jueves, 11 de febrero de 2016

"El Alcalde de Zalamea": "este fuego, esta pasión no es amor solo, que es tema, es ira, es rabia, es furor"


Comentario a la segunda jornada de "El Alcalde de Zalamea" de Pedro Calderón de la Barca. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Aquí estoy otra vez, con "El Alcalde de Zalamea". Mientras cocino, sigo con la vieja versión televisiva de la obra de Calderón. Es un buen complemento a la lectura. De pronto, por tercera vez, la pantalla del móvil me muestra a una mujer vestida de hombre, a la moda del siglo XVII. Se dirige a mí, es Chispa y ya no me sorprende. Escúchola.


La Chispa otra vez

-Saludo de nuevo a vuesa merced. Aquí estoy otra vez, para contarle lo principal de la segunda jornada de "El Alcalde de Zalamea", tal y como la vive un personaje secundario como yo; mas buena es la Chispa para que se le escapen los acontecimientos de la obra, aunque no siempre esté en escena.

Al comienzo de la segunda jornada, le toca salir al hidalgote don Mendo y a Nuño, su hambriento criado. Yo no puedo salir y, como quiero contarle a vusté lo que parlaron, llamé a la criada sabelotodo, Ginesa se llama. ¿Personaje secundario? Ni tan siquiera es personaje, que Ginesa no sale en ningún momento a escena, pero sus indiscreciones tienen un papel importante en la obra. ¡Tantas historias hay que cambiarían de rumbo sin la intervención de una sirvienta que habla de lo que no debe hablar. ¡La criada! ¡Personaje clave!



-Aquí me tienes Chispa, para lo que gustes mandar.

-¡Ginesa!

-La misma, señora Chispa, soldadera cantarina y danzarina de las mas chispeantes jácaras, amén de media naranja del soldadillo Rebolledo. Salúdote, a ti y a la mujer que te acompaña. 

-Encantada de verte, Ginesa. Ya que estás aquí, podías contarnos. Ya sabemos que eres persona discreta, quién lo pone en duda. Como todo es pasado, no haces con ello mal a nadie, que  el principal mandamiento es no dañar al prójimo.

-¡Bien dices! Que la obra llamada "El Alcalde de Zalamea" no sería la misma sin mí. Recuerda, ya en la primera jornada, cuando el sargento dice a don Álvaro: 

"Pregunté a una criada 
por ella y respondióme que ocupada 
su padre la tenía 
en ese cuarto alto..."

-¡Ciertamente  el primer encuentro de don Álvaro con Isabel no se hubiera producido sin ti, la criada!  ¡En el fugaz encuentro en el cuarto alto se engolosinó el caprichudo capitán! No se le hubiera ocurrido a Rebolledo subir al desván. ¿Qué nos cuentas ahora de la segunda jornada?  

-Recuerda que salen don Mendo y Nuño, su criado, buen amigo mío. 

"Don Mendo: ¿Quién os contó todo esto?

Nuño: Todo esto contó Ginesa, su criada."

Nuño iba atizando el mal humor de su amo, luego pagaría las consecuencias. Le iba contando que el capitán, después de aquella pendencia que en su casa tuvo, había dado en enamorar a Isabel. Que poco humo hacía en su casa, que en todo el día se apartaba de la puerta de Pedro Crespo, que a todas horas enviaba recados con el soldadillo Rebolledo.




-¿Y cómo le cayeron tales noticias  al hidalgo don Mendo, tan empecinado en arreglar su economía casándose con la hija de labrador más rico de Zalamea?


-Como veneno, como le habían de caer. Nuño se ganó una bofetón por remedar a su amo y decir que "Isabel es deidad hermosa y bella, a cuyo cielo no empañan los vapores de la tierra". ¡Zas! ¡Dos dientes le quebró! El hidalgo lo matara, vive Dios, "si por el honor no fuera de Isabel". Como si no supiéramos de lo poco que es capaz el viejo hidalgote. 
A todo esto, llegaban don Álvaro, el sargento y Rebolledo. Amo y criado se retiraron a escuchar ocultos.


Lola Cardona fue Isabel

-¿Qué hablaban los tres? 

-Don Álvaro revelaba que "este fuego, esta pasión no es amor solo, que es tema, es ira, es rabia, es furor". No podía sufrir que en una villana hubiera "tan hidalga resistencia", que no le hubiera respondido "una palabra siquiera apacible". Advertíale el sargento de que las villanas como esta solo se prendaban de un villano y trataba en vano de hacerle entrar en razón: "Si te has de ir mañana, ¿para qué intentas que una mujer en un día te escuche y te favorezca?". ¡Nada sabía el sargento del fuego que abrasaba al capitán!



Teresa Rabal fue también Isabel. Foto Juan Guerrero.

Que había olvidado el gobierno de la razón y atendía al placer pasajero sin freno alguno. Que un día era suficiente porque:

"En un día el sol alumbra y falta; en un día se trueca un reino todo; en un día es edificio una peña, en un día una batalla perdida y victoria ostenta; en un día tiene el mar tranquilidad y tormenta; en un día nace un hombre y muere..."


En un solo día buscaba luz, dicha, paz, triunfo y vida. Y, en su locura lo creía posible. Verla una vez solamente le forzaba a tal extremo. Su pasión era incendio, volcán, rayo, descarga de artillería...

-¡Se abrasa este necio! 



-Era ansí: fuego que postra, abrasa, asombra y hiere. El sargento le recordaba de cuando decía que las villanas nunca tenían belleza. El capitán iba desprevenido, pensó en hallar villana y halló deidad. Proclamaba  que en toda su vida vio "más divina, más perfecta hermosura". 

-Y le decía a mi hombre: "¡Ay, Rebolledo, no sé qué hiciera por verla!"

-Tu Rebolledo habría de ayudarle, favor por favor. Haría jira, fiesta y música a la ventana de Isabel. Que en la compañía había soldados que cantaban por excelencia y contaba contigo Chispa, la primera en jacarear. El capitán tenía reparos pensando en don Lope, no quisiera despertarlo; mas si iba de rebozo en la tropa, la culpa sería de la tropa, mira tú que buen oficial. No lo despertarían, que la pierna de don Lope no dormía nunca.

-A don Álvaro no le detenían las dificultades ni los cuidados. ¡Ay qué de cuidados le costaba Isabel, su labradora deidad! Y allá iba la Chispa a jacarear. Yo estaba de mohína, que un soldado habíame hecho "alicantina" y no quería pagarme "el  barato" que me debía,  hora y media con las bolas, que si eran pares o nones. Lo dejé con el barbero que cosía el rasguño que, con mi espada, en el rostro le bordé.  Pidiome Rebolledo de olvidar la mohína que habíamos de cantar, después de anochecer. Mi castañeta siempre dispuesta, habría fiesta, fuera mohína, la espada a guardar. "Fama ha de quedar entera de mí en el mundo, que soy Chispilla, la bolichera."

- Ahora debería contarte con pelos y señales lo que pasó dentro de la casa de Pedro Crespo, mas yo estaba en mis quehaceres. Algo me llegaba. Mi señor ordenó poner la mesa para la cena con don Lope, en el jardín, una apacible estancia para las noches de agosto. Y decíale a su invitado del viento süave, las blandas hojas de las parras, las copas de los árboles, la música de la fuente "cítara de plata y perlas" sin cantores, que los pájaros no gorjean de noche. 


La cena interrumpida de don Lope en casa de Pedro Crespo...y en la mía.

Creo que hablaron de si Crespo se sentaba o no, de si le dolía la pierna a don Lope, tras los treinta años en las guerras de Flandes con hielos o soles, de la paciencia que le dé o no le dé Dios y de los mil diablos que carguen al fin con su famosa pierna. ¡Qué carácter endiablado el de ese hombre!
Los criados teníamos orden de no salir a servir la mesa. Pues no entraban criados, don Lope pidió que cenase con ellos Isabel; mas en el momento de sentarse tocaban guitarras en la calle. Se oyó una voz que decía: "Vaya a Isabel una letra". Y una piedra dio sobre la ventana.  Alguien cantaba aquella conocida  letrilla tan conocida que dice: "Las flores del romero, niña Isabel, hoy son flores azules y mañana serán miel". 



-Me contaron que don Lope toleraba lo de la música, pero lo de tirar piedras le parecía desvergüenza. ¡Cantaletas en la casa donde estaba alojado! Que Pedro Crespo disimulaba por respeto a su huésped. Todos gritábamos: "¡Despierta, Isabel, despierta!"

-Don Lope ya no lo podía sufrir y arrojó la mesa. A continuación, Crespo arrojó la silla. 

-Volvió la música y yo estaba en mi centro. Me puse a cantar:

"Érase cierto Sampayo
la flor de los andaluces, el jaque de mayor porte, 
y el jaque de mayor lustre..."

Seguí con la canción de la Chillona y el Garlo que sacó la espada y "a un tiempo un tajo y revés sacude". En el momento de decir eso último, salieron don Lope y Pedro Crespo dando cuchilladas a todos los que alcanzaban. Su intención era que ninguno quedara "sin almagre". Huimos y los dos espadachines se felicitan de sus habilidades, que puede oírlos:

Don Lope: ¡Voto a Dios que riñe bien!
Pedro Crespo: ¡Bien pelea, voto a Dios!



-Y yo pude escuchar a don Álvaro cuando se encontró con don Lope. Le preguntaba de qué eran "esos extremos". El capitán le explicó que los soldados habían tenido una pendencia porque estaban cantando sin alboroto ni ruido, que él los estaba deteniendo. Don Lope bien entendía y, para evitar males mayores, le dio orden de sacar su compañía de Zalamea. 

-Fuese  marchando toda la compañía pero él había de volver. Y, como cómplices de su fechoría, nos había de llevar a Rebolledo y a mí, junto al sargento y algunos soldados. 

-Así es, don Álvaro había de regresar a Zalamea porque me tenía prevenida a mirar si podía por dicha hablar a su "hermosa homicida". Dádivas recibí, no creí que hacía mal, que era sólo para hablar, entendí. ¡Ya me pesa haber sido la traidora criada! 

Supe que el señorito Juan se iba a la guerra con don Lope y que Isabel se despedía de su hermano.  Y que don Lope le entregó, al despedirse, una rica venera con diamantes  que Isabel aceptó no como pago al hospedaje sino como muestra de cariño. Y que mi señor dio una serie de acertados consejos a su hijo, antes de verlo partir. 

Inés, la prima que siempre acompañaba a Isabel, tuvo la idea. Ahora que sin soldados vivían, podían gozar a la puerta el frío viento que corría, que luego saldrían los vecinos. Se sentó Pedro Crespo en un banquillo, junto a la hija y la sobrina.

-No podían imaginar lo que les esperaba. La luz de la luna daba en el rostro de la desdichada Isabel. Don Álvaro nos dijo que pisáramos sin rüido, que llegara Rebolledo y diera a la criada aviso, a ti Ginesa, de que ya estaba en la calle.  El capitán nos explicó nuestra traidora misión:

"Yo he de llegar y atrevido
quitar a Isabel de allí.
Vosotros a un tiempo mismo
impedid a cuchilladas
el que me sigan"

Llegamos cuando ya se iban a retirar. Don Álvaro nos dio la señal: "Ya es tiempo".¡Llegad amigos! Gritó Isabel : "¡Ah, traidor! -¡Señor! ¡Qué es esto?". Don Álvaro replicó: "Es una furia, un delirio de amor". Se la llevaron. 

-Oí, desde la casa, a tu Rebolledo que  amenazaba de muerte a Pedro Crespo desarmado. La muerte le importaba poco a mi amo si era su honor el que estaba muerto.

-Sí, y yo le oí cuando Inés le trajo la espada:

"Soltad la presa, traidores
cobardes, que habéis traído,
que he de cobrarla o la vida
he de perder.



-Era un vano intento, que eran muchos y así se lo señaló el sargento. Cayó a tierra. Rebolledo le decía "dale muerte". Al  sargento le parecía "rigor impío quitarle vida y honor". Era mejor dejarle en el monte escondido y atado, para que no llevara el aviso.

-Isabel llamaba a su padre y señor.  Pedro Crespo solo podía seguirla con sus suspiros. Se lo llevaron al monte. ¿Por qué Rebolledo fue arrastrado a esto? ¡Malditas deudas! ¿Por qué me arrastró a mí? Nunca la Chispa imaginó tanto mal. ¡Maldito capitán y maldito su mal amor! 

Salúdole señora mía, tal vez nos volvamos a ver. O tal vez acuda otro personaje a contarle la tercera jornada. 

-La criada Ginesa también se despide de vusté. Fue un honor, señora mía. ¡En que hora hice negocios con don Álvaro!

Un abrazo para todos los que habéis pasado por mi entrada número 1002. Me voy a la cama, voto a Dios. 

María Ángeles Merino

"El Alcalde de Zalamea", Pedro Calderón de la Barca, edición de Ángel Valbuena, Cátedra, Letras Hispánicas.  El texto de Calderón de color naranja.
Texto completo de "El Alcalde de Zalamea", aquí.
Vídeo, aquí.


jueves, 4 de febrero de 2016

"El Alcalde de Zalamea": "el honor es patrimonio del alma"

Don Álvaro y Pedro Crespo en mi cocina

Comentario a la primera jornada de "El Alcalde de Zalamea" de Pedro Calderón de la Barca. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Estoy metida en harina, otra vez, con "El Alcalde de Zalamea" y con la comida. Mientras pico unas verduras o unos ajos, escucho una vieja versión televisiva de la obra de Calderón. Eran muy buenas voces aquellas. De pronto, otra vez, la pantalla del móvil me muestra a una mujer vestida de hombre, a la moda del siglo XVII. Se dirige a mí, es Chispa y ya no me sorprende. Escúchola.

Saludo de nuevo a voacé. Recuerda, sin duda, que soy la Chispa y, por amor al soldado Rebolledo, estoy aquí, dentro de la obra de teatro llamada "El Alcalde de Zalamea", de don Pedro Calderón de la Barca, mi creador. Voy con los soldados a Portugal, donde el rey Felipe II, mi Señor, anhela ser coronado como rey luso. Bien conozco la fama de las soldaderas, tal es mi condición: "mujer que convivía con los soldados durante las campañas de guerra”.  



Cuando, por fin llegamos a las proximidades de Zalamea, yo cantaba y bailaba mis jácaras. "Yo soy tiritiritina, flor de la jaracandina. Yo soy tiritiritaina, flor de la jacarandaina". ¡Vive Dios que hambre y qué cansancio de tanto andar! ¡Y Rebolledo soñando con pedir a la huéspeda una gallina, que el carnero le hacía mal! Ni lo uno ni lo otro, si cayó algo caliente fueron gachas o sopas de pan, qué ricas. ¿Carnero? Ya dije. No se lo sirva vusté, señá huéspeda, que es duro y no le placen los cuernos. ¿Gallina mi hombre? No, que ya demostró su valentía.

Los soldados iban entretenidos en sus mismos oídos y sentían que cesara el canticio. Porque a la vista teníamos la torre de la iglesia de Zalamea y habíamos de parar y callar. Gozaríamos más adelante de jácaras un ciento, que tiempo habría. Esperábamos al sargento con la orden de entrar marchando o en tropas.



Por fin llegó y con él venía el capitán, el don Álvaro de mis pecados. La soldadesca podía darle albricias, pues estaríamos alojados hasta que don Lope juntara a todo el tercio y marcháramos para Guadalupe. Bien podíamos descansar. Ya estaba hecho el alojamiento y nos darían las boletas, los papelillos que nos dicen a cada quisque en qué casa toca alojarnos. Yo me las compongo con la boleta de mi rebollo. ¿Barragana yo? ¡Lenguas de víbora!

Mi hombre y yo desaparecimos de la escena. Más tarde, volveríamos para ir a la casa donde se alojaba el capitán. Rebolledo quiere pedir al capitán le conceda la cuenta del juego del boliche, con lo cual yo sería la bolichera  y alguna ganancia caerá, que tenemos muchos gastos. Fieras apuestas hacen los soldados a ver quien maneja mejor el juguetillo. 


¿Que dónde se alojó el capitán? Rebolledo me cuenta lo que le cuenta el sargento: "En la casa de un villano, que el hombre más rico es del lugar...que tiene más pompa y más presunción que un infante de León". Él mismo, el sargento digo, la eligió para don Álvaro; pues anhelaba ganar unos puntos ante su superior. No por ser del lugar la casa mejor sino "porque en Zalamea no hay tan bella mujer como una hija suya". Si el capitán no se entretiene me entretengo yo, pensó y pensó bien. Allá don Álvaro si imaginaba una desaseada villana "con malas manos y malos pies". ¡Toda una dama labradora es Isabel, la hija de Pedro Crespo! ¡Que el sargento tenía ojos, pardiez!

Casa de Pedro Crespo. O eso dicen.

Y oídos para escuchar las finezas de amor de cierto hidalgo, plantado ante la casa, como los caballeros de las comedias, con la boca llena de orientes con diamantes, auroras y atardeceres que deslumbran tornándose amaneceres. ¡Cómo les gusta el sol a los poetas! Y todo en balde, que un ventanazo fue la respuesta de Isabelilla.  El caballero llámase don Mendo y parece un don Quijote con su Rocinante, tan flaco el uno como el otro. Le acompaña un criado quejoso de las hambres cotidianas, las suyas y las del caballejo. Ni para cebada dispone.


 El hidalgote a lo suyo, con el palillo ocioso en la boca, aunque a las tres maldito el bocado. Cuando Pedro Crespo aparece por su calle, un "Dios os guarde" y a retirarse tocan. Ya se daría con un canto en los dientes si Pedro Crespo se la entregara para el santo matrimonio. Conocería el milagro de comer tres veces al día, algo milagroso en la España de nuestro rey Felipe que Dios guarde.

Pedro Crespo, sí, el rico villano. Sé por mi Rebolledo que el sargento hubo de llevar a casa del labrador la ropa de don Álvaro de Atayde, nombre completo del capitán. Y que, antes de entrar con el hatillo, oyó desde el zaguán la charla de Crespo con su hijo. Sorprendiole porque nunca antes había oído hablar ansí de eras y parvas, "montes de oro" decía. 


"las parvas notables de manojos y montones, que parecen al mirarse, desde lejos montes de oro..."

Y el bieldo que hiere al viento y el cuidado con los trojes, no se los lleve algún turbión. ¡Un tesoro cereal! El muchacho no estaba para hablar de espigas pues acababa de perder dos partidos de pelota que no había podido pagar y temía el enfado de su señor padre. Mas Crespo no mostró enojo, tan solo le aconsejó con firmeza que no jugara sin  dinero a la vista. El hijo recibió un consejo y hubo de pagar al padre consejero con otro: "en tu vida no has de darle consejos al que ha menester dinero". No es un padre duro este Crespo, al menos con sus hijo varón. Con las hembras, la cosa cambia. 

Dejó el sargento el hatillo en el aposento que le indicaron.  Al salir, quiso descansar y aliviar la calor sentado en un poyo, junto a la ventana y a la sombra. Escuchaba las voces de Crespo, su hijo Juan y su hija Isabel. 


A Juan, el hijo, le molestaba que su padre, siendo rico, viviera sujeto a los hospedajes de la tropa porque bien podría excusarlos comprando una ejecutoria. Crespo no concibe el honor postizo, pagado. Todos sabían que era "si bien de limpio linaje, hombre llano". Podía comprar al rey una ejecutoria, mas no la sangre. ¿Dirían que era entonces mejor? No, dirían que era noble por unos miles de reales. Dinero, que no honra, que la honra no la compra nadie. Sería como un hombre calvo que se comprara una cabellera, buena comparación pardiez.




De pronto, el sargento oyó voces de mujer. Era Isabel acompañada de su inseparable prima Inés, la pariente pobre supongo. Pedro Crespo le anunció, solemnemente, que nuestro Rey iba a Lisboa a coronarse y había de ir acompañado de marciales tropas, todo el tercio viejo de Flandes, al mando de don Lope de Figueroa. Que habían de venir a casa soldados y era importante que no la vieran, debía retirarse a los desvanes. Así lo haría gustosa, en compañía de Inés, y ni el sol osaría verlas. Que ella mesma había pensado en solicitarlo a su señor padre. Hay buenas hijas que se adelantan a las disposiciones de los buenos padres.


El sargento hubo de acompañar al capitán a la casa de Pedro Crespo. Recibiolo Juanico, en nombre de su padre, con palabras corteses: "vos seais bien venido", "ventura ha sido grande venir a ella un caballero tan noble", "perdonaréis...que mi padre quisiera que hoy un alcázar esta casa fuera". Don Álvaro agradeció "la merced y el cuidado". 

Cuando Juan se fue, preguntó, inquieto, al sargento,  si había visto "a la tal labradora". No por cierto, aunque sacó información de una criada habladora, que siempre las hay. Al parecer, el padre la tenía ocupada en el cuarto alto y no había de bajar nunca. Sólo por estar guardada, a don Álvaro  diole más deseo de entrar. ¡Y qué deseo más fiero! 

 Había de buscar una industria para llegar arriba, precisaba ayuda  y eligió a mi Rebolledo, a cambio de concederle lo del boliche por su cuenta. Mi hombre es hombre honrado "de muchas obligaciones" y necesita una "ayuda de costa".  ¡La Chispa es la obligación! 

Pusieron en marcha la industria. El capitán fingió que reñía con él y Rebolledo huyó hacia el desván. Don Álvaro fue detrás con la espada y Rebolledo dio, al fin, con la guardada Isabel. Quedé sorprendida del estilo caballeresco que gastó mi hombre, qué piquito de oro:

"Señoras, si siempre ha sido
sagrado el que es templo, hoy
sea mi sagrado aqueste,
pues es templo del amor"


Rebolledo (Joaquín Pamplona), don Álvaro (Paco Morán) y el reflejo travieso de mi ventana.

Se produjo el encuentro entre el capitán y la hija de Pedro Crespo. Ella le pidió que se detuviese como hombre de honor: "Deteneos...siendo vois quien sois". Las palabras de él destapaban que su intención era cortejar a la labradora, no castigar al soldado. Estaba tan claro como la luz del día.

"No pudiera otro sagrado
 librarle de mi furor, 
sino vuestra gran belleza
 por ella vida le doy.
...
No sólo vuestra hermosura
es de rara perfección,
pero vuestro entendimiento 
lo es también..."


Don Lope e Isabel (Pablo Sanz y Lola Cardona)

Entraron el padre y el hijo con las espadas desnudas. Pedro Crespo expresó su sorpresa, pensaba hallarle matando a un hombre y le halla requebrando a una mujer. Don Álvaro se justificó: "yo al respeto de esta dama suspendí todo el furor". 



Don Álvaro y Pedro Crespo (Paco Morán y Fernando Delgado). 

Juan se había dado cuenta de las intenciones del capitán y no disimulaba. A punto estuvo de armarse una muy gorda. Sacaron las espadas y Rebolledo clamaba: "Vive Cristo, Chispa, que ha de haber hurgón! Y yo: "¡Aquí del cuerpo de guardia! 

En esto, apareció don Lope de Figueroa, tan galán, con insignia y bengala. Y con su humor de mil demonios, mucho le debe doler siempre la pierna. Amenazaba con echarnos a todos por el corredor. Don Álvaro dio su versión: estaba alojado en esa casa, un soldado le dio ocasión a que sacara la espada, huyó, entró tras él donde estaban las dos labradoras y su padre y hermano se disgustaron. 

Don Lope preguntó quién fue el soldado e Isabel señaló al pobrete de mi Rebolledo que iba a pagar por todos. Don Lope dio la peor de las sentencias: "Denle dos tratos de cuerda". De esta vez me lo estropean, clamaba yo. Le atarían las manos hacia atrás, le colgarían por ellas de una cuerda, le levantarían en el aire para dejarle caer sin que llegara a tocar el suelo. ¡Un dolor terrible en los hombros! ¡Podían descoyuntármelo! 


Tratos de cuerda

Bien sabía don Lope que así saldría la verdad. Don Álvaro tenía la desvergüenza de pedirle que callara, pero mi Rebolledo no podía sufrir que le pusieran los brazos atrás, como mal soldado. Le confesó a don Lope: "el capitán me mandó que fingiese la pendencia, para tener ocasión de entrar aquí". Se acabó, el tambor había de echar el bando. Don Lope ordenaba que al cuerpo de guardia fueran todos los soldados y no saliera ninguno, bajo pena de muerte, en todo el día. Don Álvaro había de buscarse otro alojamiento, que don Lope quedaba en la de Pedro Crespo. El capitán quedaría libre de empeños y disgustos. ¡Qué ironía la del viejo general!

Nos fuimos todos y se quedaron hablando don Lope y Pedro Crespo, buena pareja. Yo no quería perderme la conversación y me quedé fuera de la casa, con la oreja pegada a la ventana. 



Pedro Crespo le daba las gracias por excusarle una ocasión de perderse. Don Lope preguntaba como era eso, la respuesta del rico labrador fue: "dando muerte a quien pensara ni aun el agravio menor". Don Lope le recordaba que era capitán y Crespo que "aunque fuera él general, en tocando a mi opinión, le matara". Y don Lope que "a quien tocara ni aun al soldado menor solo un pelo de la ropa...yo le ahorcara". Voto a Dios, voto a Dios, a quien, a quien, por vida del cielo, por vida también del cielo. Se devuelven la pelota de los juramentos una y otra vez. No hemos terminado, que aún no hemos llegado a las palabras que don Pedro Calderón dejó escritas para siempre, con tinta imborrable:

Pedro Crespo-"A quien se atreviera 
a un átomo de mi honor,
por vida también del cielo, 
que también le ahorcara yo.


El más famoso pasaje en un viejo libro de texto.

Lope de Figueroa-¿Sabéis que estáis obligado,
a sufrir, por ser quien sois,
estas cargas?

Pedro Crespo-Con mi hacienda,
pero con mi fama no.
A Rey la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma 
y el alma sólo es de Dios


"Al Rey la hacienda y la vida..."Borroso ahora, claro en tiempos de Calderón.

A don Lope le parecía que Pedro iba teniendo razón. ¡Victoria! Nunca oí que los villanos tuviéramos opinión, fama y honor, vive Cristo, vive Dios. ¿La barragana y soldadera Chispilla también?

El viejo general venía cansado y la pierna, que el diablo le dio, había menester descansar. Servirá la cama que el diablo dio al villano. Y pues diola hecha el diablo, a deshacerla iba, que cansado venía, voto a Dios. 

Yo también me voy a descansar, voto a Dios. Otro día volverá la Chispa, para la segunda jornada. Salúdola, señora mía. 

Un abrazo para todos los que habéis pasado por mi entrada número 1001. Me voy a la cama, voto a Dios. 

María Ángeles Merino


"El Alcalde de Zalamea", Pedro Calderón de la Barca, edición de Ángel Valbuena, Cátedra, Letras Hispánicas.  El texto de Calderón de color naranja.
Texto completo de "El Alcalde de Zalamea", aquí.
Vídeo, aquí.
Curso de Lengua, 7 º EGB, Fernando Lázaro Carréter, 1983, Anaya.

jueves, 28 de enero de 2016

Recuerdos en torno a "El Alcalde de Zalamea", un vídeo de You Tube y una visita pícara e inesperada.


Viejo libro de texto y edición de "El Alcalde de Zalamea" de Cátedra.

Comentario inicial a "El Alcalde de Zalamea" de Pedro Calderón de la Barca. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Inicio una nueva aventura lectora: “El Alcalde de Zalamea” de Pedro Calderón de la Barca. Elijo la edición de Cátedra. Se ofrece en ella el texto de la edición príncipe de "El garrote más bien dado", título que defiende Ángel Valbuena Briones, preparador de la edición. Lo del garrote me sobrecoge un tanto. 



Leo la introducción que incluye una información muy completa sobre la vida y la obra de Calderón, junto a un análisis de "El Alcalde de Zalamea". Pero, de pronto, me acuerdo de un viejo libro de texto de séptimo de Educación General Básica, firmado nada menos que por Lázaro Carreter, que todavía conservo. Porque yo fui a E.G.B. 

Y siento nostalgia leyendo su sucinta información: seguidor de Lope de Vega, maestro de autores de teatro, nació en Madrid en 1600, familia acomodada, universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, autor dramático, no cultivó otros géneros, sigue de cerca las comedias de Lope pero se hace más reflexivo, sosegado y profundo, Felipe IV le pone al frente del teatro de Palacio, sus dos obras maestras "El alcalde de Zalamea" y "La vida es sueño", autor de autos sacramentales, se ordena sacerdote y muere en 1681. 


Viejo libro de texto y edición de "El Alcalde de Zalamea" de Cátedra.

¿Y qué dice de "El Alcalde de Zalamea"? Las tropas españolas van hacia Portugal. El capitán don Álvaro y sus hombres se detienen a descansar en el pueblo de Zalamea, a la espera del general don Lope de Figueroa. El capitán va a hospedarse en casa de un rico labrador llamado Pedro Crespo, el cual tiene una hija, Isabel, que es la más hermosa de toda Zalamea. Don Álvaro la ve y desea conquistarla...

Después los niños leerían el diálogo entre el digno  e irónico alcalde y el colérico don Lope. El libro pide que comparen sus diferentes caracteres, que vean como Pedro Crespo se burla de los juramentos y bravatas de don Lope, que identifiquen la estrofa como romance...Tenían doce o trece años. ¿Podían leer a Calderón? Nostalgia de una profesora de E.G.B., qué antigua soy.



Pedro Crespo, para mí Pedro Crespo es Paco Rabal, en una película de 1974, proclamando  aquello de "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios". 



Lo confieso, no me es simpático eso del honor calderoniano. ¡El honor! ¿Qué consistencia puede tener esa palabra para que, en su nombre, se cometieran, y se cometen todavía, ay, tantas burradas. Burradas, sí, aunque les pido disculpas a los burros que ellos no cometen mal alguno. Veamos lo que dice el diccionario de la RAE: "Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual transciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea". Eso está muy bien, pero también: "honestidad y recato en las mujeres y buena opinión granjeada con estas virtudes". No me gusta, la inocente Isabel no va a tener otro camino que el convento, donde encontrará "esposo que no mira en calidad". ¡Mira tú que ley!

Anda, ponte ya a leer, María Ángeles. Deja el honor para otro momento.

Me pongo. Leo la "comedia famosa" hasta la jornada tercera, en que sale Isabel como llorando. Disfruto mucho de la lectura pero echo en falta  imágenes y voces y la solución está en los vídeos de"You Tube". Elijo una versión añosa que anuncia ser completa, asegura que es de 1954, pero debe ser una equivocación puesto que tiene todo el aspecto del teatro televisivo de los setenta y las caras son las conocidísimas de aquella época: Fernando Delgado, Pablo Sanz, Francisco Morán, Lola Cardona, Alicia Hermida, Nicolás Dueñas...Escucho y echo un vistazo mientras...hago la comida, por ejemplo. 


Estoy metida en harina, en la obra y en la comida. De pronto, la pantalla del móvil me muestra a una mujer vestida de hombre, a la moda del siglo XVII. Pero no recita a Calderón sino que se dirige a mí. ¡Es Chispa, que me está hablando! Vuelvo a las andadas con los secundarios, al parecer. Ya no me sorprende, escúchola:

Saludo a su merced. Me llaman la Chispa, la Chispilla, y por amor, sí por amor, estoy aquí. Bien conozco la fama de las soldaderas, tal es mi condición: "mujer que convivía con los soldados durante las campañas de guerra”.  A la guerra de Portugal vamos, donde el rey Felipe II, mi Señor, anhela ser coronado como rey luso, por la sangre de su bellísima madre doña Isabel y su matrimonio con doña Manuela que en la paz de Nuestro Señor descanse.



Mas a  “perecer con Rebolledo me resolví”, un pícaro soldado, tan alto y recio como los rebollos. Porque yo, maguer chiquita y graciosa, “ barbada el alma nací” y vine “para sufrir trabajos con mucha honra”, que para estarme regalada “no dejara en mi vida…la casa del regidor donde todo sobra, pues al mes mil regalos vienen”. Viva, ingeniosa y aficionada al buen vino, que no borrachina. Mis jácaras dan una poquilla alegría a la dura vida de los soldados y si saco el "barato" en algún juego de azar, bien venido sea. 

Bien sé que otros escritores de mi persona han usado, mas ninguno como mi don Pedro Calderón de la Barca. Voacé puede leer “El diablo cojuelo” o la “Jácara entremesada de la Pulga y la Chispa”. Doy licencia  a los de péndola que “vaya y venga la tabla al horno y a mí no me falte pan”.



Voacé se preguntará por qué don Pedro comienza su obra con unos personajes como Rebolledo y una servidora, de la calaña de los pícaros, como Lázaro del río Tormes o Justina la pícara o la andaluza lozana; que también hay soldados lectores y cuéntanme historias, que para todo hay tiempo. El mismo Cervantes, el de don Quijote, qué risas cuando lo leen en voz alta, puso gente apicarada y hampona en una comedia donde salía un rufián dichoso. Tan pícaros como mi Rebolledo, soldado apicarado donde los haya, ay qué dulzura la de entrar en esos rebollos.



Su mercé me pregunta por qué y yo aquí dando palique. Paciencia, que pongo a refrescar la memoria y cuéntole lo que largaba un soldado estudiante de Alcalá de Henares, cuando juntábase con un sargento que sabía de gramáticas, la puerta decían, tal puerta nunca vi. Pues decía que el Arte Nuevo de hacer comedias, el que inventó don Lope de Vega, tenía como propósito el ser “un espejo de la vida”. “Buscó un acercamiento a la realidad…Lo cómico y lo grave, lo humilde y lo hidalgo se mezclaron…se esforzó…en captar una apariencia de lo real”. 




Sólo apariencia, que yo no muestro lo feo y lo repugnante de mi oficio. Y nuestro mundo de “hampa” se sugiere por nuestra manera de hablar, el estudiante aseguraba  que tales vocablos eran de “germanía”. Tampoco conoceremos detalles de la desgracia de Isabel, la hija del alcalde Pedro Crespo, mas no adelanto acontecimientos.

Mas lo creen ciertamente los que van al corral de comedías porque don Pedro Calderón es un maestro de la palabra. ¡Y cómo acarician los versos nuestros oídos! ¡Qué música sin instrumentos! Un poco repetitivo sí es, digo yo que para que el público comprenda, como el maestro que dice lo mismo unas cuantas veces para que a los muchachos se les quede. "Anadiplosis, epanadiplosis, reduplicaciones o epímones, epiforas y expoliaciones". Casi nada. 

¿Qué de dónde saco tales vocablos? Pedile al de Alcalá que me las apuntara en un papelillo que llevo escondido en los pliegues de la camisa, no sé lo que quieren decir pero suenan bien y tal vez un día me sean útiles para camelar algún pardillo. Sé leer, no le extrañé a voacé, tuve buenos maestros, que tiempo había para todo y...por algo me llaman la "Chispa".

