domingo, 15 de enero de 2017

Elemental, querido Potter

Esta no es una crónica de viaje más de la Mosca Cojonera de este blog, porque este no es un viaje de trabajo.

¡Es un viaje de placer de la Arañita Campeña y la Mosca Cojonera!

Pero, ¿a donde?. Pistas: Harry Potter, Sherlock Holmes y Jack el Destripador. Efectivamente, es la ciudad de Londres, el punto en común de estos tres personajes.

Han sido solo tres días, pero sin parar. Salimos de España un martes por la tarde... bueno, en realidad casi no salimos. La Arañita es propensa a pitar en los arcos de seguridad, y pitó. Pero en vez de pasarle un detector de metales, le hicieron un test contra sustancias peligrosas. Mientras a la Mosca le hacían el mismo test en la maleta y la  mochila.

Como decía, llegamos a Inglaterra un martes por la noche... bueno, en realidad casi no llegamos. En Inglaterra son muy modernos, y para pasar la frontera en el aeropuerto tienen unas máquinas que te leen automáticamente el pasaporte, te hacen una foto, y te dejan pasar. A menos que seas la Arañita, que entonces la tecnología conspira en tu contra y no te dejan pasar, sino que te obligan a enseñarle el pasaporte a un policía de carne y hueso.

Como decía, llegamos a nuestra pequeña habitación del hotel... bueno, en realidad casi nos quedamos en la calle. Debería decir que llegamos a la puerta del hot... No, no había puerta. Se entraba directamente a la recepción donde no había nadie. Sí había luz, pintura, y un mostrador a medio hacer porque estaban en obras. Tras cinco minutos de pánico, descubrimos que teníamos que entrar por la puerta de al lado, donde no había señal alguna de que fuera la entrada, pero habían improvisado una recepción.

Improvisados eran también los números de las habitaciones, con un post-it pegado en la puerta. Por las mañanas desayunábamos con Benito y Compañía, que pasaban con tablones de madera por los estrechos pasillos de camino al ascensor.

Día 1: Harry Potter y Sherlock Holmes

Como decía, amanecimos el miércoles en una calle cercana a Victoria Station, esperando que en cualquier momento apareciera Mary Poppins volando desde un engañoso soleado cielo con nubes dispersas, que en días posteriores se convirtió en frío, lluvioso, ventoso e incluso nevoso.
La primera visita fue sin embargo a las afueras de Londres, en Watford. Un ratito de tren, y luego un autobús para llegar a los estudios de la Warner Bros., donde se rodaron la películas de Harry Potter. La bienvenida te la dan en el comedor de Hogwarts, y a partir de ahí es pasear por todos los escenarios, viendo los trajes originales, coches voladores, equipos de Quidditch, escenarios al aire libre...
Tren a Hogwarts

Comedor de Hogwarts

Sala común de Gryffindor

Despacho de Dumbledore, director de Hogwarts

Pieza de ajedrez de la primera película. Iría ideal en los belenes de Ele Bergón.

Un puente

Maqueta del Castillo de Hogwarts

Comimos unos sandwiches, y por la tarde volvimos a la estación de Euston, desde donde andando cinco minutos se llega a la estación de King's Cross, donde está en andén 9 3/4 desde donde sale el tren a Hogwarts. Y una cola de gente para hacerse una foto empujando un carrito.
Desde ahí comenzamos una caminata hacia Baker Street, al 221B (que nunca existió), donde habitaba Sherlock Holmes junto con el Dr. James Watson.
Toc, toc. ¿Hay alguien ahí?
La ruta que seguimos la encontramos previamente en internet Tras las Huellas de Sherlock Holmes, fuimos parando en lugares como la consulta de Conan Doyle, su farmacia, y el lujoso Hotel Langham, donde Conan Doyle se tomaba el té de las cinco.
Entre paciente y paciente, Sir Conan Doyle escribía aquí sus relatos de Holmes

Como nosotros íbamos de pobres, nos conformamos con el hot chocolate de las seis en el Starbucks de enfrente. Con la tontería, llevábamos ya un buen paseo que nos llevó desde Baker Street hasta Oxford Circus, donde nos desviamos a ver la famosa Carnaby Street.
Carnaby Street. Mucha bulla y mucha gente

Callejeando un poco más, pasamos por el 7 de Saville Row, hoy día una tienda de trajes, pero que en su momento Julio Verne imaginó como la casa de Phileas Fogg (tristemente más conocido como Willy Fog por la juventud de hoy día)

Noche ya cerrada, el frío calando en los huesos, llegamos a Picadilly Circus y Trafalgar Square. Seguimos más abajo hasta llegar al río y uno de los tantos puentes, desde donde podíamos ver la gigantesca noria (London Eye) y el palacio Westminster con el Big Ben.
Y este último paseo antes de cenar, nos llevó a pasar por delante de la taberna de Sherlock Holmes. Ahí ya decidimos poner fin a un agotador paseo y volver al hotel. Andando.

Día 2: Westminster y la City

El día siguiente amaneció nublado. Y lluvioso. Día ideal para estar a cubierto. Subimos a Westminster andando, donde la Mosca pudo por fin, contemplar el Big Ben en todo su esplendor.
¡Big Ben sin andamios!

Me explico. La primera vez que estuve en Londres fue en 1990. Y el Big Ben estaba con andamios.

La segunda vez, fue en 1998, cuando fui a desvirtualizar a amigos que había hecho en un chat de internet. Y el Big Ben también estaba con andamios.

¡Y por fin a la tercera fue la vencida!

La mañana la dedicamos a ver la Abadía de Westminster, de la cual no tengo más que esta foto:
porque estaba prohibido hacer fotos dentro. Pero les cuento de palabra cosas que nos contaron por zapatófono (a la Arañita le encanta ir con zapatófono-audioguía que le cuente lo que está viendo). La abadía tiene más años que Matusalén, y tienen enterrada a un montón de gente allí. Entre enterrados y placas de recordatorio, al final vas pendiente del suelo para saber a quien estás pisando. Y te llevas sorpresas. Por mi parte (imagino que ustedes, queridos lectores, ya saben que la Mosca es físico y amante de eso que llaman ciencias naturales y/o exactas), ya sabía que me iba a encontrar la tumba de Sir Isaac Newton. Pues a su vera me encontré con:

Y por lo visto hay unos cuantos más que me perdí. Aunque sí que ví a Frank Whittle en una capilla dedicada a la RAF (Royal Air Force), y la Batalla de Inglaterra.

