miércoles, 5 de septiembre de 2018

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. ¿El Quijote americano?


En verano Cien años de soledad, para comentarla en otoño.

A modo de introducción a la lectura de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

¿El Quijote americano?

Era un tiempo de "intenso intercambio epistolar con los amigos". Gabriel García Márquez, "Gabo", envió a Carlos Fuentes, "Fontancho", el manuscrito de Cien años de soledad. 

Entusiasmado, lo buscó desde Venecia para felicitarlo y no lo encontró. Entonces escribió a su grande y común amigo Julio Cortázar, "impulsado por la necesidad imperiosa de compartir un entusiasmo". Acababa de leer Cien años de soledad:

"He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar el mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!"


Carlos Fuentes definió Cien años de soledad como "una generación y una re-generación infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin". 

La sintió como una propuesta y una tarea común para los escritores "amigos". 

"Y qué sentimiento de que cada gran novela latinoamericana nos libera un poco, nos permite delimitar en la exaltación nuestro propio territorio, profundizar la creación de la lengua con la conciencia fraternal  de que otros escritores en castellano están completando tu propia visión, dialogando contigo. Dialogando con nosotros."

(Palabras en cursiva tomadas de Carlos Fuentes: Para darle nombre a América, HOMENAJE. 2007. Incluido en la edición conmemorativa de Cien años de soledad, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, editorial Alfaguara. Páginas XXII Y XXIII.)



"La existencia convertida en discurso literario", sí, como Don Quijote. Del Alcaná de Toledo a los pergaminos de Melquiades. 

"Para darle nombre a América". La que liaste, Cristóbal Colón.



Este verano han coincidido en mi mesilla los dos, "en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario". ¿Quijote americano?

Un abrazo de María Ángeles Merino

Para darle nombre a América, Carlos Fuentes.

lunes, 3 de septiembre de 2018

"No tengo por qué huir, yo no he hecho nada".



Ayer leía "El País" y me encontré con la triste historia familiar que tantas veces me contó mi madre, la que nos contó aquí en el blog, para la lectura colectiva de "La Acequia", en un ficticio diálogo con Chaves Nogales, el autor de A sangre y fuego. Sigue contándola, a sus casi noventa y cinco años, y le ha sorprendido verla escrita en un periódico.

El artículo se titula "El anhelado ascenso del teniente coronel Moya". Habla de la petición de un militar retirado de 85 años, héroe de la guerra de Ifni e hijo de un teniente fusilado por Franco. Su nombre: Antonio Moya Muñoz. ¡Uno de los cuatro hijos de Francisco Moya Escribano, el tío de mi madre, el fusilado en Málaga! 

Sorprendida leo:

"Moya es huérfano de un teniente que combatió en la guerra de África. El 17 de julio de 1936, su padre tomó el barco melillero para incorporarse a su nuevo destino en Valladolid. La sublevación le pilló en mitad de trayecto y, al llegar a Málaga, se puso a las órdenes de la autoridad militar. Cuando las tropas nacionales entraron en la ciudad, en 1937, su hermano le ofreció escapar a Almería, aún en manos republicanas. "No tengo por qué huir, yo no he hecho nada", le contestó. Franco no lo consideró así y lo mandó fusilar. Dejó viuda y cuatro hijos. Uno de ellos, entonces de cuatro años, acabó siendo militar."




Vuelvo al diálogo que mantuve con mi madre, en marzo de 2017: 

-Veinte días antes de comenzar la guerra, salimos de Antequera. Un día o dos antes de que nos fuéramos, nos visitó mi tío, Francisco Moya Escribano, que era militar y que, muy poco después, sería fusilado por los nacionales, en Málaga. Recuerdo sus palabras: "Antonio, si te vas a marchar, vete mañana mejor que pasado, porque se va a armar una muy gorda, no me preguntes más".

-Por último, mamá, tengo curiosidad en saber cuándo se enteró mi abuelo de la muerte de su hermano, Francisco Moya Escribano, militar fusilado en Málaga.

-Eso fue muy triste porque no lo supo hasta el fin de la guerra y lo habían matado al principio. Durante los tres años tuvo comunicación con su madre, que estaba en Córdoba, pero la abuela Ángeles no nos dijo nada de la muerte de su hijo Paco. Tu abuelo estuvo tres meses neurasténico, no pudo trabajar ni dar clase en ese tiempo. Las guerras son terribles. Son a sangre y fuego como ese libro tuyo.

Son a sangre y fuego. 



