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miércoles, 8 de marzo de 2023

Crónica en torno a El rigor de los signos. Notas para Pedro Aizpurúa, 2019-2020, de Diego Fernández Magdaleno.


Pedro Ojeda y el libro comentado, en la UBU. Mi cuaderno de notas...

Crónica de la reunión del 28 de febrero de 2023, del Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por el profesor Pedro Ojeda Escudero. El libro que comentamos fue El rigor de los signos. Notas para Pedro Aizpurúa, 2019-2020. La sesión comenzó a la hora habitual, las cuatro y media de la tarde, en el pabellón 5 de la Facultad de Humanidades y Comunicación, en el edificio del antiguo Hospital Militar. 

-(P.O.) Es un diario 2019-2020 que selecciona elementos de su relación con Pedro Aizpurúa.

Está bellísimamente escrito, es muy poético y se corresponde con sus otros dos diarios y su libro de poesía. Trabaja con la contención, el menos es más. No es diario de contar anécdotas.

Construye sobre la desaparición de gente que conoce, lo vertebra  la música evidentemente. No olvidemos que es un Premio Nacional de Música. Es la sensación de que hay una época que termina: la ética, la honestidad y la mediocridad de los políticos. Todo ello queda aumentado por la pandemia. 

Es un diario artístico sin anécdotas, con la exactitud del lenguaje musical, como si estuviese despidiendo a una época culminada por la pandemia, tomando nota de un fin de era. 

¿Estuvisteis con el otro libro? 

(Algunos estuvimos, con Diego Fernández Magdaleno inauguramos el curso 2015-2016. Sus palabras en El tiempo incinerado y la música de su piano, inolvidables). 

Es el tercer libro de Diego Fernández Magdaleno: El rigor de los signos. Notas para Pedro Aizpurúa, 2019-2020. 

Es un diálogo con su amigo Pedro Aizpurúa: canónigo, organista y compositor. Actualmente se ha perdido la convivencia con gente de ideología contraria. Aizpurúa no tiene nada que ver ideológicamente con Diego. Una tolerancia muy interesante. El autor refleja como, en estos tiempos, se ha roto.

¿Por qué este libro?  Yo entiendo que no hay argumento, no hay anécdota; pero la belleza del lenguaje, de los aforismos es impresionante, trabaja mucho la elipsis en unos aforismos que son como sentencias. Hablad vosotros. 

Los lectores (L) comentan y leen lo que más les ha llamado la atención, aforismos sobre todo. 

-(L) "Primera imagen captada de un agujero negro". (23)

"Por eso la tristeza huele a bosque recién talado, porque con ese aroma se despide". (25)

"La situación es grave, pero no seria". (25)

"Toda ausencia tiene lugar" (28)

-(L)  ¿No lo he entendido?

-(L)  El tiempo incinerado es más triste.

-(L) A mí éste me lo parece más.

-(L) Recuerda a Delibes:

"Miguel Delibes nació hace cien años...un fragmento de Un año de mi vida, donde se refiere  a su cincuenta aniversario, una cifra desde la que "se vislumbra la muerte" "(65)


-(L) Despide melancolía, sensibilidad.

-(L)  ... la muerte de personas queridas como la tía Katy.

-(L) ... la de su padre...

-(L)  En el día del cumpleaños de Aizpurúa, el primero sin poderlo felicitar:

"No hay que mirar al suelo para seguir tus pasos: solamente el aire sostiene la belleza y la bondad, porque amabas necesitan ser respiradas para renacer auténticas". (25)

-(L) "Se suceden tormentas, caen las hojas, las ramas y el jardín sigue intacto". (70)

-(P.O.)  Como va asumiendo el paso del tiempo.

"Los periodistas estaban sorprendidos ante el desconocimiento de tantas figuras, muchas de gran calidad, de las que no se recuerda ni el nombre". (32)

Como desaparece todo. Es un libro que está despidiendo una forma de vida.

-(L.) Políticos, como los pone. 

"Muchos artículos subrayan estos días el escaso nivel general de los políticos que nos representan en las instituciones: ignorancia...directrices, falta de rigor y coherencia..." (30)

-(P.O.) "Ninguna sociedad aprende mucho de su historia". (63)

"Lo sorprendente de la pandemia es que demasiadas personas tampoco han aprendido de su propia experiencia, del presente angustioso en que vivimos" 63

-(L.) Cuando el año ya es triste.

-(P.O.) Tristeza

-(L.)  Espectacular el 1 de enero:

"El primer año que comienza sin que hablemos" (15)

-(P.O.) No hay restos de nieve en el cementerio. Cae lo azul sobre las flores y la pena. (17)

"La muerte trae palabras que nos arrinconan. Y la vida nunca pierde ya la resonancia, los gritos, la impaciencia de esas voces. Es una fiebre extensa que recorre la memoria. Y lo destroza todo." (17) 

"Van sucediéndose tantas despedidas...que a veces me parecen estas páginas un libro de defunciones." (34)

Recuerda a un amigo que iba anotando los muertos. 

Pero su hijo Pablo le llena de vida: 

"Pero hoy es dos de septiembre, el cumpleaños de Pablo, y siento cómo me llena de vida su sola presencia, porque en él veo a todos los que amo, porque en su voz resuena la voz de quienes faltan." (34)

"La pasión por saber...siempre habrá un sentido para su vida." (la de su hijo Pablo) (35)

"Te gustaba recordar que la primera piedra de un monasterio es el silencio" (31)

"..y morir..." (38)

-(L.) Tristón. Aquí se lee de otra manera y no parece tan triste. 

-(L.) Un libro de cabecera que hay que tener. 

-(P.O.) "Uno de los momentos decisivos para el profesor de un instrumento se produce cuando al alumno comienza a despegar lo estrictamente sonoro..." . (55)

-(L.) Conocí a una chica que estudiaba piano, desolada porque le habían dicho que tocaba sin alma. 

-(P.O.) Viene la pandemia y...

