miércoles, 19 de noviembre de 2014

"Aquellas gentes moviéndose mirándome en un ambiente que la aglomeración de cosas ensombrecía, parecían haberme cargado con todo el calor y el hollín del viaje..."

"Nada", película dirigida por Edgar Neville, basada en la novela "Nada" de Carmen Laforet.

Comentario a la novela "Nada", de Carmen Laforet, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. 

Recordáis que Andrea aceptó mi invitación a tomar el té. Té con leche, literatura y pastas, me indicó en su escrito de la semana pasada. ¿Que cómo hice para que Andrea acudiera a su cita? Veréis...escribí en una entrada titulada "Andrea", guardada en el borrador de Blogger, el día, la hora y el lugar. 

Acudí a la cita con la novela "Nada" y el ordenador. Me senté junto al ventanal que da a la terraza, Pedí dos tes y un "muffin", no había pastas, para mi amiga de ficción. Confiaba en que viniera.

Me tomé mi té y me puse a leer y a leer, me zambullí en la novela y, de vez en cuando, tomaba notas en la entrada "Andrea", con un bolígrafo azul. De pronto, una voz conocida me sacó del piso de la calle Aribau. Era una antigua compañera, sentada en la mesa de al lado, me hablaba de jubilaciones en la docencia y otros temas de actualidad. 

Cuando quise volver al libro, no quedaba leche ni té, ni una miga del "muffin". El sobrecito de azúcar estaba abierto y vacío. El libro estaba en el suelo. 



Hablaba conmigo misma ¿Cómo va a venir a verte un personaje de ficción? Esto te pasa por leer tantos quijotes, terminarás creyendo en Andrea como el viejo hidalgo en el sabio Frestón. Como sigas así, vas a tener que pedir cita para uno de esos especialistas que empiezan por "psi".

Que no, que no, que yo leí lo que Andrea me dejó escrito la semana pasada. ¿Y quién se ha tomado esto? Anda, anda, piensa un poco. Aquello lo escribiste tú. Y el té y lo demás...te lo habrás comido sin darte cuenta, mientras leías. 

Me voy a casa y trato de olvidar mis fantasías. Pero cuál sería mi sorpresa cuando abro el Blogger y en la entrada titulada "Andrea" encuentro los siguiente:

-Mi apreciada lectora:

Disculpe que no me dirigiera a usted en la cafetería, mas comprenderá que no nos está permitido...Gracias por la invitación. 

Me he tomado la libertad de acompañar algunas de sus notas, las escritas en azul. Le comento, en negro, un poco como percibí la casa y los seres singulares que iban apareciendo nada más descorrerse el cerrojo del piso de la calle Aribau, en Barcelona. Ya sabe que "luego me pareció todo una pesadilla".



Recibidor,  bombilla, lámpara, telarañas, montones de muebles, mancha blanquinegra, viejecilla, dulce sonrisa, abuela, cuchicheo, confusión lastimosa, empujón a la maleta y adentro, cierra la puerta tras ella, ¡soy Andrea!

-Sí, tras la puerta, un recibidor, alumbrado por una débil bombilla, la única en una lámpara "magnífica y sucia de telarañas"



Los muebles amontonados como en las mudanzas y una "mancha blanquinegra". Era una viejecilla de sonrisa tan dulce que estaba segura, era mi abuela. En voz muy bajita me decía:"¿Eres tú Gloria?".  


Yo negaba con la cabeza, ella decía algo de una mujer llamada Angustias que no debía darse cuenta de mi llegada a estas horas. Decidida, arrastré la maleta y cerré la puerta tras de mí. "¡Soy Andrea!" La pobre vieja hacía esfuerzos por recordar. Yo insistía, "tu nieta...no pude llegar esta mañana". Me parecía lastimoso.

-Le echaste valor, Andrea, tú misma te encerraste. Te metías en la boca del lobo.

-Así es, pero no tenía otra salida. 

Pijama, hombre descarnado y alto, cara, concavidades, calavera, tío Juan, sobrina, ahora entiende, abrazo, lágrimas, pobrecita.

-Hasta que "salió en pijama un tipo descarnado y alto". Una cara llena de concavidades, "como una calavera a la luz de la única bombilla". Lo conocí, era mi tío Juan. En cuanto él me llamó sobrina, la abuelita entendió. Un abrazo, los ojos llenos de lágrimas y me decía: pobrecita, pobrecita.

- ¿Qué pasó con sus padres? ¿La guerra tal vez?¿Era su padre de diferente ideología que su madre?

