domingo, 27 de octubre de 2019

Dearest Nancy



Comentario en torno a la lectura de La tesis de Nancy de Ramón J. Sender, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda Escudero. 


Dearest Nancy:

¿Qué tal estás? Espero que bien, después de una larga vida en los papeles impresos. ¿Gozas de buena salud? Se puede decir que buena, pues son muchos años desde 1962 y el libro que cuenta tu historia sigue editándose  y se utiliza, por su valor filológico y didáctico, en clases avanzadas de español para extranjeros. 

Sin embargo, voy a ser sincera contigo. Se comenta que muestras síntomas de vejez, tanto ha cambiado la España que fue el objeto de tu tesis doctoral. Hay quien va más lejos y opina que naciste ya un poco vieja, que el exiliado Ramón J. Sender tenía cristalizada en mente la España de los años treinta, ya en trance de desaparición en los sesenta. Y te llevó a ti, "chica americana, semejante a cientos de miles de chicas americanas", "formal estudiante de lenguas románicas", hasta Alcalá de Guadaira, muy cerquita de Sevilla, en la Andalucía más profunda y machista. 

¡Pero no de la Edad de Bronce! Chica, deja a Tartessos en paz, aunque te tengas tan bien estudiado a don Adolfo Schulten, un arqueólogo un tanto "friki". Ten cuidado, que la erudición mal asimilada produce monstruos.



Ramón J. Sender se sirvió de las entusiastas cartas que escribiste a tu prima Betsy, sus papeles del Alcaná de Toledo. ¡No pongas esa carita!  Disculpa, no he dicho nada, olvidaba que la metáfora no es tu fuerte y que tampoco estás muy puesta en el Quijote. Serían unas cartas americanas, como Montesquieu escribió sus Cartas persas o Cadalso sus Cartas marruecas. Eso es, una novela epistolar con tema exótico, ése es el género; pero Cadalso era un intelectual que quería reformar el país. La tuya es una novela más cotidiana. 

Así que con veinticuatro años viniste a estudiar a la universidad de Sevilla y escribiste la ínclita tesis, ahora vas y lo buscas, fruto de tu concienzuda investigación sobre "la gente española": mujeres "afeminadas" y hombres amables pero incomprensibles, todos pasados por el tamiz de una mentalidad calvinista que entiende todo al pie de la letra. Yo te veo, además, un poco soberbia y prepotentemente americana. No te cabe en la cabeza que tus estudios de Antropología y Literatura española, nada menos que en la universidad de Pensilvania, no den soluciones a tus dudas; así que tú las fuerzas y estalla el humor. No te enteras de nada, vives inmersa en una cultura que no entiendes, pero que tú crees entender...de la forma más chusca. 

Nancy cariño, habría que explicarte tantas cosas: lo de canelita en rama no va por el color de tu pelo, cuando a una mujer le dicen que está buena no hablan de su salud, no confundas los gorilas con las guerrillas, el barrio de Santa Cruz no imita el estilo californiano sino al revés, si el marqués te soba la pierna no te está dando masaje terapéutico, una tía no es siempre de la familia, las cajas de caudales no llevan una mosca para soltarla...¡Uf! Y por favor, no andes preguntando por el subjuntivo, que la gramática no es popular aquí. Seguro que lo sabes, cuentas con admiradores incondicionales, pero también hay quien no te aguanta y se cansa pronto de tanto chiste y tanto tópico. 


Pedro Ojeda con Ramón J. Sender


Un buen estudiante de lenguas lleva siempre un diccionario consigo, o varios como la gran Mrs. Dawson; pero tú te añadiste uno vivito y coleando, sí como un pez: Curro, tu novio andaluz y gitano, un baúl de modismos y frases hechas. Tu sentido utilitario americano, Nancy, me parece un poco "monstruosillo", mantienes la farsa del noviazgo para confeccionar la mejor tesis, a toda costa. Luego resulta que eres tan antigua como las españolas: tu novio americano te envía una carta y un anillo, recoges la tesis y sales volando para Estados Unidos. Richard estará muy entretenido y feliz durante la luna de miel, copiándola a máquina. Total, solo son doscientas fichas. Bajo la influencia del "erotismo tarteso de Curro", tan posesivo, estabas afeminándote un poco, no importa, tu tesis habrá valido la experiencia. 



Bueno, amiga, para tu creador, Ramón J. Sender, la novela era un divertimento, no estaba tratando de hacer la gran novela. Como decía Cervantes “hacer reír es tarea de discretos” y muchas veces hay que reír para no llorar; pero en La tesis de Nancy "hay un poco de todo: antropología, folklore, historia, y…mala sombra". 

