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martes, 7 de junio de 2011

"Estoy preocupado por Teresa, creo que últimamente no rige muy bien"

"Viene la noche", imagen tomada en Palacios de Benaver, Burgos.



Comentario a los capítulos  21, 22 y 23 de la novela "Viene la noche", de Óscar Esquivias (lectura colectiva de "La acequia")

Miércoles, 7 de febrero de 2007. Jueves, 8 de febrero de 2007. Sábado, 10 de febrero de 2007.


¡Hola Sara!

La noche se acerca, a pasos agigantados, para tu suegro, Benjamín. Esta gota va a desbordar el vaso. La verdad de Teresa, las mentiras de Teresa.
Fue el lunes, aquel día en que para huir de sí mismo y del recuerdo de Clarita, se pasa a las calles de la otra orilla de Bravo Murillo. Ve a su mujer y a su pelo verde, la sigue y descubre su secreto.


El miércoles pregunta a Magaly si ha visto algo raro en su esposa. Aunque la del locutorio no es bochinchera, se lo confirma: no está nada bien, habla sola, canta, debe cuidarla. Sola y desdichada, así la ve ella, así la ven muchos.

 

El jueves se decide, ha de contárselo a su hijo Jaime. ¿Qué pasa? Teresa no tiene amigas, se las inventa. Se pasa las tardes sola, va al cine o se mete en la iglesia de los salesianos y empalma una misa con otra.

Budismo, meditación, vegetarianismo, reiki, "hostias en vinagre", nada de nada. Ni amiga argentina vegetariana , ni profesor escocés, ni gurú del Tibet. Todo es fruto de su imaginación y de las revistas que se lee, sentadita en el banco de la iglesia. 

Jaime le pregunta si no había notado nada. Pelos de colores, tofú y saitán, meditación , incienso, saludo al sol...Pensó que eran cosas de sus nuevas amistades, cómo iba a pensar que se estaba grillando. Benjamín no se atreve a hablar con ella, le pide a su hijo que lo haga. Los dejará solos, a la hora de la cena. Tu suegro se siente culpable, dice que no sabe de qué . Sí lo sabe. La ha dejado tan sola, le ha hecho tan poco caso. A buenas horas se preocupa ¿verdad Sara?
Mientras tanto, estás tomando un café en el "relax" del hospital. Afuera llueve, hay una furiosa tormenta. Ahí dentro, los cristales vibran como si sufrieran tiritonas de fiebre.

Te estremeces, miras las nubes, el barrido de la lluvia, las luces de los miles de coches. De repente, un apagón, como si Dios parpadeara.


Esta noche, las parturientas dilatan sin prisas, como esperando el fin de la tormenta, antes de soltar nuevas vidas al mundo. Te pasan una llamada telefónica. Es Jaime, está allí mismo, en el hospital, en urgencias y con su madre.
Preocupada, vas a buscarlos, atravesando el hospital desde la unidad de partos a urgencias. Desciendes hacia las "trincheras", ese "pozo" donde médicos y enfermeras ojerosos parecen a punto de tirar la toalla.


La sala de espera, un "cuartucho"atestado de enfermos y familiares. Por los pasillos se desparraman los que no han podido encontrar asiento.

Algunos se apoyan en la pared con el gesto apesadumbrado, como si fueran "telamones": un pie en el suelo y otro en el muro. ¿Que qué eso? Si hubieras leído los dos librotes del "escritor sosaina", los que regalaste a tu suegro, tal vez recordaras esa palabra. En una apocalíptica catedral de Burgos, hay que desbrozar una entrada taponada por la vegetación. Surgen dos atlantes o "telamones" que cobran vida y echan una mano con sus hercúleos brazos.



Gente que consuela a gente, seres humanos solitarios y desconsolados. Máquina del café zumbona, expendedora de chocolatinas saqueada, papelera rebosante de desperdicios.


