jueves, 13 de junio de 2013

Cipriano Salcedo: un hereje que se siente culpable de su desamor.


 
Comentario en torno a la novela "El hereje", de Miguel Delibes. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
¿Miguel Delibes?¡Por supuesto!
Cuando abrí el blog, no lo pensé ni un momento, lo tenía clarísimo. ¿Libros? En mi perfil bloguero ocupa un lugar de honor.  Junto a  Miguel de Cervantes, la mejor compañía.

 
Y, en aquella reflexión que hicimos sobre “El placer de la lectura”, allí estaba él, no podía faltar mi primer encuentro con sus palabras:
"..Más tarde, descubrí a Delibes. Fue un encuentro casual, tuve que ayudar a alguien, el libro era "Las ratas”,  vaya titulito, pensé.  Contemplo los tesos mondos con pueril fruición, junto al Nini, un niño sabio. En campos de corregüelas, oímos la algarabía de los grajos, pisamos barbechos y nos asomamos a las huras.Después, ya no era por casualidad, me fui al encuentro de Daniel el Mochuelo yde casi todos los demás. El día en que murió don Miguel, quise reunirlos en mi blog. "

Y convoqué a algunos y se enteraban de la triste noticia: el Nini, el señor Cayo, Pacífico, Daniel el Mochuelo, la viuda de Mario, Lorenzo el bedel cazador,  el pequeño Quico, el Azarías, el “sexagenario voluptuoso” y  la “señora de rojo sobre fondo gris”. Viejos compañeros.

Mi favorito es este

Y cerraba el homenaje el  último hijo  de Miguel Delibes, el que ahora es motivo de nuestro comentario:


Cipriano Salcedo: atormentado, triste y con lagunas afectivas. Y  se mueve dentro del universo literario de don Miguel, tan entrañable. Todo Delibes: el mar, los niños, las mujeres, la familia, la muerte, la soledad,  las dudas religiosas, el paisaje y los campesinos de Castilla, la caza…y la libertad de conciencia. Como el mismo autor afirmaba: «Hay una serie de motivos o ambientes que se reiteran en mi producción: muerte, infancia, naturaleza y prójimo".

 
Mas he de decirlo, sin dejar de ser un gran libro, que lo es, hay algo que cojea en esta obra. Tal vez a la documentación histórica aportada se le noten las costuras, quizás la novela delate el momento en que fue concebido por su autor, la edad y la salud no perdonan…El poso puede resultar demasiado amargo. Delibes nos confesaba en 1970 que:
“Los temperamentos neuróticos pasamos, casi sin transición, de la depresión  a la euforia…Y pienso que en los momentos actuales de equilibrio, uno reconstruye con fruición sus momentos felices (“El camino”; “Diario de un cazador”) y, por el contrario, en las fases depresivas, uno rescata aspectos sombríos y melancólicos del pasado (“La sombra del ciprés”, “Cinco horas con Mario”, “Parábola del náufrago”, etc).”
Del libro "Un año de mi vida", Miguel Delibes, ed. Destino.
 Publica “El Hereje” en 1998 y cuelga” los trastos de escribir”. Ante su última gran obra, nos sorprende que sea histórica, ambientada en el Valladolid del siglo XVI. ¿Novela histórica? ¿Ken Follett o algo así? Noooo, eso sí sería una herejía. Comienzo con el preludio: 
Octubre de 1557. Sale a nuestro encuentro Cipriano Salcedo, un próspero comerciante vallisoletano que ha viajado por Europa, para recoger información sobre el luteranismo y la reforma protestante. Con un equipaje de libros prohibidos, va de regreso a Laredo en un barco llamada Hamburg o Dante Alighieri, según el puerto al que arribe. Durante la travesía, conversa largamente en torno al protestantismo y al calvinismo, con el capitán Berger, un hombre de confianza,  y un reservado calvinista llamado Tellería que viaja a Sevilla. El mar al fondo y un bello despliegue de imágenes y palabras marineras. Sólo un antiguo marino puede escribir:

