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miércoles, 5 de octubre de 2016

Cartas marruecas y cartas marroquíes (3)



Recordáis de dos entradas anteriores, mi encuentro con Mohamed, un joven marroquí que fue mi alumno en la escuela de adultos. Me habló de un trabajo escrito que había realizado en el instituto donde cursa bachillerato nocturno, en relación a las Cartas marruecas de Cadalso. Me lo envió junto a unos apuntes preliminares. Aquí tenéis los que se refieren a las cartas primera, segunda y tercera. Mohamed selecciona parte del texto y lo comenta colocando las palabras del escritor en un contexto actual. Son unas auténticas cartas marroquíes.


“He logrado quedarme en España...”

No fue fácil, mi padre pidió dinero a un prestamista y pagó al patrón de la patera. En sueños me persigue la memoria de aquel terrible viaje, bajo el sol, el agua salada, los vómitos y los compañeros amontonados. Vi cuerpos hinchados, ahogados. Después de dar gracias a Alá por haber llegado a tierra, me eché a andar sin rumbo, pasé sed y hambre, viví agazapado como un conejo, trabajé en el campo y en la construcción y recorrí España de punta a punta. 



Ahora tengo un trabajo de vigilante nocturno, en una fábrica de Burgos, y aprovecho la noche para estudiar. Pude traer a Fátima que encontró trabajo en una casa y ahora cuida a una señora muy mayor. Tuve mejor suerte que mi hermano Omar que sobrevive aquí con ayudas y algún trapicheo. 

“Me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano…”

Hace mucho que cambié el caftán y la chilaba por el pantalón y la camiseta; pero no he conseguido evitar las miradas recelosas, tampoco Fátima se libra. Yo no la impongo el hiyab, mas ella considera importante llevarlo, algo que le ha cerrado muchas puertas. También le gusta llevar caftanes de telas brillantes, me pregunto qué se pondrá nuestra pequeñita cuando sea mujer. No debería preguntármelo, será inevitable que Nadia vista como las españolas de su edad. Será una buena musulmana o lo que ella quiera, a ti te lo digo profesor, nunca diría esto delante de los míos. ¡Qué difícil es el "justo medio"! 



Sí. Me invitan a las casas de algunos amigos españoles o ecuatorianos y yo les he invito a la mía; no muy a menudo, me siento más cómodo en la de mis compatriotas. Sus celebraciones religiosas me resultan extrañas y a ellos las nuestras. Yo no entiendo lo del bautismo o la primera comunión y a ellos no les cabe en la cabeza el ayuno del Ramadán. 

En cuanto al idioma, obligado te veas, cada vez me manejo mejor en español, aunque no escriba tan bien como Gazel. Tengo un buen recuerdo de las clases de la escuela de adultos, me sirvieron de base para seguir estudiando. No olvido mi lengua ni mi cultura, en la biblioteca pública me prestan algunos libros en árabe.



“Observaré las costumbres de este pueblo...”. 

He llegado a una amistad muy estrecha con Juan, un compañero de trabajo que se esfuerza en explicarme las costumbres de “un país más ameno que el mío, y más libre". La televisión actúa como canto de sirena, los jóvenes marroquíes ansían, ansiamos, escapar de la pobreza y la tiranía. Desde África se ven las luces pero no las sombras. 


Un astronauta de la NASA retrata el estrecho de Gilbraltar desde la estación espacial. "Parece que España está flotando lejos de África"

“Procuraré despojarme de muchas preocupaciones que tenemos los moros contra los cristianos, y particularmente contra los españoles”. 

Es difícil sacudirse los prejuicios, nos cuesta a  los moros y mi amigo Juan me asegura que no menos a los cristianos. Los viejos de la Plaza Mayor me hablan de los moros que trajo Franco, en la guerra civil, que tanto miedo causaban. 



Y, al redactar este trabajo, no faltaré a la verdad, seré sincero, aunque sólo se trate de la tarea de un estudiante. Como decía el joven Gazel al viejo Ben Beley : “… tú me enseñaste a amar la verdad. Me dijiste mil veces que faltar a ella es delito aun en las materias frívolas”. Es lo mismo que me inculcaron en mi infancia, en Tetuán. Confío en que Alá haya concedido a algunos de mis viejos maestros “una vejez sana y alegre”. Pero me temo que hayan muerto, los ancianos no disponen, en Marruecos, de cuidados médicos y medicinas, como aquí. Me gustaría traer a mis padres conmigo, sobre todo a mi madre, casi ciega por unas cataratas que aquí operarían fácilmente.





"Los europeos no parecen vecinos, aunque la exterioridad los haya uniformado"

No he podido viajar por Europa, pero tengo muchos familiares en Francia, en Bélgica y en Alemania. Cada país es un mundo, aunque diga mi primo Abdel que le parecen  todos iguales, tan rubios, tan blancos, tan sonrosados. Me cuentan que son más "cerrados" que los españoles, que cuanto más arriba más frío, en todos los sentidos.Tampoco todos los españoles son abiertos y simpáticos. Los emigrantes lo tienen difícil en todas partes, es la verdad.

"Aun dentro de la española, hay variedad increíble en el carácter de sus provincias. Un andaluz en nada se parece a un vizcaíno; un catalán es totalmente distinto de un gallego; y lo mismo sucede entre un valenciano y un montañés. Esta península, dividida tantos siglos en diferentes reinos, ha tenido siempre variedad de trajes, leyes, idiomas y moneda".

Aunque haya vivido en distintas comunidades autónomas y sepa de esas diferencias, no he de hablar con ligereza. ¡Decir sin más que los andaluces son alegres, los vascos comilones o los catalanes tacaños! El señor Cadalso me dice que entre bien en su historia, que haga preguntas, apunte mis reflexiones y me tome tiempo antes de juzgar. 



«La península llamada España sólo está contigua al continente de Europa por el lado de Francia, de la que la separan los montes Pirineos. Es abundante en oro, plata, azogue, piedras, aguas minerales, ganados de excelentes calidades y pescas tan abundantes como deliciosas. Esta feliz situación la hizo objeto de la codicia de los fenicios y otros pueblos".

¡Feliz situación la de aquella Iberia opulenta! Ahora España es un país que lucha por superar la crisis. ¿Pobre? ¡Cuántos prefieren o preferirían la pobreza española! Como dice Viorel, mi amigo rumano: ¿Crisis? ¡Si están los bares llenos!

Volvamos a Cartas marruecas. Gazel enferma, Nuño le acompaña y le cuenta la historia de España. Mi amigo Juan me hizo muchas visitas en el hospital, cuando me operaron de apendicitis. Pero sólo hablamos de fútbol, algo muy importante en este país. Uno de los ancianos de la tertulia de la Plaza Mayor fue profesor de historia y se presta, en ocasiones, a ser mi Nuño Nuñez. Me amplía lo que estudio en las aulas. Me comenta, divertido, que, cuando era pequeño, los libros escolares pintaban a los fenicios como unos aprovechados que cambiaban telas teñidas y piedrecitas de colores por pepitas de oro y plata. ¡Y que ahora llaman fenicios a los catalanes!



¿Y los romanos? Los soberbios "dueños de lo restante del mundo" encontraron aquí "una resistencia extraña y terrible". Los numantinos, después de catorce años de sitio "incendiaron sus casas, arrojaron sus niños, mujeres y ancianos en las llamas, y salieron a morir en el campo raso con las armas en la mano". 

"Si los romanos conocieron el valor de los españoles como enemigos, también experimentaron su virtud como aliados". Qué otra cosa podían hacer, porque "Roma se hizo señora de toda España". 


Numancia

Y en la España de ahora ¿quiénes son los romanos? ¿Quién manda aquí? ¿Será la señora Merkel con su ssspanien en la boca? ¿Los de Bruselas? ¿Los Estados Unidos? ¿Los grandes capitalistas que ya no tienen patria? Porque yo veo las calles principales de las ciudades españolas llenas de nombres extranjeros. 

Pero vinieron los malos que eran unos bárbaros. 

"Largas revoluciones inútiles de contarse en este paraje trajeron del Norte enjambres de naciones feroces, codiciosas y guerreras, que se establecieron en España".

De esos "enjambres" Cadalso debe saber bien poco y lo despacha con lo de "inútiles de contarse".

El viejo profesor sonríe ante estas palabras de Cadalso: "Pero con las delicias de este clima tan diferente del que habían dejado, cayeron en tal grado de afeminación y flojedad, que a su tiempo fueron esclavos de otros conquistadores venidos de Mediodía".




Iglesia visigoda de San Juan de Baños. 


¿Los godos afeminados y flojos? ¿Por culpa del clima? ¿Les afectó el calor? ¿Sólo rendían ante el áspero y frío clima del norte de Europa? No lo es menos el de Burgos. Parece ser que sufrieron las consecuencias de la desunión entre ellos. El último rey godo, don Rodrigo, perdió España por la traición de otros godos, partidarios de otro rey. 

Los godos huyen y llegan los malos más malos, los míos, los pueblos del norte de África. ¡Los musulmanes! Pero ahí estaba don Pelayo "uno de los mayores hombres que naturaleza ha producido". Me dice el profesor jubilado que mucho de lo que cuentan de él es leyenda, que era un rey asturiano que se enfrentó a los musulmanes en la batalla de Covadonga, una escaramuza de resultado incierto, pero que le permitió afianzar su poder. ¡Y contó con la ayuda de la Virgen María! 

