miércoles, 14 de febrero de 2018

Introducción a la lectura de "El hombre pez" de José Antonio Abella. Encontró en el mar lo que le negaba la tierra.


Comentario como introducción a la novela El hombre pez de José Antonio Abella, para la lectura colectiva de La acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Este mes de febrero nos reencontramos con José Antonio Abella, el autor de la novela que recibió el Premio de la Crítica de Castilla y León en 2014: La sonrisa robada que tanto disfrutamos. Y, como escribía Edelgard, su inolvidable protagonista, personaje real y ficticio a la vez:

"Así sucede con todas las cosas hermosas: se van volando como un sueño dejando en nosotros un ardiente Schnsucht".



Aquella lectura y aquella reunión en el Museo del Libro volaron y nos dejaron un sentimiento grato y nostálgico a la vez. Con el recuerdo de un buen comunicador y un buen libro, recibimos ahora con ilusión a El hombre pez. Aunque muchos de los que me visitáis ya sabéis quién es José Antonio Abella, no estará de más presentarlo a los que se incorporan como nuevos lectores.

José Antonio Abella con Pedro Ojeda, en la presentación de El hombre pez en la Feria del Libro 2017, de Burgos (24-5-2017)

"José Antonio Abella nació en Burgos en 1956..."

En aquella reunión de 13 de enero de 2015, agradecía nuestra presencia en :"esta ciudad que es su ciudad de infancia y adolescencia. Algo suyo hay en Burgos, tal vez alguno de nosotros nos hayamos encontrado con él, en nuestros paseos juveniles de ida y vuelta por el Espolón. Ahora le cuesta reconocerla, hay una relación agridulce con la ciudad que le vio crecer. Vive en Segovia, pero tampoco Segovia…se considera apátrida. Mucho tiempo podía estar hablando de Burgos…".


Espolón (Burgos)

Como dijo Pedro Ojeda: "J.A.A. es un médico humanista de los que ya no hay, de los de antes, siguiendo la tradición de grandes escritores como Baroja o Marañón"

Sabemos que "durante muchos años compaginó su trabajo como médico de familia con la literatura y la escultura en hierro y bronce, aunque en la actualidad se dedica por completo a la creación literaria..."

Estábamos, estamos ante "un escritor de largo recorrido":

"En 1992 fue publicada su primera novela Yuda, reeditada en 2006 y en 2014, así como un breve ensayo: La realidad posible (hacia un compromiso del arte). Fue coordinador y coautor de la obra Segovia, ecología y paisaje (1993). Siguieron las novelas La esfera de humo (1995) y Crónicas de Umbroso (2001, y reeditada en México al año siguiente). En 2003 se publicó su guía segoviana Balcón de la mirada.


Una vez presentado el escritor, vamos con  El hombre pez, una novela que parte de un  hecho documentado:

"En el año 1679 unos pescadores de Cádiz capturaron en sus redes a un hombre desnudo que nadaba en alta mar con un grupo de delfines. Llevado a tierra, el hombre marino fue interrogado y sometido a exorcismo por el Santo Oficio, pero nada logró saberse de su vida. De sus labios sólo salió una palabra: Liérganes."

Vamos a conocer a  Francisco de la Vega Casar, un hombre que va a encontrar en el mar lo que le niega la tierra: 

"Y entonces, en uno de esos instantes luminosos que dan sentido a la vida de los hombres, supo que el mar era al mismo tiempo la pregunta y la respuesta...Él sería transportado por el mar, como hace con las algas...

Y se sintió inmensamente feliz en medio de sus penurias y sus tribulaciones. Hasta ese instante todo había sido un oscuro deseo de huida, una nebulosa en la que se mezclaban los recuerdos y los sueños...Pero a partir de ese momento comprendió que el mar sería su refugio en el mundo, no un camino de paso hacia otro sitio, abierto a la rosa de los vientos, sino el destino concreto para el que había nacido, al que le habían llevado todas sus penalidades, por el que había sido marcado en la piel con el signo del agua."



El llamado "hombre pez", pobre y analfabeto calafate de origen campesino, creería entender a Juan Ramón Jiménez en aquellos versos, escritos en el viaje que hizo girar la poesía española. Olas o palabras.


En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!


(Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta recién casado, 1 de febrero)



 José Antonio Abella los eligió como lírica introducción, junto a dos líneas del Theatro Crítico Universal de Benito Jerónimo Feijoo, fraile ilustrado que dio a conocer y defendió la veracidad de la historia del hombre pez, a pesar de salirse del "regular orden de las cosas".Verso y prosa, sentimiento y racionalidad. Y en la primera primera página, la dedicatoria del escritor a su nieto Arturo "que nació mirando al mar". Sentimientos. 

¿Que si leí ya la novela? Sí, la leí en mayo del año pasado, cuando fue presentada en la Feria del Libro de Burgos,  de la mano de Pedro Ojeda. 

La había comprado ese mismo día por la mañana, 24 de mayo, y, tras escuchar a su autor, me dispuse a devorarla hasta las raspas. Era martes y, antes de pasar por la librería "Luz y Vida", pasé por la pescadería, donde compré un cabracho, el pescado de color naranja que aparece en la fotografía. De vuelta a casa, las dos bolsas se rozaban y algo de olor a mar se contagió al libro. Afortunadamente la novela salió indemne, no me apetecía leer en un libro con olor a pescado y llevárselo al autor para la dedicatoria...Bueno, pensé, tratándose de El hombre pez...Ahí queda la anécdota tontorrona. ¿El hombre pez colándose entre las páginas dejándonos su rastro? Deja en paz el realismo mágico, María Ángeles, que ahora no estamos con Juan Rulfo.

Pedro Ojeda nos lo presentó, en la Sala Polisón, aunque para muchos era ya un viejo amigo. José Antonio Abella nos abrió el apetito lector, mostrándonos un libro que cruza la leyenda, la realidad documentada y la ficción, con mucho cuidado de dar verosimilitud a lo que precisa ser inventado. ¿Cómo sobrevivir en ese largo recorrido marítimo? ¿El agua? ¿Cómo se vivía en la mísera y fría España del XVII, en Cantabria, en Liérganes, en Bilbao? ¿Cómo funcionaban las fuerzas oscuras de la Inquisición? ¿Cómo se fabricaba un barco en esa época? Una novela fruto de una minuciosa investigación: leyendas, Feijoo que defendió racionalmente su veracidad, el doctor Marañón que lo diagnosticó como cretino, diagnóstico con el que el doctor Abella no está de acuerdo...Francisco de la Vega Casar como un nuevo Lazarillo, guiños literarios, cuántos ingredientes apetitosos. Y no falta el amor, ay la Bibiñe. 



Aquella noche me puse a leer El hombre pez y el cabracho terminó convertido en pastel. Ahora a leerlo otra vez, que la segunda lectura de un buen libro es mejor que la primera. 




¡Hasta las raspas! Voy a llamar a mi amiga Austri para que me acompañe en la lectura y en los comentarios. Seguro que le gusta el relato de El hombre pez. Os animo a leerlo, amigos que pasáis por aquí.

Un abrazo de María Ángeles Merino


6 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

Tu ejemplar de la novela se impregnó de olor a mar, y el mío se mojó un poco con el agua de lluvia en Liérganes. Objetos e historias que forman parte de nuestro anecdotario.

Ele Bergón dijo...

Encontró en el mar lo que le negaba la tierra. Creo que ahí está resumida toda la novela. Muy buen comienzo.

Besos

María Pilar dijo...

Qué preciosa entrada. Me ha encantado. Conozco mucho Liérganes, pero no este libro. Ya estoy con las antenas puestas a todo lo que vayáis escribiendo sobre la lectura de "El hombre pez" de José Antonio Abella.

"Encontró en el mar lo que le negaba la tierra". Una frase soberbia.

Un abrazo.


Bertha dijo...

Con este aporte ya le vamos cogiendo el punto a esta nueva lectura.

Muchas gracias por contagiarnos de tu entusiasmo.Comparto contigo ,que se saborea mejor la segunda vez que se lee un buen libro.

Un abrazo

Myriam dijo...

Jajajaja bueno, menos mal que el cabracho no terminó leido y "El hombre pez" en pastel, jajajajaja.

Yo ya lo estoy leyendo y seguiré hasta las trancas o hasta las rascas, todavía no me he decidido.

A que Austri encuentra un fantasma tritón el ancho mar o cerca de Liérganes ;-)

Besotes

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Aquella presentación en la Sala Polisón nos dejó con ganas de más. Y aquí estamos.