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viernes, 28 de junio de 2013

El pinsapo soñador


Demasiado árbol para poco claustro.

El árbol es un pinsapo. El claustro es de estilo herreriano y es uno de los dos que hay en el Monasterio de San Pedro de Arlanza, el más pequeñito porque era para los legos.

Ruinas hermosas que vieron nacer a Castilla. La sombra del Conde Fernán González se paseaba entre las viejas piedras.

El pinsapo soñaba con la sierra de Grazalema, despertó y se asomó al valle del Arlanza.

Ayer estuve allí.

Fin de curso

Google ha hecho un pequeño montaje con las fotos que tomé el 27 de junio de 2013, en las ruinas de San Pedro de Arlanza. Ha quedado muy bien, sólo un detalle: no es de noche...

https://plus.google.com/u/0/110268311467006824538/posts/YteWftKGqsp

sábado, 30 de junio de 2012

"Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán" (1)

Río Duero, a la altura de San Saturio.
No, yo no conocía Soria. Y a descubrirla fui el miércoles pasado, con un nombre de poeta, o de dos, o de tres, en mi pensamiento. Es nuestra excursión de fin de curso y a Soria vamos guiados por una soriana. En el autobús, escuchamos y nos atrevemos a entonar "Camino Soria" de Gabinete Caligari.



 Nuestra compañera ha tenido el acierto de incluirla en unos folios que nos anticipan nuestra aventura soriana. Vamos allá, que " Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán". Sus razones tendrían para elegir Soria estos dos poetas que nos enseñaron "que el olvido del amor se cura en soledad".



Después, abro al azar mi "Campos de Castilla". Leo:

"¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria, tardes tranquilas, montes de violeta, alamedas del río..."

Tras un café en el desangelado Parador Nacional, contemplamos desde el  Cerro del Castillo  el "verde sueño del suelo gris y de la parda tierra".   Descubrimos el río Duero y  la conocida silueta de San Saturio. ¿Y la ciudad? "Indiferente o cobarde, la ciudad vuelve la espalda..." Un  tercer poeta, Gerardo Diego, sale a nuestro encuentro, alguien nos  recita algunos versos de su "Romance del Duero".




El autobús nos lleva a la ciudad.  Comenzamos nuestro recorrido junto al "olmo seco", muy cerca del cementerio del Espino, donde reposan los restos de Leonor. Leemos el poema "A un olmo seco". Palabras de leve esperanza.

"Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido..."




Seguimos las explicaciones de nuestra excepcional guía mientras recorremos la Plaza Mayor, el Collado y la calle Aduana Vieja con sus señoriales palacios renacentistas.

En la Plaza Mayor,  me llevo una sorpresa. ¡Una irreconocible Leonor convertida en "pongo" callejero!



En fin, dejamos los comentarios negativos para otro momento y usamos la silla para hacernos fotos. Recordamos que Leonor Izquierdo es una niña de quince años cuando se casa con el poeta y que muere tres años después:
Los palacios renacentistas me traen a la memoria otros versos:


Palacio de los Ríos y Salcedo.

Palacio de los San Clemente (Marichalar)

Muy cerca tenemos el "Instituto Antonio Machado", el mismo en que trabajó el poeta, el entonces denominado: Instituto General y Técnico de Soria. Es un edificio barroco, antiguo  colegio de la Compañía de Jesús. Al pisar el claustro nos parece oír "A mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago."




Entramos en el aula Machado. La mesa del profesor con un libro que recoge las firmas de los visitantes, los añosos pupitres de madera con agujero para la tinta, fotografías y documentos administrativos.



Entre estos últimos, se guarda un acta de lo que hoy llamaríamos evaluación, las notas de los alumnos con la firma del profesor.
Siete alumnos de primer curso, Lengua Francesa.
Con la firma del profesor: Antonio Machado.
Siete alumnos de primer curso, la asignatura es Lengua Francesa. Llama la atención el escaso número de alumnos y que todos hayan obtenido la calificación de Aprobado, ni más ni menos. ¿Aprobado general? No pudieron  imaginar esos  muchachos sorianos su condición de privilegiados discípulos. ¿Aprendieron la lengua de Moliére? ¿Aprendieron a pensar? ¿Conocieron alguno de los poemas de este poco convencional profesor? No nos podemos imaginar el contenido de aquellas clases impartidas en esta aula tan pequeñita. Tal vez se parecía al  ficticio Juan de Mairena:

"Mairena era, como examinador, extremadamente benévolo. Suspendía a muy pocos alumnos, y siempre tras exámenes brevísimos. Por ejemplo:
- ¿Sabe usted algo de los griegos?
- Los griegos... los griegos eran unos bárbaros...
- Vaya usted, bendito de Dios.
- ¿...?
- Que puede retirarse. "

En la próxima entrada, seguiré con mi visita a Soria y con Machado. Y también con Bécquer.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino