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martes, 18 de diciembre de 2012

"el canto de un grillo de la vecindad, que chirriaba en la chirriante cuerda de su instrumento con persistencia desagradable"

 

En "La acequia", Pedro Ojeda nos anuncia el comienzo de la lectura colectiva de "La busca" de Pío Baroja. Aunque pueda leerla aquí mismo, en pantalla, necesito también el libro libro, el de papel, soy de otra época. Aquí está, en esta vitrina de la biblioteca de mi  centro. Tenemos también"La casa de Aizgorri" y "Zalacaín el aventurero" en Austral, más cuatro ejemplares de "Las inquietudes de Shanti Andía" de Cátedra. No está nada mal para la biblioteca de una escuela de adultos.

El de "La busca" tiene solera, es de la editorial Caro Raggio (Madrid). Es una edición ilustrada conmemorativa del nacimiento de Pío Baroja, 1972. El prólogo es de Julio Caro Baroja,  antropólogo, historiador, lingúista, folklorista y ensayista español, sobrino de don Pío. Las ilustraciones son los dibujos a pluma que hiciera su hermano, Ricardo Baroja. En la cubierta, contemplamos  un aguafuerte del mismo autor. Una gran familia.


Cubierta de Ricardo Baroja.
Comienzo su lectura y , de vez en cuando, hago una pausa para buscar un hilo conductor en el comentario. Y también, todo hay que decirlo, un poco de azúcar en una lectura algo sórdida.


Ricardo Baroja retrata a Pío Baroja
Cuando comentaba los capítulos del Quijote siempre surgía algún personaje que me echaba una mano; pero aquí doña Casiana, la dueña de una  pensión de mala muerte en la madrileña calle de Mesonero Romanos, no me seduce. Petra, la criada para todo, tampoco...Y todavía no ha bajado del tren Manuel, el hijo de Petra, el protagonista.

¡Ya está! llega a mis oídos la música de un excepcional violinista. ¡El grillo! Cante, señor ortóptero, y cuénteme sus cuitas.  
 
" el canto de un grillo de la vecindad, que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento con persistencia desagradable."

Cri, cri, cri, cri. Sí, digo cri, ese soy yo. ¿Doña Casiana? No, aquí tienen ustedes al "grillo de la vecindad", el "que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento". ¿Cuerda? ¿Instrumento?  Tan sólo levanto y froto mis alas para atraer a las hembras de mi especie y si persisto es porque ninguna acude a mi amorosa llamada. Y porque el hacer coros en las noches cálidas es oficio de los de mi especie.



Soy un desdichado gríllido que sobrevive, solitario, en este ruidoso lugar, de hierba escasa y descolorida. Rasco y rasco, qué puedo hacer sino matar mis penas con mi cri cri. Porque yo vivía feliz, en un huerto de jugosas coles, casi sin humanos, esos gigantes que todo aplastan con sus dos extremidades. Pero se me sustrajo de tan apacible lugar, fui izado y se hizo la oscuridad. Oí la voz de una cría humana :

-¡Un grillo, cógelo, mételo en la caja!

Creí morir en medio del bamboleo de un diminuto receptáculo. Mi cabeza se estrellaba una y otra vez, perdí el sentío...Y desperté en el momento en que se hizo la luz  y caí entre unos adoquines.

-¡Bah! ¡Suéltalo! No nos sirve pa carreras, con uno...

Así que, allí mismo, avío una madriguera, con la entrada mu limpia pa zona de canto, a ver si cae alguna. Tengo la alas rotas de tanto frotar, pero na, no aparece ninguno como yo, siquiera un macho pa rancarle las alas dun bocao. La lucha por la vida.

¡Qué vida tan dura la mía! Un amigo del silencio cree enloquecer cuando oye, sin verlos, a esos que nombran como relojes o campanadas. Una vez, otra y otra. Nunca suenan a la vez y cada uno con su voz. Na más cantá el primero, mescondo en lo más último de mi galería.

