miércoles, 7 de diciembre de 2011

"Sonata de estío": "vaho caliente", "susurros nupciales", "esencia suave", "delicioso estremecimiento", "víbora de plata" y "pies de reina".

Comentario a las páginas 106-110 de la "Sonata de estío", de Valle Inclán, edición de la colección Austral, prologada por Pere Gimferrer. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.


Dejamos al de Bradomín, embriagado con los  "lánguidos efluvios" de la "Niña Chole". Ahora, descansa en medio de aquellas ruinas mayas.  Se adormece en una  hamaca junto a un bohío.
Bajo el ardiente crepúsculo tropical , la tierra se personifica en "negra enamorada" que se estremece deseosa:

"La campiña toda se estremecía cual si al acercarse sintiese la hora de sus nupcias, y exhalaba de sus entrañas vírgenes un vaho caliente de negra enamorada, potente y deseosa."

Atardecer mexicano.

Sueña que traspasa los umbrales del Paraíso mahometano. Las siete huríes no son sino siete criollas, con la sonrisa de Lilí y la mirada de la Niña Chole.


Este cínico don Juan no desea enamorarse demasiado. Lo haría  locamente si volviera a ver aquellos ojos. Y eso le preocupa , le aterroriza. "Afortunadamente", piensa, esas féminas cautivadoras son fugaces:

La mirada de la Niña Chole remueve memorias que encienden deseos y excitan  su imaginación:

"Aquella sonrisa, evocadora de otra sonrisa lejana, había encendido en mi sangre tumultuosos deseos y en mi espíritu ansia vaga de amor...¡Ay, era delicioso aquel estremecimiento que la imaginación excitada comunicaba a los nervios!"

Cabalga bajo  la sombra de la noche y  un horizonte de  relámpagos y resplandores rojizos.
Hay una calma solo aparente. La naturaleza "lujuriosa y salvaje" semeja dormir como " una fiera fecundada", entre  "susurros nupciales"" moscas de luz que danzan entre las altas yerbas".


 
Al de Bradomín le parece respirar una "esencia suave, deliciosa, divina", la misma que " la madurez estival vierte en el cáliz de las flores y en los corazones".



El de Bradomín se siente en sintonía con una naturaleza "pansexualista"(*), a la que percibe con una enorme tensión erótica. ¡Aquel  delicioso estremecimiento que la imaginación excitada comunicaba a sus nervios!

Imágenes curiosas


"Ya metida la noche", llega al poblado. Precipitadamente, se dirige a  la playa y otea el horizonte. La fragata puede haber zarpado ya.


Se le acerca un indio "ensabanado" que se le ofrece empalagosamente como guía y como proxeneta, para acabar amenazándole con una "faca".


Rodeado de arenas movedizas y aguas negras,  siente miedo. Si el ladrón le hubiera amenazado con arrancarle las entrañas, quizás se dejara robar. Pero un marqués no puede  dejarse intimidar por  alguien que le llama "amito" y le previene de que "puede clavarse".

No lleva armas, pero tiene un bordón.  El ladrón va a herirle de lado;  pero la luz de la luna le permite ver y reaccionar a tiempo. Intenta desarmarlo.


Al final, una visión como de pesadilla. El indio "se encorva y salta con furia fantástica de gato embrujado".


Cuando va  a quedarse desarmado, el ladrón huye y la faca "queda temblando como víbora de plata clavada en el árbol negro y retorcido de una cruz hecha de dos troncos chamuscados."
El del bordón  no entiende lo que ha pasado. Huye y llega a punto de subir a un bote de la fragata.


Recogido en su camarote, reviven en él " las víboras mal dormidas del deseo".  Le persigue el recuerdo de la Niña Chole:

" Su belleza índica, y aquel encanto sacerdotal, aquella gracia serpentina, y el mirar sibilino, y las caderas tornátiles, la sonrisa inquietante, los pies de niña, los hombros desnudos, ...todo era hoguera voraz en que mi carne ardía."

Sueña despierto con un jardín de amor donde florecen "las formas juveniles y gloriosas" de la yucateca, como "rosas de japonería". Poco a poco, se va durmiendo arrullado  por el agua y las ondulaciones de aquella falda.

Despierta al amanecer, con las voces del baldeo. Sube al puente y allí en el horizonte, "envuelto en el rosado vapor que la claridad del alba extendía sobre el mar  azul, adelantaba un esquife".