-Construya usted la historia de mis padres, Carmen Laforet lo quiso así.


"Nada", película de Edgar Neville. Foto tomada de aquí.

-Angustia, calor, aire cargado, mujeres fantasmales, ropas negras, piel erizada, horrible, desastrada, sonrisa verdosa, perro negro que bostezaba.

-Me vi rodeada de "varias mujeres fantasmales". Me costaba respirar aquel "aire estancado y podrido", el calor era sofocante. "Casi sentí erizarse mi piel al vislumbrar a una de ellas", era la horrible y desastrada criada, de negro, seguida de un perro más negro aún que bostezaba ruidosamente. La impresión más desagradable de mi vida.

-Fantasmas en camisón. Percibe enseguida algo siniestro en la criada. Se me ponen los pelos de punta, a mí también. ¡Y qué mal huele!



Mujer flaca y joven, pelirroja, pálida, lánguida.

-Detrás de Juan, apareció Gloria, flaca, joven , de cabellos revueltos y rojizos, con "una languidez de sábana colgada". 

-Gloria es tan extraña como Andrea, blanca en el negro aquelarre. 

-Una voz seca, cortante, ya está bien mamá, las manos de tía Angustias como garras, tan alta, reproches, llegar de madrugada, una criatura sola, bruja amenazante.

-Había otra mujer a mi espalda que decía a la abuelita "ya está bien mamá", con "voz seca y resentida". Sentí una mano sobre mi hombro y otra en la barbilla, era mi tía Angustias, me obligaba a mirarla hacia arriba, era más alta que yo. Me reprochaba el "plantón", fue a buscarme por la mañana y no podía imaginar que llegaría de madrugada. Sentía la amenaza de su camisón blanco y su bata azul. Se lamentaba: "una criatura así, sola".

Oí a Juan gruñir: "la bruja de Angustias estropeándolo todo". 

-La autoritaria tía Angustias da mucho miedo. Cómo le disgusta que Andrea haya andado sola por ahí...Sí, es de las que todo lo estropean.



Cansancio, calor, hollín, angustia, sed de aire.

-Estaba cansada y me sentía sucia, aquellas gentes "parecían haberme cargado con todo el calor y el hollín del viaje". Mis deseos de aire puro eran angustiosos. 

-En la casa Aribau hay más hollín que en el tren. El aire se puede cortar con cuchillo.



-Todos miran la maleta.

-La criada miraba mi maleta y "mi compañera de viaje me pareció un poco conmovedora en su desamparo de pueblerina. pardusca, amarrada con cuerdas, siendo, a mi lado, el centro de aquella extraña reunión".


-La maleta es una compañera, un personaje más, desamparada, pueblerina, se siente el blanco de las miradas.


Presentación de Gloria. ¿Miedo? Casi miedo. Muecas de Juan. Esfuerzos por sonreír.

-Juan me presentó a Gloria, su mujer. Al darnos el abrazo me susurró: "¿Tienes miedo?". "Y entonces casi lo sentí", vi las muecas nerviosas de Juan, tratando de sonreír.

-Basta que nos pregunten si tenemos miedo, para sentirlo. ¿Casi lo sintió o llegó a sentirlo? Las muecas calavéricas de Juan no dan confianza. Gloria sí tiene miedo.

¿Lavarse antes de dormir? Ojos de asombro. Agua fría.

-Quería lavarme antes de dormir. Lo dije y "los ojos se abrían asombrados sobre mí". No había agua caliente, no me importaba, me daría una ducha fría. 



"¡Qué alivio el agua helada sobre mi cuerpo!...estar fuera de las miradas de aquellos seres originales!"

-Cuarto de baño que no se usa. Telas de araña. Agua brillante. Roñosa bañera. Huella de manos que piden socorro. Desconchados. Bodegón incongruente. Grifos torcidos. ¿Visiones?



- Era un cuarto de baño que no debía utilizarse nunca. Veía mi cuerpo reflejado en el manchado espejo, entre las telas de arañas y "los hilos brillantes del agua". De puntillas, evitaba el roce de "la roñosa bañera". "Parecía una casa de brujas". "Las paredes tiznadas conservaban la huella de manos ganchudas, de gritos de desesperanza".



 Por todas partes, desconchados, bocas abiertas y desdentadas. Y unos besugos con cebollas, un bodegón macabro sobre el espejo. Grifos torcidos, locura. Empezaba  a ver cosas extrañas. Bruscamente cerré la ducha, "el cristalino y protector hechizo". Me quedé sola entre la suciedad.