"Para que seas consciente de cómo ha cambiado todo hoy, en la terraza de Cubero, siento un escalofrío de emoción al ver un café y un periódico sobre la mesa. " (59)

-(L.) A todos nos ocurrió algo así, cuando salimos por fin a la calle, como los toros del toril. 

-(L.) El primer día, tomar un café era importantísimo.


-(L.) También hace una reflexión sobre el cine, nunca vio tantas películas como en las semanas de confinamiento, pero sintió "la nostalgia de las salas", la "insustituible experiencia del cine". 

-(L.)  Añora la pantalla grande.

-(P.O.) La pandemia  a él, que no es la alegría de la huerta...

El aire del patio "calma levemente la pesadumbre que respiro". (58)

Una visión muy negativa.  

-(L.) Acepta la muerte "y , sin embargo, tengo ganas de todo". (21)

-(P.O.) Ese todo es la belleza, la cultura, la familia. 

"Vivimos momentos tan confusos, que una mentira se propaga a mayor velocidad cuanto más falsas sean las emociones que la envuelven" . (60)

¿Por qué el título El rigor de los signos?

En la música vanguardista no se buscan las emociones, él puede tocar a Chopin pero no muy bien. Es especialista en la música vanguardista de la segunda mitad del siglo XX. Aizpurúa es el más importante. El rigor de los signos es esa música que busca el placer estético, no la emoción; que te emociona a través de signos. Por eso, para la portada ha elegido un cuadro abstracto de Kandinsky. Está buscando ese arte que se aleje de lo emocionalmente fácil. Ahora se busca lo emocional, ha vuelto la emoción, las vísceras; él añora otra época, con un amigo, Aizpurúa, que piensa distinto a él. 

Un libro excepcional.

-(L.) Buscaba un diario con más carne. 

-(P.O.) La creación del límite. El paisaje es el que construye la ventana. Pureza de vanguardia. 

Despedida de una época.

-(L.) Tristón. 

-(L.) Sabe que, a su amigo, va a gustarle este aforismo de Gregorio Luri:  "Los monjes de clausura no rompen su voto de silencio al cantar." (63)

-(P.O.) En el que leímos antes (El tiempo incinerado) se notaba su condición de votante de determinada opción política, ahora la decepción es general. 

-(L.) Un amigo que trabajó en un periódico lo llama, muy deprimido, por el vacío que sufre tras la jubilación : nadie lo llama, ni le envía sus libros o sus discos, no lo felicitan ni en Navidad ni en su cumpleaños. Diego escribe: "La vanidad hace creer que cualquier elogio es merecido y toda crítica injusta...Un buen periodista, sí, pero nunca fue lo que ese coro le cantaba...". (58) 

-(L.) Le criticaban a sus espaldas.

-(P.O.) La gente te utiliza y luego se olvida.

Selecciona una escritura muy contenida, muy sobria y muy poética.

-(L.) El prólogo de Joaquín Díaz nos lo presenta magistralmente: 

"El amor y el recuerdo marcan a fuego las páginas de un cuaderno íntimo y reflexivo en el que el autor va anotando efemérides que el tiempo transforma en emociones".

 -(P.O.) Joaquín Díaz es uno de los grandes, un absoluto sabio. 

 El título hace referencia  a evitar las emociones fáciles, trabajar lo abstracto, la abstracción donde podemos encontrar placer estético. 

-(L.) Él se emociona...

 -(P.O.) Él no es partidario de las anécdotas facilonas. 

-(L.) Hablando de normalidad, recuerda una cita de Witold Gombrowicz: "La normalidad es un equilibrista sobre el abismo de la anormalidad". (61)

-(L.) Me gusta como recuerda a su tía, la ve. 

"Katy murió hace medio año. Allí donde a veces la encontraba, ahora la veo siempre." (29)

-(L.) Mucha pureza, luego se emociona como un becerro. 

-(L.) Es una prosa poética de una belleza increíble.

-(L.)  Un poeta.

-(L.) "Busco en el parque luces que escondí en la infancia" . (23)

¿Muerte? 


-(L.) David Trueba, en El País: "La mascarilla nos obliga a perfeccionar la amabilidad sin boca , la elegancia sin nariz y la galanura sin barbilla, pero aún nos queda un resquicio para demostrar la humanidad". (62)

-(L.) Amistad, ausencias, familia, citas literarias y filosóficas, la pandemia, el mundo viejo y el mundo nuevo, pensamientos y la música que lo vertebra todo y es todo para Diego Fernández Magdaleno y Pedro Aizpurúa. 

Tal vez haya lectores a los que el árbol les haya parecido demasiado podado, echen de menos más ramas como en "El tiempo incinerado" y se hayan preguntado por qué un libro así. Ahora, tras esta sesión, tenemos la respuesta. 


Termina la reunión y Pedro Ojeda nos recuerda la próxima lectura, para marzo: El solitario de Concha Méndez. 

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

El rigor de los signos. Notas para Pedro de Aizpurúa, 2019-2020 . Diego Fernández Magdaleno. Ediciones Fuente de la Fama. Primera edición, abril 2022.

lunes, 5 de octubre de 2015

Diego Fernández Magdaleno, con sus palabras y su música, en la inauguración del curso 2015-2016, del Club de Lectura de "La acequia".



Entrada final para la lectura colectiva del libro "El tiempo incinerado" del músico Diego Fernández Magdaleno, dirigida por el profesor Pedro Ojeda, en su blog "La acequia" y en el Club de Lectura de la UBU. 

En esta ocasión, redacto un pequeño reportaje que recoge la inauguración del curso 2015-2016 del Club de Lectura, el día 2 de octubre de 2015, en el Auditorio de la Fundación Caja Círculo, en la calle Julio Sáez de la Hoya, en Burgos.

Comienza el acto con la intervención del presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, D. Manuel Sancho. Tras el agradecimiento a la Fundación Caja Círculo, y saludarnos a todos los asistentes, nos presenta a Diego Fernández Magdaleno y a Pedro Ojeda:

D.F.M. ocupa un importante lugar en el panorama de la Música Española Contemporánea, con doscientos cincuenta estrenos absolutos y el Premio Nacional de Música. Culto, sólido y sensible, con una creatividad fresca y entusiasmada.

El tiempo intimista, sentimientos que van y vienen, el debate se presenta interesante. Toman la palabra Diego Fernández Magdaleno y Pedro Ojeda. Gracias y éxitos.


Pedro Ojeda puntualiza que Diego Fernández Magdaleno viene como autor, como un gran escritor, un magnífico escritor.

Estamos, además, ante uno de los mejores intérpretes de piano que hay en Europa y vamos a escuchar unas piezas musicales dedicadas a su padre. No es la primera vez que toca para su padre; pero es la primera vez que se unen las dos líneas: la literatura y la música. Es un acto bonito, un privilegio, gracias a la generosidad de Diego.



“El tiempo incinerado” es el diario de 2004. Ha sido nuestra lectura durante este mes de septiembre.





Continúa en “Razón y desencanto”, los de 2005 y 2006. Son libros prácticamente agotados que no van a volver a estar en el mercado.


En el mismo caso está  el “Poemario” ("El libro del miedo") del que le hubiera gustado proponer una lectura colectiva, pero no es posible, ya no existe.


Pedro Ojeda nos pide que no le cansemos mucho, que "lo bueno si breve, dos veces bueno", que nos quedemos con ganas de que venga otro día.



Diego Fernández Magdaleno lee como escribe y como da clases. Hay una coherencia que se percibe en su obra. ¿De qué manera esa coherencia?

Antes de contestar a la pregunta, D.F.M. destaca el trabajo extraordinario de "La acequia" y da las gracias a la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos por hacer posible este acto tan especial para él y a los lectores "por la paciencia que han tenido para leerme".

Desde pequeño necesita la música y la escritura de tal manera que no sabe distinguir cuando surge una y otra necesidad. La técnica es distinta, la vocación es, en ambos casos, es la de hacer "lo que no puedo no hacer": tocar y escribir. No piensa en que sean tareas distintas, no decide cuando una cuando otra.

Para P.O., cuando Diego interpreta tiene esa coherencia, se percibe el estilo.



P.O. ha recogido preguntas de gente que no ha podido venir:

-¿Por qué un diario? ¿Por qué 2004?


Por azar, ha escrito diarios siempre. Virginia Woolf decía que "las cosas suceden cuando se escriben". Él piensa algo parecido y levanta acta de algo que le ha sucedido.

¿Por qué publicar tu diario?

Por casualidad, se lo dijeron cuando ya había empezado el 2004. Se preguntó, como Virginia Woolf, qué ha pasado, cómo era el sol. No sabía que el 2004 había de ser tan importante, surgen temas que no estaban en sus diarios anteriores. No contaba con la enfermedad de su padre. El diario iba a ser sobre música, literatura, algunas personas...En un diario hay fechas, toda persona se conmueve ante una fecha, la fecha es imposible obviar.

¿Hay dos versiones del diario?

Interviene la corrección, la eliminación de cosas que, por pudor, no se pueden escribir. Escribe el día que figura, después corrige, reduce.

¿Una emoción, una idea?

Escribe por la noche, aunque no siempre. No selecciona, se impone algo concreto y sobre ese tema escribe.


Nunca lee lo que ya no puede cambiar. Ahora ha vuelto a leer "El tiempo incinerado" para responder a las preguntas. Tiene 43 años, tenía 32, es una persona distinta, hay cosas que ya no piensa como el que escribió este libro. Hay una vehemencia que ya no tiene, ahora no le importa no tener razón. Sin embargo, se reconoce en las personas que salen, lo que hay de él en esas personas. Pero la seguridad que tenía ya no la tiene. En educación, en política...ya no la tiene.

¿Cómo interpretas el mundo a partir de círculos concéntricos?

Luis, su representante, comprende que no se vaya de Medina de Rioseco. Las raíces, los amigos que le van construyendo, eso es lo que sigue vivo, las personas. Lo preocupante sería que siguiera pensando igual. Lo sustancial sigue unas coordenadas similares. 

¿Por qué vives en Medina de Rioseco?

Porque le gusta vivir en comunidad, donde le conocen, entra en una cafetería y saben lo que quiere tomar, en todas partes hay algo de él, es una relación personal. Le dicen que piensa así porque no trabaja en Medina. Sólo tiene allí relaciones positivas, "por eso soy hijo predilecto" afirma. Donde ha vivido su familia, una manera de vivir necesaria, entiende que muchas personas no lo vean así.



"Diego no es dogmático, ni para sí mismo, ni para los demás" concluye Pedro Ojeda y nos cuenta la anécdota de aquel día en que paseaba por Medina y la persona que le acompañaba miraba el escaparate de una zapatería. Empezaron a hablar con el zapatero y la conversación era Diego. Las personas son parte de su espacio, uno enseguida ve su mundo, aunque no conozca Medina de Rioseco.

Un diario se selecciona, "esa calidad de escritura es igual que cuando se acerca al piano", opina P.O. 


Para la selección, Diego dice confiar en en algunas personas que le dicen que algo está listo para ser publicado. Acaba de grabar un disco, comprende que hay que grabar discos; pero "la música es algo que no se puede fijar".  Le cuesta sujetar, fijar: "el disco no es igual, yo no soy igual". No es posible bañarse dos veces en el mismo río, como decía Heráclito. Grabar es un esfuerzo de fijación: Luis, si no está Luis yo no lo grabo. Luis dice suéltalo y yo lo suelto y si no, no. No puedo separarme de la partitura...yo veo una obra y me gusta...me dice Luis eres tú y ya no me gusta tanto". 



En cuanto a los libros, un libro suyo es como ir con una maleta vieja, él no pude verlo desde la distancia.

Pedro Ojeda habla de trilogía, aunque él no lo haya considerado así. ¿Por qué terminar con un poemario?

Siempre ha escrito poemas pero le daba miedo publicarlos. Escribir y tocar el piano, este hombre qué hace.

