miércoles, 9 de febrero de 2011

El gozo del "desfacedor de entuertos"

Comentario al capítulo 1,4 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Del gozo de ser caballero: primeras aventuras de don Quijote", correspondiente al día 5 de junio de 2008.



¿Hora? La del alba sería, cómo no, cuando don Quijote sale de la venta. Gallardo, alborozado, revienta de gozo y revientan las cinchas del caballo, menuda hipérbole. Pero ha de volver a casa, debe proveerse de camisas y dineros, tal le dijo su huésped. Y otra idea le ronda por la cabeza, ha de contratar un escudero. Ha pensado en un labrador vecino suyo, pobre y con hijos. Ni hidalgo, ni rico, ni joven; pero acabamos de leer, en renglones de oro, el nacimiento del gran Sancho Panza.




¡Con qué gana camina Rocinante al acercarse a la aldea!

Parece que alguien se queja allá, en esa cercana espesura. Estupendo, el cielo le concede la oportunidad de ejercer su recién estrenada profesión. Menesterosos del mundo, allá va don Quijote de la Mancha.

Entra en el bosque y…




-Ahí estoy yo, atado a una encina.

-¿Quién habla?

-Saludo a vuestra merced, señora. Me envía un ventero y dos mozas del partido. Dicen que ahora es mi turno, que he de contarle a vuestra merced mis cuitas. Mi nombre es Andrés, pertenezco a la categoría de los secundarios con nombre, lo cual tiene su importancia. Tengo a gala el ser un personaje secundario del Quijote y, además, soy de los que vuelven a aparecer.

Mi amo, Juan Haldudo el Rico, me ata a una encina. Ya sé, señora, lo que está pensando. Tiene en la punta de la lengua la oportuna pregunta: cómo se sujeta a un muchacho de quince años, que no a una yegua, contra su voluntad, amarrándole a un árbol. Déjese de preguntas ociosas y escuche mi relato.

El caso es que me arranca la camisa, se quita el cinturón y comienza a azotarme. Por cada golpe, me aconseja que le dé menos a la lengua y vigile mejor a las ovejas. Mis propósitos de enmienda, a gritos, no me sirven para nada. Mi amo cree que me como las ovejas y le echo la culpa al lobo. Alguna me comí, pero no todas. El lobo y yo vamos a medias. Esto no lo escriba vuestra merced…




Y, de repente, aparece el caballero don Quijote,” blandiendo la lanza sobre su rostro”. Le reprocha su cobardía y le insta a coger la lanza que tiene junto a la yegua. El amo que ve aquella figura armada, arrimándole la lanza al rostro, cree llegada su última hora.



Con buenas palabras, le llama “señor caballero”, cuenta su versión. Yo soy su criado y me está castigando por descuidado o por bellaco, porque cada día falta una oveja de la manada. Y que yo digo que lo hace por no pagarme la soldada. Y dice que miento.

Don Quijote no puede soportar ser testigo de la acusación que se me hace y le amenaza con ensartarle, como a una longaniza. Le ordena que me desate y así lo hace, cabizbajo. Le ordena pagarme y me pregunta cuánto me debe mi amo y le digo que nueve meses, a siete reales cada mes.

Don Quijote hace la cuenta, setenta y tres reales, que ha de desembolsar inmediatamente si no quiere morir. No sé si la echa bien, que yo no sé de números; el Haldudo… creo que es tan iletrado como yo.





Pero le parece mucho y dice que me ha de descontar tres pares de zapatos, más un real por dos sangrías de cuando estuve enfermo.

Don Quijote echa otra cuenta, que esta sí es correcta. Le replica que no le debo nada, que si rompí el cuero de los zapatos, él rompió el cuero de mi cuerpo. Y que si el barbero me sangró estando enfermo, él me ha sangrado en sanidad.

Juan Haldudo no lleva dineros encima y pretende que me vaya con él a su casa, para pagarme. ¡Para dejarme más desollado que un San Bartolomé!


Don Quijote me asegura que no hará tal, basta con que se lo jure por la ley de caballería que ha recibido. Que no, que mi amo no es caballero, que Haldudo es rico, labrador y de Quintanar.

El loco caballero dice que cada uno es hijo de sus obras y yo le pregunto de qué obras va a ser hijo mi amo, el cual me niega lo ganado con mi sudor.

