Cerca del puente de Castilla, junto al rio, crece un pruno muy hermoso que ahora descubre sus flores blancas y levemente rosadas. Los paseantes se detienen, lo miran y atrapan su imagen, la cámara del móvil hace lo que puede
Desde el pretil del río veo a un hombre y una mujer enredados en sus ramas, juguetean y se hacen fotos con bonito telón de fondo, se entregan completamente a la contemplación, se "abisman" con su belleza como diría Maria Zambrano y acabo de aprender. Son jóvenes.
Yo también, a "abismarme" voy. Busco la entrada más próxima y bajo junto al rio, paso por debajo del puente, ahí está. Quiero verlo más cerca. ¿Abismarme yo también?
Me "abismo" enredada entre flores, el pruno puede ser un "claro del bosque". Leo en las páginas 77 y 78:
"El abismarse de la belleza
Tiende la belleza a la esfericidad. La mirada que la recoge quiere abarcarla toda al mismo tiempo, porque es una manifestacion sensible de la unidad...
Y la belleza...se ofrece al aparecer cono unidad sensible. Y la mente de quien la contempla tiende a asimilarse a ella, y el corazón a bebérsela en un solo respiro, como un cáliz anhelado, su encanto.
Porque la belleza, al par que manifiesta la unidad, la unidad que no puede proceder más que del Uno, se abre...Se abre como una flor que deja ver su cáliz, su centro iluminado, que luego resulta ser el centro que comunica con el abismo. El abismo que se abre en la flor, en esa sola flor que se alza en el prado, que se alza apenas abierta enteramente. Apenas como distancia que invita a una mirada, a asomarse a ese su cáliz violáceo, blanco a veces. Y quien se asoma al cáliz de esta flor una, la sola flor arriesga a ser raptado...
El solo abismo que en el centro de la belleza, unidad que procede del Uno, se abre, bastaría para abismarse.Y así la esperanza dice: hasta que el abismo del Uno se alce todo..."Nos abismamos, nos ensimismamos, nos abstraemos, nos sumergimos, nos reconcentramos, nos concentramos, nos embebemos, nos embebecemos.
Ya veis, la floración de un pruno y los abismos de María Zambrano. La belleza redonda de la primavera nos "abisma" y nos hace bien, aunque no demos con "claros del bosque" filosóficos. Ni lleguemos a la divinidad. Calmar la angustia, puede ser.
María Ángeles Merino Moya
Leo, un poco más, de Claros del bosque de María Zambrano, propuesta por el Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda






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