miércoles, 4 de febrero de 2015

"Usos amorosos del dieciocho en España": de doncellas, casadas o cortejadas, recatadas o despejadas, más o menos instruidas, en la tercera carta apócrifa.

 
"El varón español, despojado- a través de la crisis del papel femenino-de aquella coraza indiscutible del honor, quedaba herido por su flanco fundamental, perdía su función histórica, se convertía en un fantoche, en un pelele como los que pintó Goya, en un muñeco" (Pagina 282 de "Usos amorosos del dieciocho en España").

Comentario, en forma epistolar, al ensayo "Usos amorosos del dieciocho en España", de Carmen Martín Gaite. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Recordáis de la entrada anterior, y de la anterior, las cartas de Rosita a su amiga Mariquilla, aquí tenéis la tercera. 

Madrid, 2 de agosto del año de Nuestro Señor de 1795.

Mi querida amiga Mariquilla:

¡Tantas cosas que contarte y me olvido de las buenas costumbres! Ya sabes, lo de la salud y la familia, lo de siempre. Enmiendo mi falta, aunque seamos amigas del alma; que la cortesía nunca está de más.


Espero que al recibo de estas cuatro letras, te encuentres bien de salud y la familia también, así como el bueno de don Dimas, el boticario, tu señor esposo, a pesar de los alifafes propios de sus ochenta años, muy largos de talle. Yo me encuentro bien de salud, a Dios gracias, y a la Virgen de la Almudena, que es la de aquí, y a San Isidro y sus laboriosos ángeles y su señora esposa, María de la Cabeza. Me aconseja el señor maestro que deposite a los santos en su dorada peana y pise tierra firme, bien pisada está, adelante con la péndola.

Así es, Mariquilla, escribo y leo de corrido. Mi trabajo me cuesta, leo y plumeo todas las noches, agotá y muertecita de sueño, en esta mesa coja del cuarto los trastos. Nunca me falta un cabo de vela desechado, a Dios gracias, que con el candil de mi cuarto me fuera imposible ver una letra. La generosidad de don Juan me proporciona tinta, tintero y pluma con la punta bien afilada. Ya ves que aprovecho las planas de los niños, el papel es caro y ellos dejan en el cesto muchos papeles garrapateados solo por una sola cara. Pero sé que tú lo comprenderás, quien ha sido pobre no lo olvida nunca.

Te decía de las casadas, sí, ellas pueden tomarse libertades; porque las pobrecillas solteras han de padecer la doncellez con recato y con mucho espejo, sin despejo alguno. Tú recordarás al señor cura de nuestro pueblo, que nos juntaba a las mochachas pa echarnos el sermón. Las virgencitas, sin ojos y sin pies, nos decía. Alzar los ojos del suelo, mirar a la cara a los hombres, andar correteando por ahí; graves pecados son. Rrrrrrecato, cómo le gustaba la palabra con su erre. Recato y encierro, que el buen paño en el arca se vende.
El buen párroco, despistao, nos hablaba como a hidalgas bien acomodás en los almohadones del estrado. Bien nos gustaría bordar y menear palillos, sin perder la color; que a las labradoras  no nos dejan los pies quietos: ve a la huerta mochacha, a la era, con el ganao, con el cántaro y a la fuente y lleva la  comida pal padre. Y ten cuidao no pierdas algo en el camino, mira que hay hombres al acecho bajo las olivas.

Recato, tapar algo pa que no se vea. Y si no se ve, la maldad como que no existe, mira tú qué bonito. La buena mujer no alcanza la fama solamente con ser buena, sino con parecerlo. Y es más importante parecer honesta que serlo, mira tú qué ley.

Así  veo yo  a las doncellitas que acuden al salón de mi señora. Para sus padres son una mercancía frágil: han de andar con cuidao, no se rompan, hasta el  momento feliz de pasarlas a otro dueño. Arreglarán la boda con un marido conveniente y se acabó el agobio. El noviazgo será  de pocos meses, los novios apenas cruzarán la palabra en visitas de sí señor, no señor, qué bien habla usté. Si surge algún cariño, a nadie importa. Dinero y propiedades es lo que hay por medio.

Bueno, pa el caso, como en nuestro pueblo, que la familia nos lo compone, pescando al vecino que tie las tierrecillas de al lao. Y si no hay tierras pa la hija, toas pa los varones, con el hatillo vete a servir a la capital, como yo. Y a atarte de por vida al majo Pepón, porque soltera no me puedo quedar, triste destino el de una criada pobre, añosa y sin casar, por mu entera que se mantenga.

¿Qué la mujer escoja marido? Eso sólo rige para la obra del señor Moratín, la del sí de las niñas, la que don Juan me lee de vez en cuando. Un hombre que escribe verdades como puños de lo que enseñan a estas niñitas de buena familia. Fíjate que dice: “y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo”. Astutas, miedosas, silenciosas, qué ojo el de don Leandro. Por el salón de mi señora Baldomera, pasan unas cuentas Paquitas bien encadenás a su mamás, menudo rebaño de doñas Irenes que hay por aquí. Don Leandro las conoce, seguro.

Leandro Fernández de Moratín, retratado por Goya.

Vuelvo a contarte de las casás que pa ellas no rige ya el recato sino el despejo, bien pueden. Ahora hay que  ser despejada, pizpireta, desenvuelta, hablar todo seguido y levantar los ojos del suelo para clavarlos en los del hombre. Marcialidad dicen, un nuevo modelo pa las madamitas bien agarrás al que las acompañó a la vicaría, bien pueden echarse un cortejo y jugar a galanterías divertidas. El esposo zanguango  tan contento, así el currutaco paga los hatos de seda y piel, recién llegados de la Francia. Y zapatos, camisas, escofietas, perfumes, pomadas, joyas, carruajes…una fortuna; que la coquetería de estas mujeres es insaciable.