-Un baño como una casa de brujas. Andrea se refugia en los hilos brillantes, de la suciedad y de la locura. ¿Bocas que se abren? ¿Grifos que se retuercen? ¿Un besugo en un cuarto de baño? 



-Cosas como las que ven los borrachos. Tal vez era mi estómago vacío.

-El dormitorio. Con un gran piano, cornucopias, un escritorio chino, cuadros, muebles y más muebles.


-No era "la guardilla de un palacio abandonado", era el salón de la casa, me dijeron.

-Túmulo funerario. Sillones destripados. Cama turca. Manta negra. Vela sobre el piano.

-"No se como pude llegar a a dormir aquella noche". El lecho "como un túmulo funerario rodeado por dolientes seres". Un fila de sillones destripados en torno a una cama turca, cubierta con una manta negra. Una vela sobre el piano porque la lámpara no tenía bombillas. Y yo era el muerto, la muerta, en el velatorio.



-Una rutinaria señal de la cruz en la frente. Un abrazo tierno de la abuela. Palpitar de un corazón. Misterioso susurro al oído.

-Vinieron a verme, antes de dormir. La tía Angustias hizo la señal de la cruz en mi frente. La abuela me dio un abrazo tan tierno que sentí palpitar su corazón sobre mi pecho. En un susurro, me dijo:

"Si te despiertas asustada, llámame, hija mía...Yo nunca duermo, hijita..."



-La sombra de los muebles hinchada por la luz de la vela.  Olor a porquería de gato. Ahogo. Cortinas y polvo. Una puerta.

-Me dejaron con el juego de sombras entre la luz de la vela y los muebles. Mi improvisado dormitorio se llenó "de palpitaciones y profunda vida". El hedor a gato "llegó en una ráfaga más fuerte". Me ahogaba y trepé sobre un sillón para abrir una puerta entre cortinas. 

-Y Andrea se  taparía con la manta negra para no ver las sombras agitadas. Necesitaba aire, qué habría detrás de esa puerta. 

Una galería abierta, tres estrellas, negrura, ganas de llorar, recuerdos.

-Era una galería abierta, de esas "que dan tanta luz a las casas barcelonesas".


Tres estrellas "temblaban en la suave negrura de arriba", tuve ganas de llorar, "como si viera amigos antiguos".

-¿Por qué llora Andrea?¿Quiénes eran los viejos amigos cuyo recuerdo acaba de recobrar con ayuda de las estrellas? ¿Había conocido Andrea el amor?

-Su pregunta queda fuera del libro, imagine, la invito a alargarle un brazo a la novela de Carmen Laforet. Cada lector puede hacerlo.


-Estrellas. Barcelona. Ilusión. Gentes y muebles endiablados. Miedo. Cama parecida a un ataud. Temblores. Apagar la vela.

-Volví a la ilusión que me inspiraba Barcelona, gracias al palpitar de las estrellas. La ilusión que traje de la estación de Francia y que desapareció al entrar "en este ambiente de gentes y de muebles endiablados". Me daba miedo meterme en la cama turca tan fúnebre. Temblaba "de indefinibles temores" cuando apagué la vela.

-El tintineo de los primeros tranvías despertarán a Andrea.

-Volveré al verano de mis siete años, mi última visita a los abuelos. Ya no están, bueno, sí, está la abuelita; pero ahora es otra.

No escribo más por hoy, otro día tomaremos el té, la magdalena estaba deliciosa. Adiós, lectora mía.

A la semana siguiente vuelvo a la misma cafetería con "Nada" bajo el brazo. El camarero me pregunta ¿no trae hoy a su amiga? ¿Amiga? Sí, una chica alta, muy pálida, vestida con ropa muy anticuada, llamaba la atención...

No quiero darle más vueltas, voy a terminar en el psi...

Un abrazo de:

María Ángeles Merino


miércoles, 12 de noviembre de 2014

"...una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche".“Luego me pareció todo una pesadilla”

"Nada" de Carmen Laforet, Primer premio Nadal.

Antes del comentario, podemos leer  lo que la misma Carmen Laforet nos cuenta de su vida y de su obra:

"Aunque es muy difícil escribir una autobiografía en pocas líneas –y, en realidad, también en muchas-, quiero daros aquí alguna idea de mi propia vida personal antes de que leáis las anotaciones hechas por mí delante de cada uno de mis libros explicando su cronología respecto a mi vida y aquello que me inspiró el deseo de hacerlos..." Leer más.



Comentario al inicio de la novela "Nada", de Carmen Laforet, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Como ya sabéis mi ordenador es mágico. Los que me seguís, ya sabéis de qué hablo. 

