jueves, 20 de abril de 2017

"Media vida" de Care Santos y casi una vida entera.




El sol engañaba. La mañana era muy fría. Quería andar el camino de siempre pero, al pasar por el Espolón, me encontré con mi amiga Austri, sentada, tan pancha, en la terraza de una cafetería. Llevaba en la mano la novela Media vida e insistía:

-Anda, María Ángeles, siéntate aquí conmigo y hablamos del libro. Te ayudo a escribir la entrada, ya verás que bien te va a quedar.

-Bueeeeeno, pero vamos adentro, Austri, que aquí fuera nos helamos.



Una vez dentro:

-Esta cafetería me gusta, unas señoras que vienen aquí me dieron mucho juego literario. No sé si recuerdas a María Tirgo y a Juana Teresa Idiáquez, viejas damas burgalesas como recién salidas de La estafeta romántica.

-Algo he leído en tu blog. Aquí, las mujeres, hablan hasta por los codos, no sé si nos van a inspirar mucho.

En lo de hablar por los codos, nosotras tampoco nos quedamos atrás. Comenzamos con temas nada literarios, como es nuestra costumbre, y pasamos a los libros. El Nadal y su nivel, el Planeta, los premios en general, Media vida, Care Santos y las mujeres de la generación de las protagonistas. Entre medias, repasamos el comentario que dejé a Pedro Ojeda, en su entrada: 

-Las conocemos, muchas contemplan atónitas la libertad que se gastan sus nietas: trabajos que antes se consideraban como de hombre, viajes al quinto pino, carreras, másteres, idiomas, gimnasios, pisos donde viven con el novio, métodos anticonceptivos y de casarse ni hablar. Las peores serían como Olga, las mejores como Julia. 

-Marta tampoco está mal. No consigue ser novelista pero se hace famosa con su libro de cocina. La escritora la pinta casi como una Simone Ortega, la de las 1080 recetas. Vendió más libros que su suegro, el ínclito filósofo.



-Una segunda parte podría ofrecernos a Olga, Marta, Nina, Lolita y Julia en la actualidad, de ancianitas. No sé qué le parecería a Care Santos, igual ya lo ha considerado. 

-Se lee bien, es amena y podría convertirse fácilmente en obra de teatro. Está mejor construida al principio que al final, donde las casualidades aparecen algo forzadas. La escritora comenzó pensando en su generación y luego hizo un traspaso a la de su madre, tan distinta, como indicas. Tal vez ese cruce sea el culpable de algunas inverosimilitudes y de que nos chirríen algunos detalles.

-En cuanto a su calidad literaria, doctores y doctoras podrán juzgar certeramente. Los lectores y blogueros comentamos y estamos atentos.



Foto del día que compré Media vida

De pronto, mi amiga se quedó callada y me hizo un gesto para que yo también guardara silencio. ¡Y para que escuchara como ella! ¡Vaya par de cotillas! Yo no entendía nada, por fin Austri decidió darme explicaciones:

-¡Son ellas!

-¿Quiénes?

-¡Ellas! ¡Las cinco! Olga, Marta, Lolita, Nina y Julia que ha llegado la última.

-¿Las protagonistas de Media vida? Sólo son entes de ficción, como diría Unamuno. Existen mientras nosotras las soñamos. ¡Sueñas, amiga Austri!

-¡No sueño! ¡Que están ahí, en la mesa de al lado! Mira que llevo un rato escuchando su conversación. No se veían desde 1981. Una quedada, como dicen ahora. ¡He oído sus nombres! 

-Son nombres muy normales y de los de antes. ¡Casualidad! Te recuerdo que viven en Barcelona. 

-¡No! ¡Mira! Han colocado encima de la mesa las tijeritas de bordar y cortar mechones, la estilográfica de escribir novelas, el libro de Elena Fortún para leer las líneas de la mano y el retrato de recordar al padre pianista. Sólo faltaba una prenda, pero esa...desapareció. ¡La braga agujereada y con cordel! ¡Menuda guarrería! Todo muy antiguo.




-Como ellas. Los ochenta no los cumple ya ninguna. Las mujeres guardamos las cosas más extrañas e inservibles en el bolso. 

-Bueno...Aunque esté feo, nos ponemos a escuchar y salimos de dudas. La delgaducha del traje crujiente y amarillo acaba coger las tijeras de costura, después de atizarse un lingotazo de güisqui. ¡Vaya con la venerable ancianita! Nunca vi esa bebida en el Ibáñez, aquí vienen a por el chocolate con churros. Son los hidratos rápidos los que disparan sus lenguas, que no el alcohol. Ahora está hablando Olga:



- Sólo teníamos catorce años, éramos sólo unas pobres niñas, internas con las monjas, con unos padres muertos o ausentes. Jugábamos a las prendas, en el dormitorio, bajo las sábanas. Lo más inocente.

-Ya no éramos niñas, Olga. Tal vez no lo sabíamos pero éramos personas adultas. 


-Teníamos la regla, Lolita. Bueno, tú no la tenías todavía y bien que te penaba. En todo caso, éramos menores de edad hasta los veintiún años. 



-Aquí están mis preciosas tijeritas de bordar: "el arma del crimen". La usasteis por turnos, después de entregar vuestras apreciadas prendas, estas. Yo era la líder, la "maestra de ceremonías". 




-Pero nos reíamos cuando te enfadabas y te temblaba la papada, Gordi. 

-Ahora estáis todas más gordas que yo, Lolita querida. Gasto una tallita de niña pequeña. Menos mal que tengo una buena modista, de las pocas que quedan. Y eso que pasé mis embarazos. ¿Qué tal tu niño, el que nació en 1981, aquel día de nuestro accidentado encuentro? ¿O fue niña?

-Ya está crecidito o crecidita. Hace ya tiempo que se ducha solo o sola. 

