lunes, 11 de mayo de 2009

La estatua de Cervantes en este mayo burgalés

La estatua de Cervantes en este mayo burgalés (paseo de la Isla)

Esta estatua de Cervantes tomó vida en "La ciudad del gran rey", novela de Óscar Esquivias , ambientada en Burgos.

Preparando el comentario, dedicado a la llegada de don Quijote a su aldea...(capítulo LII)

sábado, 9 de mayo de 2009

El cabrero que zurra y los flagelantes que se zurran.

"...yo sacara del monesterio...a Leandra, a pesar de la abadesa y de cuantos quisieran estorbarlo"
"El canónigo pidió al cura le avisase el suceso de don Quijote, si sanaba de su locura o si proseguía en ella, y con esto tomó licencia para seguir su viaje"


Comentario al capítulo LII del Quijote, último de la primera parte.
Publicado en http://laacequia.blogspot.com/

De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, con la rara aventura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor.

El cabrero, la procesión y la vuelta de don Quijote a la aldea. Son las tres piezas que Cervantes encaja en este último capítulo de la primera parte.Todo parece ir como la seda. Sentados en el prado ameno, comen las abundantes viandas canónigas, escuchan con gusto el cuento de Leandra y el cabrero invita al postre… ¡Tenía razón el señor cura! Los montes crían letrados Pero Cervantes va a poner esto patas arriba. Va a hacer trizas la placidez bucólica y se va armar una que nos va a dejar temblando. Contraste barroco habemus…

Don Quijote se disculpa, por no poder emprender aventura alguna. Le gustaría, pero no puede, liberar a Leandra de su encierro conventual. Pero, el cabrero señorito pregunta quién es ése, con tan mala pinta, que habla así. Tras recibir una irónica información por parte del barbero, se dirige al extraño personaje, calificándolo de cabeza vacía. El de la Triste Figura contesta que la vacía, puta e hideputa será la madre que parió al que así le habla y lanza un pan que casi deja chato al deslenguado.

A partir, de lo del pan, sobre platos y tazas, llueven los mamporros, mojicones, arañazos y coces. Y menos mal que al cabrero, ensangrentado y coceado, se le impide coger el cuchillo. Don Quijote y Sancho también salen muy mal malparados y llueve sobre mojado, que sólo con sus lesiones antiguas ya se llenaría un libro de Traumatología. ¿Cómo sobreviven así, sin un mal servicio de Urgencias? nos preguntamos...

Llama la atención la insensibilidad de los que les contemplan el combate, incitándolos como a perros de pelea. El cura y el canónigo, muy cristianamente, revientan de risa. Los cuadrilleros, la ley y el orden, saltan de gozo. Aquí Cervantes carga las tintas…

El sonido tristísimo de una trompeta da la vuelta, otra vez, al capítulo. Cesan los contrincantes, entre otras razones porque ya no pueden más, y desfila ante sus ojos una procesión de flagelantes , con una imagen de la Virgen llorona. El narrador sabelotodo nos aclara que aquel año había sido de sequía, en esas tierras. El cielo había negado su rocío a los campos y, los de la aldea .venga latigazos, venga paseos hasta la ermita con la señora enlutada, a ver si la voluntad divina cambia y se abren las nubes con el preciado elemento. ¡Ay Erasmo, Erasmo! ¿Religión por fuera o por dentro?Parece ser que estas procesiones de flagelantes eran algo habitual, algo que don Quijote debía haber visto muchas veces. Gente abriéndose las carnes con un latiguillo acabado en púas, normal….

Pero él lo interpreta en la clave de su locura y se lanza a liberar a la pobre señora que llevan cautiva. En el intento, recibe un golpe tal que Sancho, dándole por muerte recita un planto, al más puro estilo caballeresco, que, a pesar de sus cómicas equivocaciones, muestra su calidad humana.

Los de la procesión, ven a los cuadrilleros con sus ballestas, no quieren que les carguen con el muerto y echan a correr cobardemente, con la falda y los capirotes arremangados, luciendo los cirios y las disciplinas.. ¡Ay Erasmo, Erasmo! ¿Religión por fuera o por dentro?

