miércoles, 13 de julio de 2011

Carta de Bécquer donde dice que irá "a tomar los baños de mar a Bilbao".


Mi entrada del 28 de junio, en torno a algunas Rimas,  tenía como título: "...las olas del mar que rompen en las cantábricas peñas. " ¿Las vio Bécquer? Os planteaba la pregunta ¿vio Gustavo Adolfo Bécquer el mar realmente? La respuesta me la ha dado Gelu, del blog "Penélope aguarda en Itaca". Así dice en un comentario, en mi blog:


"Creo que Bécquer sí vio el mar.
Te dejo un enlace, con el lugar exacto donde aparece, (que había puesto en mi entrada del día 4, de julio) de la
Universidad de Sevilla- Fondos digitales. Bécquer. 294 en el que en una carta a sus suegros, les dice:
(...)" hasta junio que iré a tomar los baños de mar en Bilbao a fin de estar bien para el otoño...”.


Mi intención era colocar aquí la copia del documento, pero el blogger no la admite.  El enlace es:
http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/3725/1/becquer-manuscrito/


Tenéis que buscar la página 294 . Veréis dos cartas mecanografiadas, publicadas  por el poeta Gerardo Diego en 1942.  Gustavo escribe a sus suegros, llamándolos "queridos padres". Al leerlas, nos da la impresión de que las relaciones con su familia política no pasaban por un buen momento.

En ellas , también ocupan un lugar importante las preocupaciones económicas. Vemos que , al poeta, le importan un rábano las alabanzas; lo que le interesa es que acudan a ver su "Clara de Rosembag".  Y su mujer, Casta, informa a sus padres del costo de la celda en Veruela, nada menos que ¡veinticinco duros al año! Por cierto que la ortografía de ésta no es muy cuidadosa.


"Queridos padres: después de haber estado un mes en Madrid me (encuentro) ya en Veruela bastante bueno. A Casta y al niño los he encontrado bien y según me dice Uds. también se encuentran con salud. Ahora voy a ver si vacuno al niño para llevarlo a esa donde pasaremos algunos días. Los negocios no han salido mal arreglados de modo que yo estaré por esas tierras hasta junio que iré a tomar los baños de mar a Bilbao a fin de estar bien para el otoño época en que volveremos a Madrid. Casta dice que ha escrito a Uds. dos cartas que al parecer no han recibido. Contesten Uds. a esta para saber como siguen de salud y manden a su hijo que los quiere: Gustavo"


Gracias, amiga Gelu, por tu minucioso trabajo y por guiarnos hasta este interesante documento.


Un abrazo de:


María Ángeles Merino

lunes, 11 de julio de 2011

"Las hojas secas", leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer.

¿Las leyendas de Bécquer? Música de órgano sin organista, terroríficos lugares donde desfilan las ánimas, mujeres fugaces, rayos de luna, ojos verdes sin rostro, corzas blancas metamorfoseadas...


 

 
 



Sin embargo, en esta lectura colectiva de "La acequia", comienzo con una leyenda menos conocida, una pequeña joya titulada: “Las hojas secas”. Toda ella es una inmersión en la Naturaleza. Sumerjámonos y oigamos hablar a unas nostálgicas  hojas de árbol.

Inmerso se nos presenta el poeta narrador, testigo de la conversación de dos hojas secas cualesquiera, al borde de un camino. Desligado de su propia individualidad, confundido en el paisaje, traduce "su incomprensible lenguaje" e , indiscreto, nos transcribe sus palabras. Es la fusión del poeta con el medio natural que aparece en tantas de sus Rimas:

Hoja que del árbol seca


arrebata el vendaval, 


sin que nadie acierte el surco


donde al polvo volverá.  
 

