miércoles, 24 de junio de 2015

"Crónicas periodísticas de la Guerra de África (1859-1860)": "Hasta el postrer aliento se baten con un encarnizamiento salvaje..."

Museo del Ejército (Burgos)


-Mira, hijo, la guerra de verdad es algo muy duro, no es un juego. Imagina cuerpos destrozados, mucha mucha sangre, calamidades, sufrimiento, muerte, el combate cuerpo a cuerpo...tu abuelo que era militar y la conoció bien me contaba historias terribles. Luego no podía dormir.

-Tiene razón tu madre. Así es. No tiene nada que ver con tus soldaditos, tan marciales e impecables.

Museo del Ejército (Burgos)

Tú piensa en hacerte ingeniero y construir cosas bonitas.

-Lo pensaré, papá. Buenas noches a los dos.

 -Anda, vete, que te está esperando el aya para llevarte a la cama.

-El aya me dijo que el hijo de Blasa se va a la guerra.  ¡Y que estaba llorando en la cocina!

-Lo sabemos, hijo. Ya te hemos explicado que tú no tendrás que ir, si no quieres.

Doña María y don Carlos se quedan solos. Sobre la mesa tienen algunos ejemplares de "La Iberia".



-Bueno Carlos, ahora es tu turno. Cuéntame lo que dice don Gaspar en la del 7 de diciembre.

-¡Pero tú ya lo has leído!

-Sí, pero me gusta escucharte y ver tu punto de vista...de hombre.

-De acuerdo. Veamos. Bellas costas, hermosos amaneceres, gloriosos recuerdos liberales ligados a Cádiz, el embarque en las playas del Trocadero, la de los cien mil hijos que venían a ponernos las cadenas de nuevo. 


“No es fácil describir la animación que reinó durante el tiempo que tardaron hombres, caballos, acémilas, bagajes y pertrechos en pasar a bordo”.  “Los soldados marchaban alegremente”, los caballos “a fuerza de brazos y pataleando”; el instinto de las bestias es sin duda más sabio.

Sigamos. Las naves iluminadas, el silencio, la luna, el sentimiento patriótico, el murmullo de las olas, la inmensa mancha negra de la costa. Dice el cronista que “todo contribuía a aumentar la emoción”.  El “Isabel II” da la señal y todos los buques emprenden la marcha.



¡Por fin! “Al rayar el alba…las crestas de Sierra Bullones y el cabo Espartel”



Las costas españolas son visibles también, ahora más bellas, para algunos será la postrera mirada. Las africanas aparecen “envueltas en una inmensa faja rojiza”. Un sol violento y un rojo que se nos antojan premonitorios.



Tarifa y Sierra Bullones, frente a frente. El cronista ve Tánger vagamente, con anteojos. Se puede decir que ahí ha tenido esta guerra su nacimiento. Ven levantarse grandes humaredas en las cumbres africanas, están anunciando que se acerca la escuadra. ¡Es la guerra!



Trafalgar, Gibraltar, más recuerdos históricos. Que los deje aparte el “fiel y exacto cronista”. Dice que no sabe como se apropiaron los ingleses del Peñón, demasiado lo sabe. 




En el vapor tuvo el gusto de conocer a oficiales distinguidos y al famoso ayudante Álvarez que padeció las amarguras de ser preso de los “rifeños”. Y también al intérprete  Aggia Batain, un moro argelino al que se le escapa, por una herida del cuello, parte del mucho vino que trasiega y asegura que  “moro fino, bebe vino y come tocino”.  ¡Es de desear que cumpla con los españoles mejor que con el Corán!

Después de “una felicísima navegación” desembarcan en la cristiana Ceuta, en cuyas altas murallas  “flota orgullosamente la bandera española”.  De vez en cuando oyen disparos de cañón. Se ven soldados por todas partes, no se ve otra cosa...



-Y los víveres carísimos, no olvides ese detalle que don Gaspar no olvida.

-Sí, los víveres. Aquí llega lo que interesa. Ha sabido de algunos pormenores sobre las acciones que hubo antes de su llegada, en las inmediaciones de la ciudad.

“Los moros han acometido violentamente, en tropel y con un valor extraordinario a nuestras tropas, sin miedo a la metralla" ¡Y los que hirieron a Echagüe estuvieron a cuatro pasos de él y de los que le acompañaban!




"Se baten con obstinación, dando pruebas de un valor personal, que sería invencible si le acompañara la disciplina"

Les falta disciplina y sienten pánico ante las cargas a la bayoneta. Por suerte para nuestros soldados...Huyen y arrastran sus cadáveres para que no caigan en manos del enemigo.

