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domingo, 8 de mayo de 2016

Pequeña crónica de nuestra reunión, nada lúgubre, en torno a Noches lúgubres de José Cadalso.


Comentamos el libro Noches lúgubres de José Cadalso. Nuestra reunión mensual de lectura presencial tuvo lugar el martes 3 de mayo de 2016, en la facultad de Humanidades, de la UBU. 



Pedro Ojeda nos explica que Cervantes fue el primer escritor que reflejó en su obra la lucha del hombre contra la maquina. Un adelantado a su tiempo, don Miguel, tal vez impresionado ante el impacto visual de los molinos, alta tecnología traída de Flandes en el siglo XVI.

También nos informa de su apretado calendario del mes de mayo. El 25 de mayo, Pedro Ojeda presentará, en la Feria del Libro de nuestra ciudad, la novela El Castillo de Diamante de Juan Manuel de Prada, XIV Premio de la Crítica de Castilla y León. El 26 de mayo tendrá lugar un encuentro de clubes de lectura, en torno a su libro de poemas piel. También está previsto en una fecha que puede ir del 20 al 29 de mayo, un acto de maridaje de vino y literatura, con una cata.

Durante el mes de junio, tendremos la reunión para la lectura de este mes: Cicatriz de Sara Mesa.

Del 11 al 15 de julio esta prevista una excursión al sur de Francia, relacionada con el libro que cerrará este curso. El título motivará el viaje y la reunión se celebrará en el Instituto Cervantes de Toulouse.

Escuchamos a Pedro Ojeda:

Noches lúgubres es una obra conocida que siempre ha figurado en los programas del Bachillerato y de la Universidad. Es de las que siempre han estado en nuestra cabeza, pero no las leemos. 

Tediato qué personaje, relacionado con la leyenda de Cadalso, qué escritor. Se enamora de una actriz que muere prematuramente, queda desesperado, se vuelve loco y no supera el duelo. Es un ilustrado que nos cuenta una historia romántica, pero sin creencias. Lleva una vida apasionante y cosmopolita: sabe idiomas, viaja por Europa, muere en una batalla. 



No se nos olvide que los pensadores españoles son lo más puntero de finales del XVIII. Estamos ante uno de los grandes ilustrados españoles que ocupa una posición de sandwich entre estos y los románticos liberales. ¿Liberalismo?

El concepto de liberalismo figura en todos los idiomas pero es una palabra española. El origen del liberalismo está en el individuo libre frente al EstadoLos ilustrados critican las estructuras anquilosadas del Antiguo Régimen y a un pueblo mayoritariamente defensor del mismo que prefiere ser súbdito a ciudadano al grito de "¡Vivan las cadenas!". El pueblo era inculto y anafabeto, ni siquiera leía la Biblia, como en otros países europeos. Pedro nos recuerda a don Jorgito el Inglés, el primer editor y vendedor de Biblias populares en España. 



Si los ilustrados hubieran progresado la historia de España hubiera sido diferente. Precisamente la Constitución de Cádiz fue una de las primeras constituciones liberales. 



La Ilustración representa la España que pudo ser y no fue, la que fracasó con Napoleón. Porque Napoleón era la ideología ilustrada, lo que ellos defendían. Los que apostaron por Napoléon veían en él la única forma de cambiar España y fueron calificados de "afrancesados" y traidores a la Patria. Napoleón perdió y muchos intelectuales tuvieron que emigrar, nos venía Fernando VII. Goya es un buen ejemplo. 



El primer liberalismo buscaba la cohesión social, como corregir una situación injusta: buscar formulas de mecenazgo y de sustitución de la caridad. La idea era: yo soy rico y tengo que devolver a la sociedad lo que me dio. El liberalismo revolucionario se haría conservador, giraría hacia la derecha. En Europa giraría hacia el conservadurismo a partir de las revoluciones de los años cuarenta del XIX. En España, la burguesía será revolucionaria hasta que se haga con el pastel de la Desamortización, volviéndose rentista y conservadora. Galdós, como vimos en una pasada lectura, criticaría a la burguesía española por no haber cumplido con su misión histórica. Desde entonces, podemos llegar hasta la deformación actual del liberalismo: el neoliberalismo, centrado en la libertad económica pero nunca al servicio de la sociedad.



Después de enmarcar histórica e ideológicamente al autor, vamos al texto:

Tediato es un personaje desesperado. Algo muy de moda en la época, lo mas in: el desesperado al que le hastía el mundo. Refleja una época en que se esta rompiendo con Dios, el mundo ya no se explica por Dios. Lo llaman Criador o Ser Supremo, Dios existe, todavía no se le niega la existencia; pero la vida en la tierra no tiene nada que ver con él. Tediato no puede agarrarse a Dios y queda enganchado a una parte del duelo. Proclama que el mundo es una mierda y suelta la mayor blasfemia cuando aconseja a Lorenzo el sepulturero que coja a sus hijos y los mate. Muy pocos europeos eran capaces entonces de escribir algo así.



¿Qué le salva? La fraternidad, la amistad. A finales de la segunda noche, ya son amigos. Les une el dolor. Ya no tienen a Dios, les salva la amistad y la fraternidad, dos valores de la Ilustración: hermandad de personas de diferente clase social. La clave esta en la unión de seres humanos que sufren. Un canto a la fraternidad y a la amistad. La única salida a la desesperación. Tediato y Lorenzo se salvan por la fraternidad, puro concepto masónico. ¿Qué les une? Algo que puede entender todo el mundo: construye la amistad y la fraternidad a través de los sentimientos. 



El argumento nos puede impresionar mas o menos. Solemos ir a la lectura argumental, pero la obra nos conduce hasta la idea final. Cadalso lo deja ahí, pero los románticos leerán mucho Noches lúgubres, les emocionará y sentirán la necesidad de completarla, buscando un mayor impacto. Tediato desenterrará a la amada, la llevará a casa y prenderá fuego a todo. Sin embargo Cadalso, que había tenido tiempo suficiente de continuarla, no lo hizo. Se le había pasado el dolor insoportable y había optado  por el fragmentarismo, algo que también también muy romántico. La obra no necesitaba más, impactaba más así.

