Una que Sanchico se sabe, tan pronto es Abejita, Sor Austringiliana...Aquí tenéis a la Sor, aunque parezca Santa Rita de Casia.
Ele Bergón dijo...
Pero cuántos disfraces tiene el tal Ginés de Pasamonte, así que también es el del mono.. Se parece a una que me sé yo que anda llamándose Abejita, Sor Austringiliana, el primo, Doña Cristina y unos cuantos más y es que todo por aquí es disimular. Parece que mi padre vuelve otra vez a tener burro y digo yo ¿ pero de dónde ha sacado semejante animal? De todas las maneras no tiene mucho cuidado con él, pues a la primera de cambio, zas, le desaparece.
El burro que le adjudican a mi padre es como el amor, no sabes ni cómo y por qué, aparece, pero también desaparece y cuando estás más tranquilo, pues vuelve y además te pones contento, porque si no lo tienes es como si te faltara algo. Yo no quería enamorarme este curso pero es que las pibitas están tan buenas....Me gusta,me gusta la del kiosko. Tranquilos troncos que de momento sólo nos miramos.
No sé que le pasa al Alonso, parece que está algo dolido, y habla mucho de afrentas. ¿Quién le habrá hecho daño? Para daño, daño el que ha recibido mi padre por ponerse a rebuznar ¿ a quién se le ocurre? Pues sólo a él. Es que no escarmienta, como yo con eso del enamoramiento.
Si ya están cerca del Ebro, llegarán pronto a Zaragoza ¿no? Para eso dicen que se iban de viaje. No sé, no sé, algo no me cuadra.
Don Quijote y Sancho en una tienda de "souvenirs", en Burgos, en la plaza del Rey San Fernando, junto a la Catedral.
Tercera parte del comentario al capítulo 2, 27 del Quijote publicado en "La acequia"
Comienza el discurso, se presenta como caballero andante que toma las armas para defender a necesitados y menesterosos.
Les dice que conoce la causa que les mueve a pelear armados y, tras haberlo discurrido, llega a la conclusión de que están equivocados, al sentirse afrentados. Que les quede claro que ningún particular puede afrentar a un pueblo entero. Y toma un ejemplo del viejo romance del cerco de Zamora: el que retó a todos los zamoranos porque no sabía que el asesino del rey era sólo Vellido Dolfos. Retó a todos y no se conformó con los vivos, también implicó a los muertos. Y a las aguas, a los panes y…a los no nacidos.
Y qué bien dice nuestro caballero eso de “cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre, ayo ni freno que la corrija”.
Que sepan que uno solo no puede afrentar a un pueblo entero, que no hay razón para vengar esas afrentas. Y suelta un rosario de motes que se han colgado a algunos pueblos de España: los de la Reloja que parió relojes son de Espartinas, cazoleros los vallisoletanos, ballenatos los madrileños, etc. Y si todas las localidades rebautizadas tuvieran que vengarse de apelativos con mala leche…Lo de cazoleros, no salió de los de Burgos ¿o sí?
Para don Quijote, sólo por cuatro cosas han de tomarse las armas: la primera, por la fe católica; la segunda, en defensa de su vida; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, sirviendo al rey, en guerra justa. En defensa de la patria, sería la quinta. A estas cinco se pueden añadir otras justas y razonables, que no sean tontunas.
Y la venganza siempre es injusta, que el mandamiento divino nos ordena hacer bien a nuestros enemigos y amar a los que nos aborrecen. Mandamiento difícil pero no imposible, puesto que lo mandó Jesucristo; el cual dijo que su yugo era suave y, como Dios y hombre verdadero, no pudo mentir.
Ante estas palabras, Sancho proclama que si su amo no es teólogo, lo parece mucho. Aprovecha don Quijote para descansar un poquito; pero ahora el sermoneador es Sancho, que va a dar su discursito, no va a ser menos.
Su señor don Quijote es un hidalgo muy prudente, que sabe lo que sabe un bachiller más lo que sabe un buen soldado. Y las leyes del duelo las tiene en la uña, así que a obedecerle tocan.
Y tiene la ocurrencia Sancho de recordar como, de muchacho, rebuznaba con gracia y salero, tan propiamente que le contestaban todos los burros del pueblo, los de cuatro patas. Y para demostrarlo, se coloca la mano en las narices y rebuzna tan reciamente que los valles retumban. En qué hora lo hace, porque hay uno que se lo toma a burla y le arrea, con un palo , tal golpetazo que besa el suelo.
