miércoles, 16 de febrero de 2011

La ciudad del Gran Rey vista con ojos de hormiga, de pájaro y de perro hambriento.

Comentario a las páginas 38 a 53, de la novela "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias.


Pasodoble "El gato montés".

Rodrigo cree estar soñando. Oye una música alegre, pero desafinada, como de corrida de toros. Y no está solo, un anciano muy alto está con él, en la galería. Le saluda con un ¡Ave la Virgen pura!, acompañado de besos en el hombro y ...un pellizquito en el pene.

El anciano examina codiciosamente los cadáveres de las mulas. Rodrigo advierte que la verja está entornada, se asoma y se echa para atrás, ay que la puerta se abre a un abismo. Vértigo, sudor frío, temblor de piernas. Ve un inmenso paredón sin límites.



Malecón del río, junto al Espolón y el puente de Santa María. Inmenso si lo ven los ojos de una hormiga.

Al fondo,debe discurrir el Arlanzón. Más allá, lejanísimo está el sur de la ciudad, el paseo de los Curas, la iglesia de la Merced. Es Burgos, pero Burgos visto por una hormiga.


Las dos orillas del Arlanzón, no muy alejadas. A un lado el Espolón, a otro el Espoloncillo o Paseo de los Curas.


Iglesia de la Merced (Jesuitas)


Hormigas. Rodrigo ve Burgos como si fuera una de ellas.

El de los pellizquitos examina la carroza de plata y le llama príncipe, pues entiende que tal debe ser el dueño de objeto tan lujoso. Aquí Rodrigo Gorostiza, aquí el hermano Filareto encantadísimo, otro beso y otro pellizco en la delicada parte.

Gorostiza pregunta cómo ir a a ciudad. Por el precipicio, no. Por la galería tampoco, que los caminos de ida no sirven aquí para la vuelta. A lo que está atento el hermano es a quedarse con las mulillas, para extraerle los dientes. Como Rodrigo no se opone, le califica de alteza.

Filareto no puede llevarle hasta las murallas, se le hace tarde.



Muralla de Burgos, en San Esteban, con palomas.

Pero se ofrece para llevarle hacia arriba. Ya tenemos al soñador seminarista volando, subido a caballito en un fraile. La orden de éste le prohibe entrar en la ciudad, ha de dejarlo extramuros. Hasta el arco de San Esteban, si le viene bien.


Arco de San Esteban , junto a la muralla.

De repente, surgen centellas y fuegos artificiales. Mientras bordean el caserio, les pasa rozando una bengala. Les están disparando, los mejores artilleros de la ciudad se entretienen así.



Filareto sobrevuela el río Vena y la plaza de toros de los Vadillos. Aterrizan en un descampado, muy lejos del arco.


El río Vena, afluente del Arlanzón, a su paso por la avenida de los Reyes Católicos.


Al fondo de esta vieja vista de Burgos, se ve la desaparecida plaza de toros, en el barrio de los Vadillos.

El monje lo ha pasado muy bien. Le besa repetidamente en los hombros y, cuando menos se lo espera, zas, otro pellizco en la entrepierna. Tras la despedida, el viejo se eleva de nuevo, ante los ojos atónitos del seminarista.

Vamos ahora con el relojero y el catedrático. Julián da la razón al señor Garrús, esto es muy distinto a Burgos. La nueva ciudad es igual de peligrosa, pero si aquí les pegan un tiro no es por odio, es por mala suerte. Aunque siguen siendo fugitivos, tienen miedo y cualquiera les puede dar una paliza o dispararles a quemarropa. Igual, igual.

Don Agustín , lejos de los militares golpistas, se siente mejor y mantiene el optimismo, tal vez encuentren un lugar donde estén protegidos. Julián no lo commparte y , además, no puede olvidar la muerte de su sobrino Román, asesinado en el páramo de Estépar. La vida le importa ya muy poco, pero no se entregará. Si lo detienen, habrá dejado de huir y esconderse y se alegrará.


Foto sacada del blog de los fusilados en el monte Estépar (Burgos)

Pasan varios días al raso, alimentándose de desperdicios y disputando curruscos de pan duro a los perros o a las ratas.




Cada noche duermen en un lugar diferente y huyen ante la presencia de cualquier persona. Allí las calles y edificios cambian continuamente de posición y es imposible orientarse. El clima es impredecible, más que el habitual en Burgos, Burgos. Un día les sorprende una helada a la intemperie y oyen chillar a las gotas de agua al congelarse.