-La modista...¿fue aquella que se tragó los alfileres un día que te probaba? Vino en el periódico.

-Deja de inventar barbaridades, Nina. Recordáis que os puse la prueba más peligrosa: teníais seis minutos para entrar en el cuarto del tonto Vicente y cortarle un mechón de pelo. Perdona, Julia, ya sé lo del pobre Vicente. 

-Tranquila, Olga, nos conocemos. No lo arregles, que lo pones peor. 

-No se me olvida vuestra cara de susto, aquello era pecado y de los más gordos, bien nos lo habían enseñado las buenas monjitas. 
¡Estar a solas con un hombre en su cuarto!

-Nuestra educación fue detestable y nos llenó de sentimientos de culpa. Menos mal que no seguimos sus previsiones: "decentes, obedientes, castas, magras y católicas". Bueno, Olga, tú eres un caso aparte, tan antigua y convencional; pero, a tu manera, has hecho lo que te ha dado la gana. Has vivido muy bien, aunque aburrida y deprimida, a costa del señor doble doctor. Sin dar un palo al agua. La carrera de Medicina te salió rentable, un solo curso y a vivir. 

 -Oye, Nina, guapa, que yo crié a mis cinco hijos y sin pelargones. Y yo seré antigua pero las hay que se pasan de modernas. 



-Venga, chicas, que no hemos venido aquí a la guerra. 

-Gracias, Lolita, tú siempre querías poner paz entre nosotras. 

-A lo que iba, con aire de mártires allá que fuisteis, tras la cuenta atrás. Nina y Marta cumplieron, Lolita a medias y Julia no volvió. ¿Me perdonaste, verdad señora diputada?

-No tenías perdón, por eso te perdoné, Olga. Me echaron del colegio pero fue lo mejor para mí. Hubiera acabado de monja amargada, como sor Rufina. Recuerda que fui diputada en Cortes, gracias a los renglones torcidos de Dios, o de la Naturaleza o de la casualidad. ¿A que nunca lo hubieras pensado de aquella niña de la combinación agujereada?

-¡Y cómo olías el mechón que te entregó tu hermana, Olga! Te ponía...contenta.

-Déjalo ya, Nina. Seguro que mi hermana se confesó y quedó limpia de todo pecado. Es lo que nos enseñaron y Olga lo practica todavía. Yo cambié mucho después de aquel 29 de julio de 1981, mi vida dio un giro. Mi ex marido me pidió el divorcio, precisamente el día de nuestra famosa reunión,  y di la vuelta a mi vida. Se me cayó todo, me dediqué a mi restaurante y me fue muy bien. No quise hacer sitio a un nuevo amor. Pero ya no creía en pecados y tuve mis aventurillas. ¡Y mi hermana sin teléfono secreto!

-¿Ahora tú, Marta? ¿Qué os he hecho yo? 

-Venga sigue, no pasa nada.

-El tiempo se agotaba y Julia no volvía. Rezamos unos cuantos paternóster, la educación hipócrita que decís vosotros. Yo me escapé y pude oír a las monjas que reprendían duramente a Julia. Me fui a la cama, yo no era culpable de nada, de nada. Al día siguiente, Marta y yo comenzamos una nueva vida. 

-Mi madre vino a buscarnos con el que iba a ser nuestro padrastro, rico y mayor. No sólo tu vida dio un giro, Julia. Mi madre buscó desesperadamente un marido que le permitiera recuperar el nivel de vida al que estaba acostumbrada. Sí, Olga, nuestra madre, recurrió al INEM de las mujeres de antes. No se sentían con fuerzas para luchar solas y tampoco las habían preparado para ganarse la vida. Vamos al 29 de julio de 1981. Julia tuvo un accidente ese día, Lolita parió un hijo  y yo un divorcio, el que se acababa de aprobar en España. Nuestros puntos de inflexión. 

Austri yo escuchábamos atónitas a aquellas ancianas. Seguían destapando su pasado y dándole al Chivas. Todo coincidía con lo que habíamos leído en la novela Media vida y nosotras sólo habíamos bebido café con leche. Seguiré con la crónica de aquella conversación, hoy no tengo más tiempo. Estoy ocupada en asuntos domésticos. Voy tardía. Publico.

Un abrazo de María Ángeles Merino.
Y otro de Austri. 


jueves, 13 de abril de 2017

Media vida de Care Santos: "También le dijo que la mala cizaña hay que arrancarla cuanto antes"



Comentario inicial de la novela Media vida, de Care Santos, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

El domingo era de ramos, de niños y de sol. La procesión del hombre bueno, el de la borriquilla, salió a mi encuentro. Y entre el bullicio infantil, reconocí a una niña de coletas que agitaba alegre su ramo amarillo y sus rosquillas de caramelo rojo. 

-No, María Ángeles, que las modas vuelven, ahora las visten como en los sesenta, pero ¡no eres tú! Todo parece que vuelve pero no vuelve y lo que vuelve vuelve distinto. Los que siguen igual son esos de las faldas.



-¿Quién me habla? ¡Austri! ¡No te veía desde la lectura de Patria! Ya sabes que, en marzo, escribí un diálogo a tres voces: mi madre con sus recuerdos, Chaves Nogales el de A sangre y fuego, y yo. 

-Sí, amiga, tranquila. Me gustó mucho leer cómo vivió la guerra civil una niña de trece años, en paralelo con los relatos del periodista. Yo ahí no pintaba nada. Ahora sí, he leído y releído Media vida. De su autora, Care Santos, podemos encontrar abundante información, por ejemplo en la Wikipedia o en su página web:

Care Santos (Mataró, Barcelona; 8 de abril de 1970) es una escritora y crítica literaria española en lengua castellana y catalana. En 2017 ganó el premio Nadal...

Care Santos es una escritora catalana que escribe tanto en castellano como en catalán. Nació en Mataró(Barcelona) en 1970. Empezó a escribir a los 8 años, a los 14 ganó su primer concurso literario y a los 25 publicó su primer libro, una colección de relatos...



- Media vida dice el título. ¡La mitad de la vida!

-¿El síndrome?

-¿De qué estás hablando?

-Del síndrome de la mitad de la vida. Recuerdo, hace unos añitos, cuando una amiga me habló de eso...en un funeral. Tenía yo entonces unos cuarenta y tantos años, la cuenta era fácil y...¡Es verdad! Cuarenta y tantos más cuarenta y tantos suman ochenta y tantos o noventa y tantos. Cincuenta y cincuenta ya suman cien y eso es mucho pedir. ¡Estaba entonces a una mitad razonable! 

Me contó  que es una fase que unos viven  más intensamente que otros, que entras en crisis porque te cuestionas tu vida. Y que hay personas que, tras un balance negativo, dan un volantazo a su vida personal, familiar o laboral. O todo junto. Como Gauguin que se largó a Tahití, la isla más lejana que pudo pillar, a pintar tahitianas.  

-Escapó porque estaba arruinado y enfermo. Nunca falta algún revés, antes o después de la mitad de la vida. Giras o te hacen girar. Muchas veces el volantazo es obligado, Austri. A partir de ahí, viene el famoso "punto de inflexión" que no tiene nada que ver con las matemáticas. O sí. 



Venga, nos ponemos con la novela. Vamos a ver cómo giran e inflexionan las vidas de cinco mujeres ficticias: las gemelas Olga y Marta, Lola, Nina y Julia. Las conocemos en dos momentos: en 1950 con catorce años y en 1981 con cuarenta y cinco, una vez pasada "media vida"Nacieron con la guerra civil, pasaron su infancia y adolescencia en la etapa más dura del franquismo y el fin de la dictadura les llegó en la cuarentena. Pertenecen a una generación que creció en un Régimen que las había previsto "decentes, obedientes, castas, magras y católicas". 

-Me parece a mí que ninguna cumple las previsiones. Nos sorprenderán estas chicas, tal vez nos parezcan un poco marcianas. Conocemos a mujeres de esa generación, muchas contemplan atónitas la libertad que se gastan sus nietas: trabajos de hombre, viajes al quinto pino, carreras, másteres, idiomas, gimnasios, pisos donde viven con el novio, métodos anticonceptivos y de casarse ni hablar. Las peores serían como Olga, las mejores como Julia. Yo conocí algunas, en mi infancia sesentera. Paseaban por el tontódromo, tan modositas con su novio formal del brazo, su pelito cardado y enlacado, su falda debajo de la rodilla, sus medias de cristal y su rebequita. Las de los setenta nos hubiéramos salido "con esa pinta". Nos pusimos los pantalones y comenzamos el camino de la independencia económica. Lo del pantalón no es asunto baladí.

-No te adelantes, Austri.

-Comienza la novela en un internado de monjas. Allí están las cinco, tienen catorce años y están jugando en el dormitorio, bajo una tienda de campaña hecha con sábanas. Una niña, Julia, entra la última y otra niña, Lolita, le hace un hueco. ¿Un ingenuo relato de internados? ¿Celia en el colegio? ¿Enid Blyton?



-No, porque el tono de juego infantil desaparece en cuanto Julia descubre un agujero en la raída combinación que usa para dormir. Siente vergüenza, sus compañeras llevan camisones bonitos, son niñas ricas, ella es pobre. A continuación, Olga, la que manda, la regaña por "tardona". Lolita la defiende, no tiene la culpa, la hermana Antonina la ha tenido fregando. Julia es una niña sirvienta, sirve a la monjas y a las niñas de pago, a cambio la dejan estudiar, "lo que más deseaba en el mundo" y está agradecida. De Enid Blyton a Dickens.


-Aunque ahora parezca increíble, en algunos colegios de monjas tenían niñas como criadas. Conozco a quien pasó por esa situación en un colegio bien conocido, en los años setenta que no eran los cincuenta.

-Juegan a las prendas. Olga ejerce con crueldad de maestra de ceremonias. Marta entrega su pluma Parker de escritora en ciernes, Nina su libro El mapa del destino en la palma de la mano de aprendiz de quiromántica y Lolita el retrato de su padre el pianista. Julia no tiene nada, en todo caso puede entregar un pelo. No, eso no vale. Olga disfruta con la humillación y propone que entregue ¡las bragas! Marta y Nina están de acuerdo. Lolita le suplica que no haga caso, pero Julia acepta el juego por orgullo.


-¡Y se quita las bragas! Las únicas que tenía, atadas con un cordel porque la goma se había roto hace tiempo. Creo que aquí la escritora ha cargado las tintas de la pobreza de Julia. Sin poderse cambiar de ropa interior y con una cuerda, es demasiada miseria. ¡Y las monjas no permitirían ese falso camisón con agujeros! La hubieran puesto a zurcir, que en los conventos se zurce mucho y se imita el tejido. Y un trozo de cinta elástica cuesta muy poco, en una mercería, y se enjareta con la ayuda de un imperdible. Una novela tan de mujeres, que habla de entredoses en los camisones, debía tener en cuenta estos detalles. 



-Toda una mujer de tu casa, Austri. Yo no digo nada que siempre fui muy patosa para la aguja y me gané algún capón que otro, en clase de Hogar. 

Olga proclama que van a jugar a "Acción". La prueba va a ser muy peligrosa, tienen que entrar en el cuarto del tontito Vicente, un muchacho que las monjas recogieron de niño, y cortarle un mechón de pelo. Nina vuelve victoriosa. Lolita no puede y prefiere pagar una de las terribles penitencias que Olga impone. Marta escapa por poco, la agarra del camisón. Olga huele "con delectación" el mechón que le entrega su hermana. Dice que huele a animal. Esta va a tener que confesarse. 