Y ¿qué se cuentan las dos hojas secas? En realidad el tópico de siempre, lo de Jorge Manrique, cómo se pasa la vida y cómo se viene la muerte. Añoranza de viejos: quién nos iba a decir que ibamos a estar tan amarillas, nosotras tan verdes, qué tiempos aquellos...Pero sus palabras componen hermosísimas imágenes, propias de un pintor que juega con la luz y el color. Bécquer infunde a los colores "un movimiento inquieto, una vibración sutil, para sumergirlos y disolverlos en un baño de luz". Sorprendamos las palabras de  dos hojas ancianas:


 
"-¡Ay! ¿Quién diría que habíamos de acabar amarillas y secas arrastrándonos por la tierra, nosotras que vivimos vestidas de color y de luz meciéndonos en el aire? "


"¿Te acuerdas de los hermosos días en que brotamos, de aquella apacible mañana en que, roto el hinchado botón que nos servía de cuna, nos desplegamos al templado beso del sol como un abanico de esmeraldas? "


"-¡Oh! ¡Qué dulce era sentirse balanceada por la brisa a aquella altura, bebiendo por todos los poros el aire y la luz! "


 
"...aquel agua limpia y transparente que copiaba como un espejo el azul del cielo, de modo que creíamos vivir suspendidas entre dos abismos azules! "


"-Los insectos brillantes revoloteaban desplegando sus alas de gasa a nuestro alrededor."


"Cada cual de nosotras era un tono en la armonía de su color."



"En las noches de luna, cuando su plateada luz resbalaba sobre la cima de los montes, ¿te acuerdas cómo charlábamos en voz baja entre las diáfanas sombras?"


Así pinta el poeta la vida. ¿Y la muerte?

Un día, las hojas escuchan las palabras de unos amantes. Ella, joven y hermosa, llora porque sabe que morirá en otoño. A través de las palabras humanas, las hojas comprenden, aterrorizadas, que ellas también deberán secarse, morir y ser arrastradas. La paleta cambia, veamos algunas pinceladas sombrías:


"-A poco volaron los pájaros, y con ellos sus pequeñuelos ya vestidos de plumas; y quedó el nido solo, columpiándose lentamente y triste como la cuna vacía de un niño muerto. "


http://es.123rf.com/photo_9611979_cardo-blanco-con-dos-insectos-oscuros.htm

"Y huyeron las mariposas blancas y las libélulas azules, dejando su lugar a los insectos oscuros que venían a roer nuestras fibras y a depositar en nuestro seno sus asquerosas larvas." 
 
"Escarcha de hoja", foto de María Ángeles Merino, publicada en "El tiempo"

-¡Oh! ¡Y cómo nos estremecíamos encogidas al helado contacto de las escarchas de la noche!


"-Perdimos el color y la frescura.
-Perdimos la suavidad y la forma, y lo que antes al tocarnos era como rumor de besos, como murmullo de palabras de enamorados, luego se convirtió en áspero ruido, seco, desagradable y triste."

Termina la leyenda con la confirmación de los malos augurios. Ella murió, él está solo y las hojas están condenadas a ser arrastradas por el viento.



El poeta piensa en algo que no puede recordar, pero aunque lo recordara no podría expresarlo. Lo inexpresable, la clave en la obra de G. A. Bécquer.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Esta leyenda no figura en algunas ediciones de las "Leyendas"de Bécquer,  en la de Cátedra, por ejemplo, no aparece. Podéis leerla pinchando aquí.

 Pedro Ojeda dice en "La acequia":

" Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta e ilustra magníficamente Las hojas secas, una pequeña joya literaria becqueriana. Después, gracias a una aportación de Gelu, documenta una interesante visita de Bécquer al mar en Bilbao."



miércoles, 6 de julio de 2011

"Non fuyades cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete."


Comentario al capítulo 8, 1 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada correspondiente al 3 de julio de 2008.


Comienzo el capítulo 8, leo: “En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento”. Ya he llegado a lo más conocido del Quijote, el comentario no ofrece dificultades.


Aquí tengo al caballero y el escudero: don Quijote y Sancho Panza. La ventura va guiando sus cosas mejor de lo que acertaran a desear, allí se descubren unos desaforados gigantes con quienes piensa hacer batalla y quitarles la vi… ¿qué es esto?


 

¿Se cuela el viento dentro de mi casa? Porque las ventanas están cerradas, vuelan los papeles que tenía sobre la mesa, se agitan los visillos, cae una silla… ¡Ay, qué susto!



-¡Uhhhh! Salud, señora mía.

-¿Quién me habla?


- Soy un molino de viento de la Mancha, un ingenio harinero avanzado, traído recientemente desde Flandes hasta estas hispanas tierras, a finales del pasado decimosexto siglo. En el celebérrimo libro no me dan nombre alguno, pero puede llamarme... Molen, en honor a mi flamenco origen.

-¿Un molino? ¿Cómo ha podido introducirse a través de estas estrecheces, por muy ancha que sea la banda?


-Pues...como se cuelan miles de imágenes de cosas grandes, grandísimas que asoman por aquí, en reducido tamaño. No comprendo cómo voacé pregunta tamaña niñería.

-Sí, claro. Pero por aquí suelen desfilar personajes humanos, siendo vuestra merced sólo un ingenio, una máquina, como decimos en este vigésimo primer siglo.



 
-Pero, para don Quijote somos enemigos humanizados, como a tales se dirige, aunque nos  atribuya brazos gigánteos. El de la péñola, así lo quiso.

-Bueno, de acuerdo, señor molino Molen. Cuénteme, que deseo oír su versión del famoso capítulo 8. Y cese el viento, quietecito con sus aspas, que me está despeinando.

-Prosigo con el octavo, para complacerla. El loco protagonista, Don Quijote, nos ve, nos califica de "desaforados gigantes" y proclama que nos va a quitar a todos la vida, en justa batalla. Su criado Sancho Panza no ve gigante alguno e intenta convencerlo de que no hay brazos sino aspas. El loco le pide que se aparte y rece, que él ha de entrar con nosotros "en fiera y desigual batalla".


Sancho vocea, su amo no atiende y da de espuelas al caballejo. Decidido, viene hacia nosotros, voceando en antiguo: "Non fuyades , cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete".


En esto, se levanta un poco de viento y nuestras aspas se mueven. El loco nos amenaza y dice no sé que de un gigante y de una señora llamada Dulcinea. Se cubre con su rodela y, con la lanza en ristre, a todo galope, me embiste y lancea una de mis aspas. No sabe lo que le espera. El viento despedaza la lanza, la cual se lleva tras sí al caballo y al caballero. Vuelan, grita, relincha, ruedan…


 Doré

Don Quijote no se puede menear, Sancho acude a socorrerle y se lamenta: él bien le advirtió de que éramos molinos de viento.


 Doré
Mas su amo sigue soltando disparates por su boca. Asegura que un sabio llamado Frestón le robó sus libros y volvió los gigantes en molinos, para quitarle la gloria de su vencimiento. Sube, con ayuda, sobre su medio descoyuntado rocín.

Todavía les oigo hablar de la aventura pasada. Les veo tomar el camino de Puerto Lápice porque don Quijote considera que, al ser lugar de paso, no es posible dejar de tener aventuras. ¡Con los huesos molidos y buscando más oportunidades de que se los vuelvan a moler!


El loco va pesaroso y no sólo porque le hayan usurpado la gloria de su vencimiento. Sufre, además, por la falta de su apreciada lanza, la que mi aspa destrozó. Pero este hombre encuentra soluciones para todo. Dice algo de desgajar una rama de un árbol y fabricarse una lanza, como hizo un caballero español, un tal Machuca. Les pierdo de vista, ya no les oigo...los disparates que ha de acometer todavía ese don Quijote.