Gracias, Nancy, por hacernos participar de tu "experiencia tartesa-turdetana-bética-flamenca". Perdona la cariñosa bronca y no olvides que hay cosas muy serias para los españoles: la prepotencia de la aristocracia, la ignorancia del pueblo y la persecución ideológica durante la dictadura. Ramón J. Sender no quiso aquí meterse en berenjenales políticos. 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino



¡Y ahora que comience el curso 2019-2020 en el Club de Lectura de La Acequia!

jueves, 24 de octubre de 2019

Las confesiones de una cazadora de historias



La cazadora de historias (con ayuda de Azorín)

Es la tarde de un jueves que cierra una semana de calamidades domésticas. Son cerca de las siete y descubro una E burlona, junto a los mandos del lavavajillas. Ni agua ni detergente y muestra con descaro los platos secos y sucios. Ahí te quedas, majo, que  yo me voy. Decido que es un buen momento para apresar historias urbanas burgalesas, con bolígrafo y libreta. Si no las hay, o no se dejan,  al menos habré andado los diez mil pasos y las nosecuantas calorías. Un libro por si me aburro, venga a la bolsa, zapatillas y en marcha. Salgo, en busca del hilo tejedor.

Es la calle Ana María Lopidana. La larga cola junto al Auditorio, la vecina me dice que es para un concierto de música militar, pues pasado mañana es 12 de octubre. El  anciano del sombrerito tirolés tararea bajito: “como el vino de Jerez y el vinillo de Rioja”.  Las señoras del pelo cardado ríen divertidas.

 Es la Plaza de España. El hombre de gorrita ridícula de franjas rojas y verdes, no sé qué pinta junto a los niños y los papás del centro de inglés.  La mujer del enorme floripondio en el pelo espera el autobús, junto al hombre con cara de pocos amigos. Las tres mujeres sentadas bajo la marquesina, las de los lados obvian a la de en medio que mastica  su  misterio doloroso: “yo tenía nueve años cuando se murió mi madre”.

Es la calle Santander. Leo “Defendamos el Centro Social Recuperado”. Los que sujetan la pancarta corean “Así, ni un paso atrás, contra el desalojo, lucha popular”. Y los destinatarios invisibles, un foro de banqueros y empresarios, están reunidos en las profundidades del palacio donde Felipe el Hermoso perdió la última jugada contra su taimado y católico suegro. Uno pregunta de qué va esto, otro encoge los hombros. El del altavoz informa de maniobras especulativas, operaciones de blanqueo, directivos corruptos y tarjetas black. Acostumbrados a esa lluvia de palabras, muy pocos se paran a escuchar. La gente entra, busca entre los trapos y sale parapetada por bolsas de papel. 


Calle Santander (Burgos), el 10 de octubre poco después de las siete de la tarde.

De vez en cuando alguien deja caer una moneda en el plato de la oronda perra Luna que duerme plácidamente y el mendigo rumano sonríe. Una señora me cuenta que la perrita se comió unas hierbas del río y se puso muy malita y hubo que operarla y la operación costó trescientos euros y la gente colaboró para pagar al veterinario, figúrese usted trescientos euros para quien se gana la vida pidiendo limosna.


Junto a esta tienda podéis ver habitualmente a la perra Luna.

Al llegar a los Portales de Antón, ya no veo ni escucho. La varita mágica del hada Creativa podría concederme la gracia del hilo conductor, pero me ha abandonado. En su lugar, el hada Prosaica no cesa con su aguijón: para qué pierdes el tiempo en embriones de historias inconexas, no escribas disparates que solo son fruto de tu imaginación, vamos que ya eres mayorcita. Yo la replico: sí, hada Prosaica, figúrate que “va el hombre de la gorrita roja y verde y dice a los de la pancarta que la perra Luna mordió a un banquero porque quiso darle una limosna pagando con su tarjeta black”. ¿No quería usted un disparate? ¡En fin! Guardo el bolígrafo y la libreta en la bolsa, concluyo que la única conexión clara de mis apuntes es: “cada uno va a su bola”. Sigo mi paseo y cruzo hacia el Espolón. 

Han instalado una caseta amarilla, al principio del paseo. Una voluntaria de Amycos me vende unapapeleta  de tres euros para la carrera solidaria de patitos de goma, en el río Arlanzón.  La recaudación es para mantener el comedor social San Vicente de Paúl. La mujer que me la vende me habla con entusiasmo de de la Casa de Acogida,  el único sitio abierto por las mañanas para los que duermen en los cajeros automáticos, allí les dan calor y cartas y televisión y  talleres. Le cuento que cuando daba clases en el centro de adultos tenía alumnos que pasaban demasiadas horas en la biblioteca y se marchaban de clase disparados cuando llegaba la hora de la cena de Cáritas. La voluntaria me anima a ser voluntaria, le advierto que  no soy una persona religiosa y ella me dice: “bueno, nosotros lo hacemos por algo”.  Me despido de ella y sigo andando Espolón arriba.


Mis apuntes y el patito 3190.