Pa las solteras cuidao, que los caballeros no quieren casarse ni con agua hirviendo. Las casadas han invadido su territorio y andan desesperás. Que los petimetres a la moda no tienen tiempo, ni dinero, pa tener cortejo y novia al mismo tiempo. Y lo digo porque lo he visto, Mariquilla, hay viejas doncellas de treinta años que arremeten contra todo soltero que se le ponga por delante, aunque sea un beato pelón con solideo. Y si se les ocurre imitar a las casadas despejadas y pizpiretas, el pisaverdes huye como alma que lleva el diablo.

Me preguntas si el cortejo no da en adulterio, to el día juntos, que caminan sobre brasas y se meten entre llamas. No sé qué contestarte, de todo hay. Dicen que antes lo del chischiveo era cosa de la nobleza, tan digna y tan virtuosa. Y que ahora, con tanta burguesa cortejada, ya no se guardan las formas y circulan por ahí libelos difamadores que dicen de relaciones pecaminosas. Y hay quien escribe que to viene de cuando los caballeros imitaron a los majos, o las damas a las majas, mira tú la duquesita de Alba. Mira tú la ocurrencia.


Y cómo cunde el mal ejemplo, que la reina doña María Luisa no es precisamente un buen espejo en que mirarse. Y el príncipe de la Paz, Godoy, ya sabes, que hay cosas que no conviene dejar escritas. ¡Ay si nuestro rey don Carlos III levantara la cabeza y viera a don Carlos IV tan zanguango! Él, tan casto y amigo de la caza, tan piadoso y prudente.

Godoy retratado por Goya. El pintor colocó la espada en el lugar pertinente.

 
Te confesaré que a mí no me indigna que mi señora doña Baldomera se acueste o no con su currutaco, de lo suyo gasta y allá con su conciencia. Lo que no puedo sufrir es ver a hombres y mujeres hablando de tontunas durante horas. Se lo comenté a mi maestro y me devolvió la pregunta. ¿De qué van a hablar si no han recibido instrucción alguna?

Es verdad, estas madamitas no han tenido estudios, pero los petimetres sí los tuvieron. Al parecer, o fallaron sus maestros o fallaron ellos, o los dos. ¿Y ellas?

El otro día, mientras servía el chocolate a una vieja dama, la oí decir: “dicen que las mujeres somos tontas, seríamos tan inteligentes como los hombres si alguien se hubiera molestado en enseñarnos como a ellos”. Tiene razón, Baldomerita pronto dejará de recibir enseñanzas del dómine, en cuanto sepa malamente leer y escribir. Tendrá un maestro de baile para dominar la contradanza, otro de lenguas para chapurrear un poco de francés y el resto del tiempo…pasará las horas muertas con la aguja o los palillos, bastidor o cambrai. Será tan insulsa como su madre.  Ciriaquín, el niño, tendrá más suerte si puede recibir las enseñanzas de don Juan, este dómine tan sabio.


 
¿Y por qué no se abren escuelas para las niñas? Sí, Mariquilla, tengo unas ideas locas. ¿O no? Recibe un abrazo de tu amiga que lo es:

Rosita

Espero que hayáis disfrutado con la tercera carta de Rosita. Con todos mis respetos para doña Carmen Martín Gaite, que vive en nuestro recuerdo.

Recibid un abrazo de:

María Ángeles Merino

8 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

¡Claro que he disfrutado! Hasta la última gota, hasta la última letra.

Grandes verdades las de aquellas mujeres sencillas del siglo XVIII.

Myriam dijo...

Susucribo al comentario de mi antecesora.

Besos

Ele Bergón dijo...

Querida Rosita: Tú sigue escribiendo e instruyéndote para convertirte en una gran escritora como también lo fueron algunas de las mujeres que viven, leen , estudian y escriben en tu época.

Y quién sabe si con el tiempo, mucho tiempo, se encuentre en un cajón escondido, toda tu obra, y aunque tarde, seas reconocida.

Pregúntale a tu dómine por ese libro prohibido que guarda el padre del escritor de moda, Leandro Fernández de Moratín, pregúntale por D. Nicolás y su "Arte de las putas" Parece que el manuscrito circula entre unos y otros y seguro habrá llegado también hasta alguna mujer.

¡Cuánto está aprendiendo tu amiga Mariquilla! y todo gracias a ti.

Besos

Bertha dijo...

Rosita no tendra cultura, pero que bien que se explica y el sentido común que tiene.En cuanto a saber más de sus confesiones a su buena amiga Mariquilla: deseando que haya unas cuantas más.

Aburrirno al contrario; es una gozada leerlas.

Muchas gracias MªAngeles por estos ratitos.

Un abrazo.



Pedro Ojeda Escudero dijo...

Ese es el núcleo del debate: la posición de la mujer y su acceso a la educación. Bien visto por tu corresponsal a la que veo que la formación lleva, con toda razón, a ser reivindicativa.

María Pilar dijo...

Me encanta leer estos "Usos amorosos del XVIII" Cuánto estamos aprendiendo. Tienes un muy buen material para publicar un libro.
Besos

Pamisola dijo...

Estaba planeado, no sé por quien; mientras menos sepan es más fácil manejar a las personas, casi siempre a las mujeres. Las cartas son una verdad como un templo, y visto desde aquí, es una pena por ellas, y alegría por todo lo que han cambiado las cosas.
Enhorabuena por las cartas que te "encuentras" y el aire que las das.

Besos.

Paco Cuesta dijo...

En cierto modo fue una manera de empezar a salir de la ignorancia
Gracias por tus trabajos.