Don Quijote quiere vengar a su escudero, pero no puede con tantos, es imposible. Llueve la sopa de arroyo, amenazan las ballestas y arcabuces. Y, arre arre , huye a galope, a todo el galope que permite el pobre Rocinante, pidiendo a Dios no ser traspasado por alguna bala que le produzca un mortal boquete.
Los enemigos se contentan con dejarlo huir, sin dispararle. A Sancho lo colocan en su jumento y lo dejan ir. El rucio sigue a Rocinante, sin que su amo intervenga. Don Quijote, a una distancia más que prudente, le espera, viendo que no van detrás.
Los del escuadrón esperan a los del otro pueblo, hasta la noche. Se vuelven a su casa, al no haber fichado, en el campo de batalla, sus enemigos. Si fueran griegos, de los antiguos, levantarían allí un monumento que conmemorase la huida del enemigo.
Segunda parte del comentario al 2, 27 del Quijote.Publicado en "La acequia"
De repente, el titiritero desaparece. Maese Galeote: ¿volverás algún día? ¿Acaso adoptarás, en un próximo capítulo, una tercera personalidad?
Vuelvo a ser María Ángeles Merino y vuelvo con don Quijote que sale de la venta y decide que todavía falta mucho para las justas de Zaragoza. Como dispone de tiempo, determina ver las riberas del río Ebro.
El 10 de julio sube a una loma y desde la cumbre ve a más de doscientos hombres armados hasta los dientes: lanzones, ballestas, partesanas, alabardas, picas, arcabuces y rodelas. ¿Algún Tercio Viejo? No, a juzgar por las extrañísimas banderas. En una de ellas, está pintado un burrito, con la lengua fuera, en actitud de rebuznar. Su leyenda dice: “no rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde”.
Deduce don Quijote que aquella era la gente del pueblo del rebuzno y se lo cuenta todo a Sancho. Recuerda a aquel muchacho, el que llevaba tanta prisa, cargadito de armas. Le habló de dos regidores y no de dos alcaldes. Sancho no da importancia al detalle, que el que empieza de regidor suele trepar hasta la alcaldía. Y tan dispuesto al rebuzno puede estar el alcalde como el regidor. Tan burro puede ser un alcalde como un concejal, o más. ¿No estarán pensando en alguien concreto? Yo, no…Dios me libre.
Más tarde se enteran de como el pueblo sale a pelear con el otro porque se burla de él, tomándole a chacota más de lo que es razonable entre buenos vecinos.
Va acercándose a ellos don Quijote, con gran disgusto de Sancho, poco amigo de estas situaciones, en las que sus doloridos huesos podrían salir mal parados. Los del escuadrón lo recogen como a uno de los suyos y nuestro caballero andante se coloca al lado del pollinesco estandarte, rodeado de los más principales del extraño ejército; los cuales le miran como se suele mirar al de la Triste Figura, por primera vez.
El silencio reina y don Quijote lo aprovecha para dirigirse a estos “buenos señores”. Les suplica que no le interrumpan su razonamiento, si sus palabras son motivo de disgusto o enfado, pueden hacer una señal y él callará.
Todos le dicen que dijese lo que quisiese, que le escucharían. No saben lo que les espera, si estuvieran aquí aquellos pacientes cabreros ¿os acordáis? Salían corriendo, sin preocuparse de sus cabras, seguro.
Comentario al capítulo 2,27 del Quijote, publicado en "La acequia"
Saludo a todos los que pasáis por aquí. De momento voy a hablar con mi propia voz, la de María Ángeles Merino. Tal vez luego se la ceda a algún secundario, quién sabe. Me han llegado noticias, desde el limbo de los secundarios, con las quejas de uno de ellos, que además aparece con tres personalidades diferentes. Y no soporta que, estando él presente en el 2,25 y en el 2,26; haya elegido yo la voz del “primo” para narrarlo, siendo él parte tan importante, en los dos últimos capítulos.
Comienzo a leer el capítulo 2,27 y me encuentro a un Cide Hamete que jura ¡como “católico cristiano”! ¿Ha renegado de su fe? No, un musulmán jamás.