-"Era la vez de Julia". El tiempo se agota y Julia no vuelve. Rezan por ella unos cuantos paternoster, qué educación tan hipócrita la de estas chicas. Después:

"Pasaban más de tres minutos del final de la cuenta atrás cuando les llegó con nitidez  un chasquido, seguido de un montón de cosas que caían...y de un berrido de Julia que les heló la sangre. Nunca habían oído nada parecido. Era un grito de dolor, o de terror, o de ambas cosas"

-Julia no las delata. Olga se esconde y oye aquella noche a la madre Rufina. 

"Le dijo a Julia que no podía quedarse en el colegio, que tendrían que enviarla  a otra parte. También le dijo que la mala cizaña hay que arrancarla cuanto antes...". Había ofendido al cielo y debía pagar por este crimen."

La vida de Julia va a girar y no sabemos en qué dirección. Sus compañeras lo olvidarán, es preciso olvidar.

-Olga se arrepiente de estar allí, decide olvidarlo todo, para que no sea pecado. Vuelve muy tarde a la cama y su último pensamiento antes de quedarse dormida es pedirle al Señor que le devuelva sus "preciosas tijeritas de bordar". Es increíble que se acuerde de sus dichosas tijeritas. ¡Y se lo pide a Dios! Care Santos deja en evidencia una detestable educación moral. 



- Treinta y un años después:

"Como era una mujer trágicamente sola y desocupada, Olga necesitaba invertir mucho tiempo en sí misma. Dedicaba a sus persona mucho tiempo y mucha fe."

Recordamos que Olga empezó a estudiar Medicina y fue de esas mujeres que cambiaron la Medicina por casarse con un médico. Comenzó "la verdadera carrera de la mujer", en frase que hubieran aplaudido Pilar Primo de Rivera y sus mandos de la Sección Femenina. 

También cambió a un sonetista por un doble doctor. Cambios. Giros. 



-Mucho tiempo para tratamientos de belleza, peluquería, el aeróbic de Eva Nasarre, aburrir a la modista, la manicura, el club de tenis, la piscina o el bronceado bien untada de crema cara. Olga se aburre y enferma de una melancolía incurable que culmina echándole le la culpa al despistado doctor Pardo, su marido. Deja de comer, se pone intratable, bebe más de la cuenta.



Un día en que se prueba un vestido de noche, en presencia de su marido y de la modista, a los pies con la boca llena de alfileres, dijo:

"Como me gustaría que me vieran ahora mis antiguas compañeras de colegio". 

El doctor Pardo, tan atento a la ocasión de contentar a su mujercita, le da la idea:

"¿Y por qué no organizas con ellas un cóctel o una cena o algo?"

-Los días siguientes son de gran actividad telefónica. Hay que localizarlas. Se reunirían en una cena muy especial, en el restaurante que Marta iba a abrir. Sí, Julia también. Apunta la dirección del Congreso de Diputados. Es donde tiene que escribirla. 

-¡Qué alto ha llegado! ¿Me perdonará? Es lo que me figuro que pensaría Julia. 

-Se reunirán un 29 de julio de 1981, día del cumpleaños de Olga y Marta Viñó, a la mitad de la vida, el mismo día en que se casaron el príncipe Carlos de Inglaterra y Lady Diana Spencer. El día 22 de ese mismo mes, se aprobó la Ley de Divorcio en España.



Conoceremos los giros e inflexiones que la vida dio a Marta, Lolita, Nina y Julia. ¡Y a Olga!

Un abrazo de María Ángeles Merino.
Y de Austri.

jueves, 6 de abril de 2017

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales.


Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

El pasado martes, 4 de abril, a las cuatro y media de la tarde, los lectores del Club de Lectura presencial nos encontrábamos en la Facultad de Humanidades y Comunicación, de la Universidad de Burgos. Teníamos por delante el comentario de A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales. 

En primer lugar, Pedro Ojeda nos recordó el merecidísimo premio Castilla y León de las Letras 2016, recibido por nuestro admirado, y leído, amigo Óscar Esquivias. 


Y después de algunas noticias en relación con nuestras próximas lecturas, escuchamos a nuestro profesor:

-(P.O)A la mayoría os ha sorprendido. Manuel Chaves Nogales es un desconocido. Escribió "A sangre y fuego" durante la Guerra Civil. Era un liberal republicano que odiaba por igual al comunismo y al fascismo. Va a la Unión Soviética y denuncia, en un libro, lo que está pasando con el comunismo. Va a Roma y denuncia lo que está pasando con el fascismo.


El periódico en que trabaja se colectiviza y sigue trabajando en su puesto. No encaja. Se marcha al exilio, a París, cuando el Gobierno de la República se va a Valencia. Escribe, desde allí, este libro que se publica en español y en inglés, para un público internacional. Denuncia la situación ante las potencias, el mundo ya está encaminado hacia la segunda guerra mundial.

Su libro más conocido es la biografía del torero Juan Belmonte. Como si lo hubiera publicado un marciano, todo el mundo lo leía pero nadie sabía quién era ese autor. Es un modelo perfecto de biografía y de biografía de un torero. 




No hay duda, está en contra de la sublevación militar. Denuncia la barbarie y la desunión del bando republicano. Anuncia que va a haber una derrota y se considera fusilable tanto por  unos como por otros. La edición última incluye dos relatos sucedidos en el País Vasco, se conocían en inglés y han sido recuperados en castellano.

La tensión narrativa es muy fuerte, se nota que está escrito por un periodista. Hoy se diría literatura no ficcional. Se disfrazan nombres pero son casos conocidos.


Ahora habláis vosotros (diálogo de Pedro Ojeda P.O con los lectores L)

-(L) Me ha parecido bien, escribió casos que conocía.


-(P:O) No son casos que él había conocido directamente, cuando se va a Francia conoce todas esas historias. Están muy literaturizadas. El de las lucecitas es el más novelesco. Los mejores relatos son, en mi opinión, los menos literarios. 

-(L)¿Aparecieron los cuadros? (Se refiere a los Grecos de El tesoro de Briesca)

-(P:O) No, es literatura. Se inspiró en la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico que creó la República para evitar la rapiña y salvar el patrimonio. Hizo una gran labor. 

-(L)Tal vez pensó en  los cuadros de El Greco de Illescas, los del Hospital de la Caridad, que estuvieron en una cámara del Banco de España. 

-(L)Me gusta mucho el libro, es superinteresante, se aprenden cosas, está muy bien documentado.

-(L)El de Bigornia es un personaje formidable, un físico básico, un bestia, se mete en el tanque y arde. 


Bigornia está que arde

(L) También he leído y disfrutado La vuelta a Europa en un avión, del mismo autor. 



-(P:O)En otros países, con otra fortuna, hubiese sido uno de los grandes. Un lenguaje muy moderno, mira como un periodista, observa como un periodista, va y lo cuenta. Muere muy pronto.

-(P:O) María Ángeles tiene su historia personal y familiar con este libro. 

-(L)En mi blog, mi madre recuerda como vivió la guerra, después de leer y comentar algunos fragmentos de A sangre y fuego. Lo podéis leer en mi blog. 


-(L)Me revolvió por dentro, como me ocurrió con "Intemperie" de Carrasco, aquel libro del niño y el cabrero.

-(P:O)Es un libro para provocar una reacción, no esconde la crudeza.

-(L)El que más me gusta es Bigornia, el herrero. Es un ogro bueno. 

-(L)Un saco con orejas cortadas, impactante.

-(L)Me gusta el de los caballistas, lo expresa todo.

-(P:O)Es una pieza maestra, literariamente redondo. Dos personas hermanadas por la amistad.

-(L) El punto humano, el otro paga por otro. Personas que no encajan con esa violencia. Y eso está pasando ahora. 

-(P:O) Hay diferentes versiones de cómo actúan ante lo que está pasando. Si no encajas, si eres republicano y no estás de acuerdo, te matan.

-(L)Gente republicana y demócrata que no estaba de acuerdo. Militares moderados que pensaban distinto.

-(P:O) Muchos años de contar la guerra como guerra de dos bandos. Este libro no encaja en la propaganda que nos cuenta las cosas de forma polarizada. La mayor parte de la gente no está en los extremos.

¿Eres blanco con rayas negras o negro con rayas blancas?

-(L) Me ha gustado eso.

-(P:O) El que menos me ha gustado es el de las lucecitas, era algo que existía (las señales de luz en Morse) pero lo cuenta de forma demasiado novelesca.

-(L)Sensación que te lleva a otra pausa.

-(L) Es tristísimo, los comandillos que pillaban a unos cuantos que confesaban y luego los mataban.

(P:O)La Columna de Hierro existió como la Patrulla del Amanecer, la de Onésimo Redondo, que recorrió los Torozos y asesinó a miles de personas. Mucha gente murió cuando llegaba a un pueblo y salía el alcalde o el cura y señalaban: "este" , sin proceso. 

 A Muñoz Molina le gusta mucho Chaves Nogales, se identifica mucho con él, porque su posición es más dura con los suyos que con los ajenos.

-(L) El concepto que tienen del ejército: no hay mandos y hay desorganización. Sus enemigos tienen más organización.

-(P:O)En el ejército republicano, combaten contra los sublevados mientras tiene lugar una revolución doble: la comunista y la anarquista. El anarquismo gobernó en muchas zonas, algo que no había sucedido en ningún país.

-(L)Lo que más me ha gustado es el autor, el prólogo. Su lenguaje es muy moderno. El libro es un alegato a la estupidez y a la barbarie.

(P:O)Todo lo que podáis coger de este autor: leedlo: biografía de Belmonte, "La vuelta a Europa en avión"...


-(L)He leído a Arturo Barea, uno que aguantó más que éste. En la trilogía La forja de un rebelde, describe muy bien lo que pasó en Madrid. "La llama" es el mejor, los otros dos son más flojos. 

-(P:O)Arturo Barea es otro autor sepultado por la historia. Su lenguaje sorprende por la modernidad, no ha envejecido.



(P:O)Poco leído también es Max Aub. Exiliado, vuelve a España a los años cincuenta, cuando Franco permite la vuelta de algunos. Se encuentra con la mediocridad moral del régimen y la gente que quisiera olvidar a guerra civil. Reconoce las calles pero no reconoce a España, no encaja, regresa a México y desde allí escribe La gallina ciega.

-(L)Ayer dieron en televisión la película Sierra de Teruel sobre el derribo de un avión republicano en la guerra. Malraux aparece en A sangre y fuego, "desolado francés", rodeado de Alberti "con su aire de divo", Bergamín "pajarraco" y María Teresa León "Palas rolliza" con revólver. 


(P:O) La Exposición del ochenta aniversario del Guernica de Picasso comienza ahora y no hay que perdérsela.

¿Qué personajes os han gustado?

-(L)La monja del relato final, un homenaje a Indalecio Prieto. ¡La monja era su sobrina!

-(L)Valen y su padre, en "¡Massacre Massacre!", se despiden y saben lo que va a pasar. 

(P:O)En los relatos hay unos pocos momentos de pausa en los que parece que la historia va a ir por otro lado, pero no. El hijo no va a salvar al padre, etc. Llegar a esas dos líneas ya vale el cuento entero.

-(L)El de los cuadros se muere pensando en los cuadros de "El tesoro de Briesca".

