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miércoles, 5 de enero de 2011

Más imágenes y más palabras para "Dante en el Salón Rojo" ("Inquietud en el Paraíso")



Catedral de Burgos,monumento funerario en el arranque de la girola.

Sepulcro tardogótico, 1511, obra atribuida a Simón de Colonia...Para don Cosme Herrera,el sepulcro del arcediano Villegas no es solo una obra de arte. Es una puerta, no metafórica, hacia el Purgatorio. Don Cosme escoge al seminarista Rodrigo para que participe de su quijotesca locura. Es el único alumno del seminario que lee “Vida Nueva” de Dante, desde 1878. El quijotesco don Cosme Herrera elige a Rodrigo Gorostiza como su Sancho Panza. Julián Bayona elegirá a Román Antón. Dos Españas irreconciliables, con sus quijotes y sus sanchos.

Puertecita misteriosa, al lado del sepulcro de F. de Villegas. Pero don Cosme no se refiere a esta puerta. ¿O sí?

En la Catedral, ante la pétrea figura yacente del primer traductor al castellano de la Divina Comedia, don Cosme inicia al soñador seminarista en los misterios de la estatua. No representa a un muerto, es un lector que detiene su lectura y señala la página con el dedo, señalando el Purgatorio. No, no está hablando en metáfora, es un lugar real y el camino a seguir también lo es. Cuatro siglos lleva diciéndonoslo el arcediano y , al parecer, nadie se ha enterado.

Detalle del sepulcro del arcediano Fernández de Villegas. Misterioso dedo y misterioso libro.

El canónigo considera que ya está bien por hoy; devuelve, al muchacho, el viejo ejemplar de "Vida nueva" y se pierde en las sombras de la girola.

Hacia la girola quedan dos capillas en restauración.

Volvemos al Salón Rojo. Allí no les ha nombrado al arcediano Fernández de Villegas, el inspirador de sus dantescos delirios. Pero sí les ha propuesto una expedición al Purgatorio, bajo patrocinio de alguno de los ricos asistentes, como Don Perfecto Ruiz Dorronsoro, el dueño de la fábrica de zapatillas. Al Purgatorio con zapatillas "Argentina".


Foto de la fábrica de don Perfecto Ruiz Dorronsoro (página del libro "Veinticuatro mil días en Burgos", de Agustín Merino, mi padre)

Se oye una voz que clama: locura, disparate…Es una urraca, es doña Urraca, es la dirigente carlista María Rosa Pastor Urraca, fugitiva de la policia que la detuvo en Madrid, por patriota.






Al parecer, el personaje del tebeo, doña Urraca, está inspirado en la tradicionalista Rosa Pastor Urraca.

La urraca, digo doña Rosa, está hablando al director del periódico burgalés “El castellano”.


Cabecera fervorosa de "El castellano". Foto tomada de la página 177, del libro "Burgos, la ciudad vivida", de Fernando Ortega y Carlos de la Sierra.

Le dice que sólo les falta que un canónigo “mochales”, qué adjetivo más antiguo, maltrate a la pobrecita Iglesia. Cuando se enteren en el arzobispado...¡ Con la animadversión que el arzobispo Castro tiene al penitenciario pero culto don Cosme, el confesor de los pecados más gordos! Acordaos de la adúltera doña Clarita, lectora a la fuerza de "Madame Bovary". Esquivias dice que le gusta mucho Flaubert, fui testigo. A mi también, aunque considere a la Bovary como la más tonta de las tontas literarias. Y perdón por la digresión.

Edificio del arzobispado, en Burgos.

La preocupación del señor director es que esto llegue a oídos de la “mala prensa”, de los “plumillas anticlericales”. Se imagina el titular de “El heraldo de Madrid” e incluso los del peligrosísimo “Diario de Burgos”, considerado liberal. ¿Cómo sería "El castellano"?

Foto del antiguo edificio del "Diario de Burgos", ya derribado. Cuando estaba a punto de desaparecer, alguien puso la uve.

Y, para aumentar su expresión de espanto, por ahí anda la señorita escritora María Cruz Ebro, , una mujer intelectual y adelantada a su tiempo, autora de novelas censuradas. La “lechuza curiosona”, gordita y poco agraciada, sonríe mientras escucha a un exultante don Cosme y al atildado periodista del “Diario de Burgos”, Julio Martínez Palacios, que le hace preguntas. Doña Urraca se pone enferma de ver a estos dos ,que no son precisamente de su cuerda, y anima a marcharse al dire de “El castellano”.