Llegamos a un punto en que el escritor se burla del escritor.  Así el esquife:

"Era tan esbelto, ligero y blanco, que la clásica comparación con la gaviota y con el cisne veníale de perlas."

Bajo el palio de lona, va sentada una blanca figura. ¡Es ella, la musmé de los palacios de Tequil! Su alma lo adivina antes que su vista. Ese borde de  la falda y esos "pies de reina calzados con chapines de raso blanco". Es la Niña Chole, "velada apenas en el rebocillo de seda."

Sube a la fragata "apoyada en los hercúleos hombros de un marinero negro". Ahí dejamos, de momento,  al de Bradomín.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino
Nota: (*)Pere Gimferrer habla de "naturaleza americana pansexualista", en el prólogo de su edición de la "Sonata de estío", para la colección Austral (página 13)

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino comenta e ilustra el primer contacto del Marqués con Tierra Caliente: aventura, peligro y amor, en este don Juan tan suyo... "

jueves, 1 de diciembre de 2011

"Sonata de estío": recuerdos galantes, crueles y gloriosos.

"Sonata de estío", colección Austral.

Comentario a las primeras páginas de la "Sonata de estío" (99-105) , de Valle Inclán. Lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Los "árboles venerables"  con su  "verde sombrío casi negro", las flores marchitas entre mirtos, el misterioso laberinto y su fuente escondida donde el agua  murmura "vejez, recogimiento y abandono". Era el otoño del marqués de Bradomín.




 Dejamos atrás los tonos oscuros o desvaídos y las muñeiras entonadas  por los mirlos del siervo Florisel. La pálida Concha cede el testigo a la bronceada niña Chole. 


Cerramos los ojos, nos deslumbran los colores de la selva. Los negros mirlos se han metamorfoseado  en verdes guacamayos, los macacos aúllan, el mar antillano luce su increíble color y una fragata deja en él su estela. Valle Inclán nos ofrece su "Sonata de estío".



Guacamayos tomados de aquí

A don Ramón la cronología le trae al fresco. Estamos ante unas "Memorias", anárquicas, intermitentes, no conocen la línea recta; como casi todas.


 Un  marqués de Bradomín anciano se recuerda a sí mismo: " joven y algo poeta, con ninguna experiencia y harta novelería en la cabeza".  Llevado  "por un impulso romántico",  viaja hacia México, en una fragata inglesa. "Herido de mal de amores", rehúye la compañía de los herejes británicos y azafranados. Sólo,  al declinar el sol, sale  a contemplar un hermoso mar que le fascina y le hace vivir "viejas placenterías":


"El mar de las Antillas, con su trémulo seno de esmeralda donde penetraba la vista, me atraía, me fascinaba, como fascinan los ojos verdes y traicioneros de las hadas que habitan palacios de cristal en el fondo de los lagos."


Tomado de aquí
Pasa las horas "viendo borrarse la estela de la fragata".


Aquel primer viaje, las olas, los aleteos de los abanicos y  las tirolesas que cantaba Lilí. El pasado se cubre con la brillantez y el color dorado que nunca tuvo. No es el pasado real, es un pasado soñado.


"Era una resurrección de sensaciones, una esfumación deliciosa del pasado, algo etéreo, brillante, cubierto de polvo de oró, como esas reminiscencias que los sueños nos dan a veces de la vida."




Bajo un sol abrasador, desembarcan en San Juan de Tutxtlan. Unos indios verdosos asaltan la fragata y ofrecen sonriendo sus baratijas de coco, carey o palma. Muchachos desnudos  se arrojan desde lo alto de los peñascos.


De aquí
Nadan, gritan, descansan, se secan al sol y no pasan desapercibidos a los admirados ojos del marqués, que los compara con las gráciles figuras del Parthenon.

Del Parthenon
Decide escapar brevemente  del insoportable ambiente de a bordo y  pasar unas horas fuera de la fragata. Tres horas de calor infernal en la canoa de un negro Caronte, tal es el tributo que ha de pagar.

Sed y polvo. Pasea por las calles arenosas de San Juan de Tuxtlan. Atiende el ir y venir de indios ensabanados como fantasmas , oye la " la voz melosa de aquellas criollas ataviadas con graciosa ingenuidad de estatuas clásicas, el cabello suelto, los hombros desnudos, velados apenas por rebocillo de transparente seda."