Pero no solo científicos hay allí. Por supuesto, muchos reyes y reinas de Inglaterra (Enriques, Eduardos, Marías,...), y un rincón que gustará a los literatos de este blog será el rincón de los poetas con Shakespeare, Dickens, Shelley, Lewis Carroll, Lord Byron...

La Abadía de Westminster es además donde se coronan los reyes de Inglaterra desde tiempos inmemoriales. Casi tantos como tiene el trono, que va a hacer 700 años. Un trono de madera que al verlo uno siente que rezuma historia por todos sus poros, ... y luego lo siente por quien se siente allí, porque tiene pinta de incómodo. La última vez que se usó fue en os '50 con Isabel II, primera vez que la ceremonia era televisada, y en las imágenes no se aprecia que le colocaran ni un triste cojincito para que sus reales posaderas aguantaran las 3 horas de ceremonia de coronación. A ella le tocó joven, con veintipocos años. Si alguna vez le toca a su hijo Carlos... en fin, dada su edad, esperemos que no esté sufriendo de almorranas en silencio.

Teníamos prevista un tour guiado esa misma tarde, pero finalmente lo dejamos para el día siguiente, porque no paraba de llover. Se estaba mejor tomando un hot chocolate en Starbucks. Hasta que por fin dejó de llover.

Para dar paso a la nieve. Y al viento. Y al frío.

Al menos con nieve, se puede pasear. Abrigado hasta el bigote, pero se puede. Por la orilla del Támesis, contemplando el Puente de la Torre, hacia el nuevo Puente del Milenio, un puente moderno, que además aparece en escenas de Harry Potter.
El Puente de la Torre. Estampa clásica

Torre de Londres

Ayuntamiento. Todo cristal. ¿Será la política de transparencia?

Puente del Milenio
A un extremo del puente encontramos la Catedral de St. Paul. Al otro, el treatro de Shakespeare.
Terminando ya el día, paseamos por la City. Una mezcla de edificios antiguos con modernos rascacielos de cristal. Una mezcla rara.
Llegamos hasta el mercado Leadenhall. Un mercado cubierto, escenario también de las andanzas de Harry Potter, pero donde nos pudimos cenar una buena pizza en un italiano regentado por un búlgaro.

La Torre de Londres, St. Paul y Jack el Destripador

El tercer día, comenzó con la luz asomando tímidamente entre las nubes, mientras en las noticias no paraban de hablar de la nevada del día anterior. Nevada que cuajó fuera de Londres, pero no en la ciudad. Tras desayunar (con cierto overbooking en el comedor), cojimos el metro hacia la Torre de Londres.

25 libras por cabeza, que aún escuecen. Pero lo cierto es que la Torre de Londres lo merece. Es el epicentro del asentamiento romano que dio origen a Londinium. Posteriormente, comenzó a erigirse una fortaleza, un castillo con varias torres y un foso que hoy día está seco.

El edificio más visible o reconocible es la «Torre Blanca». Era el edificio principal, y que ha tenido varios usos distintos, aunque los últimos han sido más de armería y/o polvorín. Actualmente, tienen una exposición con armaduras que pertenecieron a varios reyes.
Más interesante para la Arañita, fue el edificio que contenía las joyas de la corona... y cuyo interior no dejaban fotografiar. Diamantes, rubíes, zafiros,... Las joyas son usadas principalmente durante la coronación: una cuchara de oro, una aceitera, varios cetros, espadas, anillos, mantos... Y las Coronas, por supuesto. En plural, porque hay muchas. Parece ser que está la Corona que se usa durante la coronación, pero luego hay otra corona más de «diario». A ver, que la de coronación es muy bonita y tal, pero para el día a día, se usa otra que es más sufrida.
Del resto de la Torre de Londres, están cada una de las torres repartidas por las murallas con sus historietas. Casi todas de presos, porque una de las funciones de la Torre era esa misma. Presos que van desde acusados de hechicería, a presos ilustres como Ana Bolena, algún que otro Rey y Reina, curas católicos, y finalmente varios nazis, entre los que estuvo Rudolf Hess.

Con las historias de presos (que por cierto, como se aburrían se dedicaban a escarbar grafitties en las paredes, algunos con mucho arte), también hay historias de fugas. Por ejemplo, el primer intento de fuga, un príncipe o rey de Gales de cuyo nombre no quiero acordarme ni sabría pronunciar, lo intentó con todo un clásico: anudando las sábanas y descolgándose por la ventana, con tan mala suerte que las sábanas se rasgaron y la gravedad hizo el resto.

Luego hubo un par de curas. Uno emborrachó a sus carceleros, y se descolgó por la ventana usando una cuerda que consiguió esconder en el fondo de un barril. Este sí llegó al suelo vivo.
En la Torre Sangrienta se cuenta la historia de dos principes gemelos, hijos de Eduardo V, que fueron encarcelados por su tío, Ricardo III. Al poco, los niños desaparecieron sin dejar rastro. Un par de siglos después (1600 y pico), en trabajos de remodelación de escaleras encontraron un baúl con huesos que pertenecían a dos niños. Se sospecha que Ricardo III fue el responsable de su desaparición.

Como no, una Torre de la Tortura, con un par de aparatos para hacer que canten los mudos.

3 horas de torre en torre, hasta que decidimos salir para irnos a comer, porque aún teníamos que ver la Catedral de San Pablo (St. Paul).
La Catedral fue construida por un tal Wren, que quería hacer algo «distinto». Quería ante todo hacer una cúpula gigantesca, aunque para ello tuvo que recurrir a ciertos trucos. Desde fuera, se ve una estructura circular imponente. Pero es todo fachada. Por dentro, hay una cúpula interior más pequeña, que es lo que se ve desde abajo. Luego, una estructura cónica sirve para sujetar la estructura superior, y finalmente, el revestimiento exterior circular esconde el cono, y deja que desde fuera se vea una cúpula gigantesca. La visita a la catedral incluye una subida hasta lo más alto.