"El tiempo incinerado" es el libro dedicado a la memoria de su padre."El libro del miedo" lo completa. Su padre está en el libro, él estuvo en la enfermedad de su padre, en los hospitales. Tenía cáncer pero había una normalización de la experiencia porque los problemas se jerarquizan solos y se impone una norma. 

El mundo se convierte en otra cosa, se establece una relación con la personas que han muerto. Diego nota la presencia de su padre y le hace decidir. Y hay cosas de sus maestros que hasta entonces no estaba preparado para aprenderlas. Es "la luz delas estrellas que han muerto". 

"La luz de las estrellas que han muerto". 

Ante esta hermosa frase, Pedro Ojeda dice que es la mejor definición que se puede dar a la enseñanza. La que esto escribe se pone a pensar, inmediatamente, en las estrellas muertas que le siguen dando luz.


Pasamos a las preguntas. 

A un lector le ha llamado la atención la rapidez con que lee, dice leer un libro en una tarde. ¿Cómo es posible? Diego se hace la pregunta que muchos hemos pensado: ¿Cómo puede este hombre leer en...? La respuesta: "leo siempre, leo despacio, vuelvo a leer, siempre estoy con eso". 

Otro lector ve contradicción entre "lo que te gusta tu profesión" y lo de "el que aplaude...aplaude a un esclavo". Le pregunta si todavía no ha asimilado lo del público o todavía estás mejor sin público.

Diego va desgranando una respuesta:

Me dedico a la música contemporánea, algo que no interesa a nadie. Tocar un instrumento es una esclavitud, da pánico usar esa palabra. Yo no puedo no tocar el piano.No puedo vivir sin hacer eso. La vocación es lo que no puedo no hacer. Si no hay público, no puedo tocar. Hay amigos que consideran que algo están haciendo mal si lo aplauden mucho. A las personas les gusta más reconocer música que escuchar música. El público es fundamental para un intérprete. ¿Dónde dice eso del público?

Pedro Ojeda aclara que Diego utiliza la duda para reflexionar, se le impone la necesidad de la música. Utiliza la duda para saltar a una forma de conocimiento mejor. Mejor sin testigos, dice el diario. 

Hay cosas del diario, afirma D.F.M., que ahora no piensa, ha cambiado. Eso fue una reacción a una mala experiencia de ese día. No sabe vivir sin tocar; pero el "debería estar practicando" es algo que pesa mucho. Lo resume todo la palabra angustia.

Toman la palabra otros lectores:

"Me ha parecido más fácil leer el libro ahora que te conozco".

"Es un libro difícil, es un libro para enseñar a pensar"

P.O. le pregunta si sigue pensando lo mismo de los "gerentes". 

Diego tiene ahora una opinión parecida; pero no la escribiría de una forma tan cruda:

La música contemporánea, su mundo, no existe en el mundo de la lectura, si le preguntan a alguien por ella...hay quien pensaría en Ramoncín. Y las personas que la gestionan no saben nada. Y no se puede ser gestor sin saber lo que se gestiona, no tiene sentido. Es como si a él le llamaran para gestor de la industria agroalimentaria de Castilla y León...Es imposible serlo sin saber cómo y sin saber qué.

Pedro Ojeda recuerda aquello de "pero es un buen gestor". Y cita el caso de gestores de teatro que nunca han visto una obra. 

El escritor Óscar Esquivias, tan querido en nuestro grupo de lectura, estaba entre el público y le preguntó:

¿Te cambió tu forma de escribir el diario cuando sabías que ibas a tener un lector? ¿Cambió tu forma de sentir el saber que se iba a publicar? ¿Publicarías los de la adolescencia? ¿Se los dabas a leer a alguien?



Óscar Esquivias entre el público.

Diego contesta que no modificó nada la escritura. En cuanto a los de la adolescencia se lo tendría que decir a Luis. Se los daba a leer a sus hermanos. Ahora no lo tiene tan claro como antes, cada día duda más de lo que piensa y no tiene tanta fuerza. Y nos confiesa:

"Estoy especialmente bajo últimamente".


P.O. piensa que "El tiempo incinerado" nos ofrece un abanico cultural muy amplio, maravilloso. Y tiene otro valor, el del testimonio de parte de la vida de un buen escritor y de uno de los mejores intérpretes de piano.

D.F.M. se define: Soy ahora menos dogmático. Esta nota no puede ser, yo nunca digo eso, yo voy hacia atrás.

Así es Diego Fernández Magdaleno. Gracias, Diego.

Se interrumpe el acto unos minutos, el pianista necesita concentración y silencio. Pedro nos recuerda la advertencia de no grabar en ningún soporte, respetando los derechos de autor y de imagen.  

Diego Fernández Magdaleno nos ofrece diez emocionantes minutos de gran música. Es una obra que Albert Sardá compuso en homenaje al padre de Diego, este conocía al compositor y le gustaba. Es una pieza basada en la música del flamenco. Después, todo seguido, como una suite, otras composiciones de autores españoles e ingleses. 

Diego se transforma al piano, ya no hay muerte, todo es vida. ¡Y qué vida la que brota de sus manos!


La que esto escribe no se sintió capaz de preguntar, le intimida hablar cuando no está en su salsa, en su ambiente habitual. Le hubiera preguntado por su fascinación ante la vida y la obra de tres poetas suicidas: Woolf, Sexton y Plath. Y por  la voz  que se desliza  "para buscar tu atención y no abandonarte nunca". Tal vez la de quien, tras el 11M, le cambió la ciudad en llamas por los amados cielos de Goya, "ella".

Las notas de mi cuaderno han cumplido su misión, hay cosas que se me habrán pasado por alto, los que estuvisteis allí podéis completar mi cuaderno y enmendar lo enmendable.


Un abrazo para los que pasáis por aquí y uno, muy especial, para el músico y escritor Diego Fernández Magdaleno. Los de la lectura colectiva de "La acequia" no olvidaremos las dos horas de la tarde del 2 de octubre de 2015, en el salón de Cajacírculo de Burgos, nunca, seguro. 

