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miércoles, 6 de septiembre de 2017

"Nos sentimos en Burgos presa de una dulce emoción que no podemos definir...¿Será porque ya gravita sobre nosotros la Catedral antes de haber traspuesto sus umbrales?"


Catedral de Burgos al atardecer (foto de Agustín Merino)

San Lesmes, el río Arlanzón, el pintor burgalés Marceliano Santamaría, el Cid Campeador y ahora, cómo no en un libro titulado La cabeza de Castilla, vamos a ver qué escribe Azorín de la Catedral...de Burgos. Recuerdo que una amiga me comentó lo poco que el de Monóvar había pateado Burgos: llegó, quería visitar la Catedral y la encontró cerrada, pasó a  la Llana, se fijó en unos granos de trigo entre las piedras, vio un poquito la Catedral y se acabó. ¿Se merecía un homenaje por parte de los burgaleses? 

Cuando Pedro Ojeda nos leyó el capítulo XI del, para mí desconocido, libro La cabeza de Castilla, junto a las ruinas de San Francisco, me dije: "parece que sí lo merece":

"Nos sentimos en Burgos presa de una dulce emoción que no podemos definir...¿Será porque ya gravita sobre nosotros la Catedral antes de haber traspuesto sus umbrales?" (1946)



Al día siguiente, lo saqué de la biblioteca y tuve que llegar al "Epilogo en Burgos", en el capítulo XXV, para dar con lo de la Llana y los granos de trigo. Azorín realizó, al parecer, un viaje relámpago en automóvil que incluía paradas en Briviesca y en Burgos, con sensaciones de "déjà vu": 

 "Sí; iba corriendo el automóvil, y yo me regodeaba por adelantado con las sensaciones que iba a experimentar en Briviesca. La fuente que yo había imaginado no la vi. Todo lo demás estaba en la ciudad, tal como yo lo había intuido...

Treinta minutos después me hallaba en Burgos. A las dos y media fui a ver la Catedral. Estaba cerrada. No la abrían hasta las tres. Por una calle que corre al costado de la Catedral pasé a un vasto ámbito...Leí instintivamente la placa que rotula la plaza...Hay en Burgos una calle de la Llana de adentro y otra de la Llana de afuera...Indudablemente me encontraba yo, al estar en esa plaza, en la llana de adentro...Ahora veo que entre los guijos del empedrado se veían granos esparcidos...

Las sensaciones de mi viaje, de mis minutos en Briviesca, de mi hora en Burgos, ahora las percibo en toda su profundidad. El epílogo de Burgos llega a producirme angustia. No había yo estado nunca en aquella plaza y, sin embargo, la había visto con claridad antes..."(1935)

¡Unos minutos en Briviesca, una hora en Burgos y sensaciones anticipadas! ¡Y, en vez de admirar las "grises torres de aire y plata de la catedral" que nutrieron a García Lorca, todo su interés se concentra en la campesina placita de la Llana de Adentro, con su placa y sus granos de trigo! 


En descargo de Azorín, fijémonos en la fecha. Es un artículo de 1935 y en 1946, en el capítulo XI que nos leyó Pedro Ojeda, leemos:

"La Catedral nos está esperando. ¿Y por qué puertas entraremos en la Catedral? Dudamos si entraremos por la puerta de la Coronería o por la del Sarmental; las dos nos son simpáticas; las dos tienen nuestras preferencias."

Por la de Coronería no, maestro Azorín, que está cerrada desde 1786 y cuentan que fue Napoleón, en 1808, el último en pasar por ella y bajar la Escalera Dorada. Sólo en alguna obra de ficción hubo quien pasó por ahí, buscando la puerta...del Purgatorio. La del Sarmental puede ser, también la de Santa María que es la principal. Jamás por la de Pellejería. ¿Se fijó usted en los tormentos de los condenados, tras la pesa de almas que hace el arcángel? ¿Y en los evangelistas en sus pupitres, como escolares aplicados, a las órdenes de Cristo en Majestad?


Puerta de la Coronería

Entremos, maestro Azorín.  En el capítulo VIII, titulado "Pasado y futuro", fechado en 1945, escribe usted:

"Pero no podemos detenernos: hemos traspuesto los umbrales de cualquiera de las puertas de esta Catedral y van sonando nuestros pasos en el vasto ámbito, es ésta una hora en que la Catedral está desierta."