Cuando Cervantes toma la pluma para escribir este juramento, está llenito de alifafes, sabe que su muerte no está lejos, traspasa su cansancio vital a la obra y, de manera evidente, a su don Quijote. Esos “así es la verdad”, “así es” ...a secas.
Este Cervantes apagado se espabila a si mismo y, de paso, lo hace con los lectores, ahí nos arroja un Cide católico cristiano. Una vez escrito, ¿cómo sale del berenjenal? Lo hace por un camino tortuoso: Cide Hamete ha de decir verdad, sobre el Maese y su mono adivino, de la misma manera que lo haría un católico, obligado por su religión, a no mentir en sus juramentos. ¡Acabáramos!
A continuación, nos invita a retroceder hasta los capítulos del primer libro y recordar a aquel Ginés de Pasamonte, liberado por don Quijote con otros galeotes, en Sierra Morena. Recordad, aquella “gente maligna”, que apedreó a su libertador. Y ¿qué veo? ¡Cielos! ¡Está aquí, al lado de mi ordenador! ¡Va vestido todo de gamuza y con su mono adivino, encima de los hombros! Ya decía yo que la cara del titiritero me era familiar. Me hace señas, desea utilizar este infernal artefacto. Será mejor permitírselo…
Siéntese, siéntese, vuestra merced. Escriba lo que desee, que yo no le pondré impedimento alguno. Ya he dado voz a unos cuantos secundarios; recuerde a Tomé Cecial, a doña Cristina, al primo del licenciado…
¿Secundario dice, amiga mía? Principal de los más principales. Sepa, mujer amanuense , que mi nombre es Ginés de Pasamonte. Ese hidalgüelo, el caballero andante resucitado, tiene la desfachatez de apodarme Ginés de Parapilla. Aunque la culpa no es suya, es de ese Cervantes, ése que moja la pluma y la desliza sobre el papel. Que advierta, el signor Miguel, que su biografía no está exenta de ciertos asuntillos que le hicieron dar con sus huesos en la cárcel. Así que, no hay ningún Parapilla aquí, que todos somos mitad pillos, mitad santos.
Lo confieso, fui yo el que hurtó el rucio a Sancho Panza. El de la pluma no puso” el cómo ni el cuándo”. Tal vez fue falta de memoria del autor, tal vez fue falta de imprenta, no lo sabemos. Aquellos impresores que trabajaban para Juan de la Cuesta tendrían mucho que decir aquí.
Lo más extraordinario del robo fue la traza y modo que usé: le saqué el rucio de entre las piernas, mientras dormía como un bendito. ¿No me creen? Pueden creérselo, el secreto está en la agilidad de mis dedos habilidad, adquirida cuando la necesidad me obligó a extraer las bolsas de monedas de muchas incautas faltriqueras. Como Brunelo sacó a Sacripante el caballo de entre las piernas, así lo hice yo. Como ven, aunque no soy tan erudito como el primo aquel, tengo mi cultura humanística y conozco la obra de Ariosto. Aunque haya acabado de titiritero, fui estudiante en Salamanca ¿No me creen?
Ya, ya sé que tengo fama de mentir como un bellaco…Incluso compuse un gran volumen contando mis hazañas, que algunos llaman bellaquerías y delitos. Fui perseguido por la justicia y determiné pasarme al reino de Aragón., donde no se podían aplicar las sentencias dadas en Castilla. Como ven, soy un “perseguido por causa de la justicia”, soy uno de los que el Maestro llamó bienaventurados.
Me cubrí el ojo izquierdo y un viejo titiritero me enseñó su oficio y, al morir, me dejó su retablo con sus títeres de pasta. Ya saben: el rey, el príncipe, la princesa, el rey moro…Se me dio bien este oficio , que en lo de “jugar de manos” ya tenía yo el doctorado.
¿Y el mono? El mono lo compré a unos ex cautivos que venían de Berbería. El animalillo estaba sin amaestrar, la emprendía a mordiscos con todo el que se acercaba. Con paciencia, y algún coscorrón, conseguí convertir al salvaje en doméstico y enseñarle que, ante cierto gesto mío, se subiese en mi hombro y simulase que me murmuraba al oído. Pero el mono ha de parecer adivino y, para eso, yo me informo, previamente, de lo sucedido en el lugar y a qué personas. Con la ayuda de estas pesquisas, todos creen en la capacidad adivinatoria de Melisendro, que así llamo yo al mico.