Me dice el bellaco que me vaya con él, que me pagará perfumados los reales. Y lo jura, el muy falso, por todas las órdenes de caballerías que hay en el mundo.

Don Quijote le advierte que ha de cumplir lo jurado. Si no lo cumple lo hallará, para castigarlo. Pica a su rocín y me deja solo con mi amo. En cuanto desaparece, me dice que me quiere pagar como le ha ordenado “el desfacedor de agravios”. Le contesto que andará acertado en cumplir el mandamiento del caballero, tan valeroso y buen juez.

En ese momento, asiéndome del brazo, me ata a la encina y me da tantos azotes que me da por muerto. Se burla de mi, diciéndome que llame al “desfacedor de agravios”, aunque este no lo desfaga, que le viene en gana desollarme vivo.

Al fin, me desata y me da permiso para ir a buscarle. Me parto y le juro que iré a contárselo a tan valeroso caballero. Aunque le digo que él lo pagará con las setenas, él queda riendo y yo parto llorando.

Me duele todo el cuerpo, algún día encontraré a ese don Quijote de la Mancha y le haré saber de qué sirven sus caballerescas palabras. Quede con Dios, señora amanuense.

-¿Pero no me cuentas tu aparición en otro capítulo, cuando le cantas las cuarenta al bueno de don Quijote?

-Otro día. Me esperan...


Un abrazo de María Ángeles Merino, para los que me visitáis.


Pedro Ojeda djo en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta el capítulo cuarto de la primera parte, en esta tarea de recuperación de los capítulos que no pudo comentar en la lectura general de la obra y a la que tantas cosas aporta con su estilo inconfundible. En este caso, da voz al mozo Andrés, no os lo perdáis."

lunes, 7 de febrero de 2011

Dos almas pedagógicas, Agustín y Julián, comienzan su purgatorio.

Comentario ilustrado a las páginas 20-25, del capítulo "La ciudad doliente", del libro "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias, ediciones del Viento.

Don Agustín Garrús es de los últimos que salen por los arcos de la Escalera Dorada. Aquel agujero, única oportunidad de salir.


Escalera Dorada vista a través de las rejas de la Capilla Mayor.


Al fondo, uno de los dos arcos de la Escalera Dorada.

Justo cuando lo atraviesa, escucha el estruendo de un enorme derrumbe.


Puerta de Coronería, al otro lado de la Escalera Dorada.

Empujado por la onda expansiva, va a parar a los jardines del palacio de los condes de Castilfalé. Allí queda agazapado hasta que recupera el aliento.



Palacio de Castilfalé, hoy Archivo Municipal.

Respira con dificultad, hay mucho polvo y un silencio que hiere los oídos.



Apenas se sujeta en pie, gatea hasta la iglesia de San Nicolás de Bari.



Iglesia de San Nicolás de Bari (Burgos).

Allí, sentado en los escalones de la portada, hay un hombre desfallecido. Le pregunta si él también ha salido de la Catedral. El desconocido asiente y se presenta como Julián Bayona. Don Agustín se presenta, estrecha su mano y, de repente, comienza a llorar. El buenazo de Julián le ofrece su hombro, ánimo, hemos sobrevivido, somos afortunados.

Don Agustín se lamenta, no tiene salvación, es "una pieza de caza de los fascistas". Confiaba en que don Cosme Herrera tuviera razón y existiera un paso al Purgatorio. Pero están en una calle de Burgos...



El confesionario del Penitenciario, en la capilla del Cristo, de la catedral de Burgos. Recordemos que el personaje de don Cosme Herrera era canónigo y penitenciario.

Julián está en la misma situación y así se lo manifiesta, ya son amigos. Se oyen detonaciones, deben esconderse. La iglesia de San Nicolás no tiene puerta, las bóvedas ha sido derrumbadas y entre los cascotes duermen algunas personas. Bayona no entiende nada, la ruina debía ser muy antigua porque entre los escombros hay vegetación. Hace muy poco que pasó por allí...estaba intacta.


Afortunadamente la iglesia de San Nicolás de Bari no está en ruinas. No muy lejos, podéis encontrar estas ruinas del convento de San Francisco. No contaba con las cigüeñas.