A Cadalso se le clasifica dentro de los neoclásicos, pero hace décadas que un hispanista americano vio a Cadalso como uno de los primeros románticos europeos. Hay un paso hacia el romanticismo. Es algo más que un cuento de miedo, con el asco de los gusanos. Es una novela que nos lleva  a una situación límite para llevarnos a una solución ideológica. 



Los lectores opinamos:
  • No es largo, aunque el final te deja cortado. 
  • Tanto gusano no me ha gustado.
  • No he entendido la moraleja de fondo de esta historia.
  • Moraleja no tiene.
  • Facilísimo de leer, tiene su gracia.
  • No me ha gustado.
  • Me ha gustado mas la vida apasionada de Cadalso que la obra.
  • El liberalismo se consideró como pecado, se hizo conservador.
  • El liberalismo tiene la vertiente de Smith. Hacer que el estado no intervenga pero con su parte correctora
  • ¿Derechos en el liberalismo? Con respecto al Antiguo Régimen es progresista pero con respecto a lo que vendrá después es conservador. 
  • No veo al liberalismo del XIX  al servicio de la sociedad. Pensemos en la Revolución Industrial y en cómo cómo vivían los obreros. El liberalismo no mueve un dedo. La crítica llega con el socialismo.
  • Al liberalismo les pasa lo que a todas las ideologías. Son bonitas sobre el papel pero fallan en la practica.
  • Tendríamos que leer las Cartas Marruecas, en las que se une el liberalismo con la cohesión social. Muy avanzadas para la época. En las Noches lúgubres el liberalismo no da de sí mas que unas pinceladas.
  • Biografía apasionante.
  • A veces nos da risa, tan exagerado todo.
  •  Monologo artificioso, teatral. 
  • Texto muy literario, no me ha emocionado, a otros sí les ha emocionado.
  • El argumento no nos ha emocionado, después de tantas peliculas de terror. Ridiculo.
  • El pesimismo me parece mal. 
  • No me parece real. Eso de mata a tus hijos, entiérralos...
  • Muchos puntos supensivos, como en Bécquer, Espronceda...
  • Pero dice "A imitación de Young"...

Pedro Ojeda nos pregunta que nos parece Cicatriz. Pero esa será otra lectura, bien diferente, por cierto. ¡Tan de hoy en día! ¡Y no hay cementerios ni gusanos en ella!



Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de María Ángeles Merino.
Con uno muy especial para mis antiguas compañeras del Departamento de Ciencias Sociales, en el CEPA Victoriano Crémer: Belén Velasco y María Jesús Caballero. 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Noches lúgubres: "Nadie es infeliz si puede hacer a otro dichoso".




Recordáis seguramente la entrada anterior titulada "Domina, noche, domina, y más y más sobre un mundo que por sus delitos se ha hecho indigno del sol...”. Hoy sigo comentando Noches Lúgubres con mi amiga Austri. 

-¿Qué tal, Austri? ¿Has pasado buena noche?


-¡Calla! ¡Calla! Si antes lo digo...¡Que pesadilla! Me cargaban de cadenas y me metían a una mazmorra negra y maloliente. Se oía el arrastre de los hierros más los lloros y los lamentos de otros presos, como yo. De pronto alguien daba un grito que helaba la sangre en las venas, para después callar...para siempre. Entonces, se oía el silencio, una tortura más insufrible que la de los ruidos y mi corazón latía, latía, se me iba a salir del pecho. 

Vi, a través de mis rejas, a un malencarado carcelero con un manojo gigantesco de llaves. Introducía una de ellas en la cerradura de la celda de enfrente y, tras varios forcejeos y chirridos, se hacía la luz. Al poco tiempo, salía el del llavero con un prisionero liberado de sus fierros. Me pareció oír un nombre que acababa en ato. ¿Tediato? Puede ser. Luego alguien pronunció mi nombre y me sacó de allí, era libre, todo había sido una confusión. 




Era de noche y no sabía volver a mi casa. Aquella no era mi ciudad y era demasiado antiguo todo. Me pareció oír el ruido de los cascos de un caballo y brillaban los adoquines a la luz de la luna. Eché a andar y pronto di alcance a Tediato que llevaba a un niño de la manita. El pequeño roía con ansia un mendrugo de pan. Me fui andando detrás de ellos. Entraron en un lugar lleno de lapidas y cruces rotas que no me era desconocido. 

Luego sigo contándote. ¿Por que no comentas en serio la Tercera Noche que es tan cortita? 

-No, amiga mía, concluye tu relato gótico. Tú, tan poco amiga de la literatura, te has colado dentro de Noches lúgubres como Alicia dentro del espejo.



-Pues ahí va...En el cementerio, una estatua cobró vida. ¡Era una dama antigua que hacía girar una pequeña rueda sobre un globo terráqueo! 


Un hombre descalzo, sucio y cubierto de harapos, machacaba, con mano despiadada y roñosa herramienta, un montón de cráneos, con la furia del homínido de la película "2001: Una odisea en el espacio". ¡Era el sepulturero Lorenzo!



Una legión de gusanos huía despavorida a través de las descarnadas órbitas oculares. 

Mi Tediato hablaba en tono teatral y grandilocuente, las exclamaciones iban una detrás de otra. Lorenzo, que había dejado los huesos en paz, escuchaba con reverencia, sin soltar el azadón. Al final se abrazaron. Tediato insistía: "Andemos, amigo, andemos". Yo me desperté sobrecogida, con la palabra "venerables" en la cabeza.