"Desde aquí se abre un teatro de guerras que duraron cerca de ocho siglos. Varios reinos se levantaron sobre la ruina de la monarquía goda española, destruyendo el que querían edificar los moros en el mismo terreno, regado con más sangre española, romana, cartaginesa, goda y mora de cuanto se puede ponderar con horror de la pluma que lo escriba y de los ojos que lo vean escrito". 

Mi anciano amigo me explica que los reinos cristianos coexistieron durante casi ochocientos años con el Al Andalus. Que ambos espacios comerciaron e intercambiaron conocimientos, pero también pelearon por el territorio peninsular. Pero que en la escuela se lo contaban como si hubieran estado ochocientos años sin tregua, dale que te dale a la espada. 



Tal vez Cadalso, un hombre muy racional y razonable, ponga en boca del personaje Nuño la versión histórica que era normal en su época y confíe en que el lector reflexione sobre aquel "teatro de guerras". ¿Teatro?

Y llega lo que el escritor considera como modelo de monarquía hispánica, la de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, incorporadores de "tantas provincias tan diferentes en dos coronas". Podrían haber dejado a sus herederos un "imperio mayor y más duradero que el de la Roma antigua", pero les faltó un heredero varón y la corona pasó a "la Casa de Austria la cual gastó los tesoros, talentos y sangre de los españoles por las continuas guerras que, así en Alemania como en Italia, tuvo que sostener Carlos I de España". 



Me explica mi viejo amigo que, para Cadalso, la decadencia española comienza con Carlos V y Felipe II. Sin embargo, ahora se suele hablar de decadencia a partir de Felipe III. Los libros escolares del franquismo decían "Carlos I, campeón de España y de la cruz". Un campeón que derrochó "tesoros, talento y sangre de los españoles".

"Murió dejando su pueblo extenuado con las guerras, afeminado con el oro y plata de América, disminuido con la población de un mundo nuevo, disgustado con tantas desgracias y deseoso de descanso".

Consulto cualquier libro de texto actual de la asignatura de Historia. Invariablemente el siglo XVI es apogeo y el siglo XVII  es crisis. Tenía razón Cadalso: España quedó extenuada por las guerras de unos reyes empeñados en mantener y agrandar la enorme finca familiar de los Austrias. El oro y la plata de América poco afeminaron al pueblo español, que pasaban enseguida a las manos de los banqueros genoveses. A la muerte de Carlos II "no era España sino el esqueleto de un gigante".


Al final, Gazel extrae cinco conclusiones: la ausencia de paz en casi dos mil años, la costumbre de aliar guerra y religión adquirida en la lucha contra "los descendientes de Tarif", el desprecio por el comercio y la industria, la vanidad de la nobleza y la escasa afición de muchos a las artes mecánicas, tan distraídos que están en manejar los caudales de las Indias.

Ahora no hay batallas contra "los hijos de Tarif", pero la guerra se hace de otra manera.¿Qué es el terrorismo sino guerra? ¡En nombre de Dios nunca! ¡Menos aún en nombre de Alá, el clemente, el compasivo, el misericordioso!




Deseo lo mejor `para este país que me ha acogido, que crezcan los caudales y se inviertan en el comercio y la industria, para que haya pan y trabajo para todos. 

Hasta aquí los apuntes de Mohamed para el comentario de las tres primeras de las Cartas marruecas. Como muestra es un buen botón. Un Gazel del XXI, tan racionalista y amigo del saber como el personaje de Cadalso. ¿Me decís que Mohamed no existe? Gazel tampoco. Sería bueno que existieran. 

Para la lectura de octubre, nos quitamos la peluca dieciochesca y de cabeza al XXI. Leeremos y comentaremos Queremos que vuelvan del paisano Miguel Ángel Santamarina, una novela tan actual que nos parece conocer ya a los personajes. Pero son otros. 



Un abrazo para todos los que me visitáis:

María Ángeles Merino

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor-din/cartas-marruecas--0/html/p0000001.htm#I_1_


domingo, 25 de septiembre de 2016

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a Cartas marruecas de José Cadalso.



Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a Cartas marruecas de José Cadalso. Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda. 

El día 20 de septiembre, a las cuatro y media de la tarde, nos reunimos los lectores del Club de lectura presencial, dirigido por Pedro Ojeda. Lo hacemos, en esta ocasión, en una sala de la Biblioteca Central de la UBU, en torno a una mesa ovalada, para comentar Cartas marruecas de José Cadalso. 

Pero, antes de comentar la obra del mes, Pedro Ojeda nos dice que le gustaría que opinásemos sobre el listado inicial de libros para este curso porque se le transladó cierta inquietud. No era ninguna novedad, él ya lo había anunciado. Quiere escucharnos puesto que hay posibilidad de cambiar. La repetición es didáctica y como profesor se confiesa como "un pesado"; pero lo dijo en la última reunión y nadie dijo nada. Nos pregunta si es "tan paredón". Porque esto, el club de lectura, "sólo funciona entre todos".  

