Colores que pintan los sueños.
viernes, 17 de agosto de 2018
lunes, 13 de agosto de 2018
El mar un día me susurró al oído.
El mar un día me susurró al oído.
El cielo empezaba a perder el azul y en las aguas se intensificaba.
En su ronca voz de cólera incontenida en blanco sobre las rocas.
Nunca camino sobre tu playa, nunca de sus descalzos pies fueron tuyas las huellas.
Nunca hizo suya la playa de los te quieros.
Aprende de mi y borra todo lo que hasta hora llevas escrito en las arenas.
Acepta la senda del olvido.
Déjate envolver por mis olas te haré estatua de sal.
Acepta la senda de lo que ya no ha sido.
Bajo la última lagrima de luz, susurre al mar al oído.
Se irá la lluvia negra, el amanecer vencerá la bruma, tus aguas volverán a ser calmas.
Me sentarse en tu regazo y volveremos hablar ya de mañana.
Con el sol como testigo ha de ser otra mañana.
La mañana de todas las mañanas en las que empiezo escribiendo.
(Agustín Merino)
martes, 7 de agosto de 2018
Alquimista de los colores. Un poema de abril en agosto.
Hay un mes en el año en el que el arco iris camina hacia atrás y vuelve a ser gotas de agua
Es la mágica lluvia de abril que todo lo inunda de color.
Alquimista de los colores.
Tratando de inventar un color.
Tan mágico que aún cerrando los ojos se pueda ver con el corazón.
Que hechice cada día, y quieras volver siempre a mirarle.
Tal vez mareando las olas en azules.
Tal vez en florecidas flores.
Eternas danzantes del viento.
Tal vez los rojos que arden en pasión y rojas rosas.
Tal vez el amarillo nacido del sol y loco por la vida.
Y los añiles de la noche profunda e insondable.
Tal vez el plata de luna que en nocturnas aguas riela,
no sé qué es mejor para hacer un mágico color.
Esmeraldas turquesas y aguamarinas.
O tal vez zafiros y rubis.
Quizá en las aves, más cercanas al cielo donde una de ellas lleva el nombre de paraíso.
El color que para ti invento ha de vestirse para cada ocasión.
Sumergirnos en olas con olor a espumas y mar.
A fragancia de música del silencio.
A perfume de tropical verde selva.
Con aroma de la esquina de la alegría, donde se cruzan la calle de los sueños con la travesía de los te quieros.
Este color solo ha de verse cerrando los ojos.
Es el color que tinta los sueños.
Y tus ojos al mirar harán el resto.
Nacerán cuando el crisol de tu mirar lo haga nacer en tus adentros.
(Agustín Merino)
sábado, 21 de julio de 2018
Balance del curso 2017-2018, en el Club de Lectura de La acequia.
Repiqueteo de la lluvia como fin de fiesta.
Ahora es tiempo de balance. Recordaréis que de octubre a junio leímos: una selección de Novelas amorosas y ejemplares de María Zayas, La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, Don Juan Tenorio de José Zorrilla, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Pedro Páramo de Juan Rulfo, El hombre pez de José Antonio Abella, Juana la loca. La cautiva de Tordesillas de Manuel Fernández Álvarez, Akúside de Ángel Vallecillo, Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y El pisito de Rafael Azcona.
¿Qué nos han aportado las obras leídas en este 2017-2018? Cada uno tendrá sus repuestas y nada mejor que el contraste de opiniones para abrirnos los ojos a otras perspectivas.
Llevo en el Club de lectura virtual desde el otoño de 2008 y en el presencial desde el de 2013 y sólo un libro, en todos esos años, me resultó totalmente imposible. Incluso ése, todos han tenido su sitio en este blog, en su momento.
Este curso, también disfruté mucho con la mayoría de los libros.
Con el grito de libertad femenina en María de Zayas, inaudito en su tiempo. Quiso abrir los ojos a otras mujeres más jóvenes, aunque supiera que muchas se aventurarían perdiendo. ¡Rápido, esconded la novelita en el costurero!