Ayer abrí una nueva entrada y colgué una fotografía que hice el verano pasado, en la mesa de una terraza, con un té  y la novela "Nada" por compañía, buena compañía. Di al  "guardar", como borrador,  y no añadí texto alguno.

Recuerdo que alguien me preguntó, cuando tomé la foto, hay gente muy curiosa, qué hacía. Y yo le contesté: acabo de invitar a la protagonista de este libro a tomar el té.  

La persona curiosa conocía la novela y añadió: pide también unas pastas, y leche, qué menudas hambres pasa la muchacha.

Nos reímos y así quedó la cosa. Pero cuál sería mi sorpresa cuando esta mañana me encuentro con un escrito, al lado de la foto que dice:

"Señora lectora:

Me presento. Me llamo Andrea y soy la protagonista de la famosa novela "Nada", de Carmen Laforet (1921-2004).  Solo soy un personaje de ficción, un ente de papel; pero puedo tener muchas cosas en común con los seres de carne y hueso y servirles de espejo. Lo comprobará.

Queda en pie  la invitación de aquel día, en la terraza. Acepto encantada, tomaremos té con leche y  literatura. Y pastas, como aconseja su amiga; que para hambres la de la posguerra, qué mezquino el racionamiento.



Me consta que usted leyó el verano pasado, placenteramente, la obra en que vivo desde 1944. También tengo noticias de su primera lectura, cuando su edad era cercana a la mía y  sé que ahora, dice, ve distinta mi pequeña historia. Me hace gracia cuando dice que, ahora,  su edad se aproxima más a la de la tía Angustias. 

No tema, tal vez sea así, el tiempo nos cambia, pero usted nunca coincidiría con la ideología de la tía.  Las que son como mi tía nunca leerían "Nada". No leerían nada, para qué si están seguras de saberlo todo.

Yo la invito a recrear, pincelada a pincelada, y en sentido inverso, mis sensaciones de aquella llegada risueña a Barcelona. El espíritu de Carmen Laforet nos perdone la travesura.

Ella me creó como mujer joven y huérfana que llegaba un día, de noche, en tren, a Barcelona, a comienzos de otoño, en mil novecientos cuarenta y algo, cuando el aliento pestilente de la guerra civil flotaba todavía en el aire. 



En la mano, una maleta atada con cuerdas, cargada de libros y de ilusiones. Me dirigía a una dirección en la calle de Aribau, el piso donde vivían mis parientes. Iba a estudiar Letras, en la Universidad. Venía de un pueblo y la idea de la gran ciudad me fascinaba. Imaginaba reencontrarme con Barcelona y con mi familia barcelonesa, la que conocí en mi niñez. 

Fui al Mercadillo a buscar la maleta de Andrea

Encantada de mi soledad y de mi libertad, feliz con la brisa marina agitando mi abrigo, como una nueva Victoria de Samotracia. Y, en el destartalado coche de caballos,  me sentía como una princesa de cuento de hadas. 


El abrigo de Andrea como el peplo de la Victoria de Samotracia. Wikipedia.

¿Qué esperaba? 


"...lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor."

Recuerdo aquel día. Bajé del tren  e iba desgranando un rosario de sensaciones. Dentro y fuera, una y otra, y otra, y otra. "Realidades fijas", el idioma de los sentidos, para alcanzar "la verdad no sospechada", como leí en aquel poema de Juan Ramón Jiménez, también titulado "Nada":

A veces un gusto amargo, 
Un olor malo, una rara
Luz, un tono desacorde.
Un contacto que desgana, 
Como realidades fijas
Nuestros sentidos alcanzan
Y nos parecen que son
La verdad no sospechada...
J.R.J.

Seguramente, usted, leyendo"Nada", vivió mis sensaciones, mis impresiones. Y me acompañó en unos escenarios muchas veces desdibujados, casi impresionistas; recomponiendo las pinceladas. En su lectura juvenil, tal vez se quejó de que mi novela dejaba vacíos sin llenar. Ahora la veo más acostumbrada a las lecturas abiertas.



Hoy quiero que me acompañe, antes de descorrer el cerrojo del abigarrado piso y me encuentre rodeada de seres fantasmales que en nada me recordaban  a los que antaño conocí. Mis sentimientos los distorsionaban; eran terribles, mas yo los sentía como fruto de una pesadilla de la que no terminaba de despertar.



Es muy poca lectura, apenas solo dos páginas y media, de colores muy diferentes  a los de "luego", porque "luego me pareció todo una pesadilla"

“Luego me pareció todo una pesadilla”. 