Gracias, Pedro, por traérnoslo.

María Ángeles Merino


jueves, 1 de octubre de 2015

"El tiempo incinerado": "la muerte, hoy, tiene olor, forma y sabor de sobra conocidos".



Comentario parcial al diario del pianista Diego Fernández Magdaleno: "El tiempo incinerado". Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

El viernes pasado, el sol otoñal pintaba lunares amarillos en la hierba del río; mientras yo releía la tercera parte de "El tiempo incinerado".

 "No hallé cosa en que poner los ojos que no fuera imagen de la muerte". Lo dejó escrito Quevedo y, en las páginas del libro, hay muchos momentos en que el escritor  no halla sino imágenes de la muerte. 



Y no solo la enfermedad del padre, también los muertos del 11 de marzo madrileño, los de los campos de concentración nazis, el trío de mujeres poetas sufrientes y suicidas tan admiradas, muchas de sus citas literarias. ¡Qué alegría de libro!

Por el contrario, sí, qué alegría de libro, porque allí bulle la vida, cuando Diego habla de música, "lo más parecido a la felicidad", "una necesidad contra la que nada puede hacer racionalmente", algo que "ni una sola página ayuda a comprender", "que solo existe al convertirse en experiencia". Pero que se hace realidad, gozosa realidad, cuando sus manos se posan sobre el teclado. ¡Ni siquiera la partitura es música!



Volví al paseo y a la tercera parte, más oscura que las dos primeras. Por eso releía, me daba la impresión de que algo se me había escapado. 

 "No puedes alejarte más porque hacia ti vuelve lo que intentas soltar con más ahínco".

Sí, el recuerdo vuelve con más insistencia si intentas arrojarlo de ti, como un pertinaz boomerang diría yo, distrayéndome con mis particulares recuerdos no gratos, que a nadie faltan.

Con mis recuerdos estaba , cuando casi tropiezo, es peligroso leer andando, con una compañera de la lectura colectiva. Nuestro diálogo, más o menos, fue así:

-¿Qué tal con el libro? ¿Difícil verdad?




-Sí, cuesta meterse en él. Y te irrita, al principio: una cita detrás de otra. Este hombre quiere ser sublime sin interrupción, pensaba yo, recordando a Umbral que, a su vez, recuerda a Baudelaire.

-Vaya, pues tú también encadenas una cita con otra. ¿Por dónde vas?

-Ahora estoy en la sesión de quimioterapia que dan a su padre el 2 de septiembre. "Los pacientes están sentados sobre cómodos asientos. Algunos leen y otros incluso duermen con aparente tranquilidad mientras le administran la quimioterapia".

-El autor hace como casi todos los acompañantes, en situaciones así: "mirar las hipnóticas gotas...como si lleváramos la cuenta". "Es una forma de tratar la impotencia, de sentirnos útiles". "Sabemos lo importante que es el estado psicológico de quien padece cáncer y a eso sí contribuimos".



-Metástasis, marcadores biológicos, las joyas del cisplatino y el carboplatino, el vocabulario del cáncer. "Nada sabemos". Todos los que acompañan en esa sala silenciosa son uno solo, comparten la confianza, sin ninguna certeza. Al uno y otro lado de las gotas, reina una dolorosa "aparente tranquilidad". El amor en ambas direcciones.



-A ratos cuenta las gotas y a ratos lee. Siempre tiene libros a mano, su salvación. ¡Pero qué libros tan tristes! Mira, al día siguiente, nos dice que acaba de leer una biografía sobre Anne Sexton. Coincide con ella en su fantasía ideal: "suicidarme, que me juzguen después y que me devuelvan aquí". Cumplió con lo primero, se dio un atracón de monóxido de carbono, pero lo demás...

-Sí, lo he buscado. Se puso el abrigo de piel de su madre, se tomó un wodka y se metió en el coche. Terrible. Víctima de un transtorno bipolar, había dicho: "Mis admiradores creen que me he curado; pero no, sólo me he hecho poeta". Como su amiga, la Plath, que se asfixió con gas, otra que tal.


Silvia Plath y Anne Sexton

-Y la Woolf se arrojó al río, con un abrigo de piedras. ¡Vaya trío! 



-Seguimos con el diario. El 4 de septiembre tiene lugar la matanza de la escuela de Beslán, en Osetia del norte. Una sola palabra en un titular:"Carnage", masacre, matanza. En español, nos suena a carnaza. "Niños semidesnudos, ensangrentados, obligados a beber su propia orina". En los periódicos de todo el mundo se reproduce la foto de una madre que acaricia a su hijo asesinado. 

-Como decías, la tragedia colectiva interactúa con la personal que vive el pianista, como ocurrió el 11 de marzo.


-El 5 de septiembre ve con su padre un documental sobre la Mafia. D.F.M. destaca la imagen paralela entre personas como Andreotti, llamado el tío Giulio, y el magistrado Falcone como modelo ético. 

-Un oasis en que padre e hijo ven juntos un documental interesante para ambos, supongo que en la televisión. Seguimos.

-El 6 de septiembre nos cuenta que le han encargado que escriba un prólogo destinado a un libro con textos destinados a "comprender la música". Se ha negado porque "la música no tiene una forma de comprenderse a través de la palabra","ni una sola página ayuda a comprender la música". 

-¿Cómo es eso? ¿Qué dice ahí de las sinfonías de Brahms?

-"Las sinfonías de Brahms se explican a sí mismas en su propia audición". Y la anécdota de Beethoven, al que le preguntaron qué pretendía decir con la sonata que acababa de interpretar, Respondió sentándose de nuevo para tocarla.

-Y Manuel de Falla escribió que "la música se aprende pero no se enseña". Muchas personas confunden la comprensión con la información, a veces reducida a lo anecdótico. Su admirado "Miguel Frechilla se refería a ellos como expertos en los cuadernillos que incluyen los discos
expertos en los cuadernillos que incluyen los discos". 

Discos con cuadernillo de información que no de comprensión. 