El muro testero está milagrosamente en pie, con el gran retablo de piedra. Junto al sagrario, un niño desnudo casi adolescente, les lanza miradas hostiles.


Retablo en piedra (Francisco de Colonia).Iglesia de San Nicolás de Bari (Burgos).

Don Agustín va a decir algo al crío desarrolladito del sagrario; pero alguien lo empuja y lo aparta de allí. Es un hombre manco, barbudo, con vestimenta frailuna. Lleva en la mano un candil y alumbra los rostros del catedrático y del relojero. Julián, retrocede al principio, pero termina por encarársele . El de la cogulla se muestra indignado, qué desagradecidos con quien les ha salvado de un peligro mortal. Impaciente, les pregunta si son nuevos y añade una alusión genital más tabernaria que conventual.


Fraile con su túnica con capucha, llamada cogulla.

¿Nuevos? Acaban de atravesar la Escalera Dorada. El manco, al oír lo de la escalera, saca la conclusión de que son unos temerarios intrusos. Julián se atreve a preguntar por la iglesia caída y por el joven desnudo, el cual resulta ser un ángel que ha de velar el sagrario. Pero no es un ángel angelical sino un ángel con malas pulgas, en un puesto de castigo.


Ángel en el exterior de la catedral de Burgos.

Ya tienen rotos todos los esquemas cuando un sepulcro se hincha y estalla. Cuerpo a tierra para esquivar los cascotes. El manco rebusca entre los huesos , levanta una calavera sin mandíbula inferior, revuelve restos de ropas y escupe con desprecio. Es lo que pasa con los pocos que quedan sin profanar, se llenan de gases y revientan.


Esta sepultura rota no es de San Nicolás de Bari, afortunadamente. Pertenece al cementerio de peregrinos de San Amaro, en la otra punta de la ciudad. Ignoro la razón de que esté así.

Salen al exterior y el espontáneo guía les anima a impregnarse con los orines de murciélago que lleva en una cantimplora. Es la única protección, les informa. Y han de encomendarse al buen ladrón.


El buen ladrón, Dimas.

El manco les exhorta, en latín, a arrodillarse. Recita una breve oración "del buen ladrón". Y a levantarse. Julián recupera un poco la alegría y pregunta, esperanzado, si es este el Purgatorio. El hombre se sonríe y le dice que si quiere llamarlo así...pero que están en la Ciudad del Gran Rey.

Seguiremos los pasos de estas dos almas pedagógicas: don Agustín Garrús y Garrús, catedrático de volapuk, y Julián Bayona, relojero e improvisado maestro de su pobre sobrino. ¿A dónde les conduce el pseudofraile manco?

Un abrazo de María Ángeles Merino, para los que pasáis por aquí.

Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta la periperica inicial en el Purgatorio de don Agustín Garrús y de Julián Bayona, dos personas que aparentemente no tienen nada en común pero sufren igual paseo por este mundo. No os perdáis las ilustraciones que sitúan el argumento en su espacio."

viernes, 4 de febrero de 2011

Rodrigo Gorostiza descubre la locura de unos jóvenes que se apuntan a una sangrienta excursión.

Comentario a parte del capítulo 5 , "Camino del Purgatorio" , de la novela "Inquietud en el Paraíso", de Óscar Esquivias.

Creo que soy el único burgalés que durmió de un tirón aquella noche de julio de 1936. Amanecí ignorante de la convulsión que había sufrido mi ciudad y toda España.

Abro la ventana de mi cuarto y veo una larga cola de muchachos que sale del Seminario. Una algarabía de voces jóvenes, como si hubieran acabado las vacaciones.




Actual facultad de Teología de Burgos, la cual albergaba, en 1936, el Seminario Mayor San Jerónimo.

¡Cielos! Unos mocetones invaden las duchas, mostrando con naturalidad su mitológica desnudez. No, éstos no son mis melindrosos compañeros de fatigas teológicas.



Cuando uno de ellos me pregunta quién soy, me pasa por la cabeza aquello de “Yo soy aquél que, cuando Amor me inspira…” Pero no, qué vergüenza, ante un chico desnudo… Al presentarme como seminarista, de pequeñajo me ascienden a padre, para acabar en hermano. Me dice que estamos en guerra. Al parecer, nos hemos levantado en armas y ya no hay república. ¿Nos hemos levantado? ¿Quiénes nos hemos levantado? Me asegura que el día de Santiago el general Sanjurjo entrará en Madrid, como el apóstol, en un caballo blanco, para ser nombrado jefe del Estado.