"Poco después de esta indicación amigable del viejo reloj, hecha con la voz grave y reposada, propia de un anciano, sonaron las once, de modo agudo y grotesco, con impertinencia juvenil, en un relojillo petulante de la vecindad, y minutos más tarde, para mayor confusión y desbarajuste cronométrico, el reloj de una iglesia próxima dio larga y sonora campanada, que vibró durante algunos segundos en el aire silencioso."

Ahora que recuerdo, a ese estruendo llaman  tiempo. ¿Qué animal será ese? No lo sé, tie algo que ver con lo que va de sol a sol.

"...porque el tiempo es, según algunos graves filósofos, el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida..."

"porque el tiempo es...el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida"
Llega la noche, se van apagando las luces cegadoras y los alaridos de las fauces humanas. Ya no pasan esos animalazos, veloces como el rayo, los llaman coches; sólo mi ínfimo tamaño me libra de ser aplastado.  



Es mi momento dulce y musical. Cri, cri, cri, cri. ¿Que si canto a la luna? Sí, siempre que la luna sea una oscura hembra de grillo, con su ovipositor en el abdomen.

"En la morada casta y pura de doña Casiana, la pupilera, reinaba hacía algún tiempo apacible silencio: sólo entraba por el balcón, abierto de par en par, el rumor lejano de los coches y el canto de un grillo de la vecindad, que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento con persistencia desagradable."

Mas a los humanos les trae al fresco que yo luzca mis habilidades musicales. ¡Cómo chillan las hembras humanas! Tal vez estén llamando al macho o se enfrenten a otra hembra que les pisa el territorio,  es la lucha por la vida. Sigo rascando, no sé pa qué. Se las oye allá lejos, en lo más último de arriba.

-¡Señora! ¡Señora! -llamó varias veces.-¿Eh? ¿Qué pasa? -murmuró doña Casiana, soñolienta.-Si quiere usted algo.-No, nada. ¡Ah, sí! Mañana diga usted al panadero que el lunes que viene le pagaré.-Está bien. Buenas noches.

 Se callan, pero se enciende otra luz y se oye algo... no sé de qué insecto procede, creo que lo llaman guitarra. Así no hay manera de atraer a una buena gachí con mi cri, cri. Se me ha adelantao er bicho del rasgueo. Como le pille va a saber  lo que vale un peine. Bueno, no sé qué es un peine, pero así lo dicen por aquí.

Salía la criada del cuarto, cuando se iluminaron los balcones de la casa de enfrente; después se abrieron de par en par, y se oyó un preludio suave de guitarra.

Dibujo a pluma de Ricardo Baroja, en "La busca"

Y otra vez las chillonas, mi órgano timpánico va  a estallar:

-¡Petra! ¡Petra! -gritó doña Casiana-. Venga usted. ¿Eh? En casa de la Isabelona... se conoce que ha venido gente. La criada se asomó al balcón y miró con indiferencia la casa frontera.

-Eso, eso produce -siguió diciendo la patrona-; no estas porquerías de casas de huéspedes.
...
Eso, eso produce -repitió la patrona varias veces.

 
Luego, esta idea debió alterar su bilis, porque añadió con voz irritada:

-Mañana voy a echar el toro al curita y a esas golfas de las hijas de doña Violante, y a todo el que no me pague. ¡Que tenga una que luchar con esta granujería! No; pues de mí no se ríen más...

Por fin se callan y yo continúo rascando, hasta que me interrumpen unos pasos, paecen tres hembras humanas. Cuidao, no me pisen. Emiten ruiditos, se comunican unas con otras, un golpe como de madera, ya no las oigo.

 
Pero la paz dura poco aquí. Otra vez,  voces desagradables. Y creo que riñen, será por un macho, será por el alimento, a saber. La lucha por la vida.