Escucha el final: "Cuánta pedantería se esconde en ese grupo, de los que se autodenominan melómanos. Precisamente para ellos va a publicarse ese libro,cuyo prólogo, como es lógico,no puede ser esto que escribo".

-El 7 de septiembre se habla a sí mismo: "Guardabas cuatro años en cajas y maletas, hacías inventario de un prolongado error que, sin embargo, aún no consideras del todo inútil". ¿Se refiere a una etapa sentimental errónea? 

-Sí, puede ser; pero escucha una voz en la que reconoce "La puerta en el muro" de H.G.Wells,  un cuento donde un niño encuentra, tras una puerta verde, la más absoluta felicidad, en un jardín preciosísimo. La voz se desliza en los armarios "para buscar tu atención y no abandonarte nunca". ¿Un nuevo amor que le trae la felicidad para siempre?


-El 8 de septiembre, el comentario gira en torno al libro "Leer, leerse" de Franco Ferrarotti: "la agonía del libro en nuestra época". El tal Ferrarotti faltó mucho a la escuela y agradece sus enfermedades infantiles que le permitieron disponer de muchísimo tiempo para la lectura, entendida como placer. Todo lo contrario a las lecturas escolares obligadas y sin misterio. No le falta razón en eso; pero se pasa cuando dice que la escuela ha caído en manos de...




...reaccionarios, pedagogos autoritarios, funcionarios tremebundos y atemorizados, lacayos que tienden a repetir cosas ya dichas, recitando a los clásicos como letra muerta. Hay de todo, señor Ferrarotti. Conozco a muchos docentes que luchan por contagiar a sus alumnos el gusto por la lectura e incitan su curiosidad intelectual, por encima de tremebundas leyes educativas y de cuadriculados inspectores. Las lecturas obligadas pueden ser muy tristes, es verdad, en eso le doy la razón. 


Pedro Ojeda, un buen profesor, recordando sus años escolares.

-No te lo tomes como cosa personal. "Leer, leerse" es el pequeño testamento de un verdadero enamorado de los libros". Ferrarotti dice que morirá con un libro en la mano, que esa será su extremaunción.

-Y llegamos al 9 de septiembre con el VI Encuentro de Escritores que se centró, en 2004, en Miguel de Cervantes, ante la celebración del cuarto centenario de la publicación de Don Quijote. Por ello, le encargaron un programa para el concierto que ha dado ese mismo día, centrado en músicas que tuvieran relación con la época o con los textos de Cervantes. Entre otras, interpretó obras de Cabezón y la "Serenata a Dulcinea" de Halffter, ante buenos amigos a los que siempre desea ver. La amistad hizo más hermoso su trabajo.

-Y el quijotesco pianista llenó la sala...


-Uno de esos buenos amigos es Luis Felipe Comendador: escritor, editor, impresor, director de un seminario y presidente del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad en Castilla y León. 

-Y anciano de la tribu Tatooga, en Tanzania. No lo olvides. Alguien que "ha dado mucho más de lo que ha recibido. Y es injusto".



-El 11 de septiembre vuelve al tema del cáncer. Cree que "la dificultad psicológica en un enfermo de cáncer reside en distanciar, lo máximo posible, su mente de su cuerpo". Es la conclusión a la que llega, después de charlar con muchos enfermos y con su padre. 

-Porque, cuando no hay posibilidad de curar y el tratamiento es solo paliativo, "es casi imposible que la metástasis no llegue también a la voluntad de hacer frente a un porvenir incierto". "El enfermo entrega su cuerpo a otro...el oncólogo...No podría explicarse de otro modo la abnegación con que admiten cualquier tratamiento...". 



-Al día siguiente, día 12, escribe sobre un doctor alemán, Peter Schönhöfer, que ha sido llevado a juicio muchas veces por las industrias farmacéuticas. Ha denunciado el fraude de los laboratorios y la presión que ejercen sobre los médicos para controlarlos. Nunca ha perdido ningún juicio, aunque las cantidades reclamadas, podrían haberlo llevado a la ruina.

-Concluye que la vida humana, en el mercado, tiene un valor escaso.

-El día 13, D.F.M. escribe sobre el periodista cubano Raúl Rivero , condenado a veinte años de cárcel, "por actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado" y cumplía entonces la sentencia, en condiciones infrahumanas. 

-Diego imprimió, en el programa de uno de sus conciertos, un poema de Raúl Rivero, "como homenaje mínimo a su causa que es la libertad y el valor frente a la tiranía".



-El día 14, no pudo dormir, no puede hacer nada para que la enfermedad de su padre siga avanzando. Nadie puede y ha traído a su habitación tres libros con el mismo título: "La muerte". Tiene una sensación del todo nueva: "por primera vez, pensar la muerte no es sólo un ejercicio intelectual: la muerte, hoy, tiene olor, forma y sabor de sobra conocidos". 

-Comenzó la página del diario con Epicuro: "Nada es la muerte para nosotros, puesto que cuando nosotros estamos la muerte no está, y cuando ella llega no estamos ya nosotros".



-¿Te parece un consuelo que sea así? 

-Puede serlo, para la muerte como experiencia individual. Mas "la muerte de los que amamos sí está al mismo tiempo que nosotros". Es "un ensayo de nuestra propia agonía". No sólo desparece el otro, sino "todo lo suyo que era nuestro", "un tejido que se desgarra", "un silencio indescifrable".

Me despido de la compañera de lectura, nos veremos este viernes. Completaremos nuestra visión de "El tiempo incinerado".

Hasta aquí he llegado con mis comentarios...

Un abrazo, para todos los que pasáis por aquí, de:

María Ángeles Merino Moya

jueves, 24 de septiembre de 2015

"El tiempo incinerado": "El dolor no redime a nada ni a nadie: el sufrimiento es el aroma de la muerte".