Y, en esto, apareces tú, con tu uniforme verde de matrona. Algunos enfermos se dirigen a ti con un "Oiga señorita" suplicante. Y no tienes respuesta para nada de lo que te puedan preguntar; estás tan perdida como ellos, eres uno de ellos.


Por fin descubres a Jaime, le abrazas. Está pálido, con los ojos rojos y unos arañazos en el cuello. Le conduces a un banco y os sentáis. Intenta contarte lo que ha pasado mientras una celadora, indiferente, cubre el suelo de serrín.


Se tranquiliza un poco, comienza su relato; pero rompe a llorar. Le cuesta hablar, le entiendes a medias. Por lo que logras captar, antes de la cena, conversa con Teresa a solas. ´Le habla sobre sus amigas, sus cursos de yoga, le sugiere que lo haya inventado o exagerado. No, eso son hablillas de vecinas, le asegura.


Llega Benjamín y siguen con lo mismo. La cena es tensa, Teresa niega y su marido insiste. Al final, se siente acorralada y llora. Abochornada, reconoce sus mentiras y les pide perdón . No sirve para nada, está muy sola, ya no puede más.

Lo peor viene después, en lugar de arremeter contra Benjamín, culpable de su abandono, la emprende con Jaime, pobre inocente. Egoísta, mal hijo, falso, me desprecias, nunca me has querido, crees que soy tu esclava...Excepto el "mal hijo" todo va dirigido, en realidad, a su marido, no al buenazo de tu Jaime. Para remate, le tira un vaso de agua a la cara.


No contenta con eso, derriba las estanterías del salón y pisotea toda su colección de pirámides, budas, dragones y piedras mágicas. Sus tesoros...


Jaime la sujeta, se revuelve y le pega furiosa. Grita que la maten, que desea morir. Se queda sin respiración. Temen por su vida y llaman a una ambulancia. Ahora está con un neurólogo o psquiatra, vete a saber.

Tu marido llora como un niño, sobre tus rodillas. Le caricias... pero te avisan de que te necesitan en maternidad.

Lo del hospital fue el jueves 8. El sábado 10, Benjamín toma de la mano a Teresa y comienzan a bajar las escaleras. Por fin, van a salir a la calle. Tu suegra está abúlica y ausente, bajo los efectos de una fuerte medicación.
Tu suegro decide llevarla a la peluquería, su caballo blanquiverde tiene un aspecto lamentable. Hay que decidir por ella porque no tiene gestos de voluntad que no sean persignarse cada vez que abre una puerta, aunque sea la de la nevera. Eso y escuchar emisoras eclesiásticas que alternan misas con sermones de curas exaltados. Le ha dado por la religión...

Magaly hace lo que puede con su pelo y no quiere cobrar por su trabajo. Benjamín quiere pagarla, pero la dominicana asegura vivir del aire como los pájaros. Con sorna, tu suegro deposita veinte euros encima del mostrador y le indica que es "para alpiste".


Al salir, Teresa se revuelve. El viejo la lleva del brazo y no le permite persignarse. Hace el signo de la cruz y se queda tranquila. Por primera vez, desde que salió del hospital, habla en voz alta. Dice: "Estoy muy cansada".

¡Lo que ha tenido que pasar para que su Benjamín la coja del brazo!

Hasta el jueves, día en que me despediré de ti y de Benjamín.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta los capítulos 21 a 23 de Viene la noche, con la inminencia de la noche que se acerca para el protagonista."

sábado, 21 de mayo de 2011

HISTORIA, JUSTICIA, AMOR y PERDÓN


"Viene la noche", imagen tomada en el paseo marítimo de Marbella.

Comentario a los capítulos 15 y 16  de la novela "Viene la noche", de Óscar Esquivias.

Martes, 16 de enero de 2007.

¡Hola Sara!

Sigo contándote las calaveradas de tu suegro. Suena el teléfono, en la mesilla de noche, como en los hoteles. Teresa lo coge. Es una mujer y pregunta por Benjamín. El viejo va rezongando, quién llamará tan temprano.