257 escalones. Por escaleras estrechas, en caracol. Llevaba la Arañita ya por lo menos 240. Pensábamos que ya habíamos terminado, pasamos un pasillo, y de pronto aparecen más escalones.

-¿¡Más!? - se quejó la Arañita Campeña. Y siguió subiendo.

Dos segundos más tarde entraron al pasillo nuevos visitantes, y mientras la Arañita y la Mosca subían las escaleras con la lengua fuera, se oyó un lamento:

-¿¡Más!?

Pero las vistas merecían la pena.
Vista a un lado del Támesis

Vista al otro lado del Támesis

A la bajada de la cúpula, literalmente nos echaron de la catedral. Porque ya estaban cerrando, no porque fueramos malos. Pero que sean las 16:30 y que te cierren una atracción turística es de juzgado de guardia. ¿Qué podíamos hacer hasta las 18:30, hora prefijada de nuestra siguiente visita?. Lo obvio: tomarnos un hot chocolate en Starbucks.

18:30. Estación de Aldgate East. Barrio de Whitechapel. Allí nos encontramos con una guía de Londres en Español que nos iba a relatar lo que hace ya más de 100 años hizo famoso a este barrio pobre, a una calle de distancia del mucho más rico barrio de la City.

Corría el año 1888, cuando una serie de crímenes sucedieron en este barrio. Hoy día se considera que son cinco las víctimas las que fueron asesinadas por Jack el Destripador, aunque en su momento la policía investigó hasta 16 casos de prostitutas estranguladas y apuñaladas. Pero nunca se encontró al culpable. Aunque hay quien sigue buscándolo. Hay una serie de personas llamadas «riperólogos» (del inglés «ripperologist», estudioso de Jack «the Ripper», aunque igual habría que traducirlo como «destripólogos») que siguen buscando y elaborando sus teorías (que acaban en libros vendemotos conspiranoicos).

En Whitechapel vivían los pobres, que apenas podían pagarse el alquiler de una habitación, y los muy pobres, que rara era la vez que se podían pagar una par de noches a cubierto. Currantes, currantes ocasionales, delincuentes, prostitutas... Era un barrio con calles estrechas, sin apenas iluminación, callejones, laberíntico, hedores insoportables, y que se estaba llenando de inmigrantes (polacos, rusos, judíos,...) al mismo ritmo que crecía la xenofobia (el típico «vienen a quitarnos el trabajo», que suena bastante familiar hoy día).
Se considera que son 5 las víctimas de Jack, aunque el número varía en función del riperólogo. Desde la (presunta) primera víctima hasta la quinta, los crímenes crecen brutalidad. Estrangulamiento, apertura en canal, vaciamiento de órganos internos, mutilación... e incluso canibalismo.

La policía tuvo muchos sospechosos, pero al final cerró la investigación en 1891 sin un culpable, mientras la prensa en vez de ayudar, se preocupaba más por vender periódicos que por contar noticias (lo cual no es muy distinto a hoy día). Una carta presuntamente llegada a un periódico, y firmada por «Jack el Destripador», reivindicando los crímenes y retando a la policía, es la que le da el nombre al asesino. Sin embargo, esta carta es falsa, y posiblemente escrita por un periodista.

Los crímenes terminaron bruscamente después del asesinato más salvaje de todos. ¿Por qué? ¿Murió el asesino? ¿Emigró? ¿Quedó satisfecho? Quien sabe...

El recorrido nos llevó por varias calles y callejones, visitando lugares relacionados con las víctimas, aunque en realidad quedan pocos edificios originales de aquel entonces. Según te van contando la historia, no puedes evitar elucubrar sobre qué tipo de persona podría haber sido Jack, te conviertes en riperólogo sin querer. Teorías hay para todos los gustos. Unas más creíbles que otras, pero todas prácticamente imposibles de probar.

Y así, entre elucubraciones, y con un frío que hasta Lord Kelvin estaría congelado, termina el periplo londinenes de la Arañita y la Mosca Cojonera.

P.D.: Cuando nos fuimos, la recepción del hotel comenzó a funcionar

P.D.2: En el aeropuerto, a la Arañita casi no la dejan volver. Problemas con la tarjeta de embaque en máquinas automáticas.

P.D.3: Esta entrada no ha sido patrocinada por Starbucks y su chocolatito calentito que tanto nos ha alivado el frío de Londres.

jueves, 12 de enero de 2017

La Gitanilla: "que también hay poetas que se acomodan con gitanos y les venden sus obras".




Comentario a la novela La Gitanilla de Cervantes.  Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Era 8 de enero de 2017, con las luces de la Navidad apagadas y melancólicas. Y los contenedores de papel y cartón a rebosar. 

Mi amiga Austri y yo habíamos quedado junto al reloj de El Morito, para leer y comentar juntas La Gitanilla, una de las Novelas Ejemplares de don Miguel de Cervantes. Hacía frío y buscamos una cafetería pero no encontrábamos una mesa libre. Para hacer tiempo, entramos en el edificio del Consulado del Mar, en el Espolón. Había una exposición de fotografías publicadas en el Diario de Burgos, en 2016. 



Entramos e inmediatamente nos sentimos atraídas por la misma imagen. Fue tomada en una boda que duró tres días, la de Shakira y Enoc, celebrada al más puro estilo gitano en Villagonzalo Pedernales. ¡La Gitanilla

"De entre el son del tamborín y castañetas y fuga del baile salió un rumor que encarecía la belleza y donaire de la gitanilla, y corrían los muchachos a verla y los hombres a mirarla."


-La jovencísima Shakira recoge su vestido y alza el ramo de flores blancas pregoneras de su virginidad mientras recibe el bautismo de las almendras de la "honradez". La alegría de la alboreá es bien visible en el rostro de la novia, en el vuelo multicolor de las peladillas, en el gesto del viejo gitano; pero sabemos que el cante, el baile, los volantes, las flores y el azúcar coloreado no pueden endulzar del todo la amarga prueba a la que la niña Shakira acababa de someterse. 