Rebozo de la mujer mexicana
.
Busca un caballo para visitar las ruinas de Tequil, aunque se arriesgue a quedarse en tierra. Bajo un calor insoportable, recorre extensas llanuras, plantíos de henequén y caña.

Tequila

Bajo los chaparros, algunos indios devoran su escasa ración de tamales. Sin descansar, llega a Tequil, precedido de un guía casi desnudo.
 
A la sombra de una pirámide, descubre a una singular mujer:


 "En aquellas ruinas de palacios, de pirámides y de templos gigantes, donde crecen polvorientos sicomoros y anidan verdes reptiles, he visto por primera vez una singular mujer a quien sus criados indios, casi estoy por decir sus siervos, llamaban dulcemente la Niña Chole."

Pirámide circular en Tequila.
¡La niña Chole! Descansa a la sombra de una pirámide. Bronceada, exótica, " con esa gracia extraña y ondulante de las razas nómadas, una figura hierática y serpentina".


 Sacerdotal y voluptuosa, recuerda a "aquellas princesas hijas del sol", Viste el terno yucateco: enagua o fustán, blanco hipil y jubón bordado.

Terno yucateco: fustán, hipil y jubón.
 El de Bradomín queda atrapado en la vista de  aquel rostro. Como apenas puede verlo, se desquita con lo que no cubre el velo , "admirando cómo se mecía la tornátil morbidez de los hombros y el contorno del cuello"

Es una mujer ídolo, con" esa quietud extática y sagrada de la raza maya".

Aquel cuerpo parece "exhalar lánguidos efluvios". ¡Aspirarlos, beberlos, embriagarse con ellos!

Al ver a la Niña de frente, el corazón le da un vuelco. ¡Esta mujer sonrie como Lilí!:

"¡Aquella Lilí, no sé si amada, si aborrecida!"

Recuerdos galantes, crueles y gloriosos.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de :


María Ángeles Merino

Para los enlaces he utilizado este de la  Wikisource. Podéis usarlo para leer la obra.


Pedro Ojeda dice en "La acequia".

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos regala la rosa de Concha, la amada otoñal de Bradomín, para después comentar sabiamente -e ilustrar como conviene- el contraste que recibe el lector al pasar del otoño al estío..."

domingo, 27 de noviembre de 2011

Será la rosa "Concha".








La rosa "Concha" en distintos momentos.


En la entrada de "La acequia" de ayer, "Una rosa en noviembre", Pedro Ojeda nos ofrecía una bella rosa de otoño y una reflexión.


 Mi comentario fue este:


Este otoño, fui observando un rosal del Paseo de la Isla, más allá o más acá del monumento a Cervantes, a la altura del hospital de San Juan de Dios.

En mis entradas en torno a la "Sonata de Otoño", colocaba las fotos de una de sus rosas en distintos estados de marchitez; acabo de inventar una palabra.

No estoy segura, pero creo que siempre era la misma flor.

La última, la que coincide con la muerte de Concha, casi no parece una rosa, tan ajada está. Pero conservan un punto de belleza, siempre.

Me has dado la idea, las pondré juntas, en una entrada. Será la rosa Concha.

Decadentes y hermosas, dices. Sí...

Tu rosa es bellísima.


Besos

miércoles, 23 de noviembre de 2011

De la "Sonata de otoño" a una vieja serie de televisión y su novela...cosas de las neuronas.




¿Recordáis esta vieja serie de televisión? Sí, es  "La Saga de los Rius", basada en en los relatos de Ignacio Agustí : "Mariona Rebull" y "El viudo Rius". Retrata la vida de la burguesía barcelonesa de principios del siglo XX , a través de la historia de la familia  a lo largo de tres generaciones, entre 1880 y 1916.

Si pincháis este enlace veréis como la recuerdan en la Colonia Güell de Barcelona, donde fue rodada.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/television/colonia-guell---saga-dels-rius/664888/

¿Por qué os hablo ahora de televisión añeja en lugar de escribir sobre Valle Inclán y el marqués de Bradomín?


Es muy probable que  Ignacio Agustí conociera la "Sonata de otoño" de Valle Inclán.  Pero, aún así, ¿qué puede tener en común su novela , de tardío aspirante a ser el Galdós de Barcelona , con la modernista y poética sonata de Valle Inclán ? ¿Qué relación podemos establecer entre dos libros que se parecen como un huevo y una castaña?