 ¡ Clarita! Suda, le tiemblan las piernas, se sienta. Reproches en voz baja, cómo se te ocurre, que no , que no paso ahora, "que te va-yas a la mier-da, jo-der". No sabemos si tu pobre suegra no se entera o no quiere enterarse. Ya recibió suficiente información en aquella infernal cena familiar. Acacio se preocupó de que la tuviera abundantemente , qué mala leche, tu padre.


Sale como un rayo, deja plantada a Teresa. No, no puede acompañarla al dentista; ha de devolver un libro, menuda disciplina castrense gastan estas bibliotecarias, ni el comandante Gaitán.



Por fin, ahí hay una cabina, quedan tan pocas, marca el número de Clara. Se disculpa, estaba nervioso. ¿Puedes acercarte a la calle Pirineos? Apunta esta dirección.

Allí, en el pisazo del "Europeo", Benjamín espera, en albornoz. Decide sorprenderla con unos toqueteos a su anciano cuerpo, qué generoso el viejo. Clarita, tras la sorpresa, va regando el suelo con prendas interiores y exteriores, hasta llegar a la gran bañera. Cómo viven los ricos, allá voy, ¡al agua patos!



Una focha y un ánade en el Arlanzón.

Besos y juegos, qué calor, hay que ver cómo cumple ese pequeño calefactor que has traído. Suena una marcha muy británica, "Pompa y circunstancia"; pero no es su Graciosa Majestad la que anuncia su inminente presencia. Es el europeo dueño de la casa con su mando a distancia. Música y calefacción, un edificio inteligente, qué adelantos. Hay que dejar la casa a la carrera, casi sin secarse, van a pillar un catarrazo...







Se refugian en un merendero de la "Dehesa". Clarita tiene algo que contarle. Pone en venta su cochambroso piso y se va a Benidorm, con la odiosa hija y el bielorruso novio, más la criaturita de este último, un chollo. Su sueño dorado, vivir junto al mar, tal vez se troque en infierno.






Benjamín debería sentirse dolido, triste o aliviado. Nada siente, su corazón es un "pozo seco". Se miran a los ojos, ya está.





Una manaza le palmea amistosamente. ¡Lo que le faltaba! ¡Acacio! Menuda casualidad, mira por donde tu padre tiene que jugar allí su partida de ajedrez. Los dos compadres, unidos y amargados por culpa de vuestra declaración de "no genitalidad". Parece que estén dándose el pésame. Tu padre se muerde los labios y le aprieta el hombro. Tu suegro cabecea.


Vuelve a casa, Teresa ha dejado una nota, se ha ido con Flora, van a comer en un restaurante macrobiótico. De muy mal humor, busca algo comestible, todo le parece repugnante, tofu y marranerías así. Se queda frito frente al televisor.


Los timbrazos de Jaime le sacan de un profundo sueño. Ay, su hijo tan alegre, tan juvenil, con sus encantadores hoyuelos, atrapado por la "Casta Diva". Ya tienes otro mote, Sara. La "Ostra" pasó a la historia. No sabía que Benjamín fuera aficionado a la ópera.






Jaime acaba de coger una carta del buzón. Es de una tal Felisa. ¿Felisa? Será la secretaria de ese escritor, que no se digna a contestar por sí mismo. Qué cosas dice este hombre, perdónale tú y que le perdone Óscar. Esto último es fácil, los padres perdonan todo a sus hijos.




Muy nervioso, extrae un carta manuscrita y una fotocopia de un documento antiguo. Escribe una desconocida Felisa Hurtado. Le cuenta que supo de la muerte de su hermano Aurelio, por la esquela, en la prensa. En la venerable residencia de ancianos sacerdotes, le han proporcionado la dirección. Aurelio fue párroco de su pueblo Y , al enterarse de su fallecimiento, se le removieron muchos sentimientos.