Un cerrojo se había corrido torpemente. 

Oía unos pies que se arrastraban y dos ¡ya va!

Oprimí de nuevo el timbre, mientras oía los latidos de mi corazón apretado.

Mi llamada había sido tímida, dudaba, me preguntaba si despertaría a unos desconocidos. 

No reconocía aquellos estrechos y desgastados escalones de mosaico. 

Sentía el peso de la maleta, subía las escaleras muy despacio.


Subir una escalera

El vigilante había cerrado el portal detrás de mí, con un gran temblor de hierro y cristales. 

Le di unas monedas, mi mano temblaba.

Me preguntaba en qué balcón me asomaría. 



“Filas de balcones se sucedían iguales con su hierro oscuro, guardando el secreto de las viviendas”

"De improviso sentí crujir y balancearse todo el armatoste. Luego quedó inmóvil"”.

El ruido de las ruedas del coche repercutía en mi cerebro.

"...silencio vivido de la respiración de mil almas detrás de los balcones apagados”.

"Enfilamos la calle de Aribau donde vivían mis parientes con sus plátanos llenos aquel octubre de espeso verdor”.


Plátanos en otoño

“...el bello edificio me conmovió como un grave saludo de bienvenida” ¡Era la Universidad!
Una vuelta a una plaza.


Me pareció un viaje corto y cargado de belleza, era como yo quería: la ciudad llena de luz, las anchas calles vacías.

Tras salir de la estación, había tomado sin titubear un coche de caballos, de esos que han vuelto después de la guerra. Vi a un señor desesperado que agitaba el sombrero y se lanzaba tras el vehículo.


Me había quedado sola en la gran acera, porque la gente corría hacia los taxis o  se arracimaba en el tranvía.

Defendía mi maleta, desconfiaba de los "camàlics" o mozos de estación.

Debía parecer muy extraña, tan risueña, con "mi viejo abrigo, que a impulsos de la brisa, me azotaba las piernas". 

¡Aquella brisa era marina y jugueteaba con mi abrigo! "Muy cerca, a mi espalda, enfrente de las callejuelas misteriosas que conducían al Borne, sobre mi corazón excitado, estaba el mar."



Oía"el cuchicheo de la madrugada" acompañado de "una respiración grande como dificultosa". 

"Un aire marino pesado y fresco entró en mis pulmones con la primera sensación confusa de la ciudad". 


La luna en el Mediterráneo

Yo era "una gota entre la corriente" y seguía a la masa humana cargada de maletas, rumbo a la salida. 

"una gota entre la corriente"

Cómo pesaba la maleta. Cómo pesaban los libros. Podía con ellos, "con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectación".

El olor, el rumor de la gente, las luces tristes; todo tenía para mí un gran encanto. Todas mis impresiones iban envueltas "en la maravilla de haber llegado por fin a una ciudad grande, adorada en mis sueños por desconocida".



"Con una sonrisa de asombro" miraba a la gente, la que llegaba, tras tres horas de retraso, y la que aguardaba. 

La sangre "me empezaba a circular en las piernas entumecidas". El viaje había sido largo y cansado.

"Era la primera vez que viajaba sola...me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche".

"Llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado, y no me esperaba nadie".

Porque alguien colgó un letrero, no había billetes. Debía esperar al siguiente tren. Llegaría tarde al comienzo de la "pesadilla":





Hasta la próxima semana, tomaremos el té. Suya:

Andrea"

Un abrazo para los que me seguís de:

María Ángeles Merino

Podéis seguir aquí los espacios de Andrea en la Barcelona de la posguerra, en Google maps.

Las palabras en naranja están tomadas directamente de "Nada", Carmen Laforet, Austral, Destino, octubre 2012. Incluye introducción de Rosa Navarro Durán y el citado poema de Juan Ramón Jiménez.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Quijote, un homenaje al proceso de lectura y escritura. Gracias a un gran lector del Quijote que es Avellaneda.


-¡Salam Aleikum! ¡Dios os guarde, mi señora! Cide Hamete Benengeli para servir a vuesa merced. Hoy tomo la delantera, tras asegurarme de que el susodicho Alisolán no ha de aparecer por aquí para interferir en nuestra literaria conversación. Tengo noticias de que en el limbo de los escritores apócrifos le han llamado a capítulo.


Porque vuesa merced no ignora, a estas alturas de entradas escritas y teclas machacadas, que nuestro visitante, el presunto cronista morisco Alisolán, esconde la negra sotana bajo la azul chilaba y  no es otro que el ignoto Alonso Fernández de Avellaneda. 