¿Un huevo y una castaña?

Todo lector, con su libro en las manos,  fabrica mentalmente unos hilos que  enlazan su contenido con  lecturas y vivencias, añadiéndole una  cobertura dulce o amarga; pero siempre personal e intransferible. En este caso, mientras leo la "Sonata de otoño", el  hilo me lleva hasta  unas imágenes grabadas  en mi cerebro, en  1976;  cuando emitían la citada serie en TVE. Que ya llovió y escampó.

 Porque , mientras acompaño al marqués de Bradomín por sus terroríficos laberintos...¡Veo a Joaquín Rius, con su esposa Mariona Rebull muerta en los brazos! Mis neuronas toman el camino que les da la gana, son unas indisciplinadas.

De aquí

Rius sube las escaleras del Liceo barcelonés, inmediatamente despues de la explosíón de aquella  bomba que produjo varios muertos y heridos, en 1893. 

De aquí.

Bomba del Liceo

Recuerdo especialmente  cómo saltaban, de peldaño en peldaño, las perlas del collar roto de Mariona.



Ella  muere al lado de  su amante. Nadie ha de saber junto a quién ha muerto Mariona, por eso el marido translada su cadaver, en un penoso deambular por un Liceo caótico.


Testimonio del atentado en el patio de butacas


Muy poco tiempo después de leer la sonata otoñal, un  ejemplar de "Mariona Rebull" parecía estar esperándome en un mercadillo de libros y trastos variopintos que se instala los domingos en una céntrica plaza de mi ciudad.

Mercadillo de la Plaza de España (Burgos)
Leo y busco  posibles conexiones, en relatos tan diferentes.


En el texto de Valle Inclán, los cabellos se enredan en la puerta de la alcoba de su amante Xavier, es como si Concha se resistiera a abandonar aquel lugar. Él ha de " tirar brutalmente hasta que se rompieron los queridos y olorosos cabellos".



En el  de Agustí, el empeño de Rius es separar a Mariona de su amante, que también ha muerto a consecuencia de la explosión. Los cabellos caen sueltos y la seda se desgarra.

En ambos casos, la muerte ya ha roto todo vínculo con el pasado; mas  tanto en Xavier como en Joaquín hay un deseo de materializar esa ruptura "brutalmente", adverbio en el que coinciden:


"Los separó brutalmente. La seda de Mariona crujió, prendida de algún botón, de un clavo quizá, que la desgarraba."





En ambas novelas, el momento cumbre es el del penoso traslado  del cuerpo de la amada protagonista. El motivo es bien diferente. Xavier quiere ocultar que Concha ha dormido en su alcoba, Rius no desea que se conozca el adulterio de su mujer. El amor mueve a ambos.

El de Bradomín camina a tientas por salones oscuros, la sostiene con un brazo, con el otro intenta orientarse. La oprime angustiosamente , teme que se le caiga,  que le vean, huye.

"Un sudor frío empañaba mi frente...tenía que caminar a la ventura, angustiado, yerto, sosteniendo el cuerpo de Concha en un solo brazo y con el otro extendido para no tropezar...El cuerpo de Concha parecía querer escaparse de mis brazos. Le oprimí con desesperada angustia...Yo cerré los ojos, y con el cuerpo de Concha aferrado en los brazos huí."

Rius avanza por un pasadizo. Lo hace con una lentitud y un cuidado extrañísimo en medio de una situación que imaginamos catastrófica.  La lleva recostada sobre su hombro. Al subir las escaleras, oye algo, se detiene, son las perlas del collar, siente un escalofrío.

"La llevaba recostada por la cintura sobre su hombro. Los cabellos, sueltos, flotaban. Atravesó el pasadizo con lentitud, para no herirla, con cuidado, con la frente alta, el mentón salido."



Interior del Liceo, inmediatamente después del atentado
 "Uno a uno, con seguridad creciente, iba subiendo los peldaños... Y al fin del primer tramo, casi en el rellano, se detuvo, porque había oído el rumor de algo que se perdía, que huía cristalinamente; eran golpecillos secos y rotundos, saltarines, sobre el mármol de los peldaños. Se volvió, apenas, y vio como iban saltando por los peldaños, hasta ganar el suelo, las perlas del collar...Sintió en su espalda el gran escalofrío."