Qué joven tiene que ser para llamarse así! Tal vez no ande muy lejos de los quince años como La Gitanilla, la de Cervantes.  Han pasado más de cuatrocientos años y, sin embargo, Shakira hubiera hecho suyas las palabras de Preciosa:


¡Mira por fin podemos sentarnos! Dejamos de hablar de la foto, detrás se esconde una historia real de ahora mismo, la de Shakira, la de muchas gitanillas que todavía siguen esa tradición anacrónica. Pasamos a una gitana ficticia, personaje de Cervantes, de la novela ejemplar La Gitanilla, publicada en 1613.



Sabemos, a través de las versiones manuscritas que circulaban antes de su publicación, que Cervantes suprimió pasajes y alusiones. Los censores acechaban y don Miguel andaba con tiento, como puso de manifiesto en el Prólogo


MIÉRCOLES, 28 DE OCTUBRE DE 2015

¿Requiebros amorosos? Sí, pero tan honestos que no moverán a mal pensamiento alguno. ¿Ejemplares? Sí, les dio ese nombre y "no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso". Pero no fue ese su intento sino poner "una mesa de trucos", donde cada uno pueda entretenerse "sin daño del alma". Todo es un juego, un descanso para el afligido espíritu, "que no siempre se está en los templos". 


Nada es lo que parece, están construidas con apariencia y engaño, con una subversión de los géneros y del mensaje, conectando con el lector. Porque Cervantes  es vitalista  y aborda el mar de fondo con optimismo y humor, sin amargura.  

-Comenzamos a leer La Gitanilla y nos encontramos con un primer párrafo durísimo sobre los gitanos: "Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones...". El texto es tan duro que tal vez el lector no repare en el inicial "Parece que...".  A continuación, se refiere, también con dureza, a una gitana vieja, "jubilada en la ciencia de Caco" que crió como nieta, enseñándola sus "gitanerías", a una muchacha a quien puso nombre de Preciosa. 

-"Salió la tal Preciosa...". ¿Cómo salió? Aquí el autor cambia de registro, ante el asombro del lector, porque la chica salió hermosa, discreta, bien hablada, sin huellas del aire o el sol en su piel, cortés y bien razonada a pesar de la crianza tosca...Una gitana "como nacida de mayores prendas que de gitana". El juego de la lectura nace del  extraño caso. 

Salió también rica en villancicos, coplas y romances que cantaba con donaire. La taimada abuela echó de ver lo Precio-sa que podía ser su Preciosa. Descubrió en su "nieta" una medio de acrecentar su caudal y le procuraba versos que le daban los poetas, "que también hay poetas que se acomodan con gitanos y les venden sus obras". Tal vez el poeta Cervantes tuvo que recurrir, en alguna necesitada ocasión, a algo así. El dinero juega mucho en esta novela, en ocasiones asociado con la literatura. 


-Seguimos leyendo, Preciosa seducía con su belleza, sus cantares, sus bailes y sus sonajas. Como aquel día de Santa Ana, patrona y abogada de la villa de Madrid. Nos parece estar entre el público:


-Sucedió que una mañana que volvía Preciosa a Madrid, con las demás gitanillas y algunas labradoras, vieron a un mancebo gallardo y ricamente aderezado que así se declaró ante Preciosa y sus compañeras:


-Preciosa contestó entre otras muchas palabras:


 Me llama la atención la habilidad lingüística de Preciosa, su fuerza persuasiva y seductora. ¡Y qué razonamientos para una chiquilla de quince años! 

-El mancebo gallardo es un hombre noble (Juan de Cártamo) que se hace gitano (Andrés Caballero) para poner a prueba la sinceridad de su amor por la gitanilla Preciosa (Constanza). 

-Ya sólo falta que Preciosa sea hija de verdad de un padre noble y así pueda casarse con Juan de Cártamo, que la vieja gitana la haya robado de muy niña. Seguro que guarda una prenda o joya que revela su origen noble. El cuento es bien conocido. 

-Que se produzca la anagnórisis y todo arreglado. 

"Llegaron las nuevas a la Corte del caso y casamiento de la gitanilla..."


Pero hay mucho más "mar de fondo" en el cuento y de ninguna manera lo sustituyen nuestras palabras. El camino hasta la anagnórisis no es liso y llano. Constanza y Juan vencerán un camino de obstáculos. Triunfará el amor, se superarán los celos y no habrá venganza.

-Merece la pena leer La Gitanilla y comprobar como Cervantes da la vuelta a viejos cuentos, en una novela que es picaresca, sentimental, pastoril...de todo tiene. Y como le atraía la vida libre de los gitanos, él que apreciaba tanto la libertad. 



Hasta la semana que viene, María Ángeles. 

-Hasta la semana que viene, Austri. Nos iremos con Rinconete y Cortadillo. Después de un gitana que no es gitana, llegan unos pícaros que no lo son tanto. Luego nos pondremos con una española inglesa. Son personajes que experimentan metamorfosis. Las Novelas Ejemplares suponen una lección de relatividad para una sociedad absoluta donde no existía más que el blanco y el negro. 

Un abrazo de María Ángeles Merino.

Hasta la próxima entrada. Seguimos con las Novelas Ejemplares. 


jueves, 5 de enero de 2017

Don Quijote de Manhattan: sueño, resurrección y cárcel.

Don Quijote de Manhattan y las arpías de unos capíteles que iban a viajar a Manhattan.


Es 4 de enero. Después de ir a dar algunas instrucciones a los Reyes Magos, en las tiendas del centro de Burgos, me placía un paseo literario con mi amiga Austri. Como en otras ocasiones, esperaba encontrarla en un banco del burgalés Paseo de la Isla, frente al busto de don Miguel de Cervantes.

Pero, hoy, Austri no estaba junto a Cervantes sino un poco más allá, junto al arco románico, el que fue extraído de una iglesia de Cerezo de Río Tirón. Tenía en su mano la novela Don Quijote de Manhattan, la que estamos comentando. Miraba a las deterioradas arpías de los capiteles como si no las hubiera visto nunca.