Lo primero que hago es mostrar el retablo, con la historia de Gaiferos o con otra de mi repertorio, ninguna triste ni desconocida. Después de los títeres, propongo las maestrías del simio, anunciando que adivino el presente y el pasado, mas no el futuro. No deseo yo problemas con el Santo Oficio. Aunque por la consulta cobro dos reales, rebajo el precio según calibro yo a los preguntantes. En ocasiones, demuestro saber los sucesos de quien no ha preguntado ni pagado, con lo que gano fama de infalible y mis bolsas están llenas a reventar.
En cuanto a don Quijote y Sancho, los reconocí enseguida, al entrar en la venta. Y, como sabía de qué pie cojeaban, me fue fácil ponerles en admiración. Qué cara puso don Quijote cuando dije aquello de “resucitador insigne de la ya puesta en olvido andante caballería”. ¿O tal vez me reconoció? Me miraba con nos ojos…
Ya saben vuestras mercedes que estuve a punto de ser decapitado, cundo don Quijote quiso ayudar a Gaiferos y Melisendra, cortando la cabeza del rey Marsilio. Un poco más y hubiera sido yo otro títere descabezado.
"Lo cual oído por maese Pedro, cesó el tocar y dijo:
-No mire vuesa merced en niñerías, señor don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo que no se le halle. ¿No se representan por ahí, casi de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso, corren felicísimamente su carrera, y se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración y todo? Prosigue, muchacho, y deja decir; que, como yo llene mi talego, si quiere represente más impropiedades que tiene átomos el sol.
-Así es la verdad -replicó don Quijote." (Sacado del capítulo 2, 26 del Quijote)
Me sorprendía que Cervantes supiera de átomos, pregunté a nuestra mosca, doctorada en Física y, con su especial estilo, me contestó:
"Abejita, pues no sé que sabría Cervantes del átomo en particular, pero la idea de que la materia se componía de elementos indivisibles (átomos) ya era manejada por los griegos allá cuando la mili se hacía con hachas y piedrolos.
Eso sí, lo que no se podían imaginar es que un átomo se pudiera dividir, porque si no, no le hubieran puesto ese nombre"
Todo empezó el día 1 de Diciembre a eso de las 4.30 de la madrugada, cuando aún no habían puesto ni las calles. Así de dura es la vida.
La mosca tenía que viajar a Bruselas por motivos de trabajo (lo cual no quita que uno le de al ocio después), y el avión salía a las 7.15. Ya digo, ni los adoquines de la acera estaban puestos. Por lo menos, el taxista sí apareció a la hora marcada para llevarme al aeropuerto, que aún estando ahí al lado, fueron 25 euros de carrera.
Durante el vuelo, lo único destacable fue ver el amanecer desde el avión, aunque estando sentado en el pasillo era difícil hacer una foto. Así que os la tendréis que imaginar, con un sol redondo y colorao subiendo por encima de las nubes. Porque otra cosa no habría, pero en esta semana no he visto más que nubes y más nubes.
Llegué a Bruselas casi a las 10. El vuelo se retrasó una media hora, aunque no se en qué punto. Me cogí el tren que llevaba a la estación central, y de camino fui observando las diferencias entre el flamenco y el francés. Para quien no lo sepa, Bélgica está dividida en dos partes, la parte francesa, y la parte flamenca. Bruselas está en esta última, pero hablan más francés que flamenco, que no deja de ser holandés mal hablado (y que a su vez es alemán mal hablado). Bruselas es en realidad como una isla, donde se habla de todo.
Pues iba yo en el tren, e iba oyendo pasar las estaciones, y uno se da cuenta de la diferencia entre el francés y el flamenco: pasamos por la estación de "Bruselas Norte", y entonces una voz suave y aterciopelada te dice Brusel Nor, y acto seguido la misma voz se vuelve basta y te dice Brusel Nor. O Brusel Sentral y Brusel Sentral.
