miércoles, 15 de julio de 2009

Mi nombre es Antonia Quijana


Para las personas solteras, como yo, los sobrinos son parte importante y muy querida de nuestra vida. Don Quijote es un viejo hidalgo solterón que vive con su sobrina, Antonia Quijana, que se desespera con la locura caballeresca de su tío.

Yo también tengo una sobrina extrañadísima de ver a su tía tantas horas con el ordenador y el Quijote! ¡Mirad como contempla el libro! Algún día lo leerá...No desespero.


Introducción al comentario al capítulo VI, segunda parte, del Quijote.

Mi nombre es Antonia Quijana y soy la sobrina de Alonso Quijano, al que conocéis, sin duda, por el disparatado nombre de don Quijote de la Mancha. Cide Hamete Benengeli os ha contado poco de mi persona. Sabéis que vivo en la casa de mi tío, el hermano de mi difunta madre, en una aldea de la Mancha, que no llego a los veinte años y que siempre aparezco con mi querida ama, a la que me unen fuertes vínculos afectivos pues, aunque ese maldito libro de la imprenta de Juan de la Cuesta no lo diga, fue mi nodriza. Si mi tío cobró fama por embestir a un molino de viento, mi ama pasó a la estampa por haber emulado al Santo Oficio, quemando aquellos malditos libros de caballerías. ¡Hizo bien! De haberlos achicharrado antes, no habrían sido vendidas tantas hanegas de tierra de sembradura y no hubiera mermado mi futura herencia.

Cuando mi tío se fue por esos campos a deshacer entuertos, en compañía del monstrenco de Sancho Panza, la casa se quedó solitaria y silenciosa, sólo de vez en cuando se oía el aullido lastimero del galgo. Siempre habíamos aborrecido sus lecturas pero ¡cuánto añorábamos entonces al tío Alonso leyendo en voz alta aquello de “La razón de la sinrazón…”! Una hidalga de diecinueve años encerrada en un caserón manchego, sin más compañía y conversación que la de una mujer mayor que pasa de los cuarenta. ¡Y todo el día recordándome que “la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta"! Y, algo hago, ocupo mis horas en menear doce palillos de randas, que ya no sé qué hacer con tantos encajes… También ayudo a mi ama en los trabajos de la casa y la cocina, que la pobre mujer no puede con todo… no, ociosas no estamos ¡La envidia que siento cuando, a través de una celosía, veo a las muchachas del pueblo que van juntas al río o a la era! ¡Qué alegres suenan sus charlas y sus risas! Y soy hidalga que hidalga era mi madre…

Cosa de lástima fue oír los gritos que alzamos cuando aquel muchacho acudió corriendo a darnos nuevas de que nuestro tío y señor “venía flaco y amarillo, y tendido sobre un montón de heno y sobre un carro de bueyes”. Fueron gritos de lástima por el estado en que venía pero también eran de alegría. Ingenuamente pensábamos: ¡Ahora no se irá!

(Seguiré hablando en el comentario al capítulo VI que toca este jueves)

María Ángeles Merino


Pedro Ojeda Escudero. dijo en este blog:

Qué buen acierto dar voz a la sobrina. Cada vez miramos la obra desde más ángulos. En cuanto a tu sobrina, antes o después leerá el libro, ya lo verás.

Gracias Pedro, buscaremos más ángulos. En cuanto a mi sobrina, después, lo leerá muchísimo después...

sábado, 11 de julio de 2009

Teresa y Sancho: "Está claro que hablan de ricos y pobres pero discuten por el mando."



Luz-Sanchico y María Ángeles leen el presente capítulo.¡Atención a la entrada que publicará Pedro Ojeda el lunes !

No sé a qué tío se refiere y lo de la iglesia lo veo muy aburrido

Mi amiga Luz del Olmo (Ele Bergón para Blogger) nos envía este mensaje de Sanchico:

Ele Bergón dijo...

¡Jo! Este capítulo V lo tengo bien leído y subrayado. He buscado en el diccionario algunas palabrejas como "apócrifo". ¿ Insinúan acaso que este capítulo no es verdadero?. Pero si es el único que se ajusta a la realidad. Habla de mi familia y sobre todo habla, aunque muy poco, esa es la verdad, de mi El Sanchico, pero es auténtico, auténtico. (Bueno, dudo un poco en lo de los escudos, yo creo que no se los han gastado todos, porque la maleta la tienen muy guardada).

