jueves, 25 de febrero de 2016

"El Alcalde de Zalamea": "acertó lo principal"




Estamos a 23 de febrero de 2016, son las cuatro y media de la tarde. Comienza nuestra sesión de lectura en la Facultad de Humanidades de Burgos. Recibimos noticias de una futura reunión en mayo con los demás clubes de lectura de Burgos,en torno a "piel",  y de nuestro próximo encuentro, en marzo, con Óscar Esquivias, cuyo nuevo libro "Andarás perdido por el mundo" será el objeto de nuestra lectura del mes de marzo. Ahora vamos con "El Alcalde de Zalamea" de Pedro Calderón de la Barca. 

Pedro Ojeda comienza la sesión preguntándonos por la dificultad para leer esta obra de teatro. Nos explica:

Hay que tener en cuenta que los actores del XVII no memorizaban toda la obra. Había un reparto de papeles y a cada uno le daban el pie, la última frase anterior, además de su parte. Se entregaban tantas partes como actores había. Ninguno tenía la obra entera, salvo el apuntador y el encargado del montaje. Hasta el siglo XIX sólo se hacía un ensayo general. No era posible de otra manera, porque cada semana se estrenaba una obra. 


Las respuestas de los lectores allí presentes:

  • Al principio, te cuesta más, luego vas entendiendo a medida que vas avanzando en la obra.
  • Prefiero ver la obra representada.
  • Hacer el tono, la pausa, al principio no sé lo que me está contando.
  • Hay que leerla en voz alta, te obliga a hacer las pausas, así te parece que es teatro.
  • Pero nosotros no sabemos leer como un actor.
  • Es como una película, empiezas, vas siguiendo, te dejas que te enseñe, te vas dejando sorprender, paso a paso.
  • No estamos acostumbrados. Hay que hacer un esfuerzo, aunque sepas la trama de la obra. Merece la pena.
  • He hecho trampa, tenía libros que me atraían más.
  • No me ha resultado difícil, la leía en voz alta para poder comprender. Poder entender cada párrafo, cada discurso.
  • Me ha costado ponerme en la obra.
  • El lenguaje no me ha costado mucho.
  • Estamos hechos a las imágenes.
  • Los de nuestra generación no tanto. A la que esto escribe, la dificultad fue “ver” el principio, la situación inicial. 
Pedro Ojeda nos “compra la queja”:

Os pasaría lo mismo con el guión de una película, con un libreto. Hay que imaginar, tener una capacidad de abstracción.

Nos compra la queja por una razón: cuando leemos teatro, leemos un documento técnico que no estaba hecho para ser leído. Podemos leerlo, también en el siglo XVII se leían pliegos de cordel, hojas sueltas teatrales cosidos, no encuadernados. Había entonces mucha gente aficionada a su lectura, pero no dejaba de ser un documento profesional para profesionales. Si no hacemos un esfuerzo, no comprendemos el diálogo y nos aburrimos.



El teatro actual tiene acotaciones en que apoyarse: entra, sale, ataca…Hay una apoyatura. El teatro barroco no tenía acotaciones, éstas no formaban parte de texto, no eran del autor sino del director que acotaba lo que tenía que hacer cada actor en cada momento. Las acotaciones son internas, los personajes dicen que es de noche, vamos a Zalamea, vamos por el camino, etc. 

Antes de la representación había salido alguien a decirnos la “loa”. Qué bonita es la ciudad de Burgos, o la que fuera, seguido de un resumen de la obra que situaba a los espectadores: vamos a ver la historia de...


Hoy se ha vuelto a las obras sin acotaciones; si las hay, podemos decir que estamos ante un autor obsesivo. Recordamos las obras de teatro de Buero Vallejo, con muchas acotaciones. Era un autor que no dejaba representar si no estaba todo tal y como él decía. Llegaba al extremo de estar en la taquilla el día del estreno y elegir a los actores.

Si no se entiende una obra, hemos de imaginar cómo se representaba en su época.

