jueves, 24 de marzo de 2022

"El mundo está parpadeando" escribe Karmelo C. Iribarren.

Pequeño comentario en torno a un poco de El escenario de Karmelo C. Iribarren, para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.


El mundo está parpadeando
como una bombilla vieja de desván
a punto de extinguirse.

Los días pasan
como pasan siempre los días,
sin grandes sobresaltos,
con esa rara mezcla de lentitud y vértigo.

Hasta ese día en que ves aparecer al otro lado
-allí, entre la niebla, aún lejos-
una proa apuntando hacia tu orilla. 
...
empiezas a reconciliarte con la vida.
Pero la proa no deja de avanzar.
...
Un gato súbito entonces
puede darte
un susto
de muerte.

Y la luna
-allá arriba, impasible-
ser tu última imagen del mundo.

(Karmelo C. Iribarren, El escenario)

Si leemos y releemos El escenario, pronto encontramos un espejo para lo que nos está cruzando por la cabeza, así de humana es la poesía de Karmelo.  El mundo parpadea, los días pasan y la proa  no deja de avanzar. El gato puede esperar y también la imagen última del mundo. Si solo fuera un gato... Esta primavera da miedo. Nunca pensé en poner una etiqueta titulada "La lectura en tiempo de guerra". Ahí la tenéis.

No a la guerra. Un abrazo de:

María Ángeles Merino


Fragmentos en rojo tomados de El escenario de Karmelo C. Iribarren, colección Visor de Poesía, 2021. 

martes, 1 de marzo de 2022

"Insolación" y un poco más.

 



Comentario de la novela Insolación de Emilia Pardo Bazán, para la lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.

Aquel día, mi amiga Austri , llamémosla así, me  sorprendió en la ventana de mi casa. La había abierto un momento para quitar las hojas secas de los tiestos, sin soltar la novela de Emilia Pardo Bazán, Insolación, que acababa de leer. Desde abajo, me hizo señas, abrí la contraventana y, sin un hola previo, preguntó con guasa si iba a ponerlo a que se solease un poco más. Yo le contesté que, a pesar del título, el sol era inocente. 

No sé cómo podía ver el libro desde la calle. Austri es un personaje misterioso que suele sorprenderme cuando estoy con alguna lectura del Club. Tampoco tengo muy claro de qué la conozco, ella asegura que de toda la vida. Y con un "baja" me hizo bajar y me llevó a una heladora terraza semicubierta de las de ahora, qué os voy a contar. Delante de un café, se puso sin más a hablarme de la novela  Insolación (Historia amorosa). No sé cómo sabía que necesitaba ayuda para redactar mi propia entrada, después de la reunión del martes 25 de enero.

-María Ángeles, vamos con Insolación.

-No sé cómo armar todo esto que tengo escrito. Hay que ver lo que cunde esta obra menor, pequeña joya diría yo. 

-Descansa, mujer. Te has explicado muy bien, pero vamos a hacerlo de otra manera. Nos vamos al final, no, nos vamos a después del final. Reunimos a doña Francisca de Asís,  marquesa de Andrade, con Ángela, la Diabla, en el tren, cuando ya ha pasado todo; pero enseguida se incorpora un personaje sorpresa y Ángela se va al vagón de equipajes. Tú eres la señora y yo la criada que pronto desaparece y aparece quien tiene que aparecer, las dos formamos un "ñaque". 

 Comenzamos: 

¡Viajeros al tren! ¡Viajeras también!

-Ángela, sube ya, que el tren no espera. ¿Lo trajo todo el  mozo?

-Sí, señorita. "Mundos, sacos y maletillas".  Aquí guardo la llavecita," le ato  un estambre colorado, para acordarme mejor". 

-"¡Qué babel, qué trastorno! Nunca sabe uno lo que conviene llevar y lo que debe dejarse. ¿A que no te acordaste de meter más ropa de abrigo? ¿Y el impermeable? Fíese usted del clima gallego. La pamela de la niña, el pajazón, el sombrerito escocés de la cinta, la pimienta para los tapices y el alcanfor, que la humedad lo echa todo a perder.

-Sí, señorita. Y el algodón gris para rellenar los huecos de los cajones, más sufridiño que el blanco. Yo creía que hasta San Antonio no partíamos a  miña terra. ¿Cómo pensaría eu que nos íbamos un mes antes? Ni mi vestido de percal pude alistar.

-Este es muestro departamento. Siéntate aquí, a mi lado. Me parece que vamos a tener una compañera de viaje de lo más ilustre,  he visto en el pasillo a doña Emilia, la condesa de Pardo Bazán. Es una mujer muy lista que sabe mucho y escribe muchos libros. 

-Qué suerte, a las pobres nadie nos enseña nada.

-Y a las señoritas nuestro poquito de piano, nuestro poquito de francés , filtiré, bordado y politesse. Pero Emilia fue muchísimo más lejos, dice mi confesor que una mujer no debe bachillear, ni andar libre por ahí. De lo de Diego no se ha de enterar el buen jesuita, me confesaré en Vigo, con el abade que no riñe.

-Pronto será casada la señorita?

-¿Cómo sabes tú eso? Debes tener oído de tísica, muchacha. 

-Yo non sé nada, pareciome oír que el señorito don Diego sería el afortunado.