A lo que vamos

Mi padre y mi madre tienen una charla que después termina en bronca.

Mi padre, es verdad que parecía un concejal hablando y mi madre se lo echa en cara. Mi padre Sancho otra vez ilusionado con ire por ahí con el Alonso y la furgo y con la perra de la ínsula( cuándo se enterará que es isla,pero nada él erre, que erre)

Y así hablando mi madre Teresa Cascajo, le recuerda a mi padre que tiene dos hijos ¡Por fin! "Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales"- en ellos estoy y me temo que siempre los tendré porque nadie sigue mi historia- y es razón que vaya a la escuela - pero sí ya estoy en el "insti" que no te eneras mami- si es que su tío abad le ha de dejar hecho de la iglesia.
No sé a qué tío se refiere y lo de la iglesia lo veo muy aburrido. Ya he escrito por aquí el mal humor que me pone el que hayan querido mandarme con los curas internos a un colegio de Guadalajara. La verdad que motivos tienen pues sólo he aprobado Lenguaje, quizá gracias a vosotros, Gimnasia, Plástica y EDucación para la Ciudadanía, ypor supuesto el recro. El resto ha sido porque los profes no se explican bien que si no...Al año que viene, como repito, lo sacaré todo.

Bueno, que me desvío
De lo que sí se ocupan mis padres, como siempre es de la María Sancha, es decir, Teresica o Sanchica, preoucupados por casarla¡pero si ya tiene novio desde hace tiempo!. No se enteran que es Alberto, el guarda de seguridad del Mercamona donde trabaja.Menudo disgusto se van a llevar cuando se enteren que quieren irse a vivir juntos y que de momento de casarse nada de nada.

Yo creo que mi madre está muy enfadada porque mi padre la está pidiendo permiso para irse por ahí y ella no quiere dárselo y bueno, se lo da justo cuando dice "y digo que si estáis porfiando en tener gobierno, que llevéis con vos a vuestro hijo Sancho". Está claro que hablan de ricos y probres pero discuten por el mando.

Mi padre no quiere llevarme, pero yo tampoco quiero ir con él, porque me lo paso muy bien con mi peña y eso de ser gobernador son chaladuras del Alonso que ahora el tonto de mi padre se las cree y quiere que todos no las creamos, pero conmigo que no cuente.

Choque de manos

El Sanchico


Pedro Ojeda Escudero dice en este blog:

Qué buena forma de enfocarlo todo tiene este chaval, no me canso de decirlo. Mañana, homenaje al Sanchico, pero no con fotos, que me guardo para luego, sino con el inicio de la entrada, como debe ser.

Gracias, superprofe.


Pedro Ojeda Escudero dijo en http://laacequia.blogspot.com/en "Noticias de nuestro Quijote", 13 julio 2009:

Pero hay más cosas que sabemos ahora de Sancho: tiene dos hijos, el Sanchico y la Sanchica. Para estos sueñan ambos cosas diversas. Sancho, por encima de sus posibilidades según las convenciones sociales; Teresa en la esfera de su posición. Como muchos padres.

Y llegado aquí, no puedo menos que alabar la forma de leer el texto que ha tenido una comentarista y contribuyente habitual a nuestra lectura, Ele Bergón, que da voz de forma ingeniosa y acertada al hijo de Sancho. Desde su perspectiva podemos comprender bien algunas de las cosas de la novela y sorprendernos de los ángulos que tiene el relato leído así. Todo un acierto de Ele Bergón. Podéis leerlo seguido aquí.


También podéis leerlo seguido pinchando en la etiqueta "Un Sanchico de hoy", en este blog.

viernes, 10 de julio de 2009

Sanchico y Sanchica, hijos del destripaterrones y de la pelarruecas.


Paisaje con terrones, nubes viajeras y molinos (Camino de San Pelayo, Palacios de Benaver)

"¡Por cierto que sería gentil cosa casar a nuestra María con un condazo, o con caballerote que cuando se le antojase la pusiese como nueva , llamándola de villana, hija del destripaterrones y de la pelarruecas "



Comentario al capítulo 2,5 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada correspondiente de "La acequia".

"Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia"

“¡Ay! Este Sancho mío dice cosas tan sutiles, que mis lectores van a pensar que me he vuelto tan loco como don Quijote. Y los críticos, esos que no han escrito nunca ni una novela ni un mal cuento, dirán que mi personaje no posee “decoro”. Y no quiero cambiarlo, mi personaje se ha fortalecido, yo lo he deseado así y me divierto con su metamorfosis. Escribiré, al principio del capítulo, un párrafo. Disculpa: el ficticio traductor del texto arábigo lo tiene por apócrifo y considera imposibles tales sutilezas en un ingenio tan corto como es el del escudero. Y lo repetiré poco antes de finalizar este quinto de la segunda”. 


Algo así ha debido de razonar Cervantes al escribir este capítulo, uno de mis favoritos porque Teresa es mucha mujer…aunque se someta a ese “porro” de marido. ¡Cómo lleva aquí el papel de antagonista!

Llega Sancho a casa muy alegre, su mujer le pregunta el motivo de tal regocijo y él contesta que si Dios quisiera, bien se holgara de no estar tan contento como muestra. ¿Quéeee? ¿Qué le pasa a este hombre que habla de tan rodeada manera que Teresa no entiende? Todo para decir que está alegre de salir a buscar aventuras, para poder ganar otros cien escudos, pero triste de dejar a su familia.

¿Y qué es lo primerito que encarga a su “oíslo”? Las tareas más femeninas: prepara al rucio, dóblale el pienso, dispón la albarda y demás aparejos. Esto me recuerda a las sufridas esposas del siglo XXI que lavan el coche de su media naranja. ¡Los hay y las hay! Digresiones feministas aparte, el pobre burrillo contra gigantes, endriagos y vestiglos…que aúllan, silban ¡Qué miedo! ¡Entramos en la cueva de los dragones! ¡Este quijotizadísimo escudero nos mete dentro de los fantásticos libros que enloquecieron a su amo! ¡Y sin saber leer! ¡Y lo de la ínsula no se le quita de la cabeza!

Teresa intenta que aterrice haciéndole oír la voz del sentido común: sin ínsula naciste y sin ínsula puedes vivir y has de ocuparte del porvenir de tus vástagos, seas gobernador, escudero o destripaterrones. Como madre idea un futuro convencional para sus hijos, dentro de las posibilidades de su clase social: el chico en la Iglesia y la chica casada con un igual. Con su hijo no hay problema, la criaturita ya tiene quince años y debe ir a la escuela, ya es hora, para que su tío cura se ocupe de él y, si no en sacerdote, por lo menos, lo convierta en sacristán. A esto, Sancho no dice ni mu.

Mas la discusión comienza cuando de Sanchica se trata. La muchacha tiene revolucionadas las hormonas da muestras de querer tener marido, la madre nota los síntomas y piensa en casarla con el vecinito Lope Tocho, sano, rollizo, conocido de toda la vida y que mira bien a la chica. No vaya a terminar abarraganada, vaya palabrota. Eso sí, para ayuda de todo esto Sancho ha de traer dineros, otros cien escudos, de los de a ocho, por lo menos.

Llevando la contraria a su costilla, Sancho está dispuesto a romper las rígidas convenciones de la sociedad estamental y, cuando sea gobernador de la ínsula prometida, la casará” tan altamente, que no la alcancen sino con llamarla «señoría»”. ¡Está más loco que su amo luchando con los molinos de viento! Y Teresa no está dispuesta a transigir con la locura social de su marido, piensa que ante cambios tan bruscos, de indumentaria y de trato, la muchacha se equivocará y descubrirá “la hilaza de su tela basta y grosera”. ¿Casar a su hija “con un condazo, o con caballerote que cuando se le antojase la pusiese’ como nueva llamándola de villana, hija del destripaterrones y de la pelarruecas”? ¡Nunca! Ya de paso, asistimos al desfile “moda femenina del XVII”: zuecos, chapines, sayas parda de catorceno, verdugados, saboyanas y faldas para cubrir grácilmente la cabeza, al entrar en la iglesia.

Bestia, mujer de Barrabás, animalia, mentecata e ignorante…Sancho echa sapos y culebras por la boca. No entiende por qué Teresa no comparte sus delirios de grandeza. Intenta convencerla tocando su vanidad, será Doña Teresa y se sentará en la iglesia sobre alcatifa, almohadas y arambeles para que rabien las encopetadas hidalgas. Si pensaba ablandarla con esto, ha pinchado en hueso. Lo último que ella quiere es que, viéndola vestida de “gobernadora” recuerden su mísero origen y digan: « ¡Mirad qué entonada va la pazpuerca…como si no la conociésemos».