Desde Brusel Sentral, salí al exterior en medio de un montón de obras. El primo de Gallardón, que parece que es el alcalde de aquí. Cogí el mapa, y me di y un paseito hasta el hotel, viendo eso sí, como el Palacio de Justicia estaba lleno de andamios. Me instalé en el hotel, me disfracé de pingüino y me fui a comer (ya eran las 11 y media o similar) a una de las calles colindantes a mi hotel. Sí, a comer porque a la 1 tenía que entrar a trabajar, y no me iban a soltar hasta las 6 en principio.
Por ser el primer día uno se espera que la jornada sea más suave, pero leñes, al final nos fuimos a las 7 de la tarde, porque me tuve que "pegar" con un alemán. Él erre que erre, y yo "que te bajes de la burra", o como se diría en inglés, "guet daun of de donki". El otro colega, chipriota, parecía apoyarme, así que al final el alemán se bajó de la burra.
Un par de compañeros míos llevaban por Bruselas ya un par de días, así que nada más salir les llamé, y quedamos a las 10 en la Gran Plás, o Grote Markt, la Plaza Mayor de Bruselas, donde tienen el ayuntamiento. Antes de ir, me puse a cenar, que desde las 12 que comí, ya estaba famélico. Así que ya con chandal me fui a un restaurante donde todo el mundo estaba encorbatado. Y me pedí medio pollo, pero que era muy pequeño. Más que un pollo, parecía un pollino.
Lo más divertido de Bruselas son los idomas, no ya porque estando en la parte flamenca la mayoría hable francés. Es que te hablan lo que necesites, español incluido. Y como te descuides, te puede pasar algo como esto: - Monsieur, voullez-vous café, dessert, ...? - An té, si vu plé - Camomille, zitron, rouge, ...? - sitrón, si vu plé - ¿Eres español? - ¡Sí! - ¡Ah! Es que yo también. - ¿Y qué coño hacemos hablando en belga?
El camarero era de Barcelona, que se había ido allí a trabajar porque en España la cosa estaba imposible. Y por supuesto aprovechó para preguntar por el Madrid, que justo había perdido contra el Barça el fin de semana anterior.
No le dejé propina.
Y me fui a la Gran Plás paseando. Llegué a una calle donde estaba esta hermosa iglesia, en cuya pared se podía leer Putterie/Putterij
Como avanzadilla, mis compañeros ya habían reconocido el lugar y habían fichado un garito con un nombre ideal para nosotros: "Le Roy de Espagne", un bar con una amplia selección de cervezas de todos los gustos y colores, y una buena vista sobre el ayuntamiento en la plaza, que estaba decorado con luces y musica. Yo me tomé la que sabía a jugo de gomibaya, y brindamos por el Duque de Alba, personaje muy querido por los belgas. Y también por la Duquesa, que esa sí que acojona.
Antes de irme al hotel, aproveché para ver el Maneken Pis, el niño meón. Y con eso terminó el primer día. Al día siguiente, la reunión comenzó a las 8.30, y nos extendimos hasta las 6, con descansito a las 12 para comernos unos sandwiches. A la salida estaba lloviendo. Esta vez me fui a cenar con mis compañeros, al otro lado de la ciudad. De camino al hotel para que ellos se cambiaran, aprovechamos para ver a la hermanita del Maneken Pis, Jeaneke Pis, que un escultor hizo allá por 1985, y que se halla medio perdida en la Impasse de la Fidelité, un callejón sin salida donde hay un par de tugurios de chunda-chunda. Tras la cena, comenzamos nuestra romería al "Roy de Espagne", donde habíamos quedado con otro compañero que había llegado ese mismo día. Y luego nos fuimos a otro bar al lado, donde servían una cerveza con sabor a cereza, y además tenían a uno tocando y cantando en directo. Nos fuimos prontito a la cama, que al día siguiente era el último día de reuniones.
De nuevo, reunión de 8.30 a 6. Pero eso sí, con la alegría de haber terminado y cumplido. De nuevo a cenar, y de nuevo, romería por el Roy de Espagne, y el bar de la cerveza sabor cereza. Y esta vez éramos 5, porque se unió a nosotros el quinto español que estaba por allí. Al día siguiente no había que madrugar tanto, así que la noche la alargamos más de la habitual. Dio tiempo a ligar y todo, oigan. Yo pidiendo un par de cervezas, y un belga que me empieza a preguntar que de donde soy. Que qué hago aquí. Que este bar mola un huevo. Que él venía de Charleroi, a 45 minutos, con su amigo porque la sociedad bruseliense... bruselina... bruselitana... bruselana ... (¿alguien sabe cual es el gentilicio de Bruselas?) es muy abierta. Lo cual ya me hizo sospechar que estaba ligando con un par da gays, para mofa y cachondeo de mis cuatro colegas de trabajo. Pero muy simpático el chico este.