¿Alisolán?

Así que ancha es Castilla, saquemos a relucir la verdad de don Quijote. Mi don Miguel de Cervantes se sintió tan aplastado por Avellaneda como lo fue don Alonso por los toros del capítulo 2.58, el anterior al de la venta. 

-¿De que venta hablamos? Porque las ventas abundan en el celebérrimo libro.

-¿De cuál iba a ser? Señora mía, hablamos de la desabastecida venta donde el caballero andante tiene las primeras noticias de la publicación de la falsa segunda salida de don Quijote.



-¿Desabastecida? 

-Sí, que el ventero, después de una buena ración de lengua, sólo puede ofrecerles de cena una uña de vaca cocida, digna del Lazarillo de Tormes...buen libro, pardiez. Ni pajaricas, ni pollos, ni pollas...ni siquiera los socorridos huevos con torreznos.



-Al buen hidalgo, la venta se le aparecería como castillo, como solía.

-No, refresque vuesa mercé las quijotescas  lecturas. En esta ocasión, la venta es venta y como tal la considera don Quijote. 



Pongámosnos con el Avellaneda. Cuando se disponen a cenar, don Quijote oye, en el aposento de al lado, que alguien propone: “leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha”. Es un caballero llamado don Juan que se dirige a otro llamado don Jerónimo. Don Quijote escucha muy atentamente. ¡Están hablando de su persona!




El tal don Jerónimo no quiere leer “estos disparates” y opina que no puede gustar la segunda parte al lector de la primera. Don Juan le anima a su lectura porque “no hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena”; aunque le disgusta que pinte a don Quijote “desenamorado de Dulcinea”.

-A los lectores se nos hace cuesta arriba imaginar a un Quijote sin Dulcinea.



-Es ansí, Y tan gran desamor muestra, que se ofrece "a hacer proprio un cartel y fijarle en un poste de la plaza, diciendo que cualquier caballero natural o andante que dijese que las mujeres merecían ser amadas de los caballeros, mentía". 

A mi don Miguel  le tiembla la péndola, se le ha caído el tintero. ¡Tan coceado como su personaje! Mas, si su don Quijote pudo siempre levantarse y seguir, él no iba a ser menos. 




-Fue muy superficial, mas bastole para cazar al vuelo sus defectos:

“Don Quijote hojea el libro y “de allí a un poco” da su opinión. Sin leerlo y en muy poco tiempo, encuentra tres cosas reprehensibles: algunas palabras del prólogo, la escasez de artículos y cuando dice que la mujer de Sancho se llama Mari Gutiérrez”.

-Las palabras del prólogo son hirientes. Viejo, manco, envidioso. Y señala la escasez de artículos como un defecto propio de Aragón...dicen que no es ansí.

-Y Cervantes fue el que bautizó como Mari Gutiérrez a Teresa Panza, en la primera parte. Un gazapo que colgó a sus enemigo, tal era la socarronería cervantina. Si os place, seguiremos con  lo que escribí hace un tiempo, como comentario a este capítulo 2.59, sobre un suceso que se puede tener por aventura.

-Me place, abro mis oídos cual un oidor:

-"Sancho se sorprende y pide a su señor que mire a ver si anda él por ahí , no vaya a ser que le hayan cambiado el nombre.

Don Jerónimo se fija, ahora, en Sancho. Lo reconoce y le dice que “este autor moderno” le pinta comilón, simple, nada gracioso y muy diferente del de la primera parte...



Durante la cena le piden nuevas de Dulcinea. Casada, parida, preñada…no por Dios. O si se acuerda de don Quijote y sus pensamientos amorosos, en el caso de que esté soltera y entera. Intacta su entereza y tan seca como siempre; pero transformada en burda labradora. Y les cuenta, con todo detalle, lo del encanto, lo de Montesinos, el sabio Merlín y los azotes de Sancho.




Los dos caballeros lectores reciben gran contento con esos sucesos y quedan admirados. ¡Qué disparates cuenta y qué estilo tan elegante! Ya les parece discreto, ya les parece loco y mentecato. Mitad y mitad.

Sancho acaba de cenar y se pasa a la estancia de su amo. Quiere preguntar si el autor de ese libro, ya que le llama comilón, le llama también borracho.

Se lo confirman, pero le tranquilizan diciendo que son razones mentirosas, a la vista del buen Sancho presente. El cual lo tiene claro, ese Quijote y ese Sancho no son los de la historia compuesta por Cide Hamete Benengeli. El amo es valiente, discreto y enamorado. El criado es simple gracioso, ni comilón ni borracho.

Don Juan lo cree así y opina que se había de dar la orden: ninguno tratará las cosas de don Quijote si no es Cide Hamete, su primer autor.


Nuestro caballero pide que le retraten pero no le maltraten, que la paciencia se cae, bajo el peso de la injurias. Ninguna se le puede hacer porque, como dice don Juan, dispone de la venganza o su gran paciencia. Cervantes, tal vez, esté pensando en él mismo cuando escribe esto. ¡Paciencia!

Pasan gran parte de la noche en estos razonamientos. Don Juan quiere que el caballero andante lea más del libro pero él les dice que lo da por leído y lo confirma “por todo necio”. Además, no quiere que el autor se alegre pensando que don Quijote lo ha leído.



Le preguntan hacia dónde se dirige y responde que a Zaragoza, a las justas. Don Juan le dice que la “nueva historia”, pobre y simple, lleva a ese don Quijote, o quien sea, hasta Zaragoza. Al oír esto, decide que no pisará Zaragoza, para poner en evidencia la mentira del “historiador moderno”.


Don Jerónimo aprueba su decisión y le recuerda que hay justas también en Barcelona. Así lo va a hacer, pide licencia para acostarse y se ofrece para que le pongan en la lista de grandes amigos y servidores. El mismo ofrecimiento hace humildemente el escudero.

Barcelona, playa en que será derrotado.

Los dos caballeros lectores quedan admirados de la mezcla de discreción y locura y, por supuesto, están seguros de que estos son los verdaderos y no los del escritor aragonés.

Madruga don Quijote y se despide de sus admiradores, dando golpes en el tabique del aposento. Esta vez Sancho paga muy bien al ventero y le aconseja menos alabanzas y más provisiones".


Como dijo ayer el profesor Ojeda, este don Quijote "no juega, no sueña, está loco".Y Sancho Panza es "un simple" sin más.

-Es muy interesante eso que dice voacé.¿Y por qué "el autor moderno" metamorfosea desta manera a las creaturas de Cervantes? Las deja deslavazadas, a mi parecer.

-Intentaré explicárselo, siguiendo las notas que tomé ayer, durante la intervención del profesor Pedro Ojeda, en el Museo del Libro. Nos metió en el túnel del tiempo, nos contó que un día:

"Un día como hoy, hace cuatrocientos años, Cervantes andaba por las esquinas insultando a todo el mundo y jurando en arameo, o en lo que se jurara entonces. En julio había llegado a sus manos la segunda parte del Quijote, escrita por Avellaneda y le produjo gran conmoción.


Trabajo quijotesco realizado por alumnos de Secundaria, bajo la dirección de la profesora Menchina Ayuso.


Era el más grande homenaje que le podían hacer, incluso aunque fuera una usurpación.

 Lo lee con profundidad, aunque dijera lo contrario. Se convierte en el mejor lector de Avellaneda y éste le va a permitir dar el doble salto mortal: se va a meter en terrenos desconocidos, nadie había hecho lo que Cervantes hará en la segunda parte.

De Cervantes nadie esperaba nada, tras la primera parte del Quijote. Era un escritor deshauciado por sus contemporáneos, cada cosa nueva que va escribiendo se retrasa y va al cajón: Novelas Ejemplares, Comedias y Entremeses, Viaje al Parnaso, la segunda parte del Quijote...

Ese es el desencadenante para que Avellaneda escriba el Quijote, en 1613 y lo publique en 1614. Por mucha rabia que le de a Cervantes,  es el mejor homenaje que se puede hacer a un escritor.



Había demanda del público, los personajes del Quijote eran muy populares, en 1604 ya se había distribuido la primera parte y en 1605, en Carnaval, ya había quien se disfrazaba de don Quijote y Sancho. La gente pedía que se continuase su historia, No habían llegado por entonces los derechos de autor. Hay uno que se decide: la continúo yo.

Y, además de un homenaje, hay un ajuste de cuentas: pasar factura a Cervantes por los ataques que había hecho a Lope de Vega. Hay quien dice que el prólogo, tan duro, ya estaba escrito por otro autor y que Avellaneda lo continuó.



El resto del libro no lo ataca; pero hay una traición a la propuesta ideológica de Cervantes. El modelo nuevo propuesto por Cervantes, sin dejar de ser ortodoxo, está en los límites, propone reformas individuales. ¿Lo traiciona porque al fin y al cabo es un escritor de segundo orden y no llega a desarrollar el potencial de los personajes?

