jueves, 24 de septiembre de 2015

"El tiempo incinerado": "El dolor no redime a nada ni a nadie: el sufrimiento es el aroma de la muerte".


Comentario parcial al diario del pianista Diego Fernández Magdaleno: "El tiempo incinerado". Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

El 22 de julio, el sol aplasta la fachada de la habitación, el calor es espeso y huele a hospital. Por el pasillo deambulan  algunos enfermos portadores de bolsas de suero sanguinolentas. Otros, exhaustos, permanecen fijos al lecho. Las visitas bulliciosas aumentan la soledad de los que no tienen otra compañía que la del sacerdote con su "sonrisa de extremaunción".

El menor gesto de amabilidad de un médico se recibe con un agradecimiento excesivo. "Ante unas palabras de ánimo nos asalta una desbordante alegría". Si el suceso es adverso, sólo cabe subir la dosis de resignación.



El 23, D.F.M. comenta "Yo, otro". Su autor, Imre Kértesz aborda el problema de la identidad, su condición de judío, en un recorrido por diversos países europeos, en los años noventa. Es un "libro implacable y conmovedor" en torno al antisemitismo, escrito  por un confinado en  Auschwitz  que siente "la obligación moral de recordar", aunque le muerda el perro del recuerdo. En un "tiempo de recapitulación", el músico viaja desde su tragedia individual a otra colectiva cuyo recuerdo se resiste a ser incinerado por el tiempo. 


Y el 24, termina de leer "El don de la ignorancia", de José Corredor Matheos, un Premio Nacional de Poesía. 

Lo hace en la terraza de un apacible parque junto a la dársena de un canal muy literario. Diego se recrea en "una visión detenida de lo fugaz, una cristalización del fluir o una aprehensión del destello que los objetos o el paisaje ofrecen al sujeto". Y, antes de acostarse, entrará de nuevo "en cada verso", "como en un lugar querido ya". 



El 25, lee en "El País", las razones  de Vargas Llosa contra la llamada "excepción cultural". Los argumentos son sólidos y está parcialmente de acuerdo; pero cree que "ya existe la excepción cultural en numerosos ámbitos que no tendrían lugar sin un criterio político que los apoyara econónicamente, al margen del mercado". Piensa que es excepción cultural, sobradamente justificada, la que permite representar la obra de un escritor contemporáneo, o el precio fijo de los libros u otras que, de no existir, "convertirían nuestra sociedad en un desierto", no tan lejano. Confiemos, Diego, en que no se haga realidad tamaño desierto.

Libros, periódico, música, cultura. "¿Un modo infalible de eludir una intimidad angustiosa?". No. "La huida se produce, es cierto, pero sólo temporalmente". El 29, leemos:

"A mi padre le volverá a ver un médico dentro de quince días. No podemos esperar tanto."

El 31 nos dice que ha cancelado "todos los cursos y conciertos que iba a dar en julio y agosto para estar junto a mi padre todo el tiempo que pueda". Se siente sin fuerzas, no tiene el menor interés en llevar a cabo nuevos proyectos. Se le representa la imagen con que Pascal pinta la condición humana, la de condenados a muerte que ven como otros son degollados mientras esperan su turno. Yo he recordado "El martirio de San Mauricio" pintado por El Greco.


"El martirio de San Mauricio", El Greco (Wikipedia).

El 1 de agosto huye de nuevo y escribe una página que comienza en "Sacrificarlo todo" y finaliza con "veneno". Cita a Coetzee que escribe en "Juventud". 

"La gente feliz no es interesante. Mejor aceptar la carga de infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena, poesía, música o pintura."

Se siente reconocido en ese anhelo del joven escritor sudafricano en Londres en busca de su destino de artista. "Pero sólo quien desde siempre ha querido penetrar en el secreto de la música, la poesía o la pintura, es capaz de entender lo que significa la peculiar sinrazón que mueve las vidas marcadas por ese veneno". 



El 3 de agosto le llaman para tocar en el encuentro de escritores que organizan Gonzalo Santonja y Luis Felipe Comendador. Ha participado en varias ediciones y tuvo la oportunidad de conversar con escritores de primera fila, entre los que destaca a Antonio Gamoneda, un poeta que le conmueve siempre, el que dejó escrito: "La música es el origen del pensamiento poético". El que ama la vida aunque sea un fracaso, aunque el frío ande por ahí, aunque los hombres mueran y no sean felices, si algunos no se dan cuenta...les felicita. 

Bruscamente, el 4 de agosto: "Pamplona. Clínica Universitaria de Navarra". Es donde ha sido trasladado su padre, para someterse a pruebas en unos plazos a los que no les tenía acostumbrados la Seguridad Social. "Orden y calma...porque de ellas se derivan la dedicación y el afecto que el enfermo y sus familiares necesitan". ¿Orden y calma o rapidez? 