Así que comenzamos la jornada primera. Salimos Rebolledo, los soldados y yo. Rebolledo rompe el silencio con un devoto y blasfemo "¡Cuerpo de Cristo...! Los soldados llevan mucho tiempo de marcha "sin dar un refresco". No se quejan, contestan con un amén. Mi hombre trata de arrancarles una queja, si son acaso gitanos para andar así, aturdidos por el tambor, seguir siempre a la bandera. 



Replican, el cansancio se les olvidará a la entrada del lugar, no han de mostrar pesar. ¿Y si el comisario viene a la entrada con malas noticias? Porque hay concejos que pagan para que los soldados se vayan. "Señores soldados, orden hay que no paremos, luego al instante marchemos". Y ellos a obedecer. Rebolledo no puede más, previene a su compañeros, amenaza con dar un tornillazo, desertar. Un soldado le advierte,le puede costar la vida, que don Lope de Figueroa es "el hombre más desalmado...y que sabe hacer justicia del más amigo".

 A Rebolledo no le inquieta, " sino por esa pobreta que viene tras la persona". Le digo que no se aflija,que "barbada el alma nací", que vine "a marchar y perecer" con él. Él se anima y me proclama: "¡Viven los cielos, que eres corona de las mujeres!". Hay vivas a la Chispa y no me puedo negar cuando Rebolledo me pide que cante una jácara. Cantamos los dos:

CHISPA: Yo soy tiritiritaina,
flor de la jacarandana.

REBOLLEDO: Yo soy tiritiritina
la flor de la jacarandina.

CHISPA: Vaya a la guerra el alférez
y embárquese el capitán

REBOLLEDO: Mate moros quien quisiere
que a mí no me han hecho mal
...

Y se acabó el pesar. ¡Lo que pueden mis mágicas jácaras! Que vaya otro a la guerra. ¿Que nos han hecho a nosotros los enemigos?

Volveré, le contaré, señora mía. No se olvide de la Chispa. 

-Adiós, Chispa. Aquí espero tu próxima visita. 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino en su entrada número 1000.



Bibliografía


"El Alcalde de Zalamea", Pedro Calderón de la Barca,edición de Ángel Valbuena, Cátedra, Letras Hispánicas. Fragmentos en azul de la introducción. El texto de Calderón de color naranja.
Texto completo de "El Alcalde de Zalamea", aquí.
Vídeo, aquí.
Curso de Lengua, 7 º EGB, Fernando Lázaro Carréter, 1983, Anaya.

jueves, 21 de enero de 2016

"Los Pazos de Ulloa": una novela de tesis vestida de folletín.

Sesión de lectura del día 19 de enero de 2016. Buenas lectoras y buen profesor.

Pequeña crónica de la reunión del Club de Lectura presencial, de la UBU. Comentamos "Los Pazos de Ulloa", de Emilia Pardo Bazán. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por el profesor Pedro Ojeda. 

Estamos a 19 de enero de 2016, son las cuatro y media de la tarde. Comienza nuestra sesión de lectura en la Sala de Juntas de la Facultad de Humanidades de Burgos. Recibimos noticias de las futuras lecturas y los encuentros con escritores, así como los posibles viajes. Ahora vamos con "Los Pazos de Ulloa" de Emilia Pardo Bazán.

Como ya nos dijo Pedro Ojeda en la sesión anterior, y ahora nos lo recuerda, estamos ante un “novelón”. Algunos ya lo conocíamos, aunque, tal vez, ahora lo hayamos contemplado desde una perspectiva diferente. 

Mi nuevo cuaderno de notas junto al "novelón"

La exposición de Pedro Ojeda fue tan amena e interesante como siempre. Aquí tenéis lo que mi cuaderno pudo recoger de la misma y mi interpretación, confiando en la memoria y en la capacidad de traducir notas manuscritas a la carrera:


Emilia Pardo Bazán escribió la novela después de “La cuestión palpitante”, un estudio del Naturalismo europeo, con Émile Zola a la cabeza. La escritora se sentía con fuerza para incorporar esa corriente literaria a su obra. Su intención  era mover el árbol para ver si caían nueces, probar con el cambio: incorporar la narrativa española a la narrativa europea.  El estudio fue muy alabado por Zola; pero más adelante, cuando E.P.B. escriba “Los Pazos de Ulloa”, el escritor francés dirá que E.P.B. no podía ser naturalista por ser católica, que podía utilizar técnicas naturalistas, pero no era naturalista. 



Esa fue precisamente la intención de la escritora, la de hacer una obra naturalista dentro del contexto español, arriesgándose a recibir críticas, siendo además una mujer…Se puso en primera fila y se arriesgó a no seguir una escuela, a romper y hacer algo nuevo. 


En su vida personal, coincidió con el fracaso de su matrimonio y las relaciones extramatrimoniales; lo cual nos lleva a recordar a Galdós, al que llamaba cariñosamente "miquiño mío". 


Una mujer de armas tomar que mantenía polémica con muchos escritores. Pedro nos cuenta una significativa anécdota relacionada con José Zorrilla: cuando le dijeron que  iban a coronar al viejo escritor como poeta nacional, ella preguntó con sorna si estaba todavía vivo. Anécdotas aparte, de lo que no hay duda es de que estamos ante una novela muy bien escrita, de una mujer que rompe.


Coronación de José Zorrilla

En su época, hay muchas novelas con protagonistas sacerdotes. Pero lo que hace diferente a "Los Pazos de Ulloa" es que está focalizada en Julián, un cura débil, lleno de dudas que resuelve con un "¡Dios sobre todo!". Un espíritu femenino, tal eran las acusaciones de sus compañeros en el Seminario. 

Lo que se leía entonces era el folletín y E.P.B. quería que su novela se leyera, que tuviera un público. Para ello, utiliza la estructura argumental del folletín. Es una historia cantada, va a acabar mal y lo sabemos desde el principio. Usó las fórmulas folletinescas para ir donde quería ir, hacer otra cosa,  ir más allá. 