Retrato de María Cruz Ebro, ni tan gorda ni tan lechuza. 

Esta novela de María Cruz Ebro fue retirada. Tomada de la página 447 del libro, ya citado, de Agustín Merino

Pero este ha de dar una orden a su "pisaverdes" redactor , que está contando un chiste, largo y sin gracia, a la bella Conchita Plaza. Cuando el chistoso ve al jefe, se calla y se pone en posición de firmes. La guapa se escabulle aliviada. Con voz áspera, el jefe le ordena que , cuando termine el artículo, lo deje en la mesa y, sobre todo, que no se le ocurra contar la propuesta del padre Herrera. Sutilezas teológicas y nada más.

Ahora están solos,el del "Diario de Burgos" y María Cruz Ebro, la cual perora contra la existencia del Purgatorio y contra lo de la resurrección de la carne. Eso de que la Conchita Plaza se quede resucitada y lozana, para toda la eternidad; mientras ella permanezca igual de gorda...¡Ni hablar! Prefiere la metempsicosis y que , ambas, sufran la reencarnación en perras o gorrinas.

Se mete en la conversación un anciano que pide , muy remilgadamente, el permiso para dar su opinión. Cortésmente extiende su tarjeta. Es don Agustín Garrús, catedrático de volapük,lengua artificial , y presidente de una americana sociedad filantrópica. Y vive en el hotel "Norte y Londres", cerquita de esa Comandancia donde tanto se está cociendo.

Foto navideña y actual del hotel "Norte y Londres".

Garrús tiene su propia teoría: la desencarnación o reencarnación al revés. La Ebro, algo guasona, le invita a un chocolate, en su casa, para que se lo cuente a sus amiguitas. La conversación sigue con finezas versallescas y roturas de cristales.

Don Cosme está ahora con el director del Instituto y el catedrático del mismo, y ex alcalde, don Eloy García de Quevedo. Este último , en el Burgos de aquella época, era el perejil de todas las salsas.


Detalle de una foto del claustro de profesores del Instituto De Burgos. Don Eloy García de Quevedo y la profesora de lengua francesa. Tomada del libro "Burgos de memoria", de Luis Ángel de la Viuda 

Instituto "Cardenal López de Mendoza", entonces era el único que había en Burgos.

Al grupo se une el doctor Albiñana, con muchas ganas de hablar. Champán, tabaco, abrazos, voces, habanera de Chabrier y carcajadas. Un desamparado Rodrigo, con sus faldones de seminarista e ignorado por los camareros, piensa que si esto es el mundo, no parece tan peligroso ni tan atractivo. Aunque esos cuerpos jóvenes desnudos, los del cuadro de tema mitológico , no están nada mal. Se aparta, fuera tentaciones.

El padre Herrera sigue de grupo en grupo. Albiñana, sobrado de tequila, le abraza y le califica de cojonudo. Ahora dice que está componiendo una "Conchitomaquia", dos mil versos en honor de la Plaza. Serán mejores que los de Zorrilla, el duque de Rivas y "todos esos tíos". Si Conchita llega a nacer en el Peloponeso, habría sido causa de muchas guerras. Este hombre está ocurrente. Un "pollo litri" le adula y él se crece. Sigue enhebrando disparates, ahora es un cuadro de la Virgen pintado por Marceliano Santamaría, con los rasgos de la famosa beldad burgalesa.


Busto de don Marceliano Santamaría, al final del Espolón.Tomada de la página 138 del libro, ya citado, de Agustín Merino)

Museo Marceliano Santamaría, en el Monasterio de San Juan.


Cosme se honra con que sensibilidades políticas tan distintas, el republicano don Perfecto y el nacionalista español Albiñana, muestren la misma simpatía hacia su propuesta. Pero nada de simpatía, el doctor piensa acompañarle y bajar al Infierno.

¿Infierno? No. La excursión es al Purgatorio. Y no se baja, se sube puesto que el Purgatorio es una montaña. Albiñana está decidido, subirá al Purgatorio.


Dante, Florencia y la montaña Purgatorio.

Sigue la verborrea etílica del doctor Albiñana...Seguiremos.