La Clínica, una librería y la habitación de un hotel. Es todo lo que ha visto, a 6 de agosto, de Pamplona. Un poema de José Ángel Valente, al que puso música Mauricio Sotelo, se le aparece "de forma obsesiva,como esos cantos que no nos abandonan, por mucho esfuerzo que pongamos": "Si después de morir nos levantamos...qué dolor el morir...".



 Acompañan a su padre en la Clínica: su madre, su hermano y él. Hoy, 7 de agosto, llega el resto de la familia. Cuando se acerca la noche, se acercan a él uno a uno, como en un poema de César Vallejo, "esperando que pueda levantarse y salir de allí definitivamente".

El 11 de agosto, el autor comenta el hipotético "Parque de la Felicidad" que diseña Henry Stangerup, en "Un hombre que quería ser culpable".  Un parque donde hay un teatro para los que se creen actores, estudios para los que quieran pintar o esculpir, un parlamento para los que sueñan con ser políticos, una pequeña editorial para jugar a escritores...Un hombre asesina a su esposa, pero un psiquiatra le recrimina, no sabe que la sociedad está a punto de abolir el concepto de culpabilidad. "Sólo existe lo contingente, la circunstancia de cada persona...Se les niega el derecho a tomar decisiones sobre su propia vida. Por lo tanto, el hombre no es culpable del asesinato...insistía en su culpabilidad...va a perder la razón". Y escribirá: "libros socialmente conscientes en el parque de la Felicidad".



Falsa y diseñada felicidad en un "paraíso" donde nadie es culpable de nada; pero tampoco es libre para nada. Un mundo tan "feliz" como el de Huxley. Tal vez Diego meditara acerca de lo cerca o lo lejos que estamos de los infiernos literarios propuestos por Stangerup, Huxley, Orwell o Bradbury. Como si fueran "mejorables" los infiernos personales que la vida nos ofrece de vez en cuando. 



12 de agosto. Nunca ha tenido tan claro lo que debe hacer: ocuparse de su padre junto a su familia. Ante la enfermedad, los problemas del mundo se jerarquizan. 

A muchos nos educaron religiosamente en la creencia de que el sufrimiento servía para algo, redimía. D.F.M. leyó un día: "El sufrimiento es embrutecedor". En el diario escribe:

"El dolor no redime a nada ni a nadie: el sufrimiento es el aroma de la muerte".

Tras la palabra muerte, la atención se concentra, el 13 de agosto, en las imágenes que revela su hermana Alicia.  Se enciende la luz y "ves en blanco y negro los huecos que el olvido desterró de tu vida". Subrayo "olvido".

El 17 de agosto: "No está, pero notas la risa en el temblor de su cuerpo sobre el suyo. Tu identidad es la memoria, y tu memoria es su voz: las palabras que llegan con el sorbo de agua que rodea sus cuerdas...Te devolvía la pregunta, para dejarte claro que la tarde es transparente desde abajo hacia arriba..." Creo entender aquí un diálogo sin palabras entre el padre y el hijo.

Pero los libros que lee llevan todos la misma palabra: cáncer. Su vida es ahora de papel y ya no es suya la sombra que acompaña su paso, mientras camina entre los campos de trigo. "La tarde ha vuelto a equivocarse". 



El 19 de agosto, su padre ingresa de nuevo en el hospital. La quimioterapia, la médula ósea, los glóbulos rojos, anemia. "La enfermedad agiganta el presente de quien amas y sufre". Tal vez sea necesario acariciar la muerte para conocer la vida. Es cierto, "la vida sin muerte es el feliz patrimonio de los niños y tú no eres ya un niño, ni tienes esa dicha". Y lee a Juan Luis Panero para confirmar que "sólo son tuyas -de verdad-la memoria y la muerte".

El 20 de agosto hay un sillón junto a la cama, para pasar la noche. Su padre se durmió cogido de su mano, "desde esa fuente mana la alegría"

23 de agosto, Consejos, desde que diagnosticaron el cáncer a su padre, no ha dejado de recibir consejos por parte de personas analfabetas en medicina. "Para dar consejos hay que tener un mínimo de autoridad". Él nunca da consejos, ni siquiera a sus alumnos. El oncólogo Lucien Israël ha escrito que el cáncer no desaparecerá, que existirá mientras existan organismos pluricelulares; pero se sabe cada vez mejor retrasar su aparición  y "cómo frenarlo, estabilizarlo, hacerlo crónico". Es lo que ayuda, lo demás es hablar por hablar. 



Por fin , el 25 de agosto, hay buenas noticias:

"Mi padre tiene la voz muy clara, los glóbulos rojos en su número apropiado y se mueve con facilidad. En unos días, lo que era natural ha pasado  a ser extraordinario". 


