miércoles, 1 de octubre de 2014

"De las razones que pasaron entre don Álvaro Tarfe y don Quijote sobre cena" (2)


Hablando del Quijote, maguer apócrifo, ahí va la viñeta de Forges del domingo 28 de septiembre de 2014. Me viene de molde o ¿es aprovechar que el Ebro pasa por Zaragoza?


Comentario  a la segunda mitad del segundo capítulo del Quijote de Avellaneda, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. 

-Aquí está otra vez, lo mismo que la semana pasada y la anterior.




-Salúdole de nuevo, mi señor Alisolán. Colijo, jopé qué verbo, que el motivo de su visita no es otro que proseguir con el segundo capítulo del Quijote de don Alonso Fernández de Avellaneda, tan denostado como rico en valores literarios. 

-Alá sea clemente y misericordioso con vuesa merced, por su benevolencia con el libro del que me precio ser su humilde cronista, que no autor. Sea como voacé desea y prosigamos. Hoy opto porque seáis vos la introductora. Señora María Ángeles, ese dibujo que coloca usted en la cabecera nos viene de molde porque mi don Quijote se decide ahora a emprender un camino dificultoso. Estábamos con las cartas.

-Sea ansí. ¡Jopé, qué cartas!

Estábamos en si tenía o no tenía razón don Quijote de quejarse de inaudita y tamaña ingratitud. El granadino lo ha de colegir tras la lectura de la carta. 



-Por ahí hablan de quejas. ¡Aquellas " quejas santas" de mi señor don Quijote en Sierra Morena! Versos escritos en la corteza de los árboles y en la arena "todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea".  






Otra vez la señora del ingenio denominado ordenador , dialogando con el mentecato de Alisolán. ¿De qué carta hablan ? Óigolo y mantengo la boca cerrada, será mejor estrategia. Desta manera no hablarán en voz baja ni manipularán la máquina.

-Perdone, sabio Alisolán, vuesa mercé me dirá si he entendido bien la alambicada carta a la infanta Dulcinea del Toboso, “una de las más altas fembras que entre las reinas de alta guisa fallar se puede”, la “bella ingrata”, la “dulce enemiga”. Una de cal y otra de arena porque el caballero no ha de ensañarse, ni tomar venganza contra una dama sandía que responde a sus cuitas con un enojoso reproche. ¿Considera, acaso, Dulcinea que no se esfuerza lo suficiente en “desfacer tuertos”?

Maguer envuelto en sangre de jayanes, que en las batallas se pone uno perdido, cede “el pensamiento sin polilla está además ledo y tiene remebranza que está preso por…”. 

Me pongo con la traducción, dice algo así como que somete su pensamiento, alegre y no agujereado por la polilla destructora, al recordar que está preso por una de las más altas fembras…Señor, señor. Empero, lo que ahora le pide es el perdón, si ha incurrido en desmesuranza, que errores por amar son muy dignos de perdonar. Y se lo ruega de rodillas ante “vuestro imperial acatamiento”. ¡De infanta a reina y de reina a emperadora!



Una bella emperadora. La emperatriz Isabel, pintada por Tiziano.




-Vuestra versión es verdadera, señora mía. Sigamos con el capítulo. ¿Hay alguien ahí?

- ¡Valiente carta! Mi don Quijote nunca hubiera escrito una carta desa guisa, ridícula, retorcida, incomprensible. El lector non podrá sino comparar con aquella que escribió en su libro de memoria, desde Sierra Morena:

Soberana y alta señora:

El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que, además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto; que, con acaba mi vida, habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.

Tuyo hasta la muerte,

El Caballero de la Triste Figura.

Un don Quijote " ferido de punta de ausencia" y "llagado de las telas del corazón" frente a otro "envuelto en sangre de jayanes", con el "pensamiento sin polilla", qué vulgaridad. No son el mismo personaje, proclamo. Siguen dialogando, abro mis oídos: 
 
-Me había parecido oír la voz de Hamete, mas no. Sigamos con don Álvaro que reíase y burlábase y comparaba maliciosamente la misiva con la que el rey Sancho de León escribiría, una suposición, a Jimena, la mujer del Mío Cid, en ausencia del marido. Espantábanle, además, los vocablos por antiguos, considerábalos como caídos en desuso, si no era en comedias.
 
Don Quijote protestó, si imitaba a los antiguos en la fortaleza, también los quería imitar en palabras. Acaso le disguste la alusión a la infidelidad.

Fortaleza de los antiguos

Don Álvaro vio contradictorio que don Quijote deseara fortaleza y, al mismo tiempo, firmase como Caballero de la Triste Figura. Sancho se adelantó, el nombre fue por consejo suyo y era la cosa más verdadera. 

Don Quijote precisó que la ausencia de Dulcinea le causaba tanta tristeza que non podía alegrarse, a imitación de otros caballeros andantes…no era por lo que decía el necio del escudero.



Don Tarfe no daba tregua a su curiosidad. ¿Y lo de llamarse don Quijote? 

El hidalgo diole la explicación, fue porque se llamaba Quijada y de ahí extrajo lo de don Quijote.

-En eso dice verdad, que quiso ponerse nombre y se vino a llamar don Quijote, de donde "tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir".

-Otra vez me ha parecido oír la voz de mi hermano en Alá, Cide Hamete...

-...Y a Martín Quijada iba dirigida la carta respuesta que le envió Dulcinea, “aquella enemiga de su libertad”. Suplicaba al granadino que la oyese. 

-¿Martín? Don Alonso Quijano el Bueno.

-Lea la misiva, mi señora, que no precisa traducción:

-Léola: “El portador desta había de ser un hermano mío para darle la respuesta en las costillas con un gentil garrote. ¿No sabe lo que le digo, señor Quijada? Que por el siglo de mi madre, que si otra vez me escribe de emperatriz o reina, poniéndome nombres burlescos, como es «A la infanta manchega Dulcinea del Toboso», y otros semejantes que me suele escribir, que tengo de hacer que se le acuerde. Mi nombre proprio es Aldonza Lorenzo o Nogales, por mar y por tierra."



¡Qué mujer más brava! El señor Quijada por esta vez se libra de un garrotazo atizado por un hermano de la del Toboso. Pero que no vuelva a llamarla reina ni emperatriz, que se acordará...Y don Quijote se preguntaba si habrá caballero andante “que pueda sin morir tolerar semejantes razones”.

-Sancho Panza interrumpió y dijo…

-Perdone que le interrumpa yo, sabio Alisolán. Pero lo que viene a continuación, lo que dice Sancho que haría con Dulcinea, no es gracioso sino brutal. Como resultado de la fuerza aplicada, la había de "her peer por ingeño", o sea que Aldonza no podría evitar soltar pedos. Y no se escaparía, a pesar de su condición de moza forzuda.  

Opinaba que su amo se mostraba como muy blando y lo que debería hacer era enviarle "media docena de coces dentro una carta, para que se la depositasen en la barriga". Constituiría el mejor remedio para una mujer "repostona", es decir "respondona".  Episodio de maltrato que no es grato de leer, aunque sea de otra época y mentalidad. ¿Era habitual cocear a una mujer por responder? El escritor esconde un punto de misógino y abusa de la escatología, demasiada caca en este libro.

-Ya me explicará voacé, en otro momento, qué cosa es un misógino; aunque pienso que es lícito castigar a la hembra lenguaraz. Y de qué trata la ciencia que vos llamáis escatología. En cuanto a los excrementos y ventosidades, acuda a usted a novelas desas que llaman picarescas.

-Oígo alguna cosa de novelas picarescas y su afición a asuntos escatológicos. No, sino en mi Quijote, el del gran Miguel de Cervantes. Nadie supo narrar una defecación con más elegancia. Sancho se asustó por el ruido de los batanes y...:



"En esto parece ser, o que el frío de la mañana que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese una cosa natural (que es lo que más se debe creer) a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no podía hacer...Tras esto alzó la camisa lo mejor que pudo, y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto (que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terible aprieto y angustia) le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció, que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía; pero con todas estas diligencias fué tan desdichado, que al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo Don Quijote, y dijo: ¿Qué rumor es ése, Sancho?"