Otro día contemplan una extraña comitiva. Unos mozos de cuerda con un piano, un viejo con sombrero de copa, una señora con abrigo de cebellina, doña Beatriz, y unas criadas que empujan un carro con unos perolos de sopa.

El filántropo don Agustín dice que huele a bondad y va tras ellos, seguido de su temeroso amigo. Lo que huele es la sopa y están hambrientos. LLegan a la Plaza Mayor y la estatua de Carlos III baja de su pedestal, con una escudilla, y le sirven un par de cazos de sopa.



Estatua de Carlos III, en la Plaza Mayor de Burgos.

A continuación, pasan al Espolón, a la plaza de los Cuatro Reyes. La criada toca la campanilla y todas las enormes estatuas del parque se ponen en fila.




Plaza de los Cuatro Reyes, en el Espolón.

Pronto aparecen, con cara de pocos amigos, las estatuas del Arco Santa María por su ración.


Arco de Santa María , con sus estatuas.


Doña Beatriz es una filántropa, así lo dice la inscripción de las ollas : "El Rombo Altruista". Don Agustín confía mucho en la filantropía pero la sopa es para las estatuas. Los dos "intrusos" tienen hambre y frío, han de inventar algo.

La criada les pide su plato, no tienen. Pregunta a su señora qué hace con estos. Doña Beatriz interrumpe la romanza que estaba cantando y les pregunta quiénes son, quiénes les han erigido, no le suenan estas estatuas. Don Agustín se coloca muy tieso, como si de verdad fuera de piedra. Le contesta que son Felipe II y Gengis Kan. La dama suelta un "no jodan" carreteril.

Tratan de convencerla. Les acaba de instalar el Ayuntamiento, no tienen todavía letrerito. La de las cebellinas ordena a la criada , puede darles sopa, que hagan un cuenco con sus manos y beban ahí la sopa.

Los dos hambrientos ponen sus manos abiertas y se queman con el líquido hirviendo. Todos se ríen cruelmente. Una de las criadas se volatiliza y de sus ropas salen media docena de pingüinos.

Doña Beatriz sabe que son fugitivos, menos mal que lleva el antídoto, sus píldoras de heraclitonina. Se traga una y ya no hay problema con esos intrusos tan peligrosos. Se ríe como una descosida, contagia a las esculturas y se oye un ruido como de "tejado apedreado".




Son las estatuas viajeras del Palacio Real de Madrid. En el Paseo del Espolón de Burgos hay actualmente ocho : Fernán González, San Millán de la Cogolla , Fernando I, Alfonso XI, Enrique III, Alfonso VI , Teodorico I y Juan I.


El del sombrero de copa es músico, es el maestro Ventura. Pide a su señora que tenga compasión de estos pobres cristianos, que no está bien mofarse...

La altruista mujer dice que sólo bromeaba, que no le niega la cena a nadie. Cuando se enfríe, pueden meter la mano en el puchero y comer hasta saciarse. Pero otro día, traigan plato y cuchara.

Don Agustín da las "garapatías" muy alegres y doa Beatriz continúa el ensayo de la romanza. Los hambrientos están ansiosos por meter la mano a aquellas apetitosas...y frías sobras.


Un abrazo de María Ángeles Merino

15 comentarios:

aprenda Spanish dijo...

pagina libro de lectura para la enseñanza del español del 1934

pancho dijo...

Se trata de una metáfora perfecta de las guerras, de cualquier guerra: las estatuas, los monumentos y los animales tienen más derechos que los humanos.

Leyéndote parece que estamos releyendo la novela, ahora con imágenes y tu gracia añadida para contar cosas. Gran trabajo.

Un abrazo.

Asun dijo...

Siempre he visto en Pamplona unas cuantas estatuas en el Paseo de Sarasate (también llamado de Valencia), pero nunca pensé que fueran estatuas viajeras del Palacio Real de Madrid ni que tuvieran "primos" repartidos por otras ciudades de la geografía. Les comunicaré dónde pueden encontrar a sus parientes por si quieren ir a comer sopa con ellos.

Besos

Gelu dijo...

Buenas tardes:

Gracias por el aporte de fotografías, antiguas y modernas.

El primer comentario, a pesar de la hora, me ha hecho apetecer un chocolatito con churros.

Abrazos.

Merche Pallarés dijo...

Sí, ¡qué suerte tuvieron las estatuas que comían la sopa boba de doña Beatriz! Tus fotos, geniales querida Abejita. Estás haciendo un trabajo EXCELENTE. Muchos besotes, M.