"Por la amura, sobre la silueta de tierra, la bruma comenzaba a rasgarse y permitía divisar, entre los flecos, fragmentos del cielo azul que la calma chicha de la madrugada auguraba"

 
¿Novela histórica de la que se lleva ahora?  El escritor sale al paso en un vídeo que nos ofrece el archivo de RTVE:  "El hereje” tiene más de novela pura, de novela inventada, que de novela histórica". ¿Lo de histórica la convertiría en más comercial?
El hecho histórico que le sirve de soporte es el Auto de Fe contra el doctor Cazalla, y otros, que tuvo lugar el 20 de mayo de 1559. Y, sobre él, teje un entramado complejo de relaciones humanas, con la innegable maestría de su pluma. Y un hermoso homenaje a su ciudad natal.

 
Cipriano Salcedo es un perdedor, un anti héroe, como buen personaje  de Delibes. Sus relaciones con el prójimo, y no digamos con las mujeres, son siempre difíciles, desde la más tierna infancia. Y uno de los grandes abismos que se abre entre él y sus semejantes es la religión. Pero la doctrina luterana es, al mismo tiempo, un alivio para nuestro hereje que se siente muy culpable de su incapacidad de amar. Solo con la fe es suficiente, qué bien, qué cómodo pensamos los educados católicamente.

Martin Lutero
Como el escritor es un hombre creyente, me parece oportuno recoger aquí cómo se define religiosamente, su manera de entender el cristianismo. Es de una entrevista publicada en "Cinco horas con Miguel Delibes", por Javier Goñi:
"El término “cristiano consecuente” lo empleaste para definir a Jiménez Lozano, escritor y compañero tuyo en el periódico. ¿Te defines tú también así?
-En cierto modo. Yo estuve muy influido por Jiménez Lozano. Me sentía incómodo en la Iglesia preconciliar. Nunca fui muy clerical, pero cuando me di cuenta de ciertas connivencias del clero de entonces con el poder, menos aún. En esa época, que es cuando conozco a Jiménez Lozano, llevo varios años vacilante respecto al esquema eclesiástico, no a la pura fe, que no la he perdido nunca. Pepe me influyó mucho, era el católico impaciente, posconciliar antes del Concilio…
De “Cinco horas con Miguel Delibes”, entrevista de Javier Goñi, Anjana Ediciones, Madrid 1985. Página 18.
Consecuente, incómodo, poco clerical...Se me ocurre pensar que, durante el franquismo, algunos considerarían a don Miguel como a un "hereje". ¿Y qué hubiera sido de nuestro escritor en el Valladolid de 1559?
Seguimos con Cipriano Salcedo, sus herejías y su desamor.
Un abrazo de:
María Ángeles Merino
 

jueves, 6 de junio de 2013

"Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario", el peligro de trillar los versos y el albur de mis pensamientos.

 
 
 

Una nueva entrada girando en torno a "Campos de Castilla". Y no sé, de verdad, qué giro darle.

Junio, huele a tila y canta el mirlo. ¿Cuándo calentará el sol aunque solo sea un poquito? ¿Para cuándo una tibia mañana?



Paso la semana con este pequeño  libro grande a mano, conoce muy bien las arboledas de mi ciudad y tiene un rincón reservado en mi cartera, junto al ordenador y el "pincho", camuflado entre libros sin poesía. Leo y releo, cuidado, no pierdas el respeto a  versos tan queridos, tan familiares. No los trilles, saborea, mira que han de ser nuevos en cada lectura, no los conviertas en topicazos. Machado no se lo merece. Es poesía con mayúsculas, aunque tú te lo lleves a la sala de espera del dentista. Ahora escribe y busca un hilo conductor que le dé coherencia.