Ahora te toca a ti. Escribes el comentario, lo publicas y después...a la reunión de la lectura presencial. Me gustará leer las conclusiones de Pedro Ojeda y los diferentes puntos de vista de los compañeros lectores. Ya sabes que yo no puedo asistir...o sí. No desvelemos nuestro secreto compartido.

-De acuerdo, pero puedo comenzar con tu sueño porque la señora caprichosa de la rueda no es otra que la "fortuna", lo que ocurre más allá de nuestro control. Y Tediato reflexiona, habla consigo mismo.

"Virtud, valor, prudencia, todo lo atropellas. No está más seguro de tu rigor el poderoso en su trono, el sabio en su estudio, que el mendigo en su muladar, que yo en esta esquina lleno de aflicciones..."


Confía en la tercera noche porque a primera y la segunda no le sirvieron para poner fin sus males. La primera tuvo: "truenos, relámpagos, conversación con un ente que apenas tenía la figura humana, sepulcros, gusanos y motivos de cebar mi tristeza en los delitos y flaqueza de los hombres."

-¡Qué nochecita! Recuerda que tú también soñaste con ella y se te enredó con la noche romántica de un relato de Oscar Esquivias. ¡ Buena mezcla hiciste, amiga! 

En medio de la tormenta, Tediato hablaba con un ente que no era sino un perro. Usaba la razón y se negaba a admitir fantasmas, como ilustrado que era. 

¡Qué esfuerzo para levantar la losa mientras asomaban los gusanos! 

-Y ahora cae en la cuenta del aspecto religioso de la temeridad cometida. Era muy grave profanar templos en el XVIII. 

-Tediato nombra a Dios cinco veces, pero al modo de los ilustrados, como Criador o Ser Supremo. La Divinidad está muy lejos como para pedirla que te eche una mano. ¡Pero no se podía ofender la fe de los no ilustrados! 


-La segunda noche tuvo: "Asesinato, calumnia, oprobios, cárcel, grillos, cadenas, verdugos, muerte y gemidos...". 

-Le acusaron de un asesinato que no cometió, pudo ser torturado y ejecutado, le cargaron de cadenas y fue testigo de una ejecución. ¡El Antiguo Régimen las gastaba así!

-La tristeza no habría de huir de él ni un instante. Lo liberan y se da de cara con la dramática situación familiar del sepulturero Lorenzo: 

"Un padre de familias, pobre, con su mujer moribunda, hijos parvulillos y enfermos, uno perdido, otro muerto aun antes de nacer, y que mata a su madre aun antes de que ésta le acabe de producir."

Ahora Tediato considera su comportamiento egoísta del día anterior: 

-Por fin ve los males ajenos, los de Lorenzo que subsiste con carga tan pesada:

"Qué corazón el mío, qué inhumano, si no se partió al ver tal espectáculo!"
"Mayores son sus propios males, y aún subsiste. ¡Oh Lorenzo!"


-Espera al sepulturero con otros ojos:

"Lorenzo, Lorenzo infeliz! Ven, si ya no te detiene la muerte de tu padre, la de tu mujer, la enfermedad de tus hijos, la pérdida de tu hija, tu misma flaqueza."

La noche tercera será muy distinta. Tediato es otro Tediato. Padece los infortunios propios y los de "todos los infelices" que conoce. Y los mirará como hermanos, como iguales, por encima de las clases sociales. ¡Viva la Fraternidad Universal! 

-"¿Qué importa que nacieras en la mayor miseria y yo en cuna más delicada?"
-"...todos lloramos..., todos enfermamos..., todos morimos."



-Ahora "el horroroso conjunto de cosas de la noche antepasada" le hiere con una "dulce melancolía". Duele pero menos.

-Ve a Lorenzo como persona que sufre, no como simple herramienta para abrir una tumba. 

"¡Qué rostro! Siglos parece haber envejecido en pocas horas..."


Le saluda con un "el cielo te guarde" que el desdichado sepulturero rechaza. No desea seguir viviendo lleno de infortunios y sin fuerzas "para ganar un triste alimento".

Ante el insoportable dolor, Tediato le ofrece la solución, la clave de Noches lugubres: la amistad y la fraternidad entre todos los hombres. La propia de un hombre de la Ilustración, como Cadalso:

"El gusto de favorecer a un amigo debe hacerte la vida apreciable, si se conjuraran en hacértela odiosa todas las calamidades que pasas. Nadie es infeliz si puede hacer a otro dichoso."
-"Liberté, egalité, fraternité". ¿Te suena? ¡Cuánto dolor podría evitar la fraternidad! Como todas las buenas ideas, se llevó, y se lleva, poco a la practica.

-Hemos superado el cuento de terror para dar con la idea clave del libro. Nuestro profesor dice que no podemos quedarnos en lo argumental. 

-Las últimas líneas:

"Más contribuirás a mi dicha con ese pico, ese azadón..., viles instrumentos a otros ojos..., venerables a los míos... Andemos, amigo, andemos."

- ¿Inacabada? A los románticos que vinieron después les gusto tanto Noches lúgubres que se creo el ambiente adecuado para que se escribieran dos continuaciones. Nosotras nos quedamos con este final de Cadalso y andemos, amiga, andemos.


-¿Levantó el azadón venerable la losa de la amada de Tediato? Venerable, ay amiga, que adjetivo.

-Deja los azadones y los venerables. Vamos a pasear por el Parral, alfombrado de margaritas y dientes de león. 

Un abrazo de María Ángeles Merino

Ayer tuvo lugar la feliz reunión de nuestra lectura colectiva de Noches lúgubres. Voy pasando a limpio mis apuntes. Publicaré mi habitual crónica...Y me pondré con Cicatriz de Sara Mesa. 

Las fotos están tomadas en el antiguo cementerio de peregrinos que rodea a la ermita de San Amaro, en Burgos. 

jueves, 28 de abril de 2016

Noches lúgubres: "Domina, noche, domina, y más y más sobre un mundo que por sus delitos se ha hecho indigno del sol..."