Sigue leyendo, mientras Jaime hace un poco de cena. El padre de Felisa se llamaba Jacinto Hurtado y murió tuberculoso, en el penal de Burgos, cuando cumplía cadena perpetua. El destino de este hombre estuvo en manos de su "señor hermano". Le adjunta la fotocopia de un documento rescatado de los archivos de la Audiencia de Burgos y publicado, hace poco, en un libro de HISTORIA. Comenta que ahora se empieza a hacer JUSTICIA, aunque eso no pueda consolarla. Añade que , como cristiana, reza por el alma de su hermano.



Benjamín grita, qué me cuenta esta "tipa", por qué escribe esas palabras con mayúscula...La fotocopia es un documento escrito a máquina, con la firma legible de Aurelio Tobes, al pie. Es un informe redactado a petición del Tribunal de Responsabilidades Políticas, sobre la actitud de los vecinos, antes del 18 de julio de 1936.



El cura párroco informa de que el panadero Jacinto no iba a la iglesia y presumía de ello. Suscrito "a la mala prensa", sostenía que los apóstoles eran comunistas, que Jesucristo no fue Hijo de Dios, tuvo hermanos e hijos y no resucitó. Y, para más inri, era partidario de vender los bienes del clero, un Mendizábal en ciernes. Se despachó a gusto el señor cura, creando infiernos para sus feligreses más díscolos.

En parecidos términos informa de otros vecinos: el peón caminero, la sastra, el pastor y la "pasionaria" maestrita. Y de otros , menos mal, no puede decir gran cosa.


Benjamín agita el papel, ¡insinúa que a su padre le "enchironaron" por culpa de su hermano! Hace falta ser mala persona para enviar esto, dice. Para restregarle en el rostro la palabra HISTORIA, como si fuera mierda.

Jaime le pregunta si sabía que tío Aurelio había hecho esos informes. No sabía nada, en el 39, en el 40 estaba achicharrándose en Canarias, deslomándose para construir los barracones de su cuartel. Le mataron a su hermano y a su padrastro. Y el salvó la vida por los pelos. ¿Qué le va a contar Felisa? ¿Se va a poner él a buscar a aquellos milicianos?



El hijo intenta calmar al padre, cada vez más alterado. Como respuesta, éste le acusa de tener "cuajo". Y tal vez piense que la de la carta ha hecho bien.

No, tu marido no ha dicho nada; pero me da la impresión de que no le parece tan mal la misiva...
Ahora viene la filípica. Que no piense mal del tío, de derechas; pero honrado, íntegro, incapaz de hacer el mal. Si le pidieron esos informes, él respondió en conciencia, qué iba a hacer, buenos estaban los tiempos. Seguro que fue generoso, calló muchas cosas y no inventó nada. No creo que a Jaime le convenza esta defensa tan torpe. En realidad, tampoco se la cree el defensor...

Antes de cenar, Benjamín se pone a la tarea de contestar a "la Felisa de los cojones". Sólo le dice que el espíritu cristiano se resume en AMOR y PERDÓN. Y que no remueva las tumbas y deje descansar a los muertos.


En el momento de firmar, aparece Teresa, lo ha pasado muy bien y trae el pelo verde. Comida, peluquería, mandalas y se le ha hecho tardísimo. Esta mujer está cada vez más rara...


Jaime se encoge de hombros cuando su padre le pregunta qué le parece lo que acaba de escribir. "Demasiados paréntesis", acierta a responder. Nunca hubiera pensado que el tío Aurelio...

Viernes 19 de enero de 2007.

Benjamín va al piso de la calle Topete, Clarita ya no vive allí. El cartel de una inmobiliaria anuncia que está en venta. 



Tomada del blog "En un acorde azul"

Le abre un muchacho "negro como un tizón", es de la agencia y se llama Nelson Giménez. Le pregunta si le gustaría ver el apartamento. El piso no lleva más de dos días vacío y ya da la impresión de ser un cascarón vacío. Los mismos muebles, pero no huelen a Clarita. Sin sus mascotas, sin sus muñecas, aquello parece un decorado teatral.