-Te contaré a su debido tiempo. Cuando despache la ida a Cádiz y lo vea yo en Vigo, que no sé yo si la cosa va  a cuajar.  "Una presoniya está chalaíta por usté", me dijo la gitana.  ¿Te acuerdas de cuando me dio un "soleado" la víspera de San Isidro? Era como si me barrenasen las sienes. 

-Cómo no, "se caían los pájaros de calor y usted fuera todo el santo día". La "jaquecona", se le abría la cabeza en dos, pobre señorita. (Si sabrá la Diabla lo que se bebe en romería). Sentole bien la tila. 

- Sí, la jaqueca, la calentura y las bascas se fueron por la posta con la infusión pero enseguida volviome el desasosiego. No paraba de dar vueltas en la cama, buscaba el frescor de las sábanas. Me sentía como un San Lorenzo en la parrilla. Me siento aquí, junto a la ventanilla. Vete a echar un vistazo a los equipajes, en el vagón junto a la máquina.

Ángela se va y Asís se queda pensativa. Habla consigo misma.

-( ¿Y el alma? Grandísima hipócrita, ni el sol ni el calor, no me vengas con historias, una señora intachable, ya necesitaste virtud para querer tu tío esposo y señor natural con sus alifafes, una perfecta viuda, una madre cariñosa, pero te descuidaste. ¿Una pasioncilla? No, sino "un pecado gordo en frío", sin atenuantes, "con ribetes de desliz chabacano". )

Se abre  la puerta del departamento y aparece, despampanante, doña Emilia Pardo Bazán tocada con un aparatoso sombrero y un lujoso traje de terciopelo. Le acompaña una sirvienta, cargada de bolsos de mano. Reconoce a doña Asís y ambas damas se besan y se saludan.

-¡Señora condesa, doña Emilia, qué alegría me da verla! Francisca de Asís, marquesa de Andrade, a su disposición, como personaje principal de su novela Insolación. ¿Se encuentra bien de salud? ¿Y la familia? 

-La salud bien, gracias. Mi hijos en excelente estado, aunque ya sabes mi Jaime se me crió algo canijo, como su niña. Los aires de Galicia le sentarán bien. ¿Qué es de su vida?


-Ahora mismo me preguntaba por mi boda mi doncella Ángela y yo, la verdad, no sé qué contestarla. Usted que maneja los hilos de mi vida, me dirá. Tenemos tiempo hasta el cruce ferroviario, usted a La Coruña, su Marineda, y yo a Vigo, donde me esperan mi padre y mi niña. Le agradezco que mi "historia amorosa" termine felizmente, de momento. Peor suerte ha corrido la desventurada pobre huérfana Esclavitud, en Morriña, también subtitulada  "historia amorosa" y escrita casi a la vez. 

-Te contaré, amiga Asís. Quise dar un giro a mi literatura después del éxito de Los Pazos de Ulloa y La Madre Naturaleza, dos novelones donde demostrar que yo, una escritora española, era capaz de escribir novelas tan naturalistas como las de don Emile Zola. El escritor gabacho aplaudió mi obra, mas me arrojó un jarro de agua fría: yo no podía ser naturalista por católica. Con las palabras admirativas que le dediqué en La cuestión palpitante, tal vez no le gustó que le comparara con un buey, con todos los respetos. 

Ya sabes, novelas naturalistas como la que te pasó el pelmazo de don Gabriel Pardo de la Lage, que no habrás tenido tiempo, ni ganas, de leer, bien escritas aunque escabrosas, algo obscenas, en fin, poco aptas para señoritas;  pero para una señora viuda y de principios como tú no debería haber problema. Mi naturalismo es más humano y para nada determinista, Dios nos hizo libres. Ahora escribo metiéndome en el pensamiento de mis personajes, novelas psicológicas las llaman, como las rusas; por cierto que hablé de ellas en el Ateneo y asistieron muchas señoras. ¿Has oído hablar de Fiódor Dostoyevski? Escribió un genial novelón, lo que le pasa por la cabeza a un estudiante que mata a hachazos a una vieja prestamista. 



Me metí dentro de ti, de las dos personas que luchan en tu interior: la que quiere gozar de las "divinas locuras que abrasan el alma", dando rienda suelta a su deseo y la dama intachable que escucha la voz de su conciencia, temerosa ante la crítica de su círculo social y eclesiástico.

-Sí, ya sé...(Qué voy a saber yo de novelas francesas, ni rusas, ni de psicologías ni nombres raros.  Su "ya sabes" me sabe a cuerno pero, en fin, paciencia, si no supiera yo lo sabihonda y pedante que eres...Y te crees con licencia para entrar en mis pensamientos, paciencia Asís). 

- Mi vida también giró, decidí vivir mis pasiones como un hombre, sin dramones. Mi marido pretendía que escribiera  solo de flores, niños o  santos, le molestaba la crudeza de mis novelas y nos separamos amistosamente. Comencé una relación con Benito Pérez Galdós, le quise mucho, poca gente lo supo. También tuve mi "soleado" con Lázaro Galdiano, le dediqué Insolación y muchos pensaron que era autobiográfica, me confundieron contigo, querida Asís. Fui una ingenua, le confesé la infidelidad a mi "miquiño", Benito no me perdonó, aunque seguimos como amigos y colegas. La novela se había escrito antes, pero me pilló mi "insolación" con Lázaro y , ya ves, se coló en las galeradas de corrección, cambié palabras, frases, párrafos enteros, el producto de mi experiencia. 

-Tenemos nuestras debilidades, querida Emilia. (Que no se confundan los lectores, yo soy viuda y la señora condesa es casada, se ponga como se ponga). 

