Mostrando entradas con la etiqueta Alonso Fernández de Avellaneda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alonso Fernández de Avellaneda. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Quijote, un homenaje al proceso de lectura y escritura. Gracias a un gran lector del Quijote que es Avellaneda.


-¡Salam Aleikum! ¡Dios os guarde, mi señora! Cide Hamete Benengeli para servir a vuesa merced. Hoy tomo la delantera, tras asegurarme de que el susodicho Alisolán no ha de aparecer por aquí para interferir en nuestra literaria conversación. Tengo noticias de que en el limbo de los escritores apócrifos le han llamado a capítulo.


Porque vuesa merced no ignora, a estas alturas de entradas escritas y teclas machacadas, que nuestro visitante, el presunto cronista morisco Alisolán, esconde la negra sotana bajo la azul chilaba y  no es otro que el ignoto Alonso Fernández de Avellaneda. 


¿Alisolán?

Así que ancha es Castilla, saquemos a relucir la verdad de don Quijote. Mi don Miguel de Cervantes se sintió tan aplastado por Avellaneda como lo fue don Alonso por los toros del capítulo 2.58, el anterior al de la venta. 

-¿De que venta hablamos? Porque las ventas abundan en el celebérrimo libro.

-¿De cuál iba a ser? Señora mía, hablamos de la desabastecida venta donde el caballero andante tiene las primeras noticias de la publicación de la falsa segunda salida de don Quijote.



-¿Desabastecida? 

-Sí, que el ventero, después de una buena ración de lengua, sólo puede ofrecerles de cena una uña de vaca cocida, digna del Lazarillo de Tormes...buen libro, pardiez. Ni pajaricas, ni pollos, ni pollas...ni siquiera los socorridos huevos con torreznos.



-Al buen hidalgo, la venta se le aparecería como castillo, como solía.

-No, refresque vuesa mercé las quijotescas  lecturas. En esta ocasión, la venta es venta y como tal la considera don Quijote. 



Pongámosnos con el Avellaneda. Cuando se disponen a cenar, don Quijote oye, en el aposento de al lado, que alguien propone: “leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha”. Es un caballero llamado don Juan que se dirige a otro llamado don Jerónimo. Don Quijote escucha muy atentamente. ¡Están hablando de su persona!




El tal don Jerónimo no quiere leer “estos disparates” y opina que no puede gustar la segunda parte al lector de la primera. Don Juan le anima a su lectura porque “no hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena”; aunque le disgusta que pinte a don Quijote “desenamorado de Dulcinea”.

-A los lectores se nos hace cuesta arriba imaginar a un Quijote sin Dulcinea.



-Es ansí, Y tan gran desamor muestra, que se ofrece "a hacer proprio un cartel y fijarle en un poste de la plaza, diciendo que cualquier caballero natural o andante que dijese que las mujeres merecían ser amadas de los caballeros, mentía". 

A mi don Miguel  le tiembla la péndola, se le ha caído el tintero. ¡Tan coceado como su personaje! Mas, si su don Quijote pudo siempre levantarse y seguir, él no iba a ser menos. 




-Fue muy superficial, mas bastole para cazar al vuelo sus defectos:

“Don Quijote hojea el libro y “de allí a un poco” da su opinión. Sin leerlo y en muy poco tiempo, encuentra tres cosas reprehensibles: algunas palabras del prólogo, la escasez de artículos y cuando dice que la mujer de Sancho se llama Mari Gutiérrez”.

-Las palabras del prólogo son hirientes. Viejo, manco, envidioso. Y señala la escasez de artículos como un defecto propio de Aragón...dicen que no es ansí.

-Y Cervantes fue el que bautizó como Mari Gutiérrez a Teresa Panza, en la primera parte. Un gazapo que colgó a sus enemigo, tal era la socarronería cervantina. Si os place, seguiremos con  lo que escribí hace un tiempo, como comentario a este capítulo 2.59, sobre un suceso que se puede tener por aventura.

-Me place, abro mis oídos cual un oidor:

-"Sancho se sorprende y pide a su señor que mire a ver si anda él por ahí , no vaya a ser que le hayan cambiado el nombre.

Don Jerónimo se fija, ahora, en Sancho. Lo reconoce y le dice que “este autor moderno” le pinta comilón, simple, nada gracioso y muy diferente del de la primera parte...



Durante la cena le piden nuevas de Dulcinea. Casada, parida, preñada…no por Dios. O si se acuerda de don Quijote y sus pensamientos amorosos, en el caso de que esté soltera y entera. Intacta su entereza y tan seca como siempre; pero transformada en burda labradora. Y les cuenta, con todo detalle, lo del encanto, lo de Montesinos, el sabio Merlín y los azotes de Sancho.




Los dos caballeros lectores reciben gran contento con esos sucesos y quedan admirados. ¡Qué disparates cuenta y qué estilo tan elegante! Ya les parece discreto, ya les parece loco y mentecato. Mitad y mitad.

Sancho acaba de cenar y se pasa a la estancia de su amo. Quiere preguntar si el autor de ese libro, ya que le llama comilón, le llama también borracho.

Se lo confirman, pero le tranquilizan diciendo que son razones mentirosas, a la vista del buen Sancho presente. El cual lo tiene claro, ese Quijote y ese Sancho no son los de la historia compuesta por Cide Hamete Benengeli. El amo es valiente, discreto y enamorado. El criado es simple gracioso, ni comilón ni borracho.

Don Juan lo cree así y opina que se había de dar la orden: ninguno tratará las cosas de don Quijote si no es Cide Hamete, su primer autor.


Nuestro caballero pide que le retraten pero no le maltraten, que la paciencia se cae, bajo el peso de la injurias. Ninguna se le puede hacer porque, como dice don Juan, dispone de la venganza o su gran paciencia. Cervantes, tal vez, esté pensando en él mismo cuando escribe esto. ¡Paciencia!

Pasan gran parte de la noche en estos razonamientos. Don Juan quiere que el caballero andante lea más del libro pero él les dice que lo da por leído y lo confirma “por todo necio”. Además, no quiere que el autor se alegre pensando que don Quijote lo ha leído.



Le preguntan hacia dónde se dirige y responde que a Zaragoza, a las justas. Don Juan le dice que la “nueva historia”, pobre y simple, lleva a ese don Quijote, o quien sea, hasta Zaragoza. Al oír esto, decide que no pisará Zaragoza, para poner en evidencia la mentira del “historiador moderno”.


Don Jerónimo aprueba su decisión y le recuerda que hay justas también en Barcelona. Así lo va a hacer, pide licencia para acostarse y se ofrece para que le pongan en la lista de grandes amigos y servidores. El mismo ofrecimiento hace humildemente el escudero.

Barcelona, playa en que será derrotado.

Los dos caballeros lectores quedan admirados de la mezcla de discreción y locura y, por supuesto, están seguros de que estos son los verdaderos y no los del escritor aragonés.

Madruga don Quijote y se despide de sus admiradores, dando golpes en el tabique del aposento. Esta vez Sancho paga muy bien al ventero y le aconseja menos alabanzas y más provisiones".


Como dijo ayer el profesor Ojeda, este don Quijote "no juega, no sueña, está loco".Y Sancho Panza es "un simple" sin más.

-Es muy interesante eso que dice voacé.¿Y por qué "el autor moderno" metamorfosea desta manera a las creaturas de Cervantes? Las deja deslavazadas, a mi parecer.

-Intentaré explicárselo, siguiendo las notas que tomé ayer, durante la intervención del profesor Pedro Ojeda, en el Museo del Libro. Nos metió en el túnel del tiempo, nos contó que un día:

"Un día como hoy, hace cuatrocientos años, Cervantes andaba por las esquinas insultando a todo el mundo y jurando en arameo, o en lo que se jurara entonces. En julio había llegado a sus manos la segunda parte del Quijote, escrita por Avellaneda y le produjo gran conmoción.


Trabajo quijotesco realizado por alumnos de Secundaria, bajo la dirección de la profesora Menchina Ayuso.


Era el más grande homenaje que le podían hacer, incluso aunque fuera una usurpación.

 Lo lee con profundidad, aunque dijera lo contrario. Se convierte en el mejor lector de Avellaneda y éste le va a permitir dar el doble salto mortal: se va a meter en terrenos desconocidos, nadie había hecho lo que Cervantes hará en la segunda parte.

De Cervantes nadie esperaba nada, tras la primera parte del Quijote. Era un escritor deshauciado por sus contemporáneos, cada cosa nueva que va escribiendo se retrasa y va al cajón: Novelas Ejemplares, Comedias y Entremeses, Viaje al Parnaso, la segunda parte del Quijote...

Ese es el desencadenante para que Avellaneda escriba el Quijote, en 1613 y lo publique en 1614. Por mucha rabia que le de a Cervantes,  es el mejor homenaje que se puede hacer a un escritor.



Había demanda del público, los personajes del Quijote eran muy populares, en 1604 ya se había distribuido la primera parte y en 1605, en Carnaval, ya había quien se disfrazaba de don Quijote y Sancho. La gente pedía que se continuase su historia, No habían llegado por entonces los derechos de autor. Hay uno que se decide: la continúo yo.

Y, además de un homenaje, hay un ajuste de cuentas: pasar factura a Cervantes por los ataques que había hecho a Lope de Vega. Hay quien dice que el prólogo, tan duro, ya estaba escrito por otro autor y que Avellaneda lo continuó.



El resto del libro no lo ataca; pero hay una traición a la propuesta ideológica de Cervantes. El modelo nuevo propuesto por Cervantes, sin dejar de ser ortodoxo, está en los límites, propone reformas individuales. ¿Lo traiciona porque al fin y al cabo es un escritor de segundo orden y no llega a desarrollar el potencial de los personajes?

La propuesta de Pedro Ojeda es que Avellaneda desactiva conscientemente todo lo peligroso del Quijote, para que sea ortodoxo. Hay que conducirlo a lo políticamente correcto. El lugar de don Quijote es el manicomio y Sancho acabará integrado en la sociedad, una vez arrepentido. Incluso Bárbara termina integrada y arrepentida.

Esta desactivación no lo puede hacer un torpe, es alguien inteligente que sabe de la peligrosidad del Quijote para la gobernanza y la moralidad.

¿Qué hace Cervantes? Lee al Avellaneda en profundidad y lo introduce en su segunda parte. Don Quijote llega a una venta y ve a gente que habla del Quijote, Cervantes lleva los personajes de Avellaneda a su libro y se convierte en el mejor narrador, aunque le duela a algunos, como a Borges que dice del Quijote que le faltaría estar escrito en inglés. El Quijote es el que construye la narrativa, sin Cervantes no existiría la narrativa actual.

En checo, pero de Cervantes (foto cortesía de Julio Plaza y Esther Moreno)

Avellaneda tuvo éxito porque se correspondía con lo que pedía la gente. La teoría más sólida es la que señala como autor a Ginés de Pasamonte, un soldado escritor que se vio maltratado por Cervantes, en el Quijote, donde aparece como un titiritero. 

Cervantes rehace la segunda parte, modifica todo el proyecto inicial del Quijote, en cada capítulo añade algo nuevo. Gracias a la segunda parte modificada por culpa de Avellaneda, Cervantes hace su obra maestra porque lee en profundidad.

El Quijote, un homenaje al proceso de lectura y escritura. Gracias a un gran lector del Quijote que es Avellaneda."

-Me place escuchar las palabras de mi señor Pedro Ojeda. Agradecido, desde mi situación de humilde cronista morisco.












Notas tomadas ayer mientras hablaba Pedro Ojeda

-Si el Quijote de Avellaneda aupó hasta la cumbre al Quijote de Cervantes, con una genial segunda parte, yo también, como lectora fiel del Quijote, le doy las gracias. 

-Un momento, que me parece que el sabio Alisolán vuelve por aquí. ¡Salam Aleikum! ¿Qué dice vuesa mercé? ¿No le habían llamado a capítulo?

- Mucho he de decirles todavía. Y he de comunicarles, aunque vuesas mercedes no lo crean, que mi don Quijote fue a Zaragoza y compitió allí por una sortija. 

"Don Quijote, sin responderle palabra, volvió la rienda a Rocinante y comenzó a correr, no con poca risa de los que le miraban, yendo don Álvaro a medio galope tras él. Llegó, pues, don Quijote a la sortija segunda vez, y con la cólera y turbación que llevaba, erróla por parte de abajo otra media vara. Pero el discreto don Álvaro, viendo cuán desgraciadamente lo había hecho su compañero, puesto de pies sobre los estribos, alargó cuanto pudo la mano desde el caballo y, asiendo la sortija, y llegándose a don Quijote, con mucha sutileza se la puso en el hierro de la lanza (que lo pudo hacer sin que él lo echase de ver, por llevarla puesta sobre el hombro, desque hizo el golpe en señal de gala), y díjole:

-¡Ah, mi señor don Quijote, lustre de la Mancha, victoria, victoria!, que la sortija lleva vuesa merced en la lanza, si no me engaño".

-Que sí, señor Avellaneda. Ya vemos que don Álvaro Tarfe echó una manita a don Quijote. Su don Álvaro Tarfe, que Cervantes dio vida a otro. Quede usted con Dios.

Invitamos a los que pasen por aquí a leer su obra al completo, que no es un mal libro. Y no sé si oyó antes las palabras del profesor Ojeda. Le damos las gracias a vos, un gran lector del Quijote.

-...No hay de qué darlas... Espero...que esto no llegue a los oidos del gran Lope de Vega. 

-Muy señores míos: Cide Hamete y Alonso Fernández de Avellaneda, me despido de vuesas mercedes. Que la fama les acompañe muchos siglos más. Que nadie muere del todo hasta que es olvidado.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

Enlaces:

http://es.wikisource.org/wiki/Segundo_tomo_del_ingenioso_hidalgo_Don_Quijote_de_la_Mancha:_Cap%C3%ADtulo_X
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/10/don-alvaro-de-tarfe-el-personaje.html
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/07/en-una-venta-mal-abastecida-don-quijote.html
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cerv/46859842215026273022202/p0000013.htm#I_86_
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cerv/46859842215026273022202/p0000013.htm#I_85_


jueves, 30 de octubre de 2014

Don Quijote y el furioso melonero.



Comentario  al sexto  capítulo del Quijote de Avellaneda, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. 

-¡Salam Aleikum! Salúdoles de nuevo, mis cronistas casi moriscos, Cide Hamete, por el lado cervantino, y Alisolán, por el bando avellanesco. Como en la entrada anterior, seré yo la que comente el capítulo, pero les permito añadir cuanto les plazca, si mi discurso así se lo sugiere. Ya saben, cada uno con su color: Alisolán escribe en azul. Cide Hamete escribe en verde. Y yo, María Ángeles Merino, escribo en negro.
Comenzamos, sean respetuosos el uno con el otro, señores Cide Hamete y Alisolán.
De la no menos estraña que peligrosa batalla que nuestro caballero tuvo con una guarda de un melonar que él pensaba ser Roldán el Furioso.

-Caminan la vía de Zaragoza, durante seis días. Por donde pasan ríen las simplicidades de Sancho y las quimeras de don Quijote, “El Caballero Desamorado”. Tan grande es su desamor, que se ofrece "a hacer proprio un cartel y fijarle en un poste de la plaza, diciendo que cualquier caballero natural o andante que dijese que las mujeres merecían ser amadas de los caballeros, mentía". 

Y, caballeros, defiéndanlas en sus cuitas, pero nada de "arrequives de festejos"; eso sí, sírvanse de ellas para el vínculo del santo matrimonio. Desengáñense, miren las ingratitudes de Dulcinea y tomen nota. 
-Alisolán: ¿Arrequives ? Algo así como adornos o atavíos. Esa palabra trajo de cabeza a los que buscaron mi verdadera identidad. Es una de las que rastrearon por ver qué autores la utilizaban.

-Cide Hamete: Don Miguel de Cervantes no la usó en la primera parte, pero la puso en boca de Teresa Panza, antes Mari Gutiérrez, en la segunda parte de su libro:

"Teresa me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas"


Pila bautismal de San Gil en Burgos, la mía.

-Dejemos a un lado los arrequives. Y lo de los sagrados vínculos, Señor Ave...Alisolán, comprenda que una mujer del vigésimo primer siglo no puede escribir ciertas cosas sin irritación. En fin, mil seiscientos y poco…, seguimos con don Quijote y Sancho y aterrizamos en el melonar de Ateca.
Platican, irán a las justas de Zaragoza y después a la corte donde el rey conocerá el valor de nuestro caballero andante. Allá, en una cabaña, en medio de un melonar, hay un hombre que lo guarda, con un lanzón en la mano. 

Melonar con su cabaña. Cuadro de Puri Sánchez.

La fantasía de don Quijote se dispara, están ante una extraña aventura, el de la lanza es, sin duda, no puede ser otro, el mítico Orlando el Furioso, defendiendo el castillo, tan "encantado" que no pude ser ferido sino por la planta del pie. 

Enrabietado y enojado porque el moro Medoro le robó a su Angélica, Orlando es de los que arrancan los árboles de raíz y lanzan a distancia a las yeguas agarrándolas por el anca, con montura y todo.



¿Lo arrancaría Orlando el furioso?

Don Quijote está resuelto, ha de probar con él la ventura y si le venciere y le matare, todas las glorias que tuvo Orlando serán para él: “fazañas, vencimientos, muertes de gigantes, desquijaramientos de leones y rompimientos de ejércitos”. Será nombrado y temido y el rey de España le llamará y le preguntará los detalles de la batalla: golpes, ardides, estratagemas y, finalmente, como le dio “la muerte por la planta del pie con un alfiler de a blanca”.

-Cide Hamete: ¿No os parece, Cide Alisolán, que ese don Quijote vuestro se muestra con una desvergüenza inaudita? Un matador y usurpador de glorias ajenas. 

-La cabeza de Orlando irá en las alforjas de Sancho, el rey la mirará y exclamará: ”¡Oh Roldán, Roldán, y cómo de hoy más se lleva la gala y fama el invicto manchego y gran español don Quijote!” .


Como San Juan Degollao (Pardilla)

-Cide Hamete: ¿Desde cuando don Quijote camina por esos mundos luciendo cabezas cortadas por su mano? Vuestro héroe es sanguinario y cruel, algo que no cuadra con don Alonso Quijano el Bueno.

-Alisolán: No me negaréis que, en muchos capítulos, vuestro don Quijote deja muy mal feridos a los que batallan con él. Os recuerdo, sin ir más lejos, las pacíficas intenciones quijotescas, en el combate con el vizcaíno:

"Y, arrojando la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela, y arremetió al vizcaíno con determinación de quitarle la vida...Venía, pues, como se ha dicho, don Quijote contra el cauto vizcaíno, con la espada en alto, con determinación de abrirle por medio..."

-Cide Hamete: Dejemos al vizcaíno...que se quedó con la espada en alto. Volvamos al combate con el melonero furioso, a guisa de Orlando. Mi don Alonso prefería imitar a Amadís, menos llorica, aunque no le hacía ascos al valiente don Roldán:

"¿Ya no te he dicho —respondió don Quijote— que quiero imitar a Amadís, haciendo aquí del desesperado, del sandio y del furioso, por imitar juntamente al valiente don Roldán, cuando halló en una fuente las señales de que Angélica la Bella había cometido vileza con Medoro, de cuya pesadumbre se volvió loco, y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró yeguas y hizo otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre y escritura?...Y podrá ser que viniese a contentarme con sola la imitación de Amadís, que sin hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más."


-Alisolán: Escribí, digo escribió, el señor Avellaneda este capítulo, haciendo alarde de su erudición y afición a los versos del gran poeta Ariosto.

-Cide Hamete: Pero tu Orlando es un guardia melonero y la humilde cabañuela donde se guarece, su castillo. Tu sandio hidalgo lo toma por Roldán, señor de Argante, porque porta un lanzón, que no lanza.

-Alisolán: No hablemos de castillos, que tu caballero andante es de los que confunde  las manchegas ventas con señoriales castillos. 

-¡Basta ya! Con su permiso, continúo. 

-Cide Hamete: Continúe, señora mía, que Alisolán y yo hemos pactado silencio en lo que resta de capítulo. 

-Así que mientras el caballero da “cabo y cima a esta dudosa aventura”, el escudero no ha de moverse. Sancho le dice que no hay ningún señor de Argante sino un hombre con un lanzón que guarda su melonar, no hay que alborotar a quien guarda su hacienda. Quién meterá a su señor con “Giraldo el Furioso” ni con cortar la cabeza a un melonero. 

Que lo sabrá la Santa Hermandad y los ahorcará y asaeteará y, después, los echará a galeras por setecientos años. Ya veis que Sancho está tan nervioso que no repara en que no hay galeras que valgan después de muertos. 



-Cide Hamete: Padre Avellaneda, vos olvidáis que , para un verdadero caballero andante, no hay Santa Hermandad:


"Venid acá, ladrones en cuadrilla, que no cuadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad, decidme: ¿quién fue el ignorante que firmó mandamiento de prisión contra un tal caballero como yo soy? ¿Quién el que ignoró que son esentos de todo judicial fuero los caballeros andantes y que su ley es su espada, sus fueros sus bríos, sus premáticas su voluntad?"