 No quiero andar más, el libro que llevo en mi bolsa me está pidiendo una relectura. Entro en la cafetería Ibáñez, está libre el rinconcito del fondo, tomaré un café o un té con leche. Abro Confesiones de un pequeño filósofo de Azorín, ajena a la marea de conversaciones que sube de tono a medida que sirven los chocolates y los churros. Leo en “Yecla”:

"Y esta tristeza, a través de siglos y siglos, en un pueblo pobre, en que los inviernos son crueles, en que apenas se come, en que las casas son desabrigadas, ha ido formando como un sedimento milenario, como un recio ambiente de dolor, de resignación, de mudo e impasible renunciamiento a las luchas vibrantes de la vida. "

Entro en la casa del bisabuelo de Azorín. Las viejas con rosario y los vecinos pobres, que deben ser casi todos, entran sin avisar, para calentarse en la cocina. Entro en la del tío Antonio, donde una vieja “arrugada y pajiza”, se asoma a la entrada y reza “por todos los difuntos de la casa”, a cambio de “una limosnica, por el amor de Dios”. Nadie sale y la pobre vieja se queda sola con sus “Ay, Señor” y los “Cu-cú” del “pequeño monstruo” del reloj.

La frontera entre los ricos y de los pobres la marca el calor y el alimento, entonces y ahora. Tristeza de siglos, sí, maestro Azorín. Resignación también.

"Cuando ya sentados en la mesa, llegaba el momento en que sacaban el cocido, yo veía que esta era la más íntima e intensa satisfacción de mi tío Antonio… Y luego, su sensualidad consistía (además de oír la música  de Rossini) en devorar beatamente los garbanzos, la carne grasa, las patatas redonduelas y nuevas. Y yo lo veo, con su cara redonda y su papada, cómo rosiga y sorbe los huesos, como los golpea contra el plato para que suelten la blanda médula.”



El servilletero contiene un mensaje: “Mi playa ideal está llena de palmeras de ¡¡chocolate!!”.  Y voy yo y cedo a la tentación, ni café ni té, un chocolate. Unos churros serían demasiado, un croissant será suficiente. "¡Qué bien vas a merendar!" me dice sonriente la camarera.



El chocolate me saca del comedor del tío Antonio. Adriana, una niña de unos siete años, con un  lazo enorme, va a celebrar desganada su cumpleaños. La mamá busca sitio, juntan dos mesas y me dejan cercada por su conversación. Va a venir el abuelo. Mira, una muñequita con alas de mariposa dentro de una burbujita, la luz cambia de color. Trae el bolso de la abuelita, mi vida, saca eso y ábrelo, es un puzzle muy  bonito. La camarera ve la cara de disgusto de la niña y colabora: "felicidades mi chiquitina, luego te voy a dar algo". Llega el abuelo. Cinco chocolates, seis churros por ración. Adriana no lo prueba y, aburrida, pulsa una y otra vez  el botón de la luz del juguete. "Se ha muerto el padre de Charo, un amigo nuestro del pueblo". Mira qué bonito, tiene siete colores.



La camarera me señala divertida: "tienes una mancha aquí". El chocolate ha dejado su huella delatora. Miro el reloj,  se acabó el cazar historias por hoy. Me quedo sin saber qué le pasa a Adriana. Estoy tentada de contarle que al niño Azorín, en su colegio, lo levantaban a las cinco de la mañana y si tardaba un poco se quedaba sin chocolate. Después, “poníamos la cabeza bajo la espita y nos corría la helada agua por la tibia epidermis con una agridulce sensación de bienestar y desagrado”.

Ando lo desandado pero ya no hay ni rastro de mis historias cazadas. El papel es paciente, el ordenador también, y tal vez la varita mágica del hada Creativa me ayude, en otra ocasión, a tejer más hilos conductores.

 Me espera la E, de error, del lavavajillas. Ya no me importa. La literatura ayuda a vivir.

María Ángeles Merino Moya

(Historias reales atrapadas el día 10 de octubre, de siete a nueve de la tarde, en Burgos)

(Palabras en rojo tomadas directamente de  "Las confesiones de un pequeño filósofo", Azorín, Narrativa Austral, edición de José María Martínez Cachero, 2014.) 

Pinchad aquí.



miércoles, 9 de octubre de 2019

Las confesiones de una cernedora de recuerdos (1)



"Lector: yo soy un pequeño filósofo; yo tengo una cajita de plata de fino y oloroso tabaco, un sombrero grande de copa y un paraguas de seda con recia armadura de ballena.

No voy a contar mi vida de muchacho y de adolescencia punto por punto, tilde por tilde...

Yo no quiero ser dogmático y hierático; y para lograr que caiga sobre el papel, y el lector la reciba, una sensación ondulante, flexible, ingenua de mi vida pasada, yo tomaré entre mis recuerdos algunas notas vivaces e inconexas-como lo es la realidad-, y con ellas saldré del grave aprieto en que me han colocado mis amigos, y pintaré mejor mi carácter, que no con una seca y odiosa ringla de fechas y de títulos...

...¿Cómo iba yo a la escuela? ¿Por dónde iba? ¿Qué emociones experimentaba al entrar?

¿Cuándo jugaba yo? ¿Qué juegos eran los míos?..."

(Tomado de  "Las confesiones de un pequeño filósofo", Azorín, Narrativa Austral, edición de José María Martínez Cachero, 2014.) Pinchad aquí.

Leo los primeros capítulos de Las confesiones de un pequeño filósofo de Azorín y siento la necesidad de hacer caer estas palabras.

Lector: yo soy una cernidora de recuerdos; tengo una bata blanca, una chalina azul de lunares y un cuello de plástico. Y, a la manera del Azorín “pequeño filósofo”, cerniré un puñadito de harina de mi vida, a través del  tamiz de la memoria.

Porque vivo esa edad en la que nos sorprenden flashes del pasado que han tomado, con el tiempo,  los matices más insospechados. Y, aunque mis palabras sean jirones, pinceladas sueltas, luces fugaces en la niebla, siento la necesidad de hacerlas caer al papel.

Lector: yo tecleo estas notas a medianoche, mientras sueño despierta con “estrellas fulgurantes”, y  un coro de grillos “suave y melódico”.  Busco mi paisaje tras los geranios y las farolas son teloneras de una avenida del Cid desangelada. Pasados  tilos y pilongos, arriba en el cerro, una luz deslumbra a los pinos somnolientos. Recuerdo.

3 marzo 1967. Me llamo María Ángeles, tengo casi diez años y vivo en Burgos, en Paloma 29, una calle escoltada por mi catedral de piedras grises y churretosas, seguida de soportales, miradores y un guardia desesperado. Los portales  tenebrosos huelen a pared húmeda, a pis y a puchero.Mi casa no tiene portal, entro desde la tienda de mis padres a una vivienda vieja, con  buhardilla habitada por “el hombre del saco”; pero sobra espacio para la escuela de mis muñecas.


Como cada mañana del invierno,  la muda calentita espera cerca  de la chapa. Mamá  recita “bendita sea la luz del día”, mientras me visto. Antes de salir, la bufanda con vueltas e imperdible.

Mi colegio es el Generalísimo Franco, lo inauguró el general superlativo  y cumple con la pedagogía franquista. No recuerdo sensaciones hórridas, las maestras  no exageran los castigos. Severas, distantes, encorsetadas, nos inculcan que es por nuestro bien.  Los maestros de los chicos sí son” hórridos” de verdad.  A las niñas nos llega el ruido explosivo de las bofetadas.
Voy al colegio con algunas compañeras y a veces contamos chistes. Hoy toca el de “qué le dijo el wáter a Franco”.  Nos reímos bajito.




Tomado del blog de mi querida tocaya Gelu que ya no está con nosotros.

En  el balcón del Ayuntamiento pa papapapapapá, trompetas que llaman al pueblo. Hay que esperar a mayo para los danzantes y los gigantones. No hay que entretenerse en los escaparates de Moliner ni en Chapero: mira la muñeca que le crece el pelo y el Scalextric. Pasa don Rufino con su manteo, tan amadísimo en el Señor.

En la Calle Carnicerías, evito ver los  corderos sangrantes colgados boca abajo  Por la Diputación, pasan las ciegas del cupón, la gorda reguñona y la delgadita sumisa. Agarradas del brazo, hablan como si estuvieran solas. La una: me duele la tripa, me ha bajado el periodo. La otra: da muchas gracias a Dios. No entiendo nada.

Llegamos al semáforo: peatones pasen, peatones esperen. Coincidimos  con el matrimonio Frübeck que abre su óptica, con puntualidad germánica. Ya en la calle Vitoria, nos saluda el gato de la fachada del cine Avenida y una niña quiere contarnos la película, no sé si de Walt Disney o de Cantinflas. El Bazar Médico muestra unas enormes jeringas que ni mirarlas. Hay un guardia civil en una garita y nos preguntamos si será el padre de Pilarín, una niña que  siempre nos amenaza con chivarse a su papá.  Los grises al otro lado de la calle Vitoria, no nos dan miedo…todavía. En la tienda de periódicos, leo las letras más gordas…



El río Vena baja muy sucio. Nos hemos entretenido, daos prisa.  Ya llegamos a  la fila, subimos. Felicidad me gusta porque leemos más y hacemos menos divisiones kilométricas. La señorita Marina me reñía cuando los números se me desparramaban. A esta le gusta lo que a mí  y  valora mi trabajo. ¡Felicidad! Ahora leemos Platero y yo y el burrito se bebió un cubo de agua con estrellas. Lo malo fue que, a continuación, tocaban labores con la doña Rita que me pidió el trapito y me arreó con el dedal.

¡Qué bien! En el recreo jugaremos a “dubles” con mi soga nueva: “para bailar el twist se necesita un pantalón vaquero y una blusita”. Ya estamos un poco cansadas de la chata Berenguela, tan fina que se pinta los colores con gasolina, trico, trico, tri. Galletas con mantequilla, qué ricas.


Colegio Público Río Arlanzón de Burgos, antes Generalísimo Franco.

3 de marzo de 1967, la señorita Felicidad leía el ABC y lloraba.

“Con Azorín, muere del todo el 98”

Las niñas también.

María Ángeles Merino Moya, 8 octubre 2019.

609 palabras que podían haber sido muchas más (se trataba de un ejercicio para un taller de escritura). Con posterioridad, he recuperado algunas que eliminé, son las de la letra pequeña.

sábado, 24 de agosto de 2019

Tea rooms. Mujeres obreras. Carta a Matilde o a Luisa, qué más da.


Tomando el té con mi sobrina,  en algo parecido a un "tea room".

Comentario en torno a la lectura de la novela Tea rooms, de Luisa Carnés, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda Escudero.

Muy estimada señora doña Luisa Carnés, dos puntos:

O Matilde, qué más da. 

El motivo de la presente es dirigirme a usted para poner en su conocimiento el éxito alcanzado por su novela Tea rooms, entre los lectores de nuestro Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU. 

Sí, así era el estilo de las cartas que le dictaban en aquellas infames y amañadas pruebas de selección de mecanógrafas a las que usted hubo de presentarse, con escaso éxito. Escriba su nombre y señas en el sobre, ya es suficiente, la llamaremos. No hay que ser muy perspicaz, no la llamarán. Luisa, o Matilde qué más da, sabe que no seleccionarán a ninguna de las muchachitas  tímidas que titubean al hablar y se sientan a la máquina temblorosas, alisando la falda raída, escondiendo los zapatos deteriorados. El puesto será para las que irrumpen triunfalmente, con un paso estudiado y elegante, con zapatos impecables y uñas brillantes. Aquí hay gato encerrado, piensas, y callas. 



No, no serás nunca una de esas mujeres seguras e impecables, tu idea de "mujer nueva" no pasa por rendirse al acoso y ser una atractiva esclava. No atenderás el sobre azul que tu madre y tus hermanos miran, expectantes, en casa. El muy canalla, el tal M.F. que besa tu pie y te agradecerá le envíes un retrato; no sabe tu madre, su experiencia de la vida es bien limitada. ¿O sí sabe y la miseria amodorra su pudor? Es muy duro pedir fiado el miserable pedazo de queso de la cena. 

"¿Dónde ha leído Matilde: "Vivimos en una sociedad podrida"¡Cállate, pensamiento! "

Tu pensamiento se desboca. Sin dinero ni formación, lees todo lo que está a tu alcance, no importa el mal papel, tan hambrienta de comer como de saber. Luisa Carnés, supiste dar el paso que te condujo desde los libros sin complicaciones literarias a la buena literatura y fuiste mucho más lejos. ¿Dónde se ha visto que publique libros la camarera de un salón de té?

Tus hermanillos, inocentes, no saben nada, solo sueñan con comida que conforte su estómago, zapatos nuevos, abrigos de lana e incluso algún modesto juguete. Pobres niños de tu barrio, y de tantos barrios pobres, pararrayos inocentes de la desesperación de los mayores: gritos, bofetones y lágrimas. ¿Por qué no tienen derecho a la infancia los hijos de los obreros? ¿Por qué no tienen derecho a una vida digna los obreros? Sueñas con un país que satisfaga los sueños.



Aquella tarde, al salir de la inútil prueba de mecanografía, las patatas "viudas" ya se habían disuelto en tu estómago y caíste en la tentación de los buñuelos a 0,10, justo lo que llevabas para el tranvía de vuelta a casa. No te quedaba otra que echar a andar por la calle larga, larga, bajo la lluvia y el paraguas apolillado, mientras el relieve de los adoquines se te clavaba en las suelas gastadas. Desfilaban ante ti escaparates que irradiaban luz: ropa, zapatos, dulces, alhajas, medallones, radios, ventiladores...y los libros. 

Lees: "terrorismo, sabotaje, revolución". Y, más allá, los valladares: "¡Viva Rusia! ", "¡Obreros! Preparaos contra la guerra imperialista". 


"Legiones de hambrientos pululan por las calles del mundo capitalista"

Un viejo salón de té.


Imposible entrar de mecanógrafa, tu próximo trabajo será el de camarera en un "tea room", próximo a la Puerta del Sol madrileña. ¿Seguirás el modelo de tus compañeras?

No serás como Marta, del brazo de un señor mayor y muy rico, en una jaula de oro, tras ser despedida del "tea room" por caer en la tentación de la peseta huérfana. Ya auguras que, tras el paraíso, Marta caerá en el infierno, que ese brazo no la amparará siempre.

No serás como Paca, la más veterana, presume de dominar la situación pero igualmente vive encadenada a la jornada agotadora y al jornal de tres pesetas que no da para vivir.  La religión es su adormidera: las pocas horas de asueto las pasa, con otras jóvenes, en un convento. Las monjas quieren saber: lugares que frecuenta, compañías, pensamientos, palabras, espectáculos, lecturas, vestidos..."ese descote". A cambio,  "allí" se pasa bien, se juega, se reza y no se gasta dinero. 

No serás como Laurita, la ahijada del dueño, la menos necesitada, la más alocada, qué pena de muchacha, muerta con la matriz perforada por la varilla de un paraguas. Y lo que más te ha indignado "aquella madre, más horrorizada por la opinión de la gente que por la muerte de su hija", "una familia muy decente", con "la casa llena de santujos". "Un verdadero asco".

"La muerte de Laurita cae sobre la espalda de la sociedad."

No serás nunca "encargada" que vigile con ceño fruncido a las compañeras  y vaya con el cuento al terrible jefe , "el ogro". 

Ni te casarás con el pastelero del barrio y no porque sea feo. Un buen hombre, te conviene, Matilde o Luisa, qué más da. ¡Qué pesadas las amigas casamenteras! No, no quieres plegarte a lo que la sociedad espera de ti. La emancipación y un trabajo digno, así reflexionas:

"Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de "aguantar tíos". Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha dejado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes."


Ese era tu sueño, Luisa o Matilde, qué más da. Viviste el ambiente de inestabilidad política y social de la España de los años treinta, del siglo pasado. Te decantaste ideológicamente hacia la militancia en el Partido Comunista y fuiste feminista, defensora total y absoluta del voto y de los derechos de la mujer. No pudiste estudiar, autodidacta quisiste mostrar con claridad, con historias que tú tan bien conocías, el mensaje de la mujer nueva. Seguiste las normas del realismo soviético: sencillo, directo y con carga ideológica. 

Una novela de tesis, una obra que no ha perdido vigencia. La mujer nueva que soñaste, Luisa Carnés, es la lucha de millones de mujeres en el mundo. Tea rooms provoca en los lectores una reacción emocional y saltan de inmediato los resortes: comparamos el trabajo y la vida de la mujer de entonces y de ahora. Es inevitable. Ahora,en nuestro país, se ha avanzado mucho, hay legislaciones, hay normativas, otra cosa es que se cumplan.


Luisa Carnés

¿Hay "tea rooms" ahora? Aunque no haya té, se entiende.

Una buena pregunta. 

Ha sido un placer conocerla, doña Luisa Carnés, escritora salvada del olvido. ¿O Matilde? ¡Qué más da! Gracias por su obra, su granito de arena en la construcción de la "mujer nueva". Es una pena que muriera tan joven, en el exilio mexicano.

Le saluda atentamente:

María Ángeles Merino Moya



Palabras en rojo tomadas directamente del libro: Tea rooms. Mujeres obreras, Hoja de lata Editorial S.L. , séptima edición, noviembre de 2017, ISBN: 978-84-16537-11-2.

viernes, 5 de julio de 2019

Pequeña crónica de final de curso del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU , con resumen balance y comentario a La tesis de Nancy de Ramón J. Sender.

Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU. Foto fin de curso publicada en Diario de Burgos

Pequeña crónica de final de curso del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU (25 junio 2019). Comentario sobre La tesis de Nancy de Ramón J. Sender.

El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua acogió el martes 25 de junio a las 16:30, en el Palacio de la Isla de Burgos, la clausura del curso 2018-2019 del "Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU", dirigido por Pedro Ojeda. Se procedió a comentar el último de los libros leídos por los integrantes del club (La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender) y se realizó también un balance de las lecturas programadas durante el curso. 

El profesor Pedro Ojeda Escudero agradeció la acogida al Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, "nuestra casa, un espacio cultural abierto al público" A continuación, nos ofreció un excelente resumen balance de nuestras nueve aventuras lectoras. 

-(Pedro Ojeda) De septiembre a aquí han ocurrido tantas cosas. Hemos tenido presentaciones de libros como Lucía en la noche de Juan Manuel de Prada y La Llanura celeste de José Antonio Abella. Un montón de cosas para nuestro disfrute. 

En septiembre y octubre, leímos Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Fuimos de lleno a ese espacio mítico que es Macondo. A algunos les hicieron falta chuletas para orientarse en el árbol genealógico (a la que esto escribe le vinieron muy bien). ¿Pasó la prueba? Sí, nos sigue apasionando. Una gran obra que no ha perdido vigencia. 

Recordando la lectura de Cien años de soledad. Foto Instituto Castellano Leonés de la Lengua.

En noviembre, leímos Filek. El estafador que engañó a Franco de Ignacio Martínez Pisón. Gustó a unos más y a otros menos. Es el retrato de una época, un personaje que estafó a Franco. El escritor jugaba entre la realidad y la ficción. Filek convenció a todo un gobierno de la fórmula de la gasolina a partir del agua del Jarama, llegó al BOE...¿Quién era de verdad? Hay muchas lagunas. Estafador, espía...Es un género: el de la literatura de no ficción. 


Filek. El estafador que engañó a Franco de Ignacio Martínez Pisón. Con el BOE.