-Quise que acabara bien, sin castigaros, señora marquesa de Andrade. Ni siquiera te maté ni te mandé a un convento, no te quejes. Decidí entender la libertad de la mujer, como mi propia libertad, y  construir, en tono menor, algo muy diferente al mundo de los Pazos. De allí traje a don Gabriel Pardo de la Lage, el tío de Manolita, la hija de su querida hermana Nucha, pobrecilla, que casó para su mal con la bestia parda del señor de Ulloa y solo aquel bendito cura...La pobre Manolita terminó en un convento, no le quedaba otra al enamorarse de su medio hermano Perucho.  Detrás anduvo también don Gabriel Pardo, perejil de varias de mis salsas literarias, que hubiera ido de tu brazo si no llega a ser por don Diego Pacheco y sus encantos. 


-No dejas de sorprenderme, Emilia. Católica y conservadora, como Dios manda, y pones encima de la mesa, quiero decir en tus libros, la doble moral que juzga distinto al hombre que a la mujer, con el mismo pecado. Apruebas nuestro derecho al deseo y te las compones para dejarlo caer, con un narrador que me trata con su punto de severidad y desconfianza, algo de guasa también. 

-Así es, querida Asís, que "lo reprimido y lo oculto es lo más peligroso". Aquella mañana clara y soleada de mayo, ya llevabas predisposición. El día anterior don Gabriel y don Diego, cada uno a su manera, contribuyeron al sofoco. Joven viuda de treinta y dos abriles, ibas como un santa, a misa con tu eucologio y tu mantillita; pero el aire, el cielo, las acacias, los piropos de los chulitos...Se te manifestaba tal exceso de vitalidad que te hubieras dado un chapuzón en la Cibeles, el cuerpo te pedía tonterías. Tras el encuentro con el ladino "meridional", que sabe abrir el camino, a casa a acicalarte y a la aventura en San Isidro, un baño de pueblo. 

-Y los lectores me conocen en la cama, aquejada de una terrible jaquecona. ¡Qué sonrojo! 

- La Españita bufa de la Restauración, mísera y desigual, asoma desde tu cama. Comparten tu malestar físico y tus  intentos vanos de autoengaño. Jaquecona, soleado, no. Calor, alcohol de mala calidad, comidas extrañas y...desliz en toda regla, cómo habrá podido ser. Pobre marquesa, qué aburrida es tu vida, misa y visitas. Deseas vivir tu vida y la sociedad que frecuentas te lo impide, y no digamos el severo confesor, qué bronca. Así que  terminas  en el rebullicio de la pradera, con la algazara de la gentuza, inmersa en escenas como las pintadas en las panderetas, colores, olores, ruidos, ropas, cachivaches, comistrajos, el habla popular, los gitanos...Engolosinada con un señorito andaluz y calavera, más que dulce empalagoso, manipulador  y que ya no te deja en paz, que rabie don Gabriel. 

-Don Gabriel, tan intelectual, tan liberal, qué disparates suelta por esa boca, que si los españoles llevamos la barbarie en la sangre, con educación o sin ella, que todos somos salvajes, que asoma el sol , se nos sube a la cabeza  y nos produce  una fiebre y una excitación endiabladas. 

-Eso se llama determinismo, amiga Asís. En cuanto a lo que dice de la libertad de las mujeres, no te fíes, que lo del tarjetero le sentó fatal, se sintió engañado y reaccionó como todos.  De mí dicen que soy feminista, una palabra que no me molesta en absoluto. Me duele que a las mujeres se les eduque "menos y peor", es el principio de todo. Yo fui una privilegiada, mis padres quisieron darme una buena educación, aparte del colegio francés dispuse de profesores particulares y de una nutrida biblioteca. Leí de todo, incluso lo no permitido, casi muero un día en el derrumbe de una estantería. Aún así tuve que ser autodidacta, asistir a la universidad ni pensarlo, cuando entré lo hice en mi condición de catedrática. 

-Usted, doña Emilia, nos mete de cabeza en una sociedad  con distinta vara de medir para el hombre y para la mujer, pasarán cien años y todavía coleará. Me di el gusto y salí al balcón soleado, feliz y despeinada, que me aplaudan los lectores. No parece acertada mi elección, fue un caprichito de niña mimada, tal vez Diego no cumpla nada de lo que me dijo, ni se meterá en política, ni viajará a Galicia, ni habrá boda. 


-Pero fue su libertad, querida amiga Asís.

-¿Me casaré con don Diego Pacheco, doña Emilia?

-Eso no se lo puedo decir, la respuesta está en la cabeza de cada lector y ya van siendo muchos. No, no escribiré la continuación de tu historia. En 1889, inmediatamente después de salir Insolación, publiqué Morriña, también subtitulada "Historia amorosa". Y a la pobreciña Esclavitud, buen nombrecito la coloqué, le negué todo lo que te concedí a ti.  Una criadita gallega, huérfana e hija de un sacerdote, se enamora del  señorito estudiante, el hijo de su señora doña Aurora. No hay salida buena para Esclavitud, termina mal, ya lo sabes. No me atreví a derribar la barrera social. Por cierto, creo que vi a la pobre muchacha en el andén, mirando como su amor se iba para siempre. Creo que doña Aurora y Rogelio viajan en este tren,  pasaré a saludarlos. Seguiremos hablando, así el viaje se nos hará más  corto. 