Tras el transporte,  llega el momento de depositarla en el lugar adecuado: su alcoba,su palco.

El marqués de Bradomín llega hasta el dormitorio de Concha. Allí le sorprende misteriosamente la estela de su perfume.

" Allí la oscuridad era misteriosa, perfumada y tibia, como si guardase el secreto galante de nuestras citas. ¡Qué trágico secreto debía guardar entonces! Cauteloso y prudente dejé el cuerpo de Concha tendido en su lecho y me alejé sin ruido."

Joaquín Rius aprieta la mano fría de Mariona, siente una especie de descarga, tiembla. Entra en el palco y la deja tendida en el suelo, bien abrigada con su capa.

"Siguió adelante. A mitad, había recogido con la suya la mano de Mariona, la pequeña mano blanca, completamente fría, y la apretaba con tesón...Cerró un instante los ojos, porque sentía la descarga recorrer todas sus articulaciones y empezaba a temblar. Finalmente, consiguió penetrar en el palco. Dejó a Mariona allí, tendida, en el suelo, abrigada con su capa de terciopelo ...Después, él se retiró."


Ahora, Joaquín Rius, va a recorrer también su laberinto personal, materializado en las calles de Barcelona. Sale a la calle, penetra en la ciudad trágica como un fantasma, al que todos  miran con horror. El instinto  le encamina a la casa donde vivió con sus padres. Desearía despertar en el regazo de su madre y borrar toda su vida, una regresión  imposible.

"Salió a la calle, sin atender a la muchedumbre, que le miraba pasar, con los ojos muy abiertos, horrorizados. Penetró en la noche de la ciudad, en aquella noche trágica. Fue caminando por la Rambla hacia arriba...Instintivamente, como una bestia herida, se encaminó a la calle de la Paja. Subiría las escaleras del antiguo pisito como si los años hubieran vuelto atrás, y toda su vida, la boda, el hijo,la muerte, no hubieran sido más que un sueño, y se despertara reclinado en el regazo de su madre..."



En la puerta del Liceo después del atentado
Dejamos aquí al de Bradomín y a Concha, a Mariona Rebull y a Joaquín Rius, en su inmortalidad de entes de ficción. Así será mientras haya lectores que los mantengan con vida. La televisión también puede contribuir a ello.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino.

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino nos lleva a una serie de televisión y, de su mano, a una interpretación muy interesante sobre la posible influencia de Sonata de otoño en Mariona Rebull, de Ignacio Agustí. No os perdáis esta entrada. "

lunes, 21 de noviembre de 2011

Mira que no ocurrírseme a mí...

Una papeleta con una loncha de chorizo fue válida en Val do Dubra



Uno de los partidos candidatos se identificó rápidamente con el contenido del sobre y reclamó el voto para sí, consiguiéndolo.

Según sospechamos, hubo otro partido que también intentó arrimar el ascua a su sardina, pues tal y como terminó la noche , "fiambre" era una palabra muy descriptiva.

(Y a todo esto, ¿la prima esa del señor Mercado, cómo va?)

domingo, 20 de noviembre de 2011

20 noviembre: voté y acompañé a votar.

Esta mañana cumplí con mi deber ciudadano de votar en mi viejo colegio de la niñez, el CEIP "Río Arlanzón" de Burgos. ¿Recordáis mi entrada del 22 de mayo?

Después de depositar mi voto, acompañé a mi hermano hasta el pueblo de Isar, donde le correspondía . He aquí un colegio electoral distinto:

Un edificio escolar, una escuelita de pueblo de las de antes, que ahora se utiliza como club de jubilados. Os muestro las fotos de fuera. Os hubieran llamado más la atención las del interior: mesitas camilla, estanterías con libros infantiles e imágenes religiosas; todo limpísimo y ordenadísimo.

Pero no me he atrevido a pedir permiso para hacer fotos, dadas las circunstancias. Otro día volveré por allí,  cuando sea solo un club de pensionistas.

Bueno, aquí tenéis un colegio electoral de pueblo castellano:






Isar (Burgos)

Antes de que la televisión y la radio empiecen a atronar con los resultados, aquí dejo estas imágenes y mis deseos de que mi país supere sus problemas.

Aunque el mapa azulee todavía más y a mí no me haga ninguna gracia, así lo confieso, mi felicitación ...

Un abrazo de María Ángeles Merino