-Don Quijote no escucha los razonamientos escuderiles. Que quién ama el peligro ha de caer en él y considere cuál sería la opinión de Rocinante, hambriento más de cebada que de meloneros. Y suplica, en nombre del rocín y del jumento, recordándole "que por no haber querido muchas veces tomar mi consejo nos han sucedido algunas desgracias"

Tiene una idea, le compran un par de melones y, si  dice que es Gaitero o Bradamonte, van y lo despanzurran; en caso contrario, siguen el camino hacia las justas. Nada ni caso.

Sancho sabe poco "de achaques de aventuras". Si don Quijote salió de su casa fue para ganar "honra y fama". Ahora tiene ocasión y hay que asirla, que por eso la pintan calva. 





No ha de "dejar de probar esta empresa", ni de llevar la cabeza de Roldán, el día que entrare vencedor en Zaragoza, con una letra que diga "VENCÍ AL VENCEDOR". Ya puede Sancho, y el mundo entero, decir lo que dijere. No impedirán que todos se den por vencidos y todos los "precios" de las justas serán suyos.


Don Quijote pide a Sancho que le encomiende a Dios, pues va a meterse en el peligro mayor de su vida. Y si muriere, llevarle ha a San Pedro de Cardeña, que muerto y con una espada en la mano se defenderá de quien se le quiera llegar a las barbas, como el mismísimo Cid Campeador.


El Cid Campeador.

Al tierno Sancho se le saltan los lagrimones, se le hace el corazón añicos. ¡Se hace tantas preguntas sin respuesta!


"¡Ay de mí, señor don Quijote, nunca yo le hubiera conocido por tan poco! ¿Qué harán las doncellas desaguisadas? ¿Quién hará y deshará tuertos? Perdida queda de hoy más toda la nación manchega. No habrá fruto de caballeros andantes, pues hoy acabó la flor dellos en vuesa merced. Más valiera que nos hubieran muerto ahora un año con aquellos desalmados yangüesos cuando nos molieron las costillas a garrotazos. ¡Ay, señor don Quijote, pobre de mí! ¿Y qué tengo de her solo y sin vuesa merced? ¡Ay de mí!"




Don Quijote le consuela: no llores que aún no soy muerto, fíjate en Amadís de Gaula que vivió muchos años después de estar tantas veces a pique de morir. Con todo, le pide que cumpla sus deseos funerarios, si muriere. Sancho le promete llevar su cuerpo a San Pedro de Cardeña o a Constantinopla, qué más da, son ambos remotos lugares para un sencillo campesino. Pero no le ha de faltar la bendición de su amo. San Cristóbal le proteja. 

San Pedro de Cardeña. Wikipedia.

Bendícelo y espolea a un Rocinante cansado y hambriento. Entra en el melonar maldiciendo al rocín que se detiene en cada mata, con apetito de aquello tan verde que se ofrece a su vista y no a su boca, pues llevaba freno.

Cuando el melonero ve aquella fantasma que no repara en dañar matas y melones, comienza a vocear que se tenga fuera o le hace salir a la fuerza. Don Quijote no hace ni caso, sigue hasta colocarse a "dos o tres picas del". Con la lanza en tierra, reta al melonero con un discurso, como si fuera "el valeroso conde Orlando" el celebrado en sus versos por "el famoso y laureado Ariosto".



Hoy es el día en que tiene de probar con él la fuerza de sus armas y los filos de su espada. Y suelta la artillería de sus lecturas vividas como reales, en su imaginación. No le han de valer encantamientos ni ser "cabeza de aquellos Doce Pares de cuya nobleza y esfuerzo la gran Francia se gloría". 

Muchas alabanzas; mas el fuerte francés ha de ser vencido y muerto y llevada su cabeza a Zaragoza, ensartada en la lanza. Don Quijote gozará así de sus "fazañas y vitorias".

Carlomagno, Reinaldos, Montesinos, Oliveros, el hechicero Malgisi, y todos los carolingios en pleno, no le han de valer. Porque don Quijote tiene a bien vencerlo sin poderoso ejército, solo con sus armas y su caballo. Así que:

"Responde, no estés mudo; sube sobre tu caballo o vente para mí de la manera que quisieres".

Mas, como el encantador que le puso ahí, no le dio caballo, don Quijote bajará del suyo, que no es honrosa una batalla con ventaja.

Sancho se mete en su papel y comienza a dar voces. Arremeta, mi amo, mire que he prometido dos misas, una a las ánimas y otra a San Antón. ¿San Antón?  Sí, al patrón de los animales, para ayudar a Rocinante, que también se lo merece.

El melonero avisa, téngase fuera o le matará a pedradas. Como don Quijote prosigue adelante, arroja una piedra un poco mayor que un huevo, con una honda. Nuestro caballero la recibe en el adarga que fácilmente es perforada, siendo como es de badana y papelotes. 


"Sopa de arroyo", como en el  2, 11 del Quijote de Cervantes.
Así conté yo lo de la "Sopa de arroyo"

Recibe así un golpe terrible en el brazo izquierdo; que, de no ser por el brazalete, se lo hubiera quebrado. Como todavía porfiaba para acercarse, tira otra piedra aún mayor en la honda y le da en los pechos.  De no tener el peto "sin duda se la escondiera en el estómago".