Doña Emilia desaparece y entra Ángela en el departamento. Asís abre los ojos. 

-Señora Francisca, que se ha quedado usted dormida. Con todos los respetos, cuénteme lo de la boda. ¿Veremos a don Diego en Vigo?

Aquí acaba nuestro "ñaque". Voy a felicitar a Austri,  pero desaparece...

Por fin, consigo darle forma a esta entrada que llega con más de un mes de retraso. 

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


"...y las mariposas, que alzaban el vuelo, con sus alas, teñidas de sangre..."



El domingo leía: "El conflicto bélico en Europa que tiene al mundo en vilo" y me fui a Galdós, junto a "dos desconsoladas mujeres", tras la batalla de Arapiles, la misma pero paralizada, congelada ya por la muerte. Volvía a la emoción de unas mariposas con las alas teñidas de sangre. Así son las emociones que nos regalan los buenos libros: se guardan, esperan su momento y despiertan. 

"Siguieron ellas y Tribaldos, y recorrieron el campo de batalla, que la luz del naciente día les permitió ver en todo su horror; vieron los cuerpos tendidos y revueltos, conservando en sus fisonomías la expresión de rabia y espanto con que los sorprendiera la muerte. Miles de ojos sin brillo y sin luz, como los ojos de las estatuas de mármol, miraban al cielo sin verlo. Las manos se agarrotaban en los fusiles y en las empuñaduras de los sables, como si fueran a alzarse para disparar y acuchillar de nuevo. Los caballos alzaban sus patas tiesas y mostraban los blancos dientes con lúgubre sonrisa. Las dos desconsoladas mujeres vieron todo esto y examinaron los cuerpos uno a uno; vieron los charcos, las zanjas, los surcos hechos por las ruedas y los hoyos que tantos millares de pies abrieron en el bailoteo de la lucha; vieron las flores del campo machacadas , y las mariposas, que alzaban el vuelo con sus alas, teñidas de sangre. Regresaron a Salamanca volvieron por la noche al campo de batalla no ya conmovidas, sino desesperadas; rezaban por el camino; preguntaban a todos los vivos y también a los muertos."

(Capítulo 40, La batalla de los Arapiles, Benito Pérez Galdós).

Una impresionante pintura de la guerra, sin pintura. La destreza literaria de Galdós insufló vida a lo que le contaron los mejores testigos, uno de ellos su padre. Merece la pena leer los Episodios Nacionales, aunque no seamos muy amigos de los relatos de guerra, como me pasaba a mí, que dudaba ante Trafalgar. 

No a la guerra. ¿Verdad, don Benito? 

La batalla de los Arapiles, Episodios Nacionales, 10. Primera serie, Alianza Editorial, El libro de bolsillo, tercera edición, 2016). Pagina 305.

jueves, 24 de febrero de 2022

Reunión de lectores en torno a "El escenario" de Karmelo C. Iribarrren, un poeta "vitalista elegiaco".

 


El Club de Lectura presencial de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda Escudero, se reunió el martes, 22 de febrero, a las cuatro y media de la tarde, en la Facultad de Humanidades y Comunicación, para comentar El escenario de Karmelo C. Iribarren.

Tras los saludos y la bienvenida, Pedro Ojeda nos invita a conocer a Karmelo C. Iribarren, a través de una entrevista reciente. Lo vemos y lo escuchamos unos minutos en la pantalla. 

Escribe para los lectores, no para Harold Bloom, para gente como él. Es una poesía cercana y va dirigida a cualquier lector, de cualquier edad. En sus poemas hay cierta tristeza y humor, una mezcla de ambos. La vida tiene eso, puedes llorar, puedes morirte de risa. El humor más grueso es la primera parte de su poesía, luego se matiza en ironía. Quiere  que sus  poemas se puedan leer hoy y dentro de veinte años, hay ideas  muy efímeras que luego se desinflan, busca un humor perdurable que sigan teniendo gracia con los años. La condición humana detrás. La ironía otro tanto.

Melancolía , es un poco melancólico,  un vitalista elegíaco. Optimista, no era así ni cuando tenía veinte años, veía el cielo azul y pensaba que  las nubes estarían por algún lado. Forma parte de su  personalidad, esa tristeza, esa melancolía; en San Sebastián le acompaña el tiempo, trescientos días grises, más su biografía que tiene etapas penumbrosas. Eso y que los años pasan. Estás en la lista pero llega un momento en que cada vez estás más arriba.

El profesor Pedro Ojeda nos pregunta:

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Qué veis en él?

-(L.) A mí me ha parecido muy ameno, a mí que no me gusta la poesía.

 -(L.) Una poesía muy sencilla, muy cotidiana, de vivencias próximas, muy interesante. 

-(L.) Después de leer Poeta en Nueva York, después de leer a los de la generación del 27, con palabras que tienen veinte significados, me ha resultado ameno, lo lees, te gusta y pasas al siguiente poema.

 -(P.O.) Tiene ya editadas sus Obras Completas donde están todas las de poesía menos esta, en Visor.  En prosa tiene un diario, Diario de K, muy atractivo y muy coherente. Es uno de los autores con una voz más coherente.

-(L.) Como ha sido su vida. 

-(L.) No es fácil, ha trabajado de todo, así es como lo ve.

-(L.) Me ha gustado mucho.

-(L.) La poesía tampoco me gusta y esta me ha gustado.

-(L.) Se lee muy bien, algunas me han hecho reír. Una que me ha recordado al marido de una amiga, el gesto en desuso, las manos atrás. 