Hay quien le pareció demasiado intelectual, que asustaba un poco. Hay quien dice "romper una lanza por Pedro" y entiende que quiera un nivel determinado.  Hay quien considera que no es para tanto...

Se impone reordenar la lista, la calidad es una condición, no está dispuesto a leer cualquier cosa; pero cierto nivel no ha de ser un murallón que nos agobie. Otra condición es que sean libros que estén en el mercado, en español en el original y alternemos autores vivos con autores fallecidos. 

Pedro nos habla de algunos libros muy interesantes y de las dificultades sobrevenidas.  La lista queda reordenada y la tenemos en La Acequia, a nuestra disposición. Tenemos por delante un buen curso, manifestamos algunas opiniones y vamos al libro de septiembre.


Cartas marruecas

Cuando leímos Noches Lúgubres nos ganó el personaje de Cadalso y de allí nació la propuesta de leer las Cartas Marruecas, una revisión de España.


Recordamos a Vargas Llosa cuando preguntó: ¿cuándo se jodió el Perú? De la misma manera, nos preguntamos: ¿cuándo se jodió España? Podemos contestar: cuando no hubo una Ilustración y se abandonó "un proyecto reformista de acuerdo con las ideas ilustradas".





Uno de sus defensores fue Cadalso que, en Cartas marruecas, propone una relectura de la Historia de España a partir del liberalismo. Toma como modelo las Cartas Persas de Montesquieu, muy poco tiempo después de la publicación de éstas. Cadalso, una persona viajada y movida, escribe para repensar España. Nos ofrece un análisis costumbrista de la España del XVIII, una lectura liberal, una defensa de España.
La Enciclopedia se preguntaba qué se debía a España y respondía: la Inquisición, la Leyenda Negra. Los ilustrados como Cadalso reaccionan ante esto, a pesar de ser afrancesados. Se dan cuenta de lo bueno de España, acometen el revisionismo de la historia.



Cadalso utiliza el género epistolar que estaba de moda. Se distancia dando voz a un extranjero: un marroquí, lo más exótico que podía visitarnos. Gazel es un marroquí lustrado, erudito, intelectual. Nuño le va a ayudar a entender España, Nuño es el "otro yo" del autor. Es un análisis costumbrista de un país plural, puesto que en la diversidad está la riqueza de España. Para buscar un tronco común, Nuño escribe a Gazel la visión ilustrada de la Historia de España.



Se suele situar la decadencia española en el siglo XVII, después de Felipe II. Según Cartas marruecas, comienza con Carlos V, en el momento del Imperio. Ahí se gesta, con un rey que trae la norma europea, contra el proyecto nacional de los Reyes Católicos basado en la diversidad, el pacto entre regiones y la alianza con las clases urbanas frente a  la aristocracia levantisca. Carlos V provoca la decadencia porque va contra la esencia del país. Recordemos la rebelión de los Comuneros. 




Es un libro entretenido con unos personajes muy atractivos, hay pasajes ante los que decimos: es España hoy.
Pedro Ojeda y los lectores destacan:

(L) De todo menos marruecas.

(L) No hablan de Marruecos.

(P. O.) Se anticipa a la España de las autonomías. Dentro de la nación española hay mucha variedad. España es indivisible pero hay que reconocer la diversidad.

(L) Hay cosas que coinciden con las inquietudes actuales: la importancia de la educación, el atraso de las ciencias, la necesidad de proteger a los profesores.

(L) Los males de España. La historia se repite, es circular.

(L) Todo vuelve pero de otra manera.

(P. O.) Nos parece actual porque lo construye de manera razonada.

(P. O.) Los anglicismos desprecian nuestro propio idioma.

(P. O.) Las corridas de toros: especie de barbaridad.

(P. O.) La diversidad territorial dificultaba la ley. Antes de los Decretos de Nueva Planta, no había España. Critica la situación anterior y entiende el centralismo de los Borbones. Ahora las leyes son las mismas para todos. No es partidario de un centralismo a machamartillo, reconoce la diversidad.


(L) Me produce tristeza que, desde el punto de vista del estado, no se ha avanzado nada. Nos estemos retrotrayendo a épocas ancestrales, mantener fueros, anhelados en luchas intestinas, mantener esas luchas.

(L) ¿Tristeza?

(P.O) Luchas que no existen cuando hay un motor común. En la Transición había un proyecto común. Ahora se ha gripado el motor. Pero la Transición nos ha permitido llegar aquí.


(P:O) Es la España invertebrada de Ortega y Gasset. Los Reyes Católicos la construyeron como España invertebrada, una monarquía federal. 




(P:O) Defiende la conquista española de América frente a países que la critican pero defienden la esclavitud de seres humanos.