-¡Hola amiga! ¿Qué miras? ¡No me digas que ahora te das cuenta de que esas esculturas están literalmente hechas polvo!

-No, no es eso. Es que esta noche he tenido un sueño que te vendría muy bien para la entrada sobre Don Quijote de Manhattan.

-¿Y qué tienen que ver las arpías con el libro de Marina Perezagua?

-Algo tienen que ver. ¿A dónde iban a trasladar estas piedras en 1928, recién arrancadas de su emplazamiento original?

-Las habían comprado para The Cloisters, una subsede del Museo Metropolitano del Arte. Espera, a ver dónde cae eso. ¡En la isla de Manhattan! Pero no veo yo la relación con Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua. 

-La tiene, en mi sueño estaban las arpías, vete tú a saber por qué, y ese don Quijote de androide y su Sancho de ewok. Y la pastora Marcela sembraba semillas de torres en lugar de flores. 

-De acuerdo, cuéntame el sueño. Mira que mi amiga Luz me dijo que "quizás en los sueños, en el surrealismo esté la verdad de la vida, aunque eso si, bastante descolocada y alocada".

-Y tú contestaste que era una verdad muy encubierta y que las claves sólo las tenía el soñador. Así que no temo descubrir mis intimidades, allá voy. Escucha, me parece que el busto parlante de nuestro amigo Cervantes se recrea en sus palabras: 

"...me salteó un sueño profundísimo; y, cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana..."


-¡Es la hermosa ensoñación de don Quijote en la Cueva de Montesinos! 
"Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o alcázar, cuyos muros y paredes parecían de transparente y claro cristal fabricados; del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que por ellas salía y hacia mí se venía un venerable anciano..."


- Relataré mi sueño. Soñaba que me colaba en el sueño anestésico de don Quijote que ya es rizar el rizo. Era yo de la edad que tenía en 2001 y "hállabame en un lugar tan distinto de estas tierras, que no alcanzaría yo a ubicarlo así lo meditara mil años". Lo único reconocible era el vuelo de dos aviones que me causaban inquietud y no acertaba a saber el motivo. También reconocía a unas arpías que volaban y reían y me llamaban bloguera. Me preguntaba qué pintaban allí. 

Desde la atalaya de los sueños veía un ameno y deleitoso prado donde unos pastores suspiraban y se turnaban para cruzarse con una bella pastora a la que saludaban con el nombre de Marcela. 

-¿La que hizo morir de amores a Grisóstomo?

-No en mi sueño. Marcela llegó a los pies de un alcornoque, cavó un hoyo donde sembró unas semillas. Al momento, brotó de la tierra una torre preñada de personas de todas las razas. Miré al cielo y ahí estaban de nuevo los dos aviones que planeaban más bajo de lo que debieran. 

-¿Y don Quijote?

-Allí estaban don Quijote y Sancho, pero no los de la Mancha sino los de Manhattan, con sus atuendos de Star Wars. Marcela se fue un momento y el caballero aprovechó para escarbar otro pequeño hoyo. Se posó en sus manos un jilguero y tuvo la descabellada idea de sembrarlo como si fuera una semilla. ¡El pobre pájaro dejó de cantar!

Cuando volvió Marcela junto al alcornoque, brotó otra torre gemela de la anterior, asimismo repleta de gente. Pero uno de los aviones se lanzó contra ella y, algo más tarde, el segundo hizo otro tanto con la torre de Marcela. Comenzaron a llover tantos muertos que no podía contarlos. 



Un ángel arrojaba fuego, aquello era el Apocalipsis. Las arpías reían y los veinticuatro ancianos tañían sus instrumentos. ¡Eran como los del arco de la Isla! 



El fuego arrasó todo pero don Quijote aseguraba que Marcela no se había quemado. Se sentó junto al alcornoque que había quedado intacto, aunque rodeado de cenizas. De las cenizas brotaron dos palomas que volaron alto y luego descendieron como el Espíritu Santo de los dibujos del catecismo escolar. 

Era una sola paloma que, al llegar a cierta altura, trocose en otra enorme torre. Me acerqué y don Quijote de Manhattan me dijo que esa torre era Marcela, que deseaba acoger a las almas que habían sobrevivido. Iría a buscarla por esa ciudad de incontables torres porque esa Marcela había de ser el amor que confundiría su vigilia con sus sueños. 



-La torre que brotó de las cenizas de las dos sería la Torre de la Libertad.

-¿Libertad? Sí, Marcela fue aquella que manifestó: "Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos...".

¿Amor? ¿Olvidaron sus mercedes a aquella que ya en el primer capítulo...?

"Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso..."

Don Miguel lo tiene muy claro y nosotras también. Sigue Austri con tu sueño. ¿O se acabó ya?

-El sueño anestésico de don Quijote terminaba ahí y yo salía de su sueño pero seguía soñando. Era un caos porque los sueños nos conducen de un lugar a otro y de un tiempo a otro, sin orden alguno. Después de lo de la torre, me encontré junto a la cama del hospital donde el caballero androide se recuperaba de la paliza policial. Yo veía sin ser vista, la atalaya de los sueños que dice el libro. Pero el cerebro es una extraña batidora porque aquella habitación hospitalaria neoyorquina estaba...¡en el desaparecido Hospital Yagüe de Burgos! Habían empezado a derribarlo y nos envolvía una niebla polvorienta. 



El caballero intentaba incorporarse pero sus pocas carnes le pesaban más que el esqueleto. Se miró en un espejo y se vio tan mal que consideró que el tiempo de inconsciencia había sido la propia muerte y que el despertar no era, ni más ni menos, que su resurrección. Así se lo comunicó a Sancho cuando entró en la habitación:

"Has de saber que de aquí en adelante poco habrás de temer por mi salud, pues ya he superado la propia muerte."

-Lo que vino a continuación no lo recuerdo bien, sé que el caballero creía haber resucitado y Sancho le llevaba la contraria, con un escatológico argumento: los resucitados no tienen necesidad de hacer aguas menores ni mayores. ¿Muerto y aún en el mundo de los vivos? Eso no era muy católico. Don Quijote se enfadó con Sancho, a ver por qué no habrían de cagar los resucitados. 