Comentario parcial al diario del pianista Diego Fernández Magdaleno: "El tiempo incinerado". Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

El 22 de julio, el sol aplasta la fachada de la habitación, el calor es espeso y huele a hospital. Por el pasillo deambulan  algunos enfermos portadores de bolsas de suero sanguinolentas. Otros, exhaustos, permanecen fijos al lecho. Las visitas bulliciosas aumentan la soledad de los que no tienen otra compañía que la del sacerdote con su "sonrisa de extremaunción".

El menor gesto de amabilidad de un médico se recibe con un agradecimiento excesivo. "Ante unas palabras de ánimo nos asalta una desbordante alegría". Si el suceso es adverso, sólo cabe subir la dosis de resignación.



El 23, D.F.M. comenta "Yo, otro". Su autor, Imre Kértesz aborda el problema de la identidad, su condición de judío, en un recorrido por diversos países europeos, en los años noventa. Es un "libro implacable y conmovedor" en torno al antisemitismo, escrito  por un confinado en  Auschwitz  que siente "la obligación moral de recordar", aunque le muerda el perro del recuerdo. En un "tiempo de recapitulación", el músico viaja desde su tragedia individual a otra colectiva cuyo recuerdo se resiste a ser incinerado por el tiempo. 


Y el 24, termina de leer "El don de la ignorancia", de José Corredor Matheos, un Premio Nacional de Poesía. 

Lo hace en la terraza de un apacible parque junto a la dársena de un canal muy literario. Diego se recrea en "una visión detenida de lo fugaz, una cristalización del fluir o una aprehensión del destello que los objetos o el paisaje ofrecen al sujeto". Y, antes de acostarse, entrará de nuevo "en cada verso", "como en un lugar querido ya". 



El 25, lee en "El País", las razones  de Vargas Llosa contra la llamada "excepción cultural". Los argumentos son sólidos y está parcialmente de acuerdo; pero cree que "ya existe la excepción cultural en numerosos ámbitos que no tendrían lugar sin un criterio político que los apoyara econónicamente, al margen del mercado". Piensa que es excepción cultural, sobradamente justificada, la que permite representar la obra de un escritor contemporáneo, o el precio fijo de los libros u otras que, de no existir, "convertirían nuestra sociedad en un desierto", no tan lejano. Confiemos, Diego, en que no se haga realidad tamaño desierto.

Libros, periódico, música, cultura. "¿Un modo infalible de eludir una intimidad angustiosa?". No. "La huida se produce, es cierto, pero sólo temporalmente". El 29, leemos:

"A mi padre le volverá a ver un médico dentro de quince días. No podemos esperar tanto."

El 31 nos dice que ha cancelado "todos los cursos y conciertos que iba a dar en julio y agosto para estar junto a mi padre todo el tiempo que pueda". Se siente sin fuerzas, no tiene el menor interés en llevar a cabo nuevos proyectos. Se le representa la imagen con que Pascal pinta la condición humana, la de condenados a muerte que ven como otros son degollados mientras esperan su turno. Yo he recordado "El martirio de San Mauricio" pintado por El Greco.


"El martirio de San Mauricio", El Greco (Wikipedia).

El 1 de agosto huye de nuevo y escribe una página que comienza en "Sacrificarlo todo" y finaliza con "veneno". Cita a Coetzee que escribe en "Juventud". 

"La gente feliz no es interesante. Mejor aceptar la carga de infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena, poesía, música o pintura."

Se siente reconocido en ese anhelo del joven escritor sudafricano en Londres en busca de su destino de artista. "Pero sólo quien desde siempre ha querido penetrar en el secreto de la música, la poesía o la pintura, es capaz de entender lo que significa la peculiar sinrazón que mueve las vidas marcadas por ese veneno". 



El 3 de agosto le llaman para tocar en el encuentro de escritores que organizan Gonzalo Santonja y Luis Felipe Comendador. Ha participado en varias ediciones y tuvo la oportunidad de conversar con escritores de primera fila, entre los que destaca a Antonio Gamoneda, un poeta que le conmueve siempre, el que dejó escrito: "La música es el origen del pensamiento poético". El que ama la vida aunque sea un fracaso, aunque el frío ande por ahí, aunque los hombres mueran y no sean felices, si algunos no se dan cuenta...les felicita. 

Bruscamente, el 4 de agosto: "Pamplona. Clínica Universitaria de Navarra". Es donde ha sido trasladado su padre, para someterse a pruebas en unos plazos a los que no les tenía acostumbrados la Seguridad Social. "Orden y calma...porque de ellas se derivan la dedicación y el afecto que el enfermo y sus familiares necesitan". ¿Orden y calma o rapidez? 



La Clínica, una librería y la habitación de un hotel. Es todo lo que ha visto, a 6 de agosto, de Pamplona. Un poema de José Ángel Valente, al que puso música Mauricio Sotelo, se le aparece "de forma obsesiva,como esos cantos que no nos abandonan, por mucho esfuerzo que pongamos": "Si después de morir nos levantamos...qué dolor el morir...".



 Acompañan a su padre en la Clínica: su madre, su hermano y él. Hoy, 7 de agosto, llega el resto de la familia. Cuando se acerca la noche, se acercan a él uno a uno, como en un poema de César Vallejo, "esperando que pueda levantarse y salir de allí definitivamente".

El 11 de agosto, el autor comenta el hipotético "Parque de la Felicidad" que diseña Henry Stangerup, en "Un hombre que quería ser culpable".  Un parque donde hay un teatro para los que se creen actores, estudios para los que quieran pintar o esculpir, un parlamento para los que sueñan con ser políticos, una pequeña editorial para jugar a escritores...Un hombre asesina a su esposa, pero un psiquiatra le recrimina, no sabe que la sociedad está a punto de abolir el concepto de culpabilidad. "Sólo existe lo contingente, la circunstancia de cada persona...Se les niega el derecho a tomar decisiones sobre su propia vida. Por lo tanto, el hombre no es culpable del asesinato...insistía en su culpabilidad...va a perder la razón". Y escribirá: "libros socialmente conscientes en el parque de la Felicidad".