Novelas amorosas y ejemplares de María Zayas
Con Don Juan Tenorio enamorado de la pureza absoluta de doña Inés, capaz incluso de la virtud.
Con quien fue El hombre pez porque la tierra le negaba todo. Es difícil ser diferente.
Con Juana de Castilla, loca y cautiva porque así convino a padre, esposo e hijo. Reina de papel, víctima de la política, cosa de hombres.
Con José Luis Cancho y su refugio de la memoria de escritor para no ser más “el chico que cayó por la ventana”. Y la mía también buscó refugios.
El pisito de Rafael Azcona
¡Una gozada todos esos!
Incluso en Comala, con el rencor vivo de Pedro Páramo, aunque estemos bajo tierra y tardemos en darnos cuenta. Una vez que entramos, ya no salimos, seguro que vuelvo a leer Pedro Páramo de Juan Rulfo.
Seguro que vuelvo a leer Pedro Páramo de Juan Rulfo
¿Y los viajes? En Valladolid, el personaje Zorrilla saldría a nuestro encuentro, tan interesante o más que su don Juan.
Homenaje a Zorrilla ante su tumba
Y, en Tordesillas, doña Juana nos contaría "in situ" su encierro.
Tordesillas siempre con Juana de Castilla
Ya sé lo que me dejo. De La sirena de Gibraltar me gustó el personaje del hijo cantando las cuarenta al padre, la gente buena no mata, papá. No soy de novela negra y no me gustó el protagonista, lo veía inverosímil.
La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez
Akúside de Javier Vallecillo
Muchos besos y muchas gracias, Pedro.
María Ángeles Merino
miércoles, 11 de julio de 2018
El pisito de Azcona vive en un palacio. Pequeña crónica de final de curso del Club de lectura.
El pasado 7 de julio de 2018 fue un día intenso, así nos lo describe nuestro profesor Pedro Ojeda:
El Club de lectura en la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.
Nos acompañaban los escritores retratados por Félix de Vega. Foto tomada de Facebook (Pedro Ojeda)
Nos acompañaban los escritores retratados por Félix de Vega. Foto tomada de Facebook (Pedro Ojeda)
Pedro Ojeda y Sakura. Foto Facebook de Pedro Ojeda.
A continuación, Gerardo Alameda nos guió a través de las dependencias y de la historia del Palacio de la Isla, hoy sede de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Nos llamó especialmente la atención la sala que fue despacho del dictador Francisco Franco, donde firmó su famoso último parte de guerra. La chimenea es la original. La mesa actual, con forma de ciprés, evoca el logo del Instituto: el ciprés de Silos, el "enhiesto surtidor de sombra y sueño".
En la sala que fue despacho de Franco. Aquí firmó su famoso último parte de guerra. Foto tomada de Facebook (Pedro Ojeda)
Antes de iniciar la sesión académica, nuestro profesor dio vida con sus explicaciones a la exposición de retratos de escritores modernos y contemporáneos, castellanos y leoneses, del pintor Félix de Vega, recientemente fallecido. El artista palentino incluyó autores de nuestra tierra o vinculados a ella, así como todos los galardonados con el premio de la Crítica de Castilla y León.
Foto cortesía de Yolanda Delgado.
La sesión académica comenzó con noticias de nuestras próximas lecturas. El 2018-2019 se iniciará con Cien años de soledad, en "un buen momento para releerlo". Seguiremos con Filek de Ignacio Martínez de Pisón, la biografía de un personaje que engañó a Franco: había descubierto un nuevo combustible fabricado con...agua. El profesor nos pide que sugiramos títulos y nos recuerda las condiciones. También comentamos la posibilidad de hacer un viaje relacionado con alguna lectura: Saramago y Lisboa...Estamos en un palacio pero nos ponemos con El pisito de Rafael Azcona:
Para la reedición de la novela reescribió la novela e incorporó lo autocensurado. Se llevó al teatro, no me gustó. La novela no ha perdido vigencia. Ácidamente divertida, por estas razones de la crisis se ha puesto de actualidad. Empezad vosotros:
María Ángeles Merino atenta para tomar notas (Foto de Yolanda Delgado)
-(Lector) Yo no la he leído.