No cabe duda, mi madre es una buena cronista.

Un abrazo desde aquí para el teniente coronel Antonio Moya Muñoz de: 

María Ángeles Merino Moya, hija de María Ángeles Moya García, hija a su vez de Antonio Moya Escribano, el hermano que le ofreció escapar a Almería, aún en manos republicanas. 

https://elpais.com/politica/2018/08/26/actualidad/1535312751_298637.html

http://aranitacampena.blogspot.com/2017/03/mi-madre-dialoga-con-sangre-y-fuego.html

http://aranitacampena.blogspot.com/2017/03/mi-madre-dialoga-con-sangre-y-fuego-2.html

http://aranitacampena.blogspot.com/2017/03/mi-madre-dialoga-con-sangre-y-fuego-3.html

sábado, 1 de septiembre de 2018

Tal vez el hombre llego a ser hombre cuando tomó conciencia de la belleza del universo.

Tiempo cristalizado en colores (Agustín Merino en Poza de la Sal)

Tal vez el hombre llego a ser hombre cuando tomó conciencia de la belleza del universo.

Tal vez esos monitos que sus madres en la noche les subían a lo más alto de los arboles para que vieran las lámparas bellas, para decirles que no todo era oscuridad en la noche, estaban luna y estrellas. 

Un día alguno de  ellos no vio luz, vio belleza y fue el primer Adán o la primera Eva.

Llego el primer atardecer, cuando los depredadores se desperezan y no sintió miedo por anunciar el cielo rojo la llegada de la oscuridad, sintió la belleza del momento. 

La primera Eva tomo de la mano al primer Adán, los únicos que no habían corrido a su refugio seguro en el interior de los arboles. 

Nació la belleza y nació el paraíso cuando dejaron de tener miedo.

Y nació el amor cuando al mirar las estrellas sus labios se encontraron.

(Agustín Merino)

lunes, 13 de agosto de 2018

El mar un día me susurró al oído.



El mar un día me susurró al oído.
El cielo empezaba a perder el azul y en las aguas se intensificaba.
En su ronca voz de cólera incontenida en blanco sobre las rocas.
Nunca camino sobre tu playa, nunca de sus descalzos pies fueron tuyas las huellas.
Nunca hizo suya la playa de los te quieros.
Aprende de mi y borra todo lo que hasta hora llevas escrito en las arenas.
Acepta la senda del olvido.
Déjate envolver por mis olas te haré estatua de sal.
Acepta la senda de lo que ya no ha sido.
Bajo la última lagrima de luz, susurre al mar al oído.
Se irá la lluvia negra, el amanecer vencerá la bruma, tus aguas volverán a ser calmas.
Me sentarse en tu regazo y volveremos hablar ya de mañana.
Con el sol como testigo ha de ser otra mañana.
La mañana de todas las mañanas en las que empiezo escribiendo.

(Agustín Merino)

martes, 7 de agosto de 2018

Alquimista de los colores. Un poema de abril en agosto.



Abril (Agustín Merino).


Hay un mes en el año en el que el arco iris camina hacia atrás y vuelve a ser gotas de agua
Es la mágica lluvia de abril que todo lo inunda de color.


Alquimista de los colores.
Tratando de inventar un  color.
Tan mágico que aún cerrando los ojos  se pueda ver con el  corazón.
Que hechice cada día, y quieras volver siempre a mirarle.
Tal vez mareando las olas en azules.
Tal vez en florecidas flores.
Eternas danzantes del viento.
Tal vez los rojos que arden en pasión y rojas rosas.
Tal vez el amarillo nacido del sol y loco por la vida.
Y los  añiles de la noche profunda e insondable.
Tal vez el plata de luna que en nocturnas aguas riela,
no sé qué es mejor para hacer un mágico color.
Esmeraldas turquesas y aguamarinas.
O tal vez zafiros y rubis.
Quizá en las aves, más cercanas al cielo donde una de ellas lleva el nombre de paraíso.
El color que para ti invento ha de vestirse para cada ocasión.
Sumergirnos en olas con olor a espumas y mar.
A fragancia de música del silencio.
A perfume de tropical verde selva.
Con aroma de la esquina de la alegría, donde se cruzan la calle de los sueños con la travesía de los te quieros.
Este color solo ha de verse cerrando los ojos.
Es el color que tinta los sueños.
Y tus ojos al mirar harán el resto.
Nacerán cuando el crisol de tu mirar lo haga nacer en tus adentros.

