jueves, 4 de octubre de 2012

"El lector de Julio Verne". Vamos a contar mentiras, tralará.

 

De aquí
Esta entrada pertenece a la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. Es un comentario acerca de algunos contenidos de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes.

La voz del narrador suena muy  adulta cuando nos relata  las últimas horas del guerrillero Cencerro, aquella madrugada de un 17 de julio, entre gasolina, dinamita, tiros y “un río de papelitos verdes”: ciento cincuenta mil pesetas que le iban a llevar a Francia.


Billete de 1000 pesetas de 1946.

Dos horas más de tiroteo, dos vivas a la República y “arriba, parias de la tierra, en pie, famélica legión”. El teniente coronel, obviamente nunca ha cantado eso, midió mal el tiempo, les ha dejado elegir su muerte, ascenderán a la categoría de símbolos porque “hay muertes que valen muchas vidas juntas”. Cencerro y Crispín  vencen, se abrazan  “antes de suicidarse disparándose un tiro en la sien”. La sierra se llenará de niños llamados Tomás.


De aquí
Antonino no ve la muerte de Cencerro, mas sus asombrados ojos de niño son testigos del miedo y la tristeza de su padre; al que convocan, es una orden, para recibir con los peores honores al cadáver de Crispín. El himno será "Tengo una vaca lechera"."Tenía la cara desencajada, los labios apretados y una mirada extraña, turbia, casi líquida. Y tenía mucha prisa". Mira uno por uno a sus tres hijos y murmura "Largaos ahora mismo...No os pueden encontar aquí. Por vuestro propio bien". Y no pueden salir por la puerta, por la ventana...



Entonces recuerda que "no era la primera vez que mi padre desobedecía una orden". Aquel día en que, al volver de la escuela, se lo encontró "escondido en su dormitorio" y "madre me dijo que como se me ocurriera abrir la boca, me echaba de la casa para siempre y se hacía a la idea de que no me había parido". Nino, que todavía no ha comenzado su aventura con los libros de verdad,  busca el asidero en las novelas del oeste. En ellas, los pistoleros escondidos "no eran cobardes, sólo astutos".

Ese día en que ha de huir con la pequeña Pepa de la mano, Nino avanza "una hipótesis descabellada", la única que le cuadraba: "¿Es que padre es rojo, madre?". Porque "nunca me había parecido tan pequeño, y nunca tan grande". La idea absurda se desvanece, de momento, cómo se te ocurre Nino, un guardia civil rojo.

"La cuesta del molino viejo nunca me pareció tan empinada". El calor, el peso de la hermanita en brazos y sus temores...por su amigo forastero. "Sin saber por qué, yo temía que Pepe el Portugués fuera uno de ellos, y sin embargo, estaba en su molino y muy contento de vernos."

Pepe no mueve un músculo de más, estudia la cara de Nino, "como si no la conociera". "Lo han matado ". "Se ha matado él". El niño corrige al adulto que esboza una sonrisa y añade: "Eso lo has dicho tú".

Pasan los tres una buena tarde, entre risas y chorizos asados. Muchos años después, Antonino recuerda el sentido de "una manta roja tendida a secar a mediados de julio". "Para adivinar que la noche sería peor, no hacía falta más que mirarla a la cara".

"Noche eterna y espantosa". Las paredes del cuartel no guardan secretos: gritos, protestas inútiles, ruido de cuerpos, gritos, voces conocidas, alaridos, "letras largas", "estrépito de cuerpos cayendo como fardos", silencio y "llevaos a este y traedme al de antes". Pepa pregunta, no puede dormir, "No es nada, Pepica, una película...". Le miente como unos años antes le había mentido Dulce, la hermana mayor.

La niña llora y Nino escucha todo, mientras le canta lo de "vamos a contar mentiras". "Ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras, tralará," no me peguéis más, si yo no sé nada", por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas. Pepica se queda dormida, abrazada a su cuerpo "como un náufrago se abraza a una tabla".


Y Nino sigue cantando bajito: "salí de mi campamento, con hambre de seis semanas..." Lo hace para no escuchar la voz de su padre. "¿Por qué no nos dices lo que sabes?". "Cargadito de manzanas, tralará, y más ruido, más cuerpos cayendo...aquella vocal sola, larga, interminable...y caían avellanas, tralará, las verdades y las mentiras". Y la resistencia de los que pegan y de los que reciben golpes.

Vómitos en el patio. La madre de Nino le espera sentada en la mesa de la cocina: "Estarás contento...no me digas nada, Mercedes...no se puede vivir así". Mercedes no tendrá valor para mirar a la cara  "a los que acabáis de romper todos los huesos".

Nino se levanta, la puerta no estaba cerrada del todo. Ve llorar a su padre por primera y por última vez. "Tú no has estado en Martos, Mercedes, tú no lo has visto...yo estaba allí, quieto, callado, sin hacer nada, como la mierda de hombre que soy...".

"Madre" le pide"calla, calla" y envuelve al marido en los brazos, como un niño, se lo lleva a la cama.

Al día siguiente, hay que vestirse de domingo, es 18 de julio. Hay que seguir contando mentiras, tralará.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Las palabras en letra color naranja están extraídas directamente de la novela "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes, editorial Tusquets, primera edición, marzo 2012.

8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es un momento central en la narración para explicar la evolución de Nino: cómo se muestra atento a todo lo que pasa y cómo entra en su vida tanto la historia como la leyenda.
Excelente.

Merche Pallarés dijo...

¡Qué duro debió de ser para Nino descubrir el lado oscuro de la vida con sus mentiras tralará...! Besotes, M.

Ele Bergón dijo...

Te digo lo que a Merche, que poco a poco sin leerlo me voy enterando de la novela por vuestros acertados comentarios. TEndré que ponerme las pilas.

Muy bueno el video y en estos tiempos que corremos muy apropiado.

Besos

Luz

pancho dijo...

Revives perfectamente uno de los párrafos más comprometidos de la novela. La autora demuestra su habilidad para dar credibilidad al pasaje de las torturas a los detenidos a través de las vivencias de un niño.

Me imaginaba a Cencerro de otra manera.

Las coplas populares siempre han jugado con la ambigüedad para atacar al poder establecido sin que se note mucho.

Un abrazo.

Bertha dijo...

Dura realidad para un niño...-Es la parte mas dura de la novela.

Las canciones estupendas cuantas vivencias...

Un abrazo MªAngeles.

Asun dijo...

A pesar de ser solo un niño a Nino le toca hacer el papel de adulto para proteger a su hermana pequeña de toda la dureza que les rodea. Eso sin duda tiene que marcar y mucho.

Besos

Aldabra dijo...

¡que tiempos aquellos en los que los niños morían como adultos1

claro que, analizando mi frase, todavía sigue vigente; debería de poner el tiempo en presente.

biquiños,

Abejita de la Vega dijo...

Pedro: es el cogollo de la novela. Y me encantó.

Merche: demasiado pronto para descubrir ese lado oscuro. Pero Nino es muy fuerte.

Ele: así es, muy apropiado, la de mentiras tralará que nos están contando.

Pancho:sí, el físico de Cencerro decepciona. Las cancioncillas desempeñan un importante papel, saltan censuras, tralará.
Revivo, he estado en la habitación, con Nino y Pepica.

Bertha: durísima, una película de terror.

Asun:marcado para siempre, los adultos viven con el niño que fueron.

Aldabra: los niños mueren hoy como adultos, qué pena, mira esa niña herida de gravedad por defender la escolarización de las niñas.

Besos y gracias por visitarme.