jueves, 2 de abril de 2026

Llevé a doña María a una cafetería fina.



Miércoles Santo. Se me hizo tarde por la mañana, escribiendo de mis lecturas, ahí tenéis los tres, y guisando un pollo, con cebolla, pimiento rojo y verde, vino, caldo, laurel, pimentón, pimienta molida y no molida, caldo Aneto y un poquito de sazonador de fajitas. Así que me di el paseo de los diez mil  pasos después de comer y dejar comidos a los dos de casa. 

Lo de siempre: Avenida del Cid, calle Santander, calle Moneda o Almirante Bonifaz, Plaza Mayor, Espolón, paseo de la Audiencia, Arlanzón arriba...

No llegué al paseo de la Isla, ése donde los árboles me saludan, porque me entró pereza y ganas de tomar un café; así que entré en una cafetería "fina",      un poco más que las habituales, aquí que en Burgos la pijotería no llega muy allá, veinte céntimos más en el café con leche no son la ruina. Sofás capitonés, creo que se dice así, cucharillas doradas, chimenea ayer apagada y mucha tarta tentadora. 

Me senté con el café y abri un libro ligero de peso, no así de contenido. No termino de leerlo y lleva dos meses paseando, la Zambrano en el bolso. Un trocito y a darle vueltas, ayer me hablaba de la luna. Ay, doña María. 

"No se detiene la influencia de la luna en el reino de las aguas, se enseñorea de los bosques y tiene un cielo suyo. Crea la luna un mar propio con su sola aparición y más todavía si no se ensalza sobre la urbe. Sobre su reino " el bosque" se derrama en libertad, es Ella, ella la sola, la perdida, escapada de la casa del Padre, o sometida, por el mismo, a andar así errante  y dominadora a la par. Delegada y rebelde, revolucionaria, cumple sus fases exactamente, es todo lo que obtuvo del sol, al querer una órbita propia y diversa, la obediencia rendida se muestra a las claras en ser su espejo..."

(3. La adoración de la luna. La Cicuta. Claros del bosque. Página 139.Alianza editorial)

Ay, señora filósofa, la luna, qué hace usted aquí, con una maestra jubilada que aspira a encontrar, por fin, un "claro del bosque", algo que ilumine por qué estamos aquí, "la casa del Padre", ay esaa mayúsculas. 

Cuando se cansó de dar vueltas a lo de la luna, va y coge una revista, Telva nada menos. Una publicación para mujeres cristianas, modositas, medianamente cultas, bien maquilladas, con ropa de buena marca y amigas del "camino" que marcó un monseñor, ahora Santo. Por cierto, que ese "camino" lo escribió al otro lado del río, en un hotel, a un paso de dónde estamos. 

Ay, que ya no es lo que era, en la portada del Telva se muestra una joven escasita de ropa, con poca chicha, eso sí. Hojeo y ojeo, leo un poco, algo de culturilla y mucha publicidad, dice que un poco del encaje del sujetador puede asomar, "gen santa", don José María.

Doña María Zambrano se me enfada, oiga usted  vuelva a mi libro, que yo soy cristiana quietista y mística, pero nada de cilicios. Esas mujeres tan elegantes son como las que me echaron del piso de Roma, dicen que por los trece gatos de mi querida hermana, que si poca higiene, pretextos para echarnos por falta de pago. 

La imaginaba hablándome así, pobre doña María, las estrecheces que pasó en el exilio, ni para café... Menos mal que tuvo unos últimos años mejores, en España, cuando le dieron premios y reconocimientos. 

Dejo el Telva. Volví al filosófico y poético  libro, mientras me miraban unos "guiris" comiendo sándwiches con cerveza, que no té. Es que la revista de marras traía algo de los Windsor, que son como de otra galaxia, ya lo pensaba. 

"La luna asimila la luz del sol..."

He andado poco hoy, venga a la calle, que no llegas ni a los seis mil. Qué frío van a pasar los de las procesiones, en Burgos la Semana Santa suele ser fría. Recuerda cuando tus sobrinos lo pasaban bomba con sus amiguitos, sentados en la acera y comiendo pipas, pasaba la procesión, se reían a saber de qué, la tita helada y de pie. Mira ese que va descalzo, mira ese que se le conoce aún con el capuchón. .

A casa. Preparo  un vaso de leche con  descafeinado a mi madre y sigo con "Laa casas vacías" de David Uclés. En este libro tiene un cameo María Zambrano, breve y feminista.

 Odiaba a Rousseau porque estaba en contra de la igualdad de las mujeres. Recuerdo de cuando leí al famoso pedagogo, que Emilio aprendería a leer, Sofía solo a bordar letras. Señor, Señor.

 Tiene usted razón, doña María. Ahora, hasta la chica Telva es feminista, a su manera y dentro de un orden. 

Todo empezó porque llevé a María a una cafetería fina. A dónde me lleva el albur de mis pensamientos. 

Feliz Jueves Santo y cada uno a la procesión que va por dentro. A las otras también, si es de vuestro gusto.

María Ángeles Merino Moya

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