"Al cabo de unos minutos se oyó la voz de la patrona, que gritaba imperiosamente desde su cuarto:

-¡Irene!... ¡Irene!

-¿Qué?

-Salga usted del balcón.

-Y ¿por qué tengo de salir? -replicó una voz áspera, con palabra estropajosa.

-Porque sí... porque sí...

-¿Pues qué hago yo en el balcón?

-Usted lo sabrá mejor que yo.

-Pues no sé.

-Pues yo sí sé.

-Estaba tomando el fresco.

-Usted sí que es fresca.

-La fresca será usted, señora.

-Cierre usted el balcón. Usted se figura que mi casa es lo que no es.

-Yo ¿qué he hecho?

-No tengo necesidad de decírselo. Para eso, enfrente, enfrente. 
-Quiere decir que en casa de la Isabelona -pensó la Petra."

Se oye otro porrazo de madera y cristal, ahora las voces suenan poquito.  Por fin, silencio, prosigo, es la obligación de todo grillo que se precie, aunque no haya hembras que atraer. Cri, cri, cri, cri.

"Se oyó cerrar el balcón de golpe; sonaron pasos en el corredor, seguidos de un portazo...luego hubo un murmullo de conversación tenido en voz baja."

Rasco mis alas hasta que sale el sol y entrego  el relevo a una codorniz:

"Y el grillo, como virtuoso obstinado, persistió en sus ejercicios musicales, a la verdad algo monótonos, hasta que apareció en el cielo la plácida sonrisa del alba. A los primeros rayos del sol calló el músico satisfecho, sin duda, de la perfección de su artístico trabajo, y una codorniz le sustituyó en el solo, dando los tres golpes consabidos"



Con el canto de la codorniz, doy por finalizada tan musical entrada.

Hasta la próxima semana. Un abrazo para todos los que pasáis por aquí :

María Ángeles Merino


Las palabras en color naranja están extraídas directamente de "La busca", a través de la página web:

http://www.escuelahistoria.fcs.ucr.ac.cr/contenidos/biblioteca/esociales/PioBaroja-LaluchaporlavidaI_Labusca_.pdf

La información acerca de los grillos la he obtenido aquí:

http://es.wikipedia.org/wiki/Gryllidae




jueves, 22 de diciembre de 2011

"Sonata de estío": el cortejo de dos "moscas de luz".


Comentario a mi lectura de las páginas 126 -136 de "Sonata de estío", de Valle Inclán, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.


Acompañamos al de  Bradomín y a la  Niña Chole, bien escoltados, entre arenas, cactus y  jacales miserables. Asoman " mujeres cobrizas, con la tristeza transmitida, vetusta, de las razas vencidas".  El narrador, un marqués español ya anciano, no abandona la heredada arrogancia del vencedor.

Ya puesto el sol, divisan una aldea india. Una bella pintura en rojo y en azul, un toque de blanco polvoriento y el amarillo de los maizales:


 "... se aparecía envuelta en luz azulada y en silencio de paz. Rebaños polvorientos y dispersos adelantaban por un camino de tierra roja abierto entre maizales gigantes."


La aldea está "silenciosa y humilde", "dormida"; tan solitaria como aquellas "remotas aldeas abandonadas al acercarse los aventureros españoles". Aquellos conquistaron las Américas, él emprende la de la Niña Chole.

"Un enorme nido de zopilotes", o sea buitres,  en el campanario de la iglesia pregona el abandono de la aldea, la sutil ironía anticlerical de Valle, o ambas cosas. 



"Distraidos en plática galante" llegan al convento de las "Comendadoras Santiaguistas", donde van a hospedarse.