Falsa y diseñada felicidad en un "paraíso" donde nadie es culpable de nada; pero tampoco es libre para nada. Un mundo tan "feliz" como el de Huxley. Tal vez Diego meditara acerca de lo cerca o lo lejos que estamos de los infiernos literarios propuestos por Stangerup, Huxley, Orwell o Bradbury. Como si fueran "mejorables" los infiernos personales que la vida nos ofrece de vez en cuando. 



12 de agosto. Nunca ha tenido tan claro lo que debe hacer: ocuparse de su padre junto a su familia. Ante la enfermedad, los problemas del mundo se jerarquizan. 

A muchos nos educaron religiosamente en la creencia de que el sufrimiento servía para algo, redimía. D.F.M. leyó un día: "El sufrimiento es embrutecedor". En el diario escribe:

"El dolor no redime a nada ni a nadie: el sufrimiento es el aroma de la muerte".

Tras la palabra muerte, la atención se concentra, el 13 de agosto, en las imágenes que revela su hermana Alicia.  Se enciende la luz y "ves en blanco y negro los huecos que el olvido desterró de tu vida". Subrayo "olvido".

El 17 de agosto: "No está, pero notas la risa en el temblor de su cuerpo sobre el suyo. Tu identidad es la memoria, y tu memoria es su voz: las palabras que llegan con el sorbo de agua que rodea sus cuerdas...Te devolvía la pregunta, para dejarte claro que la tarde es transparente desde abajo hacia arriba..." Creo entender aquí un diálogo sin palabras entre el padre y el hijo.

Pero los libros que lee llevan todos la misma palabra: cáncer. Su vida es ahora de papel y ya no es suya la sombra que acompaña su paso, mientras camina entre los campos de trigo. "La tarde ha vuelto a equivocarse". 



El 19 de agosto, su padre ingresa de nuevo en el hospital. La quimioterapia, la médula ósea, los glóbulos rojos, anemia. "La enfermedad agiganta el presente de quien amas y sufre". Tal vez sea necesario acariciar la muerte para conocer la vida. Es cierto, "la vida sin muerte es el feliz patrimonio de los niños y tú no eres ya un niño, ni tienes esa dicha". Y lee a Juan Luis Panero para confirmar que "sólo son tuyas -de verdad-la memoria y la muerte".

El 20 de agosto hay un sillón junto a la cama, para pasar la noche. Su padre se durmió cogido de su mano, "desde esa fuente mana la alegría". 

23 de agosto, Consejos, desde que diagnosticaron el cáncer a su padre, no ha dejado de recibir consejos por parte de personas analfabetas en medicina. "Para dar consejos hay que tener un mínimo de autoridad". Él nunca da consejos, ni siquiera a sus alumnos. El oncólogo Lucien Israël ha escrito que el cáncer no desaparecerá, que existirá mientras existan organismos pluricelulares; pero se sabe cada vez mejor retrasar su aparición  y "cómo frenarlo, estabilizarlo, hacerlo crónico". Es lo que ayuda, lo demás es hablar por hablar. 



Por fin , el 25 de agosto, hay buenas noticias:

"Mi padre tiene la voz muy clara, los glóbulos rojos en su número apropiado y se mueve con facilidad. En unos días, lo que era natural ha pasado  a ser extraordinario". 


El 26 de agosto comparte con nosotros, y con sí mismo, el recuerdo y el reencuentro con "un platónico amor adolescente". "Has visto a Coque", con la misma frescura en la sonrisa y la timidez de sus gestos, "hermosamente ingenuos", igual que cuando era estudiante de Bachillerato, ahora que es médico en Bruselas. "Al volver a casa, has traído varios años de tu vida: ella los había guardado en un cofre invisible que hoy ha querido abrir sin apenas darse cuenta". 

El 27 de agosto, lee en ABC, una entrevista a Cristóbal Halffter. El músico afirma ser un compositor más y, por ello, le incumbe la situación desprotegida del compositor en España. D.F.M. nos dice que eso es cierto en parte: " de todos los ámbitos de la cultura, la música es el más abandonado, tanto social como institucionalmente, pero Cristóbal Halffter ocupa un lugar privilegiado dentro del panorama musical español...mientras otros autores de similar valor son ignorados sistemáticamente...". 



El 28 de agosto, nos habla de Thomas Mann, como autor contrario a la ideología nazi y enemigo declarado de Hitler. En 1932, recibió un paquete, dentro sólo había papel quemado. Pudo distinguir que se trataba de su obra "Los Buddenbrook". Era un siniestro aviso para quien se había manifestado contra el peligro de la ideología nazi. Se marchó y jamás volvió a Alemania, pero no cesó en su compromiso contra la tiranía de Hitler. D.F.M. acaba de leer una recopilación de sus emisiones radiofónicas dirigidas a sus compatriotas: "Oíd alemanes...". 



Para Mann: "el individuo Hitler compone  la más repelente figura  que jamás haya enfocado la luz de la historia". Mendacidad, crueldad, espíritu vengativo, rugidos de odio, fanatismo vulgar, ascetismo cobarde...son algunos de los componentes del personaje.

Mann se hizo la pregunta que todos hemos intentado respondernos alguna vez: "¿Cómo fue posible que Alemania,y el mundo en general, permitiera a esa insignificancia de persona, a esa mediocridad intelectual y moral, esa alma mentirosa y sin luces...convertirse en un personaje importante de la historia y...levantarse un pedestal sobre el cual aparenta grandeza...?"



"Thomas Mann nos dejó una lección ética...donde la dimensión del intelectual frente a la monstruosidad del poder absoluto nos dignifica y conmueve a partes iguales". 

Una lección ética que se transmite de Thomas Mann a Diego Fernández Magdaleno y de este a nosotros. El mundo estará a salvo con intelectuales que planten cara a las monstruosidades políticas.

Y concluye el mes, y la segunda parte de su libro, con una película. Nos aconseja "ver de nuevo "La Quimera del oro" de Chaplin,  y pensar que no todo está perdido". 



No todo está perdido. Todo tiene arreglo...menos la muerte. La gran protagonista de "El tiempo incinerado". Junto al dolor, su aroma.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino