jueves, 17 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: "Lolo Galerón, el poeta de La Florida".


La estación de tren de Oña abandonada, foto de 2007. 
Visita a la villa oniense en compañía de mi amiga Luz del Olmo.

Comentario del relato La Florida, del libro Andarás perdido por el mundo de  Óscar Esquivias. Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Recordáis a mi amiga Austri que me acompañó durante mi paseo por Gamonal, con el libro Andarás perdido por el mundo, en la mano y en la boca. En la entrada anterior, tenéis nuestros comentarios. Ahora la conocéis un poco, pudisteis comprobar que los relatos la atraparon, a pesar de ser tan suya en lo que toca a las lecturas. ¡Se los leyó todos de un día para otro! ¡Y sólo iba a leerse el del catequista! 

Dejo, para más adelante, las fotos que hicimos por el pueblo de Gamonal y algunos de sus colegios, para casarlas con otro relato escolar y gamonalense. 



 Ahora estamos en mi casa, Austri está muy interesada en lo que voy a escribir esta semana y quiere darme ideas. Hablamos, comienza ella. 

-¿Qué te parece si seguimos con Gamonal? Podemos ponernos con El misterio de la Encarnación. Me es muy familiar ese niño extrañado ante la lámina del libro de Ciencias Naturales: "el óvulo flotaba como un planeta gigante en mitad del cosmos y los espermatozoides cruzaban el espacio como una lluvia de cometas". El chaval es de Gamonal y de los tiempos de la EGB, que tú recordarás, que en los nuestros sólo se reproducían los paramecios.



-Y los pólipos. A mi también me gusta mucho, pero no te adelantes tanto. Si te parece nos vamos a Oña. Seguro que has oído alguna vez eso de "a este paso voy a terminar en Oña". En Burgos, era sinónimo de volverse loco. De la misma manera, en Guipúzcoa acababan en "Santa Águeda" y en Madrid era Leganés, "Santa Isabel". A pesar de la protección de los santos, los manicomios daban miedo, mucho miedo.


-De acuerdo. Vamos a Oña, pero no al manicomio, que esa palabra ya no se puede decir. 

- Vamos al Hospital Psiquiátrico de San Salvador de Oña, a visitar a un residente, Bartolomé Galerón Fuentes, el tío Lolo, un personaje más de pueblo que las amapolas, muy antiguo y algo bruto, pero entrañable.  Miguel Delibes no hubiera dudado en adoptarlo. Vamos de la mano de su sobrino, un narrador que recupera la mirada del niño que fue, en unas visitas que le llevaron del rechazo y  la extrañeza a la sintonía. 

He hablado con familiares y enfermeras. Coinciden en que Óscar Esquivias da una pintura muy precisa de "La Florida". 

"El psiquiátrico daba la impresión de ser el palacio de unos emperadores o un lujosísimo hotel con su fachada de piedra llena de columnas, enormes blasones de los cuatro reinos españoles y estatuas de héroes. Además, tenía unos vastos jardines con fuentes, albercas llenas de peces, árboles frutales, pérgolas y un paisaje montañoso de fondo que parecía el decorado de una obra de teatro"
Monasterio de San Salvador de Oña

-Sí, mira aquí al final. Leemos en la Nota del Autor: "Se lo dedico a mi tío José Luis Galerón, quien vivió largos años en La Florida y, a su modo, alcanzó la eterna juventud: la de vivir siempre con veinte años". Seguro que el personaje de Lolo tiene mucho de José Luis y el narrador mucho del mismo Óscar Esquivias. 

-Pero, ya te lo decía el otro día, no tienen por qué coincidir. Que estabas dispuesta a preguntar en la iglesia de Gamonal  por el catequista Ismael Bejarano. 

Comenzamos con el relato, podemos situarnos a finales de los setenta y principios de los ochenta. Oímos una voz que habla en pasado: "Mi madre aparcaba siempre frente a la fachada del psiquiátrico". Era un niño que llegaba a Oña, acompañado de sus padres y un hermano David. Cumplían con la visita habitual al tío Lolo, internado allí. Nos narra una visita pero son muchas las visitas, es la rutina  marcada por los verbos en imperfecto: aparcaba, giraba, dedicaba, respondíamos, parecía, pasaba, daba, giraba otra vez...

"Ya durante el viaje nos íbamos electrificando, como animales ante la cercanía de una tormenta..."

-Los niños llegaban nerviosísimos. Siempre era así, con  la regañina materna habitual y el permiso para descargar en los columpios la tensión acumulada. Pero, cuando entraban al hospital, volvían a la pendencia con empujones, codazos y cabezazos. Tal vez se contagiaban de la tensión reprimida de los padres, especialmente de la madre, hermana de Lolo: 

"Mi padre solía encender un cigarrillo y mi madre cerraba los ojos y apretaba la frente contra el volante. Parecía meditar o rezar durante unos segundos". 

- Viajaban a Oña cada tres meses, más o menos. El narrador se detiene en "una ocasión en la que los columpios chirriaban horriblemente en cada balanceo". Al padre le parecían "las cadenas del infierno", a los niños les encantó la idea de apostar a ver quien llegaba "más cerca del infierno" y a la madre se le escapó la palabra prohibida: "Dejad  de columpiaros a lo loco". Su hijo David replicó al instante: "Has dicho loco". El tío Lolo no estaba loco, estaba "enfermo". Estaba ingresado en el Hospital de San Salvador, mejor omitir psiquiátrico, "Manicomio" estaba prohibidísimo. La madre imponía "reglas estrictas con el lenguaje".

-¿Hospital? Aquello no respondía a la idea que un niño tiene de un hospital, no se parecía en nada al ambulatorio de Gamonal, un lugar en el que uno volvía a su casa para curarse con jarabes o pastillas. "En Oña, sin embargo, no parecía curarse nadie: uno entraba y se quedaba ya para siempre".



Al fondo, el ambulatorio de Gamonal

- Después de los columpios, les seguimos a través de corredores y patios, hasta llegar al edificio anejo donde vivía el tío Lolo: "La Florida". Se iban cruzando con los "internos" que sesteaban, saludaban o les dedicaban muecas. Algunos les salían al paso, les daban ceremoniosamente la mano y les pedían tabaco, la moneda de más valor allí. La madre llevaba cigarrillos sueltos que entregaba si no había ningún celador cerca porque estaba prohibido dar de fumar a los "residentes". "Residentes", otra palabra que nos indicaba que uno entraba allí para mucho tiempo. 

-La monja friolera de la chaquetilla de punto, la que estaba a cargo de "La Florida", ya les conocía y les llamaba "la familia Trapp". Vete a saber por qué, quizá ella se veía como Julie Andrews. Ordenaba, besaba y voceaba: "¡Galerón tienes visita! ¡Está aquí tu adorable familia!" Besos y más besos fríos.  Pongamos que la monja mandona, besucona y redicha se llamaba Sor María. 



-Por fin, bajaba lentamente el tío Lolo y la "adorable monja" le agarraba por la barbilla para obligarle a sonreír. Mamá se adelantaba y le daba un par de besos, papá otros tantos. A los niños les dedicaba una mirada desconfiada. La monja, campechana e inflexible, le ordenaba que se agachara para que le besaran los niños, que no fuera "sieso". Lolo se plegaba con fastidio, los niños le daban un solo beso rápido y se apartaban como si temieran un calambrazo. 

Luego se repetía el mismo diálogo. "Vamos a sacar a mi hermano a dar un paseo por el pueblo...Si Lolo está tranquilo y le apetece, igual comemos con él fuera, en algún restaurancito". Y la monja claro, claro, qué bien lo vas a pasar, ya aviso a la portería para que te dejen salir. Pero lo de comer juntos nunca se cumplía porque Lolo se negaba en redondo, él quería comer "en casa". Le preguntaban cuál era su casa, con la esperanza de que acertara con el nombre del pueblo donde nació, Villandiego. Insistían y, al final, arrugaba la frente y respondía: La Florida. 



-Otra rutina era la entrega del bolsón de ropa usada, para vestir a Lolo. Era ropa del padre "casi nueva", la monja la recogía con indiferencia. La verían en otros internos, al tío le vestían con ropas viejas y desconocidas. Siempre sin botones gruesos, ni cordones, ni cinturones ni tirantes. Se podían hacer daño si se los apretaba mucho. ¿Y por qué? "Porque a veces les pesa la vida y se les va la mano.". El niño no entendía, las cosas pesaban, "pero ¿la vida?"

-Cuando salían, lo primero que hacían era acercarse al coche. Se le iluminaba la cara al entrar en el "auto", como decía él. Disfrutaba sentándose en el puesto del piloto, giraba el volante, tocaba el claxon y se enfadaba cuando su hermana le negaba las llaves. A continuación, lo que tocaba era proponerle ir de excursión a algún pueblo de los alrededores. ¿Tal vez un restaurancito en Trespaderne? Siempre se negaba. ¿Era porque conducía una mujer? ¿No se fiaba? La madre explicaba a sus hijos: "Cuando enfermó, las mujeres no hacían ciertas cosas". 

"Cuando enfermó" era un tiempo lejanísimo para los niños, inimaginable. Las mujeres no conducían, no llevaban pantalones y no hacían mil cosas que estaban mal vistas o no eran costumbre.


Citores del Páramo. Una mujer de antes.

Cuando Lolo enfermó, su hermana pequeña era una niña y sus recuerdos eran muy difusos. Ella siempre le había conocido "así". "Así" significaba ingresado en un psiquiátrico. 

¿Cómo enfermó? Lo que le contaron sus padres. A los quince o dieciséis años comenzó a hacer cosas raras: subirse al campanario desnudo, comer tierra, matar a todos los gatos del pueblo, incluido Calixto, al que la abuela quería tanto. Estuvo de pastor pero le devolvieron pronto a casa por raro. Luego le tocó hacer el servicio militar en el aeródromo de Villanubla y su cabeza no aguantó más. Ingresó en el Hospital Militar de Valladolid, después lo mandaron a Mondragón y terminó en Oña. 


Oña, una vía muerta.


-¿Qué tenía? No había palabra. Bueno, sí, esquizofrenia. Pero su hermana no se fiaba. No era como ahora, llamaban a todo esquizofrenia y lo trataban de cualquier manera, hoy se habría curado. 

Cuando Lolo se cansaba del coche, daban un paseo. Iban a la estación, le encantaba ver pasar los trenes. Le invitaban a tomar un vaso de vino, su hermana era incapaz de negárselo, a pesar de tenerlo prohibido. Le entregaban pastillas de chocolate y un par de cajetillas de tabaco, lo único que parecía agradecer de verdad. Las guardaba con un gesto pícaro, que no las viera Sor María. 


-Bartolomé Galerón era un personaje varado en otro tiempo, aquel en que enfermó. Si su hermana encendía un cigarrillo, era capaz de arrancárselo de los labios de un manotazo. ¿Dónde se había visto que las mujeres fumaran? A la misma mujer que le regañaba por recoger colillas del suelo, que le trataba como a un niño. A los sobrinos les daba risa su forma de hablar, la de "entonces":

"Mi tío decía "tuso", "orinar" y otras palabras que sonaban como antiguas, como "leñe", "diantre", "auto", "chisquero" y cosas así"

-Lo de "leñe" ya era de tebeo en mi infancia de ciudad.


-El tío Lolo recordaba el nombre de su padre, se callaba el de su madre y de su hermana decía que era la Tula, una niña del pueblo "fea y escrofulosa".  Un mundo antiguo con enfermedades antiguas.


-En verano se celebraban las fiestas del "complejo" y la Diputación invitaba a los familiares a un día de "convivencia". Se podían visitar las instalaciones y había misa de campaña, pic nic multitudinario, actuaciones de artistas, proclamación del  rey y la reina de las fiestas, cohetes y orquestilla. Pero los dos hermanos se aburrían mucho con estas fiestas, todas se confunden en la memoria del narrador, con excepción de la de 1980. 

Aquel año todo se desarrollaba como de costumbre. Estaban con Lolo en una explanada, viendo las actuaciones de la tarde, rodeados de gente. El niño narrador se aburría como una ostra y se moría de sed. Soñaba con un refresco o con el agua de una fuente. 



Iba a decírselo a su madre cuando se dio cuenta de que no estaba a su lado. Miró alrededor, no vio ni a sus padres ni a su hermano David. Preguntó al tío Lolo que miraba al escenario y movía torpemente las piernas. Ni caso. Estaba rodeado de gente que bailaba, charlaba o iba de acá para allá con un vaso de vino o cerveza. Sus padres no podían estar lejos, lo más sensato era quedarse quieto.

-Justo entonces, el tío Lolo echó a andar y no hacía caso alguno al niño que iba detrás. ¿Dónde iba? Consiguió agarrarlo pero era más fuerte y le arrastró fuera del gentío. "¡Tenemos que volver tío!" El tío Lolo replicó: "¡Que me orino, hostias!" Fue con él, agarrado de su mano, hasta un rincón solitario, junto a unos rosales. "¡Ayuda, cojones, ayuda!" clamaba el tío que no conseguía abrir la cremallera de la bragueta. El sobrino se la bajó de un tirón, cayeron los calzoncillos y los pantalones y le apartó con un "¡Tuso, tuso!"

-Como a un perro, eso de tuso se le dice a los perros para que se aparten. En los pueblos lo he oído yo.

Manneken Pis (foto Julio Plaza)

-Cuando acabó, se subió los pantalones pero se dejó la cremallera bajada. El niño se la subió deprisa, temiendo que alguien le viera. A lo lejos se oía el ruido de la fiesta y "el tío Lolo volvía a estar silencioso y como ausente".

Tío y sobrino paseaban junto al estanque de las truchas. Lolo sacó dos cigarrillos arrugados y ofreció uno al niño que fue instantáneamente rechazado. A continuación, se metió los dos en la boca, los prendió y los empezó a fumar a la vez. 

-El chico tiraba piedras a las ranas y a los peces, le divertía como nadaban espantados. A Lolo le gustó aquello y exclamó un "hostias" muy festivo. El sobrino repetía con placer las  palabras prohibidas : hostias hostias, cojones cojones. Y fue el comienzo de una gran amistad. 


A continuación, vieron un gato que sesteaba al sol y dijo al oído del niño: "Mátalo y nos lo merendamos". El chico no tenía intención de comer gato pero la idea de usarlo como diana le excitaba. Acertó con una piedra en toda la panza y le hizo huir. 

-Ya se sabe como murió el gato Calixto. Me acuerdo ahora del gato Sebastián, que fue comido en la novela "Inquietud en el Paraíso", y de su última  triste tajada. Eran años de hambre. Miauuuu. En tiempos de Lolo, más que hambre era gamberrada.


Pero sigamos. Alguien se acercaba dando voces. Era un celador con gorrito de fiesta que buscaba a Bartolomé Galerón. Le estaban llamando por los altavoces, tenía que leer su poema. Cuando llegamos, el psiquiatra director del centro que hacía de locutor, ataviado con un collar hawaiano, anunció: 

"Saludemos con un fuerte aplauso a Su Majestad el Rey de San Salvador, que viene acompañado por un adorable pajecillo"

-Les subieron a los dos al escenario. Les colocaron gorritos y collares. El celador llevaba en una bandeja una cinta con los colores nacionales y el lema REY DE LAS FIESTAS 1980. 

La familia se llevó una sorpresa, nadie les había avisado, ni sabían que Lolo iba a recitar en público. El niño tenía sus dudas. Si casi no hablaba, sólo tuso y cojones y vamos a comernos al gato. Sor María le preguntaba dónde tenía el poema y le rebuscaba en los bolsillos. Por fin encontró un papel doblado, entre colillas, chapas, algún cigarrillo y el recorte de una actriz desnuda con enormes pechos.



-Tras el enérgico "lee Galerón" de Sor María, Lolo se puso a leer con una vocecita ininteligible y el público gritaba que no se oía. El sobrino estaba agarrado a la mano del tío que le apretaba y le hacía daño, pero no se quejaba. "Lolo carraspeó y dijo a grandes voces, como un pregonero:

-"A un pájaro"
¡Oh ser nacido del huevo!
Suave plumaje es tu piel,
te pareces a los ángeles,
puedes volar o ir a pie.

-Se oyeron aplausos y los abucheos de un interno muy malencarado. Lolo le sacó la lengua y le increpó con un :"me cago en" que se empezó a oír por la megafonía, antes de que Sor María le apartara. Le colocaron en la presidencia del escenario, junto al sobrino pajecillo y la reina de las fiestas, "una interna gordita y estrábica". "Los tres solemnes como una familia real improvisada que estuviera a punto de presidir un desfile". El director anunció que iba a intervenir el presidente de la Diputación y después cantarían todos juntos el himno a Burgos. 

El niño se sentía muy importante, rodeado de gente principalísima: "el presidente de la Diputación, el Comandante de la Guardia Civil de Oña (con su brillante tricornio y la pechera llena de medallas, aquel hombre seguro que era un héroe), el alcalde del pueblo, el párroco, los psiquiatras, Sor María"

-Hubo un discurso embrolladísimo del Presidente de la Diputación, tan largo que la reina de las fiestas le arrebató el micrófono y le pidió permiso para cantar una jota, que se había acordado de la letra y, si no la cantaba ya, se le iba a olvidar. El Presidente accedió con una sonrisa y el público clamaba que cante, que cante. Y la cantó: "que viva San Juan el Mozo...". 

El Presidente, aquel que conocimos tantos años, acabó el discurso y se cantó el Himno a Burgos. Aquí la reina de la fiesta también gritaba lo suyo y se inventaba la letra cuando le fallaba la memoria: "sus piedras sagradas que son mortadela". Mortadela por fortaleza, qué más daba. Se notaba que  había sido cantante lírica en la Scala, en Viena, en Buenos Aires y...en Valdorros, su pueblo.




-Acabó el acto, tiraron cohetes y las autoridades se fueron despidiendo. El Presidente dio la mano a Lolo y acarició la cabeza al niño, interesándose:  

"¿Es familiar tuyo?...El poema es muy original. ¿Lo ha escrito él o se lo has escrito tú? Dime la verdad-me preguntó guiñándome un ojo"

El muchacho tuvo la tentación de apropiarse de los versos y recibir los halagos de aquel señor tan importante. Iba a decir: "Sí, son míos, pero es un secreto". Pero, para su sorpresa, lo que pronunció fue: "El poema lo ha escrito mi tío, lo ha hecho el solo. Es poeta. Se llama Lolo. Lolo Galerón". El Presidente le sonrió, le dio la mano y la enhorabuena, podía estar orgulloso.

-Y a todos los que venían a saludarle les informaba: " El poema lo ha escrito mi tío Bartolome Galerón Fuentes"

Al final, el niño narrador recupera el papel donde estaba escrito el poema y descubre que está ante una fotocopia de un poema de Gloria Fuertes,  Siente desilusión, frío, siente que la vida es injusta, debería haberlo escrito su tío. Rompe el papel en trocitos minúsculos y  no se lo dice a nadie.

"Lolo Galerón, el poeta de La Florida".

-El protagonista del cuento tiene su hora de la verdad, la de un  gesto que le hace crecer. Es el momento estelar de Lolo Galerón, pero también el de su sobrino. Como dije al principio, pasó de la extrañeza y el rechazo a la sintonía. 

Seguiremos con Andarás perdido por el mundo. 

Un abrazo de María Ángeles Merino para todos los que pasáis por aquí.


jueves, 10 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: "Fue como ver un cometa en el cielo, el signo de algo excepcional"


En la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal (Burgos)


El viernes pasado quedé con mi amiga Austri, para andar por la Quinta y charlar, su deporte favorito. Pero llovía mucho y tuvimos que refugiarnos en una cafetería. Llevaba en mi bolso el último libro de Óscar Esquivias porque a Austri le gusta mucho hablar de libros, de los que lee e incluso de los que no piensa leer. 

-¡Qué frío! ¡Vaya tardecita! ¡Qué forma de llover!  Esperamos a que escampe.

-Me parece que no tiene ganas y mis deportivas están caladas. 

-Aquí se está bien. Tomamos un café y, mira, tengo en el bolso: Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias. 

-Yo no he traído ninguno, pero te cuento. 

- ¡Menos mal! Creí que ibas a sacar un mamotreto de esos que sirven para ejercitar los tríceps.  ¿Con qué andas ahora? ¿Con el de la misteriosa y licenciosa vida de la bizantina emperatriz Teodora?

-Menos guasa, María Ángeles. Que los tuyos son de los que nos mandaba la Nebreda en el Instituto: Cervantes, San Juan de la Cruz y la Pardo Bazán...del dieciocho por lo menos.

- Del XIX y parte del XX. Y no hemos leído a San Juan sino a Jiménez Lozano. No te enfades, Austri, mujer.  Que yo también picoteaba en las librerías y salía cargada con novelones pseudohistóricos. Por respeto a la historia hay que dejar ese vicio. ¡Te apuntas a la lectura colectiva y te aficionarás a la literatura de verdad! A la de Pedro Ojeda me refiero.

-Ya, ya sé de lo que hablas. Que vas de intelectual últimamente. Hasta por teléfono.


-Intelectual no, ya me gustaría. Sí, muchas veces tengo mi charla literaria telefónica con mi amiga Luz del Olmo. 

-Pues conmigo también. ¿Por qué no? Que sepas que estoy al día de lo que vais leyendo. La última ha sido El Alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca. Lo que digo, repasáis el Bachillerato. Los leí, palabra.

-¿Los leíste? ¿De verdad? 

-Un poco de cada uno, me picó la curiosidad. Y la última ya me la sabía, la del alcalde que deshonran a su hija y va el alcalde y se venga y mata al violador y el rey lo perdona.

-¡Qué capacidad la tuya para el resumen! ¡Con lo mal que se me da a mí! El café se enfría. 

Lo tomamos. Una vez agotados los temas habituales, muestro el libro.

- Mira: Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias.

-¡Qué portada más bonita! ¡Me gusta el chico de la bici! Deja que hojee un poco y me voy enterando. 


...

Austri lee aquí y allá. Cuando se cansa de hojear y de ojear me dice:
Bueno, ahora cuentame tú. 

-Son catorce cuentos. Mira lo que escribí en mi blog, decía:

...catorce relatos en los que vivimos la desorientación y la indefensión de unos personajes herederos de aquel Caín bíblico condenado a andar vagando por el mundo. 

-Pues metiste la pata porque a Esquivias le parece una bendición eso de perderse por el mundo: "A mí, desde niño, estas palabras no me parecen ningún castigo, sino todo lo contrario". Siempre me ha gustado perderme y andar a mi aire por el mundo. A menudo pienso que mi casa podría estar en cualquier sitio y es raro que visite un lugar en el que no me imagine feliz viviendo allí para siempre". 




-¡Qué espabilada andas, Austri! Te has ido al final, a la nota del autor donde hay un decimoquinto relato; pero no te adelantes como el almendro. 

-, el  del día en que se perdió, "muy niño", en Textiles Marín que sintió "una intensa emoción (una mezcla de susto y miedo) al percatarme de que estaba solito en mitad de aquel gentío...me veía como un príncipe de cuento que se adentra en un bosque". Cuando su madre le encontró sintió alivio y decepción: "volvía a estar en un lugar corriente y domesticado". Ya no había posibilidad de dragones, fantasmas, brujas ni el mismo Yahvé. Era un niño muy fantasioso, al parecer.

-¿Lo ves? Se sintió como un príncipe...pero tuvo susto y miedo. Andar perdido por el mundo tiene su cara y su cruz. Veo que te ha enganchado.

-¡Sí, me gusta! ¡Un catequista de Gamonal que pasea por las infinitas hileras que flanquean el Arlanzón”! Déjamelo sólo esta noche y leo despacito el primer cuento. Mañana te lo devuelvo y lo comentamos mientras andamos y quemamos alguna caloría.

-De acuerdo. Me interesa tu punto de vista, de verdad, Austri. ¿Y si paseamos por Gamonal? 

-¡Sí, hace mucho que no voy por allí! ¡Es buena idea! 

Al día siguiente, una mañana de domingo, Austri y yo nos ponemos en marcha. 



En Gamonal,con "Andarás perdido por el mundo".

-¿Qué te parecido el cuento?

-Los cuentos, que me he leído dos, el del músico catequista y otro de una niña que se queda embarazada ¡Y el del loco de Oña! 

-¡No seas bruta! ¿Qué te parece Ismael, el de Todo un mundo lejano?

-Me gusta más al principio, luego la fe se le enfría y se vuelve raro. El cuento da la vuelta y el final no parece corresponder con el principio. 

-Sí, porque Ismael era tan bueno, tan generoso, tan simpático, vivía con tanta intensidad su fe. Los niños convencidísimos:  había que poner el nacimiento en casa porque los árboles de Navidad y el acebo eran "decoración druídica" y convertían la Navidad en "saturnales". 

-Si estuviéramos en Navidad, tendríamos a la vista la decoración druídica, sobre todo en las tiendas de los chinos que por aquí abundan. Y no digamos papanoeles estultos. Druídica, anglosajona y china. No sé si los catequistas de ahora previenen contra las navidades saturnales. 


-El narrador se imaginaba la arenga: "Mirad encima de los armarios, debajo de las camas, en los trasteros. Rescatad al Niño Jesús de su secuestro, no permitáis que se llene de telarañas". Se sorteará un premio, palabra mágica,  entre los que hayan puesto "el Misterio". Y el villancico "anfibio""Jesús nace, nace, en mi corazón" se convertirá en una especie de himno de la parroquia. Al final, todos los catequistas organizarán algo parecido. Será  un éxito y no habrá casa en Gamonal sin San José, la Virgen y el Niño. 


Nos lo cuenta su amigo Mateo, es una voz enamorada y perdona todo, incluso que Ismael deje traslucir sus ideas políticas conservadoras en la catequesis infantil. Está cantado que, en cuanto respire otros aires, todo va a cambiar. Se le caerá todo. 

Gamonal era un barrio de gente de campo, los de los pueblos que se colocaron en las fábricas del "Polo". Pisos con "el Sagrado Corazón en la puerta y crucifijos sobre las camas". El mismo Gamonal que fue conocido en todo el mundo por el Conflicto del Bulevar en 2014.  Mira aquí tienen un monumento al Papa Juan XXIII. 


-Ismael se pasa de culto y estudioso y no sé de dónde saca tiempo para todo: Ingenieria Técnica, una carrera nada fácil, violoncello, con las horas que exige un instrumento, y la catequesis, con salidas, excursiones, campamentos, una actividad incansable. 

A ver, voy a ser sincera, conozco a catequistas así de entusiastas; pero su cultura suele ser más mediocre. En cuanto a la música, no pasan de rasguear un poco la guitarra. Y canturrear: "Una espiga dorada por el sol", como la casera odiosa de "El chino de Cuatroca". 

-Veo que también has leído el del chino ecuatoriano. Ay, Austri, que el libro te ha atrapado. Ya he perdido la cuenta de los que te has leído. ¿Todos?

-Sí, lo reconozco, pero sigamos con "Todo un mundo lejano". ¿Qué pasó con el entusiasta catequista? 

-"El verano de 2013 lo pasó Ismael en Viena , seleccionado por una fundación que becaba a jóvenes instrumentistas europeos, y en Amsterdam, donde asistió a unas clases de Truls Mørk...su violonchelista favorito". Ya de paso aprendió neerlandés, porque Ismael coleccionaba idiomas. No hubo noticias de Ismael ese verano, sus amigos, desde el campamento parroquial, le imaginaban caminando por straussianos bosques a ritmo de vals, contemplando su Velázquez favorito, cantando lieder con su bonita voz o tocando sus piezas preferidas.

Truls Mørk  en la útil Wikipedia

 El día de su cumpleaños le mandaron una foto del grupo, por el móvil. No hubo respuesta. Cuando Mateo volvió a casa, encontró una misteriosa postal de Ismael, en el buzón. No contaba nada de Truls Mørk ni de sus aventuras estivales. Tras el saludo (Paz y bien, querido Mateo), había escrito unos versos en alemán, abrazos con exclamaciones y su nombre con las letras separadas, como un niño que aprende a escribir.

¿Qué le quería decir? Tal vez estaba la clave en uno de los versos de Rilke, escritos en la postal: "Su pensamiento está dividido" .

CEIP Marceliano Santamaría, bilingüe (alemán). Gamonal.

-Le llamaba por teléfono y no contestaba. Comenzó el curso e Ismael Bejarano no iba a dar catequesis. 
Entrada a la Casa Parroquial de la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal


Rezaban por él. Encarna, su madre, decía que había vuelto muy cambiado del extranjero. "Se le ha enfriado la fe" resumía. Ahora estaba "apático, silencioso, esquivo". No había vuelto a tocar, no pisaba la iglesia y acudía a la consulta de un psiquiatra. Aunque sus padres hubieran preferido ponerle en manos de un director espiritual, un cura.

Portada de la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal

-Mateo rezaba por Ismael y se le hacía muy raro incluirle en sus peticiones. Su último pensamiento del día era para él. Soñaba con él. Un día, por casualidad, lo vio en Fuentes Blancas, entre chopos revestidos "con sus capas pluviales doradas". "Las ramas tamizaban y casi pintaban la luz de oro viejo y cantaban como sonajeros al levantarse el viento". "Pasear entre las infinitas hileras que flanquean el Arlanzón era como hacerlo por una catedral áurea de nervaduras góticas, con nidos de pájaros en vez de claves”. Eran las frondas de Garcilaso  y en los troncos figuraban todos los enamorados de Burgos. 


-Mateo iba con su cuaderno de poesía, venía un ciclista a toda velocidad por el puente de la Ventilla. Era Ismael, se quitó el casco y las gafas. Olía a sudor y tenía las mejillas enrojecidas. 

-"Me miraba sonriente, en silencio, jadeante. ¿Qué tal estás, Ismael? Bien, hace mucho que no nos vemos. Mucho sí...Silencio. Me acuerdo mucho de ti, Ismael. Yo también. Silencio. Pásate un día por la parroquia. Lo haré. O llámame. Claro. Silencio. Rezo por ti. Gracias". Se quedaron callados. Ismael le dio un beso y se alejó pedaleando. 

Ismael se fue a San Sebastian, a estudiar en el Musikene. Estudiaba con el mejor violonchelista de España, nadaba y había ganaado una medalla, cantaba en un coro y vivía en un piso que daba al mar. ¡Y en camino de incorporar el euskera a su colección de idiomas! Todo eso se lo contaba María Inmaculada, la hermana menor de Ismael que se preparaba para la Primera Comunión. Le iban bien las cosas, según la entusiasta y puntillosa niña. ¡Igual que su hermano! Mateo era feliz aunque Ismael no contestara a las llamadas. 


-Comenzó el Adviento y la preparación para la Navidad. Habían decidido mantener el concurso de belenes, a pesar de los detractores que consideraban que favorecía la ostentación de algunas familias. Mateo disfrutaba visitando "misterios" con los niños, aunque algunos fueran un tanto extravagantes, como aquel colocado en el mueble bar, entre botellas "culonas" de güisqui, coñac o pacharán. En algunas casas había enfermos encamados y entraban con los villancicos,  dale que dale al "pampanitos verdes, hojas de limón",  hasta llegar a dormitorios con tufo a heces y medicinas. No importaba, era el espíritu de Ismael, al menos del que Mateo había conocido.



-Reciben la noticia de una peregrinación a Roma, para recibir la bendición del Año Nuevo, la primera del pontificado de Francisco. El viaje, organizado por una parroquia de Valladolid, era un disparate, una paliza. Sólo había que pagar los pasajes del barco que eran muy económicos. Invitarían a Ismael, no, Ismael no quiso saber nada de actividades parroquiales. Se marchó a dar un paseo en bici, cuando supo que iban a visitarle. Mateo llegó a pensar que, por alguna razón inexplicable, les despreciaba, le despreciaba. 


-Mateo se emocionó mucho cuando escuchó la bendición del Año Nuevo, "retumbando por los altavoces vaticanos". Envió un mensaje a su amigo con el último versículos de la bendición: "Que Dios te mire con amor y te dé la paz. Feliz 2014". ¡Ahora le ponemos fecha al relato! Porque Ismael parece un personaje de otro tiempo. 

-El relato termina con Bernardo y Mateo de vuelta en el ferry. Sus pasajes baratos no incluyen ni camarote ni cama. Pasan la noche en el exterior, en compañía de un batallón de cervezas. Bernardo, como siempre que se emborracha, ya lo hacía en los campamentos, se pone cariñoso y empieza a sobar y a buscar los labios de Mateo. Siguen  bebiendo en silencio hasta que se ilumina la pantalla. 

Mateo escucha el sonido de un mensaje que llega. "Fue como ver un cometa en el cielo, el signo de algo excepcional". El mensaje era de Ismael y decía: "Gracias, feliz Año Nuevo. ¿Nos vemos mañana? "

Mateo miraba incrédulo el móvil, hasta que se extinguió la luz de la pantalla. Bernardo le besaba y le dejó hacer. Ahora se sentía exaltado, feliz. 

"Su lengua se juntó con la mía durante un rato. Empezó a desabotonarme la bragueta, que tenía henchida.
-Vamos donde no nos vean-le dije"

¿A esto último te referías, Austri, cuando decías que el cuento da la vuelta? 

-Da la vuelta y no deja claro lo que va a pasar. Y es un poco crudo...

-Sí lo deja claro, Ismael está dispuesto a corresponder al amor de Mateo. Y Mateo se siente fugazmente feliz. El amor es un cometa en el cielo. Así de fugaz. 

-¿Volverá Ismael a la parroquia? ¿Recuperará la fe? 

-Es una puerta que Óscar deja entreabierta, Austri. 

Entrada a la iglesia de Santa María la Real y Antigua

-¿Preguntamos en la Antigua si conocen a un catequista llamado Ismael que toca el violoncello?

-Te dirían que no. Ismael Bejarano es sólo un personaje, un ente de ficción como decía Unamuno. No sé por qué te empeñas en que sea alguien real, será fruto de tus lecturas históricas. Puede estar inspirado en personas reales, en el escritor mismo, en lecturas, qué sé yo. Si existiera, pienso que estaría dando conciertos de violoncello, perdiéndose por el mundo. Como un príncipe de los escenarios, no de los salones parroquiales.

Seguiremos comentando relatos. Ha sido una buena experiencia el paseo por Gamonal. Hasta otro día. 

Un abrazo de María Ángeles Merino.

Nota: mi amiga Esmeralda hizo las fotos, en Gamonal, pero nada tiene que ver con Austri, otro ente de ficción.



miércoles, 2 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: "¿Ubi est?"



Comentario introducción a la novela Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias.  Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Acabada la lectura de El Alcalde de Zalamea, voto a Dios, nos embarcamos en una nueva aventura lectora de “La acequia”: Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias. 



Como Óscar no se merece un wikipediazo, para los que no le conocen todavía, copio lo siguiente:

Óscar Esquivias nació en Burgos en 1972. Licenciado en Filosofía y Letras, dirigió Calamar, revista de creación. En Ediciones del Viento ha publicado dos libros de cuentos (La Marca de Creta-Premio Setenil, 2008-y Pampanitos verdes-Premio Tormenta, 2011), la novela Jerjes conquista el mar (Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid, 2009) y la trilogía compuesta por Inquietud en el Paraíso (Premio de la Crítica de Castilla y León, 2005), La Ciudad del Gran Rey (2006) y Viene la Noche (2007). También es autor de las novelas El suelo bendito (Premio Ateneo Joven de Sevilla, Algaida, 2000), Huye de mí, rubio (Edelvives, 2007) y Etienne el Traidor (Edelvives 2008). Con el fotógrafo Asís G. Ayerbe ha colaborado en los libros ilustrados La ciudad de plata (El pasaje de las letras, 2008), Secretos xxs (Los Duelistas, 2008), En el secreto Alcázar (Los Duelistas, 2008) y Calle Vitoria (Los Duelistas, 2015).


Ediciones del Viento, 2016.


Como dice Pedro Ojeda, "Esquivias es uno de los autores más importantes para este Club de lectura y le debemos un encuentro que cuando abordamos su trilogía dantesca no pudimos tener". Así es, Pedro, los que participamos en aquella lectura colectiva virtual nunca olvidaremos Inquietud en el Paraíso, La ciudad del Gran Rey y Viene la noche.


En mi caso, tuve la osadía de meterme dentro de algunos personajes o hablarles de tú a tú, Lo hice con respeto y cariño hacia las criaturas de Esquivias, tan humanas y bien delineadas. Nunca olvidaré al seminarista enamorado Rodrigo Gorostiza , al chico de pueblo Román Bayona con su mentor el optimista y resiliente tío Julián, a la loca expedición por una catedral de Burgos con vida propia o al jubilado Benjamín presintiendo que "viene la noche". 


El libro que tenemos ahora en las manos, Andarás perdido por el mundo, consta de catorce relatos en los que vivimos la desorientación y la indefensión de unos personajes herederos de aquel Caín bíblico condenado a “andar vagando por el mundo”. Seres humanos que buscan su brújula y que, al final, no estamos muy seguros de que la hayan encontrado. ¿La ha encontrado alguien?


Siempre una puerta abierta y misteriosa, al final. Bueno ¿y esto cómo termina? se preguntan los que esperan un "fueron felices y comieron perdices". Cada cuento es una pequeña gran obra de arte y volvemos a su lectura una y otra vez. Insistimos en  contemplar un buen cuadro porque siempre hay algo nuevo que antes pasó desapercibido. 


En el desamparo, nos reconocemos todos los hijos de Adán y Eva. No importa el tiempo ni el lugar,  en el Gamonal de los ochenta, en el psiquiátrico de Oña, en el madrileño y cosmopolita Cuatro Caminos, Cuatroca, en una impronunciable y melómana ciudad rusa, Mtsensk, o en el París donde el músico Berlioz se niega a estudiar medicina. Aunque nos dé mucho gusto a los burgaleses darnos de cara con el catequista Ismael, una mañana dorada y otoñal, paseando por “las infinitas hileras que flanquean el Arlanzón”, “como hacerlo por una catedral áurea de nervaduras góticas, con nidos de pájaros en vez de claves”.


O entrar en aquellos pisos de los años setenta u ochenta con papel pintado, abuelos, crucifijo y olor a guiso sustancioso. O jugar con él en la calles de Gamonal, como niños de suburbio, tostados al aire y al sol, entre barro y olor a galletas. O mirar con curiosidad a un chino, o a un coreano, cuando en Burgos no se establecía extranjero alguno. O perdernos en Textiles Marín, entre alfombras y camisones.

Pero, cuidado, que Óscar dejó caer en la presentación del libro en el Principal que lo más personal está precisamente en los cuentos de ambiente más lejano, o era para despistar. Y tened en cuenta lo que nos apuntaba el editor, lo que Óscar dice con sus silencios.

Presentación en el Teatro Principal de Burgos (24-2-2016)


Nos reconocemos en el catequista Ismael y sus misterios, en el niño que fantasea con su monitor de natación, en el español ecuatoriano que se hace pasar por chino, en el rural tío Lolo exiliado en el psiquiátrico de Oña, en los dostoievskianos amigos Vania y Yuri, en el profesor de Humanidades Robredo, espía y última víctima de la batalla de Trafalgar, en el autor de teatro alternativo, en el niño que deja de ser niño, en la Yoli adolescente y embarazada, en el músico Berlioz que prefiere el arpa eólica a los estudios de medicina...


Porque todos un día, o dos o más, vivimos un giro brusco, o no tan brusco, en nuestra vida y aterrizamos en un mundo ignoto del que desconocíamos las reglas. Y nuestros amigos nos buscaron y no nos encontraron. Ni siquiera nosotros mismos nos hallamos. 

El escritor da volantazos que ponen del revés la vida de sus criaturas. Religión, opción sexual, amor, familia, amistades, infancia, estudios, viajes, trabajo, emigración, supervivencia, profesión, enfermedad...todo boca arriba. Casi siempre con música, fiel compañera de Óscar Esquivias. 


Estoy segura de que mis compañeros de lectura van a disfrutar también. Óscar Esquivias tal vez haya pensado: ¡después de Calderón de la Barca! Verdaderamente es un giro copernicano. Del teatro en verso de Calderón, defensor de la sociedad estamental y el honor de los villanos, a la narrativa de un escritor de la España multicultural del siglo XXI. De Calderón sólo quedarán algunos huesos y mejor que no se pongan a buscar. Óscar Esquivias tiene todavía por delante muchos años de feliz vida literaria. Y los burgaleses podemos verlo, de vez en cuando, en actos culturales o paseando por el Espolón o Fuentes Blancas.



Pero., voto a Dios que en la página 113 de Andarás perdido por el mundo, ¡nos encontramos otra vez a Calderón! En el relato "Temblad filisteos", sale a nuestro encuentro la voz de un "joven dramaturgo" y "director de un grupo teatral alternativo" que va a participar en "un intercambio cultural con Rusia, titulado "aG-Giornare tHe clAsicos". Recordáis que Pedro Ojeda nos hablaba de la posibilidad de desactivar y modernizar "El Alcalde de Zalamea" haciendo "un montaje revolucionario, radicalmente moderno y hasta feminista. Ya no sería Calderón, claro. Y no estaríamos ante el mismo conflicto dramático".  

Ahora escuchamos a un director teatral "postpostmoderno" que se considera a sí mismo como "la negación del fétido teatro español actual y de su mohosa tradición". "La Comisión Europea encargaba a un escritor de cada país de la Unión y a un ruso la "demolición...de un clásico de su literatura para después reconstruirlo desde una mirada rabiosa actual postpostmoderna". Y alguien en Bruselas se había fijado en él para "demoler a Calderón".  

La obra asignada era El príncipe constante, aceptó inmediatamente aunque no supiera de qué iba , él "sólo tenía que aplicarse con la piqueta". "Poco importaba lo que el viejales barroco hubiera escrito". La oportunidad era maravillosa. Su versión la representaría primero, bajo su dirección, la Compañía Nacional  de Teatro Clásico, en Madrid. Después, traducida y representada por una compañía rusa, participaría en un gran festival en Moscú. Allí desfilarían todas las obras de "aG-Giornare tHe clAsicos", todas ellas clásicos demolidos, "como en la cabalgata del Orgullo Gay. Goldoni, Schiller, Molière, Shakespeare... y otros que sólo conocen en su pueblo. Pagaban una millonada más la estancia, "¡así que vivan la postpostmodernidad y la Unión Europea! ".

El príncipe sería princesa, "caracterizada como "Le Petit Prince" de Saint Exupery, pero sin pantalones, con la vulva al aire para simbolizar la obsesión por la honra de nuestros autores del Siglo de Oro"." La princesa no deja de masturbarse mientras recita friamente sus monólogos. Todo el reparto masculino aparece completamente desnudo,con prótesis de penes erectos". Todo para subrayar que lo que verdaderamente interesaba a Calderón era el sexo.

Los actores españoles no parecían muy convencidos, pero acabaron obedeciendo sis órdenes, tras una amenaza de despido. Ya estaba acostumbrado a las malas críticas de la prensa que, para su indignación, fueron blandas: "Travesuras de un joven dramaturgo", "Calderona alternativa", "Rutinaria postmodernidad". ¡Qué mala intención la de los reseñistas, todos enemigos jurados suyos!

¿Y en Moscú? En Moscú recibe al traductor e intérprete, en una habitación espartana y estalinista. Veinte años, aretes en las orejas y los labios atravesados por clavos. Tras los saludos, informa: "Los actores dicen que no se desnudan". El director no se inmuta, ha vivido tantas veces esa situación. Pide una cerveza y responde sonriendo: "Vamos a pelearnos mucho..."  El genio postpotmoderno está en su salsa, le gusta que le den caña.

¡Esta sí es una desactivación de Calderón! ¡Postpostmoderna!

Los lectores nos quedamos con el eco de la última frase, la clave de cada cuento. ¡No falta ni Calderón,voto a Dios!

El humor irónico de Óscar nos pinta una sonrisa, ingrediente que no falta en ninguno de sus relatos, por muy ácida que sea la crítica. 

 Un abrazo de María Ángeles Merino para todos. Y uno muy especial para Óscar Esquivias.

Con delicadeza