Nelson no se puede imaginar lo dolorosa que es la visita para este anciano. De repente, se da cuenta de que ha perdido algo importante. Va a echar mucho de menos a la "tipa", la "viejecita" que tuvo la osadía de enamorarse de él.

Antes de marchar, comete una travesura que le devuelve el buen humor. Da la dirección y el teléfono de tu padre, para que el negrito le llame cuando haya ofertas. Chínchate, Acacio.

Regresa a casa sonriente. Veremos qué tal le va en su Burgos natal, puesto que planea una escapada a la Cabeza de Castilla. Hasta otro día, Sara.

Un abrazo para todo los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

sábado, 7 de mayo de 2011

"Juan, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"


"Viene la noche", imagen tomada en Burgos, en el paseo de la Quinta, junto al río Arlanzón, un tarde de tormenta.

Comentario al capítulo duodécimo de "Viene la noche", novela de Óscar Esquivias.

Sábado, 6 de enero de 2007, Epifanía del Señor.

¡Hola Sara!

Ya pasó aquella terrible Nochevieja. Vamos a ver qué hace tu suegro, algo alicaído desde aquella confesión vuestra, eso de la "no genitalidad". Ha quedado con Cebrianitos, en el bar "La Pampa". No te preocupes, que Benjamín no va a airear lo vuestro.



Cuando la negra Mildred llega y lo aparca en el bar, Benjamín ya se ha tomado el primer carajillo. Está triste , no es por su hermano Aurelio, muerto en vida desde hace tiempo, son "otras cosas". Cebrianitos no se atreve a preguntar.



Comienzan con la muerte del "Hogrible", un francés canaricida y monárquico fervoroso, en su republicano país. Recuerdan la ocasión en que estrelló contra el suelo a los cantarines canarios del mecánico Córcoles y la reacción violenta de éste, una persona de lo más pacífica, llave inglesa en mano.



Hablan de monarquías , en la televisión del bar sale la Pascua Militar, el Rey con su muestrario de medallas. Benjamín es republicano, feliz porque la calle Alfonso XIII, en su barrio de Tetuán, sea oficialmente la calle del Plátano. Cebrianitos, por el contrario, piensa en los reyes como seres humanos; dice que "en el fondo son personas desdichadas", preocupadas porque "saben que tarde o temprano se les echa".



Vuelven al tema favorito de la gente mayor, quién se ha muerto. Esta Navidad, ha caído el "Hogrible". De qué ha muerto: estaba pocho, tenía de todo un poco. Benjamín se decide, a ver qué opina su amigo de lo de no practicar sexo. ¿Recuerda Cebrianitos cuando le iba contando "Los miserables", capítulo a capítulo? Resulta que el protagonista, Valjean, no tenía necesidad carnal alguna.



Benjamín debería recordar que su compañero fue educado en el desprecio a las "novelerías". ¿A quién se le ocurre hablarle de novelas a un antiguo alumno de los paúles? Para Cebrianitos, era un culebrón retorcido y absurdo, sólo salvaba el episodio de la batalla de Waterloo. Y, exaltado, agita una cucharilla a guisa de espada.



Ahora se lo pregunta abiertamente, a que edad empezó a interesarse por las chicas. Y , para su sorpresa, le contesta que a los seis años. Benjamín fue mucho más tardío. A los dieciséis años, combatió en solitario el aburrimiento del servicio militar. A los diecisiete se estrenó, durante un permiso.



En realidad, pensando en tu Jaime, le quiere plantear si un hombre puede llegar a los treinta y cuatro años, sin que se le haya despertado el instinto sexual. Para Cebrianitos eso es rarísimo. Tu suegro no va a ir más allá en la conversación, no va a desvelar intimidades familiares, no te preocupes.

En el vestuario del hospital, te has encontrado con tres actores que se disfrazan de Reyes Magos. Ves un Gaspar tatuadísimo, con calaveras, guadañas y dragones; lo cubre con terciopelo y falso armiño.