Esclavos (Pintado por Agustín Merino)

(P:O) Algunos temas tratados:

Necesidad del mecenazgo a la ciencia.
Educación de la juventud noble.
Lengua.
Crítica de la leyenda negra.
Esclavos. Historia de España no esclavista.
Relajación de las costumbres.
Frivolidad.
Nobleza hereditaria.
Ambigüedad de las victorias.
Orgullo español.
Causas de la decadencia.
Superficialidad de las tertulias.

Pedro destaca la carta LXXXVII donde habla de las leyendas españolas y su interpretación. ¿Debe seguir el pueblo en el engaño?


Leyenda de la aparición del apóstol Santiago en Clavijo

(P:O) Las cartas dan la sensación de desorden, debido al género. Unas muy buenas, otras malas. De vez en cuando mete temas más ligeros. Como es un diálogo no agota los temas.

(L) Los tres personajes representan los tres puntos de vista de las tres edades: Gazel es la juventud, Nuño es la madurez y Ben Beley es la vejez.

Mis apuntes
El profesor se despide y algunos de los lectores seguimos hablando de libros y otros temas anexos. Hace una buena tarde y hay una agradable cafetería ahí cerca. Ha sido una reunión amena, incluso para los que no han leído Cartas marruecas. Todavía están a tiempo. 

Un abrazo de María Ángeles Merino 

Podéis leer Cartas Marruecas aquí. 

martes, 20 de septiembre de 2016

Cartas marruecas y cartas marroquíes (2)


Comentario en torno a la Introducción de Cartas marruecas de José Cadalso. Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.


Recordáis de la entrada anterior mi encuentro con un antiguo alumno mío llamado Mohamed, de nacionalidad marroquí:

Aquel día de verano paseaba por el Espolón. Leía Cartas marruecas de José Cadalso. Sí, tengo la extraña costumbre de leer mientras camino por los paseos de mi ciudad...alguien se acercó a mí y tuvimos este diálogo:-¿Qué haces profe?...-¡Mohamed! ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué tal te va? …-Se hace lo que se puede. Trabajo y saco tiempo para estudiar en el nocturno. ¡Estoy acabando el bachiller! ¡El curso pasado leí el libro que tienes en las manos! Era uno de los que podía elegir al estudiar la literatura del siglo XVIII.…Se me ocurre una idea... ¿Por qué no me envías el trabajo que hiciste el curso pasado? ¿Lo conservas?-Sí, lo tengo guardado. Y también los apuntes que iba tomando mientras leía...


Mohamed me los envió en un correo electrónico.. Con ellos, confecciono ahora estas "Cartas marroquíes". 


Para la "Introducción" señala: Miguel de Cervantes, cartas, críticas, costumbres, vicios, España, países europeos, fechas, estilo, notas, extensión, dudas, imparcialidad, justo medio, hombre de bien y crítica de una nación. 
Me gusta como ordena sus comentarios en torno a palabras clave y los relaciona con la España actual. Aquí los tenéis, junto a algunos que yo añado. 

-En la primera línea, la tercera palabra, asoma el nombre de Miguel de Cervantes, autor de un libro que los españoles tienen siempre en la boca, aunque no lo lean; qué fácil es pillar a algunos. El loco don Quijote armado y a caballo recorre las tierras de la Mancha y le sigue Sancho Panza en burro, unos molinos y poco más. También he conocido apasionados lectores del Quijote, don José Cadalso debía ser uno de ellos.



"Desde que Miguel de Cervantes compuso la inmortal novela en que criticó con tanto acierto algunas viciosas costumbres de nuestros abuelos, que sus nietos hemos reemplazado con otras..."

-Así es, Mohamed. Cadalso es tan cervantino que, además de proclamar la inmortalidad y acierto de la novela, comienza sus cartas con un juego de narradores escasamente fiables que irremediablemente nos remiten a Cide Hamete, al traductor aljamiado y al personaje Cervantes del prólogo. 

La suerte quiso que, por muerte de un conocido  suyo, cayera en sus manos un manuscrito: Cartas escritas por un moro llamado Gazel Ben-Aly, a Ben-Beley, amigo suyo, sobre los usos y costumbres de los españoles antiguos y modernos, con algunas respuestas de Ben-Beley, y otras cartas relativas a éstas.

-El autor explica que las cartas escritas por el marroquí Ben Gazel llegaron a su manos tras la muerte de un amigo. Pero éste no tuvo tiempo de revelarle si las había escrito de verdad el moro o las había compuesto él mismo, como pasatiempo. Así que ofrece al lector que elija una de las dos posibilidades. El lector elige mentalmente y unas líneas después Cadalso da un volantazo y, en un tono de guasa, confiesa que él es el verdadero autor, casi como la broma que se gasta a un niño. Adivina, adivinanza:

"...sé yo su modo de pensar como el mío mismo ...nació en el mismo año, mes, día e instante que yo; de modo que por todas estas razones, y alguna otra que callo, puedo llamar esta obra mía sin ofender a la verdad".