En este tira y afloja salen a relucir los almohades, la infanta Urraca e incluso el suicidio de Melibea…y el traductor que vuelve a insistir en lo de apócrifo. Teresa piensa que el rico que fue pobre es mirado con mil ojos por los maldicientes. Sancho alega que las cosas presentes están en un nuestra memoria mucho más que las pasadas. Bla, bla, bla…la pobre mujer no entiende las arengas y retóricas sanchescas y se rinde. Que haga lo que quiera, que no le quiebre más la cabeza si está “revuelto” a hacer lo que le dé la gana. Sólo pide que se lleve a Sanchico cuando sea gobernador puesto que los hijos han de heredar los oficios de los padres. No hay problema, enviará por él y enviará dineros para que le vista “de modo que disimule lo que es y parezca lo que ha de ser” .Lo de Sanchica condesa es más espinoso que lo de los vestidos pero, recordando la epístola de San Pablo que se lee en las bodas, acepta la carga de obedecer a su tonto marido.

Termina el capítulo con el llanto de Teresa por Sanchica condesa y, en consecuencia, muerta y enterrada para su madre. Para que no llore, Sancho le dice que lo de condesa lo hará lo más tarde que pueda. Y se va a casa de don Quijote que hay mucho que preparar.


Un abrazo quijotesco para Pedro Ojeda y todos los que nos visitan.


María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero dice en este blog:

Haces muy bien poniéndote de parte de Teresa: pienso que eso es lo que quería hacer Cervantes, manifestar las fatigas que le daba a este mujer el bueno de Sancho. ¡Qué buenas fotos!

Gracias, Pedro.El personaje de Teresa nos inspira.


También dice en http://laacequia.blogspot.com/,"Noticias de nuestro Quijote", 13 julio 2009:

Abejita de la Vega, al preparar el comentario, nos da una entrada completa en la que el centro de atención es el Sanchico, para enfocarlo luego desde dentro pero con una evidente tendencia a ponerse del lado de Teresa: pienso que tiene razón y que Cervantes lo vio así a la hora de redactarlo. En la siguiente entrada, publica la opinión del Sanchico sobre este diálogo: no os la perdáis, que el pobre hasta ha buscado apócrifo en el Diccionario. Y las fotos de las dos entradas, muy buenas. En algunas, se ve a nuestras lectoras...

Gracias, Pedro y sigamos con estos personajes que cada vez son más humanos.


domingo, 5 de julio de 2009

Les he oido comentar que van a viajar a Zaragoza




http://es.wikipedia.org/wiki/Ruta_de_Don_Quijote
http://rlv.zcache.com/mapa_de_de_la_ruta_de_don_quijote_postcard-p239337978999960622qibm_400.jpg

Ele Bergón dijo...
Hola Coleguis.

No se lo digo a nadie, pero yo estoy algo mosca porque a mi padre lo veo ultimamente muy contento. Habla mucho con el tal Sansón Carrasco que sigo sin saber de dónde ha salido. Se lo he preguntado a mi viejo y dice que este hombre es un sabio poeta( un poco coñazo me parecen estos que esiben a veces sin saber que quieren decir, pero bueno) y me ha insistido que no le diga nada a mi madre Teresa y a mi hermana Sanchica, poarque se están preparando grandes acontecimientos.

Yo me callo pero observo que mi padre está majara por partida doble, porque tiene los delirios del Alonso y las historias que se andan contado con ese que dice es poeta. Les he oido comentar que van a viajar a Zaragoza, creo que está algo lejos. No sé ellos verán.

El otro día mi padre después de un vinillo se echó la siesta y le oí hablar entre sueño, decía no sé que de una ínsula- la ha cogido perra con eso- y algo de un burro que aparece y desaparece.

Cuando se despertó le dije:

-Papá es isla, no ínsula

-Sanchico-me contestó medio dormido- Tú sigue callado y la maleta tú no la has visto ¿entendido?

- Por supueso, por supuesto. Yo de tus líos no quiero saber nada.

-Eso está bien y al rato le sentí como roncaba.

!Qué bien lo paso con mis amigos y amigas en la piscina del Richi! !Esto si que es vida! Siempre tenía que ser verano.

Choque de manos
El Sanchico.