Su aspecto fiero engaña. Son de una asociación cristiana que prepara funciones infantiles todo el año, sobre todo para la unidad de óncología infantil. Cargan en el saco los regalos de los Reyes Magos. Retiran dos paquetes, son para un niño que no jugará más.



Bandurrias, guitarras, espumillón. Dejas al alegre cortejo que lleva los regalos y te diriges, entristecida, a tu unidad. Tienes programado un parto de alto riego. El feto tiene terribles malformaciones y no vivirá. La madre tiene problemas de hipertensión y el ginecólogo ha decidido adelantarle el parto.



Se llama Rosa, es una joven ecuatoriana, reza y besa una medalla. Le acompaña su marido, lloran cogidos de la mano. Le ofreces bautizar al niño y ella encantada, se llamará Juan.

Compartes con el ginecólogo y la neonatóloga la pesadumbre de estos "partos silenciosos". Rosa sabe que su bebé vivirá unos instantes y que ella estará dormida. Ha pedido que le dejen morir dulcemente y que no se le utilice para atroces experimentos. El ginecólogo se lo ha prometido.

La cesárea es rápida. Recibes al niño y dejas caer unas gotitas de agua con una jeringa, sobre la frente. Le haces la señal de la cruz y lo llevas con la neonatóloga. En el camino, lo bautizas en el nombre de las tres divinas personas. "Ego sum hostium". Mujer, grande es tu fe.



No se reanima al bebé, su corazón no late, se certifica su muerte.

Es la parte fea de tu hermoso trabajo. Hasta mañana, Sara.

Un abrazo de María Ángeles Merino, para todos los que me visitáis.

jueves, 3 de marzo de 2011

¡A favor del amor, siempre!

Comentario a las últimas páginas del libro "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias.

La expedición llega a lo que queda de catedral y , allá en un agujero del muro , les espera regañando el estilita padre Talí. Quedan siete: Galaz, Formoso y cinco soldados. Recordáis que a Albiñana y a Garachana, Dios ya los tiene tirorí. Bueno, al doctor la divinidad lo tiene tirorí tirorí, dos veces muerto.

Llegan con la carroza del Corpus. En el lugar de la custodia han instalado al autómata Capablanca, una especie de robot , con aspecto de estufa de leña móvil y parlanchina.



Para salir del Purgatorio, alguien tiene que coger la llave de San Pedro, aunque no así como así. Talí les explica la necesidad de cumplir ciertos ritos. Si no los cumplen, la muerte y el Infierno les esperan. Ha de haber un mártir en carruaje de plata, un sacerdote verterá agua bendita y entonará la oración "Tribulare".



Al final del canto, el mártir puede agarrarla, mas perderá su alma, convirtiéndose en un bicharraco comedor de babosas.



Además, deberá entregar la llave a un enamorado porque sólo un enamorado puede abrir la puerta negra.

Como Villegas no especificó que tuviera que ser por mano humana, podrá el cacharro parlante arrancársela al medallón del primer Papa, en lo alto de la Escalera Dorada. Es muy trasto muy inteligente, ajedrecista con los "polillas", servicial camarero y defensor de utópicas doctrinas. Así se ahorran el mártir. Gil Formoso se libra, le había tocado la alubia negra.



Ahora falta el enamorado. Gil Formoso se ofrece como tal. Se considera enamorado de su Patria. Eso no vale, dice el fraile. Eso es como el amor a la zarzuela, al vino o a las malas mujeres.

Cuando Galaz declara que él girará la llave, Talí piensa que va a saltar con esa bobería de amor a la Patria, valiente mierda. Pero no, Galaz es un enamorado de "una persona", cumple el requisito. Se pone colorado, además.

Manos a la obra, hay que construir una rampa para entrar al autómata por el Claustro Bajo.



Ya están dentro, no hay quien aguante la utópica cháchara fourierana de Capablanca. Le tiran una piedra y se calla, qué alivio.