Comentario a la obra Noches lúgubres de José Cadalso, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda

Recordáis seguramente la entrada anterior titulada "Salga yo valeroso al suplicio o inocente al mundo. ¡Pero no! Agraviado o vindicado, muera yo, muera yo y en breve." Hoy sigo comentando Noches Lúgubres con mi amiga Austri. 

-¡Hola Austri! Vamos a seguir con el tedioso Tediato, el personaje más triste que en mi vida lectora conocí. Intentaremos no espantarnos cuando dice barbaridades como la de enterrar vivos a los niños del sepulturero.

-Sí, porque es un saco inmenso de desgracias. ¡Y no digamos el sepulturero y su familia! Vamos a pasar con él otra noche lúgubre, primero en la cárcel y luego de nuevo al cementerio. Su empatía con el prójimo es muy especial: yo quiero morir, que los demás me acompañen, qué mejor cosa pueden esperar. ¡Todos al hoyo que no hay mejor solucion!


Un personaje al que llevan "ensangrentado, pálido, mal vestido, cargado de cadenas... y de oprobios"; pero todo le da igual, incluso la tortura, sólo desea la muerte: "Salga yo valeroso al suplicio o inocente al mundo. ¡Pero no! Agraviado o vindicado, muera yo, muera yo y en breve."

-La cárcel, "sepulcro de vivos, morada de horror, triste descanso en el camino de malhechores" abre las puertas al infeliz de Tediato. La Justicia ordena su aislamiento "en el calabozo más apartado y seguro", con los hierros doblados. "Los indicios que hay contra él son casi evidentes". Se le examinará al día siguiente, se le aplicará el tormento si se obstina. 

El carcelero no ha de perderle de vista, no puede permitirse ninguna compasión. No la tendrá quien años ha que guarda presos como "fieras en jaula". El tratamiento: "pocas palabras, menos alimento, ninguna lástima, mucha dureza, mayor castigo y continua amenaza". Su voz de trueno hace temblar a "los hombres más atroces". Castiga a quien abre la boca y si no basta dispone de mordazas.¡Qué pintura la del carcelero! Sobrecoge más que la del sepulturero que si machaca huesos es de muertos, nunca de vivos.

- A Tediato no le permiten hablar, mas nadie le privará de la voz de su corazón, escuchamos su voz interior. Al calabozo va, no le espantan ni las tinieblas, ni el frío, ni la humedad ni la hediondez. Tampoco el ruido de los cerrojos ni el peso de las cadenas. 

Todo es oscuridad, huele a moho y a miseria, los hierros chirrían, el frío se nos mete en los huesos, sentimos nauseas, nos tapamos los oídos. ¡Y a Tediato no le espanta!



-Vives la lectura, es como si estuviéramos en ese inmundo calabozo. Vamos con los pensamientos del prisionero. Piensa en su amada que...

-No sabemos como se llama y tampoco nos lo dice. ¿María Ignacia como la de Cadalso? Su pensamiento vuelve a la que yace en el templo: "peor habitación ocupa ahora...". Y a Lorenzo que le habrá juzgado de miedo o inconstancia, al no hallarle en el lugar de la cita. ¿Miedo? Nada hay espantoso para Tediato, ni de aquí ni de allá. ¿Constancia? El día anterior no le faltó ante un cadáver medio corrompido.

-Tediato sufrió ingratitud, pobreza, odio, envidia, burla...Soñó con el fantasma que llaman Fortuna y su rueda. La extraña mujer tenía el brazo levantado contra él, Tediato se permitió mirarla con desprecio y echarse a dormir. Ahora se venga, le pone entre facinerosos hoy, mañana las manos del verdugo le depositarán entre los brazos de la muerte. ¿El mayor daño, la muerte? Quien así lo diga, no ha pasado lo que él. 


Oye voces en el calabozo inmediato. Hablan de morir, un condenado a muerte llora. Son las voces del miedo. Tediato considera que, si el reo muere pronto, menos tiempo estará "expuesto a la tiranía, envidia, orgullo, venganza, desprecio, traición, ingratitud...". ¡Y lo envidia!

-Calla el que solloza y también las voces que le acompañan. "Sin duda fue ejecución secreta". Tediato desearía que llegaran a él los verdugos feroces manchados aún de la sangre del compañero. "¡Qué silencio tan espantoso ha sucedido a los suspiros del moribundo!". Se estremece al oír las pisadas quedas, las voces bajas, el ruido de las cadenas que le quitan al cadáver, el ruido de la puerta. Tediato posee un corazón frágil en un espíritu fuerte, tiembla...

¿Quién no temblaría? Yo misma estoy temblando: suspiros, silencio, pisadas, voces, cadenas y la puerta.¡Sobre todo el silencio!

-Si, nos sobrecoge el pensar en una ejecución secreta, ejecutada en la misma celda por unos verdugos feroces  y sanguinarios. ¿Era posible algo así en el Siglo que llamaron de las Luces? ¿Se sumaba la incorrección política al sacrilegio en Noches lúgubres? Sabemos que fue libro prohibido.

-Los ojos se le cierran, a pesar del llanto. Una piedra es su cabecera, una tabla es la cama y los insectos la compañía. Decide dormir, indiferente ante la amenaza de la voz que le llame para el suplicio. Bienvenido sea el sueño, imagen de la muerte.

Escucha como Cadalso nos hace vivir la ansiedad de Tediato:

"¡Qué pasos siento! Una corta luz parece que entra por los resquicios de la puerta. La abren; es el carcelero, y le siguen dos hombres. ¿Qué queréis? ¿Llegó por fin la hora inmediata a la de mi muerte? ¡Me la vais a anunciar con semblante de debilidad y compasión o con rostro de entereza y dominio! "

Respiramos aliviados al leer:

 "...se han descubierto los autores y ejecutores de aquel delito. Vengo con orden de soltarte. Ea, quítenle las cadenas y grillos: libre estás."