Abro "entrada nueva". Me detengo en la última imagen de una entrada anterior, la del hombre de casino provinciano .  Las cigüeñas de las ruinas del monasterio de  San Francisco, en mi ciudad,  me guían hasta: "Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario...".

Espera, me digo a mí misma; que ese poema, "Orillas del Duero" no es de "Campos de Castilla", sino que está incluido en "Soledades". Pero tiene mucho que ver:

Un encuentro con la primavera soriana de 1907, embrión de todo lo que vendrá después: Soria y su flechazo de amor, Castilla como símbolo, España, la ideología del momento. ¿Leonor? Tal vez ya ha puesto Antonio  los ojos en una humilde flor, en aquella pensión...

Me gusta, sigo los dibujos en el aire de las cigüeñas, oigo chillar a las golondrinas, siento en la cara las nevascas y las ventiscas, me parece sentir ese rayo de sol tibio.

¡Cuidado! ¿Qué te he dicho antes?

Los machadianos "verdes pinos", todavía sin "las polvorientas encinas", chopos... ¡El paseo junto al Duero!


Río Duero, a la altura de San Saturio.


Algo asoma entre las hierbas. Una humilde flor, las chiribitas de mi infancia. O la florecilla azul que no sé como se llama.



¿Por qué es mística la primavera soriana? ¿Asceta tal vez? Chopos, álamos, montaña, lejanía, un poeta enamorado y optimista. ¿Leonor?


Río Duero, a la altura de San Saturio.

Abro "Campos de Castilla". Lo cierro, me abandono a los caprichos de mis neuronas. Ya está, fluye el primero. Lo localizo en el libro, para transcribirlo correctamente, lo asocio con una imagen.  Piensa un poquillo, qué quiso decir Machado... Luego otra y otra. Procuraré ponerlas a salvo del trillo y del desgaste. Ahora no, Joan Manuel. Vamos a la faena...poética.

"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón"


¿Con qué mundos sutiles soñaba don Antonio? ¿Con qué mundos de pompas de jabón sueña mi pequeña?

Y de un mundo pequeñito, puro e ingrávido, paso, vete tú a saber por qué, a un verso duro para los castellanos:

"y atónitos palurdos sin danzas ni canciones"

  
¿Por qué, Antonio?¿Atónitos palurdos? ¿Sin danzas ni canciones? ¿Por qué "Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora? De acuerdo, solo es la primera parte del libro. Leonor te  hará  dar un giro copernicano a tus poemas. Déjate de tópicos y símbolos regeneracionistas.

Y ahí va el que más peligro corre de ser trillado, el más repetido, el que muchos conocen solo por la canción:
 
"Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar."

 Camino de la Vega en Campo Real.
 
Aquí tenéis un camino que yo hice mío, en Campo Real, en Madrid. ¡Cuántas veces lo recorrí ! Y lo llamaba camino. Y lo pisaba rastreando "estelas en la mar".
 
Y sigo en la mar y su camino imposible:
 
"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
 
 
El día de la foto, víspera de Reyes, me asomé al mar de invierno. Ni rastro de caminos, solo espuma y unas olas enfadadas.

 
Las aguas iban y venían, en un incesante movimiento que, con ojos de niño, contemplamos atónitos los meseteños. Sí, ante el mar nos quedamos atónitos los castellanos. No hacía frío.

Frío...  un día me  encontré con una bella rosa escarchada. Y la aterida flor, me traía otros versos, "amarguras viejas":

Rosa de invierno, en Palacios de Benaver.
 
"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón."
 
  Alguien  me heló el corazón. Fue un deshielo duro. Sé muy bien a qué España pertenecía. Españolita, al fin.

 
¿Y todo para qué? Nos preguntamos con el poeta:

"¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad,
vanidad de vanidades."
 
Porque un día, bajo un puente, me encontré con ellas, y mi entrada se tituló "Machado bajo la autovía". Los grafiteros tienen su corazoncito. Y leen a Antonio Machado. Algunos.

