Esta tarde hemos disfrutado de la reunión del Club de lectura de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda Escudero. El lugar ha sido el habitual, en la Facultad de Humanidades y Comunicación de la UBU, en el edificio del antiguo Hospital Militar.
El libro comentado ha sido "Claros del bosque" de María Zambrano. María Zambrano, filósofa, uno de los grandes filósofos españoles y europeos, de todos los tiempos, en el circuito de Ortega y Gasset y la Revista de Occidente. Trabajó con el filósofo Zubiri y se ganaba la vida dando clases en la famosa "Residencia de Señoritas", en la órbita de la Institución Libre de Enseñanza. Conoció a los de la Generación del 36 y fue amiga de muchos de ellos, especialmente de Luis Cernuda.
Tras la guerra civil, quedó desconectada y separada por cuestiones políticas y religiosas, abandonando la razón práctica de Ortega, el racionalismo. Ella había empezado, poco antes del exilio a profundizar en la expresión de su propio pensamiento: la Razón poética. Con la razón pura no se puede entender el mundo.
De salud frágil, pasó muchas penalidades en el exilio y solo a partir de los sesenta empieza a publicarse su obra.
Sus textos contienen una carga poética enorme. La única forma de acceder a verdades ocultas es, para Zambrano, la poesía. No era una filósofa al uso. Une la expresión poética con un análisis profundo del pensamiento, en conexión con el cristianismo español, empapada de San Juan de la Cruz. También recibió gran influencia de Miguel de Molinos, un escritor español del XVII, poco conocido, partidario del "quietismo", una doctrina nacida a partir de la reforma protestante.
La lectura de "Claros del bosque" ha sido difícil, pero ha merecido la pena, pienso.
Pedro Ojeda nos ha explicado las claves: en el ámbito de la vanguardia, con el uso de la metáfora indirecta, el fragmentarismo de Ortega y el existencialismo con la angustia vital.
¿Cómo dar sentido a la existencia? El bosque es hostil, buscamos los "claros", un espacio donde penetra la luz. El quietismo: nos dejamos inundar por la luz, en un tiempo muy breve, un espacio y un tiempo. De repente vemos claramente la solución, está en nosotros, la mística, la luz que viene desde fuera.¿Hacer cosas? No. Lo que hay que hacer es detenerse, parar la angustia, llegar a ese estado de iluminación.
Llegar a la "quietud". Pedro Ojeda nos sugiere que pensemos cada uno como conseguir la "quietud".
Unos proponen el yoga, con el control de la respiración. Otros, la música, seguir mentalmente una música muy conocida. Hay quien pesca, quien está en la iglesia en silencio, cada uno tiene una forma de desconectar.
Foto cortesía de María Esperanza Martínez.Pedro Ojeda y María Ángeles MerinoHa sido una lectura muy distinta. Algunos tenemos que acabarla. Lo de conseguir la "quietud" ya lo vemos más difícil, especialmente las mujeres.
Como siempre, pasaré las notas de mi cuaderno para confeccionar la crónica. Esto ha sido un adelanto.
Gracias al profesor Pedro Ojeda y a todos los compañeros leclectores.
María Ángeles Merino Moya
Un abrazo de:
María Ángeles Merino Moya





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