-(María del Carmen Ugarte García) Aparte de gustarme como novela, redescubrí a Azcona. En cuanto al tema del lenguaje, hablando con profesores de español, el texto refleja como hablábamos en los años 50 y 60. Se dan unas explicaciones obvias para muchos, pero podrían ser de mucha utilidad en clases de ELE. Para enseñar la fraseología a los extranjeros, estos echan mano de series de televisión como Amar en tiempos revueltos... ¡Cuidado con el lenguaje de estas series, que no siempre se corresponde con la época que retrata, y cuidado no vayan a terminar los extranjeros hablando como los de El pisito! Pero sin duda, la fraseología de la segunda mitad del XX es muy interesante, con muchos valores, y todavía muy actuales, por lo que bien puede servir... Me callo, [porque he acabado].
Foto de Yolanda Delgado.
-(Pedro Ojeda) ¿Qué os ha parecido?-(María Ángeles Merino) Al principio era como entrar en Trece, Rue del Percebe, te ríes, pero luego ya no hay risas. Es triste, amarga, la España en blanco y negro de finales de los cincuenta, con sus carencias y su lenguaje, como el de mi madre...me hizo gracias encontrar palabras como "descomposición "y "pito". Gira en torno al tema del realquiler, algo que en España nunca fue legal pero siempre fue tolerado, que nos corrija un abogado. Muchos tenemos alguna experiencia de ello, aunque sea corta, en mi caso en mi periplo como maestra funcionaria: "di que eres la prima de Burgos, no se vaya a enterar la dueña de la casa". Destacaría también el descubrimiento de Azcona como novelista.
- (María Ángeles Merino) Azcona no se pasea plácidamente con un espejo, él también lo pasó mal, cuenta que sobrevivió un tiempo con bocadillos, sin usar la cuchara ni el tenedor.
-(Pedro Ojeda) Esa escena donde se coloca una puerta sobre la cama y comen allí...
Una cosa es una novela y otra un guión de cine. ¿Cómo dar esa sensación de vida en una novela? ¿Cómo se consigue literariamente?
Desde la primera escena, la del gato, ves lo que está sucediendo. Petrita y el otro, asumir que él se case con la anciana, una espiral que va creciendo. Aparte de eso, es una sensación como de 13, Rue del Percebe, con cosas que van pasando en segundo plano, una sensación de vida, de realidad. Así Rodolfo llega desesperado, entra en la habitación del callista que es también su consulta, hay un sillón de barbero donde trabaja, desde la ventana baja una cesta a la taberna, tira de ella, le suben queso y vino...La historia principal se mezcla con mil historias diferentes, lo relevante y lo irrelevante, lo dramático y lo cómico, la vida misma. Se despista a la censura, como cuando Petrita dice: "yo me iría a vivir contigo".
-(Lector) Era gente inteligente para gente inteligente, como se anunciaba La Codorniz: "La revista más audaz para el lector más inteligente". No había casas para todos, aunque la propaganda pregonara lo de "ni un español sin techo".
-(Lector) "Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan."
-(Lector) ¿Para qué público era este tipo de novelas? ¿Dónde las vendían? ¿Veían esas películas?
-(Pedro Ojeda) La gente no iba a ver este tipo de películas ni las valoraba. "Si es española no voy" decían. Preferían ver películas como Lo que el viento se llevó. No eran valoradas, pasaban desapercibidas, eran de muy poca tirada. El pisito pertenece a una colección que no encajó muy bien. La gente que estaba viviendo estas angustias no quería repetirlas en las novelas ni en el cine.