Sanjurjo sería el nuevo Santiago.

Los mocetones son requetés navarros, van a partir hacia Somosierra para enfrentarse a los republicanos. Alegres, parlanchines, rurales, con las mismas boinas rojas y “detentes” de sus padres y abuelos.


Un "detente".Desgraciadamente , no detenían balas.

En el comedor, doña Urraca Pastor y sus “margaritas” preparan la merienda de estos cruzados medievales, como si de una excursión de colegio se tratara.


No son estas las margaritas.

Abajo está el banderín de enganche, para los voluntarios de esta provincia, que ocupan buena parte de la calle Eduardo Martínez del Campo.




Calle Eduardo Martínez del Campo, a un lado la Facultad de Teología y, al otro, el Palacio Arzobispal. Más allá,convento de las Salesas. Es la ruta de las sotanas y las tocas...

Oigo la voz engolada de don Cosme, me dice que si quiero desayunar, he llegado tarde. A no ser que me aliste, entonces me darán un fusil y una tableta de chocolate Suchar. El padre no está nada contento con esta vuelta a las decimonónicas guerras carlistas.





Me pide que le acompañe, hemos de visitar a un héroe muerto. La bolsa de corporales, los óleos, el hisopo, la campana y la capa. He de tañir bien fuerte la campana, que con tanta bulla… Silencio, a arrodillarse y a santiguarse, los pendones abajo.



Ahora don Cosme hubiera llevado un práctico neceser como este. 

En el exterior, el mismo silencio. Pero nadie sabe apagar el altavoz de Radio Castilla, el cual da por muerta a la “República masona y marxista” y augura la toma del poder por Sanjurjo.


En el depósito de cadáveres velan unos milicianos albiñanistas muy jóvenes. Uno de ellos me cuenta que han pasado la noche de pueblo en pueblo, apoyando la sublevación. No han dudado en descerrajar un tiro en la frente a concejales del Frente Popular. Se han sentido todopoderosos, sembrando el pánico, destruyendo, siendo aclamados. Me lo cuenta como si de una excursión se tratara.

De madrugada, la Guardia Civil los confunde, por sus camisas azul celeste, con miembros de las juventudes comunistas. Y ahí están velando a un compañero de veinte años, caído de manera absurda. Les quedaba el consuelo de presentarlo como el primer mártir, pero se les adelantó un falangista llamado Julio Sáez de la Hoya, aclamado radiofónicamente como “primer héroe burgalés inmolado por la patria”. El falangista se adelantó al albiñanista.


Calle Julio Sáez de la Hoya, una calle de Burgos como cualquier otra. 

El cadáver acribillado no tiene nada de heroico, con sus ojos saltones y su boca abierta.

Don Cosme no puede hacer más que rezar, rocía el cuerpo del albiñanista, recita el “asperges me” y se queda en silencio, desolado.

Entran unas mujeres que, sin ningún miramiento, arrojan al suelo las banderas ensangrentadas que lo cubren y se ponen a lavar el cadáver desnudo, escurriendo esponjas. Ahora, el joven parece un héroe de mármol. Le ponen un paño entre los genitales y recuerda a un Cristo yacente.



Nos vamos, no hay nada que hacer allí. Don Cosme está seguro de que habrá muchos más héroes. Le pregunto qué va a pasar y se encoge de hombros. Me contesta que “pasará lo que tenga que pasar”. ¿Y su Purgatorio?

Un abrazo de María Ángeles Merino, para los que pasáis por aquí.

martes, 1 de febrero de 2011

Imágenes burgalesas para iniciarnos en "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias.

Fragmentos del libro "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias.

¿Burgos?



Desde la calle Laín Calvo...



...hasta Huerto del Rey (Plaza de la Flora)



...está el Pasaje de la Flora







Son cinco plantas y un ático. ¿Hay otro ático oculto?