Puerta del Sarmental

"Toda catedral es una enciclopedia; toda catedral es un compendio de historia de las artes. Y con las artes está el espíritu de España; artífices que han trabajado en las catedrales no eran españoles; hemos de confesarlo; pero el ambiente de España los captó. Su arte se convirtió en genuino arte español."

Alejandro descubre la Catedral

Ahora no es fácil el silencio. Las horas de visita suelen ir acompañadas de la algarabía de los turistas, atiborrados de la información que les ofrecen los guías y las audioguías. El Martinillo pone orden y todos a abrir la boca más que el Papamoscas. De niña, sí, yo oía mis pasos en la Catedral, tan accesible entonces. Entraba y salía como Pedro por su casa. Bueno...era la casa de enfrente, en la calle de la Paloma. La enciclopedia estaba siempre abierta. Ya, ya sabemos que es nuestra vieja gabacha, comprendo que en 1945 había que hablar de "genuino arte español". 

Aitana descubre la Catedral

"Los catedrales tienen su luz, que va variando con la progresión de día y con su decrecimiento; cuentan con sus ruidos especiales; el olfato, último sentido llegado al arte, tiene aquí también en qué satisfacerse: el pabilo y el incienso dejan su efluvio en las anchas naves y en las recónditas capillas. Llega un momento, en estas horas de soledad catedralicia, en que perdemos toda noción del tiempo. ¿Dónde está el concepto de camino, representativo camino, que habíamos imaginado? ¿Soñamos o estamos en vigilia? La Catedral nos ha hechizado dulcemente...de pronto, suena a lo lejos el chirrido de una verja; despertamos de nuestro ensueño..."(1946)

El mosaico de colorines que el rosetón pintaba en el suelo. La luz cenital que se filtraba sobre las esculturas del cimborrio. ¡Mirabilia! ¡Qué sencilla la losa del Cid, ahí abajo! Sonaba el llavero del sacristán. Olía a velas espabiladas y a incienso agitado. Una mujer de negro bisbiseaba rosarios y soledades. Un cura soñaba en el confesionario. Un peregrino andrajoso contaba que venía de muy lejos. De pronto, chirriaba la verja y los niños salíamos corriendo. No se juega al escondite, ni a pillar, en la catedral. Tan negra y churretosa, amenazaba ruina y, aún así, hechizaba. Tuvo que caer San Lorenzo...¡Qué sorpresa cuando nos la lavaron la cara! 


Cimborrio (Catedral de Burgos). Foto cortesía de Begoña Sánchez Manero.

Volvemos al capítulo XI, después de elegir la puerta:

"Y, al fin, por una u otra, penetramos en el vasto ámbito. Y en el vasto ámbito vamos recorriéndolo despacio. Llegamos a donde queríamos ir: a la capilla de la Purificación o del Condestable. Y de la capilla pasamos a la sacristía. En la sacristía nos detenemos extáticos, ante la Magdalena, maravillosa, de un pintor a lo Vinci. El cuadro es atribuido a Giovanni Pietro Ricci, llamado Giovanni Pedrini. Burckhardt dice que este pintor pintaba "medias figuras de expresión dolorosa". Esa expresión nos parece que tiene esta Magdalena: una expresión de apacibilidad inefablemente melancólica. Toledo está, estéticamente, bajo el influjo de El entierro greciano; Burgos lo está bajo la figura leonardesca de este cuadro."

Sería una herejía recorrer deprisa el "vasto ámbito", aunque la capilla del Condestable sea algo grandioso. Una pequeña catedral adosada a una gran catedral, no se conformaba con menos doña Mencía de Mendoza y Figueroa, esposa de don Pedro Fernández de Velasco, para su última morada. Él y ella, yacentes, en mármol de Carrara, magníficamente vestidos y enjoyados. Él con espada, ella con rosario y perrillo fiel , un libro hubiera estado bien en la hija del marqués de Santillana. A los niños que nos colábamos en la capilla, entre los turistas, nos hubiera gustado pasar el dedo por la piedra, solo un momentito.


Sepulcro de los Condestables (Catedral de Burgos). Foto cortesía de Begoña Sánchez Manero.

Mas, usted maestro Azorín, no dedica ni una palabra al imponente sepulcro, ni a los magníficos retablos, ni a la bóveda estrellada. Va derecho a la sacristía donde se guardaba antaño la Magdalena atribuida a Giampietrino, un pintor que pintaba "a lo Vinci", tal vez colaborador de Leonardo. ¡Y nos coloca a Burgos bajo la influencia estética de esa "figura leonardesca" con su "expresión de apacibilidad inefablemente melancólica"! No sé, con todos los respetos, señor Azorín, no creo que ese cuadro sea tan importante para Burgos, tanto como "El entierro del Conde de Orgaz" para Toledo. Me acuerdo bien, eso sí, cuando nos aseguraban que era tan de Leonardo como la mismísima Gioconda. 


Magdalena de Giampietrino (actualmente en la Capilla de los Condestables, Catedral de Burgos)

En el capítulo XVI, titulado "Variantes en Burgos", vuelve a la capilla del Condestable, para llamar nuestra atención sobre la enorme piedra de jaspe preparada para sepulcro del hijo de doña Mencía y don Pedro; pero Iñigo Fernández de Velasco, IV Condestable de Castilla, sería sepultado en Medina de Pomar.

"¿Qué concepto merece a los burgaleses la piedra de la capilla del Condestable, en la Catedral? Esa piedra es una de las curiosidades de Burgos. Por ser una curiosidad, nadie repara en ella. Pesa dos mil novecientas cincuenta y seis arrobas, y tiene de longitud once pies y cinco pulgadas; de latitud, cinco y cinco; de espesor, uno y cuatro y medio. Cuando se labró el sepulcro de los fundadores, se colocó-como está ahora-en el centro de la capilla, junto al sepulcro: el de algún descendiente de los condestables. No ha llegado todavía el caso; la piedra, como es piedra, puede esperar."


Sepulcro de los Condestables y piedra de jaspe rojo vacía a su lado (Catedral de Burgos). Foto cortesía de Begoña Sánchez Manero.

Supo de las arrobas y las pulgadas, pero no le contaron la historia del buey Garrudo. Verá.
Garrudo era el guía de la boyada encargada de transportar, sobre rodillos, la mole de jaspe, a través de una rampa preparada en el Sarmental. El peso venció a los demás bueyes, sólo Garrudo consiguió, clavando las rodillas en tierra, que la losa no se deslizase sobre la pendiente. El animal sangraba por el hocico, debido al enorme esfuerzo. El Condestable dio la orden : "desuncidle y desde hoy determino que no trabaje más y que paste a su albedrío sin ser molestado por naide". 

Con razón decimos en Burgos "termino como el buey de la Catedral". Ahora he sido yo la que le ha contado una "curiosidad de Burgos". Aquí lo dejamos y doy por finalizada esta serie de entradas, escritas para homenajearlo, en el quincuagésimo aniversario de su muerte. ¡Y para desmentir que estuvo muy poco, o casi nada, en Burgos! ¡Y que echó mano de alguna guía!

Un recuerdo para mi maestra, doña Felicidad Portillo, lectora de Azorín, que me hizo llorar su muerte. A mí y a mis cuarenta compañeras de clase, aquel lejano día de 1967.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de María Ángeles Merino.

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967.

lunes, 22 de octubre de 2012

Llovía...y recibimos al ministro Wert.

Llovía
Llovía
Llovía


Llovía
Llovía
Llovía
Llovía. Pobreza cero decía la pancarta.
Llovía. Ante la catedral, pobreza cero.
Llovía. Los niños cambiaban cromos.

 
Esperábamos al ministro, en buena compañía. Recorto la foto, ya sabéis por qué.
 
Allá va el ministro, a inaugurar la nueva biblioteca.

Domingo, 21 octubre 2012, 12 de la mañana, en Burgos llovía. Llegó el señor ministro de Educación.

Leo en "El Huffington Post":

"Wert asegura tras recibir una nueva pitada en Burgos que las protestas no le afectan "lo más mínimo..."Si uno no es capaz de acostumbrarse a las protestas no vale para un cargo público", ha añadido a preguntas de los periodistas en la inauguración de la nueva biblioteca del Estado."
 
Sigo leyendo:

"El ministro ha realizado estas declaraciones en el interior del edificio de la biblioteca, mientras en el exterior un grupo de unas 200 personas le dedicaba una pitada como protesta por los recortes en Educación."
 

 No salgo de mi asombro:
 
"Sin embargo, Wert ha considerado "llamativo que protesten porque se abra una biblioteca", y ha considerado que sería mejor que estuvieran en su interior, "aprovechando sus fondos documentales y bibliográficos". "
 
Yo no protestaba porque se abriera una biblioteca, señor ministro.
 