Otra palabra clave es "crítica". Cervantes criticó a una sociedad arruinada y estancada, de ahí las "viciosas costumbres de nuestros abuelos". 

-Efectivamente, Mohamed. Como explica el profesor Pedro Ojeda: "En el Quijote hay una crítica social evidente, que se extiende a todos los estamentos sociales y oficios...Sin embargo, Cervantes no llegará nunca a pretender una revolución del sistema político. Pide, como buen moralista de su época, que cada uno cumpla su función social de la mejor manera posible y sea retribuido por ello." Te aclaro esto porque , tal y como lo expresa Cadalso, algún lector despistado podía pensar en unos españoles "viciosos", tal y como lo entendemos ahora. Y, en verdad, que a la mayoría de los españoles del XVII, no les daba para "vicios", ya era un triunfo que les diera para comer.

Cartas Marruecas y bolsa cervantina. 

- Desde entonces, "se han multiplicado las críticas de las naciones más cultas de Europa en las plumas de autores más o menos imparciales". Las plumas europeas, al parecer, criticaban no sólo las costumbres españolas antiguas sino también otras que habían contraído del trato con los  extranjeros.

A un emigrante musulmán como yo le chocan muchas costumbres españolas y escucho a la gente mayor, en los bancos de la Plaza Mayor.  Les pregunto y me cuentan que la España de su juventud era muy distinta a la de ahora. Algunos dicen que el cambio vino con los turistas extranjeros. Otros te hablan del poder de  los curas, de la guerra civil y de Franco, de la transición a  la democracia, de la libertad para hombres y mujeres. Que  las mujeres llevaban faldas largas y tenían que pedir permiso al marido para todo. Me tiran de la lengua y yo callado. 

Sáenz de Santamaría se encuentra con Merkel en Berlín para defender la reducción del déficit

¿Se sigue criticando a España por parte de otras naciones? Sí y los españoles se enfadan cuando oyen a la señora Merkel pronunciar Sssss Spanien y lo que viene después. O cuando les reprochan: "han vivido ustedes por encima de sus posibilidades". Un argumento para recortar pensiones, salarios, subsidios o prestaciones sociales tan básicas como la sanidad. Lo de negar  la tarjeta de la Seguridad Social a los sin papeles fue inhumano, nadie tiene la culpa de caer enfermo. Pagaron el pato los más débiles, los que sobreviven con las bolsas del Banco de Alimentos.



Las críticas, en la época de Cadalso, tenían más suceso, éxito, si se escribían en forma de cartas. Cartas ficticias de viajeros de  países distantes, "opuestos en religión, clima y gobierno". Se suponía que su visión era imparcial, pero a don José no le parecía tan natural esta ficción en España, los viajeros eran muy escasos y no hubieran sido creíbles unas "Cartas persianas, turcas o chinescas". Un viajero "marrueco" entraba dentro de lo posible.



Hoy no extrañaría a nadie un viajero persa, turco y no digamos chino. En cuanto a los marroquíes, somos 792158, según la Wikipedia. 

-Creo que desde los años noventa ha ido aumentando la población marroquí. Yo recuerdo que, todavía en los ochenta, los magrebíes sólo iban de paso por España, en coches cargados hasta los topes o en trenes abarrotados, en dirección a Algeciras, procedentes de Francia u otros países europeos. Ahora a nadie le extraña su presencia y se puede decir que la convivencia es, en general, buena; aunque, desgraciadamente, no falten actitudes racistas, qué te voy a contar, Mohamed. Y miradas recelosas, es verdad. 



-Sigo con Cadalso. No hay fechas en las cartas, al parecer don José no tuvo tiempo de ordenarlas. Tampoco se ha detenido "en decir el carácter de los que las escribieron" y considera que ello se infiere, se deduce, de la lectura. En lo que no estoy de acuerdo es en lo de la lengua. 

"Algunas de ellas mantienen todo el estilo, y aun el genio, digámoslo así, de la lengua arábiga su original; parecerán ridículas sus frases a un europeo, sublimes y pindáricas contra el carácter del estilo epistolar y común; pero también parecerán inaguantables nuestras locuciones a un africano."

Porque yo no veo el estilo y el genio de la lengua arábiga por ninguna parte. Gazel y Ben Beley hablan como Nuño, como Cadalso. Dice que sus frases suenan "pindáricas". Busco "pindárico"en el diccionario de la RAE: propio y característico del poeta griego Píndaro. La Wikipedia describe su estilo como difícil y muy elevado, yo diría que un poco grandilocuente, poco de andar por casa. No creo que sea demasiado difícil para un español medianamente culto. Mi caso es distinto, me cuesta entender el castellano de las obras literarias, sobre todo si son antiguas. Me lleva mucho tiempo leer una obra como Cartas marruecas, pero voy progresando, metiendo horas y con ayuda. 