Iba a seguir con la bronca cuando escucharon los lloros de una mujer en la habitación de al lado. Se vistió su dorada armadura y se encomendó al amor de Marcela, seguro que habría algún entuerto que desfacer. Sancho y yo le seguimos. 

Era una bella muchacha de hasta dieciocho años que lloraba ante el cuerpo de su abuela muerta. El de Manhattan se le ocurrió que podría resucitar a la anciana, "por el poder que acaso se otorgara por estar resucitado". La angustia de la joven era tanta que se dejaba calmar por cualquier aliento aunque fuera disparatado. Don Quijote le habló: "Tu abuela no está muerta. Sólo duerme". Ante mi atónita mirada, y la de Sancho, y la de la nieta, seguía diciendo: "Yo soy la resurrección y la vida..." 





La muchacha se quedó muda mientras don Quijote tenía las manos puestas sobre la abuela. Sancho recitó maquinalmente unas palabras que le vinieron "como ráfaga de un vago recuerdo", pensando que eran fruto de su fantasía:  "...poco hará al caso que él esté en el otro mundo; que de allí le sacaré a pesar del mismo mundo que lo contradiga...".

-"...o, por lo menos, os daré tal venganza de los que allá le hubieren enviado, que quedéis más que medianamente satisfechas."

Lo que le dice don Quijote  a Maritornes que teme por la vida del ventero. Mas mi don Quijote no manifestó nunca tener poder de resucitar a nadie. Eso que recitaba el Sancho sevillano es mío, está en el capítulo 1.44 de mi libro, donde se prosiguen  los inauditos sucesos de la venta. 

-El milagro de don Quijote y la ensoñación de Sancho quedaron bruscamente interrumpidas por la llegada de cuatro siniestros personajes. Dos de ellos, trajeados de negro, eran de los servicios funerarios y recitaban los diferentes tipos de ataúdes a mayor velocidad que un camarero sevillano canta sus tapas: croquetah, calamaritos, papah aliñah, etc. La otra pareja preparaba el cuerpo de la abuela que ya estaba agarrotada. Era difícil papeleta meterla en el ataúd.

La nieta estaba horrorizada y yo también. Quebrantaron los huesos de la abuela con un extraño artilugio cuya mecánica era parecida al del garrote vil. Don Quijote buscó en la Biblia el pasaje adecuado, cuando los soldados iban a quebrar las piernas de Jesús pero no lo hicieron porque estaba muerto. Y arremetía contra ellos llamándoles buitres, quebrantahuesos, bárbaros y romanos. Pero irrumpió en la habitación la pareja de policías que venían a recoger a don Quijote, una vez curado de sus heridas, para llevarlo al calabozo.  



Quise consolar a la muchacha pero me di cuenta de que no entendía el cristiano, es decir el español. ¿Cómo había podido entender hasta ahora? Los quebrantahuesos se marcharon con la máquina de quebrantar a otra parte y, al poco, oíamos el horrible chasquido de huesos rotos, otro cadáver agarrotado. Cras, cras, cras, era horrible. Me asomé a la ventana, habían derribado ya medio hospital. ¿Un hospital neoyorquino o el Yagüe? Oía el estruendo de las excavadoras mezclado con los graznidos de las arpías. Buuuum, bloguera, bloguera. 

¿Dónde estaría la celda de don Quijote? Salí a la locura de las calles neoyorquinas, tenía sed y hambre. Entré en un restaurante de comida rápida, un Starbucks. Pero era muy tarde y sólo quedaba un empleado que "al terminar la jornada tenía que verter en el fregadero litros y litros de leche que ni siquiera caducaba al día siguiente". Lo sentía, no podía servirme nada, ni siquiera un café. ¿Un donuts? No, nada. 



¿Un poco de esa catarata blanca? No, por Dios, su compañero estaba cautivo por haber dado de esa leche a los "homeless". Por si se le olvidaba, junto a la máquina de café había un cartelito que recordaba: "Llevar a casa o regalar comida a punto de caducar es lo mismo que robar". Me contó que su jefa era terrible, la señora Cara Coles. Caracoles, vaya nombrecito. 

-¿Desperdiciar comida? Nunca, voto a Dios. En mi libro, en mi época, la comida era un bien más bien escaso. Recuerden vuesas mercedes que "todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los celebros llenos de aire. Esfuércese, esfuércese, que el descaecimiento en los infortunios apoca la salud y acarrea la muerte".




-Me desperté  y en la mesilla había un café con leche de Starbucks y un donuts de colorines. Hasta otro día, amiga. 

-Hasta pronto. Gracias por contarnos tu sueño. 

¿Tiene remedio el mundo? A pesar de los aviones asesinos, de los inhumanos quebrantahuesos y Cara Coles, de la salud como negocio, de la leche derramada y la comida desperdiciada ante los atónitos ojos de los hambrientos...


Un abrazo de María Ángeles Merino

Y de Austri

Con la colaboración del busto parlante de Cervantes

Texto de color naranja tomado directamente de:
Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee). Marina Perezagua. 
Primera edición: septiembre de 2016.
Los libros del lince s.l., 2016.

ISBN 978-84-15070-72-6

¡Feliz Año Nuevo 2017 y felices Reyes! 



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Don Quijote de Manhattan: ¡Hágase la luz!



Es 25 de diciembre, con la cocina de mi casa asaz abastecida con los relieves de la cena del día anterior y, sin compra ni comida que aderezar, pláceme un paseo literario con mi amiga Austri. Como en otras ocasiones, encuéntrola en un poyo del burgalés Paseo de la Isla, frente al busto de don Miguel de Cervantes. 

-¡Hola amiga!

-¡Hola! ¿Ya superaste el bloqueo de la semana pasada? ¿Está bien tu Antonia Quijana

-Sí, está bien. Hay que ver, Austri, estás en todo. Creo que hoy, con tu ayuda, seré capaz. Mira lo que escribí la semana pasada:

Don Quijote llevaba siete días de hostal y Biblia. Me imagino a Sancho, desocupado, a su vera, contando las cabras del cuento de la Torralba, las que pasaban el río en la barca de un pescador, nada más que por dar al magín algún quehacer; pues no siempre habría de enhebrar ronquidos.