El 26 de agosto comparte con nosotros, y con sí mismo, el recuerdo y el reencuentro con "un platónico amor adolescente". "Has visto a Coque", con la misma frescura en la sonrisa y la timidez de sus gestos, "hermosamente ingenuos", igual que cuando era estudiante de Bachillerato, ahora que es médico en Bruselas. "Al volver a casa, has traído varios años de tu vida: ella los había guardado en un cofre invisible que hoy ha querido abrir sin apenas darse cuenta". 

El 27 de agosto, lee en ABC, una entrevista a Cristóbal Halffter. El músico afirma ser un compositor más y, por ello, le incumbe la situación desprotegida del compositor en España. D.F.M. nos dice que eso es cierto en parte: " de todos los ámbitos de la cultura, la música es el más abandonado, tanto social como institucionalmente, pero Cristóbal Halffter ocupa un lugar privilegiado dentro del panorama musical español...mientras otros autores de similar valor son ignorados sistemáticamente...". 



El 28 de agosto, nos habla de Thomas Mann, como autor contrario a la ideología nazi y enemigo declarado de Hitler. En 1932, recibió un paquete, dentro sólo había papel quemado. Pudo distinguir que se trataba de su obra "Los Buddenbrook". Era un siniestro aviso para quien se había manifestado contra el peligro de la ideología nazi. Se marchó y jamás volvió a Alemania, pero no cesó en su compromiso contra la tiranía de Hitler. D.F.M. acaba de leer una recopilación de sus emisiones radiofónicas dirigidas a sus compatriotas: "Oíd alemanes...". 



Para Mann: "el individuo Hitler compone  la más repelente figura  que jamás haya enfocado la luz de la historia". Mendacidad, crueldad, espíritu vengativo, rugidos de odio, fanatismo vulgar, ascetismo cobarde...son algunos de los componentes del personaje.

Mann se hizo la pregunta que todos hemos intentado respondernos alguna vez: "¿Cómo fue posible que Alemania,y el mundo en general, permitiera a esa insignificancia de persona, a esa mediocridad intelectual y moral, esa alma mentirosa y sin luces...convertirse en un personaje importante de la historia y...levantarse un pedestal sobre el cual aparenta grandeza...?"



"Thomas Mann nos dejó una lección ética...donde la dimensión del intelectual frente a la monstruosidad del poder absoluto nos dignifica y conmueve a partes iguales". 

Una lección ética que se transmite de Thomas Mann a Diego Fernández Magdaleno y de este a nosotros. El mundo estará a salvo con intelectuales que planten cara a las monstruosidades políticas.

Y concluye el mes, y la segunda parte de su libro, con una película. Nos aconseja "ver de nuevo "La Quimera del oro" de Chaplin,  y pensar que no todo está perdido". 



No todo está perdido. Todo tiene arreglo...menos la muerte. La gran protagonista de "El tiempo incinerado". Junto al dolor, su aroma.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

5 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

Desmenuzando grano a grano, palabra a palabra, silencio a silencio, ese dolor. El silencio también es música, me repetían mis profesores de solfeo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Esa honda sensación de que el tiempo va pasando, que las cosas inevitables -las buenas y las malas- se acercan y pasan. Y que solo salvan los amigos y las lecturas. Y el acompañar a quienes nos necesitan.
Qué bien has cogido el tono de este diario.

Bertha dijo...

Leyendo este diario y sobre todo pincelando:comparto que el sufrimiento embrutece y la muerte es parte de la vida.Pero es menos dolorosa cuando compartes con alguien el sufrimiento de un ser querido y esos buenos momentos o esas mejoras como en el caso de su padre.

Que razón tiene Man; como pudo un pueblo caer en las garras de este mediocre.Siempre comento con mis alumnos:que pena que no lo hubieran aceptado en Bellas Artes.Porqué de haber sido un mediocre en Arte se hubiera aceptado... A este monstruo lleno de ira y de resentimiento contra todo...

Te felicito sabes sacar la esencia de este diario.

Un abrazo feliz otoño

DORCA´S LIBRARY dijo...

"La obligación moral de recordar, aunque le muerda el perro del recuerdo". Quien recuerda, vuelve a sufrir el horror vivido, que en su momento tanto sufrimiento le causó. Pero es la única manera de enfrentarse a ello. Y puesto que, según dicen, el sufrimiento es la mejor tinta que se puede utilizar para la creatividad literaria, ¿por qué no utilizarlo? Quizá a golpe de pluma, se consiga exorcizar todo el horror vivido.
Me gusta como vas desmenuzando las partes del libro que has leído, hasta convertirlo en pensamiento vivo.
Un abrazo.

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Mañana haré la entrada. Llegaré hasta el 31 de agosto.
También me había llamado la atención el 25 de julio, y las palabras del artículo de Mario Vargas Llosa. Es curioso, cuando se está tan arriba, y en lugar tan privilegiado, el desenfoque con el que se ve la realidad. Lo mismo que el texto de Cristóbal Halffter. En fin.
Coincido en todo con Diego Fernández Magdaleno, sobre el dolor.

Abrazos.