Los lectores opinan: 


  • Me han encantado los versos, especialmente el monólogo de Isabel. También el diálogo de Pedro Crespo con don Lope. Al principio no podía entrar, pero entré. Las anotaciones distraen si son demasiadas. Esta obra la había leído a trozos, ahora la he leído entera.
  • Te sobrecoge el honor, el deshonor. Un tema revolucionario para el siglo XVII: el villano como hombre noble.
  • No es una revolución social. Todo queda lo mismo, se mantiene la sociedad estamental tal cual. Al hijo, lo manda al ejército para medrar y convertirse en privilegiado. No hay crítica a la sociedad estamental. Calderón no es un revolucionario social.
  • Calderón plasma esa realidad social, empieza a cuestionarse que el hidalgo pueda perder el honor si mancilla algo. 
  • En el XVII había abusos de fuerza por parte de los hidalgos. La autoridad municipal lucha contra los abusos de la hidalguía y los militares. Hay quejas y revueltas contra los asentamientos militares. ¿Se veía así la libertad municipal? 
  • Se distingue la nobleza de sangre de la nobleza interna. No por haber nacido noble se tiene derecho a todo. Tiene que vender un final que satisfaga al público. 
  • Es el triunfo de la justicia de los municipios: viene el Rey y todo se mantiene igual. La justicia del concejo sobre la justicia real. 
  • ¿Al final es honrado Pedro Crespo? 
  • ¿Es una obra basada en la injusticia?
  • Don Álvaro es culpable por idiota porque Isabel es guapa y rica.
¿Qué quiso hacer Calderón con esta obra?

Nos hace pensar en un problema social, planteado ante un asentamiento de las tropas que van camino de Portugal para la anexión. Como al militar no le juzgaban los tribunales ordinarios, don Álvaro actuaba con prepotencia. El Rey hace justicia, considerando que "bien dada la muerte está". Tenía que morir, lo ha matado otro. La clave está en quién lo dice: el Rey.



Isabel, como mujer, no tiene honra propia. Sólo es el punto más frágil de la honra familiar. Como individuo, como mujer, no es nadie. EL problema es la violación que deshonra a la familia. Hay un momento clave en que Pedro Crespo se humilla ante el capitán. Con casarse don Álvaro con Isabel estaría compensado; pero se niega. Ese es el conflicto que hoy traducimos a la contemporización de un problema individual y feminista que no está en la obra. ¿Podemos hacer una lectura feminista? Podemos, aunque a Calderón no le importe la deshonra de Isabel que pide la muerte por haber mancillado el honor familiar. El hermano tiene que matarla.



 En aquella época había motines por los abusos del ejército que robaba las vacas, las gallinas...Calderón los usa para reforzar la sociedad estamental. Para que funcione, cada estamento tiene su función divina y social, cada uno ha de cumplir o será castigado. Hay un castigo que lo hace Dios o el representante de Dios que aquí es el Rey.



Don Álvaro puede hacer lo que quiera en su señorío; pero Zalamea es una villa real no sometida , por eso tiene alcalde y no está bajo los caprichos de un señor. El capitán comete una ilegalidad fuera de su jurisdicción, Pedro Crespo comete otra ilegalidad: ajusticia a un militar. encima de la mesa hay dos ilegalidades. ¿Cómo lo soluciona Calderón? ¿Por qué el Rey perdona la ilegalidad de Pedro Crespo?



Don Álvaro es el causante de todo lo que viene después. En la tragedia griega era la hibris o pecado de soberbia. Don Álvaro es culpable de hibris, de soberbia, un pecado capital, un pecado teológico. Se excede, se le da la oportunidad y ofende todavía más. Por eso, es el principal condenado. Pedro Crespo va detrás, como alcalde ha de hacer justicia.



Hay que poner en marcha los intereses de la época. La sociedad estamental va teniendo grietas que hay que reforzar. Era muy corriente el ennoblecimiento de villanos ricos, el dinero mandaba, el "poderoso caballero es Don Dinero"de Quevedo. Los reyes, sometidos a los validos, precisan el contrapeso de villanos con dineros y hacienda. Empiezan a prestigiarlos, a darles títulos, porque los necesitan económicamente. Otra razón es el despoblamiento de los campos que se están quedando sin gente, por las guerras y la emigración. Hay que prestigiar al campesino en los pueblos libres.