-Te sales fuera del libro, ese cuento está en el de la Mancha, que no en el de Manhattan. Mira, ahora me doy cuenta que ambos topónimos tienen letras en común.



-Mi señora doña Marina me perdone el añadido, lo de las cabras era un guiño cervantino a la cultura popular, como ella hizo con los de Star Wars. Sí, el escudero tuvo tiempo de luengas siestas, aunque hubiera de salir a comprar comida y ropa con la tarjeta de plástico.



Al séptimo día, don Quijote de Manhattan salió de su encierro, dispuesto a "enmendar entuertos". La escritora optó por "la expresión que vulgarmente se ha difundido", "entuertos" en lugar de "tuertos".

-"Y quiero que sepa vuestra reverencia que yo soy un caballero de la Mancha llamado don Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios."

-¿Has oído? La voz viene de la estatua de Cervantes. Me parece que don Miguel anda al quite y no le place que su caballero andante enmiende dolores estomacales en lugar de cosas torcidas.

-Recuerdas que iba de androide C-3PO  y Sancho de peludo ewok . No llevaban ni tres minutos andando, hartos de gobernar sus tripas con comida precocinada, cuando se detuvieron atraídos por el olor a olla caliente que salía de uno de los más estrafalarios establecimientos hosteleros de Nueva York: un restaurante solidario, con personal ciego y siempre a oscuras para que clientes videntes se den cuenta de las dificultades de los invidentes. 


-No creas, aunque suene extraño, existen los restaurantes a oscuras y no sólo en Nueva York. Sigue leyendo.

-Un camarero los condujo, entre tinieblas, como Orfeo a Eurídice en su descenso al Hades. Don Quijote se sentó donde le indicaron, con el estruendo de su rígido disfraz de androide. A Sancho le costó menos acomodarse, pero le apenaba que las mangas peludas de su traje se bebieran la sopa entrante. Unas costillas en salsa barbacoa hicieron las delicias de ambos. Mas don Quijote no cesaba en sus fantasías y su preñado magín pronto relacionaría aquella oscuridad con el libro que le había sorbido los maltrechos sesos. 

-"Las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías". Las que abrasó el ama.



-No, sino la Biblia, don Miguel. La escritora ha explicado en la prensa:"Igual que Don Quijote utilizaba el Amadís de Gaula, que estaba completamente desfasado en su tiempo, aquí la Biblia vendría a cumplir el papel de aquel clásico, que es anacrónica, pero todavía hay gente que necesita aferrarse al texto porque están desubicados ellos mismos". ¡Nos está escuchando el señor Cervantes! Sigue, María Ángeles.

 -¡Era el mismísimo momento! La Nada estaba sumida en radical negrura, sólo él, buen entendedor de la palabra de Dios, podía evitar que las mismas tinieblas se dilataran al  resto de la ciudad. Recordó las palabras del Génesis: "La Tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo". 



Don Quijote gritó: "¡Hágase la luz!", al  mismo tiempo que volaba la bandeja del segundo plato. Como todo seguía oscuro, el caballero corría tropezando con las mesas insistiendo: "¡Hágase la luz, he dicho!". "¡Fiat lux!". Nada, ni caso, ni en latín. Los comensales alarmados se levantaban a toda prisa por salir. Hubo pisotones, empujones y hasta puñetazos. Hasta aquí escribí, ahora sigue tú. 

Escucha, se te ha adelantado don Miguel que  nos está recordando lo que sucedió en la venta que don Quijote imaginaba ser castillo:

-"Y así como suele decirse: «el gato al rato, el rato a la cuerda, la cuerda al palo», daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa que no se daban punto de reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil, y, como quedaron ascuras, dábanse tan sin compasión todos a bulto que, a doquiera que ponían la mano, no dejaban cosa sana."



-Azuzábale al caballero la urgencia de imponer armonía. Cambió la orden: "¡Háganse al menos las estrellas para alumbrar la Tierra!"

La gente, cada vez más asustada, buscaba la salida en balde. Don Quijote memorizaba el Génesis y no entendía por qué su palabra no se cumplía.  Recordó como Jehová Dios había soplado al hombre en la nariz para infundirle la vida y se le ocurrió agarrar la cabeza a los que tropezaban con él, para soplarles en las narices. Y, como aquello no funcionaba, cogió en alto una costilla a la barbacoa como si fuera la de Adán y gritó: "¡Esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada! ¡Que ponga aquí orden la mujer!"


Creación de Eva (Capilla Palatina de Palermo,siglo XII)

-¡Don Alonso recitador de las Sagradas Escrituras! ¡Déjenlo vuesas mercedes para los curas en los púlpitos que nunca  recomendaron la lectura de la Biblia predicada! ¡Cómo iba a eludirla un lector voraz y conocedor de la lengua latina! ¡Y tan buen cristiano!  Aquel escribano "dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote...".

 Aquí da en una locura asaz peligrosa, pues el Santo Oficio está en todas partes ¡Y pone a la mujer a poner orden! Lo cual se aparta del texto revelado, pero...mi mujer, mis hermanas, mi sobrina, mi hija, mi criada...hasta la gata era hembra. ¿Quiénes iban a poner orden en mi casa sino mis varonas?  ¡Valiosas costillas, pardiez! 


-No tema, don Miguel, hace siglos que fue abolido el Santo Oficio. En cuanto a la mujer, a nadie le ha de extrañar la exclamación que añade doña Marina de sus cosecha. ¡Y ahora va a ver como imponen el orden las mujeres policia de Manhattan!

La luz se hizo cuando cuatro policias irrumpieron en la sala. Mientras dos desalojaban a los comensales, otros dos, hombre y mujer, se acercaron a él. Se le figuró que eran Adán y Eva, estaban vestidos porque ya habían comido del árbol prohibido y se avergonzaban de su desnudez. ¿Sabes lo que vino después?