El cura conoce a otro cura de la procesión y tanto unos como otros se sosiegan. Aquí no ha pasado nada.

Don Quijote pide a Sancho que le coloque en el “carro encantado”, dado el estado de su dolorido hombro. Sancho lo hace de buena gana y, de paso, nos anuncia una nueva salida, tras la estancia en la aldea. Don Quijote atribuye su mala racha a un “mal influjo de las estrellas” que hay que dejar pasar. ¡Cervantes astrólogo!

La procesión sigue su camino y s la hora de las despedidas. Se despide el cabrero y los cuadrilleros no quieren pasar adelante, cobran y se van. ¡Por fin perdemos de vista a este pelmazo de canónigo! El cura le informará si don Quijote sana de su locura. Se quedan solos el cura, el barbero, don Quijote y Sancho. ¡Ah! y el bueno de Rocinante, tan paciente como su amo.
Seguiré con la llegada a la aldea.
Un saludo para Pedro y los que nos visitan.
Pedro Ojeda Escudero dijo en http://laacequia.blogspot.com/
Abejita se ha fijado en las zurras del capítulo para escribir el título de su entrada. Además de su comentario, dejadme hoy que os recomiende las imágenes. Graciosísima esa ensalada de canónigos sobre fondo quijotesco. También nos regala una visión primaveral de la estatua cervantina del burgalés Paseo de la Isla.
En este blog dijo:
El comentario, muy bueno, como siempre. Pero déjame que te alabe lo divertido del título y de las imágnes. Qué divertidos los canónigos con fondo quijotesco.
GRACIAS, PEDRO

Ríense las fuentes tirando perlas

Foto tomada en el paseo de la Isla (Burgos).
Al llegar estas fechas, siempre me vienen a la cabeza estos versos de Lope de Vega. Mientras los recordaba, mi máquina atrapó esta imagen.
En las mañanicas
del mes de mayo
cantan los ruiseñores,
retumba el campo.
En las mañanicas,
como son frescas,
cubren ruiseñores
las alamedas
Ríense las fuentes
tirando perlas
a las florecillas
que están más cerca.
Vístense las plantas
de varias sedas,
que sacar colores
poco les cuesta.
Los campos alegran
tapetes varios,
cantan los ruiseñores
retumba el campo.

Este año, pongo también éste:
Sale el mayo hermoso
con los frescos vientos
que le ha dado marzo
de céfiros bellos.
Las lluvias de abril
flores le trujeron:
púsose guirnaldas,
en rojos cabellos.
Los que eran amantes
amaron de nuevo
y los que no amaban
a buscarlo fueron.
Y luego que vieron
mañanas de mayo,
cantan los ruiseñores,
retumba el campo.

(Lope de Vega)

domingo, 3 de mayo de 2009

Las lilas de mayo, más tardías que en Campo Real


El lilo de Silvia que no tiene prisa.
Lilas del 3 de mayo, en Burgos (jardín de la ermita de San Amaro)




Silvia Camacho, de Campo Real, me manda estos refranes :


Agua de abril, si no es torrencial, llena la panera.

En abril, búscale el nido a la perdiz.

En abril, aguas mil.

Las mañanas de abril son largas para dormir.

Mucha flor en primavera, buen otoño nos espera.

Si tienes pan para mayo y leña para abril, échate a dormir.

Abril y mayo, llaves de todo el año.

Abril frío, mucho pan y poco vino.

Abril frío, hincha el silo; mojado, silo y campo.

La niebla en marzo no hace daño, pero la de abril se lleva el pan, el vino y el barril.

Al fin de abril, la flor de la vid.

Abril sin granizo, Dios no lo hizo.

Agua de Mayo crece el pelo, si no me lo crece me pongo el pañuelo.

Cantar "el mayo" a una moza, es darle la mejor rosa.

Desde mayo a San Miguel, pastor de ovejas quiero ser; desde San Miguel a marzo, que las cuide el amo.

Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo.

Hielos en la cruz de mayo, siempre hacen daño.

Mayo caliente y lluvioso, ofrece bienes copiosos.

Para San Isidro labrador, vase el frío y viene el sol.

Siembra perejil en mayo, y lo tendrás todo el año.

Si en mayo no vieres lodo, dalo por perdido todo.

Mayo pardo, señal de buen año.

Mayo frío, torta de trigo, pero no de vino.

Rocío y fresco en mayo, dan vino a la viña y heno al prado.

Lo que mayo riega, mayo lo seca.

Marzo ventoso,

Abril lluvioso, sacan a Mayo florido y hermoso.

Gracias, Silvia

¿Se rompió o no se rompió? ¡Votemos!

El ave muerta (Greuze)
files.elnuevodiario.com.ni/suplementoarticulo...
El espejo quebrado (Greuze) http://www.edu365.cat/

Aquí tenéis otros dos cuadros de Greuze, un pintor francés del XVIII,sensiblero y moralista. El tema es el mismo que el de "El cántaro roto": la pérdida de la virginidad. Un cántaro roto, un espejo quebrado, un ave muerta. Tres sorprendentes metáforas para un tema escabroso.
Hablábamos de Leandra, singular personaje cervantino del capítulo LI del Quijote (primera parte). Se escapó con un soldado fanfarrón y...
Pedro Ojeda Escudero me dice en un comentario:
Qué bien lo has contado. ¡¡Milagro, milagro!!Yo no me lo creo, deberíamos votar. Saludos.
ABEJITA: como te he dicho en tu blog, quizá deberíamos votar a ver si se ha roto... o no se ha roto.Saludos.
De acuerdo, votemos. Se abre el referéndum Leandra. Mi voto es sí. El de Pedro parece ser que también es afirmativo. 2 votos sí, de momento.
Gracias,un abrazo.

sábado, 2 de mayo de 2009

¿Se le rompió el cántaro a Leandra?



"EL CÁNTARO ROTO" DE GREUZE , 1772-73 (MUSEO DEL LOUVRE)

CAPÍTULO 1, 51 (publicado en http://laacequia.blogspot.com/)

Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban al valiente don Quijote.

¡Qué poco nos queda! La primera entrega del Quijote se está acabando y Cervantes nos tiene ya enganchados, atentos a esa inminente llegada del “valiente don Quijote” a su aldea, acompañado del peculiar séquito que lo lleva enjaulado.

El escritor solía montar sus capítulos ensamblando dos, tres o más partes de diferentes historias, para que cada lector encontrara algo de su agrado. Ahora no hay "puzzle "y nos extraña un poco este capítulo monotemático. La fértil imaginación de Cervantes se ha ido por los cerros, como tantas veces, tras la cabra cerrera. Reza el título “lo que contó el cabrero” y el pastor cariñoso nos va a relatar un cuento folklórico, de esos superlativos y “de fuerte raíz misógina”, como dice Pedro Ojeda. Algo que sea del gusto de todos.

En una aldea había un labrador muy honrado, muy rico y muy virtuoso. Tenía una hija hermosíiiisima, discretíiiiisima y virtuosíiiiisima. La fama de su belleza llegó lejos, lejos, hasta el palacio real. De todas partes llegaban gentes a verla como “a imagen de milagros”. ¡Santa Leandra! Su padre la guardaba y se guardaba ella…Recatadísima Leandra. Y los lectores de la época, babeando de gusto, que este don Miguel sabe las debilidades de su público.

Muchos pretendientes solicitaban a Leandra y el padre no sabía a quién adjudicar la preciada joya. Entre los que echaron la solicitud estaba Eugenio, el cabrero de la cabra Manchada.” Conocido, natural del pueblo, ni judío ni moro, joven florido, rico e ingenioso. ¡Seis puntos! Hubo empate con otro pretendiente llamado Anselmo. Con los dos quedaba bien colocada a la muchacha, así que este padre, de ideas tan avanzadas, decidió preguntar a la niña. Parece ser que el gusto de Leandrita no se inclinó por ninguno de los candidatos.