-(L)El que se muere delante del moro, muy plástico.

(P:O) Había que rescatar a autores de esa época como Sender o Julio Camba. De Camba me gustaría traer Aventuras de una peseta. 

-(L)¿Sainz Rodríguez? 

(P:O)Es un autor vinculado a don Juan, a Ansón.

En "Los caballistas" hay un esfuerzo de inversión. Cuando los moros eran los malos, cuenta todo lo contrario. El bueno, el civilizado es el Cadi. Las orejas cortadas las lleva el legionario. La comprensión hacia el otro, la empatía, cosas muy modernas.

Empatía

(P:O)El personaje del Inglés, enamorado y siempre borracho.

-(L)Personajes que no encajan, perplejos. Denuncia los extremos.

(P:O)En el prólogo, el autor nos anuncia que va a ganar la violencia. Denuncia los extremos.

-(L) La maldad. Oí en la radio a un especialista. Según un estudio, el 5% de la población tiene algún trastorno que le hace propenso a la maldad. En las guerras, en situaciones extremas, se despierta lo peor, algo químico, la falta de empatía. ¿Cómo hay tanto malo? En situaciones buenas todos son buenos.

-(P:O)Ahora abundan los corruptos. El corrupto no es consciente de que está haciendo daño. Esto lo hacen todos, dice. El malo es muy atractivo y da mucho juego en la literatura. ¿Hay personas malas? El 5%, si existe que sea compensado por la gente buena.

Me alegro de haber traído a un gran autor. Todos habéis oído hablar del nuevo periodismo y se considera como su creador a Truman Capote, el de "A sangre fría". Ya lo hacían los periodistas españoles en la época de la República y algunos fueron sepultados por los dos lados, como Chaves Nogales. Escribían magníficamente bien.

Nosotros también nos alegramos y salimos de la sala comentando ya la próxima lectura, una novela muy de mujeres: "Media Vida" de Care Santos. Un premio Nadal, nada menos. 

Un abrazo de María Ángeles Merino Moya para los que pasáis por aquí. 

jueves, 30 de marzo de 2017

Mi madre dialoga con "A sangre y fuego" (3)



Comentario a A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

En los relatos de A sangre y fuego no hay ni tiempo para comer ni comida; pero Manuel Chaves Nogales, en un solo párrafo de ¡Massacre, massacre!, nos pinta un vivísimo cuadro de la lucha por el alimento. Una viejecilla permanece impasible tras una explosión que no la mata de milagro, tras emerger entre cuerpos ensangrentados y, sin embargo, se siente dichosa de colocarse la primera en el turno de los huevos. ¡Ha vencido a todos los de la cola!

Recordáis que mi madre se convirtió en improvisada cronista al comentar algunos párrafos del libro que yo le iba leyendo. Como desea seguir con esa labor, le leo: 

"Se oyó una gran detonación y se vio que algunas mujeres de las que estaban en la cola se desplomaban súbitamente. Las demás echaron a correr aterradas. Entre el amasijo de cuerpos ensangrentados que quedaron en la acera sólo permaneció enhiesta una viejecilla con un pañuelo negro por la cabeza y un capacho entre las manos que, ajena a todo lo que no fuese su anhelo de que le llegase el turno antes de que se acabasen los huevos, aprovechó el revuelo para correrse suavemente por la pared salpicada de sangre y metralla hasta el portal de la tienda, dichosa de encontrarse con que había pasado a ser el numero uno de la cola."

-Nosotros teníamos gallinas, conejos y palomas. No teníamos el problema de esa viejecilla que esperaba con tanta ansia el turno para comprar huevos. Había muy poca comida, la que daban para el mes en la cartilla, donde iban quitando días de un cartón o lo tachaban. Teníamos que hacer muchas colas. Iba Diego, más pequeño que yo, porque el sueldo de mi padre daba poco de sí y tenía que dar clases particulares de Bachillerato a las hijas de los de una finca que tenían vacas, corderos, verdura y de todo. Le pagaban con alimentos, la mejor paga en tiempos de guerra. Sólo los de la confitería Salinas, dos chicos que eran primos, le pagaban con dinero. Cuando acabó la guerra eran los mejores del Instituto que había estado cerrado los tres años. Sin embargo, a nosotros, sus hijos, no quiso enseñarnos, nos hubiera venido bien, decía que para qué si nos iban a matar.


Confitería Salinas en la Plaza de Cervantes.

-Mira, mamá. Aquí habla de los que comían y pagaban con dinero:

"Valero fue a refugiarse en la tabernita vasca donde habitualmente comía y cenaba. Aún no habían comenzado a llegar los clientes, un centenar de milicianos que desde que comenzó la guerra comían y bebían allí sustituyendo a la antigua clientela. El patrón había conseguido reservar un saloncito interior del establecimiento para los comensales que aún pagaban en contante y sonante moneda burguesa: aviadores, oficiales de las milicias, diputados, "responsables", periodistas extranjeros, intelectuales antifascistas y unos tipos raros que nadie sabía quiénes eran ni a qué se dedicaban."




-¿Pagaban los milicianos?

-Pues... parece que no. No están incluidos en el "saloncito".

-No, seguro que los de UHP no pagaban, lo habían tomado como cosa de guerra que no tenía importancia. Así saqueaban todo. A mi hermano Pepe, le daban, en la finca aquella, un pan grande diario, a cambio de estar allí para avisar a la dueña si aparecían los de UHP. Cuando venían, se llevaban corderos enteros. Lo que no sabíamos es que el dueño vivía escondido entre los sacos de arena que había para parar la metralla.