-(L.) Me ha faltado emoción, estos son sus pensamientos, necesito que me emocionen. Salvo alguno, como el del gran combate, no me han emocionado.

-(L.) Me ha sido fácil pero no me ha motivado, cuatro elegidas: la de envejecer, la mujer de tu vida, el calendario, mi madre. Las cuatro me han llegado. Fácil pero no me ha dicho demasiado.

-(L.) Localista, muy influenciado por la playa, la nube, la arena. Me han sorprendido, esperaba unos poemas retorcidos, difíciles de entender. Lo que más me ha llegado: otro vino, la vida en un bar, solitarios empedernidos, los que no saben volver a casa, todos encuentran su sitio, que te aburres vas al bar...

-(L.) Más que poesía es prosa fragmentada, que se puede leer de corrido, con valor terapéutico. A mí , como poesía de vanguardia, me recuerda más a la poesía visual, el contenido queda menguado, te hace reflexionar, le pongo caritas y ya está.

-(P.O) Hay continuidad entre estos poemas y el Diario de K. Es un juego y si hay una cohesión, es un buen escritor. Vais a ver qué quiere hacer Karmelo. Lo cotidiano, con la cotidianidad de su poesía te sientes invitado.

-(L.) Lo recuerdo en aquella presentación de El amor, ese viejo neón que hizo en el Teatro Principal de Burgos, con motivo de la Feria del Libro, en 2017. Alguien ha dicho después de Poeta en Nueva York de García Lorca, por entonces había intentado leer a otro poeta para mí ininteligible.. Aquellos poemas me hacían sentir disléxica, era algo más que no entender, no podía pasar de una palabra a la siguiente. Karmelo C. Iribarren se puso a hablar y a leer alguno de sus poemas y me salió del alma: ¡Un poeta que se le entiende! ¡qué maravilla!. Y además,  conectaba con un paisaje por mí vivido porque trabajé doce años en Guipúzcoa, en los años ochenta. Cuando iba a San Sebastián para algún papeleo, disponía de muy poco tiempo, me hubiera gustado pasear sin prisas, bajo la lluvia, cruzar la ciudad, algo que tengo pendiente. Comencé a leer El escenario y se me dispararon todos los recuerdos. Él va su aire y en su aire me reconozco. La vida misma, qué extraña es la vida.


Me ha llamado la atención no encontrar ni una palabra en euskera. 

 -(P.O. Sí, hay  ausencia en toda su obra. Lo machacaron mucho. 

Parece que le salen así, pero es muy trabajado. Habéis dado en la clave cuando habláis de la falta de sentimiento, salvo alguno: su mujer...

-(L.) Y su hija, en sus ojos ve la alegría. 

 -(P.O.)  Como si nos dijera: ahora te toca a ti.

¿Por qué lo hace? Estamos acostumbrados a que la poesía sea el poeta, ese es el engaño, ese es el artefacto literario, es su vida, pero en el medio está la poesía. Está en el límite, un paso más y ya no hay poesía, ya no hay ritmo, no hay calidad. Ha llegado al límite porque las ha trabajado. Utiliza la ironía, se sabe la estrategia, otros han caído en lo prosaico, en lo que ya no es poesía. Otros vienen de la no poesía, utilizan el sentimentalismo para que parezca poesía y no lo es. Karmelo sabe lo que está haciendo, cuando está al límite se para, hace la poesía accesible pero es poesía. Para no caer elimina el sentimiento porque si introdujera la nota fácil caería en lo cursi, se obliga a para ahí. Del lado de la poesía no de la no poesía. Él se ha entrenando en las formas métricas: sonetos, octavas reales...Un día rompió todo y lo tiró. Siguió trabajando con el ritmo, lo tiene como ejercicio de estilo. Al límite, desnuda y todavía tiene un componente rítmico. 

Estos poetas jóvenes que no saben hacer versos con ritmo, recurren al sentimentalismo o le ponen música...

-(L.) El que más me ha gustado es el de "Los amantes infinitos". Baja y luego sube, me recuerda a Pedro Salinas. Los otros me parecen más vulgares. 

Ahora/nos acariciamos más/con los ojos/ Despojadas/de la urgencia/del deseo, /    estas caricias...

-(P.O.) Un poema que puede caer en el sentimentalismo y en lo cursi. Un verso más y se estropea.. El final es genial, la "pícara sonrisa" impide caer en a cursilería, no se lo permite. 

Paco Cuesta elige  "El mirlo". Se cree especial, "con ese pico /se lo puede permitir".

Le has puesto ritmo, Paco.


De ser un pájaro sería un gorrión: "el que soy: ,un tipo que va a su aire". 

-(L.) Me gusta "A jornada completa". La poesía llama. Puede no volver, si te pasas un poco. 

-(P.O.) Cuando vuelva, píllala. 

-(P.O.) En los últimos libros ha introducido un matiz de despedida, como en "El francotirador".  Empieza a leer el periódico por el final, como hacemos muchos, y se encuentra con una esquela, es de un compañero de pupitre. "Abro el periódico /y ahí está". La muerte, ya le toca. Trabaja el poema desde lo cotidiano. Al final, se dirige al camarero que le trae el café. Ese tono cotidiano normal evita caer en el sentimentalismo.

-(L.) "Me gustan los jardines melancólicos"

-(P.O.) Tiene una visión de la vida muy melancólica, sin grandes tristezas ni grandes alegrías.