Pedro Ojeda Escudero dijo en http://laacequia.blogspot.com/

También ha publicado, vía Ele Bergón, unas palabras del Sanchico que emocionan. Además, asegura no saber nada de los escudos...

El Sanchico estará contento con estas palabras.

sábado, 4 de julio de 2009

Eso allá se ha de entender con los que nacieron en las malvas...


—Eso allá se ha de entender —respondió Sancho— con los que nacieron en las malvas, y no con los que tienen sobre el alma cuatro dedos de enjundia de cristianos viejos, como yo los tengo...





En el capítulo anterior, Don Quijote y Sansón comían y dormían la siesta juntos, tal vez en un estrado o habitación con cojines en el suelo… Acaso Sancho, en su casa, no la durmió, a pesar del efecto soporífero del vinillo añejo. Tal vez no paró de dar vueltas al magín, preparando sus respuestas al asunto del burro y al de los escudos: “A lo que el señor Sansón dijo…digo que…”
Entramos en el capítulo IV… seguro de sí mismo, éste no es el Sancho que temblaba de miedo con los ruidos de los batanes. Además, ocupa tanto sitio en la página que arrincona al narrador sabelotodo. Ahora están los tres juntos, hay algunos gazapos que enmendar y de los más gordos se va a ocupar el escudero.

Comienzan con lo del burro que aparece y desaparece, ése que yo llamé Guadiana. ¿Tanto se ha quijotizado o se ha pasado con los tragos del añejo? Sancho Panza, un labrador manchego, harto de montar en pollino, que va y cuenta que le desmontan cuando está dormido, le ponen sobre la albarda sostenida por cuatro estacas y en lugar de darse un batacazo, que es lo que está de acuerdo con las leyes de la Física, sigue dormido sobre la almohadilla. Sustraen al animalito y vuelve a verlo en manos de Ginés, el ex galeote. Y va su amo, que ése sí está quijotizadísimo, como Don Quijote que es, y afirma que eso es cosa fácil, que ya le ocurrió a un tal Sacripante, cuando un ladrón le sacó el caballo de entre las piernas. ¿Todo arreglado con la fantástica explicación? No, que el autor escribe que Sancho va en el rucio cuando todavía el jumento no había aparecido. Ante esta última tacha, responde la criatura, qué descaro, cuestionando a su propio creador:”el historiador se engañó”. La que ha liado en el mundo de la ficción, pobres escritores, a partir de ahora los personajes se les van a subir a la chepa…

Sansón pasa a un asunto más espinoso: ¿qué pasó de los cien escudos? A esto, responde Sancho todo seguido, sin titubeos. Los gastó en sus necesidades personales y familiares, como justa paga a sus servicios. Cuestión de mera supervivencia y de paciencia… de la sufrida Teresa Panza. Y la suma no cubre los palos recibidos, echen cuentas. Como la conocida marca de cosméticos: porque yo lo valgo.

Ahora es don Quijote el que pregunta por esa segunda parte inexistente, Sansón, lógicamente, sólo puede hablar de lo escrito en el último capítulo y de lo que llega a sus oídos. Y lo que ha llegado es la opinión de los enemigos de las segundas partes, en general, y del Quijote, en particular. También se hace eco de los “joviales”, los amantes de reírse con las embestidas de don Quijote y las palabras rústicas de Sancho, ese tipo de público al que Cervantes siempre reserva algo, aunque , tal vez, prefiera a los “saturninos” ,melancólicos y reflexivos. Pero, de todas maneras, tendremos segunda parte, que el autor la está buscando diligentemente y en cuanto la encuentre, llevará la historia a la imprenta, llevado más del interés más que de la alabanza. Famoso pero pobre, Cervantes es sincero…

Sancho advierte al “señor moro” que si mira al dinero, lo que hará será trabajar deprisa y mal, harbará como harba un sastre en Pascuas. Que atienda Cide Hamete, que le van a dar trabajo para cien partes. Hay que ver qué animado está el escudero, esta vez se adelanta a su señor:” si mi señor tomase mi consejo ya habíamos de estar en esas campañas deshaciendo agravios y enderezando tuertos, como es uso y costumbre de los buenos andantes caballeros”. Una vez dicho esto, relincha Rocinante y don Quijote, tomándolo como felicísimo agüero, “determinó de hacer de allí a tres o cuatro días otra salida”.