Antonio, mi hermano mayor, cuidaba las vacas de un vecino que necesitaba ayuda porque su empleado se había ido a la guerra. Le daban un litro de leche y algún requesón que otro, tampoco le daban dinero. Así que le tocaba ir a Diego con su capacillo a una tiendecita que estaba muy cerca, a comprar el racionamiento. Era muy poco, por eso había que buscarse comida donde se podía. Contaban que mi hermanito se colaba todos los días y a los guardias les hacía gracia, era tan pequeño y tan salao. No le reñían y las mujeres tampoco le decían nada. Un cuarto de azúcar cada dos días, un cuarto de leche para la pequeña cada dos días, menos mal que Antonio traía más leche y mi padre también. 


Mi hermano Antonio tenía dieciséis años cuando empezó la guerra, pero parecía adulto. Había preparado un palomar en una torreta del patio principal y criaba palomas con trigo que respigaba. Todos los días le entregaba al director de la Universidad dos pichones para que se los hiciera llegar a su sobrino, preso en la Cárcel Modelo. Al final de la guerra, el muchacho apareció a darle las gracias y le dijo que no todas le llegaban, se las comían los carceleros. También se preocupaba de dos mujeres muy viejecitas que vivían cerca, les llevaba leña que él mismo cortaba, verduras, patatas y algún conejo.


Mi padre volvía de la finca donde daba clase con los bolsos llenos, gastaba una gabardina vieja con refuerzos que le había cosido mi madre. Yo no iba a la compra, mi madre tampoco. Se daban casos de violaciones de niñas y mujeres y mi padre no nos dejaba.

Todos los meses, venía un señor de Madrid que decía que tenía un hijo tuberculoso. Nos pedía por favor si le podíamos dar algo de comida. Mi madre le daba un conejo, un repollo, unas acelgas, lo que había. Tenía una zapatería y, a cambio, nos traía zapatos. A mí me trajo unos de charol, muy bonitos. En la capital, lo pasaron mucho peor que en los pueblos.

-Había mucha tuberculosis. Mira aquí, en Y a lo lejos, una lucecita, los milicianos entran en un sanatorio de la Sierra:

"Entre aquellos seres infelices que esperaban a morirse tendidos en las galerías del sanatorio, la guerra civil, aunque pareciera inconcebible, se mantenía también con un encono feroz. Fascistas unos y antifascistas otros, se agredían verbalmente desde sus camastros con una saña verdaderamente patológica. Validos de la prerrogativa de su mal y sintiéndose condenados por una sentencia inexorable, desafiaban todas las coacciones y amenazas. Uno de ellos tenía un trapo con los colores de la bandera monárquica, y cuando la fiebre le hacia delirar se incorporaba en el lecho y tremolando su bandera por encima de la cabeza gritaba frenéticamente: "Arriba España", mientras los enfermos vecinos...llamaban a los milicianos para que los fusilasen...el odio de clase de aquellos infelices".

-Cuánto odio, estaban muriéndose y seguían odiándose por la política. En la guerra había mucho odio, mucha crueldad, mucho crimen; pero también había personas muy buenas. Con el Campesino pasé un rato muy malo. 

-Venga, cuenta lo del Campesino.

-Estaba yo en el patio de Cisneros, a la entrada, cuando vi a un militar grandón, luego supe que era el llamado Campesino que le estaba dando muchas voces a mi padre y le decía tocándose la pistola: "me da miedo de lo que puedo hacer". Porque le había pedido mantelerías y vajillas que había preparadas para una residencia de estudiantes que con la guerra no se abrió, las quería para dar una fiesta o lo que fuera. Oí a mi padre que le decía: "yo creía que las guerras se ganaban con metralletas, aviones y táctica militar". El capitán de los guardias me cogió por la cintura y me dijo: "estate quieta, dónde vas" . Porque yo quería ir con papá, pensaba que lo iba a matar.  Menos mal que ya había avisado al comandante que vino enseguida, se puso en medio y le dijo al Campesino: "para tocar a Moya tienes que vértelas conmigo". 



Luego le vi varias veces, hablaba con mi padre por los patios amigablemente: "mire don Antonio qué le parece esto". Sabía que a mi padre no le hacía gracia, y a mi madre menos, pero Antonio Moya supo vivir con unos y luego con los otros. ¡Qué remedio! Después de la guerra fue sometido a depuración y salió bien parado.


-Bueno, mamá, dejemos al Campesino. Recuerdo que tú me hablabas de una monja que vivió con vosotros. En lo que te he leído antes, del sanatorio, había también una monja que no lo parecía:

"No había quedado en el sanatorio más que una hermana de la Caridad, sor María, que convertida en la camarada María adscrita al Socorro Rojo Internacional y con su carné del Partido Comunista en el pecho, iba y venía de una cama a otra intentando vanamente apaciguar el furor político, el odio de clase de aquellos infelices."

-Pero esta no era comunista. Verás, un día apareció, junto a la puerta principal,
una señora muy tapada y buscaba a mi padre. Pedía por favor dormir allí y realizar algún trabajo a cambio, hasta que terminara la guerra. Mi padre se lo contó a mi madre: nada más que la vio se había dado cuenta de que era una monja que venía huyendo. Se quedó a vivir con nosotros y ayudaba en la cocina de los guardias. Se portó muy bien y era muy buena. Hablaba poco, conmigo algún rato. Yo se lo dije aparte: "si yo se que eres una monja". Cuando acabó la guerra vino a despedirse y dijo que se iba al convento de San Diego, las que hacen las almendras garrapiñadas. Se llamaba Carmen y todas las noches traía un vaso de leche para mi madre. ¿En ese libro hay monjas perseguidas?

-Está la del sanatorio que no sabemos por qué es ahora la camarada María, si es un camuflaje para defender su vida o su cabeza ha dado la vuelta. Al final del libro hay otra religiosa, en el relato titulado Hospital de Sangre. Pero la historia ocurre en Bilbao, donde los republicanos vascos no persiguen a los religiosos. Es un relato que comienza con una monja que escribe una carta, en un silencio solo roto por el rasgar de la pluma y el roce de la toca almidonada. 