-Sí, quiso el hidalgo amonestar a la serpiente por incitar a Eva. Y reprender a Eva por incitar a Adán y a Adán por dejarse engañar tan a gustito por Eva. Con los ojos enrojecidos, la cólera del mismísimo Jehová y la bandeja como adarga, gritaba a la mujer policía la maldición de parir con dolor y al hombre la de trabajar la tierra. La pareja comenzaba a dudar de la salud mental del viejo vestido de androide galáctico que, a continuación, pasó de la agitación a la extrema quietud, salvo por los ojos que movía en todas direcciones y llegaba a poner en blanco. ¿Dónde estaría camuflada la serpiente? ¡Ahí, en la porra que el policia sostenía en alto!



"Tú serpiente maldita...te arrastrarás y polvo comerás..." La serpiente porra no parecía enterarse de la bíblica maldición y "seguía erguida cual cobra amenazante". ¡Y agarró la porra para hacerle comer el polvo! ¡Pobre loco la que le va a caer!

Cayó de bruces al suelo, lo redujeron y "la autoridad de la ciudad de Nueva York le recitó el derecho a guardar silencio mientras le arreaba tal paliza que ya no sabía él si estaba otra vez en las tinieblas...o si eso era el dolor del sacrificio en la cruz que...se le había adelantado."

-"Alojaba acaso aquella noche en la venta un cuadrillero de los que llaman de la Santa Hermandad Vieja de Toledo, el cual, oyendo ansimesmo el estraño estruendo de la pelea, asió de su media vara y de la caja de lata de sus títulos, y entró ascuras en el aposento, diciendo:-¡Ténganse a la justicia! ¡Ténganse a la Santa Hermandad!"

-Dejemos a la Santa Hermandad, con sus mangas verdes y su vara. Diz que asaeteaban en Peralvillo, lo cual daba pavor a Sancho. Sigo con el escudero:

De nada le sirvieron los ruegos y los lloros al bueno de Sancho. El pobre hidalgo acabó "amoratado, dolorido, perplejo y, sobre todo, afrentado al verse sin su dorada armadura". Le habían quitado la vestimenta en la ambulancia, todavía inconsciente. Volvió en sí frente a un mostrador en la sala de urgencias, cubierto con un ridículo batín de enfermo, donde alguien le preguntaba por los datos de su seguro médico. 



Respondía que perdonara su merced, que había estado haciendo nacer el mundo y por esa labor se veía molido como el Redentor. La señora de la ventanilla, impasible, como si no oyera nada, le ordenó: "Número del certificado de su seguro médico".

-Don Quijote echó mano a los inexistentes bolsillos del batín y se volvió a Sancho que, con toda naturalidad, entregó la tarjeta del seguro médico del hidalgo. La señora la cogió, hizo una llamada y le echó una veloz mirada, al mismo tiempo que recitaba como una máquina parlante:


"Este seguro médico está vencido/en este hospital usted tiene derecho a asistencia médica...recibirá usted una factura...de acuerdo con las siguientes tasas...quinientos dolares...seiscientos dólares más por cada día extra...si usted no ha efectuado el pago en el plazo de un mes recibirá una penalización del 20% y a partir de ahí los lunes pares de cada mes...un interés de un 3% ..."

-El recitado era implacable y acababa con el detalle cortés y generoso del alcalde de Nueva York que le eximía de pagar el 29 de febrero, en año bisiesto. Marina Perezagua muestra sentido del humor ante la pesadilla de no contar con seguro médico en USA. Ella misma vivió la experiencia: contrajo  una neumonía, pasó un día en coma y tuvo que aceptar una deuda de 50000 dolares. ¡La ruina!

-Don Quijote se desvaneció y acudieron un par de enfermeros que se lo llevaron. Cuando volvió en sí y se vio sin bata ni coraza, en la camilla, con dos pares de manos encima que le untaban las carnes con ungüentos infernales y azufrados, se puso a dar puñadas y a hacer aspavientos. 

-Creo entender que vuesas mercedes hablan de dinero para pagar a los médicos. Los cirujanos barberos como mi padre don Rodrigo recibían poco y, en ocasiones, en especie. Tarde, mal y nunca. Otra cosa eran los médicos como Pedro Recio Tirteafuera, el de los duques, un mal recuerdo para Sancho. Bizmar se bizmaba mucho, era lo que había. Recuerden vuesas mercedes:



"En esta maldita cama se acostó don Quijote, y luego la ventera y su hija le emplastaron de arriba abajo, alumbrándoles Maritornes, que así se llamaba la asturiana; y, como al bizmalle viese la ventera tan acardenalado a partes a don Quijote, dijo que aquello más parecían golpes que caída."

-El doctor tuvo que intervenir e inyectarle una anestesia general que le dejó profundamente dormido; aunque en sueños seguía enzarzado en aventuras, enredado en las sábanas. Decía tales sinrazones que los enfermeros que le bizmaban se tronchaban de risa. 

-Es mucha sandez además la risa que de leve causa procede...


-Aquel sueño inducido con drogas tan modernas, en cerebro tan descolocado, tal vez fue la causa del raro sueño que don Quijote más tarde contara a Sancho. Soñó con una pastora muy bella llamada Marcela, la que nació libre, metamorfoseada en dos torres que luego dieron en ser una sola. Aquí no hay Dulcinea.

-¿Y los molinos, donde están los molinos?

-Me ha parecido que don Miguel decía algo de molinos. Por hoy, ya hemos contado bastante y no es nuestra intención contar la novela toda, que de ninguna manera hemos de sustituir a la lectura de la novela en su integridad. Adelanto que los últimos capítulos son apocalípticos y oníricos. Me gustan más los primeros pero para gustos se hicieron los colores.

¡Hágase la luz! Que hay muchos tuertos que enderezar y no vale hacerse el ciego. La violencia policial, el sistema de salud, las relaciones laborales, los alimentos arrojados a la basura, la pobreza, el racismo...¿Sólo en la sociedad norteamericana? 

Un abrazo de María Ángeles Merino

Y de Austri

Con la colaboración del busto parlante de Cervantes
Texto de color naranja tomado directamente de:
Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee). Marina Perezagua. 
Primera edición: septiembre de 2016.
Los libros del lince s.l., 2016.

ISBN 978-84-15070-72-6

¡Feliz Navidad!