El bachiller le aconseja que comience su jornada dirigiéndose a Zaragoza, donde se celebran unas justas en las que podría ganar fama; pero le advierte que tenga cuidado con su vida ,que no es suya sino de los menesterosos a los que socorre. ¿Irá nuestro hidalgo a Zaragoza? No adelantemos acontecimientos…

Sancho quiere dejar claro que su señor será capaz de acometer valientemente a cien hombres armados ,como si fueran melones ; pero él se limitará a ser sólo escudero y no pondrá mano a la espada, que eso no figura en el convenio, ni siquiera contra villanos. Se ocupará de la limpieza y cuidado de su señor, será el más leal escudero y el mejor. Si su señor quiere agradecerle sus servicios con una ínsula…bien. Y si no es así, no pasa nada, sólo en Dios confía el nacido, no en otro hombre. Dice: “Sancho nací y Sancho pienso morir”. En la rígida sociedad estamental, su condición no puede cambiar; pero no ha de ser tan necio de rechazar lo que le ofrezcan sin riesgo. No, de necio no tiene nada y habla como un catedrático, como dice Carrasco. Nos chirria un poco porque habla demasiado bien…

Sancho se siente capaz de gobernar una ínsula y también un reino. Sorprende la seguridad en sí mismo que muestra en este capítulo: “yo he tomado el pulso a mí mismo y me hallo con salud para regir reinos y gobernar ínsulas”. ¿Qué tendría el vino añejo? Y de olvidar a los suyos cuando sea gobernador, nada de nada; que eso lo harán los que no son cristianos viejos como él, los que “nacieron en las malvas”, los de bajo y vil nacimiento.

Don Quijote, que ya ve ese gobierno delante de sus ojos, ruega al bachiller que le componga unos versos para despedirse de Dulcinea. Ha de ser un acróstico donde se lea Dulcinea del Toboso. Sansón le responde que él no es “de los famosos poetas que había en España, que decían que no eran sino tres y medio”. ¿Quiénes son estos casi cuatro poetas? No sabemos a quiénes se puede referir Cervantes, aunque seguro que uno de ellos es el Lopillo de sus pecados…El nombre completo es de dieciséis letras, hay un problema con las estrofas, lo solucionará embebiendo una letra.

Quedan en partir al cabo de ocho días, Carrasco lo promete, no dirá nada a los que estorbarían su aventura…Uyyyy. Sancho se va a preparar lo necesario. ¿Partirán en el capítulo que viene?

Un saludo a Pedro Escudero y a los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino

viernes, 3 de julio de 2009

Con el comentario al capítulo IV, segunda parte del Quijote





Estoy con el comentario del capítulo IV, segunda parte.
Procuraré que esta vez no salga tan largo,es que una vez que cojo carrerilla...
Pedro, si te sirven como imágenes quijotescas...una quijotesca abejita que huye del calor y de los tradicionales festejos.
Un saludo

Pedro Ojeda Escudero dijo en http://laacequia.blogspot.com/

Abejita nos da envidia y publica unas imágenes de un lugar con Quijote, en el que da gusto leer, desde luego. Supongo que es allí en donde ha escrito sus comentarios del capítulo cuarto: el primero centrado en las palabras de Sancho; el segundo, gracias a Ele Bergón, con las palabras entre Sancho y Sanchico...

Gracias, Pedro, por seguir mis comentarios.

miércoles, 1 de julio de 2009

¿Para qué quieren unos escudos mis viejos? ¿ De qué equipo serán?



http://www.futboldebate.com/wp-content/uploads/2009/05/escudo_real_madrid.jpg

Ele Bergón dijo...

Gracias Abejita por la dedicatoria. Me alegra haber sido una pequeñita luz en tu camino. El resto lo haces tú.

Superprofesor Pedro, no sabía que había escudos en la maleta la tienen tan escondida, pero ¿Para qué quieren unos escudos mis viejos? ¿ De qué equipo serán?

Kety, mi padre es un poco bruto, pero siempre estoy orgulloso de él y espero que si sale otra vez con la furgo y el Alonso le vaya mejor que en otras ocasiones.

Cornelivs, otro que me confunde con el locutor, qué no, qué no, que es una tal Luz del Olmo

Silvia ¿sabías tú que había escudos en la maleta? Estos mayores hacen cada cosa...menos mal que tú me comprendes.

Tuccitano. Muchas gracias quizá no sea tan tonto como piensan muchos.

Choques de manos a todos.

El Sanchico.