(Agustín Merino)

sábado, 21 de julio de 2018

Balance del curso 2017-2018, en el Club de Lectura de La acequia.




Comienzo esta entrada a 18 de julio, Jesús qué fecha. Recordáis que el 7 de julio, sí, San Fermín, celebramos la fiesta de fin de curso del Club de lectura, nada menos que en el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y, tras la visita al histórico edificio, la reunión lectora en torno a El pisito de Rafael Azcona y la comida en un céntrico restaurante, la tormenta y el aguacero pusieron punto y final. El repiqueteo de la lluvia acompañó las despedidas a los compañeros lectores que seguro, seguro, que algún libro se traen ya entre manos. ¿O no?


Repiqueteo de la lluvia como fin de fiesta. 

Sí, seguro que todos , más o menos, seguimos leyendo en verano. ¿Qué os parece éste?



Ahora es tiempo de balance. Recordaréis que de octubre a junio leímos: una selección de Novelas amorosas y ejemplares de María Zayas, La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, Don Juan Tenorio de José Zorrilla, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Pedro Páramo de Juan Rulfo, El hombre pez de José Antonio Abella, Juana la loca. La cautiva de Tordesillas de Manuel Fernández Álvarez, Akúside de Ángel Vallecillo, Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y El pisito de Rafael Azcona. 

¿Qué nos han aportado las obras leídas en este 2017-2018? Cada uno tendrá sus repuestas y nada mejor que el contraste de opiniones  para abrirnos los ojos a otras perspectivas. 

Bueno, ahí va mi reflexión, en línea con el comentario que acabo de publicar en La acequia, en la entrada  titulada Balance de un año en el club de lectura. 

Llevo en el Club de lectura virtual desde el otoño de 2008 y en el presencial desde el de 2013 y sólo un libro, en todos esos años, me resultó totalmente imposible. Incluso ése, todos han tenido su sitio en este blog, en su momento. 



Este curso, también disfruté mucho con la mayoría de los libros. 

Con el grito de libertad femenina en María de Zayas, inaudito en su tiempo. Quiso abrir los ojos a otras mujeres más jóvenes, aunque supiera que muchas se aventurarían perdiendo. ¡Rápido, esconded la novelita en el costurero!


Novelas amorosas y ejemplares de María Zayas

Con Don Juan Tenorio enamorado de la pureza absoluta de doña Inés, capaz incluso de la virtud. 



Con las batallas interiores de amor y culpa en la novela de Laura Castañón.


La noche que no paró de llover de Laura Castañón.

Con quien fue El hombre pez porque la tierra le negaba todo. Es difícil ser diferente. 


Con Juana de Castilla, loca y cautiva porque así convino a padre, esposo e hijo. Reina de papel, víctima de la política, cosa de hombres. 


Con José Luis Cancho y su refugio de la memoria de escritor para no ser más “el chico que cayó por la ventana”. Y la mía también buscó refugios. 




Con Rodolfo y Petrita buscando El pisito y una salida desesperada a la vida que los tenía atrapados. 

El pisito de Rafael Azcona

¡Una gozada todos esos! 

Incluso en Comala, con el rencor vivo de Pedro Páramo, aunque estemos bajo tierra y tardemos en darnos cuenta. Una vez que entramos, ya no salimos, seguro que vuelvo a leer Pedro Páramo de Juan Rulfo.


Seguro que vuelvo a leer Pedro Páramo de Juan Rulfo

¿Y los viajes? En Valladolid, el personaje Zorrilla saldría a nuestro encuentro, tan interesante o más que su don Juan. 


Homenaje a Zorrilla ante su tumba

Y, en Tordesillas, doña Juana nos contaría "in situ" su encierro. 


Tordesillas siempre con Juana de Castilla

Ya sé lo que me dejo. De La sirena de Gibraltar me gustó el personaje del hijo cantando las cuarenta al padre, la gente buena no mata, papá. No soy de novela negra y no me gustó el protagonista, lo veía inverosímil. 

La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez

De Javier Vallecillo, le reconocí más valor que Gerineldo para publicar un libro abstruso, él mismo lo definió así en mi blog, donde tiene su casa. Leí la mitad de la novela, está muy bien señalado el fondo común de todos los nacionalismos criminales y excluyentes pero...no pude con ese Akúside de estética de cómic. 


Akúside de Javier Vallecillo

Un balance muy positivo. El curso que viene seguiremos disfrutando de lecturas, comentarios y algún viajecillo...terrestre no más.


Muchos besos y muchas gracias, Pedro.

María Ángeles Merino