-Es como si nos las quitaran a nosotros, pero Tediato nos sorprende una vez más. El carcelero viene a liberarlo y su reacción no puede ser mas extraña:

"Ni aun en la cárcel puedo gozar del reposo que ella me ofrece en medio de sus horrores. Ya iba yo acomodando los cansados miembros de mi cuerpo sobre esta tarima, ya iba tolerando mi cabeza lo duro de esa piedra, y me vienes a despertar, ¿y para qué? Para decirme que no he de morir. "

-Ahora que había cogido el sueño en su cama de piedra, en la buena compañía de miles de bicharracos, llega ahora el carcelero a soltarlo...¡Increíble!

-El carcelero le arroja al mundo, el mundo ya no vale nada sin su amada: "lo poco bueno que había en él". Sólo le interesa saber si es de día. Falta una hora de noche, todavía hay tiempo para buscar a Lorenzo y concluir "nuestra empresa". Se habrá cansado de esperar.

No sabe donde vive el sepulturero, decide acudir al templo. Le pide a la noche:

"Domina, noche, domina, y más y más sobre un mundo que por sus delitos se ha hecho indigno del sol...Mientras más dure tu oscuridad, más tiempo tendré de cumplir la promesa que hice al cadáver encima de su tumba..."


-Se dirige hacia el templo y le guía la luz que alumbra una imagen. Adelanta el paso, oímos el corazón de Tediato, su interlocutor:

"Corazón, esfuérzate, o saldrás en breve victorioso de tanto susto, cansancio, terror, espanto y dolor, o en breve dejarás de palpitar en ese miserable pecho."

La luz tiembla, tal vez se apague. Tediato no ha de temer a la oscuridad, las tinieblas son su alimento. Su pie siente un obstaculo. Tienta, tentamos, un bulto de hombre, tal vez un mendigo. ¡Es un niño que acaba de salir del sueño! Lo imaginamos escuálido y andrajoso.

Ángel en la tumba de un niño (San Amaro, Burgos)

-Le pregunta quién es y el pequeño llora. Tediato intenta tranquilizarle, no piensa hacerle mal. Es uno de los hijos del sepulturero, al que su padre mandó quedar hasta las dos allí y "ver si pasaba alguno por aquí muchas veces y que fuera a llamarle". Se quedo dormido y temía el castigo paterno.

- Tediato le pide, en un gesto de cariño,  que le dé "la manita" y lo acompañe a casa de su padre. Le da un trozo de pan que ha hallado, no sabe como, en el bolsillo. Yo tampoco sé de donde ha salido el pan, pero sigamos:

El niño se llama Lorenzo, como el padre, y su familia acaba de pasar por un rosario de desgracias: 

"Mi abuelo murió esta mañana. Tengo ocho años, y seis hermanos más chicos que yo. Mi madre acaba de morir de sobreparto. Dos hermanos tengo muy malos con viruelas, otro está en el hospital, mi hermana se desapareció desde ayer de casa. "

Ni una ni dos. Dos muertos...o tres. Tres enfermos graves más la hermana que deshonra a la familia y huye. Como se suele decir: "muere hasta el apuntador".

-Lorencito no sabe cómo se llama el oficio de su padre y lo explica a su manera:

"Cuando uno se muere, y lo llevan a la iglesia, mi padre es quien..."

Tediato llega a casa del sepulturero, guiado por el niño. Lo primero de todo: 

"Mañana nos veremos en el mismo puesto para proseguir nuestro intento, y te diré por qué no nos hemos visto esta noche hasta ahora."

-A continuación, se compadece del saco de desgracias familiares con que carga el desdichado Lorenzo:

 "Te compadezco tanto como a mí mismo, Lorenzo, pues la suerte te ha dado tanta miseria y te la multiplica en tus deplorables hijos... Eres sepulturero... Haz un hoyo muy grande, entiérralos todos ellos vivos, y sepúltate con ellos.

-¿He leído bien? 

-Si, has leido bien. Le aconseja que haga un hoyo muy grande, los entierre a todos ellos vivos y se sepulte él. Y remata:

"Sobre tu losa me mataré y moriré diciendo: Aquí yacen unos niños tan felices ahora como eran infelices poco ha, y dos hombres, los más míseros del mundo."

Tediato esta loco, muy loco. ¿Crees tú que desenterrará a su amada muerta? La tercera noche es muy breve...

-No lo sé. Déjalo por hoy, esta noche me veo pasando una "noche lúgubre", soñando con Tediato y todos esos pobres críos.

-Lo dejamos, que ya es hora. Ya te contaré lo de la lectura colectiva presencial del día 3 de mayo.
Restos del cementerio de peregrinos de San Amaro (Burgos)

Un abrazo de María Ángeles Merino

Texto íntegro aquí.

jueves, 21 de abril de 2016

Noches lúgubres: "Salga yo valeroso al suplicio o inocente al mundo. ¡Pero no! Agraviado o vindicado, muera yo, muera yo y en breve."

Cae la tarde, Tediato espera la noche lúgubre.


Viene de la entrada anterior:

-Amiga, Austri, si te parece bien, sigamos con Noches lúgubres; eres una buena compañera para compartir lecturas. ¡Nunca lo hubiera pensado! Menos aún con esta obra, tan...dilo tú.

-...áspera, desabrida, tenebrosa, triste, pesimista...Estamos sin ropa de abrigo, el frío nos llega  a los huesos, no hay humor que nos arrope; pero vamos entrando. Tu sueño nos ayuda a seguir.