Aparecen unas cuantas obras que prestigian al campesino rico, al villano como Pedro Crespo. El honor es de Dios y Dios dice que también los villanos tienen honor, es una razón teológica. 

El Rey es el "Deus ex machina" y lo arregla todo: este lo ha hecho mal, pero este lo ha hecho peor. Pedro Crespo "acertó lo principal". Recordemos "Fuenteovejuna" y "Peribáñez" de Lope de Vega. El Rey era entonces una persona muy lejana y, aunque fuera un inútil, era intocable. Y el pueblo se sentía satisfecho de que el Rey diera la razón a los villanos. 



Es un artefacto ideológico perfecto. ¿Todo queda igual? No, queda mejor. La acción de don Álvaro es la que pone en peligro la sociedad estamental, podía haber provocado una revolución, podía desestructurar la religión. Parece revolucionario pero no lo es, deja más asentada la sociedad estamental. Le dice al noble: si te pasas, se revierte el juego y puedes tener castigo. 

El sistema se prestigia en unas comedias que eran para todos, desde el criado o campesino más analfabeto. El teatro hoy, desde el XIX, está pensado para las clases medias, no era así entonces. Lope de Vega crea un artefacto que implica a todos los estamentos, a las mujeres, a los listos, a los tontos...Para que cada persona tenga su poquito, pero dentro de la cerrada visión ideológica de la época. Como las mujeres de Lope: son libres pero, al final, lo que buscan es casarse.


La dama boba

Los montajes teatrales actuales pueden, con pocos cambios, hacer de "El Alcalde de Zalamea" una obra revolucionaria y feminista. Quitan al Rey, lo sustituyen por una voz en "off"...y la primera actriz hará declaraciones de lo feminista que es la comedia.



Por último, Pedro Ojeda nos quiere dar una idea de cómo eran los corrales de comedias donde se representaban obras como la que hemos leído. Vemos proyectada una escena de la película: "Lope". 

Nada que ver con un teatro del XIX: un patio interior, unos bancos sin respaldo...El inicio tenía que ser impactante, como en "El Alcalde de Zalamea": aparecen soldados que van marchando, la Chispa que se pone a cantar, todos bailan...Se decía la "loa" antes de la obra y, a continuación, solía haber un entremés con chistes y alusiones sexuales realizadas con mímica, no con palabras que serían prohibidas. Había que conseguir el silencio del público, algo nada fácil, dado el barullo. Y tenía que ser de día, dos horas antes de la puesta de sol: aunque la película comete el error de situar la representación de noche.



A continuación, vemos un fragmento de la película "Shakespeare in love", para poder comparar los teatros españoles e ingleses de la misma época. ¡Y el papel de Julieta lo hace un hombre! 

La hora y media se nos ha hecho corta. Nos despedimos hasta el día 18 de marzo en que nos reuniremos con Óscar Esquivias y su libro de relatos "Andarás perdido por el mundo". 

La comida ya está terminada. La lectura también, voto a Dios. Y la entrada 1004, voto a Dios.



Un abrazo de:

María Ángeles Merino

8 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

Gracias, una vez más, por llevarnos a los de aquí allí.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Esto sí es una comida bien documentada. Faltó que nos llevaras un taper...
Besos y gracias por el resumen.

Edurne dijo...

Lo mismo digo: Gracias, Eskerrik asko!
Da gusto leer tus crónicas lectoras!

Besos.
;)

pancho dijo...

Por las apreciaciones que nos trasladas, se nota que hay buenos y atentos lectores entre los asistentes a la reunión.
También gracias por tus reseñas tan puntuales del acto.
Un abrazo.

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Myriam dijo...

¡¡¡Qué maravilla de clase!!! Sensacional!!!! Mil gracias por tu crónica, no sabes cuánto te la agradezco!!!

Besos

Ele Bergón dijo...

Estuve allí y voto a Dios que así fue y así nos lo has contado.

Me encantó compartir El alcalde de Zalamea con vosotros y como siempre Pedro, nos enseñó mucho y bien.

Besos

Ele Bergón dijo...

La obra terminada y la comida también. Lástima que tuviste que irte con algo de prisa. Tus obligaciones te reclamaban.