"...encontrar un punto de sosiego para recapacitar sobre la tragedia del día-la del día que ha pasado y la del que va a venir"

Porque las sirenas silbarán, los aviones alemanes sembrarán la muerte, los enfermos querrán tirarse de su lechos, retumbarán los estampidos de las bombas, las ambulancias traerán "nuevos cargamentos de carne desgarrada". La religiosa se pregunta:

"¿Cómo es posible que haya en Bilbao mismo quienes traidoramente vayan señalando a los aviadores extranjeros los sitios precisos donde deban dejar caer sus bombas?"

"¿Será posible que quienes así procedan sean cristianos y vivan en el santo temor de Dios?"

"Sabe, sin embargo, que es verdad; que entre las personas piadosas de Bilbao hay muchas que anhelan sobre todo el triunfo del fascismo? "



-¿Te parece rara la monja de la carta?

-Pues, en realidad no, es lo que debe sentir una buena cristiana; pero...¿Cuál es el misterio de esa monja? Fíjate como la insulta el miliciano herido: "¡Estas tías puercas! ¡Dios y su madre! ¡Cuándo acabaremos con ellas!"

-Al final del relato, sabemos a quién dirige la carta, alguien importante que es familiar suyo, y comprendemos, mamá. Vamos a hablar de otra cosa. ¿Qué sabes de las obras de arte que desaparecieron en la guerra civil?

-De las cosas de arte, en la Universidad de Alcalá, nadie tocó nada, que yo sepa. Sé que el Gobierno llamó a mi padre para que fuera con otro a recoger oro que había en los conventos y en las iglesias de Alcala. Le dijeron que lo iban a mandar a Francia y a Rusia, se lo contó mi padre a mi madre.

-Había que pagar la guerra, no nos ayudaban gratis. 

¿Y lo de la estatua de Cisneros que me has contado tantas veces?

-Una madrugada, en el tercer año de guerra, oí mucha voces en el patio y era mi padre que llamaba al comandante y le decia: "mire, qué sinvergüenzas habrán hecho esto". ¡Habían pintado de negro, de arriba abajo, la estatua de Cisneros! ¡Ignorantes, incultos! El comandante, a ver los soldados, que vengan a ver quién ha sido, que se pongan a limpiarlo y lo dejen como estaba. No dijeron quién había sido.




-Mira, mamá, aquí cuadran las palabras del camarada Arnal, personaje ficticio del relato titulado El tesoro de Briesca, designado para formar parte de la Junta de Incautación y Conservación del Tesoro Artístico Nacional: 

"Cada día le parecía más absurda y sin sentido su tarea. Correr de un lado a otro afanosamente para salvar una tela pintada, una piedra esculpida o un cristal tallado a través de aquella vorágine de la guerra y la revolución se le antojaba insensato. ¿Para qué? Cuando la vida humana había perdido su valor, cuando los hombres morían a millares diariamente, cuando una generación entera caía segada en flor, cuando veinte millones de seres pertenecientes a una raza vieja en la civilización se precipitaban a la barbarie de las edades primitivas, ¿Qué sentido podían tener ni el arte, ni los testimonios de un glorioso pasado, ni todos aquellos valores espirituales por cuya conservación se desvelaba?".

-Tu abuelo y otros muchos cuidaron de que las obras de arte se respetasen. Las obras de arte del pasado y hasta...los huesos del pasado.

-¿Me vas a contar lo de los huesos del famoso Divino Valles, el médico de Felipe II? Hablamos de ello en 2011, cuando vino en el periódico que los habían encontrado.

-Los huesos no estaban perdidos, los encontró tu tío Antonio. Al lado de la Universidad hay una capilla que en la guerra estaba abandonada. Mi hermano se metió allí y encontró una caja de metal muy vieja que estaba rota, con huesos dentro. En la caja decía: "Restos del Doctor Valles exhumados". Mi padre nos explicó de quién eran. Supongo que los mandó colocar y tapar de nuevo y allí quedaron hasta que lo volvieron a encontrar, hace poco. 

-Por último, mamá, tengo curiosidad en saber cuándo se enteró mi abuelo de la muerte de su hermano, Francisco Moya Escribano, militar fusilado en Málaga.

-Eso fue muy triste porque no lo supo hasta el fin de la guerra y lo habían matado al principio. Durante los tres años tuvo comunicación con su madre, que estaba en Córdoba, pero la abuela Ángeles no nos dijo nada de la muerte de su hijo Paco. Tu abuelo estuvo tres meses neurasténico, no pudo trabajar ni dar clase en ese tiempo. Las guerras son terribles. Son a sangre y fuego como ese libro tuyo.


Cerramos ya estos diálogos, aunque estoy segura de que mi madre tiene todavía mucho que contarme. 

Dedico las tres entradas tituladas "Mi madre dialoga con "A sangre y fuego"(1, 2 y 3)"a mi tío abuelo Francisco Moya Escribano (+), a mis abuelos: Antonio Moya Escribano (+)  y Luisa García Solano  (+)  y a mis tíos :Antonio (+) , José (+), Carmela, Diego (+) y Aurora. 

Un abrazo de María Ángeles Merino y María Ángeles Moya

Podéis consultar este enlace entre otros:
https://oscarenfotos.com/2015/02/07/galeria-robert-capa/
http://unserenotransitandolaciudad.com/2015/04/06/los-restos-del-divino-valles-medico-de-felipe-ii-pueden-visitarse-en-alcala-de-henares/
http://www.publiconsulting.com/pages/astrana/tomoI/p0000011.htm
https://cordobapedia.wikanda.es/wiki/Valent%C3%ADn_Gonz%C3%A1lez_%22el_Campesino%22