Leer a Antonio Machado y sus preguntas:

Sí, hay ciruelos en flor, quedan violetas.


Y siempre habrá un buen amigo que suba al Espino, a depositar unas flores en la tumba de Leonor. Los lectores de "Campos de Castilla" componemos los mejores ramos para Leonor. Y para Antonio.
 
“Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...”
Tal vez siga con este juego otro día, en otra entrada. El albur de mis pensamientos.
 
Un abrazo de:
 
María Ángeles Merino
 

jueves, 30 de mayo de 2013

"...tu lumbre da sazón al rubio grano..."



Comentario al poema "El Dios ibero", de Campos de Castilla, Antonio Machado.
Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Igual que el ballestero
tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,
...

Leo sentada junto a un trigal, “Campos de Castilla” sobre mi falda.

¿Qué es aquello que cruza el cielo azul?



Sueño dentro del sueño de un labrador ibero, un habitante de la piel de toro extendida, con sus festones de cabos y golfos. 

Al pie del trigal, el campesino, con el ceño fruncido, sueña ser un ballestero y arrojar saetas blasfemas que lleguen al ignoto lugar donde habita el voluble ”Dios ibero”. Un sueño dentro de otro sueño.

Un viento suave mece las espigas, la esperanza dulcifica la mirada del labriego, el dardo volador ha desaparecido, en su lugar:

y un «gloria a ti» para el Señor que grana
centenos y trigales.



Mueve los labios, pronuncia con rabia palabras que arrasan con sus erres. Ruina, arranco, arrasa, helar tardío, bochorno, arrasa, muerde, turbión…

El hombre ibero reza y blasfema. ¿Quién es Dios para el hombre ibero? ¿Qué es Dios? Dios es el dueño:

»¡Oh dueño de la nube del estío
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!

Dueño caprichoso, poco amigo de los débiles:

»¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza
y al pobre su fatiga y su esperanza!

Dios es aire, es fuego, es una mano:

»tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,
la noche de San Juan, tu santa mano!



Dios es azar. Paternal o cruento, con faz de amor o de venganza. La simiente arrojada en la voltaria rueda; ahí va la oración del hombre ibero, blasfemia o alabanza, lo que decida el albur.

      »¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y de venganza,
a ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!»



El protagonista de mi sueño desaparece. Vuelvo a leer en este libro tan querido:

¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?  
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.

Despierto y visito en una iglesia cercana a un "Dios adusto de la parda tierra”, tallado por una recia , y hábil, mano. Rezo con versos de Antonio Machado:


El Dios que todos llevamos,
el Dios que todos hacemos,
el Dios que todos buscamos
y que nunca encontraremos.
Tres dioses o tres personas
del solo Dios verdadero
.

"El Dios que todos hacemos"
  
Y esta también es buena oración:
 
"Anoche soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba"
(Campos de Castilla, XXI)
 
Machado soñó a Dios. Y yo también.

De Machado a Miguel Delibes. Como la próxima lectura colectiva girará en torno al novelista vallisoletano, quiero darle la bienvenida con un fragmento de "Las ratas", en sintonía con las preocupaciones de nuestro machadiano hombre ibero:

"-¿Dónde se ha visto que hiele por San Medardo?...
¿Saldrá el norte, Nini? ¿Tú crees que puede salir el norte? Mas el Nini no respondía. Miraba ahora la verja y la cruz del pequeño camposanto en lo alto del alcor y se le antojaba que aquel grupo de hombres abatidos, adentrándose por los vastos campos de cereales, esperaba el advenimiento de un fantasma. Las espigas se combaban, cabeceando, con las argayas cargadas de escarcha y algunas empezaban ya a negrear. El Pruden dijo desoladamente, como si todo el peso de la noche se desplomara de pronto sobre él: "El remedio no llegará a tiempo"

Abajo en la huerta, las hortalizas estaban abatidas, las hojas mustias, chamuscadas..."