A Don Álvaro le placía el entretenimiento, lo juzgaba digno del rey de España; mas era prudente acostarse, que al día siguiente madrugaría más que el sol.



Mientras don Quijote salía por unas peras en conserva y algo de vino, para regalar a su huésped; Sancho Panza descalzaba las botas al huésped . Y , mientras tiraba, entretenía a don Álvaro con sus gracias: que si su padre tenía don porque era zapatero remendón y que murió de sabañones...porque cada uno se muere de lo que le place morirse. 

-Este Sancho es un gracioso muy rudo, el de Cervantes es más irónico y sabio, a su manera.

- Para gustos, no hay disputas, señora mía. El noble granadino no comerá las peras porque era fiel al aforismo de Avicena o Galeno que decía que "lo crudo sobre lo indigesto engendra enfermedad". Sancho comentaría, glotón, que "aunque ese Azucena o Galena,... me dijese más latines que tiene todo el a, b, c, así dejase yo de comer, habiéndolo a mano, como de escupir". 


Consiguió que don Álvaro le ofreciese una de las frutas. Y añadió con picardía: "estas cosas dulces, siendo pocas, me hacen mal; aunque es verdad que cuando son en cantidad me hacen grandísimo provecho". Con todo la comió, una sola...



-Este Sancho es todavía más comilón que el de Cervantes. Bueno, ya se van a acostar, suben arriba, no se puede subir abajo; y  ya puestos en una misma cama, don Quijote tiene algo importante que decir a un escudero "redondo como una chueca". Los bostezos menudeaban pero allá iba el discurso.




-Un discurso sermón en torno a la ociosidad, "madre y principio de todos los vicios". Que el diablo vence a los ociosos porque es como el cazador que no tira a las aves mientras las ve volando. Y le puso ese ejemplo porque había algunos meses que estaban ociosos y no cumplían con el orden de caballería que don Quijote recibió y Sancho prometió como escudero. Urgía volver a su militar ejercicio, para servir a Dios y al mundo, desterrando jayanes y gigantes que hacían tuertos a caballeros menesterosos y doncellas afligidas. No les fuera a ocurrir como al personaje bíblico que enterró sus talentos...Ganarían honra y fama, adquirirían mil reinos y provincias, serían ricos y enriquecerían a su patria. 

-¡Y no habla de ínsulas! ¡Falso, falso!

Sancho se hacía rogar. Le contestó que no quería, que no le metiera en el caletre esos guerreamientos. Y realizaba balance de las pérdidas en la anterior salida: perdió su rucio y jamás cumplió lo prometido de ver a su mujer almiranta y a sus hijos infantes.

-Y, más adelante, se dice que Sancho no tiene hijos. ¿Cómo van a ser infantes? ¿Dónde para Sanchico? ¿Y Sanchica?

 Que él veía a su Mari Gutiérrez en el mismo estado de hacía un año. 

-¿Mari Gutiérrez Teresa Panza? No digo más, que en esto mi señor don Miguel sí hubo algo de culpa. 

Y , fuera deso, si el cura, el licenciado Pero Pérez, supiera que querían volver a sus caballerías, metería a don Quijote en "Domus Getro", como dicen a la cárcel, encadenado unos seis o siete meses. Lo que pedía era que le dejara dormir.

-La parábola de los talentos y la ironía de la casa de Jetró... Estaba muy puesto en temas bíblicos el señor Avellaneda...¿Era cura o fraile?
-Mi señora, no me corresponde darle la información, juzgue voacé, que es mujer de libros.

Continuemos. Don Quijote le decía que no iba a ser como la otra vez, que le compraría un asno mejor que el que hurtó Ginesillo. Irían con mejor orden, con dineros, provisiones y maleta con ropa; que ya echaron de ver que todo eso era muy necesario, en aquellos malditos castillos encantados.
Sancho se rindió, respondió que, pagándole cada mes su trabajo, iría de muy buena gana.

