| Rosa muerta (Paseo de la Isla) |
Comentario en torno a las páginas 114-118 de "Sonata de otoño" de Valle Inclán, colección Austral, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
El marqués de Bradomín se autodefine como"un santo que ama siempre que está triste". Así explica su paréntesis amatorio con otra mujer, la misma noche en que su amada Concha yace muerta.
Mas el remedio es fugaz. Tras abandonar la alcoba de la prima Isabel, regresa al terror de "la faz amarilla y desencajada de Concha". Las "manos febriles" de él sobre las "manos yertas" de ella. Comienza a rezar; palabras huecas que ahuyentan el miedo.
De nuevo, la tentación : “la ventana abierta sobre el jardín misterioso y oscuro”. Una salida desesperada a su laberinto personal.
De nuevo, la tentación : “la ventana abierta sobre el jardín misterioso y oscuro”. Una salida desesperada a su laberinto personal.
Sus cabellos sienten el "soplo ululante" de la brisa nocturna. Se va la noche con su "cielo lívido", sus "pálidas estrellas "y su luna "fugitiva". Sólo hay una luz en el candelabro.
Los "viejos cipreses", al pie de la ventana, inclinan "sus cimas mustias". Percibimos un jardín oscuro, misterioso y casi personificado. ¿Curiosean los árboles?
Un gallo lejano canta y “el cuerpo inanimado de Concha ” yace en su lecho. ¡No puede traicionarla! ¡A Concha no le gustaría que todos la vieran allí!
Toma en brazos "la funebre carga". Comienza el penoso y torpe viaje hacia la alcoba de Concha. La mano inerte se abrasa en el candelabro recién encendido, junto a la puerta.
Siente pavor, afina el oído; sólo oye "el borboteo del agua en la fuente del laberinto". Tal vez escucha el eco del latido de su corazón.
Ve brillar la lámpara del Nazareno, da un largo rodeo para no cruzar ante "aquella mirada muerta". ¿Siente su reproche?
Recorre todo el tenebroso palacio "a la luz del claro de luna". Pero ¿a qué teme tanto el marqués de Bradomín?
Ve con espanto la sutil raya luminosa que precede al amanecer. ¿Por qué es tan temible el nuevo día?
El cuerpo parece querer escaparse, comienzan "a entreabrirse los párpados de cera". Por un instante, tal vez, haya pensado que Concha volvía a la vida.
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| De aquí |
No lo soporta más, desea huir y tira brutalmente. Se rompen "los queridos y olorosos cabellos".
Llega a la alcoba, "misteriosa, perfumada y tibia". El olor de su amada sigue ahí. "Cauteloso y prudente" la deposita en su lecho. En la puerta, duda "si volver atrás para poner en aquellos labios helados el beso postrero". Resiste una diabólica y depravada tentación.
"Ansié gustar la dulzura de su ensueño casto y no pude".
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| De aquí |
Con un "todavía hoy", el de Bradomín da una vuelta a la manivela del tiempo. Desde la vejez, la recuerda con una explosión de imágenes rabiosas, dolorosas y sinestésicas:
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| De aquí. |
Un terrible gato , un corazón que se retuerce de dolor, un diablo riente en su interior.
"... le araña el corazón como un gato tísico de ojos lucientes"
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| De aquí |
"El corazón sangra y se retuerce, y dentro de mí ríe el Diablo que sabe convertir todos los dolores en placer".
Desembocan en una música imposible, metamorfoseada en son de danza macabra.
"Música lívida y ardiente, triste y cruel, a cuyo extraño son danza el fantasma lloroso de mis amores".
Porque Concha es ya un cadáver descarnado:
¡Pobre y blanco fantasma, los gusanos le han comido los ojos y las lágrimas ruedan de las cuencas!"
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| Enamorados más antiguos del mundo. |
Para destilarse, al fin, en un perfume que vive más que ella:
"¡Aquella esencia que Concha vertía en sus cabellos y que la sobrevive! ¡Pobre Concha! No podía dejar de su paso por el mundo más que una estela de aromas"
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| De aquí. |
"¿Pero acaso la más blanca y casta de las amantes ha sido nunca otra cosa que un pomo de divino esmalte, lleno de afroditas y nupciales esencias?"
Sus lectores de antaño, y los de ahora, nos quedamos pensando...
Otra vuelta de manivela,en sentido contrario. Viajamos con Xavier desde el tiempo de la añoranza hacia "la mañana siguiente":
Llamando a su puerta , "anunciáronse" María Isabel y María Fernanda, las hijas de Concha; esas niñas modelo que juegan a hilar, como abuelitas de cuento, o a perseguir palomas con las alas previamente cortadas.
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| De aquí |
Le rodean en el hueco del balcón que da sobre el jardín "viejo y umbrío que suspiraba por los juegos de las niñas". Árboles abuelos los del jardín secular.
Ellas alzan "sus voces frescas y cristalinas" para pedir al primo Xavier que dispare contra un milano perseguidor de unas palomas.
Complace a las criaturas y permite que vayan a enseñar el milano ensangrentado a su madre, a sabiendas de que la encontrarán muerta. ¿Crueldad?
"Sonata de otoño" deja el final abierto, no relata el triste descubrimiento de las hijas de Concha. Sólo anticipa los gemidos, ayes y lloros, en medio de una mañana alegre. Unas leves y bellas pinceladas:
"No osé detenerlas y quedé solo con el alma cubierta de tristeza. ¡Qué amarga espera! ¡Y qué mortal instante aquel de la mañana alegre, vestida de luz, cuando en el fondo del Palacio se levantaran gemidos inocentes, ayes desgarrados y lloros violentos!
El marqués de Bradomín siente "una angustia desesperada y sorda enfrente de aquel mudo y frío fantasma de la muerte que segaba los sueños en el jardín de mi alma". No volverá a encontrar otra pálida princesa que le admire "siempre magnífico".
"¡Llora como un Dios antiguo al extinguirse su culto!"
Comienza el invierno.
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino

