Una monja  donada les conduce a la hospedería. Atraviesan "un claustro sombreado por oscuros naranjos", el cementerio de las religiosas. Oímos sus pasos sobre  sepulcros  olvidados  y el llanto de la fuente. Nos sorprenden unas  lucecillas danzando en la oscuridad,  es el cortejo de las "moscas de luz". La muerte y la vida:


"Sobre los sepulcros, donde quedaban borrosos epitafios, nuestros pasos resonaron. Una fuente lloraba monótona y triste. Empezaba la noche, y las moscas de luz danzaban entre el negro follaje de los naranjos."


Tras el "largo son" del manojo de llaves, el marqués se presenta con su título. Cuando la Madre Abadesa finalice su larga plática con el Señor Obispo , podrá conocerla. Aquí acaba su ruta y cumplirá un voto.

La monjita se derrite ante tanto señorío y  pregunta si "la Señora mi marquesa también". La Niña  envía una mirada burlona. Responden a dúo el "también, hermana, también". Se quedan solos, él le besa la mano y la Niña se alarma repentinamente:
" ¡Téngase por muerto como recele algo de esta burla el general Diego Bermúdez!"


Pero la alarma cesa pronto y participa  gustosa en la burla.

Con tan ilustres invitados, ha de aparecer pronto  la Madre Abadesa," flotante el blanco hábito",  con la roja cruz de Santiago, como una reina; como una papisa diría yo."Amable y soberana" saluda en latín. Blanca y rubia, con un  "hermoso aspecto de infanzona", nacida en Viana de Prior... pertenece a un antiguo mayorazgo desaparecido. En su tierra gallega  conoció a un Marqués de Bradomín muy anciano...sí, el abuelo de este que tiene ante sus ojos.



 La criolla Niña Chole duda cuando la Madre le  pregunta por su origen más o menos español. Él, para ayudarla, ha de inventar " toda una leyenda de amor, caballeresca y romántica". 


La protagonista de la triste y falsa historia sepulta "el rostro entre las manos sollozando con amargo duelo". La abadesa se emociona y utiliza su escapulario como abanico para darle aire.

Salen al poético jardín cerrado,  a la luz de la luna; aquí los mirtos venerables se llaman  arrayanes, las tortuosas sendas forman el laberinto y llora una fuente:

"El jardín estaba amurallado como una ciudadela. Era vasto y sombrío, lleno de susurros y de aromas...oscuros arrayanes bordados por blancas y tortuosas sendas: La luna derramaba sobre ellas su luz lejana e ideal como un milagro."


Arrayán o mirto.

La "Marquesa" desea calmar su sed en la fuente. Se lo impiden dos legas, es agua bendita y sólo la Comunidad tiene bula papal  para beber el agua que vierte un angelote meón. La ridícula situación nos pinta una sonrisilla.

Es agua santa del Niño Jesús! Y las dos legas, hablando a coro, señalaban al angelote desnudo, que enredador y tronera vertía el agua en el tazón de alabastro por su menuda y cándida virilidad."




El marqués asegura con socarronería que la marquesa tiene bula también para eso. Y ella bebe aplicando los labios al santo surtidor. ¿Un sacrilegio?

La Madre Abadesa pregunta ruborosa si hay que disponer otra celda para el marqués. No será preciso, acompañará a la Marquesa, tan medrosa, la pobre.  La superiora manifiesta su respeto por aquellos  que Nuestro Señor une con "santo lazo". Y el incorregible Bradomín siente " la tentación de pedirle que me acogiese en su celda, pero fue sólo la tentación". Tan bella, con su blanco hábito. Estamos ante un don Juan, aunque sea feo, católico y sentimental. Y una religiosa queda muy bien en su relación de conquistas.

Por fin llega a la celda nupcial, "espaciosa y perfumada de albahaca". Afuera "el argentado azul de la noche tropical destacaba negras y confusas las copas de los cedros." Los árboles oscuros son los pensamientos oscuros.




Entreabre "el blanco mosquitero con que se velaba pudoroso y monjil, el único lecho que había en la estancia."