María Ángeles Merino

lunes, 27 de diciembre de 2010

Juego de imágenes burgalesas para "Dante en el Salón Rojo" ("Inquietud en el Paraíso", Óscar Esquivias)

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En el apéndice redondeado del Teatro Principal , está la cafetería Espolón, donde nos reunimos antes de la "olla quijotesca". Es el punto de partida para esta nueva lectura que va a dirigir Pedro Ojeda.

Busco entre libros que nos hablan de ese viejo Burgos tan inquieto. Salgo con mi cámara rosa , por mi ciudad, a la caza de los escenarios en que transcurre la novela de Esquivias. Por último, visito la hermosísima, aunque gélida catedral. Me dejan hacer fotos sin flash. ¡Bien!

Ya sabéis lo que me gusta jugar con las imágenes. A por ellas.

Áquí tenéis al doctor José María Albiñana, en traje de presidiario, o en pijama vete a saber; pero sin mantón de Manila ni vaso de tequila . Página 73 del libro "Burgos siglo XX",Cien años de luces y sombras, de Pablo Méndez.



Ahora, vamos en busca del Salón Rojo, del Teatro Principal, donde comienza la novela.

En Navidad, vemos así al Teatro Principal, edificio isabelino, construido en 1843 y reformado en 1997. De 1956 a 1997 fue una vergonzosa ruina.



El famoso "Salón Rojo" donde, en 1936, se reunía la flor y la nata de la sociedad burgalesa. Ahora se utiliza para actos protocolarios, ceremonias institucionales, recepciones oficiales y entregas de premios.



En el Salón Rojo, don Cosme Herrera, penitenciario de la Catedral, acaba de dar una charla sobre la Divina Comedia a un "racimo de personalidades. En un rincón de la enorme sala, está pero no está un aturdido y soñador muchacho . Le saca de su pasmo el doctor Albiñana preguntándole quién es. El joven se presenta como Rodrigo Gorostiza, del seminario de San Jerónimo.


Seminario mayor San Jerónimo, enorme edificio clausurado como tal y utilizado para otros fines.

En el Salón Rojo hablan de pronunciamientos militares , pero es mejor no calentarse la cabeza y hablar del tema estrella en las tertulias: la guapa Conchita Plaza, hija del acaudalado señor Plaza. Su escote, su busto, su sonrisa, sus ojos...No he encontrado ninguna foto de aquella legendaria mujer, pero el narrador compara "su aire soberano" con el de la carroza del Corpus. Esta:



Si queréis más detalles sobre la guapa burgalesa, leed lo que dice Virgilio Mazuela, en "Los Burgos perdidos".



Rodrigo había acudido a la Catedral para hablar con el padre Belzunegui, el organista titular.El seminarista va a sustituirle durante las vacaciones de verano que se toman los canónigos. Belzunegui le enseña los órganos de la basílica, uno a uno. Estos son los mejores,los de la nave central.



Foto sacada del libro "Burgos, la ciudad vivida" de F. Ortega y C. de la Sierra.





Belzunegui le advierte que tenga cuidado con el "tutti", que puede romper las vidrieras. Y le confiesa que , en su primer día, derribó el Sagrado Corazón del rosetón central.



Cuando se dispone a salir del templo, alguien le llama por su nombre desde la capilla de San Juan de Sahagún. Es el padre Cosme Herrera, el de la charla en el Salón Rojo, trabajando de padre "penitenciario".





Don Cosme le pide que aguarde sentado, mientras termina de confesar a una tal doña Clarita. La penitencia será certificada y muy literaria. Ahora ya no hay confesionario en la capilla de San Juan de Sahagún, el de la foto está junto a la Escalera Dorada.



Don Cosme le conduce por el crucero y le planta delante de una sepultura junto al arranque de la girola, bajo un arco carpanel. Es la del arcediano Fernández de Villegas, el primer traductor de la "Divina Comedia" de Dante, al castellano.















Figuras de santos, festones, una Anunciación, Dios Padre en lo más alto, ángeles, tenantes, el difunto con casulla y bonete...El diseño de esta maravilla se atribuye a Simón de Colonia. ¿Qué es eso tan misterioso que don Cosme quiere mostrar al joven seminarista ?



¡El libro! ¡Ahí está la clave! El arcediano detiene su lectura y marca la página con el dedo. ¿Qué nos quiere decir?

¿Qué misterio encierra la tumba de Don Pedro Villegas ?



Sigamos leyendo, que no hemos hecho más que empezar.

Un abrazo, amigos.


María Ángeles Merino