La propuesta de Pedro Ojeda es que Avellaneda desactiva conscientemente todo lo peligroso del Quijote, para que sea ortodoxo. Hay que conducirlo a lo políticamente correcto. El lugar de don Quijote es el manicomio y Sancho acabará integrado en la sociedad, una vez arrepentido. Incluso Bárbara termina integrada y arrepentida.

Esta desactivación no lo puede hacer un torpe, es alguien inteligente que sabe de la peligrosidad del Quijote para la gobernanza y la moralidad.

¿Qué hace Cervantes? Lee al Avellaneda en profundidad y lo introduce en su segunda parte. Don Quijote llega a una venta y ve a gente que habla del Quijote, Cervantes lleva los personajes de Avellaneda a su libro y se convierte en el mejor narrador, aunque le duela a algunos, como a Borges que dice del Quijote que le faltaría estar escrito en inglés. El Quijote es el que construye la narrativa, sin Cervantes no existiría la narrativa actual.

En checo, pero de Cervantes (foto cortesía de Julio Plaza y Esther Moreno)

Avellaneda tuvo éxito porque se correspondía con lo que pedía la gente. La teoría más sólida es la que señala como autor a Ginés de Pasamonte, un soldado escritor que se vio maltratado por Cervantes, en el Quijote, donde aparece como un titiritero. 

Cervantes rehace la segunda parte, modifica todo el proyecto inicial del Quijote, en cada capítulo añade algo nuevo. Gracias a la segunda parte modificada por culpa de Avellaneda, Cervantes hace su obra maestra porque lee en profundidad.

El Quijote, un homenaje al proceso de lectura y escritura. Gracias a un gran lector del Quijote que es Avellaneda."

-Me place escuchar las palabras de mi señor Pedro Ojeda. Agradecido, desde mi situación de humilde cronista morisco.












Notas tomadas ayer mientras hablaba Pedro Ojeda

-Si el Quijote de Avellaneda aupó hasta la cumbre al Quijote de Cervantes, con una genial segunda parte, yo también, como lectora fiel del Quijote, le doy las gracias. 

-Un momento, que me parece que el sabio Alisolán vuelve por aquí. ¡Salam Aleikum! ¿Qué dice vuesa mercé? ¿No le habían llamado a capítulo?

- Mucho he de decirles todavía. Y he de comunicarles, aunque vuesas mercedes no lo crean, que mi don Quijote fue a Zaragoza y compitió allí por una sortija. 

"Don Quijote, sin responderle palabra, volvió la rienda a Rocinante y comenzó a correr, no con poca risa de los que le miraban, yendo don Álvaro a medio galope tras él. Llegó, pues, don Quijote a la sortija segunda vez, y con la cólera y turbación que llevaba, erróla por parte de abajo otra media vara. Pero el discreto don Álvaro, viendo cuán desgraciadamente lo había hecho su compañero, puesto de pies sobre los estribos, alargó cuanto pudo la mano desde el caballo y, asiendo la sortija, y llegándose a don Quijote, con mucha sutileza se la puso en el hierro de la lanza (que lo pudo hacer sin que él lo echase de ver, por llevarla puesta sobre el hombro, desque hizo el golpe en señal de gala), y díjole:

-¡Ah, mi señor don Quijote, lustre de la Mancha, victoria, victoria!, que la sortija lleva vuesa merced en la lanza, si no me engaño".

-Que sí, señor Avellaneda. Ya vemos que don Álvaro Tarfe echó una manita a don Quijote. Su don Álvaro Tarfe, que Cervantes dio vida a otro. Quede usted con Dios.

Invitamos a los que pasen por aquí a leer su obra al completo, que no es un mal libro. Y no sé si oyó antes las palabras del profesor Ojeda. Le damos las gracias a vos, un gran lector del Quijote.

-...No hay de qué darlas... Espero...que esto no llegue a los oidos del gran Lope de Vega. 

-Muy señores míos: Cide Hamete y Alonso Fernández de Avellaneda, me despido de vuesas mercedes. Que la fama les acompañe muchos siglos más. Que nadie muere del todo hasta que es olvidado.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

Enlaces:

http://es.wikisource.org/wiki/Segundo_tomo_del_ingenioso_hidalgo_Don_Quijote_de_la_Mancha:_Cap%C3%ADtulo_X
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/10/don-alvaro-de-tarfe-el-personaje.html
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/07/en-una-venta-mal-abastecida-don-quijote.html
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cerv/46859842215026273022202/p0000013.htm#I_86_
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cerv/46859842215026273022202/p0000013.htm#I_85_