-En realidad, estaba deseando, pienso yo, se le notaban las ganas ya en el primer capítulo. Y, don Quijote, una vez oída la resolución de Sancho, alegre, volvió a su tema favorito: la inhumana y cruel Dulcinea, contraria a sus deseos. Querría probar a imitar al Caballero del Febo, el cual dejó a Claridana y a otros que buscaron nuevo amor. Buscará un nuevo amor, a ver si halla mejor fe y mayor correspondencia. ¡Esto sí es novedad!
-¿Una mujer que no sea Dulcinea? ¿Un nuevo amor? ¿Qué don Quijote es éste? Alisolán, mentecato...¿qué crónicas son las tuyas?



Y Sancho quería dormir, daba la razón a su amo para que callara; que era muy bien hacer tuertos a los "jayanazos", grandísimos bellacos, que creía cuanto dijere y pensara decir todos los días de su vida.

-Don Quijote, por fin, cedió a dejarle dormir. Él no dormiría mientras no diere fin y cabo a las honradas Justas, ganando las joyas de más importancia que hubiere. Habría de trazar con la imaginación lo que tendría que poner en efecto.

En fin, se le pasó el resto de la noche haciendo quimeras. Ya hablaba con los caballeros, ya con los jueces de las justas, ya saludando
"a una dama hermosísima y ricamente aderezada, a quien presentaba desdel caballo con la punta de la lanza una rica joya". Se quedó adormido con sus desvanecimientos.
-Continuaremos, sabio Alisolán. Hoy no nos ha visitado Cide Hamete.

-¿Está voacé segura? Sospecho que ha optado por el silencio, mas permanece atento a nuestro diálogo.

-Será como vos decís. Hasta la semana próxima.

-Salúdoles. Si...lencio.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino



Alisolán habla en azul.
Cide Hamete habla en verde.
María Ángeles habla en negro.

7 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

He leído por algún lado que el nivel escatológico y de palabras malsonantes del apócrifo es mayor que el de Cervantes. Lo leído hasta ahora no me parece notable en este sentido, aunque podamos imaginarnos a Sancho quitándose el estiércol tres días de entre las espesas barbas. ¿No habría sido más rentable contratar los servicios de un barbero? En cuanto al vocabulario, los improperios que caen sobre las pobres mujeres son más despreciativos que malsonantes.

Edurne dijo...

Te lo curras de lo lindo!
Hace falta tiempo para leer, reflexionar, cavilar y presentar...!
te aplaudo!

Besossss!
;)

Pamisola dijo...

Vengo a saludarte, y aunque no sigo el libro, veo que sigues en tu línea con tus entradas que parecen libros añadidos.
Qué trabajadora eres.
Besos

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

El contraste de las cartas de emisor y receptora es para reír a carcajadas. Un tanto a lo bruto, pero imaginar a Aldonza desacostumbrada a lindezas y leer esas finuras, y a Sancho de cartero...
Y el amor, ay, lo que desvela.

Abrazos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me gusta mucho cómo avanza esto: no solo marcas las diferencias entre las dos versiones sino que comentas los pormenores del apócrifo como merece.

Ele Bergón dijo...

Hola colegui Arañita, te escribe El Sanchico a quién bien tú conoces.

No sé cómo no te haces lío con un mago y otro, con unas voces y otras. Mi cabeza y más después de unas fiestas, no está para esos trotes. Ahora, te lo curras y bien. Mi madre diría que aprendiese de ti, pero me da algo de pereza, ya sabes, no estoy muy acostrumbrao a pensar con el seso entero. Y además vas poniendo fotos que buscas y colocas en sus sitios, por no decir con esos cambios de colores en los escritos. Qué si que lo he entendido que cada color corresponde a una voz, hasta ahí llego, pero lo demás, buf es muy sesudo para mi .

Choque de manos que te daré personalmente.

El Sanchico.

Bertha dijo...

De verdad que se disfruta leyendo estos diálogos y sobre todo los comentarios y observaciones que vas dejando...Eres una malabarista.

Seño: le pido mil perdones, por ausencias tan prolongadas.-Este curso se presenta completisimo en cuanto a horarios.

Besos y que siga estos diálogos; son una gozada.