¿Me hubieran dejado estar en su interior? ¿Estaba abierta al público? ¿Abren los domingos? Los amables señores de azul ¿me hubieran dejado pasar?
 
Aprovecharé sus fondos documentales y bibliográficos, señor ministro, pierda cuidado.
 
Llovía, llovía, seguirá lloviendo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Antoñito y la extraña familia.

Comentario, muy a mi manera, a los capítulos 4 y 5 de la novela "Riña de gatos", de Eduardo Mendoza, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

¡Hola Milo! ¿Se te ha dado bien la caza en el trigal segado? Te he visto desde casa, vas aprendiendo; así varías tu dieta, no todo van a ser croquetas multicolores y multivitaminadas.

El gato Milo trisca animalillos en un trigal ya segado (Palacios de Benaver, Burgos)

Siéntate aquí, gato vecino, que voy a seguir hablando del inglés Anthony; ese tan rarito, al que dejamos en el vestíbulo de un palacete de la Castellana, reflexionando en torno al cuadro "La muerte de Acteón". ¿Recuerdas? Un señor con cabecita de ciervo, al que sus perros devoran como si fuera un ciervo . Un ciervo es como ese corzo que , a veces, asoma tras el cerro.


Pronto va a conocer a su cliente, don Álvaro del Valle y  Salamero, duque de la Igualada, un aristócrata reformista y muy correcto, tal y como indica su título y apellido. Con mucho sentido común, se pregunta: "¿De qué sirven las riquezas si la propia servidumbre está afilando el cuchillo que nos cortará el gaznate?". Pero como ya no es posible  una solución pacífica, dados los desmanes sangrientos de unos y otros,  le urge sacar a su familia del país;  aunque él no tenga miedo a la revolución...Y sus cuadros podrían, tal vez,  proporcionarle liquidez. Aquí está Whitelands, un experto y enamorado de la pintura española, para tasarlos convenientemente.

Revolución anarquista. Sacado de aquí. 

Un poco antes que a don Álvaro, había conocido a Lilí, su hija pequeña. Una colegiala pizpireta que, así en frío, le  pronostica la condenación eterna, por inglés y por protestante.

Caldera del Infierno con su protestante dentro. ..es broma. Puerta de la Coronería (catedral de Burgos)

Aunque, en realidad, la criaturilla está pensando en actores de cine. Hay que ver lo que se parece este señor a  Leslie Howard, un galán orejudo y soso.  El que hace de Ashley, el capricho tonto  de  Escarlata O´Hara.

Escarlata y Ashley. Tomada de aquí.

¡Qué espabilada la colegialita del Sagrado Corazón! Aunque la calle es peligrosa y ya no estudia con las monjitas. Ahora tiene su dómine  particular,  el cavernícola padre Rodrigo, experto en infiernos, limbos y demás moradas de ultratumba. Para que la niña no se convierta en  un "hotentote", como dice su papá. No sé yo con semejante profesor en qué se va a tornar.

 Mariquita Pérez con uniforme del Sagrado Corazón. Sacado de aquí.
Suena un carillón: la una y media. El duque, muy "salamero", se pone de pie como un autómata y señala que "no es cuestión de ponernos a trabajar a la hora de comer los cristianos". Comerán una hora después, sin embargo.


Sería un honor que se quedara a compartir el "refrigerio", el inglés no quisiera "inmiscuirse" pero se queda a comer. Y mientras llega el momento de tasar cuadros, don Álvaro irá observando a Whitelands, a ver si es de fiar.

 El palacio es frío como un mausoleo. Les sentará bien una copita de oloroso en la sala de música, más calentita. Allí, el duque le presenta  a la duquesa consorte, muy natural ella, con su piano y el inevitable busto de Bethoven  Simpática, graciosa, enérgica, andaluza, melómana y  lista; algo  feílla y  metepatas, pero nadie es perfecto. Gracias a ella,  Anthony va a ser  "Antoñito". ¡Qué señora tan culta! Asiste a conferencias que defienden la genealogía esquimal y mallorquina de Colón!