-(L.) "Días paradójicos", un atardecer.

-(P.O.) La muerte salva al día. Un atardecer, un toque de  esperanza. Pero es la muerte...

-(L.) "Lluvia de madrugada".

-(P.O.)  En todos llueve. La lluvia como llanto del universo, como si supiera algo que no sabemos. Simbolismo. 


-(L.) "Mi madre". Tierno y con humor. Totalmente veraz. La madre no le conoce, pensará que se ha equivocado de habitación. 

-(P.O.) Evita caer en lo sentimental con un humor tierno. 

-(L.) Elijo "La alegría". Una ola repentina llena de luz, en los ojos de su hija mejor que en una oda a lo Neruda. Asciende pero evita lo grandilocuente, baja a lo cotidiano, lo que mas le gusta. 

-(P.O.) "El gramático en la alcoba", un poema erótico, el paréntesis...

-(P.O.) "Escenas de la vida". Una chica en la playa, su novio y "el tanga de ayer". "Ya ni de figurante quiero salir en esa escena". ¿Por qué si es poeta?

Karmelo C. Iribarren tiene una estrategia literaria. Es un poeta que se ha atribuido una voz poética, Pensamos que el poeta es Karmelo, él se ha construido un personaje , como en la literatura actual, como Antonio Muñoz Molina hace de Antonio Muñoz Molina o Javier Cercas hace de Javier Cercas. Es un personaje que tiene unos componentes que parten del propio Karmelo, se ha construido una voz poética. La voz poética no es el poeta, los malos poetas los confunden, Karmelo no. Un personaje que no sale de San Sebastián, que tiene una rutina, un pasado turbulento, literaturizado. Ese es el pasado, el pasado hizo que él sobreviviera eliminando excesos, necesita la rutina para sobrevivir. La construcción de esa voz le lleva a la prosa. Un día rompió todo y cuando estaba en el bar, él lo reconoce, era exceso. No se permite ni subir ni bajar, cierto escepticismo, alejamiento del mundo en el que está como observador. Pega un hachazo y lo rebaja a lo cotidiano, sigue siendo poesía. Al leerlo nos damos cuenta de que el poeta tiene ritmo, si lo leemos en voz alta. Él maneja su ritmo, va construyendo, te obliga a pararte, dices tiene ritmo. A veces, juega a descomponer el verso, al final está e octosílabo, el endecasílabo...Rompe el verso y te está marcando una forma de leer. 

Karmelo se mantuvo al margen de ETA. No ha sido reconocido por la poesía del País Vasco, era un marginal, fuera no encajaba, no salía del País Vasco. No encajaba en grupos poéticos. Cuando empieza el siglo XXI le regalan las redes sociales. De pronto, descubre que le gusta mucho a la gente, a los que no compran nunca un libro de poesía. 

(Pedro Ojeda lo busca en Facebook). Mirad acaba de publicar hace dieciocho horas. 

Le empiezan a conocer los profesores, se dan cuenta de que existe, conecta con el público joven pero tiene esa profundidad, él viene de la poesía, no de la no poesía. Desde que está en las redes sociales es muy consciente de su poesía. Un gran poeta con voz poética propia, con estrategias literarias.

Terminamos la sesión del Club de Lectura, lo hemos pasado muy bien y eso que algunos dicen que no les gusta la poesía. La próxima lectura, la de marzo, será: El hombre mojado no teme la lluvia, Voces de Oriente Medio, de la periodista Olga Rodríguez. La guerra, ay Dios, la guerra.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible.



miércoles, 23 de febrero de 2022

"Contra la soledad" de Karmelo C. Iribarren. Un lector le da la vuelta.


 Soledad, cuadro al óleo con espátula de Agustín Merino.


Releo, en El escenario de Karmelo C. Iribarren, el poema CONTRA LA SOLEDAD. 


Contra la soledad

el único remedio válido

es el amor.


Los amigos

 pueden ser un bálsamo

durante un tiempo,

...


Solo te queda el amor.

Y tiene que ser de verdad:

no valen aquí simulacros.

(Karmelo C. Iribarren, página 90 de El escenario)

Así lo expresa un lector que también pinta:

La magia de la poesía es que sirve igual si le das la vuelta. 

Contra el amor el único remedio es la soledad.

Siempre resulta que el amor no era tanto.

Solo queda la soledad.

Pero la de verdad sin simulacros.

La que jamás dejará de apartar de ti su belleza una vez que la has encontrado.

(Agustín Merino)

Me viene a la memoria lo que escribió Antonio Machado  en Proverbios y cantares:



Seguimos leyendo y releyendo  El escenario. Seguimos con la magia de la poesía.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

El poema no lo traslado entero, por respeto.  Fragmentos en rojo tomados de El escenario, Karmelo C. Iribarren. Colección Visor de Poesía. 2021.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Karmelo C. Iribarren va a su aire y en su aire nos reconocemos.

 

Pequeño comentario en torno a El escenario de Karmelo C. Iribarren, para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.

Karmelo C. Iribarren va a su aire y en su aire nos reconocemos. Desde el primer poema, del llanto filosófico a la algarabía antipática de las gaviotas, a los recuerdos que caerán pronto en el vacío, a la vejez que no tiene nada de bueno, a leer en un jardín cara al mar, a los solitarios de bar y cafetería, a una calle sin bar es una calle sin alma, a aquellas madrugadas de invierno sin nada que llevarse a los labios, la poesía como la vida misma, la poesía que llama, la madre que ya no le conoce, la alegría en los ojos de su hija, la mujer de su vida, la primavera, los poetas, los cisnes de la plaza de Guipúzcoa...La lluvia siempre, la lluvia que no cesa. Y mientras leía todo eso me salía del paisaje de Karmelo y me iba a mí paisaje, a mi aire. Un día vi gaviotas sobre un olivar.