-Las Cartas Marruecas suponen un esfuerzo para el que hay que estar motivado. Hay quien huye de todo lo que suena a antiguo, pero también existe el lector que valora especialmente una obra así, como una posibilidad de entrar en otra época, a través de textos auténticos, siempre más fiables que las novelas históricas al uso. Para gustos se hicieron los colores. 

-Cadalso quiere sentirse orgulloso de su obra y no desea darse al público como "mero editor". Por ello, termina por confesar la verdad de la autoría de las cartas del tal Gazel.

-Y, a propósito de edición, nos ofrece otro guiño cervantino, el de las notas añadidas al texto:

"Para desagravio de mi vanidad y presunción, iba yo a imitar el método común de los que, hallándose en el mismo caso de publicar obras ajenas a falta de suyas propias, las cargan de notas, comentarios, corolarios, escolios, variantes y apéndices..." 

Pero no quiso abrumar "al pacífico y muy humilde lector". Determinó: "poner un competente número de notas en los parajes en que veía, o me parecía ver, equivocaciones en el moro viajante, o extravagancias en su amigo, o yerros tal vez de los copiantes..."

Esas palabras nos trae a la memoria el Prólogo a la primera parte del Quijote, cuando el personaje del escritor Cervantes manifiesta a su amigo la preocupación por la falta de notas en su obra:


-"Porque, ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina; sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro..."



Cadalso tiene también un amigo, "sumamente severo y tétrico en materia de crítica", que no es partidario de que tales notas se pongan porque eso aumentaría el peso y el tamaño de la obra, serio inconveniente "para una obra moderna", que ha de ser corta. El escritor obedeció y redujo el número de hojas. 

-¡Corta obra! ¡No está mal noventa cartas!




Por último, confiesa que estuvo a punto de no publicar Cartas marruecas porque consideró que "no ha de gustar, ni puede gustar". En un momento bajo, pensó que no podría contentar a la vez a los partidarios de que todo fueran improperios, insultos,  y a los de que todo fueran  alabanzas. La imparcialidad de las cartas provocaría el odio de ambas parcialidades.

"Es verdad que este justo medio es el que debe procurar seguir un hombre que quiera hacer algún uso de su razón; pero es también el de hacerse sospechoso a los preocupados de ambos extremos."


"Un español de los que llaman rancios" y "uno de estos que se avergüenzan de haber nacido de este lado de los Pirineos", llegará el momento en que uno y otro tirarán el libro al fuego y exclamarán:

«¡Jesús, María y José, este hombre es traidor a su patria!».

«Esto es absurdo, ridículo, impertinente, abominable y pitoyable».


Lo llamarán mal español o bárbaro pero él se consolará diciéndose a sí mismo:

«Yo no soy más que un hombre de bien, que he dado a luz un papel que me ha parecido muy imparcial, sobre el asunto más delicado que hay en el mundo, cual es la crítica de una nación».


Españoles rancios y españoles que se avergüenzan de serlo, los hay en la España del siglo XXI. No faltan tampoco, afortunadamente hombres de bien. Más difícil todavía es que sean capaces de hacer una crítica imparcial de su nación. No los veo ni en la radio ni en la televisión.



-Seguiré, espero, con apuntes de Mohamed, en torno a Cartas marruecas: la crítica de una nación. 

Un abrazo de María Ángeles Merino

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cartas marruecas y cartas marroquíes (1)


Aquel día de verano paseaba por el Espolón. Leía Cartas marruecas de José Cadalso. Sí, tengo la extraña costumbre de leer mientras camino por los paseos de mi ciudad, procurando no chocar con la gente, ni con los árboles. A veces, en lugar del libro, utilizo las versiones digitales y voy leyendo en el móvil; pero eso no extraña a nadie. Si es un libro, sí.

El escritor advertía del riesgo de equivocar la verdadera historia con la fábula y ponía el ejemplo de  la mítica aparición del apostol Santiago, en la batalla de Clavijo, en apoyo de los cristianos, en su lucha encarnizada contra los musulmanes. Pero don José, tan racional, tan equilibrado, tan en el "justo medio", nos sorprende de vez en cuando, en sus cartas, con un punto de ironía ácida. Así, después de afirmar sensatamente que “ninguna nación guerrera puede tener la menor ventaja en una campaña”, el coronel Cadalso encuentra una utilidad a la irracionalidad: "la creencia de que bajar un campeón celeste a auxiliar a una tropa, la llena de un vigor inimitable".