En diciembre, leímos Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez. Apasionante, no dejó a nadie indemne. La narrativa bélica viene de aquí. Nos llevó  a un encuentro con el aula de Historia de Alumni UBU, dirigida por la profesora Carlota Martínez Sáez, apasionada y apasionante. 

Los lectores, Pilar Lorente, Pedro Ojeda y Carlota Martínez Sáez.

En enero, leímos Cuaderno de vacaciones de Luis Alberto de Cuenca. Poemas que él escribe en vacaciones sin construir un libro, jugando con los clásicos y la cultura pop. Me empeño en poner poesía, a pesar de la dificultad. Tal vez leamos a Góngora o a Garcilaso. ¿Por qué no?


Cuaderno de vacaciones en un día que no era de vacaciones. 

En febrero, leímos El color de los ángeles de Eva Díaz Pérez. Una novela que a unos interesó mucho y a otros no. Novela histórica, como un "biopic" en el cine, repasa la biografía de una persona, la de Murillo, aprovechando el cuarto centenario. Nos permitió ir a Sevilla y las exposiciones, yendo más allá del Murillo de los santos y las inmaculadas, el Murillo cotidiano. Fue interesante hacer de guía por Sevilla, aunque la ruta de El color de los ángeles es algo larga y fatigosa.


Eva Díaz Pérez en Sevilla, con El color de los ángeles. Foto de Yolanda Delgado.

En marzo, Los amores equivocados, de Cristina Peri Rossi, decepcionó un poco, algunos esperaban algo más. Casi siempre nos enamoramos de personas equivocadas.



En abril, leímos Concierto barroco de Alejo Carpentier es una novela apasionante, con un salto final en el tiempo. En el arranque, no tenemos que olvidar que se escribió antes de Cien años de soledad. 



En mayo, leímos Tea rooms de Luisa Carnés, un descubrimiento editorial de hace tres años, la recuperación de una voz femenina, comprometida con su tiempo. Sin formación ni medios económicos, con un compromiso político, se hizo un hueco. Muy interesante, una voz que merece la pena. 




Y en junio leímos La tesis de Nancy de Ramón J. Sender, la que ahora nos ocupa. 


-(P.O.) Es una obra de humor, divertida. Vamos a ver si sigue siendo actual. 

-(L.) No he podido con él, con ella. Me parece tonta y llena de tópicos.

-(L.) Hay que tener en cuenta la época en que se hizo. Me he divertido mucho. 

--(L.) Yo también.

-(L.) Una España atrasada, con los tópicos sobre los andaluces y los gitanos. 

-(L.) Crítica a España y también a los Estados Unidos.

-(L.) Nancy es muy simple, se cree mucho y luego es muy simple.

-(L.) Es tonta y prepotente, está segurísima de sus razonamientos.

-(L.) España vista por gente de fuera.

-(L.) Como introducción, el autor coloca tres pequeños  textos que nos dan algunas claves: hacer reír cosa de discretos, reír para no llorar, reír de ver como los tontos se irritan.

"Es cosa de discretos hacer reír." (Cervantes)

"Je me presse de rire de tout, de peur d´être obligé d´en pleurer." (Beaumarchais) (Me apresuro a reírme de todo, por miedo a ser obligado a llorar).

Does thou  laugh to see how fools are vexed? (T. Dekker) (¿Te ríes al ver como los tontos se irritan?)


-(L.) Se aprovecha de la amistad.

-(L.) El sentido utilitario americano, en realidad una cosa monstruosa. Nancy mantiene la farsa del noviazgo para hacer su tesis a toda costa. Luego resulta ser tan antigua como las españolas, en cuanto su antiguo novio le envía una carta y un anillo recoge su tesis y sale corriendo para su país.

-(L.)Todos se aprovechan de todos.

-(L.) ¿España sigue siendo así? No.

-(L.) Me ha gustado. La he releído. Me sorprende como el autor apunta tantas frases que se siguen diciendo. 

-(L.) Una descripción de una España que ha existido.

-(L.) No lo he acabado, me aburría, me parecía pesadísimo, me costaba cogerlo por obligación. 

Pedro Ojeda con Ramón J.Sender

-(P.O.) La nueva edición ha llegado a la 51. Está comentada para clases de español. 

-(L.) En Andalucia, les gusta mucho, les hace mucha gracia.

-(L.) Esta muy focalizada en Andalucía, no toda España es así. Es lo que más me ha cansado. 

-(L.) Nancy no se entera de nada. Es una persona extranjera, inmersa en una cultura que no entiende, pero que ella cree entender.

-(P.O.) Nancy pertenece a un tipo de americanos de cultura calvinista. No participan en bromas, no entienden el engaño, entienden todo al pie de la letra. Yo he conocido a personas como Nancy.

-(L.) Critica  a los americanos y a la escocesa que es toda una caricatura.

-(L.) ¿Pasada de moda? ¿Obsoleta?

-(L.) Los piropos la confunden, le extrañan. Me encantan los piropos, en aquella época en que podía ir una mujer por la calle.