-(Lector) Los libros eran caros, recuerdo la colección Pulga, a una peseta.
-(Lector) ¿Para qué público era este tipo de novelas? ¿Dónde las vendían? ¿Veían esas películas?
-(Pedro Ojeda) La gente no iba a ver este tipo de películas ni las valoraba. "Si es española no voy" decían. Preferían ver películas como Lo que el viento se llevó. No eran valoradas, pasaban desapercibidas, eran de muy poca tirada. El pisito pertenece a una colección que no encajó muy bien. La gente que estaba viviendo estas angustias no quería repetirlas en las novelas ni en el cine.
-(Lector) Los libros eran caros, recuerdo la colección Pulga, a una peseta.
Colección Pulga
-(Pedro Ojeda) Todo era caro.
-(Lector) Se cambiaban novelas.
-(Lector) He leído la edición inicial, cambia bastante.
-(Pedro Ojeda) Azcona maneja muy bien la autocensura, había cosas que no se podían decir. Tuvo después una exitosa carrera cinematográfica gracias al guión de El pisito. Cuando tiene la oportunidad de reescribir la novela: novela más guión más lo autocensurado más la relectura. Incorpora cosas suprimidas y toda esa experiencia.
-(Pedro Ojeda) El barullo, se nota la vida en las películas y en las novelas de Azcona. Pasan muchas cosas, hay muchos planos, profundidad de campo.
--(Lector) Es una pena que esas novelas sean difíciles de encontrar en librerías.
A continuación, se procedió al sorteo de cuatro libros con el excelente trabajo sobre el escritor Rafael Azcona del profesor Juan Antonio Ríos Carratalá:
Nos despedimos del Palacio de la Isla que tantos recuerdos trae a mi memoria. ¡A comer!
"La comida posterior contribuyó a cerrarlo todo como se debe. Incluso la fuerte tormenta que descargó sobre Burgos nos pilló en la sobremesa y nos ofreció un magnífico espectáculo natural. Agradezco al Instituto de la Lengua de Castilla y León que nos permitiera usar sus instalaciones para clausurar el curso: todo han sido facilidades, cariño y apoyo."
Un abrazo de María Ángeles Merino Moya
Gracias a mi amiga Yolanda Delgado por la cortesía de sus fotos.
lunes, 9 de julio de 2018
La Mosca Cojonera revolotea de nuevo
Hola amiguitos.
No soy la habitual escritora de este blog. Soy la Mosca Cojonera, que escribe de Pascuas a Ramos.
Este blog surgió en un momento dado como medio para mantener el contacto con la "Abejita de la Vega". De vez en cuando, yo, la Mosca Cojonera, contaba mis aventuras y desventuras en mis viajes. Unos de trabajo, otros por placer, pero siempre con anécdotas que compartir y con las que echarse unas risas.
Pues bien, he decidido arrejuntar todas aquellas entradas en un solo blog. Una especie de spin off, que dirían los modernos, y que podeis encontrar aquí:
Revoloteos: https://moscarevolotera.blogspot.com/
Y lo he hecho por varias razones:
Y a quienes ya me conocíais y disfrutabais de estas crónicas, encantado de leernos de nuevo.Tan solo os aviso de que en breve, volaremos de nuevo.
No soy la habitual escritora de este blog. Soy la Mosca Cojonera, que escribe de Pascuas a Ramos.
Este blog surgió en un momento dado como medio para mantener el contacto con la "Abejita de la Vega". De vez en cuando, yo, la Mosca Cojonera, contaba mis aventuras y desventuras en mis viajes. Unos de trabajo, otros por placer, pero siempre con anécdotas que compartir y con las que echarse unas risas.
Pues bien, he decidido arrejuntar todas aquellas entradas en un solo blog. Una especie de spin off, que dirían los modernos, y que podeis encontrar aquí:
Revoloteos: https://moscarevolotera.blogspot.com/
Y lo he hecho por varias razones:
- Por evitar las confusiones de las últimas crónicas viajeras, en las que comentaristas creían que era la Abejita quien las relataba.
- Porque a mí mismo me gusta releerlas, y así son más fáciles de encontrar.
- ...y por los viajes que vendrán. Junto por los que me quedan por contar.
Y a quienes ya me conocíais y disfrutabais de estas crónicas, encantado de leernos de nuevo.Tan solo os aviso de que en breve, volaremos de nuevo.
martes, 3 de julio de 2018
"El pisito" de Azcona con los lances de las Petritas.
-¡Hola, amigos que pasáis por aquí!
En la entrada anterior, os hablaba sobre El pisito y preguntaba a mi amiga Austri cómo veía ella a los novios protagonistas. Rodolfo le inspiraba un poco de pena, por débil, acomodaticio y "cojonazos". En cuanto a Petrita le caía un poco antipática, le parecía en verdad bastante "burra" pero admiraba su energía: dispuesta a cualquier cosa para casarse, ser inquilina, dejar la abarrotada casa de su hermana, mandar y tener un hijo". (*)
Ayer me contaba su lectura, tantas vueltas le había dado a la "burra" que, en fin, juzguen ustedes:
--Verás, María Ángeles, me hablaban dos Petritas.
-¿Dos? Será la edad o el calor. En fin, cuenta.
--Mejor, te lo escribo, aquí en una entrada borrador de tu blog, en cursiva. Luego lo publicas.
Hoy me he encontrado esto:
¿Occipucio? Verán, fui poco a la escuela, casi nada, salí del pueblo con doce años y enseguida me metieron a trabajar en la mercería, donde cojo puntos a las medias que agujerean las señoras. ¿Occipucio? Le hice sangre en el colodrillo, para entendernos; pero es que ya son catorce años de novios, sin casa y sin casar, ya no puedo más. Fue cuando visitamos al casero, a don Luis, en un edificio con un enorme portalón que se notaba de mucho señorío de antes, con desconchones y goteras. Unos hombrones de escayola sujetaban la fachada con cara de cansados, no le digo más.
A lo que íbamos, subíamos como a otro mundo y le arreglaba la corbata y le iba aleccionando: "Se le dice la verdad y que vamos a misa todos los domingos". "A Rodolfo se le encendieron las orejas", a saber qué pensamientos se le estaban cruzando. Llegamos por fin a la planta que ocupaba, toda enterita, el casero. Por el rellano se paseaba una gallina con aires señoriales y había una sola puerta con mirilla y Corazón de Jesús, cómo no, lo raro era el cartelito: "¡No toquen el timbre! Hay enfermos graves".
Recorrimos un pasillo larguísimo y oscuro, al fondo se oía "Soldadito español". Don Luis nos explicaba que era alérgico "a cualquier huevo que no saltara del nidal a la sartén" y que, como no había podido hacer el servicio militar, se consolaba oyendo músicas marciales. Nos hizo pasar a un saloncito lleno de vitrinas con mariposas y empezó con que si doña Hipólita era la mejor amiga de su mamá que en paz descanse, muerta a consecuencia de una mala caída justo cuando iban a enterrar a su papá en el panteón, total, que le dejaron huérfano de una tacada. Le acompañamos en el sentimiento y al grano.
Me puse a hablar y él, mientras tanto, miraba las mariposas con la lupa, dándonos la espalda. Desconcertada, me metí "en un laberinto de circunloquios, divagaciones, ambages y requilorios". Esas palabras son del señor Azcona, que yo no sé decir todo eso, me metí en un jardín, andando por las ramas, eso sí sé decirlo.
"Sí, verá...Resulta que una inquilina de usted tiene un gato, un gato precioso, Teodoro, se llama, por cierto, y aquí, mi prometido, porque nosotros somos novios formales, le ha cogido mucho cariño al gato porque ya lleva un montón de años de huésped con esa señora doña Martina Torralba, una anciana muy mayor..."