"[Diario de operaciones del comandante de Estado Mayor Diego Paisán Pampliega. Texto mecanografiado en hojas sueltas. Se conserva incompleto, con numerosas páginas perdidas y otras sucias o rasgadas. Frecuentemente el autor se refiere a sí mismo como "el comandante...`"]
...mantener como residencia definitiva el lugar al que llegamos azarosamente y que nos viene sirviendo de refugio, cuya descripción detallada se procede a realizar...piso ático de una finca de seis alturas, situado en la calle de Laín Calvo, con ventanas a esta vía y a su opuesta, la plaza de Huerto del Rey, y también el patio de luces que se abre sobre el llamado pasaje de la Flora, callejón público que atraviesa todo el edificio y sirve para el tránsito peatonal entre las vías arriba mencionadas (denominamos las calles, pese a la evidente inexactitud, con los nombres burgaleses, ya que desconocemos los oficiales en este país)...



General Sanjurjo.

"...el comandante ha drigido a los hombres una alocución patriótica en la Sala de Banderas en la que se ha encarecido la importancia de la misión y como el alzamiento militar puede depender del pronto hallazgo del general Sanjurjo"


Vista de Burgos desde el cerro de San Miguel.

"...También ha subrayado que la población en la que se hallan, aunque de caserío similar al de Burgos, no es la gloriosa ciudad castellana sino territorio ajeno y hostil..."


Confesionario del Penitenciario, en la capilla del Cristo, en la catedral de Burgos.

"... probablemente el Purgatorio o sus aledaños, donde rigen usos peculiares que sólo el Rvdo. P. Cosme Herrera, una vez restablecido, podrá explicar..."


Arroyo Cardeñadijo, junto al puente Bessón. el del Instituto. Un poquito más allá, desemboca een el Arlanzón.

"Le despertó el frío y un dolor profundo en el pecho. El seminarista Rodrigo Gorostiza se encontraba aturdido, con sensación de estar enfermo y sin fuerzas...Tardó en darse cuenta de lo evidente: no veía nada...Tanteó y se dio cuenta de que el barro en que estaba acostado pertenecía a una acequia que se abría en mitad del suelo, por donde fluía un arroyuelo"


Detalle del sepulcro del arcediano Fernández de Villegas (catedral de Burgos)

"Rodrigo se fue serenando y consiguió ordenar sus recuerdos...Recordaba al padre Herrera de rodillas, rezando ante el sepulcro del arcediano Villegas...Entonces comenzaron a sucederse los fenómenos.
Primero, el libro de piedra que don Cosme había arrancado del sepulcro cambió de aspecto..."




"De repente, como si se tratara de un juego de magia del padre Pintado, había adquirido la apariencia de un libro real, con sus tapas aterciopeladas de color rojo"




Cimborrio de la Catedral de Burgos, en el crucero de la misma.

"El libro estaba en el suelo y parecía dotado de movimiento...Al igual que un pájaro despistado o una polilla encerrada en un farol, buscaba una salida sin lograrlo: chocaba con las verjas de las capillas, se elevaba y se atizaba contra las claves de la bóvedas, daba círculos en el crucero sin hallar un hueco que le permitiera escapar"


Escalera Dorada engalanada en Semana Santa.

"¡Señala la Escalera Dorada!-exclamó don Cosme.
La escalera estaba abarrotada por el público que trataba de huir."



Catedral de Burgos deconstruida.

"El pánico era general, parecían náufragos en un barco que se estuviera yendo a pique"


Escalera Dorada borracha de flash.

"De repente, la escalera se inflamó como si estuviera construida con carbones encendidos."


Fuego del que sí quema.

"-¡Es el fuego que purifica, pero no abrasa, comandante! ¡No tema ninguna quemadura! Las llamas son la frontera del Reino de Dios, es lo primero que encuentra el alma cuando abandona el cuerpo...
"Aquí vamos a morir todos", pensó Rodrigo al tiempo que corría hacia la Escalera Dorada...Los pies se le volvieron de plomo...Sentía que se sofocaba, que no podía resistir el calor.
Después de esto, ya no recordaba nada."


Los textos están extraidos de las páginas 11-20, del primer capítulo "La ciudad doliente", de la novela de Óscar Esquivias: "La ciudad del Gran Rey", ediciones del Viento, segunda edición, diciembre 2006.

Un abrazo de María Ángeles Merino, autora de todas las fotos, excepto la del libro rojo y la del general Sanjurjo, evidentemente.