Y luego se nos unió un tipejo de Asturias, de sesenta y tantos años, que decía ser presidente de un empresa importante, y que debía estar más sólo que la una y le iba soltando su rollete a todo el que se pusiera a tiro. Total, que la una y pico me dieron cuando llegué al hotel.
A la mañana siguiente, había que acudir al trabajo para formalismos, poner en común conclusiones y tal... pero no era muy importante. A las 11, en medio de un descanso aproveché para huir descaradamente junto con el chipriota, y no sin antes intercambiar el teléfono con él, que también se iba a quedar un par de días en Bruselas. Y con esto, me fui al aeropuerto a esperar a la arañita, que a esas horas estaba buscando su puerta de embarque.
La arañita viajera se viene a Bruselas
La arañita se levantó prontito el día 4, aunque para ella sí había dado tiempo a poner los adoquines de las calles. Y se fue al aeropuerto en metro, con lo que no le metieron una clavada en el taxi como a la mosca.
Llegó a la facturación, y se encontró con una cola más larga que un día sin pan. Menos mal que no llevaba equipaje, y se apañó entonces con las máquinas automáticas para obtener la tarjeta de embarque.
Pasó por el control, y como no, pitó. Es la costumbre, pitar en la máquina sin saber por qué. Así que fuera zapatillas, y además cacheo. El kit completo.
Bajó a las puertas de embarque y tras un par de vueltas, encontró por fin la suya.
El vuelo, movidito con las turbulencias.
Una vez en el aeropuerto, se puso a seguir los carteles de "exit/sortie/uitganag/ausgang", y a seguir a la gente, que básicamente, íba al mismo sitio. Y anduvo. Y anduvo más. Incluso, hasta andó. Y al final, tras media hora, salió por la puerta de salida, donde había una mosca esperándole a ella.
Venía la arañita desfallecida, porque con la tontería ya eran las 3 de la tarde, así que se comió un trozo de pizza en el aeropuerto, justo al lado de una pequeña estatua de Tintín y Milú. Habíamos reservado hotel cerca de un bosque y unos lagos, pero que estaba a las afueras de Bruselas, por lo que tuvimos que ir hasta el final de linea del metro, y además andar un cuarto de hora hasta llegar al hotel. Pero merecía la pena. Nos dieron una habitación con una terraza con vistas al bosque, en la segunda planta. Al lado de la casa de los Monster. Ya era tarde, y no nos apetecía volver al centro, así que cuando el chipriota llamó a la mosca para quedar para cenar, hubo que declinar la invitación. Nos fuimos a cenar al restaurante del hotel, muy lujoso hay que decir. Es la primera vez que me piden el abrigo al entrar.
El camarero era muy simpático y divertido. Hablaba mezclando francés, con inglés, y con italiano. Así que en un momento dado ya le decimos - ¡Italiano! y el nos responde: - Espagnolo!
Así que ya quedó claro que si nos hablaba en italiano le íbamos a enteder sin problema.
Y tras una opípara cena, en la que la arañita por fín pudo comerse unos caracoles(un antojo que tenía desde que nos fuimos en 2006 de viaje por media Europa y que algún día deberíamos relatar), nos fuimos a dormir, que al día siguiente nos íbamos de ver Brujas.
Salimos del hotel tras desayunar, y estábamos esperando el tranvía. Llegó un hombre soltando improperios en francés y señalando su móvil.
- Yo no compré pan... English?
Y entonces ya nos contó en inglés que necesitaba hacer una llamada, y estaba sin batería. Que si podíamos dejarle nuestro móvil para que metiera su tarjeta. Así que la mosca le dejó su móvil, e hizo la llamada. El hombre no sabía como agradecerlo, así que lo que se le ocurrió fue acercarnos al centro en coche. Lo cual nos vino muy bien, porque habíamos perdido un tranvía, y pasaban cada media hora. Fuimos charlando sobre lo simpáticos que son los belgas, cómo en seguida te hablan en el idioma que sea, e incluso te llevan al centro como agradecimiento. Muy simpático el hombre, que nos dejó en una estación de metro.
Del metro fuimos a la estación del mediodía (gare de midi ó Zuidstation) donde compramos los billetes para Brujas, Brugge , o Brugge. El tren sale cada media hora, y tarda 50 o 60 minutos en llegar.
La peculiaridad de los trenes en Bélgica es que tienen primera y segunda clase. La primera va casi vacía, y ahí nos subimos a pesar de que nuestro billete era de segunda. Conscientemente, lo reconozco. Se subió también uno que a las 12 de la mañana ya iba borracho, e iba montando el pollo. Gritaba y tal. Venía preguntando si hablábamos francés. Y cuando le respondí que no, me dijo algo así como "¿Cómo que no, si me has respondido", momento en el cual te olvidas de que hablas otros idomas para responder en un perfecto castellano "No hablo francés", que no deja de ser un eufemismo que en realidad quiere decir "Vete a tomar por donde amargan los pepinos"
Y luego vino el revisor, momento en el que nos hicimos los despistados: - ¿Segunda? ¿Esto es primera? Anda, que no es aquí.... ¿y donde dice que es segunda? ah... gracias, gracias...
Y con nosotros, varias parejas más de turistas (casi todos españoles por cierto). Y llegamos a segunda, y entonces es cuando uno se pregunta: ¿Y cual es la diferencia con primera?
Porque los vagones son iguales, los asientos son iguales, incluso la mesita entre los asientos es igual. Así que en los trenes hay unos pocos vagones de segunda llenos hasta los topes, y un par de vagones de primera que van vacíos. Una tontería que no acabamos de comprender.
Llegamos a Brujas sobre la 1 de la tarde, y ¡NOTICIA! Estaba luciendo el sol. Pero poco duró la alegría, porque mientras nos comíamos un lenguado, y una carbonada flamenca (un estofado de ternera hecho con cerveza del país), comenzó a llover. Y ya no volvimos a ver el sol.
Brujas es muy bonita, con sus canales, y sus calles, y sus turistas, y sus tiendas de bombones. Lástima de tiempo, que estuvo que si cae, que si no cae. Y el frío.
De vuelta, en el tren nos subimos directamente en segunda clase. Y quedamos con el chipriota en la Grand Place para dar una vuelta por el centro. Él se traía a su chica, que al igual que la arañita, no hablaba inglés.
Llegamos a la estación central, y bajamos a la Grand Place andando, mirando tiendas de bombones, y visita a la Jeaneke Pis. En la plaza, el ayuntamiento estaba con sus luces y su música. Nos quedamos mirando el espectáculo mientras esperábamos al chipriota y su novia, llegando a la conclusión de que, al contrario de como hace en Madrid Gallardón, no es cuestión de poner muchas luces, sino de ponerlas bonitas:
Justo al acabar el numerito, nos encontramos con el chipriota y la novia, que resultó ser letona. Ellos se entendían en ruso, porque ella no hablaba ni inglés, ni griego. Y por aquello de la costumbre, les convencimos para ir al "Roy de Espagne" a tomarnos unas cervezas. Una de gomibaya para la mosca, un chocolate caliente para la arañita, y nuestros acompañantes intentando descifrar cual era la cerveza negra. Menos mal que la arañita estaba ahí para aclararlo, y eso que ella no es bebedora, precisamente.
De ahí nos fuimos a cenar. Hay un par de calles llenas de restaurantes para turistas: se reconocen porque los camareros te avasallan mientras pasas para intentar que entres en su restaurante. Y por supuesto, te hablan en lo que haga falta. Ruso incluido. También se reconocen porque tienen terrazas al aire libre, aunque esté lloviendo y haga frío.
Finalmente, entramos en un restaurante que ya conocía el chipriota, y que era un restaurante no tan turístico, aunque famoso por sus mejillones. En realidad, en todas partes ponían mejillones. Nosotros nos los comimos con queso gratinado, y una salsa con mucha mantequilla. Muy ricos.