-Recuerdas que yo era un fantasma invisible, detrás de Lorenzo y Tediato, un espectador mudo con el que Cadalso no contó. Me desperté cuando hacían fuerza para levantar la losa, entre el mal olor y los "vivientes asquerosos" que se les enredaban en los pies, "repugnante y doloroso descubrimiento" a la luz del farol; pero una ráfaga de viento me sacó fuera del templo. Desperté llorando, notaba los latidos de mi corazón. ¡Ay amiga! ¿Para qué una obra así? ¿Qué sentido le ves tú?  

-Para mí es el río del sufrimiento insoportable que no encuentra otro cauce que la locura. El dolor en un hombre de razón, como dice Pedro Ojeda: "Cuando el hombre moderno se rompe por amor...ni siquiera puede apoyarse en la creencia en fantasmas para soportar el mal que le aqueja...La falta de creencias le deja solo ante el sufrimiento provocado por la pérdida de un ser amado".




-¿Y ahora?  ¿Qué cauces pueden aliviar el dolor de la pérdida? Muy poco más que en el XVIII. La fe, el "espérame en el cielo", ni siquiera sirve a los muy creyentes.


 La psicología y la psiquiatría tienen sus terapias, sus pautas pueden suavizar el duelo; mas nada evita sentirse como el pastor Nemoroso : "atado a la pesada vida y enojosa, solo, desamparado, sin lumbre en cárcel tenebrosa". ¡Qué bien lo supo decir Garcilaso!


-O como el hombre de Neanderthal que ya enterraba a sus muertos en posición fetal y cubierto de flores. Fíjate si me he ido lejos.



Decías que despertaste llorando. Tal vez era empatía con Tediato que derramaba lágrimas sobre Lorenzo y la pesada losa. Sollozaba, le faltaban fuerzas. El sol salía, debían retirarse cuanto antes y esconder el pico y el azadón, podían ser vistos. Las campanas de los templos y los pájaros saludaban "al Criador", una palabra de medievales resonancias cidianas.



-Deja al Cid y no nos vayamos por las ramas. Se desvanecía la primera noche de "densas y espantosas nieblas", "oscuridad", "fantasmas, visiones y sombras" y "furias infernales". Lorenzo estará mañana a la misma hora, tendrá menos miedo, menos tiempo se perderá. Era el final de la primera noche y Tediato descubría sus lúgubres intenciones:

"Pronto volveré a tu tumba, te llevaré a mi casa, descansarás en un lecho junto al mío; morirá mi cuerpo junto a ti, cadáver adorado, y expirando incendiaré mi domicilio, y tú y yo nos volveremos ceniza en medio de las de la casa".




-¿Puede haber mayor locura? ¡Tanto esfuerzo para inmolarse junto a su amada! ¡Para ser ceniza sobre ceniza! A la manera de Quevedo: "serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado"


-Me sorprendes, Austri. Eres tú, a pesar de tu fobia a la literatura, la que me traes las citas.

-Hay enseñanzas que no se olvidan, las de los buenos profesores, e incluso las de los malos. Por cierto, a mí siempre me irritó como encajonaban los libros de texto a los escritores. Fíjate, Cadalso arrastra el pesimismo y el desencanto barroco, es un neoclásico y hombre de la Ilustración al que los románticos leyeron con pasión. Y parece que cada época lleva la contraria a la anterior para volver a la anterior a la anterior. No sé si me explico.

-Te explicas muy bien y llevas tu parte de razón. Pero vamos a la segunda noche. Tediato va a dar con sus huesos en la cárcel.

-¡Lo que le faltaba! Es un hombre desencantado de todo: ni padre, ni madre, ni hijos, ni amigos. Sólo tenía a la mujer yaciente y agusanada en la tumba. Por fin salió la luna, es la segunda noche lúgubre:

"¡La luna! ¡Ah, luna! Escóndete, no mires en este puesto al más infeliz mortal."


-Volvió al cementerio, tras un largo día de "pavor, tedio, aflicción y pesadumbre". La tardanza de la noche se le había hecho insufrible. Dieciséis horas de de "llorar, gemir, delirar", con "los ojos fijos en su retrato", pidiendo la muerte al cielo, desmayado, casi muerto. Su amigo Virtelio quedó asustado de hallarle así y trabajó para hacerle tomar algunos "bocados mojados en lágrimas". Como permanecía inmóvil, Virtelio se cansó y se fue. No era un verdadero amigo. El menos pérfido tal vez, "otros ni aún eso hicieron"

"Tediato se muere, dirían unos; otros repetirían: se muere Tediato". De su vida y su muerte hablarían como del tiempo hablan los ricos, los que no miran al cielo pensando en su sustento.

La luz del sol iba faltando, le sacó del "letargo cruel". La tiniebla le traía el consuelo. Daba mil bienvenidas a la noche, más gustosa mientras más densa. Se puso el vestido más lúgubre y tomó "el acero" que consolaría de una vez todas sus cuitas. Esperaba a Lorenzo para que le ayudara a levantar la losa. Haría el robo.

"¡El robo! ¡Ay! Era mía; sí, mía; yo, suyo. No, no, la agravio; me agravio: éramos uno. Su alma, ¿qué era sino la mía? La mía, ¿qué era sino la suya?"



-Tediato oyó unas voces. "Muere, muere, dice una de ellas. ¡Qué me matan!, dice otra voz". Venían corriendo varios hombres hacia él. El uno cayó herido y los demás huyeron. Hasta sus plantas venía el primero, "batallando con las ansias de la muerte". En balde le preguntaba por su identidad y las de los que habían huido. Arrojaba sangre por la boca y le manchaba todo. Murió asido a su pierna. Llegaba mucha gente, era la Justicia que no albergaba dudas:


"Pues aquí está el cadáver, y ese hombre está ensangrentado, tiene la espada en la mano, y con la otra procura desasirse del muerto, parece indicar no ser otro el asesino. Prended a ese malvado. Ya sabéis lo importante de este caso."


-El muerto era de calidad y no se admitía el menor descuido. Era preciso atarle, se podía ya contar por muerto. Su semblante pálido y turbado le hacía más sospechoso. En breve tendría "muerte ignominiosa y cruel". 