Pero llegó al pueblo un soldado, hijo de un pobre labrador del mismo lugar, procedente de las Italias. El llamativo atuendo soldadesco, emperejilado a base de lujo barato, atrajo a la nena. Aquí don Miguel se detiene a describirnos a un soldado fanfarrón, personaje que él conoce muy bien y no sólo por haber leído a Plauto…Sentado en la plaza del pueblo, contaba hazañas a la boquiabierta gente del pueblo. Llegó, vio y venció en todas las guerras, sin derramar una gota de sangre pero con cicatrices… bla, bla, bla. Ram, ram, ram… un poco de guitarra. Algo poetastro, componía larguísimos romances como churros. Leandra cayó en sus redes y, ni corta ni perezosa, se escapó con él. Si es que las mujeres son como las gallinas, les das trigo y se van a picotear a la mierda. Perdón, esto último lo he leído en Delibes, no en Cervantes.

Al cabo de tres días la encontraron en una cueva, en paños menores, sin joyas ni dineros. El soldado había prometido ser su esposo, lo de siempre. Pero el padre se quedó consolado pues Leandra aseguraba que, aunque le quitó las joyas, no le quitó la alhaja principal, la que no se recupera jamás, la que remendaba la madre Celestina. ¡Y eso que venía de la viciosa Nápoles! ¡Milagro de continencia!

El cántaro no se ha roto, pero Leandra es conducida inmediatamente a un monasterio. Su tierna edad le sirvió de disculpa, no atribuyeron su falta a ignorancia sino a esa “natural inclinación de las mujeres, que, por la mayor parte, suele ser desatinada y mal compuesta”. Tranquila, María Ángeles, esconde la vena feminista.

Eugenio y Anselmo quedaron “en tinieblas” y, para consolarse, no se les ocurrió otra cosa mejor que dejar la aldea y jugar a ser pastores de novela pastoril. Mientras apacentaban su rebaño de ovejas o cabras, dedicaban sus alabanzas, vituperios y suspiros a la ingrata Leandra. Otros muchos de sus pretendientes los imitaron, convirtiendo el valle en una nueva Arcadia, llenita de pastores poetas, muy finos y muy quejosos.

Ahora la maldicen, insultan, condenan, absuelven…todos la deshonran, todos la adoran y esperan sin esperanza. Anselmo es el más comedido, sólo se queja de ausencia en unos versos que acompaña con su rabel. Por el contrario, nuestro Eugenio, lanza, por su boca sapos y culebras misóginas: ligereza, inconstancia, doble trato, bla, bla, bla. Y termina su discurso, justificando con este relato las lindezas que dedicó a la cabra Manchada. Aunque sea la mejor de su apero, es hembra y en poco la tiene. ¿No decía que era la mejor?

Termina el capítulo con la invitación del cabrero a leche fresca, sabrosísimo queso y sazonadas frutas. Está el ambiente muy relajado, a ver si sigue así o por barroco contraste...


Un saludo para Pedro Ojeda y todos los que nos visitan.

María Ángeles Merino Moya

viernes, 1 de mayo de 2009

Así se despidió abril

3O de abril de 2009 .Nos pilló la lluvia.

EN ABRIL, LAS AGUAS MIL

Son de abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.
Agua y sol.
El iris brilla.
En una nube lejana,
zigzaguea una centella amarilla.
La lluvia da en la ventana
y el cristal repiqueteo.
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde,
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.
Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.
Lloviendo está en los habares
y en las pardas sementeras;
hay sol en los encinares,
charcos por las carreteras.
Lluvia y sol.
Ya se oscurece el campo,
ya se ilumina;
allí un cerro desaparece,
allá surge una colina.
Ya son claros, ya sombríos
los dispersos caseríos
, los lejanos torreones.
Hacia la sierra plomiza
van rodando en pelotones
nubes de guata y ceniza.
ANTONIO MACHADO