Entran por la sacristía, sus barrocas, amontonadas y coloridas figuras se persiguen a muerte. Falta de espacio en la cúpula.



El chubesqui agarra una trompa y toca fanfarrias de caza. Tutú tutúuuuu. Los soldados van a lo suyo y el brasero con pies de cabra huye, como alma que lleva el diablo. ¿O el diablo es él?



Llegan a la capilla de Santiago y , a partir de ahí, el suelo catedralicio se torna vegetal, bajo pétreas y hermosísimas bóvedas góticas. Charcas llenas de bicharracos, olor a aguas corruptas y un calor...Empantanado y selvático, el paisaje es de otra era geológica.





La carroza amenaza con hundirse. Tiran, empujan, apalancan las ruedas y consiguen llegar a un muro cubierto por la fronda.




El edificio tiembla, se abomba, respira,tiene vida. "Esta vieja se huele que nos vamos a escapar", declara el páter. Como tiene algo de gabacha y jacobina, es muy suya.



Hay que desbrozar una entrada taponada por la vegetación. Entre las hiedras, surgen dos atlantes que echan una mano con sus hercúleos brazos.Talí da una propina a los telamones, ahí tenéis un par de muelas para chupar.



Entran en una gruta que otrora fue fastuoso sepulcro...Empujan,¡culitos!, avanzan a ciegas. La carroza toma velocidad, los hombres no la controlan. Llega, ella solita, al final del corredor. Escorada, abollada,sin una rueda; pero consiguen ponerla en pie. El autómata se queja del "hostiazo", qué lenguaje; pero no tiene grandes daños y se encarama en su trono, muy digno.


Talí localiza, en el muro, a una ménsula que representa a Santa Lucía, con su pertinente bandejita con ojos. Introduce dos dedos en sus cuencas oculares vacías. La pobrecita mártir chilla de dolor y se desploma una pared, descubriéndose una capillita.


Las ruedas están inservibles, todos a empujar, Capablanca también.

Están en la capilla de San Nicolás, al lado de la Escalera Dorada. El padre la rocía con el agua bendita de una ampolla. Un esfuerzo más, se echan el carruaje sobre los hombros y lo llevan hasta el lugar indicado. Parece un paso de Semana Santa, con sus penitentes.



Talí comienza a rezar el "Tribularer" y le sigue un coro de voces purísimas. Es un motete de Peñalosa.





Todas las testas de piedra de la catedral entonan la polifonía. El pater interpreta que la "vieja perra" les quiere. Un rayo de luz ilumina la corona de San Pedro.

El medallón comienza a elevarse, ingrávido. Una de las llaves refulge, esa es.



Capablanca ha de cogerla, según se le ordena. Pero el autómata se hace el loco, ofreciendo ojimiel...Los soldados no pueden más. El sacerdote amenaza con una piedra al "trasto del demonio". Éste reacciona , alarga uno de sus brazos artificiales y obedece.

Silencio, estalla un estruendo, va decreciendo la luz y el padre está pletórico. El enamorado , se dirige a Galaz, que coja la llave y corra detrás de él. Olvídense del cacharro y dense prisa, que nos bombardean. El desventurado chubesqui llora y llama a su papi Teódulo.

Levantan una trampilla oculta tras un altar y acaban en un aljibe de aguas muy frías. La luz de la llave, que lleva Galaz , les sirve de linterna. El enamorado descubre en ella una inscripción latina. Dice que , con ella, le será franca "la negra puerta de las dos orillas".

Extenuados recorren un laberinto excavado en el corazón de los cimientos de la catedral. Dan en una cripta con dos ataúdes, llenos de huesos. Son los de los condestables de Castilla, que se chinche doña Mencía, que Talí no les dejó ni una sola pieza dentaria.



Como las losas están partidas, salen fácilmente al exterior. Se sienten como resucitados, abandonando el sepulcro.Y su alegría es como la de los marinos de Colón, al pisar San Salvador. Y van tan desastrados como aquellos.