Sigo leyendo, sigo paseando con el libro en la mano, con Karmelo y conmigo misma. por la bella Donostia o por otra ciudad. Perdonadme que os cuente cosas de mi vida.

"Cruzar un puente

sirve para llegar al otro lado,

pero mientras lo haces suceden otras cosas.

..."

Suceden cosas. Un día crucé el puente de la Zurriola, iba a Gros. Era 1982, entre tanquetas y un oncológico buscaba un colegio con nombre de árbol, Zuhaisti. Alguien me preguntó cómo contaría yo la expansión atlántica a unos niños de EGB, cosa más fácil, desde allí los intrépidos vascos salieron a la mar, tras los bacalaos y las ballenas, pescaron un nuevo mundo. Salí de allí un poco mareada, como si navegara en uno de aquellos históricos cascarones de nuez, las velas eran mis apuntes, así lo soñé después. Por la calle, se jaleaban goles. Yo salía segura de mi triunfo en la oposición, quién podía pensar en fútbol ni naranjitos. Crucé de nuevo el puente, no atendía al mar, más allá. Miraba el río ensanchado en ría, en un "impasse":

"...quiere irse y no puede

quiere quedarse y tampoco."

Otros días me gustaba contemplar el paisaje duplicado, arriba y abajo. Algunos días, no había espejo en que mirarme, el agua se enturbiaba.

"Después de las últimas tormentas,
el río llega a la ciudad
revuelto, turbio,
arrastrando todo tipo de desechos
-peces muertos, bolsas de plástico, maderas...-
y sin detener su curso
-como hace otros días-
para que el paisaje se mire en él.

Le acompañan, desde el cielo, las gaviotas,
con su algarabía infernal. 
..."

Las gaviotas limpiaban la ría y chirriaban de felicidad con sus buches llenos. Tras sus graznidos, el aire olía ya a espuma fresca. No son simpáticas, son las carroñeras del mar. De puente a puente, crucé el de la estación. Me esperaban muchas horas de tren y no pocas tormentas. De allí a un valle verde donde hervía el hierro como una sopa y luego...vi volar gaviotas por el cielo de Madrid. Incertidumbre, un llanto como el del río, como el de Rosalía de Castro:

"Ríos da vida ¿ónde estades?
Aire, que o aire me falta."

Ahora rebobino recuerdos desde mi ventana porque :

"...Me acerco a un mundo
en el que mis recuerdos
no van a tener dónde ocurrir."


"Envejecer
tiene su gracia,
dijo el poeta.

Si es así
yo me estoy perdiendo algo,
..."

Como Karmelo, sesentón como yo, "lo único que veo/ahí delante/es un lugar solitario, frío, triste/como una pista de baile abandonada./Se han llevado/la música a otra calle/pero sigues escuchándola./ Y eso es casi lo peor". A esta edad nos sentimos casi viejos, y no nos resignamos a que nos hayan expulsado de la sala del baile. Cuando ya no oigamos música alguna, volará el "casi". El poeta no olvida visitar a su madre:

"Mi madre se está olvidando
de mi cara,
unas veces me reconoce y otras no.

En estas últimas
quiero pensar que le hago gracia:

este hombre
se ha confundido de habitación."

Sí, la vida, como la poesía, tiene sus propios planes, se compone de días y días. Y siempre llueve.

"...Qué cierto es-me he dicho,
volviendo de la lluvia
en los cristales-
que con ella no se sabe nunca
lo que puede pasar,
que va a su ritmo, a su aire,
y que, al igual que la vida,
tiene sus propios planes."

"Hay días grises,
tediosos,
que, a última hora,
cuando ya no esperas
nada,
te sorprenden,
con un crepúsculo espectacular.
..."

Son los "días paradójicos/su muerte los salva". Los amigos de los atardeceres esperamos a esas nubes "que se ruborizan al atardecer".

Para salvar el día, tampoco estaría nada mal :

"Frente al mar, con un libro, en un banco.
A mi espalda,
un jardín viejo, descuidado,
otoñal..."

O espero La avanzadilla de la primavera:

"Unos cuantos
viejos
al sol,
y en los árboles
-como algo que pugna por expresarse
sin conseguirlo aún del todo-
esos diminutos brotes
verdes.
..."

No necesito más, no necesita más la primavera, el invierno se dará por enterado y retrocederá.

Seguiré mi paseo. Tal vez me refugie en un parque, en una plaza, en un bar...El mar siempre es una buena opción, aunque esté "de mala gaita". O, tal vez, busque una de esas cafeterías tan elegantes que había en el centro de San Sebastián, donde las viejecitas merendaban, tranquilamente, tarta de fresa mientras se preparaba la barricada de cada tarde. Eran los ochenta del siglo pasado. 

"Qué extraño mecanismo el de la vida"

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino 

Fragmentos en rojo tomados de El escenario, Karmelo C. Iribarren. Colección Visor de Poesía. 2021.


martes, 8 de febrero de 2022

Cruzamos el puente de la Zurriola y entramos en "El escenario" de Karmelo C. Iribarren.