-Sí, porque si son profanados por manos cristianas no pueden entrar en el Paraíso que Alá les tiene prometido. ¿Sabes que les esperan allí no sé cuántas doncellas siempre vírgenes y a su disposición?

-No lo sabía. Ahora entiendo la razón por la que se arriesgan y vuelven al campo de batalla con "obstinada energía", como dice don Gaspar. Y es imposible hacer prisioneros. Lee: "Hasta el postrer aliento se baten con un encarnizamiento salvaje, y cuando caen heridos no dejan de blandir la gumía, mientras  la moribunda mano puede empuñarla y hay en torno cristianos pechos en donde hundirla."



-¡Salvajes carniceros! ¡Por Dios, que no te oiga Blasa nada de eso, que bastante tiene la pobre!

-Y nuestro cronista visitó el campamento. Le sorprende la animación que reina en él, tiendas y más tiendas, y en las de los generales ondeando la bandera.

Termina la crónica con la posición de la división del general Echagüe. Ocupa la vanguardia situada desde el Serrallo hasta las posiciones tomadas en Sierra Bullones.


-Es la posición del momento en que redacta la crónica. Seguramente hayan conquistado más territorio. ¿Y Prim? 



-Lee:"El cuerpo del ejército del bravo general Prim se extiende a la izquierda, conforme se sale de la ciudad..." La carta se alarga. Mañana nos dará más pormenores. Pasa al siguiente de "La Iberia", ahora te toca a ti.

-Tengo sueño. ¿Te parece si lo dejamos por hoy?

-Como quieras, mañana la del 8 de diciembre. A ver si Núñez de Arce recibe su bautismo de fuego. 

Doña María y don Carlos se retiran. Blasa, la cocinera, entra sigilosamente en la sala y contempla los ejemplares que están encima de la mesita. Pero ni siquiera osa tocarlos. No sabe leer. Cuánto le gustaría que alguien le descifrara lo que esos papelotes cuentan sobre la guerra de Ceuta, esa a la que su hijo va a ser enviado. Mañana le pedirá a la señora que le lea un poco y le explique. Doña María es tan buena y...tan lista, ha estudiado mucho para ser mujer.

Blasa vuelve a la cocina.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

Doña María, don Carlos y Leopoldito.
Palabras extraídas directamente del libro de Núñez de Arce.

8 comentarios:

Ele Bergón dijo...

Qué diferencia entre la crónica del ir y la crónica del estar en est de la guerra. Leopoldito como es rico se librará y tan solo jugarà con sus recortes y sin embargo el hijo de la cocinera, allí estará con el horror. Siempre la diferencia entre pobres y ricos...

Ele Bergón dijo...

Estoy con el móvil y no me ha dejado despedirme
Hablamos. Besos

María del Carmen Ugarte García dijo...

¿Qué os voy a decir, amigas?

¡Tanta gloria para los generales y las pobres cocineras llorando!

Las guerras en África tuvieron además la "crueldad añadida" de ser contra gente de otra cultura, otra religión y otro modo de vivir. No se recrea demasiado Núñez de Arce en relatar las crueldades de los infieles, pero otros, que sí lo hicieron, ponen literalmente los pelos de punta.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Todas las guerras, hasta las más justas, son crueles y no son, en efecto, un juego. El bautismo de fuego debe ser algo que no se olvida. El ejército español de esta guerra tardará en tener una batalla de verdad, mientras tanto la desorganización y la falta de previsión causarán más muertos que los enemigos.
¡Tánger!

Bertha dijo...

Hasta en la guerra las diferencias sociales siempre se hacen notar aunque se pelee por el mismo ideal y en esta contienda aun marce mucho más la ideología y sobre todo las creencias.

Malditas guerras cuanto dolor causan.

MªAngeles que pases un tranquilo verano.

Un fuerte abrazo.




Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

El país endeudado y empobrecido, y lanzar al pueblo a esa aventura costosa y sangrante.
Qué despliegue de barcos, de gentes, de material, de caballerías...
Y no quedaba otra opción que ser valiente ante la relación de los durísimos castigos a los desertores.

Un abrazo

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Impresionante la historia del renegado.
A Blasillo, como a tantos otros, no le quedaba más remedio que alistarse y ser héroes a la fuerza, y quizás recibir una condecoración.
¡Qué bonito detalle la carta de la reina Doña Isabel!

Un abrazo.

Myriam dijo...

Muy buenas todas tus ilustraciones, se ve que tienes alma
de reportera gráfica.

Menos mal que Blasa, la cocinera, tiene a Dña Maria para
que le explique todo. Debe ser terriblemente angustiante
saber que su hijo va a ser llamado a filas para esa Guerra
y no pode leer...

Besos