Entra Lilí acompañada de su hermana, una joven huraña que le es presentada como Victoria Francisca Eugenia María del Valle y Martínez de Alcántara, marquesa de Cornellá. Paquita, que así la llaman, es muy atractiva, a pesar de parecerse a mamá. Un  poquito mayor para no estar casada o prometida, calcula "Antoñito"; mas  con su excesiva desenvoltura quiere dejar bien clara la voluntariedad de su soltería. Y somete a duro examen al  inglés mientras le conduce del brazo al comedor. Qué opinión le merece Picasso y qué opinión le merece ella, la de Cornellá.


Una criada  "enteca", "cejijunta" y "pazguata" anuncia a gritos la comida.  El servicio de esta casa no se parece al de "Downton Abbey". En su momento, se me pasó lo del mayordomo agitanado, con patillas de banderillero.


Se sientan cinco, en una mesa enorme para siete servicios. El duque bendice la mesa, todos inclinan la cabeza excepto Anthony. El inglés aclara a la niña sus dudas al respecto: "los anglicanos nunca bendecimos la mesa y, en justo castigo, en Inglaterra se come muy mal".


En ese momento aparece el padre Rodrigo, el sexto comensal, y la broma se torna irreverente. El cura lanza una mirada inquisitorial al invitado. ¡Cómo le disgusta todo lo extranjero! Una sotana, aunque sea con lamparones, da cierto empaque a una comida.

Entra la chacha gritona con la sopera y se incorpora el engominado  Guillermo, el menor de los dos hijos varones del duque. El "botarate" se dedica a cazar por ahí, tras el cierre de la Universidad. Ha tenido que salir por piernas, con sus amigos, huyendo de  un pueblo donde la banda ameniza  con "La Internacional" en vez de los  pasodobles de toda la vida.


Y , al volver la vista atrás, ven como la iglesia echa humo. La caza ha sido escasa , avutardas ni una, y ha faltado poco para ser ellos los cazados.

La vajilla es espléndida, sin embargo la comida es "sencilla, nutritiva y frugal". Salvo la duquesa, algo desganada, todos comen con apetito, sin melindres. Pero el libro no nos dice lo que realmente están comiendo. ¿Cocido madrileño tal vez?


Whitelands  compara a la aristocrática familia del Valle  con la nobleza de su país y  saca unas conclusiones extrañísimas y poco patriotas. En la española, según él, se combina el lujo con la sencilla vida familiar, la simplicidad del campo con el refinamiento de la corte, "la llaneza con la inteligencia y la cultura". A la "advenediza aristocracia británica" la ve "despectiva en el trato, petulante e inculta". Algún desplante le ha debido dar algún milord o alguna milady a este señor blanco, blanquísimo.



Al acabar la comida, Anthony supone que cada uno  irá a sus ocupaciones y él podrá dar comienzo al trabajo encomendado. Pero nada de pinturas. Café, licores, habanos  y más música en la salita de antes. Y una actuación impecable por parte de la familia del Valle, lástima que no esté el hijo varón mayorcito. Ése está en Italia, contemplando obras de arte.

La duquesa y Lilí al piano, Guillermo rasguea la guitarra, Paquita canta con voz sensual. El inglés embelesado, menudo abrazo le ha dado la cría. 



Fandangos, seguidillas y la luz del crepúsculo diluye las formas del jardín, como en un cuadro impresionista. Se enciende una lámpara, se acabó el hechizo, fin de la representación, los actores quedan un poco desorientados.



Se ha hecho tarde, con luz artificial no se aprecian los colores, tendrá que volver a visitarnos, si no le incomoda demasiado, será un placer...faltaría más.

Paquita le acompaña a la puerta, le aclara un poco el cuadro que acaba de contemplar. No debe juzgar con ligereza  a su  familia, si actúa de un modo exagerado es fruto de unos tiempos inciertos, poco normales.

Y a todo esto no hemos visto la famosa colección. Nos vamos con Anthony camino de su hotel. Esperemos que este pardillo sobreviva en este Madrid de preguerra.

Hasta otro día, Milo. Milooooo. El sol se pone, es una buena hora para la caza.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino



lunes, 5 de septiembre de 2011

Una destroncada historia y un traductor morisco.


Recordaréis que el narrador, al final del capítulo VIII, no puede seguir la historia "porque no halló más escrito destas hazañas de don Quijote, de las que deja referidas". Don Quijote y el vizcaíno nos ofrecen una imagen congelada, con las espadas en alto. 

Tomado de aquí.

Así comienza el capítulo IX, con la historia "destroncada"y la pesadumbre del que nos lo cuenta, tan a gusto con la quijotesca historia y tan a disgusto por no saber cómo hallar lo que falta.


Bien seguro está de hallar su continuación ¡Cómo iba a faltarle un sabio a tan buen caballero! No le iba a faltar lo que sobró a Platir , que no hay color, van ustedes a comparar. ¿Manca y estropeada tan gallarda historia? Eso nunca, tal vez  oculta o consumida, que el tiempo devorador gasta esas bromas.


Mas enseguida cae en la cuenta de la modernidad de tal historia, puesto que en la biblioteca  de don Quijote hay algún  libro pastoril muy reciente. Y qué  deseoso está de conocer cómo se las apaña para deshacer agravios, socorrer  viudas y amparar doncellas viajeras "con toda su virginidad a cuestas". A pesar de follones, villanos y descomunales gigantes; tan deseosos de forzarlas.


Foto tomada en la puerta de la Coronería, en la Catedral de Burgos. En las arquivoltas están representados varios pecados.

Si don Quijote merece alabanzas, él también. ¡Cuánto trabajo y cuántas diligencias para que el mundo no se quede sin el gusto de leerla! Casi dos horas de pasatiempo tendrá, dice. ¿Sólo? Juraría que yo tardé  más en leer la primera parte . Sus razones tendrá Cervantes para conceder tan poco tiempo al lector.



Y la halla un día, por casualidad, en el Alcaná de Toledo, un lugar donde se compra y se vende.

Aquí comenzaba el Alcaná en Toledo.

Llega un muchacho a vender  cartapacios y papeles viejos a un sedero. Llevado de su voracidad lectora, toma uno de ellos  y ve que estaba escrito en caracteres arábigos. Como no lo sabe leer, busca un morisco aljamiado que los leyese, lo cual no fue dificultoso en un barrio donde conviven moros, judíos y cristianos. La suerte le deparó uno...que aparece por aquí. Ese debe ser con su vestimenta mora ...


Sacado de aquí.

Mi ordenador recibe otra visita, estos personajes se han familiarizado con mi equipo y se toman demasiadas confianzas.

Salam Aleikum, señora amanuense. Me presento sin nombre porque así lo quiso el señor Cervantes. Soy el intérprete morisco , contratado  en el Alcaná deToledo, por el narrador de esta verdadera historia. Le cuento.

Me dice su deseo, me pone el libro en la mano, lo abro por medio, leo un poco y comienzo a reír. Me pregunta que de qué me río y le contesto que de una anotación que hay puesta al margen. Dice: هذا Dulcinea ديل Toboso كثيرا ما وردت في هذا المقال يقول انها أفضل من ناحية للحم الخنزير التمليح من أي امرأة في جميع امانش


Le traduzco: «Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha» . Al oír ese nombre  queda el cristiano atónito y suspenso. Al parecer, anda muy interesado en encontrar una  historia donde aparece una señora llamada así . El cartapacio dice : "Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo".
 
Disimula el contento y el sedero se queda sin negocio. Compra al muchacho todos los papeles por medio real, es avispado el de la pluma.

Se aparta conmigo por el claustro de la iglesia mayor y me ruega que vuelva aquellos cartapacios en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndome la paga que yo quiera. Prefiero cobrar en especie y me contento con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo.  Prometo traducirlos bien y con mucha brevedad, palabra de buen musulmán. Me lleva a su casa, donde en mes y medio la traduzco toda.


Sé que  mi traducción satisfizo a mi patrón, a pesar de algunas objeciones nacidas de su desconfianza de cristiano viejo hacia los de nuestra nación. Pero ha  de saber el señor Cervantes que ni falté a la verdad, ni pasé en silencio ninguna alabanza a tan buen caballero, sino que seguí fielmente el texto original en arábigo, el de Cide Hamete Benengeli.  Digo esto por algunas frases que contienen su libro, el de don Quijote, el que dio a la estampa y pasó a la posteridad. Por cierto, que los galgos me gustan, señor don Miguel.

Salam Haleikum, señora mía. He de ir al lugar que tengo asignado en el limbo de los personajes secundarios del famoso libro.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":


"Si alguien quiere conocer de primera mano la versión del traductor morisco del Quijote, que consulte sus palabras, publicadas gracias a Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, que sigue incansable dando voz -e ilustración fotográfica oportunísima y divertida- a los sencundarios de la novela. "