 

Cielo, mar y tierra en Donosti/San Sebastián. Fotografía cortesía de Paola Merino. 

Comentario sobre El escenario de Karmelo C. Iribarren, para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.

Este mes de febrero vamos a leer poesía, en mis manos tengo El escenario de Karmelo C. Iribarren. En la portada nos recibe Temps de pluie à Paris de Gustave Caillebotte, sí, Donosti siempre fue un pequeño París con mar y más lluvia. En las dedicatorias, tres poetas de categoría: Luis Antonio de Villena nos habla de vejez y fronteras, Luis García Montero de un lunes vagabundo de andar por la ciudad y Ángeles Mora del río que nos lleva. Ya tenemos algunas pistas. ¡Ah y es el volumen MCXL de la Colección Visor de Poesía!

Conozco un poco Donosti/San Sebastián, y aunque no la conociera, salir con el poeta a su espacio contemplativo y emotivo es lo más natural, como si fuera el paisaje de cada lector, el mío, por ejemplo, que no tiene ría, ni mar, ni tanta lluvia. Abrimos el paraguas, siempre a mano de los donostiarras, y salimos a atrapar sentimientos desde el Urumea, que en el puente de la Zurriola "quiere irse y no puede, quiere quedarse y tampoco", su "llanto eterno filosófico" es el nuestro. Y fluyen, un verso, otro verso, la vida misma, la voz poética nos acompaña con su ritmo, seguro que los acentos están en su sitio y las palabras bien medidas, bien escogidas; los lectores solo nos ocupamos de leer, el pensamiento del poeta y el nuestro se deslizan a la par. El oído queda agradecido. 

Es materia delicada la poesía, doncella tierna, no quiere ni admite explicaciones, es un mundo de sentimientos que calan en nuestro interior.¿ Calan? Tal vez no haya verbo más adecuado para la poesía de Karmelo C. Iribarren, la lluvia  le va calando y nos cala de punta a punta de su ciudad, San Sebastián, su "espacio de contemplación y de emoción contenida", "al mismo tiempo luz y oscuridad", como señala José Luis Cancho.  

Pedro Ojeda, en La metáfora del mirlo, no recuerda ningún otro poeta en cuyo obra llueva más apropiadamente sobre una ciudad "para que el poema tome nota de la lluvia y la lluvia explique la razón del poema mejor que las palabras", llueve "como no pudiendo hacer otra cosa, es parte de la realidad y la mirada poética". Siempre llueve, aunque no llueva. Y, en el caso de El escenario, la mayor parte de sus versos fueron escritos durante la pandemia, un chaparrón que todavía nos cala. Porque la lluvia es mucho más que agua, más que un "bruit doux", no veo a Karmelo C. Iribarren con la melancolía y la languidez del conocido poema de  Verlaine. Estamos ante un hombre que está de vuelta de todo, pero de vez en cuando cree en el amor y en la alegría "una ola repentina llena de luz". "Ficción realista autobiográfica" en la cual importa dónde sucede, el escenario. Su ciudad de punta a punta, reconocemos hasta los cisnes de la Plaza de Guipúzcoa.


¿Quién es Karmelo C. Iribarren? 

Nacido en Donosti/ San Sebastián en 1959. Tras la muerte de su padre, "un buen tipo sin suerte" del que conserva la C., lo internaron con siete años en algo parecido a un orfelinato de novela decimonónica. No fue a la universidad ni perteneció a círculo literario alguno,  pero leyó mucho y vorazmente, "la Biblia en verso" asegura. Comenzó a trabajar muy pronto. Fue fontanero, vendedor de enciclopedias y camarero en una residencia de ancianos. Pero sobre todo fue el tabernero sombrío del Akerbeltz, en la Parte Vieja...un antro inolvidable...tiempos duros, sexo, droga, terrorismo de ETA y rock and roll...tras la barra, en los tiempos muertos, Iribarren escribía...Se hizo alcohólico, lo cual ya pasó...Ahora pasea, toma cafés, da lecturas por España y es una voz imprescindible en nuestras letras. Los que viven en Donosti lo ven,  a menudo, en sus paseos y en su cafetería favorita. 

Sus primeros poemas fueron publicados sueltos en distintos fanzines, pero una noche de 1989 destruyó casi todo lo escrito. En 1995 logró editar su primer libro  La condición humana, en la editorial Renacimiento. Ahora cuenta con más de una veintena de obras e importantes premios, ha sido inevitable el intento de catalogación: realismo sucio, minimalismo y realismo limpio, poeta de la experiencia, poeta social...Karmelo asegura: "Yo quería ser el poeta callejero que soy, pero mejor". Comenta que, en sus inicios, escribía sonetos, décimas, octavas reales..."para conocer en profundidad la métrica y, después, poder prescindir de ella sin comprometer el ritmo ni la esencia de los poemas".  

¡Un poeta que se le entiende! exclamé aquel día de 2017, en el Teatro Principal de Burgos, cuando nos presentó El amor, ese viejo neón. Pero hay muchas capas debajo, lo claro no impide lo profundo. Cruzamos el puente de la Zurriola y entramos en El escenario.

El puente

"...el agua que pasa por debajo,
por los ojos del puente,
puede verse también
como un inmenso llanto del río,
un llanto eterno,
filosófico:
quiere irse y no puede,
quiere quedarse y tampoco."

Seguimos. Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

El escenario, Karmelo C. Iribarren. Colección Visor de Poesía. 2021.