 La Niña Chole duerme, en sus labios "aún vagaba dormido un rezo". Se inclina para besarlos, ella se despierta "sofocando un grito". A la pregunta de qué hace usted ahí, él repone: "Reina y señora, velar tu sueño." Le recuerda "sus derechos conyugales, reconocidos por la Madre Abadesa". ¿Conyugales?

Enojada, repite:

"¡Oh!... ¡Qué terrible venganza tomará el general Diego Bermúdez!"

Sonríe, ella monta en cólera, le pone en la faz  " sus manos de princesa india, manos cubiertas de anillos, enanas y morenas, que yo hice prisioneras" . Se las oprime hasta que lanza un grito, se las besa. Ella solloza, se deja caer sobre las almohadas. Él no intenta consolarla, siente "un fiero desdeño lleno de injurias altaneras". Sonríe para disimular el temblor de sus labios. Apoyado en la reja, contempla "el jardín susurrante y oscuro".

El grillo canta, llama a su hembra. La niña Chole solloza apagadamente, él se conmueve a ratos.

Grillo hembra.

En el silencio de la noche, dobla una campana del convento. La Niña le llama, es "la señal de la agonía". Se santigua devotamente.


Él se acerca a su lecho. Ella exclama que "alguien se halla en trance de muerte". Él le toma las manos y amorosamente le dice si acaso fuera él. Le sugiere la presencia, en el convento, del general Diego Bermúdez.

Grita ¡no! ¡no!, él "le oprime las manos", ella llora. Él quiere "enjugar sus lágrimas", ella suplica, se queda sin voz. Se queda mirándole, "temblorosos los párpados y entreabierta la rosa de sus boca". La campana sigue, "lenta y triste". La brisa les trae aromas del jardín.

Cesa la campana y la besa. Parece consentir. De pronto, la campana dobla a muerto. La Niña Chole grita y se refugia en sus brazos.

Sus manos comienzan a "desflorar sus senos". Ella suspira, entorna los ojos y celebran, por fin , lo que él llama "nuestras bodas". "Siete copiosos sacrificios" ofrecen a los dioses, ha triunfado la vida sobre la muerte.

Miedo al infierno o miedo a un padre marido. La vital Niña Chole de la "Sonata de estío" no me parece tan distinta a la moribunda Concha de "Sonata de otoño" ; pero eso no ha pasado todavía, aunque ya esté escrito.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino ilumina los primeros tiempos de la relación entre la Niña Chole y el Marqués de Bradomín, subrayando todas las contradicciones reflejadas en el texto de Valle y la personalidad de los protagonistas..."

viernes, 29 de octubre de 2010

Malum signum

Comentario al capítulo 2, 73 del Quijote, publicado en "La acequia"

De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia

A la entrada del pueblo de don Quijote hay unas eras.


"A la entrada del cual , según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos"

Dos muchachos están riñendo, uno se llama Periquillo y el otro…

-El otro soy yo, señora.

¿Quién me habla? Me ha parecido oír una voz infantil.

-Aquí estoy, en la extraña máquina que usted manipula. Un malandrín encantador me encerró aquí. Soy el mochacho que riñe con otro, mi amigo Periquillo. Ya sabe, el motivo es la posesión de una jaula de grillos.


"que él había tomado al otro mochacho una jaula de grillos"

No le puedo decir mi nombre, señora escribiente, porque el señor Cervantes no me concedió esa gracia. El moro de los pliegos, don Cide, tampoco lo hizo…

Soy un insignificante personaje secundario del famoso libro, en el cual cabalga don Quijote de la Mancha, un hidalgo de mi pueblo que ahora vuelve, después de un tiempo fuera, más loco que nunca. Y su criado es Sancho Panza, un labrador bien conocido aquí.

Soy tan poca cosa que sólo me dan una línea, diecisiete inocentes palabras acerca de una jaula de grillos, un “chincha rabia” para mi amigo Periquillo, que se ha quedado sin sus grillos.