La sorpresa  no va a ser la sorpresa argumental, estamos ante una novela de tesis, aunque entonces no se llamara así. Su intención era demostrar algo y, para ello, la escritora deseaba que la novela se comprendiera muy bien. Era como un experimento científico comprensible, para introducir una reflexión, como un caldo de cultivo al que se añadía un reactivo. E.P.B. entendía la literatura  como una herramienta de cambio social. La pretensión de su novela de tesis era cambiar conciencias y, con ello, la estructura de un país ¿Las conciencias de quiénes? 

¿Del pueblo? No, E.P.B. no escribía para la clase popular, ningún escritor lo hacía entonces. Escribía para la burguesía, en todos sus sectores, desde los demócratas republicanos hasta los conservadores, incluidos los carlistas, un público muy amplio. 



E.P. B. era una monárquica católica  que deseaba levantar la bandera de que esto había que levantarlo. Criticó ferozmente a la aristocracia y a la burguesía por no cumplir su misión social. El país estaba abandonado, la aristocracia dejó de cumplir su misión histórica y estaba en decadencia.  La burguesía no había ocupado su lugar, no hacía nada. Lo vemos en ese Santiago de Compostela, llamado con toda intención pueblo. Los burgueses se limitan es ocupar el diván de los maldicientes, a pasear y, en el caso del señor de la Lage, casar más o menos satisfactoriamente a sus hijas. 



El retrato de ambientes y personajes es extraordinario. La borrachera del niño atrapa. Las emociones las vive Julián que es el débil y fracasa. Nos encontramos, además, por primera vez en la literatura, con una condena a la violencia de género, en una voz de mujer, en unos tiempos en que regía el "te pego porque eres mía".

¿Por qué no era posible cambiar? ¿Por qué Primitivo tenía tanta fuerza? Primitivo podía porque había un vacío de poder, la clave era la lucha entre civilización y barbarie.

 Si no hay civilización, hay barbarie. Las fuerzas de la Naturaleza sólo se pueden vencer con un poder ordenador. E.P.B. denuncia la ausencia. ¿Dónde está la burguesía revolucionaria que tenía que ordenar este territorio? 

Porque, desde el primer capítulo, aparece el abandono, unos caminos infernales donde Julián casi se despeña. 

Ahora veamos las opiniones de los lectores:
  • Abre el fuego un lector que da su opinión como lector del siglo XXI y anuncia que va a ser abogado del diablo. Quiere que una obra le sorprenda y E.P.B. nos lleva por un carril conocido, sabemos que va a ser una tragedia, que el hijo de Nucha va a a ser niña, todo está predeterminado. Hay, además, demasiadas palabras para contarnos esa Galicia húmeda y rural. Ella pide a una obra que le emocione, le entretenga y le enseñe. Sólo le ha emocionado en el último capítulo cuando se mete dentro del niño Perucho que rapta a la niña. El lenguaje le ha parecido correcto, académico, burgués, frío. El tiempo, demasiado lento y la obra, en general, ha envejecido mal.
  • Me ha entretenido y me ha ilusionado. ¡Qué suerte haber nacido más tarde!
  • La que esto escribe, se ha sentido especialmente emocionada durante el parto de Nucha, abandonada por todos. El médico y el marido charlan y beben, comentan lo debiluchas que son estas mujeres de ciudad. Mientras tanto el cura Julián sufre sin poder hacer nada, hay tormenta, se angustia, reza, muestra amor de verdad. Pienso cómo vivirán ese capítulo las mujeres que conocen la experiencia del alumbramiento. Me quedé helada leyéndolo junto a las tapias del Parral, en un atardecer de diciembre, a quién se le ocurre.
  • Hay capítulos más ágiles, otros más lentos.
  • Lo sabes, lo barruntas, pero está maravillosamente escrita. El mundo de la burguesía, los criados, las brujas...
  • Yo no creo que haya pretendido hacer una novela de suspense. El ritmo está muy meditado. Unas veces rápido, otras lento. Yo no busco que una novela me enseñe, casi no quiero.
  • Es el tipo de historias que gustaban en esa época, dramas familiares y personales. Como en "Jane Eyre", en las novelas inglesas. Sabes lo que va a ocurrir, está cantado, no te sorprende...pero me ha parecido una novela muy interesante. Yo le pediría a Julián que fuera más atrevido.
  • Era una mujer "oronda" que había sorprendido en un momento decadente y convulso. Una mujer de siglo XIX que habla de corrupción, algo posible gracias a su educación y a sus viajes por el extranjero. Este libro me trae recuerdos de cuando hice el Camino de Santiago por paisajes tenebrosos, oscuros y solitarios que daban miedo. Me ha servido para buscar otras cosas: la degradación de España por el caciquismo.
  • Hay una crítica a la falta de cultura, ese médico disparatado...
  • Me gustan algunos capítulos: la borrachera del niño, las visitas de los recién casados, las elecciones...Me encanta el pucherazo.
  • Hay un determinismo biológico, todo está determinado por más que se intente cambiar de situación.
  • No la veo como feminista, el narrador describe como es golpeada Sabel, no toma partido.
  • En la segunda parte, en "La Madre Naturaleza", Julián se sale con la suya a su manera.
  • Un guiño para que leamos la continuación ideológica de la primera. Pedro Ojeda nos anima a hacerlo.
  • Concluyo con una anécdota personal, vivida por la que esto escribe. La primera alumna analfabeta que tuvo en sus clases de educación de adultos, en 1989, en Beasain (Gupúzcoa) fue una mujer natural de una aldea cercana a Carballino, en Orense, la misma comarca de "Los Pazos de Ulloa". Cebre es Cea. Ahora comprendo...
Acabamos la sesión con el anuncio de la próxima lectura: "El alcalde de Zalamea" de Calderón de la Barca. Una obra de teatro para nuestra próxima aventura lectora.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

Dedico esta entrada a mi alumna Josefa, nacida en una aldea próxima a Carballino, en Ourense. Nunca olvidaré su pena por no haber podido aprender a leer y su sentido mágico de la vida.