Y de ahí, ya nos fuimos todos a los hoteles a dormir. Nuestros compañeros se habían olvidado el billete de metro en el hotel, así que se colaron. Es lo que tiene Europa: que te puedes colar en todas partes, y el revisor casi nunca aparece. Eso sí, el día que aparezca, la multa tiene un par de ceros, como minimo. Aunque siempre puedes hacer como que no hablas el idioma, y usar uno que sea bastante improbable que el revisor sepa, como el ruso. Así que en caso de venir, con ir diciendo eso de "Ni panimaio, ya ni gabarit pa angliski" igual hubiera colado.
Al día siguiente, cogimos el tranvía, y nos hicimos la línea entera desde el sur hasta el norte, donde está el Atomium. Es una estructura que se construyó en 1958 por la Expo mundial. Reproduce la estructura básica del hierro, con 9 átomos (ocho en las esquinas de un cubo, y uno en el centro), y desde fuera está curioso. Desde dentro en cambio, es un timo.
Son 9 euros por entrar (pro person), pero dentro no hay nada interesante que ver. Más aún, todavía no sabemos por qué pagamos, si a la entrada nadie nos pidió el ticket. Que si nos hubieramos colado, eso que nos hubieramos ahorrado. Como en el metro. O el tranvía. E incluso el tren para el aeropuerto.
Volvimos con esta sensación se haber sido timados al centro de Bruselas, mientras arreciaba una lluvia y un viento que de vez en cuando le daba la vuelta al paraguas. Una vista rápida al palacio real, y al centro, a ver si por allí no soplaba tanto. Comimos, y entonces comenzó la "operación bombón", que consistió en comprar bombones y más bombones para traer a España. Tres bolsas, tres, que nos llevamos de vuelta a España para repartir.
Y para terminar la visita, la mosca tuvo que llevar a la arañita a ver lo más típico de Bruselas: el Maneken Pis. Con tanta vuelta, aún no lo había visto, y fue lo último que vio.
Por último, Ele Bergón quería una foto de un Quijote que hay en Bruselas. Mira que dimos vueltas, pero lo más parecido que vimos fue esto: que está en la estación de metro de nuestro hotel. Si te vale, vale. Y si no te vale, mala suerte.
Fueron poquitos días, pero la arañita ha salido encantada de Bruselas, y de su gente. Además no nos detuvieron por contrabando de chocolate en el aeropuerto, lo cual fue un alivio. Y la arañita no pitó en el detector de metales.
Creo que no pensaré más en usted con el doble sentido de la palabra "primo", pues usted ha demostrado ser un excelente cronista, no tan excelente como "escribidor" de libros; pero bueno, en todo no se puede ser espléndido. El relato que nos cuenta me suena mucho..., creo haberlo leído en alguna ocasión. Cervintos o Cervantos me parece que era el nombre del autor de aquella historia, sobre un personaje muy cuerdo, al que todos tomaban por loco. Y es que, al igual que algunos pretenden ser los más ricos del cementerio, otros pretenden ver locos donde no hay más que una forma original de asumir la vida sin agobios ni preocuoaciones: vivir soñando. Usted, que desentraña y alumbra a la humanidad grandes misterios, cual esforzado humanista, conoce bien lo que le hablo.
En el relato que cuenta hoy, estoy muy de acuerdo con usted en que don Quijote no podía tolerar que la morería diera alcance a los cristianos enamorados, por ello, desenvainó su espada y, como un loco, cosa que ya convendrá conmigo que no lo era, destrozó todo el retablo del Maese Pedro ese. Nos dice que el mono tomó las de VillaDiego, él no quería que le cortaran el cuello, natural, tío o mono listo.
Veo que no pasa por alto la velada alusión a Lope el Fénix de los ingenios. Ése, no siempre representaba buenas obras, pero el personal siempre le reía la gracia: lo elevan, en vida, a los altares. El Sr. Quijote, de quien sois cronista, sabe ésto, y por odio o envidia que le ha insuflado su creador Cervantes, no pierde ocasión de "quejarse" levemente sobre este particular. Muchas de las comedias que circulan son "rollos patateros", y la gente tan contenta con esos bodrios.
Amigo"primo", ha sido un placer leerle. Que tenga suerte con la venta de sus libros: no olvide llevar a los Carrefour y similares, seguro que allí venderá muchos. Hasta otra.
Un abrazo Abejita.
No me he podido resistir a poner esta carta en una entrada. Un abrazo, Antonio.