Pero cuando don Alonso lo oye se pone tristísimo y más blanco que la pared. Dice mi padre que el hidalgo está loco, loco, como los enjaulados de la Casa del Nuncio…por eso será. Oye mis palabras y le dice a Sancho Panza que he hablado de una desconocida señora Dulcinea. Que no va a verla más, que yo he dicho eso. Nooooo.

El padre de Sanchico quiere responder pero aparece, de repente, una liebre que viene huyendo, seguida de galgos y cazadores.


"...por aquella campaña venía huyendo una liebre..."
La famosa liebre de Durero.

El animalito se agazapa, debajo del rucio, Sancho la coge al vuelo por las orejas y se la muestra a don Alonso que grita “malum signum”, un latinajo como los del cura. Y otra vez con la señora Dulcinea, a la que no conocemos, que de este lugar no es…Todos sabemos que toparse con una liebre da muy mala suerte, es de mal agüero, cómo no lo va a saber nuestro vecino.

Y conoce que es mal signo, pero Sancho se lo quiere quitar de la cabeza. Mira tú quién lo dice, con la fama que tiene en el pueblo de necio, con poquísima sal en la mollera. Que si la liebre es Dulcinea, los galgos son los malandrines, la rabona huye, Panza la atrapa y la pone en los brazos...no hay mal agüero que valga.

Me llego con Periquillo a ver bien a la liebre y Sancho me pregunta por qué reñíamos. Yo le cuento que le quité una jaula de grillos a mi amigo y le dije que no la vería más en toda su vida. Y me quedo con la boca abierta cuando veo que echa mano a la faltriquera y me da cuatro cuartos por la jaula. ¡El padre de Sanchico ha vuelto rico! ¡Bien!

Pone la grillera en manos de don Alonso y pronuncia un discurso como los del señor alcalde. Que si ha rompido y desbaratao esos agüeros, que ya dice el señor cura que no es de cristianos ni de discretos creer en ellos, Y le recuerda cuando le dio a entender que son tontos los que así lo hacen.


"He aquí, señor, rompidos y desbaratados estos agüeros, que no tienen que ver más con nuestros sucesos... que con las nubes de antaño"

Llegan los cazadores, piden su liebre y el hidalgo se la da. A Periquillo y a mí se nos pasa el enfado y seguimos, en su camino, a estos dos vecinos tan extraños. ¿Y sus jumentos? El rucio lleva encima una tela con llamas de fuego pintadas y un cucurucho en la cabeza. Vamos caminando detrás y se van incorporando otros muchachos. ¡Qué risa!

En un pradecillo, al lado del camino, vemos dos personas de mucho respeto: nuestro cura y el bachiller Sansón Carrasco. No se nos hubiera ocurrido invitarlos a nuestra comitiva pero, en cuanto ven a don Quijote, se dirigen a él con los brazos abiertos.


"a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco"

Don Alonso se apea, los abraza estrechamente y todos juntos a la casa de los Quijano.
Uno de mis amigos anima a toda la chiquillería del pueblo, tienen que ver al asno “más galán que Mingo” y a la bestia flaca de don Quijote.

El ama y la sobrina de don Alonso están avisadas y le esperan a la puerta. También acude Teresa Panza, mal vestida y mal peinada, con su Sanchica. Del Sanchico, ni rastro. A la buena mujer le extraña verlo “a pie y despeado”, dice que más parece desgobernado que gobernador. ¿Gobernador Sancho Panza? ¿Se ha vuelto tan loca como su señor amo?

El porro de su marido le anuncia que trae maravillas y dineros. Teresa alegra la cara, que le da igual cómo los haya ganado. Sanchica abraza a su padre, con la carita muy risueña, qué tendrá lo de los dineros, interesándose por si trae algo. Su padre la agarra y la sube en el burro. Se van los tres a su casa y dejan a don Quijote en la suya.

