miércoles, 27 de mayo de 2026

Con "El viaje de mi padre" de Julio Llamazares.

 









Ayer tuvimos la reunión mensual del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, a la hora y lugar habituales,  las cuatro y media de la tarde, en la Facultad de Humanidades y Comunicación.

 Como siempre, con nuestro profesor Pedro Ojeda Escudero que condujo un fluido e interesante diálogo en torno a El viaje de mi padre de Julio Llamazares, un libro del que esperábamos otra cosa, al parecer. 

Pedro nos presenta a Julio Llamazares, un escritor  bien conocido, autor de obras de la categoría de La lluvia amarilla o Luna de lobos. Es uno de los autores más importantes de la literatura española del siglo XX, en León y muy leonés, de un grupo de escritores muy atentos a una sociedad que está desapareciendo, a la oralidad, en la tierra del "filandón",  a una conciencia temática, aún con estéticas individuales, a un determinado lenguaje y  una cultura regional.  Ahí encontramos a Mateo Díaz, a José Luis Merino  e incluso a otros más jóvenes como Gancedo. 

Así nos define Ojeda El viaje de mi padre: "Una literatura muy poética, un trabajo de estilo exquisito, una nostalgia del pasado". Llamazares se propone volver al viaje real que hizo su padre, en la guerra civil, con dieciocho años, atravesando la península, como voluntario en "transmisiones", para evitar la infantería. La guerra con toda su crudeza, abandonando el paraíso perdido de la juventud. Una primera parte hasta Teruel y otra hacia el mar en Castellón. Del frío que mataba a la visión del mar. 

La aventura de su vida, una tragedia sobre la que cayó el silencio, una generación que no hablaba de lo que habían visto, de lo que habían hecho. Para el hijo es un bloqueo, un intento de conocerlo, el padre es un gran desconocido, murió pronto, tal vez no atendio en su momento, algo supo por el compañero Saturnino, muy poco. 

Un silencio, un viaje estéril, no hay cartas, no hay documentos, no es una novela, es un viaje hacia las emociones. 

Y, sin embargo, tomo notas: "no he entrado en Llamazares", "um viaje plano", "el padre no tiene alma", "es un libro de viajes sin más", como otros libros de viajes del autor... Yo soy la de "sin alma". 

Lo más importante: "Nos ha pasado a todos". Con la guerra y con otros temas. No escuchamos a nuestros mayores y, cuando queremos recuperar sus palabras, ya no es posible, ha caído sobre ellos el telón del deterioro cognitivo y de la muerte. 

Si, nos ha pasado a todos y, para mí, es un tema especialmente doloroso, en este mes de mayo que se ha llevado a mi madre, nacida en 1923. Su memoria, algo atrapé, poco. 

Hablamos de la memoria histórica y sus polémicas. Pedro Ojeda nos alerta: se está perdiendo la memoria, la oralidad, no interesan las vivencias pasadas, en esta vida superficial.

¿Escuchasteis?  ¿Os escucha vuestro hijo? 

Una vez leí que las etapas de la vida podían establecerse así: papá, o mamá, lo sabe todo, papá, o mamá, no sabe nada, tal vez papá, o mamá, sepa algo de esto, qué pena, si estuviera aquí papá le podíamos preguntar. 

Seco, soso, sin alma. Y, sin embargo, fue una reunión lectora excelente y reflexiva, en torno a un libro que concluye: "Fui y volví. Sobre las montañas pasa un avion".

Aquel joven estudiante de Magisterio, soldado del ejercito franquista, el lado que le tocó, fue y volvió. En su casa de La Mata de la Bérbula, volvio a una familia desaparecida y dividida. No regresó a los lugares de la guerra. El jovencillo que montó en el tren habló muy poco, ya no volvió. Sería, tal vez, un buen maestro en aquel pueblo inundado por el pantano, en años difíciles. No era ni muy de izquierdas ni muy de derechas, "demócrata cristiano" dice su hijo en las redes. 

Me gustaría escribir el viaje de mi madre, algo recogí, poco. El de una adolescente, trece años en 1936, en Alcalá de Henares, zona republicana, lo que tocó. 

Ha sido duro el mes de mayo, mamá.

Sigo leyendo, sigo escribiendo. 

María Ángeles Merino Moya

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