que dice. Y que corte tocino, para prepararle un empedrado de huevos con torreznos. Es lo que piensa mi madre que come un príncipe. De los corales, quiero la mitad y con el finísimo paño haré un apaño. Viva mil o dos mil años el gobernador y viva el que tan buenos presentes me trae.

Desaparezco y dejo hablar a mi madre…

(Sigue)

sábado, 5 de septiembre de 2009

"...una muchacha a quien crío para condesa, si Dios fuere servido..."



Lo he dividido en tres partes. Ésta la titulo: 


"...una muchacha a quien crío para condesa, si Dios fuere servido..."

A continuación, llega el momento de tocarle en su corazoncillo de padre y el del Bosque da en el blanco. Si éste tiene tres perlas, Sancho tiene dos, “especialmente una muchacha “a quien cría “para condesa”.

Su hijo varón no parece inspirarle ninguna ilusión de futuro, en unos tiempos en que las ilusiones se ponían en los hijos varones, a las hembras se las casaba, nada más. Fue Teresa Panza, en el capítulo V de esta segunda parte, la que nos habló del futuro de su hijo: “Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia”. Nada más, apenas dos líneas.

Cervantes vivió rodeado de mujeres: esposa, hermana, hija natural y sobrina; sin hijos varones. Tal vez por eso, no se siente inspirado con el vástago del escudero.

La futura condesa tiene quince años, más o menos. Es alta, fresca y fuerte. Su padre la pinta tan bien que el escudero colega exclama: “¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe de tener la bellaca! “. Sancho se irrita, no recuerda que, en su día, él dedicó unas palabras semejantes a la también forzuda Aldonza-Dulcinea. Sobre todo no aguanta lo de “puta”, ni ella es puta, ni su madre…El del Bosque le explica que la expresión se usa para decir que algo está muy bien hecho, aunque parezca lo contrario.

De todas maneras, no gustan a Sancho tantas “puterías”. Y hablando de sus hijos se pone “malencónico” y saca fuera sus verdaderos sentimientos. En realidad, desea salir de este peligroso oficio y ver a sus hijos.

Un abrazo de:


María Ángeles Merino

domingo, 31 de agosto de 2008

Seguimos modernizando a Sanchica, Teresa y el mensajero

SANCHICA ,EN COMPAÑÍA DEL MENSAJERO,VA EN BUSCA DE SU MADRE TERESA PANZA.

"—Sal mama, abre, que viene aquí un tío de los de Siur que trae una carta y un paquete del papa.
A las voces de su hija, salió Teresa Panza, su madre , fregona y cubo en mano, con una falda acrílica floreada —parecía, según estaba de mal cortada, que se la habían alzado por detrás —, con una chaqueta chapuceramente tricotada y una blusa que dejaba al aire el canalillo. No era muy vieja, aunque aparentaba pasar de los cincuenta, pero fuerte, tiesa y bigotuda; la cual viendo a su hija, y al mensajero junto a la furgoneta, le dijo:

—¿Qué es esto, niña? ¿Qué señor es este?

—Es un empleado de paquetería —respondió el mensajero.

Y, diciendo y haciendo, se acercó a la puerta y se fue con mucha cortesía a dar la mano a la señora Teresa, diciendo:

—Le presento mis respetos, señora doña Teresa, como esposa legítima del señor don Sancho Panza, concejal de Barataria.

—¡Ay, señor, quítese de ahí, no haga eso —respondió Teresa—, que yo no soy nada palaciega, sino una pobre asistenta, hija de un peón caminero y mujer de un trabajador autónomo , y no de concejal alguno!

—Usted —respondió el mensajero— es mujer dignísima de un concejal de Cultura archidignísimo, y para prueba de ello reciba usted esta carta y este regalo.

Y sacó al instante un collar con extremos de oro, y se lo echó al cuello y dijo:

—Esta carta es del señor concejal, y otra que traigo y este collar son de la señora duquesa, que os lo envía con sus respetos.

Quedó pasmada Teresa, y su hija ni más ni menos, y la muchacha dijo:

—Que me maten si no anda por aquí el chalao de don Alonso, que debe de haber dado a padre la concejalía de Cultura que tantas veces le había prometido.

—Así es la verdad —respondió el del paquete—, que por respeto del señor Alonso es ahora el señor Sancho concejal de la ínsula Barataria, como se verá por esta carta.

—Léamela ,si no es mucha molestia señor —dijo Teresa—, porque, aunque sé leer despacito, no sé leer de corrido .

—Yo sí sé leer y tengo sacado el Graduado,…lea mejor usté —añadió Sanchica—, pero espérenme aquí, que yo iré a llamar quien la lea, el cura mismo o Sansón Carrasco, que vendrán de muy buena gana por saber noticias de mi padre.

—No hay por qué llamar a nadie, que aunque no tenga el títulillo, sé leer y la leeré. "