Fragmento de "Las ratas" de Miguel Delibes extraído del libro "Castilla, lo castellano y los castellanos", de Miguel Delibes, 1979, colección "Espejo de España".

 

Echo el cierre a  mi entrada con estas palabras de Miguel Delibes, extraídas del libro anteriormente citado:

"Si el cielo de Castilla es alto es porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo".

Foto de Alberto Viñals, libro "Castilla, lo castellano y los castellanos"
 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino
 
Textos tomados de:

www.rinconcastellano.com
http://www.poesi.as/amach101.htm
"Campos de Castilla", Cátedra.
 


jueves, 23 de mayo de 2013

"Este hombre del casino provinciano que vió a Carancha torear un dia". "Este hombre del casino provinciano, que vio a Carancha recibir un día"


Comentario al poema "Del pasado efímero", de Campos de Castilla, Antonio Machado, 35- CXXXI. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
 
Antonio Machado, cansado de sus clases en el instituto, qué pesadilla de verbos franceses, qué cara de aburrimiento la de los muchachos...Mañana cortará con ellos "las viejas rosas del huerto de Ronsard", darán una tregua al Subjonctif: "que j´eusse aimé". Y será un placer escuchar a este profesor, tan triste, cuando habla de lo que verdaderamente ama.

Aula machadiana del Instituto de Baeza
 
Antonio Machado, comienza a escribir en un cuaderno rayado, sobre una mesa de mármol, en el casino de Baeza. Su mirada se dirige a la mesa de enfrente. Piensa mientras escribe, escribe mientras piensa:
 
Manuscrito original de "Del pasado efímero"
Exposición "Campos de Castilla. Hoy es siempre todavía".
 
Este hombre del casino provinciano
que vió á Carancha torear recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
húmedos ojos de melancolia
bajo el bigote gris labios de hastio
ojos velados de melancolia,
bajo el bigote gris, labios de hastío
y una triste expresion que no es tristeza
sino algo más y algo más, y menos ,el vacío
del mundo en la oquedad de su cabeza
Lleva un ancho sombrero torneado
de estilo cordobés
un cordobés color de caramelo
Chaqueta de corinto terciopelo
gustoa? y pantalon abotinado
un cordobés color de caramelo
un cordobés pulido y torneado
Aun luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalon abotinado
el Domingo y color de caramelo
su cordobés pulido y torneado
Tres veces heredo, tres ha perdido
al monte su caudal, tres ha enviudado
(Copia del manuscrito de la primera parte del poema "Del pasado efímero", con sus tachaduras y tildes.)
 
Ahí está ese hombre vestido de manera  trasnochada, aburrido,  triste,  melancólico, tan vacío... Señor, qué hastío produce verlo. Todos los días cuenta lo mismo, ya nadie lo escucha, que "vio a Carancha recibir un día", sí estoy harto de oírlo. Aquel día memorable, el 19 de junio de 1881, ante el toro Calceto, en Madrid. José Sánchez del Campo, Cara Ancha, mató al toro de frente y con los pies quietos...
 
 
.Otra vez lo está contando, Señor, que se calle de una vez...Otros días mi pensamiento vuela hasta Soria y las colinas plateadas, huyo con mi niña Leonor de la mano; pero hoy no, hoy no puedo dejar de oír su taurina e insoportable cantinela. No hay remedio, escribiré sobre "este hombre de casino provinciano".
Descargo mi desprecio en los acentos: hómbre, casíno, provinciáno, vió, Caráncha, toreár. No, toreár, no, por Dios, recibir es mucho más que torear. Recibír, día, mústia, téz, cáno, melancolía...Cada día lo veo más mustio, más cano, incluso el bigote y...se me hace más insoportable su presencia. "Húmedos ojos de melancolía", no, elimino húmedos, parecería que se fuese a echar a llorar y no es el caso. ¿Llorar? Mucho he llorado en los últimos tiempos, huí de Soria y sus grises alcores; pero este poblachón entre manchego y andaluz no da alivio a mi pena.
¿De dónde habrá sacado el sombrero cordobés color de caramelo? ¿Y el traje de "corinto terciopelo", digno de un Señor del Gran Poder? Seguro que ya durmió tamaña prenda en el carcomido baúl de su abuelo...A ver cómo escribo lo del cordobés, y lo de su chaqueta y su pantalón abotinado. Tacho lo de "lleva...", ya se entiende que lo lleva.
El camarero sonríe, cómplice. ¿Su cafelito, don Antonio? Ahora mismo.