 Como dice el profesor Pedro Ojeda, "nada es inocente" en Cadalso. ¡Vitaminas irracionales para la tropa! 

Y, a todo esto, miro hacia arriba y me encuentro con la estatua de San Millán. ¡Hay que ver con qué vigor descabeza moros con turbante! No era esa la idea que tenía yo del de la Cogolla, eremita, asceta y tan pacífico...en vida. Porque descubro, en internet, que la leyenda le pinta, mucho después de su muerte, como bajado del cielo para echar una manita con la espada y matar infieles. ¡Tan apañado el monje como el apostol! ¡Qué sangrientas leyendillas trufan nuestra gloriosa historia! 

Acababa de hacer la foto a San Millán cuando alguien se acercó a mí y tuvimos este diálogo:

-¿Qué haces profe? ¡Se te va a caer el libro! ¡No me digas que te gusta la estatua! ¡Qué tío más bestia! 

-¡Mohamed! ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué tal te va? No, no me gusta la estatua.

-Se hace lo que se puede. Trabajo y saco tiempo para estudiar en el nocturno. ¡Estoy acabando el bachiller! ¡El curso pasado leí el libro que tienes en las manos! Era uno de los que podía elegir al estudiar la literatura del siglo XVIII.

-Cartas marruecas de José Cadalso. Supongo que te llamaría la atención el título. 


-Sí y me gustó la idea de leer el punto de vista de un paisano que conoció la España de 1774. Pero enseguida me di cuenta. El señor Cadalso nunca trató con mis paisanos.  Gazel no era de verdad y el viejo sabio Ben Beley tampoco. Y lo  mismo daba que las cartas fueran marruecas o chinas, el caso era hacer una crítica de España. Y proponer un país diferente. Nos explicó el profesor que siguió el modelo del francés Montesquieu que escribió un libro titulado Cartas persas. 



-Así es, cuatro viajeros persas que ofrecen sus impresiones sobre los países que visitan, especialmente Francia.  Pero Cadalso quiso elegir un país exótico, el exotismo estaba de moda, pero más cercano, considerando la posibilidad real del viaje, porque en España eran impensables viajes tan largos. Procuró, además, que el lector pusiera en conexión a su inventado viajero con un personaje real que les sonara un poco. En 1766, un embajador de Marruecos, Sidi Hamet al Ghazzali, el Gazel, había estado en España durante varios meses, despertando la curiosidad de la gente leída. 

-Entiendo que tenían que ser extranjeros, sin la ceguera del patriotismo. Dos marroquíes musulmanes y un español cristiano. Gazel no habla como nosotros, en eso el señor José no estaba muy puesto…No me ha costado a mí nada el tema de las vocales...Aunque era un señor muy culto y muy viajado. Había estudiado en Francia y en Inglaterra ¿no?

-Mira, aquí lo dice. Regresó a un país que le era “totalmente extraño”, ya que “lengua, costumbres, traje, todo era nuevo para un muchacho que había salido niño de España y volvía a ella con todo el desenfreno de un francés y toda la aspereza de un inglés”.

-Eso de que “todo era nuevo” lo entiendo muy bien. Yo llegué aquí sin hablar una palabra de español y la ropa, la comida y el trato con la gente...¡Yo, además tuve que ganarme el pan! Y el cuscús...

-Pero tú te has adaptado muy bien. Lo tuyo te habrá costado. Se me ocurre una idea. Voy a escribir sobre Cartas marruecas, en mi blog, para un club de lectura. ¿Por qué no me envías el trabajo que hiciste el curso pasado? ¿Lo conservas?

-Sí, lo tengo guardado. Y también los apuntes que iba tomando mientras leía. Dame tu dirección. Me corriges lo que esté mal, profe.


-A ver si vienes un día a mi casa a tomar un té con hierbabuena. Sé que te gusta. A Fátima le gustará tu visita.

Mohamed me envió sus escritos, con razón su profesor le puso una buena nota. Pero para la entrada del blog prefiero sus apuntes preliminares. En el blog, su trabajo completo y rematado sería carnaza para los malos estudiantes que buscan un rincón del vago. Y, como quise que fueran cartas, fui contestando.

Iré publicando. 

Mi agradecimiento a todos mis alumnos y alumnas marroquíes que me han inspirado esta entrada. Gracias también por lo que he aprendido de vosotros, de vuestro país y del mío. Porque, desde hace más de veinte años, me ofrecéis vuestras cartas marroquíes. O marruecas, si queréis, qué más da.




Un abrazo de María Ángeles Merino que ayer escribió: 

Me está costando arrancar...a escribir, que no a leer. Un abrazo, Pedro, que tengamos un buen curso lector.

Cartas marruecas. Noches lúgubres. José Cadalso. Edición de Joaquín Arce. Cátedra, Letras Hispánicas. Madrid 1990. Decimotercera edición.