Al llegar a lo de alquilarnos el piso, guardó la lupa y detuvo la música. No había nada que besar y se puso a darle vueltas al santo de mi nombre: "Ah, Petrita...claro, debió de haber una Santa Petra..." . Tuvo tiempo todavía de contarnos el martirio de Santa Petronila antes de suspirar y rematar la comedia. Se le rompía el corazón pensando en que no podíamos consagrar nuestros amores ante Dios pero debíamos comprender. Con la voz quebrada, nos confesó que estaba muy enfermo y agarrándose la panza con los manos nos decía que "esto que a ustedes seguramente les parece salud...esto es agua, todo agua".
Yo me resistía, qué asco, pero me hizo apoyar una mano en su tripaza. Era agua en los tejidos, decía, y se la tenían que extraer y no en cualquier sitio sino en Suiza. Y de golpe y porrazo, aterrizó en lo nuestro, cómo iba a ir a Suiza con la miseria que le pagaba doña Martina Torralba. A él lo que le convenía era que muriera y dejara el piso libre y si se morían los de los otros pisos, mejor que mejor. Así podría derribar la casa, vender el solar e irse a Suiza a que le sacaran el agua. Ahora bien, si se moría una inquilina de ochenta y tres años y nos lo alquilaba a nosotros que estábamos "en la flor de la edad"...
"Pasa que ustedes, como son jóvenes, no se mueren nunca y yo no puedo ir a Suiza. Esta es una carrera o se mueren los inquilinos o me muero yo".
Doña Martina en su lecho ¿de muerte?
Nos quedamos de piedra. Nuestro pecado era no morirnos nunca. Yo lloraba como una magdalena al oír tal brutalidad. El angelote de la bata roja se levantó, nos puso la música de Los voluntarios en la pianola y, entre trompetas y tambores, nos precedió hasta la puerta. Todavía tuvo tiempo de decir que envidiaba nuestra salud, que le dijéramos a doña Hipólita que había tenido mucho gusto en conocernos, que le iba a pedir al Señor que nos ayudara a encontrar el piso que nos merecíamos, que rezáramos a nuestro tío el misionero que "los mártires tienen vara alta en el cielo", que confiáramos en Dios, que no perdiéramos la esperanza, que nos ofrecería un té pero no estaba el ama de llaves.
Estoy segura de que si no me hubiera llorar habría salido de allí "con la mansedumbre de un cordero camino del matadero". Pero "aquel llanto a borbotones" "lo sacó de su cobarde mansedumbre". Por primera vez en su vida perdió la cabeza, cogió al casero por las solapas y le vociferó a la cara: "Usted a mi novia no la hace llorar! ¡Cuidado conmigo, porque si me da la gana usted no va a Suiza a que le quiten el agua, la grasa, la mierda o lo que sea eso que tiene en el cuerpo!"
Yo estaba maravillada de aquel arranque de hombría, enternecida le pedía que no se pusiera así, "vámonos y que se meta el piso en el culo...". Culo, una señorita como yo sugiriendo meter algo por el culo, así a las claras y con una rabia como nunca en mi vida. Nada de "por donde amargan los pepinos", en su enorme culo, señor don Luis.
Pero todavía faltaba "el trueno gordo" y le soltó al casero:
"¡Porque yo me caso con la vieja, la vieja se muere, yo heredo el gato y el piso, y usted ni siquiera me puede subir el alquiler, gilipollas!"
Lo estropeó todo. Oír aquello y ponerme como loca fue todo uno. Salimos de aquel maldito piso y si no aparecen los guardias le mato con el tacón del zapato que era de aguja. Y, cuando acudieron les dije que me estaba molestando y que me iba a meter monja y milagro que no se lo llevaron a la comisaría. Yo tengo mi dignidad, cómo se le ha podido ocurrir que me iba a prestar a ese enjuague. Él se casa y tan campante, pero yo habría sido el hazmerreír de todo Madrid.
A todas horas, llantos, gritos y discusiones por una braga o por dónde pongo el puchero. La cocina era un infierno de mil olores donde lo mismo se comían caracoles que se sentaba al crío estreñido en el orinal o se majaba perejil. Y las incomodidades no acababan en la cocina, mi hermana dormía con las niñas, mi cuñado con las niños y escapaban al baño cuando quedaba libre para hacer uso del matrimonio. ¡Y cada año uno! ¡O dos!
-- Ustedes no me conocen, no estoy ni en el libro ni en la película, soy un producto de la imaginación de una lectora que quiso poner un alargador de casi sesenta años a El pisito. Yo también me llamo Petrita, nombre de señora mayor, extraño entre las Albas y las Paulas de mi cole; un capricho de mi abuela, Petra. Casi centenaria, la pobre mujer había perdido la cabeza y cuando se enfadaba te decía"¡Usted a mi novia no la hace llorar!" o "la vieja se muere", o "heredo el gato y el piso...gilipollas". Ahora sé de qué iba todo eso porque cayó en mis manos la novela de Rafael Azcona, un nombre que me sonaba a cine del bueno pero no a literatura.
Tengo treinta y tantos años en este 2018 y también vivo una historia de amor y de inquilinato. Mi novio y yo no cejamos en nuestro afán de dar con un piso decentito, de renta asequible a nuestros escasos ingresos ¿Mileuristas? A veces llegamos a los mil, casi siempre ochocientoseuristas y con suerte. Estamos hartos de visitar pisos antiguos con portalones señoriales y caseros desconfiados que miran con lupa nuestros DNI y nuestras nóminas. Algunos parecen sacados de los años cincuenta y estoy tentada de añadir "que lo que queremos es formar un hogar cristiano". Nosotros que no cursamos religión en el cole ni en el insti y que no conocemos más misas que las de algunos funerales.

¿Tenéis niños? ¿Tenéis perro? ¿Españoles verdad? ¿Sois fijos? No me suena esa empresa. ¿Y decís que tenéis estudios? Me ha pedido el piso un matrimonio muy majo, funcionarios los dos...Es lo habitual. En un lance, suelo sacar del bolso las fotocopias plastificadas de mis grados y másteres, me daría igual enseñar la estampita de San Felipe Neri que siempre llevaba mi abuela en la cartera.
Me decía: mira niña, la recomendación de doña Hipólita, toda una señora, rompía muchas medias y yo le cogía los puntos. ¿Que arreglabas medias, abu? ¿Eran de oro acaso? Ahora ni el móvil, muerto y a por otro.
Al final, el precio del alquiler siempre está muy por encima de nuestras posibilidades. ¿Casarnos? No se nos pasa por la cabeza. Mi novio y yo compartimos piso con chicos y chicas, en gravísimo pecado mortal, como diría mi abuela Petrita, la pobre, que pasó no sé si doce o catorce años aguantándose las ganas de acostarse con el abuelo Rodolfo. Besos, cintura para arriba y un pase de mano para aliviarle ardores en caso de emergencia, lo contaba sin vergüenza alguna cuando empezaba con la demencia. Una vez, cogió el retrato del abuelo, suspiraba y le decía mimosa: "Como ya nos podemos casar, esta noche, si quieres...".