"Aun luce de corinto terciopelo chaqueta y pantalón abotinado el Domingo y color de caramelo su cordobés pulido y torneado". A ver cómo suena así, reviso sílabas, acentos, rima, ritmo...Tal vez suprima lo del Domingo.
¿Qué cuentan de este individuo? Arruinado tres veces, "tres veces heredo tres ha perdido al monte su caudal, tres ha enviudado". Tres, tres, tres. Hoy no hay partida y no hará otra cosa sino mirarme. Echa de menos a sus compañeros de tapete que le animan con sus conversaciones de toros, bandoleros, matones, olivares y... política.

Este toro no es Calceto

Cuando se siente inspirado, extrae algo de la oquedad de su cabeza y expulsa aquello de "vendrán los liberales cual torna la cigüeña al campanario".

 
Seguiré en casa con el poema, no aguanto más la presencia de este viejo señorito aterciopelado, icono vivo de la España que no me gusta:
"...Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
("Del pasado efímero")
 
Hasta siempre, don Antonio. "Hoy es siempre todavía". Sin pretenderlo al principio, esta vez he dado voz al mismo Antonio Machado. Ha salido así y así lo dejo. Una última pregunta: ¿Existen todavía "hombres del casino provinciano"? Aunque no vistan de corinto terciopelo...
Un abrazo de:
María Ángeles Merino

jueves, 16 de mayo de 2013

"Soñé que ella me llevaba por una blanca vereda..." "Soñé que tú me llevabas por una blanca vereda...".

 
 

 

Visito la exposición "Campos de Castilla. Hoy es siempre todavía".

"Con motivo del centenario de la publicación de la obra 'Campos de Castilla' de Antonio Machado, se ha organizado una exposición en la que se recogen documentos, manuscritos, libros, borradores y objetos personales pertenecientes al genial poeta y a los autores y personas más cercanas al mismo. La muestra, que está organizada por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, puede visitarse en la Sala de Exposiciones del Monasterio de San Juan de Burgos del 10 de mayo al 2 de junio de 2013."

Monasterio de San Juan, Burgos. Entrada a a exposición.
 
Los cuadernos manuscritos que se muestran pertenecieron a la viuda de Manuel Machado, Eulalia Cáceres. A la muerte de su esposo, se recluyó en un convento de clausura; pero antes hizo donación de la biblioteca y archivos de su marido, junto con varios libros y cuadernos manuscritos de Antonio Machado,  a la Diputación Provincial de Burgos y a la Institución “Fernán González”. La relación de Burgos con los Machado podéis consultarla en el enlace que incluyo sobre estas líneas.

 
Tengo a la vista hojas sueltas de algunos cuadernos de Antonio Machado. Realizo un recorrido, cámara en mano, por las vitrinas, en busca de mis poemas favoritos. ¡Aquí está uno de ellos! El poeta ha escrito: "Soñé que ella me llevaba por una blanca vereda...". Observo la caligrafía y las correcciones del manuscrito, imagino seguir al poeta en un emocionado proceso creativo. Lo comparo con la versión publicada.
 
 
Soñé que ella tu  me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules
(una mañana)
en una tarde serena.

"Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena."
 
