Era un día "entresemana", llovía dentro y fuera. Hay días así, las palabras explotan y causan dolor, los almendros se anegan, se ahogan, en un mar de malentendidos.
A mitad del paseo, me desvio de mi querencia cotidiana, tal es para mí el Paseo de la Isla, cruzo la pasarela, el Arlanzon baja con brío, hinchado de lluvias.
Mis pasos me llevaron junto a una residencia de ancianos, la del Carmen, clínica y maternidad en otro tiempo, en la Castellana de Burgos, en la zona señorial, de "chalés", de toda la vida.
Allí nací, un día de finales de abril, pasada la mitad del siglo pasado.
Mi madre me contó que nací en el antequirófano", con una comadrona muy vieja que le dio mala espina, largo y penoso el parto, pero normal.
Desperté mi primer despertar, sin imagen, sin nombre, ni para mí ni para las cosas, con la ingenua pretensión de "ser por separado", pobre niñita "deslumbrada y ofuscada", salida de un "baño de purificacion" en el "amor preexistente".
-¿Qué dices?
-Escucha. Leo a Maria Zambrano, en sus Claros del bosque:
"Un despertar sin imagen, así como debemos de estar cuando todavía no hemos aprendido nuestro nombre y nombre alguno.
Se nace, se despierta. El despertar es la reiteración del nacer en el amor preexistente, baño de purificacion cada despertar y transparencia de la sustancia recibida, que así se va haciendo trascendente.
Y la existencia, surgia de la pretensión de ser por separado, deslumbra y ofusca al individuo naciente que, sin ella sería como una aurora...".
"Y el existir lo arranca del amor preexistente, de las aguas primeras de la vida y del nido mismo donde su ser nace invisiblemente para él, pero no insensiblemente...
Y él, el que nace en cada despertar surgiría por levemente que fuese, en una especie de ascensión...en ese lugar primero que parece sea como un agua...
Mas el ímpetu del existir se precipita...se ve arrastrado hacia la realidad, lo que lo pone frente a ella, a que se las vea con ella...
Y la luz tendrá que ser por el ser humano reducida...y el milagro. .tendrá que ser tenido por deslumbramiento, del que hay que huir y hundirnos en el olvido. Y asi el olvidar desconociendo comienza..."
-Pero Maria, en cada despertar, se dejará "alzar desde el insondable mar de la vilda":
"Una centella del fuego que no abrasa, aunque traiga a veces pena, la fatiga de respirar por entero, como si el respirar todo de la vida atravesara ese ser que entra en ella...Y la respiración se acompasa por esta luz ...El que así alienta el encuentro de la luz es alumbrado por ella, sin sufrir deslumbramiento...vendría él a ser como una aurora...".
-El "fuego que no abrasa", a la manera de la "Llama de amor viva" que "tiernamente hieres", de San Juan de la Cruz.
"Se nace, se despierta". Se despierta, se nace de nuevo, se sale al encuentro de la luz, en un claro del bosque. Volvemos al "amor preexistente", sin ser deslumbrados. ¿Las "lámparas de fuego" de las cavernas de Platón? Los "amigos de la sabuduria" nos podrían explicar. Yo solo estudié retales de Filosofía.
Sigo con la lectura de Claros del bosque, no es fácil. Ahora viene la " inspiracion" y "el despertar de la palabra". Leo un poco y tengo que detenerme, corro el riesgo de ahogarme en un mar de palabras.
Vuelvo a casa, ya no miro el río. Me sale al encuentro el homenaje a Trótula de Salerno, una mujer médico del siglo XI, que escribió el primer tratado de Ginecología, cuando el nacer podía llevarse una vida, o dos.
Se nace, se despierta. Se despierta, se nace. Y a "los claros del bosque".
Ya veis, una filósofa muy poeta: Maria Zambrano.
María Ángeles Merino Moya
Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.
(Entresacado de las páginas 39, 40, 41 y 42. El amor preexistente. El despertar. Claros del bosque. María Zambrano. Alianza editorial)







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