No nos quedó otra solución que vivir en una habitación alquilada, que nosotros no queremos volver a casa de papá y mamá. La que tenemos ahora no está mal, no se imaginan lo que pueden llegar a pedir por un zulo con una cama y poco más, a veces ni eso. Se ha hecho famoso el cuchitril de quinientos euros...Cuando nos juntamos todos en la cocina, esperando turno para el microondas o para poner una lavadora, se dan situaciones un tanto similares a las que describía mi abuela de la casa de los tíos Rosa y Paco, incluso tenemos niño con orinal...de una compañera que para nosotros tener un hijo sería una locura. Cuando vivía con mis padres, pensaba que sólo vivían así, amontonados, los emigrantes, mi amiga Samira me contaba que había quien pagaba por dormir en el pasillo o en una despensa. Españoles o extranjeros, siempre hay un espabilado que alquila primero y se aprovecha de los realquilados que va metiendo. Lo del realquiler es muy antiguo, ¿verdad abuela Petrita? Mirad, aquí acabo de leer que se considera hacinamiento cuando el espacio mínimo para vivir por persona no llega a 15 metros cuadrados.
Es para llorar, como mi abuela al salir de la casa de don Luis. Alguna vez yo también lloré, abuela Petrita. No, mi chico no se puso violento con ningún casero o casera, es bastante acomodaticio, como decías tú del abuelo Rodolfo. La que tira para adelante soy yo, mi chico se porta a veces como cordero que llevan al matadero, ¿te suena, verdad?
¡Ah! Lo que me faltaba. Nunca falta algún listo, o lista, que como si descubriera la pólvora va y te dice que te metas en una hipoteca y en veinte, o treinta, añitos de nada, ya tendrás pagado el pisito y, mientras tanto, tú a disfrutar de una buena vivienda. Muchos cayeron en la trampa y ahora están casados con el banco, la peor de las ataduras, ríete tú del divorcio civil o de la anulación eclesiástica. ¡Ese sí que es un matrimonio para toda la vida! Hasta el cuello están algunos y mira qué bonito, en las agencias inmobiliarias donde ofrecen "pisos de banco". Un drama de nuestros días, de algo se libraron Rodolfo y Petrita. Lo de los desahucios es ahora el pan nuestro de cada día. Y lo de los fondos buitre. ¡Ay, abuela Petrita!
Es para llorar, como mi abuela al salir de la casa de don Luis. Alguna vez yo también lloré, abuela Petrita. No, mi chico no se puso violento con ningún casero o casera, es bastante acomodaticio, como decías tú del abuelo Rodolfo. La que tira para adelante soy yo, mi chico se porta a veces como cordero que llevan al matadero, ¿te suena, verdad?
¡Ah! Lo que me faltaba. Nunca falta algún listo, o lista, que como si descubriera la pólvora va y te dice que te metas en una hipoteca y en veinte, o treinta, añitos de nada, ya tendrás pagado el pisito y, mientras tanto, tú a disfrutar de una buena vivienda. Muchos cayeron en la trampa y ahora están casados con el banco, la peor de las ataduras, ríete tú del divorcio civil o de la anulación eclesiástica. ¡Ese sí que es un matrimonio para toda la vida! Hasta el cuello están algunos y mira qué bonito, en las agencias inmobiliarias donde ofrecen "pisos de banco". Un drama de nuestros días, de algo se libraron Rodolfo y Petrita. Lo de los desahucios es ahora el pan nuestro de cada día. Y lo de los fondos buitre. ¡Ay, abuela Petrita!
Bueno, os dejo, me voy un rato al gimnasio, no hay que descuidarse, aunque mis pechos todavía estén como los de la abu cuando jugaba al balonvolea con la Sección Femenina. Al sostén lo llamamos ahora sujetador, abu, y no es imprescindible. Y no conocemos los pololos, o bombachos que dice mamá. Me llamaste golfa una vez que me viste en mallas. ¡Te quiero, abu! El pisito no ha muerto, ya lo ves.
A todo esto, alguno se habrá extrañado de que Rodolfo y Petrita lograran tener descendencia, pues...la tuvieron, lo cogieron con ganas, ya cuarentones y canosos. Es el alargador de una lectora, nada más. Si otro lector los sitúa a cada uno en un convento, también vale, así es la aventura de leer.
-Hasta aquí el escrito que me dejó Austri.
Un abrazo de María Ángeles Merino y su compañera de lecturas Austri
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