-A Tediato le parecía muerte "tanto más gustosa". Por extraño camino le concedía el cielo lo que pidió con todas sus veras. Pedía la muerte cuanto antes, su mayor tormento sería dejarle vivir. 

"Ya nada quiero... Haz lo que quieras de mí... No me preguntes quién soy, cómo vine aquí, qué hacía, qué intentaba hacer, y apuren los verdugos sus crueldades en mí; las verás todas vencidas por mi fineza."


-Antes de que le cargaran de cadenas, se dirigió a la yaciente:

"Y tú, que en ese templo quedas, únete a tu espíritu inmortal, que exhalaste entre mis brazos, si lo permite quien puede, y ven a consolarme en la cárcel, o a desengañar a mis jueces."

La Justicia no comprendía, pensaba que el delito le turbaba los sentidos. ¡Un hombre que se complacía así en su propia muerte! "Lo llevaban preso ensangrentado, pálido, mal vestido, cargado de cadenas que le han puesto y de oprobios que le dicen". En vano les diría de su inocencia, mas le daba igual:

"Salga yo valeroso al suplicio o inocente al mundo. ¡Pero no! Agraviado o vindicado, muera yo, muera yo y en breve."


-No hay suicida en el mundo del calibre de Tediato. Ni siquiera le importa el cruel tormento y la terrible muerte en el patíbulo. ¿Qué será de él? ¿Y de Lorenzo el sepulturero?

-En la próxima entrada, sabremos de su suerte. 

Un abrazo de María Ángeles Merino 

Y de su amiga Austri.

jueves, 14 de abril de 2016

Noches lúgubres: "monstruos producidos por la fantasía humana, fecunda solo en quimeras, ilusiones y objetos de terror"

La ciudad redonda llena (Foto de Agustín Merino)


-Comenzamos una nueva aventura lectora, Austri. Me gustaría que la compartieses conmigo, como hiciste con los relatos de Andarás perdido por el mundo, de Óscar Esquivias. Se titula Noches lúgubres y su autor es José Cadalso, uno de aquellos ilustrados españoles del siglo XVIII. Como dice Pedro Ojeda: "un texto muy conocido de título pero poco leído, de un autor mal entendido casi siempre...Un texto que en su día despertó desasosiego porque no se sabía bien cómo encuadrarlo ni qué era pero que fue devorado por los jóvenes románticos españoles de principios del siglo XIX".

Sí, es verdad, se trata de un autor que figuraba en aquella Literatura del Bachillerato que tan malos recuerdos te trae. ¡Y no te asustes por el título!

-No me des tantas explicaciones que ya me he leído un poco de la Primera Noche y me he informado muy bien, sobre Cadalso, en La acequia y en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Y no me asusto de nada. 

-¡No me lo puedo creer! ¡Austri leyendo a un clásico!

Como estás tan informada y motivada, y no te asustas...te  voy a contar un poco de Noches lúgubres, a mi manera, en forma de sueño. Luego te tocará a ti. 

-¿En forma de sueño?

-Sí, como si lo fuera.

-¿De verdad soñaste con Noches lúgubres?

-Un poquito sí. ¿Preparada?

-Cuando quieras, puedes comenzar. 

-Escucha, comienzo leyendo un poco:

“¡Qué noche! La oscuridad, el silencio pavoroso…la tristeza de mi corazón. El cielo también se conjura…El nublado crece. La luz de esos relámpagos... ¡qué horrorosa! Ya truena. Cada trueno es mayor que el que le antecede, y parece producir otro más cruel…todo se inunda en llanto…, todo tiembla…No hay hombre que no se crea mortal en este instante...” 


Mi sueño era todo un cuadro romántico. A la doce en punto, allí estaba Tediato, a las puertas. Hora de brujas, no era para pasarla ante la tapia del camposanto. “Se desataron grandes ventoleras, truenos y relámpagos serraron el cielo, las fachadas torvas se iluminaron con cada exhalación”. Oí media docena de veces el toque de la medianoche, no se ponían de acuerdo los campanarios de mi ciudad. ¿O era Madrid? ¿París tal vez? La geografía de los sueños no entiende de mapas. Sentía un estremecimiento de miedo en cada campanada. 


Cruce de libros

¡No! No eran las doce, las dos estaban al caer. El enamorado Tediato se había citado allí con el sepulturero Lorenzo.

¿Sepulturero? Me acordaba de un alumno que decía ser jardinero de cementerio y, al parecer, trabajaba entre tierra, huesos y flores. Un buen muchacho, nada siniestro.


Antiguo cementerio de peregrinos de San Amaro (Burgos)

A lo que iba. Lorenzo tardaba y Tediato se lamentaba. "¡Cobarde! ¿Le espantará este aparato que Naturaleza le ofrece?"

Tal vez esté bebiendo el dinero que todavía no ha cobrado o... ultrajando a todas las novicias del convento de la Perpetua Adoración ¿Por qué salen de mi boca tamañas barbaridades? ¿Eso no es de otro libro?

Descubrí una “luz trémula y triste “No podría ser sino Lorenzo, “horrorizaría a quien le viese”“El rostro pálido, flaco, sucio, barbado y temeroso; el azadón y pico que trae al hombro, el vestido lúgubre, las piernas desnudas, los pies descalzos, que pisan con turbación”. "¡Lorenzo! ¡Lorenzo!". Traía la llave. Entraron.

“La puerta chirrió horriblemente, como conviene en un relato de estas características, en los que no hay ni un solo gozne engrasado. Nos adentramos por la calle central, flanqueados por unejército de cipreses. A nuestra vera surgieron panteones de un gótico podrido,cruces mohosas, ángeles de piedra y un borbotón de lápidas y alegorías fúnebres…caminabacon seguridad, sin ayuda de ninguna luz”. 