Aldabra dijo...

Mira que es curioso lo de los pellizquitos… Seguro que a estas alturas ya eres conocida en Burgos como “Abejita la reportera más dicharachera”, porque sí que te tomas un buen trabajo ilustrando todo el texto. Fantástico como siempre tu resumen. Biquiños,

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

que bueno!!! comentas página a página..insufrible de Esquivias...jaja.. si lo llego a saber no leo este ladrillo, que trabajito me está costando... de todas formas solo sea por que el grupo esté cohesionado...

que bien te lo montas, las fotos geniales y tus ganas de hacer un trabajo sensacional lo hacen merecedor de cualquier cosa...un abrazo amiga

Kety dijo...

Es un lujo, leer el libro, venir a tu blog y recrearnos en las imágenes.
Excelente trabajo el tuyo.
Un abrazo

Myriam dijo...

Qué buen recorrido burgalés para esta sección del libro. Cuánto me laegro haber estado en la Ciudad, porque ahora disfruta más de tus fotos.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Volamos con tu relato como Rodrigo y el fraile.

Antonio Aguilera dijo...

Estupenda tu entrada Abejita, como nos tienes acostumbrados. Como un día la hagas más "floja" pensaremos que estás malita (por lo visto vuela por ahí un abejorro que se está cargando a las abejitas, una auténtica plaga: gasta "cudiao" y mira donde te metes)

Lo de los pellizquitos en el pirulí por los frailes voladores tiene guasa. De Esquivias ya nos podemos esperar cualquier licencia.

En cuanto a las estatuas consumidoras de sopa, menos mal que montaste las fotos, porque ya pensaba que eran inventadas; ahora resulta que están ahí de to la vida.

A lo de las tortugas lanza caparazones no le encuentro el sentido. Supongo que tiene que tener una doble lectura, pero de momento no caigo.
La verdad es que estoy abrumadillo con el libro, un poco por mi "apocamiento", espero que transitorio.

Te felicito como siempre, y sé que además lo estás gozando. Gran suertte la tuya por vivirlo en Burgos en primera línea (no de fuego, por dios)

Besos Abejita

MIMOSA dijo...

Genial una vez más poder situarme en la ciudad, aún siendo a vista de hormiga. Hacer el recorrido por los lugares que nombra el libro, lo hace un poco más real entre tanta aventura y mundo desfasado que allí se nos cuenta.
Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Aprenda spanish: En 1934, los que estudiaban spanish eran cuatro rarillos de clase alta y no digamos los que viajaban hasta aquí y se alojaban en un hotel. Gracias, Vivanco, bueno creo que eres el recluta pardillo...
Esos manuales son un tratado sociológico.

Pancho: acertada metáfora. Este libro es tremendo para comentarlo, tiene mil registros. Sólo conozco a uno que pueda con todo y es salmantino.

Asun: ya le conté a a las de Burgos que sus primos pamplonicas están avisados. No les llevé sopa, ni castellana ni nada.

Abejita de la Vega dijo...

Gelu: da hambre, sí.
Merche: gracias por el excelente con mayúsculas.
Aldabra: espero que no cunda la costumbre de los pellizquitos en partes nobles. En Burgos ni se fijan en una paseante con chándal, deportivas viejas y maquinita rosa que parece de mentira. Biquiños.
Manuel: lo confieso, a mí también me lo pareció. Ahora le he cogido el tranquillo, pero prefiero el tercero, ya verás…Intento hacerlo lo mejor que sé, porque hacerlo mal es una tontuna. Para eso, se deja y ya está.
Kety: qué alegría verte por aquí.
Myriam: te prolongo el viaje…con más calorcito.
Paco: a volar, pero cuidado con la artillería.
Antonio: pobres abejitas, con lo necesarias que son para la polinización. Espero que no llegue ese día en que se me noten las pachucheces en los escritos. Como le dije a Aldabra, espero que no cunda la costumbre de los pellizquitos. Esas estatuas fueron compañeras de mi infancia, me apoyaba en su pedestal, para contar, en el juego del escondite. Fíjate si son reales. Primera línea de juego. Ya están pidiendo extras para la película basada en “Inquietud…”, debíamos ir los de la olla, je, je.
Mimosa: pasé por tu blog, estabas de viaje. A vista de hormiga, Burgos es enooooorme. Espero que lo hayas pasado bien.

Un abrazo, amigos. Perdonad el retraso en la contestación.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué cercano nos es el Burgos de la novela de tu mano.