Senti tu mano en la mia,
tu mano de compañera,
A tu voz de niña sonaba
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva
? una campana nueva que toca
como una campana virgen
de un alba de primavera.
 
Era en la tierra de Soria
 
Vive esperanza-no todo
lo puede tragar (volver) la tierra.

"Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!

Vive, esperanza,
¡quién sabe
lo que se traga la tierra!"
 
Antes de pasar a la segunda estrofa, corrige: "Soñé que tu me llevabas...". Dentro y fuera del sueño, Leonor vive, no puede ser "ella", ha de ser "tú". Y la tarde se vuelve mañana.  Y cambia "A tu voz de niña sonaba" por "tu voz de niña en mi oído"; tal vez la campana comenzó siendo  de metal  y acabó en metáfora de la infantil voz de Leonor. Los últimos versos ganan en emoción, en la versión definitiva, con las dudas del poeta. ¿Sueño? ¿Verdad? ¡Quién sabe!

 
Machado vive, en su sueño, unos  deseos paralelos a los de Nemoroso, el pastor de la "Égloga I", de Garcilaso de la Vega, en su llanto por la "divina Elisa":

"...contigo mano a mano

busquemos otro llano,

busquemos otros montes y otros ríos,

otros valles floridos y sombríos,

do descansar y siempre pueda verte

ante los ojos míos

sin miedo y sobresalto de perderte"

Porque su niña le guía, como Elisa a Nemoroso", hacia "otros montes" sin dolor, perfectos, azules, a través de una vereda que los lectores percibimos como blanquísima, "en medio del campo verde", un prado ameno como los del maestro Garcilaso.

Y con Antonio de la mano, Leonor agita la joven campanilla de sus palabras, "en un alba de primavera", el más bello de los paisajes posibles. Y las repeticiones se suman a la asonancia de los versos pares: a a a..., marcando un ritmo de campana: tu mano , tu mano , como una campana, como una campana , tu voz, tu voz... Una rima y un ritmo de romance antiguo,
como aquellos que soñó un juglar junto a la orilla del Duero.

Despierta del sueño, sabe que la voz y la mano, desgraciadamente, no son verdad; mas sigue hablando con ella: tu voz, tu mano:

¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!
 Al final, se quiebran los versos y se quiebra el poeta. ¿Esperanza? Un vano intento de darse ánimos. Traga y tierra, qué erres tan fuertes, tan terribles, nos parece sentir el ruido de una tierra tragona: rrrrr.

Vive, esperanza,
¡quién sabe
lo que se traga la tierra!"



La caligrafía del manuscrito anterior es regular, se corresponde con un momento doloroso pero sereno. A continuación, encuentro este otro, tan distinto. Es un borrador de aquel que dice:
 


Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí.
¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
¡Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos! 

Me conmueven los tachones serpenteantes, la dolorosa caligrafía de los dos versos finales, arrinconados a la derecha del papel. "Mi niña estaba tranquila" luego quedaría en "Mi niña quedó tranquila", es el verso caligráficamente más legible, más sereno. Me parece leer "sangrando mi corazón" en lugar del definitivo "dolido mi corazón". Tal vez no quiso cargar las tintas, sangrando sería más andaluz, menos castellano, es Soria.

La muerte aparece personificada, es alguien que se cuela por el balcón o por la puerta, vete tú a saber. Machado se dirige a ella con familiaridad, como a una vieja conocida: "¿Qué has hecho?". Las oes de los versos pares hacen rebotar dolorosamente su rima asonante en nuestros oídos y nos vamos dando cuenta de la tragedia que se gesta. La muerte va a lo suyo, pasa silenciosa: se, su, finos, silenciosa, ssssss. Rompe sin piedad "algo muy tenue" pero muy querido: "un hilo entre los dos".

Seguiré con algún manuscrito más, con otros versos de "Campos de Castilla", un libro lleno de "tristeza que es amor".Un abrazo de:

María Ángeles Merino