Yo no llevaba linterna ni cirio. ¿O era yo toda luz? Avanzaba sin mover los pies, flotaba, era un fantasma en su eterna noche lúgubre. Iba tras Tediato y Lorenzo que no parecían percibir mi presencia.



Vi como Tediato entregaba la paga a Lorenzo, ansioso por recibirla. ¡Cuán pobre debía ser cuando se atrevía a prometer lo que iba a cumplir! Dio su mano temblona al pagador que le guiaría y le esforzaría.

 ¡Ver temblar a un sepulturero con treinta y cinco años de oficio! ¡El que enterró a tiernos niños, a mozos robustos, a doncellas hermosas, a hombres en lo fuerte de su edad y a viejos venerables! El que apiló cadáveres corruptos, rasgó vestiduras, apisonó fríos miembros, rompió cabezas y huesos, los cubrió de polvo, ceniza, gusanos...sin que palpitara su corazón. Ahora sería la mofa de sus compañeros. ¡Veía fantasmas hasta en su propia sombra! 

Tediato  no creía en "prodigiosos entes a quienes nadie ha visto". Aún si los viera los juzgaría como "monstruos producidos por la fantasía humana, fecunda solo en quimeras, ilusiones y objetos de terror". Quisiera sosegar al crédulo Lorenzo pero el tiempo urgía, el sepulturero había de abrir una sepultura, aquella "humilde y baja". ¡Abrir una tumba! ¡El mayor sacrilegio!


Antiguo cementerio de peregrinos de San Amaro (Burgos)

Llegamos al lugar deseado, al mismo tiempo que Tediato reflexionaba sobre la fragilidad humana:

"¿Cuántas veces muere un hombre de un aire que no ha movido la trémula llama de una lámpara? ¿Cuántas de una agua que no ha mojado la superficie de la tierra? ¿Cuántas de un sol que no ha entibiado una fuente? ¡Entre cuántos peligros camina el hombre el corto trecho que hay de la cuna al sepulcro!" 


Pisaba la losa, la que regó con su llanto y besó tantas veces con sus labios. Como una estatua del dolor, allí pasaba las tardes, sobre ese banco. Un día olvidaron avisarle del cierre de las puertas. Quedó "en aquellas sombras, rodeado de sepulcros, tocando imágenes de muerte, envuelto en tinieblas, y sin respirar apenas". 

El loco enamorado contaba al sorprendido sepulturero lo que vio: 


"... yo vi salir de un hoyo inmediato a ése un ente que se movía, resplandecían sus ojos con el reflejo de esa lámpara, que ya iba a extinguirse. Su color era blanco, aunque algo ceniciento. Sus pasos eran pocos, pausados y dirigidos a mí...El bulto proseguía, y al ir a tocarle yo...él horroroso vuelto a mí... apagose del todo la luz."


Lorenzo se extrañaba de que aún siguiera vivo, después de la aparición. ¿Qué hizo? ¿Qué pudo hacer?

Tediato aseguraba que se mantuvo en pie, en la oscuridad, durante horas, "haciendo el oído el mismo oficio de la vista". Oyó, al fin, un resuello. "Procurando tentar, conocí que el cuerpo del bulto huía de mi tacto. Mis dedos parecían mojados en sudor frío y asqueroso; y no hay especie de monstruo, por horrendo, extravagante e inexplicable que sea, que no se me presentase."
Tediato usó la razón para vencer los espantos. Pero la impresión, el llanto, la falta de alimento, el frío y el dolor de su corazón le pusieron en tal estado de debilidad que cayó "desmayado en el mismo hoyo de donde había salido el objeto terrible". Allí le hallaron por la mañana y le llevaron a su casa. Aquella misma tarde hizo conocimiento con Lorenzo que le prometió abrir la sepultura de su amada.

Lorenzo cayó en la cuenta de que esa misma tarde echó en falta a un mastín que solía acompañarle y no apareció hasta el día siguiente. A Tediato le bastó con eso, fue el perro que se durmió dentro del hoyo mismo. ¡Una causa trivial para un miedo tan fundado al aparecer! ¡La razón! ¡El objeto terrible era un perro!


El sepulturero empezó a alzar la losa de la tumba. "Pesa infinito". El buen hombre se preguntaba si se trataba de padre, madre, hermano, hijo, amigo...afectos que no valían nada para el pesimista y desencantado Tediato. 

Antiguo cementerio de peregrinos de San Amaro (Burgos)

Lorenzo le pidió ayuda, había de meter otro pico por el lado opuesto y hacer fuerza los dos. "¡Qué olor! ¡Qué peste sale de la tumba!" Salían gusanos que se veían a la luz del farol. Cubrían todo el pie derecho del enamorado Tediato.¡Repugnante y doloroso descubrimiento!

"En éstos, ¡ay!, ¡en éstos se ha convertido tu carne! ¡De tus hermosos ojos se han engendrado estos vivientes asquerosos! ¡Tu pelo, que en lo fuerte de mi pasión llamé mil veces no sólo más rubio, sino más precioso que el oro, ha producido esta podre! ¡Tus blancas manos, tus labios amorosos se han vuelto materia y corrupción!"

Con los asquerosos gusanos, me desperté. Interrumpimos aquí la lectura, acabaremos la Primera Noche y comenzaremos la segunda. ¿Qué te pareció mi sueño?


-Así está muy bien, eras un blanco fantasma invisible detrás de Lorenzo y Tediato. Pero ¿te has dado cuenta de que, al principio, se te cruzaron palabras que no eran de Noches lúgubres de José Cadalso, sino de El arpa eólica de Óscar Esquivias?

-Es verdad, he enlazado las dos lecturas. El espíritu romántico de ambas. Sólo me hubiera faltado añadir:


Un abrazo de María Ángeles Merino 

Las palabras tomadas directamente de Noches lúgubres aparecen de color naranja.