La puerta, la puerta. Ahí está, Galaz ábrela.



Pero la cabeza de nogal se carcajea , les saca la lengua y les hace pedorretas.



El páter les ordena arrodillarse y reza la oración de San Lázaro. Ahora el Cupido Galaz ha de introducir la llave en la cerradura de la nogalina puerta. Pero el San Pedro cabezón amenaza con morder la llave. Sudando, reconoce que por ahí no se vuelve a casa. ¿Qué van a hacer ahora?

Galaz tiene una intuición, no hace caso a nadie y parece movido por una voluntad ajena. Según se va acercando al brazo meridional del transepto, se eleva el canto de las cabezas pétreas, otra vez el Tribularer. La catedral está de su parte, del bando del Amor.

Al llegar al brazo del crucero es como si despertara de una hipnosis. Pregunta ¿dónde está Rodrigo?



Un crujidoespantoso, los portones baten, rechinan las verjas, la nave central agita sus piedras...La construcción no puede más, se derrumba el presbiterio, la girola y las capillas del ábside.

Las cabezas cantan: "Ego sum hostium...". Yo soy la puerta, quien pase por mí, será salvo. Eso es ¡la puerta! El portón del claustro aparece medio sepultado por los escombros.




Galaz ilumina lo que queda de la imaginería de la puerta, le quita la gruesa capa de polvo y telarañas. El desfile triunfal de Cristo ante las murallas de Jerusalén y su descenso al Limbo.





Al páter le cuadran sus interpretaciones, aquí aparecen las dos orillas. La vida y la muerte. Jesús en vida y Jesús ejecutado, todavía sin resucitar, que baja a los infiernos y rescata a los justos.¡Están salvados!

¿Y lo del bautismo del agua y del fuego? Ahí lo tiene, coronando la obra. Cristo recibe las aguas del Jordán, no necesita limpiarse del pecado, pero se deja bautizar por San Juan, para enseñar a los hombres el camino de salvación.



La cerradura ¿dónde está la cerradura? Estará bajo los escombros. Efectivamente, debajo de otro dedicado a San Pedro, buen augurio, aparece la anhelada cerraja. Todos a casa.

La llave se encaja perfectamente, dulcemente. Un golpe de viento se lleva los escombros y la llave se convierte en una lengua de fuego mientras la catedral brama como un toro estoqueado. El fuego que purifica y no abrasa.



¡España! ¡Les espera su amada patria, su familia y amigos! Talí llora, todos se abrazan y besan.

Formoso quiere homenajear antes, a los caídos en estas tierras. El páter le aconseja que se deje de tontunas y se dé prisa. Los cinco soldados desaparecen en un mar de fuego. Sólo permanecen ya Galaz y el sacerdote. Éste le pide que salte y pise antes que él. No, Galaz se queda...

Qué disparate, ha perdido la chaveta. No, el cabo sabe muy bien lo que hace. Aquí se queda porque aquí está Rodrigo, su amor.

El cura manco desaparece por la lengua de fuego, al grito de ¡"A favor del amor siempre!

Galaz mira un buen rato aquella quema, la catedral se calma,el enamorado se duerme entre los cascotes. Se asoma al claustro, ve los magnolios en flor y el firmamento.



¡En qué momento tomó aquella amorosa decisión! No lo sabe. Avanza por la calle de la Paloma.



Su silueta es la de un ángel, un ángel puro y dispuesto a salir hacia a las estrellas.




Un abrazo a todos los que pasáis por aquí y,uno muy especial, a Pedro Ojeda.


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, sigue en su extraordinaria documentación gráfica y comentario de la trilogía de Esquivias: el despertar en el Purgatorio, el descubrimiento de una nueva ciudad que parece la misma (no se le escapa la oportunidad de unir el Greco a Esquivias), la vida en el Burgos paralelo, hasta la topera del padre Talín y el final de la novela (no se olvida de ninguno de los aspectos esenciales)."