Me despido de vuestra merced y le manifiesto mi disgusto por una imagen que he encontrado en estos estrechos canalículos. Dicen que son  los nuevos molinos que ahora gastan en la Mancha, no creo que puedan moler trigo, ni cebada. Los llaman eólicos, creo. ¡Qué extraña época la suya, señora mía! ¡Ni molinos como Dios manda!


Me voy con mis treinta o cuarenta compañeros. Quede con Dios.


-Adiós, don Molino Molen, encantada de conocerle.


Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia", en la entrada del 7 de julio de 2011:

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, llega ahora al capítulo 8 de la primera parte... y cómo no, lo cuenta desde un secundario de lujo que no podéis imaginar.

domingo, 3 de julio de 2011

"...cuando toca el sueño con sus dedos de rosa nuestros ojos..."





¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?



¿Será verdad que, huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?



¿Y allí desnudo de la humana forma,
allí los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?


¿Y ríe y llora y aborrece y ama
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?


Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros:
pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco.



Con esta Rima 23 nos sumergimos en el mundo del sueño. La realidad se nos presenta como  una mezcla indisoluble de lo soñado y lo real, se borran contornos y el poeta no sabe si "ese mundo de visiones vive fuera o va dentro de nosotros".

Sueños, ensueños y pesadillas están muy presentes  en la obra de Bécquer, tanto en verso como en prosa, siguiendo a los poetas románticos alemanes,  defensores  del valor de los sueños, como único camino para acceder a un mundo distinto de nuestra realidad objetiva.

Sólo cuando  penetramos en el interior de nosotros mismos, en nuestro inconsciente, captamos el universo en su verdadera dimensión. Así, Johann Paul Richter (1763-1825), poeta alemán más conocido como Jean Paul, expresa: "El sueño sepulta el primer mundo, sus noches, sus congojas, y nos brinda un segundo mundo con las formas que hemos amado y perdido". G.A.B. plantea, en la 23, bajo la forma de un interrogante, algo muy similar: "¿Será verdad...?"


Esa  misma comunión entre mundo y sueño de la 23 aparece en la Rima 72: "Te vi un punto, y flotando ante mis ojos ...".Unos ojos verdes desasidos de un rostro, fantasmales como fuegos fatuos, persiguen al poeta.




La creación poética es, para G.A.B, dar vida consistente  a esos fantasmas inconsistentes que flotan en las nebulosas regiones del sueño, a esas:

Al estudiar su obra no podemos hacer abstracción de la parte consagrada al sueño, sin desvirtuarla completamente.  Dice Jorge Guillén: "Bécquer no llega a ser Bécquer más que rodeado de sueños"("Lenguaje y Poesía", Revista de Occidente, Madrid 1962).

Sueño y vigilia se integran indisolublemente . Así describe al poeta  su biógrafo y amigo Narciso Campillo:


"Gustavo era de los hombres que sueñan despiertos hasta el punto de asistir como espectadores al drama real de su propia vida".


Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:


María Ángeles Merino

El contenido de esta entrada está basado en el  de las páginas 38 , 39 y 40, del estudio preliminar y notas que Ivonne Bordelois y María Silvia Delpy incluyen en la edición de las"Rimas" de la editorial Kapelusz, 1969, Buenos Aires.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, a partir del comentario de la rima 32 analiza uno de los temas claves de la poética becqueriana, el del sueño. Excelente.

jueves, 30 de junio de 2011

Nada menos que un maestro.


Carta al maestro Jorge

¿Niños entre flores o flores entre niños?

Son los privilegiados alumnos que  tuviste  hace unos añitos, en Campo Real, pero me consta que, a pesar de que ya no cumplen los treinta,  te recuerdan con cariño. Aquellas búsquedas del tesoro, aquellas lecciones de Naturaleza por los campeños campos...

Después de aquella etapa en lo que entonces se llamaba EGB, el Centro de Educación de Adultos de Arganda del Rey fue el agraciado. Llegaste en 1991, veinte años has estado sembrando las mejores semillas.

Tuve el honor de trabajar contigo dieciséis años ¡Lo que aprendí de ti ! Nos abrías tantos caminos...Sólo ver tus minuciosos trabajos, con esa letra, esos esquemas que yo apañaba, los apuntes...

En 2007,  me fui a mi "venerable" ciudad . ¡Cómo recuerdo tus palabras, pegada al móvil, en aquellos días tormentosos!  No podía entender lo que me había pasado, tú me diste claves...


Espero que seas muy feliz en tu nuevo centro, qué suerte tienen tus nuevos compañeros. ¡Qué suerte la de tus alumnos!

Un abrazo muy grande, Jorge, compañero. ¡Nada menos que un maestro!

María Ángeles Merino

Enlazad con "En un acorde azul", allí mi amiga Luz del Olmo pinta con palabras un ajustado retrato de este gran maestro.


martes, 28 de junio de 2011

"...las olas del mar que rompen en las cantábricas peñas. " ¿Las vio Bécquer?

LECTURA COLECTIVA DE LAS RIMAS DE BÉCQUER.
  "LA ACEQUIA" (PEDRO OJEDA)

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
...
Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme  con mi dolor a solas!


Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!


Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!


Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas:
...
Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta
que en el estío convida
a apagar la sed con ella.
Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas
que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.
...

...
Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye la vanidad.
Todo es mentira: la gloria, el oro,
lo que yo adoro
sólo es verdad:
¡la Libertad!

Así los barqueros pasaban cantando
la eterna canción
y al golpe del remo saltaba la espuma
y heríala el sol.


¿Te embarcas? gritaban, y yo sonriendo
les dije al pasar:
—Yo ya me he embarcado; por señas que aún tengo
la ropa en la playa tendida a secar.


¿Gustavo Adolfo Bécquer vio, realmente, el mar ? Su biografía nos dice que , en 1846, con diez años, ingresa en el Colegio Náutico de San Telmo, llamado "de mareantes", como alumno gratuito. En su condición de futuro marino ¿ las naúticas lecciones incluyen ver realmente el océano  ? ¿O se limitan sus instructores al cercano y familiar  Guadalquivir? No lo sé. Tal vez no hubo tiempo porque el colegio cierra un año después y, desconcertado,  ha de buscar otras vocaciones: la pintura, el periodismo, la poesía...

En su corta vida, reside siempre en ciudades o pueblos interiores. Pero, en  la rima 79 , nos encontramos con "las olas del mar que rompen en las cantábricas peñas". ¿Cantábricas? ¿Hay algún viaje a tierras norteñas? ¿Se lo permite su frágil economía? ¿Alguno de sus  escritos periodísticos deja constancia de ello?

En realidad, el poeta, para moldear su propia realidad poética no necesita ver, ni oír, ni oler, ni tocar .

El  mar de Bécquer forma  parte  de una naturaleza  dinámica, agitada, vibrante, animada por una corriente vital que permite la fusión entre individuo y universo.

Así , en la rima 35, las olas braman y él pide  ser arrebatado por ellas, de la misma manera que lo hace con los vientos y las nubes. En la  26, se produce un enfrentamiento , la roca contra  el océano, él y ella, una unión imposible. En la 79, unas  pupilas  verdes centellean tan enojadas como las olas "que rompen en las cantábricas peñas". En la 5, el poeta embarca en el barco del desengaño.

Mar  desatado, rompiente, enojado, espumeante...

En esta entrada, utilizo las imágenes tomadas ayer, día 27 de junio, en mi excursión de fin de curso. Visitamos un rincón precioso de la costa de Bizkaia: Bermeo, Bakio y la ermita de San Juan de Gaztelugatxe. Busco un  mar Cantábrico becqueriano, me parece un disparate; pero en la rima 79 descubro  que no lo es tanto

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino