martes, 7 de junio de 2011

"Estoy preocupado por Teresa, creo que últimamente no rige muy bien"

"Viene la noche", imagen tomada en Palacios de Benaver, Burgos.



Comentario a los capítulos  21, 22 y 23 de la novela "Viene la noche", de Óscar Esquivias (lectura colectiva de "La acequia")

Miércoles, 7 de febrero de 2007. Jueves, 8 de febrero de 2007. Sábado, 10 de febrero de 2007.


¡Hola Sara!

La noche se acerca, a pasos agigantados, para tu suegro, Benjamín. Esta gota va a desbordar el vaso. La verdad de Teresa, las mentiras de Teresa.
Fue el lunes, aquel día en que para huir de sí mismo y del recuerdo de Clarita, se pasa a las calles de la otra orilla de Bravo Murillo. Ve a su mujer y a su pelo verde, la sigue y descubre su secreto.


El miércoles pregunta a Magaly si ha visto algo raro en su esposa. Aunque la del locutorio no es bochinchera, se lo confirma: no está nada bien, habla sola, canta, debe cuidarla. Sola y desdichada, así la ve ella, así la ven muchos.

 

El jueves se decide, ha de contárselo a su hijo Jaime. ¿Qué pasa? Teresa no tiene amigas, se las inventa. Se pasa las tardes sola, va al cine o se mete en la iglesia de los salesianos y empalma una misa con otra.

Budismo, meditación, vegetarianismo, reiki, "hostias en vinagre", nada de nada. Ni amiga argentina vegetariana , ni profesor escocés, ni gurú del Tibet. Todo es fruto de su imaginación y de las revistas que se lee, sentadita en el banco de la iglesia. 

Jaime le pregunta si no había notado nada. Pelos de colores, tofú y saitán, meditación , incienso, saludo al sol...Pensó que eran cosas de sus nuevas amistades, cómo iba a pensar que se estaba grillando. Benjamín no se atreve a hablar con ella, le pide a su hijo que lo haga. Los dejará solos, a la hora de la cena. Tu suegro se siente culpable, dice que no sabe de qué . Sí lo sabe. La ha dejado tan sola, le ha hecho tan poco caso. A buenas horas se preocupa ¿verdad Sara?
Mientras tanto, estás tomando un café en el "relax" del hospital. Afuera llueve, hay una furiosa tormenta. Ahí dentro, los cristales vibran como si sufrieran tiritonas de fiebre.

Te estremeces, miras las nubes, el barrido de la lluvia, las luces de los miles de coches. De repente, un apagón, como si Dios parpadeara.


Esta noche, las parturientas dilatan sin prisas, como esperando el fin de la tormenta, antes de soltar nuevas vidas al mundo. Te pasan una llamada telefónica. Es Jaime, está allí mismo, en el hospital, en urgencias y con su madre.
Preocupada, vas a buscarlos, atravesando el hospital desde la unidad de partos a urgencias. Desciendes hacia las "trincheras", ese "pozo" donde médicos y enfermeras ojerosos parecen a punto de tirar la toalla.


La sala de espera, un "cuartucho"atestado de enfermos y familiares. Por los pasillos se desparraman los que no han podido encontrar asiento.

Algunos se apoyan en la pared con el gesto apesadumbrado, como si fueran "telamones": un pie en el suelo y otro en el muro. ¿Que qué eso? Si hubieras leído los dos librotes del "escritor sosaina", los que regalaste a tu suegro, tal vez recordaras esa palabra. En una apocalíptica catedral de Burgos, hay que desbrozar una entrada taponada por la vegetación. Surgen dos atlantes o "telamones" que cobran vida y echan una mano con sus hercúleos brazos.



Gente que consuela a gente, seres humanos solitarios y desconsolados. Máquina del café zumbona, expendedora de chocolatinas saqueada, papelera rebosante de desperdicios.


Y, en esto, apareces tú, con tu uniforme verde de matrona. Algunos enfermos se dirigen a ti con un "Oiga señorita" suplicante. Y no tienes respuesta para nada de lo que te puedan preguntar; estás tan perdida como ellos, eres uno de ellos.


Por fin descubres a Jaime, le abrazas. Está pálido, con los ojos rojos y unos arañazos en el cuello. Le conduces a un banco y os sentáis. Intenta contarte lo que ha pasado mientras una celadora, indiferente, cubre el suelo de serrín.


Se tranquiliza un poco, comienza su relato; pero rompe a llorar. Le cuesta hablar, le entiendes a medias. Por lo que logras captar, antes de la cena, conversa con Teresa a solas. ´Le habla sobre sus amigas, sus cursos de yoga, le sugiere que lo haya inventado o exagerado. No, eso son hablillas de vecinas, le asegura.


Llega Benjamín y siguen con lo mismo. La cena es tensa, Teresa niega y su marido insiste. Al final, se siente acorralada y llora. Abochornada, reconoce sus mentiras y les pide perdón . No sirve para nada, está muy sola, ya no puede más.

Lo peor viene después, en lugar de arremeter contra Benjamín, culpable de su abandono, la emprende con Jaime, pobre inocente. Egoísta, mal hijo, falso, me desprecias, nunca me has querido, crees que soy tu esclava...Excepto el "mal hijo" todo va dirigido, en realidad, a su marido, no al buenazo de tu Jaime. Para remate, le tira un vaso de agua a la cara.


No contenta con eso, derriba las estanterías del salón y pisotea toda su colección de pirámides, budas, dragones y piedras mágicas. Sus tesoros...


Jaime la sujeta, se revuelve y le pega furiosa. Grita que la maten, que desea morir. Se queda sin respiración. Temen por su vida y llaman a una ambulancia. Ahora está con un neurólogo o psquiatra, vete a saber.

Tu marido llora como un niño, sobre tus rodillas. Le caricias... pero te avisan de que te necesitan en maternidad.

Lo del hospital fue el jueves 8. El sábado 10, Benjamín toma de la mano a Teresa y comienzan a bajar las escaleras. Por fin, van a salir a la calle. Tu suegra está abúlica y ausente, bajo los efectos de una fuerte medicación.
Tu suegro decide llevarla a la peluquería, su caballo blanquiverde tiene un aspecto lamentable. Hay que decidir por ella porque no tiene gestos de voluntad que no sean persignarse cada vez que abre una puerta, aunque sea la de la nevera. Eso y escuchar emisoras eclesiásticas que alternan misas con sermones de curas exaltados. Le ha dado por la religión...

Magaly hace lo que puede con su pelo y no quiere cobrar por su trabajo. Benjamín quiere pagarla, pero la dominicana asegura vivir del aire como los pájaros. Con sorna, tu suegro deposita veinte euros encima del mostrador y le indica que es "para alpiste".


Al salir, Teresa se revuelve. El viejo la lleva del brazo y no le permite persignarse. Hace el signo de la cruz y se queda tranquila. Por primera vez, desde que salió del hospital, habla en voz alta. Dice: "Estoy muy cansada".

¡Lo que ha tenido que pasar para que su Benjamín la coja del brazo!

Hasta el jueves, día en que me despediré de ti y de Benjamín.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta los capítulos 21 a 23 de Viene la noche, con la inminencia de la noche que se acerca para el protagonista."

8 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Chiquitina, ¿el jueves te despides de "Viene la noche"? No me lo puedo creer... Pero, querida, ¡chapeau! has hecho un trabajo impagable e impecable. Muchos besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué melancolía se nota ya, con el final tan cerca. Un trabajo bien ilustrado, como siempre.

Kety dijo...

"como si Dios parpadeara".
A veces creo que si.

Buen trabajo Mª Ángeles
Besos

Aldabra dijo...

El "OLVIDO" de algunos finales es tremendo. ¡Da tanto miedo!

biquiños,

Paco Cuesta dijo...

Es que, la edad no perdona.

Ele Bergón dijo...

¡Por fin el Sr. Benjamin se ha dado cuenta de que tiene una mujer! Ademas de cascarrabias es un egoista. Solo ha pensado en el.

Te digo como Merche, no me puedo creer que ya termines. Como una abejita laboriosa lo llevas todo hasta el ultimo detalle. Enhorabuena.

Un abrazo

Luz

pancho dijo...

Al final terminas por hacer una novela paralela, que hay por aquí cosas de cosecha propia, con bastantes telamones.

Gran esfuerzo ilustrador. Excelente también ese Madrid ya tan poco reconocible.

Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Merche: yo tampoco me lo creía, 26 entradas, un record.

Pedro: cada vez más, qué pena.

Kety: genial Esquivias con eso del parpadeo de Dios.

Aldabra: el olvido es normal.

Paco: no perdona a nadie, Benjamín cada vez peor.

Ele: a buenas horas se da cuenta el cascarrabias. Pobre Teresa, hay muchas Teresas en este machista mundo.

Pancho: tanto como novela paralela no, pero le añado una pizquilla mía. Me encantan los telamones, qué palabra.

Besos