La segunda piedra da con el buen hidalgo en tierra . Queda en el suelo, de espaldas y aturdido.

 El melonero piensa que lo ha matado y huye. Sancho también lo cree así y se lamenta de una manera muy quijotesca, como si hiciera suyas las locuras de su amo, al que da por muerto:

"¡Oh pobre de mi señor Desamorado! ¿No se lo decía yo, que nos fuéramos muy en hora mala al lugar y no hiciéramos batalla con este melonero, que es más luterano que el gigante Golías. Pues ¿cómo se atrevió a llegarse a él sin caballo, pues sabía en Dios y en su conciencia que no le podía matar sino metiéndole una aguja o alfiler de a blanca por la planta del pie?"

-Alisolán:  ¡Y luego dicen que mi Sancho no se ha quijotizado! Ahí lo tenéis, este Sancho sería un buen candidato  para el asilo de alienados. ¡Otro para la Casa del Nuncio! 

-Cide Hamete: Para voacé todo el que no sigue los esquemas si no va a la cárcel va con los locos. 
-Llega Sancho donde su señor, no está muerto, le pregunta si está malferido.  Le responde que no, que el soberbio Roldán le ha tirado una gran peña y derribado. Dale Sancho la mano, que el loco de tu señor dice que ha salido "con muy cumplida victoria", pues le basta que el contrario haya huido. Ya habrá tiempo de buscarlo y rematar la batalla. "Sólo" se siente en el brazo izquierdo, casi le quiebra el brazo.

Sancho considera que si aquellos dos guijarros le llegan a dar en la cabeza, hubieran acabado con el trabajo de las justas. Su señor agradezca la vida a un romance que rezó Sancho, el del conde Peranzules,  cosa probada para el dolor de ijada. ¿Un romance oración? Parece ser que sí...¿Y curativo?


Don Quijote quiere descansar en la cabaña, antes de partir de nuevo. Rocinante sin freno y el jumento sin maleta ni albarda, los dos quedan como señores absolutos del melonar. Sancho coge dos melones "harto buenos", da cuenta de media docena de rajas y sirve a su señor que come apenas cuatro bocados y le manda guardar el resto para la noche.

Pero, al poco tiempo, el melonero regresa con "tres harto bien dispuestos mozos", cada uno con una "gentil estaca". Ven al rocín y al jumento pisando y comiendo, entran coléricos y acompañan el calificativo de ladrones con "media docena de palos que les dieron muy bien dados, antes de que se pudieran levantar". Lo de "muy bien dados" es añadidod del escritor que no puede disimular su condición eclesiástica y justiciera. Ha de dejar bien claro que no hay falta sin castigo.

-Alisolán: Ansí ha de ser, señora mía. Y así les place a mis lectores. Ruego me disculpe la digresión.
-Disculpado. Don Quijote queda muy bien descalabrado, pues se había quitado el morrión. Sancho lo pasó peor, al no estar protegido por hierro alguno, no se perdió garrotazo en costillas, brazos y cabeza.


Los cuatro hombres se llevan, como prendas, el rocín y el jumento. 


Sancho vuelve en sí al cabo de un buen rato. Casi no se puede levantar, tanto le duelen los brazos y las costillas. Comienza a llamar a don Quijote, haciéndole reproches. Andando con todos los diablos se vea el caballero andante. "¿Parécele que quedamos buenos? ¿Es éste el triunfo con que habemos de entrar en las Justas de Zaragoza? ¿Qués de la cabeza de Roldán el encantado que hemos de llevar espetada en lanza?"

Don Qujote vuelve en sí y comienza a decir el romance del cerco de Zamora, el de "Rey don Sancho, rey don Sancho..." El escudero maldice, ahora se pone al romance, vámonos de aquí, que esos barrabases nos han molido y él ha salido peor parado, que no puede ni llevar los brazos a la cabeza. ¡Ay!¡Ay!

Don Quijote delira, ahora dice que el traidor que le ha puesto así es Bellido Dolfos. ¡Y que vaya Sancho a retar a toda la ciudad! ¡Y que ha de matar a no sé quién!

¿A toda la ciudad? ¡Y no han podido con cuatro meloneros! Sancho le ayuda a levantarse, salen fuera de la cabaña y descubren que Rocinante y el jumento han desaparecido.

Sancho llora y lamenta la pérdida del rucio...del jumento:

"¿Adónde hallaré yo otro tan hombre de bien como tú? Alivio de mis trabajos, consuelo de mis tribulaciones, tú solo me entendías los pensamientos, y yo a ti, como si fuera tu proprio hermano de leche".

¡Qué gracia la del jumento! ¡Incluso cuando ventosea! 

"¡Ay, asno mío, y cómo tengo en la memoria...rebuznabas y reías con una gracia como si fueras persona; y cuando respirabas hacia dentro, dabas un gracioso silbo, respondiendo por el órgano trasero con un gamaút"

Don Quijote le dice que no se aflija, "porque le pienso buscar por toda la redondez del universo",

Sancho se pone la albarda a cuestas y da la vuelta al ataharre, que le huele un poco mal, dada la parte del animal donde suele colocarse. Más escatología.

Don Quijote y Sancho, a pie, camino de Zaragoza.

-Cide Hamete: A Zaragoza, de ninguna manera.
-Alisolán: Ya lo verá voacé. 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

jueves, 23 de octubre de 2014

"...mañana dirán que no tuvimos ánimo para acometellos, cosa que sentiré a par de muerte se diga de mí"


Comentario  al quinto  capítulo del Quijote de Avellaneda, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. 

-¡Salam Aleikum! Salúdoles, mis cronistas casi moriscos, Cide Hamete, por el lado cervantino, y Alisolán, por el bando avellanesco. Hoy no quiero peleas ni discusiones, que esto parece un combate de boxeo. Seré yo la que vaya contando el capítulo, a mi manera, como suelo hacer. Vuestras mercedes podrán añadir lo que les plazca. Ya saben, cada uno con su color: Alisolán escribe en azul. Cide Hamete escribe en verde. Y yo, María Ángeles Merino, escribo en negro.
Comenzamos, sean comedidos en sus críticas, señores míos.
De la repentina pendencia que a nuestro don Quijote se le ofreció con el huésped al salir de la venta.

-Don Quijote sueña despierto. Defiende, en las justas, la "hermosura de la gallega contra todos los caballeros estranjeros y naturales" y la lleva al reino de donde es reina o señora. No pega ojo en toda la noche sino un poquito al amanecer. Llega la mañana y Sancho va a despertarlo. Y despierta a voces, exigiendo: "date por vencido" y confesando la hermosura de "la princesa gallega".




-Que ni Policena, ni Porcia Albana, ni Dido; ninguna dellas sería digna de descalzarle el zapatito. 


-¿Hermosa "la princesa gallega"? Yo afirmo lo que mi don Quijote proclamó, ante unos mercaderes de Toledo:

"Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso".

-Es ansí, la gallega no es hermosa ni princesa pero es real. ¡Dulcinea no existe! ¡Valiente emperatriz!


¡

-A ello, os contesto, majadero, con las palabras de mi don Quijote cuando la duquesa burlona cuestionaba su existencia:

" Dios sabe si hay Dulcinea o no [en] el mundo, o si es fantástica o no es fantástica;y éstas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son: hermosa, sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas humildemente nacidas"

-¡Vamos que don Quijote imagina una dama perfecta! La moldea en su imaginación y ¡ya está! Aquí está mi Dulcinea. Y que todos la proclamen como tal.




-¡Y su don Quijote avellanado moldea a una honrada fregona de tetas grandes y costumbres dudosas! ¡Y sueña con defender su fermosura! Que coja su palafrén y le siga a Zaragoza. ¡Está mucho más loco!

-Sancho desea acabar con el asunto de la gallega, que está muy contenta y bien pagada, con los doscientos ducados que le mandó dar. Mas don Quijote sigue en su mundo caballeresco, "dile... que apareje su preciado palafrén, mientras yo me visto y armo, para que partamos". 



-Ya está aderezado el almuerzo, el escudero no consigue que almuerce sentado a la mesa y sin armar. No puede hasta acabar cierta aventura; así que come, armado y en pie, unos bocados de pan y carnero. 


-"Pero, sea lo que fuere,venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas". 

-Se despide del ventero y los demás huéspedes, les pide que miren si se les ofrece alguna cosa, que aquí está "prompto y aparejado" para servirles. El ventero no ha menester otra cosa que no sea el pago de cena, cama, paja y cebada.




-Don Quijote no ha visto, en libro alguno, que el señor del castillo hospede a un caballero andante y le pida dinero por la posada; mas resuelve que si ahora vos, señor castellano, os habéis hecho ventero, pagará con gusto, a ver lo que se debe. Son catorce reales y cuatro cuartos. ¿Cuartos? En cuartos, como a un ahorcado, partiría el desamorado al desvergonzado ventero, pero no quiere emplear tan mal su valor. Venga, Sancho, paga y vámonos.


-¿Pagar don Quijote? En modo alguno puede contravenir la orden de los caballeros andantes:

"Engañado he vivido hasta aquí -respondió don Quijote-, que en verdad que pensé que era castillo, y no malo; pero, pues es ansí que no es castillo sino venta, lo que se podrá hacer por agora es que perdonéis por la paga, que yo no puedo contravenir a la orden de los caballeros andantes, de los cuales sé cierto, sin que hasta ahora haya leído cosa en contrario, que jamás pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuviesen,porque se les debe de fuero y de derecho cualquier buen acogimiento que se les hiciere, en pago del insufrible trabajo que padecen..."

-Vuelve la cabeza y allí está la moza gallega barriendo el patio. Se dirige a ella como "soberana señora" y le dice que está "dispuesto para cumplir todo aquello que la noche pasada vos he prometido". Volverá a su reino, pues  no es justo que una infanta como ella ande mal vestida y barra las ventas de gente infame. 


Millet

-Para ello, antes, ha de acompañar al caballero andante, a las justas de Zaragoza, donde defenderá contra el mundo su "estremada hermosura" , peleará contra muchos caballeros de "fogosos corazones"; mientras ella, en un rico sitial y ricamente vestida, contemplará la quijotesca victoria. 

Justa medieval

-Todos ríen y el ventero monta en cólera, piensa que la moza ha pasado la noche con don Quijote. "Doña puta desvergonzada" se ha de acordar. Porque el honradísimo ventero la sacó de "la putería de Alcalá", y la trajo a su casa como "mujer honrada". Sayuela y zapatos, y casi una camisa, menudo gasto, todo se lo ha de pagar y después irá a la calle "con un espigón en el rabo". 


Sayuela

 -Le ordena, de malas maneras, ir a fregar platos; pero antes la abofetea y cocea en las costillas.