Don Quijote se aparta a solas con Sansón y con el cura y yo me quedo sin saber lo que hablan. Mi madre me dice que no debo escuchar las conversaciones de los mayores, pero me puede la curiosidad. He de enterarme en qué para la locura de don Quijote.

Se retiran al estrado que suele usar Antonia, la sobrina de don Alonso. Yo voy detrás y me quedo tras la puerta que no queda cerrada del todo. El ama y la sobrina hacen lo mismo que yo, qué curiosas.

Don Alonso cuenta que fue vencido y debe estar un año sin salir de la aldea. Dice que va a ser pastor, qué risa me da imaginar al hidalgo rodeado de borregos. En el campo estará solo, pero muy entretenido, hablando de amores. Pide al cura y al bachiller que le acompañen si pueden. Él comprará las ovejas suficientes y cada uno tendrá un nombre de pastor. Quijotiz, Carrascón, Curambro y Pancino. Ja, ja, nunca conocí pastores con nombres así. Menuda cara ponen Curambro y Carrascón, quedan pasmados pero se le ofrecen como compañeros.


"que él compraría ovejas y ganado suficiente que les diese nombre de pastores"

Se pone a hablar el socarrón de Carrasquillo . Dice, que todo el mundo sabe, es poeta y hará escribirá versos y versos de pastores. Irán por ahí y no dejarán árbol donde no pongan el nombre de una zagala.


"que cada uno escoja el nombre de la pastora que piensa celebrar en sus versos, y que no dejemos árbol, por duro que sea, donde no la retule y grabe su nombre"

Don Quijote ya tiene a su Dulcinea del Toboso. Dice que es la “nata de los donaires”, nata…qué rica.

El cura también buscará pastoras, eso sí que es nuevo, pensaba que los curas no podían hacer eso.

Sansón dice nombres de pastoras, a cual más raro: Filidas, Belisardas, Galateas… Y si hace falta se les cambia el nombre: Ana será Anarda, Francisca será Francenia…y Sancho tendrá a su Teresaina. Yo conozco a una que se llama Mariquilla: fuerte, recia y bigotuda.

Don Quijote se ríe de esas ocurrencias de Carrasco. El cura también está de acuerdo. Se despiden de él y le aconsejan que cuide su salud, eso que siempre dicen los mayores.

El ama y la sobrina están deseando que se vayan las visitas, para hablar con don Alonso. Antonia se enfrenta a su señor tío. Ahora que pensaban que iba a estar tranquilo y se quiere hacer pastorcillo. Le dice algo del alcacel, creo que le está llamando viejo.

El ama le pregunta si podrá soportar los calores, los fríos, los lobos. Ella piensa que no, que eso es para hombre criados para pastores, desde muy pequeños. Lo que tiene que hacer es estarse en casa, atender a su hacienda, confesarse y favorecer a los pobres. Lo que hace un buen hidalgo. El ama es vieja, tiene ya cincuenta años y sabe lo que le dice.

Don Quijote les pide que callen, que él sabe lo que ha de hacer. No está muy bueno y necesita que le lleven al lecho. Sea pastor, sea caballero andante, acudirá a lo que ellas necesiten. Está diciendo que las quiere ¿verdad?

"Llevadme al lecho, que me parece que no estoy muy bueno"

Lo llevan a la cama, le dan de comer y le tratan con mimo. Y me voy, que me van a preguntar estas buenas mujeres, y vuestra merced de la misma manera, qué hago aquí.

Me voy señora escribiente, ya sabe que soy el anónimo amigo de Periquillo. Un niño sabio.

Sólo nos queda uno. Un abrazo de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dijo en "La acequia":"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos regala otro secundario cuando parecía que ya no podía darnos más: el muchacho que vio la entrada de don Quijote y Sancho en la aldea mientras disputaba un jaula de grillo. No os perdáis la sabia combinación con las ilustraciones de esta entrada."