-(L.) Me ha divertido, hoy no se publicaría así. 

-(P.O.) Los lectores actuales no son los de antes. Hay una evolución de la literatura, obras que os apasionaron en un época y ahora se os caen. Ramón J. Sender escribió continuaciones pero no son muy interesantes.

Nancy, doctora en gitanería (1974), Nancy y el Bato loco (1974), Gloria y vejamen de Nancy (1977) y Epílogo a Nancy: bajo el signo de Taurus, (1979).

-(L.) La tesis de Nancy forma algo semejante a unas "Cartas Americanas", como las Cartas marruecas de Cadalso. 

-(P.O.) Ese es el género, pero Cadalso era un intelectual que quería reformar el país. Esta es una novela más cotidiana. 

Ahora es diferente por la globalización, internet, televisión; pero los tópicos siguen funcionando y los monologuistas echan mano de ellos. Se van actualizando los chistes de siempre, esos de: eran un francés, un inglés, un alemán, un español...y un chino.

El contexto de La tesis de Nancy: Ramón J. Sender está en el exilio, en Estados Unidos, no conoce la realidad española, es profesor de universidad y recuerda como era España. Manda una estudiante suya cuadriculada: eso es así. La manda a España y elige Sevilla y la manda al mundo gitano. Parte de un disparate, pone a una extranjera que es Nancy y la coloca en un contexto muy tópico y muy extremo, quiere provocar el choque,  juega con el choque. Un grupo de gitanos cerca de Sevilla con burros...Exagera para contar lo que a él le interesa. Una caricatura de lo que él recuerda, la España de los años treinta: autarquía, pobreza. Imagina como puede estar España y hace un contraste de costumbres.

Vendedor ambulante en Alcalá de Guadaira

-(L.) Es extraño que no haya crítica social, tal vez para poder publicar, quizás se haya basado en una alumna suya y pudiera ser reconocible. 

-(L.) Crítica a los aristócratas...el marqués que le soba la rodilla y ella dice que le da masajes, que qué amable. 

-(L.) Como sin darle mucha importancia, aparece un personaje de los que llamaban "topos", españoles que llevaban ocultos desde la guerra civil, para evitar ser encarcelados o ejecutados. Dura muy poco, pues el marqués se lo lleva al cortijo, donde nadie le va a molestar, y enseguida muere...de muerte natural, suponemos. 


-(P.O.) Es un juego literario. No hay crítica por el género que adopta. Es una caricatura, hace una novela de humor, hay crítica pero no crítica política. Después de otra novela más profunda, escribe un divertimento que va a tener mucho éxito. Después de La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, una barbaridad de novela que medita sobre el ser humano, la violencia, el despotismo, prueba que sabe hacer otras cosas. En España, se ha practicado poco la literatura de humor: Jardiel Poncela, Julio Camba y su Aventuras de una peseta...

No es un humor fino, va a la caricatura: los gitanos no pueden ser más gitanos y los chistes son reconocibles, los de toda la vida. Nancy, con su mentalidad calvinista, entiende de forma literal y se consigue el humor. 

-(L.) Le dicen que está buena y entiende que se preocupan por su salud.

-(P.O.)  A una norteamericana de los años sesenta la sitúa en Alcalá de Guadaira, un pueblo cerca de Sevilla, la sociedad más machista y conservadora. 


-(L.) Lo de los tópicos me ha parecido pesado.

-(L.) Los turistas vienen buscándolos, preguntan por toros, sevillanas...(experiencia de una guía de turismo).

-(P.O.) ¿Cuál es tu experiencia? (A una lectora italiana que lleva quince años en España)

-(L.) Cuando vine de Erasmus ya entendía...

-(P.O.) Los tópicos funcionan. Hay cosas divertidísimas, tú no te lo crees, se te ha atragantado la Nancy (se dirige a la lectora que dijo no soportar al personaje). Ramón J. Sender era profesor universitario  en Estados Unidos, no solo se dedicaba a explicar literatura, también explicaba el idioma y utilizaría estas historias y construcciones lingüísticas en sus clases. Era un divertimento, no estaba tratando de hacer la gran novela. Se utiliza todavía para explicar giros idiomáticos a los extranjeros. 

Hemos vivido un curso intenso. Ahora podéis leer best-sellers (esto último dicho con guasa).

-¿Qué ha dicho? 

-(María Ángeles Merino ) No, no vamos a leer best-sellers. Apuntad,chicas y chicos, Las memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre de Ramón J. Sender. Y la última vez dijo algo de Max Aub, al loro. 

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible. 

Y, como ha publicado el Diario de Burgos, el club de lectura La Acequia coge vacaciones. Pero no nos marchamos del Palacio de la Isla sin disfrutar de  la exposición "Humor gráfico en la transición", con viñetas originales del desaparecido Diario 16. Una sonrisa al pasado. 


Después, nos tomamos algo frío en una terracita y nos despedimos hasta el curso que viene. 

Diario de Burgos

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino Moya