-Este ventero es más cruel, de palabra y de obra, con la cuitada moza que el de la venta donde servía la asturiana Maritornes. Lo del espigón en el rabo...es una imagen tremenda.

-No sé porque decís tal cosa, aquel también la golpeaba y calificaba de puta.

-No de igual manera. Al menos, no daba coces, eso sí, llovían los palos, en una cadena que parecía un juego:

"Y así como suele decirse «el gato al rato, el rato ala cuerda, la cuerda al palo», daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la mozaa él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa, que no se daban puntode reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil,y, como quedaron ascuras, dábanse tan sin compasión todos a bulto, que adoquiera que ponían la mano no dejaban cosa sana"


La mujer va tropezando y medio cayendo y, ¡oh santo Dios!, el corazón de nuestro caballero arde en cólera. Pone la mano a su espada y arroja una terrible cuchillada al sandio y vil caballero que así ha ferido a una de las más fermosas fembras que en todo el mundo; pero no querrá el cielo que tan grande follonía quede sin castigo. ¡La fuerza épica e irónica de un rosario de efes!



-¡En verdad que todos los desagraviados por los quijotes, sea el mío o el vuestro, reciben después un castigo aún más duro! ¡La gallega no olvidará nunca a aquel que quiso liberarla! 

-Sí, por cierto, que ahora recuerdo al pastor Andrés, al que el caballero andante defendió de los crueles azotes de su amo, en castigo por perder las ovejas:



-Queda el ventero bien descalabrado y más que pudo quedar si don Quijote no torciera un poco la mano. Todos los de la venta se alborotan, cada uno con lo que tiene a mano, ya sea asador de tres ganchos o medio chuzo de viñadero. 

-Don Quijote, a grandes voces, declara: "¡guerra, guerra!". En medio de un prado cercano, se pone a hacer gambetas con Rocinante, espada en mano. 

Sancho teme ser manteado de nuevo y, con la adarga y el lanzón, pelea cuanto puede por sosegar la gente. Pero el ventero está hecho un león y pide su escopeta. Y lo hubiera matado si no es por los designios celestiales o, mayormente, porque lo estorban la mujer, los huéspedes y Sancho. 

-Es un hombre falto de juicio y la herida es poca, déjelo ir. El ventero se sosiega, Sancho se excusa y se despide con mil cortesías. Llégase junto a su amo y recrimínole su actitud:

¿Es posible, señor, que una pícara, "moza de soldada", casi nos cueste el pellejo?



-Don Quijote no atiende, está en medio de una batalla imaginaria. Escuadrón volante, tercios, artillería, corazas, morriones, flecheros, soldados...¿Bien pagados? ¿Hay hambre o peste? ¿Cuántos de cada nacionalidad? ¿Cómo se llaman los que están al mando? Presto, Sancho, hagamos trincheas, fosos, contrafosos...para que disparemos nuestra artillería. ¡Bum bum!

-Escribe bien don Alonso Fernández, lo reconozco, cómo pinta la batalla vivida por don Quijote. Mas don Miguel escribía mejor. Y sabía de tercios y artillerías tanto como Avellaneda de teologías y catecismos. 

-¿Insinúa algo de la condición eclesiástica de mi señor? ¿Se me nota acaso? ¿Quiero decir...se le nota acaso? 

´¡Ay Alisolán, Alisolán, moro de chapa! ¡Que sois el mismo escritor y a mí no me engañáis con la chilaba! ¡Guardaré el secreto! 



-Responde Sancho que no hay nada de eso que dice de soldados y cañones. Bestias sí, ellos mismos, si no se van al punto. Huyamos de la venta que no nos faltarán otras aventuras más fáciles. Don Quijote le manda callar, que si le ven huir, dirán que es "un gallina cobarde".




Arre, ni gallinas, ni capones, que nos vamos. Sancho está tan resuelto que su amo no quiso contradecirle, comienza a caminar tras él. Mas todavía insiste en que han errado, deberían volver a la venta y retar a tan vil canalla que "no es bien viva sobre la haz de la tierra". Porque mañana les acusarán de falta de ánimo , algo que don Quijote non podrá sufrir, lo sentirá "a par de muerte". Al fin, el caballero andante se lamenta, considera que han sido "unos grandísimos borrachos", por irse ansi de la venta.




¿Borrachos? Sancho concluye, que han hecho "lo que toca a nuestras fuerzas". Y que ahora toca caminar "antes que entre más el sol" , que bien castigados quedan los de la venta.




-Sancho está resuelto y su amo no quiso contradecirlo. ¿Desde cuándo el caballero andante tiene en cuenta los consejos del escudero? Como aquella memorable ocasión en que acometió a los molinos de viento, por citar la más conocida: "Mire vuestra merced...que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino".

-A esa cuestión, no sé qué responderle, Cide Hamete, hermano en Cristo. Tal vez sea ansí, como vos decís. He de cuidar a mis lectores, no desean complicarse la vida, ni son amigos de historias con muchas capas. Ni de personajes que no sean de una pieza. Ni les agrada que se invierta el sagrado orden social. Y que haya falta sin castigo. Y si estás loco, vas derechito al asilo de alienados; si has esquivado el patíbulo...Fue ansí en el siglo XVII.
 Salúdole.

-Continuaremos tras una accidentada entrada, llena de accidentes blogueros. Y, a todo esto, ni siquiera hemos llegado al melonar de Ateca. 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino