jueves, 23 de octubre de 2014

"...mañana dirán que no tuvimos ánimo para acometellos, cosa que sentiré a par de muerte se diga de mí"


Comentario  al quinto  capítulo del Quijote de Avellaneda, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. 

-¡Salam Aleikum! Salúdoles, mis cronistas casi moriscos, Cide Hamete, por el lado cervantino, y Alisolán, por el bando avellanesco. Hoy no quiero peleas ni discusiones, que esto parece un combate de boxeo. Seré yo la que vaya contando el capítulo, a mi manera, como suelo hacer. Vuestras mercedes podrán añadir lo que les plazca. Ya saben, cada uno con su color: Alisolán escribe en azul. Cide Hamete escribe en verde. Y yo, María Ángeles Merino, escribo en negro.
Comenzamos, sean comedidos en sus críticas, señores míos.
Dela repentina pendencia que a nuestro don Quijote se le ofreció con el huéspedal salir de la venta.

-Don Quijote sueña despierto. Defiende, en las justas, la "hermosura de la gallega contra todos los caballeros estranjeros y naturales" y la lleva al reino de donde es reina o señora. No pega ojo en toda la noche sino un poquito al amanecer. Llega la mañana y Sancho va a despertarlo. Y despierta a voces, exigiendo: "date por vencido" y confesando la hermosura de "la princesa gallega".




-Que ni Policena, ni Porcia Albana, ni Dido; ninguna dellas sería digna de descalzarle el zapatito. 


-¿Hermosa "la princesa gallega"? Yo afirmo lo que mi don Quijote proclamó, ante unos mercaderes de Toledo:

"Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso".

-Es ansí, la gallega no es hermosa ni princesa pero es real. ¡Dulcinea no existe! ¡Valiente emperatriz!


¡

-A ello, os contesto, majadero, con las palabras de mi don Quijote cuando la duquesa burlona cuestionaba su existencia:

" Dios sabe si hay Dulcinea o no [en] el mundo, o si es fantástica o no es fantástica;y éstas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son: hermosa, sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas humildemente nacidas"

-¡Vamos que don Quijote imagina una dama perfecta! La moldea en su imaginación y ¡ya está! Aquí está mi Dulcinea. Y que todos la proclamen como tal.




-¡Y su don Quijote avellanado moldea a una honrada fregona de tetas grandes y costumbres dudosas! ¡Y sueña con defender su fermosura! Que coja su palafrén y le siga a Zaragoza. ¡Está mucho más loco!

-Sancho desea acabar con el asunto de la gallega, que está muy contenta y bien pagada, con los doscientos ducados que le mandó dar. Mas don Quijote sigue en su mundo caballeresco, "dile... que apareje su preciado palafrén, mientras yo me visto y armo, para que partamos". 



-Ya está aderezado el almuerzo, el escudero no consigue que almuerce sentado a la mesa y sin armar. No puede hasta acabar cierta aventura; así que come, armado y en pie, unos bocados de pan y carnero. 


-"Pero, sea lo que fuere,venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas". 

-Se despide del ventero y los demás huéspedes, les pide que miren si se les ofrece alguna cosa, que aquí está "prompto y aparejado" para servirles. El ventero no ha menester otra cosa que no sea el pago de cena, cama, paja y cebada.




-Don Quijote no ha visto, en libro alguno, que el señor del castillo hospede a un caballero andante y le pida dinero por la posada; mas resuelve que si ahora vos, señor castellano, os habéis hecho ventero, pagará con gusto, a ver lo que se debe. Son catorce reales y cuatro cuartos. ¿Cuartos? En cuartos, como a un ahorcado, partiría el desamorado al desvergonzado ventero, pero no quiere emplear tan mal su valor. Venga, Sancho, paga y vámonos.


-¿Pagar don Quijote? En modo alguno puede contravenir la orden de los caballeros andantes:

"Engañado he vivido hasta aquí -respondió don Quijote-, que en verdad que pensé que era castillo, y no malo; pero, pues es ansí que no es castillo sino venta, lo que se podrá hacer por agora es que perdonéis por la paga, que yo no puedo contravenir a la orden de los caballeros andantes, de los cuales sé cierto, sin que hasta ahora haya leído cosa en contrario, que jamás pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuviesen,porque se les debe de fuero y de derecho cualquier buen acogimiento que se les hiciere, en pago del insufrible trabajo que padecen..."

-Vuelve la cabeza y allí está la moza gallega barriendo el patio. Se dirige a ella como "soberana señora" y le dice que está "dispuesto para cumplir todo aquello que la noche pasada vos he prometido". Volverá a su reino, pues  no es justo que una infanta como ella ande mal vestida y barra las ventas de gente infame. 


Millet

-Para ello, antes, ha de acompañar al caballero andante, a las justas de Zaragoza, donde defenderá contra el mundo su "estremada hermosura" , peleará contra muchos caballeros de "fogosos corazones"; mientras ella, en un rico sitial y ricamente vestida, contemplará la quijotesca victoria. 

Justa medieval

-Todos ríen y el ventero monta en cólera, piensa que la moza ha pasado la noche con don Quijote. "Doña puta desvergonzada" se ha de acordar. Porque el honradísimo ventero la sacó de "la putería de Alcalá", y la trajo a su casa como "mujer honrada". Sayuela y zapatos, y casi una camisa, menudo gasto, todo se lo ha de pagar y después irá a la calle "con un espigón en el rabo". 


Sayuela

 -Le ordena, de malas maneras, ir a fregar platos; pero antes la abofetea y cocea en las costillas.

-Este ventero es más cruel, de palabra y de obra, con la cuitada moza que el de la venta donde servía la asturiana Maritornes. Lo del espigón en el rabo...es una imagen tremenda.

-No sé porque decís tal cosa, aquel también la golpeaba y calificaba de puta.

-No de igual manera. Al menos, no daba coces, eso sí, llovían los palos, en una cadena que parecía un juego:

"Y así como suele decirse «el gato al rato, el rato ala cuerda, la cuerda al palo», daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la mozaa él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa, que no se daban puntode reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil,y, como quedaron ascuras, dábanse tan sin compasión todos a bulto, que adoquiera que ponían la mano no dejaban cosa sana"


La mujer va tropezando y medio cayendo y, ¡oh santo Dios!, el corazón de nuestro caballero arde en cólera. Pone la mano a su espada y arroja una terrible cuchillada al sandio y vil caballero que así ha ferido a una de las más fermosas fembras que en todo el mundo; pero no querrá el cielo que tan grande follonía quede sin castigo. ¡La fuerza épica e irónica de un rosario de efes!



-¡En verdad que todos los desagraviados por los quijotes, sea el mío o el vuestro, reciben después un castigo aún más duro! ¡La gallega no olvidará nunca a aquel que quiso liberarla! 

-Sí, por cierto, que ahora recuerdo al pastor Andrés, al que el caballero andante defendió de los crueles azotes de su amo, en castigo por perder las ovejas:



-Queda el ventero bien descalabrado y más que pudo quedar si don Quijote no torciera un poco la mano. Todos los de la venta se alborotan, cada uno con lo que tiene a mano, ya sea asador de tres ganchos o medio chuzo de viñadero. 

-Don Quijote, a grandes voces, declara: "¡guerra, guerra!". En medio de un prado cercano, se pone a hacer gambetas con Rocinante, espada en mano. 

Sancho teme ser manteado de nuevo y, con la adarga y el lanzón, pelea cuanto puede por sosegar la gente. Pero el ventero está hecho un león y pide su escopeta. Y lo hubiera matado si no es por los designios celestiales o, mayormente, porque lo estorban la mujer, los huéspedes y Sancho. 

-Es un hombre falto de juicio y la herida es poca, déjelo ir. El ventero se sosiega, Sancho se excusa y se despide con mil cortesías. Llégase junto a su amo y recrimínole su actitud:

¿Es posible, señor, que una pícara, "moza de soldada", casi nos cueste el pellejo?



-Don Quijote no atiende, está en medio de una batalla imaginaria. Escuadrón volante, tercios, artillería, corazas, morriones, flecheros, soldados...¿Bien pagados? ¿Hay hambre o peste? ¿Cuántos de cada nacionalidad? ¿Cómo se llaman los que están al mando? Presto, Sancho, hagamos trincheas, fosos, contrafosos...para que disparemos nuestra artillería. ¡Bum bum!

-Escribe bien don Alonso Fernández, lo reconozco, cómo pinta la batalla vivida por don Quijote. Mas don Miguel escribía mejor. Y sabía de tercios y artillerías tanto como Avellaneda de teologías y catecismos. 

-¿Insinúa algo de la condición eclesiástica de mi señor? ¿Se me nota acaso? ¿Quiero decir...se le nota acaso? 

´¡Ay Alisolán, Alisolán, moro de chapa! ¡Que sois el mismo escritor y a mí no me engañáis con la chilaba! ¡Guardaré el secreto! 



-Responde Sancho que no hay nada de eso que dice de soldados y cañones. Bestias sí, ellos mismos, si no se van al punto. Huyamos de la venta que no nos faltarán otras aventuras más fáciles. Don Quijote le manda callar, que si le ven huir, dirán que es "un gallina cobarde".




Arre, ni gallinas, ni capones, que nos vamos. Sancho está tan resuelto que su amo no quiso contradecirle, comienza a caminar tras él. Mas todavía insiste en que han errado, deberían volver a la venta y retar a tan vil canalla que "no es bien viva sobre la haz de la tierra". Porque mañana les acusarán de falta de ánimo , algo que don Quijote non podrá sufrir, lo sentirá "a par de muerte". Al fin, el caballero andante se lamenta, considera que han sido "unos grandísimos borrachos", por irse ansi de la venta.




¿Borrachos? Sancho concluye, que han hecho "lo que toca a nuestras fuerzas". Y que ahora toca caminar "antes que entre más el sol" , que bien castigados quedan los de la venta.




-Sancho está resuelto y su amo no quiso contradecirlo. ¿Desde cuándo el caballero andante tiene en cuenta los consejos del escudero? Como aquella memorable ocasión en que acometió a los molinos de viento, por citar la más conocida: "Mire vuestra merced...que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino".

-A esa cuestión, no sé qué responderle, Cide Hamete, hermano en Cristo. Tal vez sea ansí, como vos decís. He de cuidar a mis lectores, no desean complicarse la vida, ni son amigos de historias con muchas capas. Ni de personajes que no sean de una pieza. Ni les agrada que se invierta el sagrado orden social. Y que haya falta sin castigo. Y si estás loco, vas derechito al asilo de alienados; si has esquivado el patíbulo...Fue ansí en el siglo XVII.
 Salúdole.

-Continuaremos tras una accidentada entrada, llena de accidentes blogueros. Y, a todo esto, ni siquiera hemos llegado al melonar de Ateca. 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

miércoles, 15 de octubre de 2014

Majadero insensato, ¿no ves desde aquí los altos chapiteles, la famosa puente levadiza y los dos muy fieros grifos que defienden su entrada a aquellos que, contra la voluntad del castellano, pretenden entrar dentro?

-Salúdole, señora mía. Vengo de pasar horas y horas discutiendo con el cronista Cide Hamete a voz en grito. Me lo encontré detrás de esta pantalla, no llegamos a las manos pero poco nos faltó. Que si don Quijote desamorado o enamorado, que si mi Sancho es más sabio y el tuyo más tonto y más comilón, que si en el tuyo hay más suciedad maloliente, que si van o no van a Zaragoza, que si muere en la cama o encerrado en un asilo de alienados...¿Me oye su mercé?

-Óigole con dificultad. Sabio Alisolán, no debería forzar la voz; déjeme a mi comentar el capítulo y tómese unos cuantos vasos de té con menta, para hidratarse; pero templaditos, que el calor también irrita. Uy, se me olvidaba que en el limbo literario son incorpóreos, no padecen de la garganta.



-¡El rojo Apolo esparcirá sus rayos sobre la tierra! ¿Y nada más? 

-¿Acaso piensa, señora mía, que son pocas palabras? Podía haber escrito "tres horas antes de amanecer" y dejar en reposo la péndola.

-Bueno, si se trata de economizar palabras...

-¡Hola! Aquí estoy yo, añadiendo a este escrito lo que me plazca, en tinta verde. Cide Hamete Benengeli para servirles. 

Sin duda, doña María de los Ángeles añora rubicundos Apolos y pajarillos de arpadas lenguas; aquellos amaneceres que pintaba mi irónico don Miguel, a la manera de los libros de caballerías. Ay, señor Avellaneda, que un refrito es un refrito. Vea:



- Es todavía de noche y, allá van, don Quijote y Sancho. Buenas armas lleva el caballero. Buenas alforjas y maleta de ropa blanca porta Sancho sobre su jumento. La luna está clara, no han topado con malos agüeros y nadie los ha sentido; al menos eso piensa el eufórico hidalgo. Pero Sancho teme que salgan en su busca y los vuelvan a casa en jaulas y encadenados.

Los temores escuderiles molestan a don Quijote. Para que Sancho entienda que el miedo no cabe en su caballeresco corazón, proclama que volvería y se enfrentaría al cura y a todos los grados eclesiásticos, al barbero y a todos los militantes hipocráticos, veterinarios incluidos. 
¿Es posible que Sancho le tenga en tan poca opinión? ¿Que no se haya dado cuenta del valor de su persona, la fuerza de su brazo, la ligereza de sus pies y el vigor de su ánimo? Ya le puede poner delante de tigres hircanos, leones africanos, sierpes libias o ejércitos cartagineses. Ya lo comprobará en las famosas justas de Zaragoza, donde ahora van. 

-Que no, que no van a Zaragoza. Que darán un rodeo y llegarán a Barcelona.

Recordamos que Sancho había comprado, por encargo de su señor, "dos o tres badanas grandes para hacer una fina adarga; la cual él hizo con ciertos papelones y engrudo, tan grande como una rueda de hilar cáñamo". 

¿Sancho fabricando una adarga con cuero zapateril y pegamento? ¿Qué chapuza es esa? Mi señor poseía "adarga antigua", herencia de sus antepasados.

Sobre la adarga, gigante y recién fabricada, iría alguna divisa que dijera de la pasión del caballero. Y un pintor añadiría, cuando fuera posible, dos hermosísimas doncellas con cara de enamoradas y un Cupido arrojándoles flechas.



Don Quijote se reiría del de las flechas y despreciaría a las enamoradas con una letra alrededor que dijese “EL CABALLERO DESAMORADO”. ¡Qué caprichos tiene nuestro caballero andante avellanado! Y, además, el mensaje es un tanto misterioso:

¿Cu?¿Cuernos? ¿Culo? Vuesa mercé me disculpe el vocabulario; mas sospecho que aquí se arroja algún dardo envenenado a Cervantes, no sé si de cornudo o de sodomita, grave acusación en aquel tiempo. 

- El tal Avellaneda arroja dardos envenenados, tiene razón mi señora, la que escribe. 

Lo de los cuernos es un juego fácil con el apellido Cervantes,  que de todos es sabido que los ciervos desarrollan cornamenta. Y tiene la mala baba de meter a doña Catalina de Salazar, la de Esquivias, en el saco infamante de las "cervantas", como llamaban las lenguas viperinas a las mujeres que vivían en el número 14 del antiguo Rastro de los Carneros, en Valladolid: esposa, hija, hermanas, sobrina y sirvienta.  Labraban camisas y otras labores.

Sancho pregunta por esa Cu y  la réplica de don Quijote es para leerla despacio y...no enterarse de nada:

-"No…que aquel Cu es un plumaje de dos relevadas plumas, que suelen ponerse algunos sobre la cabeza, a veces de oro, a veces de plata y a veces de la madera que hace diáfano encerado a las linternas, llegando unos con dichas plumas hasta el signo Aries, otros al de Capricornio y otros se fortifican en el castillo de San Cervantes”.



-Lo de la sodomía, lo consideraba don Miguel como una costumbre consentida y extendida entre los «bárbaros» turcos. En la historia de la morisca Ana Félix, es ella la que nos informa de que «entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un muchacho o mancebo hermoso que una mujer» (Quijote , capítulo 2, 63).

Pero la biografía de Cervantes  parece indicarnos que estimaba más a una doncella hermosa, dicho sea con todos los respetos para quien estima más a un mancebo hermoso. El Avellaneda se meta la lengua en el Cu. En cuanto a lo del castillo de San Cervantes,  ya lo puso el deslenguado de Tordesillas en el famoso prólogo y ya le contestó don Miguel.

-A saber...Dejemos el oscuro fragmento. ¿O me lo explicará el sabio Alisolán? 

-No, quiere decir...mayormente lo que dice. Algo que se colocan algunos en la cabeza, mas bien se los colocan: cuernos como los del carnero, la cabra o los del "castillo de San Cervantes".

Sancho dice algo de esas plumas, no estarían mal si fueran de oro o plata;  mas su señor le advierte , con cierta brusquedad, que no le convienen; teniendo como tiene "mujer buena cristiana y fea". 

-¿Fea Teresa Panza? Fea será la Mari Gutiérrez avellanesca, que en ningún capítulo del Quijote cervantino dice que Teresa sea fea. Y todo un carácter, ya lo creo.

Dejémoslo y sigamos el camino, que don Quijote anuncia que tienen delante "uno de los mejores castillos que a duras penas se podrán hallar...en Milán y Lombardía". 
Y no era sino una venta, tendrán que recogerse en ella, que el sol se va poniendo.



 Don Quijote porfía que castillo y Sancho insiste en que es venta. Aciertan a pasar por allí dos caminantes, maravillados de ver a un hombre armado y con morrión, con el calor que hacía. A ellos se llega don Quijote diciéndoles:


Los caminantes se miran y le dicen que no son nada de eso. Sancho les pregunta si aquella casa es venta o castillo. Ante de que los desconocidos den su respuesta, don Quijote le recrimina por no ver los chapiteles, "la puente levadiza" y los fieros grifos que lo defienden. Los de a pie le informan: es la venta del ahorcado, llamada así porque junto a ella, no ha mucho tiempo, ahorcaron a un ventero ladrón.




Sancho habrá de ir delante, llegarse como un espía y medir las defensas del castillo: puentes levadizas, fosos, puertas, torreones, plataformas, puestos de guardia...si tienen abundante agua en las cisternas y cuántos defienden la fortaleza. 

¡En vez de cenar a placer, dedicarse a reconocer puentes y fosos! ¡Y el ventero, viéndole andar alrededor de la casa, midiendo paredes, pensará que es un ladrón y le molerá las costillas! 

Este Sancho no entiende lo que a una espía le toca hacer, siendo fiel, diligente y secreta. Es una orden.  "Ve al momento y haz lo que te digo sin réplica alguna"; como buen soldado español, destacado por su obediencia  a los superiores. El buen Panza irá a ver los fosos y demás. Y si no hay nada, se quedarán a cenar, que le "zorrían" ya las tripas.

Arrea al rucio, digo al jumento, y llega a la venta. Los torreones y fosos los tiene metidos don Quijote en la cabeza, que el escudero solo ve una casa con corralazo, una venta manchega como tantas.

-Las comparaciones son odiosas, pero entre esta venta y aquella en que fue armado caballero...hay distancia. Y no digo que esta sea mala, es entretenida, reconózcolo.





Pregunta si hay posada al ventero, hay posada y hay cena. Sancho da saltos de contento al oír nombrar la buena olla de vaca, carnero, tocino y berzas. ¡Y un conejo asado! 

 Pide cebada y paja para el de cuatro patas, va a la caballeriza a dársela; mientras tanto llega don Quijote sobre su rocín.

El ventero y los que están a  la puerta se maravillan de ver "semejante estantigua". Mira "de medio lado y con grave continente", pasa sin hablar y da una vuelta alrededor de la venta, mirándola por arriba y por abajo, midiendo a veces con el lanzón. ¿ Quién es este loco medidor?

Y, con voz arrogante, se dirige al "castellano de la fortaleza" y a los "caballeros" que la defienden. Les pide que le devuelvan a su escudero, que lo han prendido contra el orden de caballería, con el encantamiento de una vieja maga que tienen dentro. Si no lo vuelven, sano y salvo, les amenaza con pasar a todos por los filos de la espada y deshacer el castillo, piedra a piedra. También han de liberar a los cautivos que tienen en sus oscuras mazmorras. Y tira continuamente de Rocinante hacia atrás, que el rocín también tiene hambre, tanta como Sancho Panza. 


Maqueta del castillo de Burgos (Museo del Ejército)

Todos los de la venta están maravillados de que alguien les desafíe a batalla, se llegan a él y dejan hablar al ventero. No hay castillo, no hay más fortaleza que la del vino que es tan bravo que puede hacer decir mucho más de lo que él está diciendo. Le está llamando borracho, menos mal que no se entera...creo.


Castillo de Olmillos de Sasamón

Le asegura que, por la venta, no ha venido escudero alguno. Si quiere posada, tendrá cena, cama y una moza gallega de tetas grandes que le abrirá los brazos si  no cierra la bolsa. En buena hora nombra a la gallega porque ahora reclama también "a aquesa princesa gallega que decís".

Sancho le dice que bien puede entrar, que al punto de entrar él ya se dieron por vencidos. Que todos son amigos y les aguardan "con una muy gentil olla de vaca, tocino, carnero, nabos y berzas, que está diciendo: «¡Cómeme, cómeme!». Don Quijote se extraña de verlo tan alegre y le pregunta si no le han hecho algún tuerto o desaguisado. Sancho contesta que ya ve que tiene los dos ojos sanos. Desaguisado tampoco, aunque tienen guisada una olla y un conejo...



Don Quijote se convence, le parece que es "gente de buena condición, aunque pagana". Sancho juega con la palabra y responde que "en pagando tres reales y medio, seremos señores disolutos de aquella grasísima olla". 

El ventero dice a don Quijote que se desarme y que, pagando cena y cama, no habrá pendencia alguna; mas nuestro caballero no quiere hacerlo, que es gente pagana y no es menester fiarse. Sancho consigue que se quite el morrión y cena harto poco de la olla y el conejo, pues la cena se le va en discursos. El escudero da buena cuenta de ella, a dos carrillos y con la ayuda de un gentil azumbre de vino de Yepes.

-Un Sancho mucho más comilón y más amigo del vino.. Aunque tampoco a aquel se le daba mal empinar la bota. 



Alzada la mesa, y mientras Panza atiende al jumento, llega una moza gallega, fácil en el prometer y en el cumplir. Le pregunta si manda algo, tal vez quitarle las botas, limpiarle los zapatos o quedarse con él durante a noche "por si algo se ofreciere". Le parece recordar a don Quijote de otra vez, su cara y figura le recuerdan a alguien que quiso, "pero agua pasada no muele molino". 
Molino abandonado en Palacios de Benaver
Ese alguien la dejó, libre es, no es mujer de todos, "doncella pero recogida, mujer de bien y criada de un ventero honrado". Le cuenta que fue engañada por un traidor capitán que la abandonó y la robó, lo de siempre. Negras son las mujeres de su condición pero no tiznan, dignas son de lástima. Se lamenta y llora, sola y sin remedio.



Don Quijote es compasivo de naturaleza y no piensa en que está escuchando una historia mil veces repetida. Sus cuitas han ferido su corazón, jura por el orden de caballería que pasadas las justas irá donde el desleal caballero y desfacerá el agravio. 

-En eso, sí acierta el que firma Alonso Fernández. Don Quijote es compasivo de naturaleza. Recordad que muere como "don Alonso Quijano el Bueno".



El caballero andante comienza a novelar: mañana subid en vuestro palafrén, con el velo puesto, sola o con vuestro enano, yo os defenderé y os haré reina de algún reino o isla, os casaréis con algún príncipe poderoso...Id a vuestro blando lecho. ¡Qué historia para una mujer del partido! ¡Fiad de la palabra de don Quijote!
"La disoluta mozuela",  no entiende "la prolija arenga". Solo entiende que la despiden y se pone triste; adiós los tres o cuatro reales que pensaba ganar. Le dice que agora no puede salir de casa, le suplica que le preste dos reales que ha menester para pagar dos platos de Talavera que rompió fregando. Si no los paga, su amo le dará dos docenas de palos.


Plato de Talavera

-En lo de "disoluta", asoma la condición eclesiástica del Avellaneda. Huele a cura, bien lo sabéis vos, Cide Alisolán, moro de chapa. 

Don Quijote le dice que él será bastante para desafiar a quien osara tocarla, al amo y a todos los amos de castillos. Aquí está su brazo, podéis acostaros sin temor.

La moza habla otro idioma, mire si le hace merced de esos dos reales, que está para lo que él mande. El caballero andante no entiende "la música de la gallega" y le dice, ante el asombro de la pobre mujer:



La moza sabe que "quien mucho abraza poco aprieta" y le abraza por ver si saca los dos reales, a ella no se le pasa por la cabeza lo de los doscientos ducados.




Don Quijote sigue siempre el modelo de los caballeros andantes y nunca ha visto que, en trances así, hayan caído en deshonestidad. Llama a Sancho y le pide la maleta. Ha de abrirla y dar "a esta señora infanta" doscientos ducados, que una vez vengada de cierto agravio, ella le dará "no solamente eso, pero muchas y muy ricas joyas que un descortés caballero, a pesar suyo, la ha robado".

Sancho colérico se niega, no es acaso  la que antes le dijo en la caballeriza que si quería dormir con ella, por ocho cuartos. A fe que si la agarra por los cabellos, ha de saltar de un brinco las escaleras. La pobre gallega le dice:






Don Quijote maravillado le pide que le de luego los doscientos ducados y más, si pidiere, que mañana iremos a su tierra, donde seremos cumplidamente pagados.


Sancho dice a la mujer que baje donde tiene la maleta, de mala manera, con insultos. Le da cuatro cuartos, en ausencia de su amo, y amenaza:

"Por las armas del gigante Golías, que si decís a mi amo que no os he dado los docientos ducados, que os tengo de hacer más tajadas que hay puntos en la albarda de mi asno".

-Demasiado violento, no veo a mi Sancho amenazando a una mujer con hacerla tajadas. Aquí se le ha ido la mano al del apócrifo. Cervantes, tal vez porque vivió rodeado de mujeres, mostró una sensibilidad desacostumbrada en su tiempo. El Avellaneda no hubiera creado a una pastora Marcela proclamando: "Yo nací libre".

La gallega le pide que le dé los cuatro cuartos, que queda contentísima. Sancho se los paga y añade:


El ventero le llama para que se acueste en una cama que de dos jalmas le había hecho y durmió "muy de repapo", la maleta por cabecera.

-Lo de dormir se les da bien a ambos. ¡Qué dormir tan pesado el de los Sanchos!

Seguiremos el camino, me despido de vos, sabio Alisolán,  hoy tan callado. 

-Espero mejorar la voz, en la próxima entrada. Salam Aleikum. El té con menta hace milagros.

-Y de vos, Cide Hamete, que ya sé que andáis por aquí cerca, con vuestra pintura verde

-Pídole disculpas, que me dejo llevar por los sentimientos. Reconozco que no escribe mal el de Tordesillas.

Y de todos los que pasáis por aquí. Un abrazo de:

María Ángeles Merino

http://es.wikisource.org/wiki/Segundo_tomo_del_ingenioso_hidalgo_Don_Quijote_de_la_Mancha:_Cap%C3%ADtulo_IV
Alisolán habla en azul.
Cide Hamete habla en verde.
María Ángeles habla en negro.

miércoles, 8 de octubre de 2014

-¿No ves, Sancho, que todo era fingido, no más de por darte a entender mi grande esfuerzo en el combatir, destreza en el derribar y maña en el acometer?

-Aleikum Salama, mi señor sabio Alisolán. Hoy vamos al tercer capítulo, comencemos y eludamos, en la medida de lo posible, las interrupciones de su colega en el mundo de las crónicas, mi señor Cide Hamete.



-Maguer vos no disimuláis que os holgáis con las palabras de Benengeli, valoro vuestro interés por la tercera salida del Quijote, firmada por Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas. De la mesma manera, os agradezco que andéis a la busca de sus valores literarios, a pesar de vuestra probada devoción por los escritos del manco de Lepanto. 

En el día de hoy, siéntome asaz fatigado y he de permitir que seáis vos la comentarista. En cuanto a Cide Hamete, mi hermano en Alá, he pactado con él, de momento no aparecerá por aquí; lo cual no le impedirá expresar su opinión en otros ámbitos.




- Sea ansí. Estamos en que una hora antes de amanecer, los dos alcaldes y el cura llaman a la puerta de don Quijote. Les abre un somnoliento y malhumorado Sancho, por orden de su señor.

Vienen a despertar a don Álvaro y entran en su aposento; el sacerdote, qué confianzas, no duda en sentarse junto al lecho y preguntar cómo le ha ido con el huésped. El granadino le concede el gusto de contarle todo lo que con él y con Sancho había pasado aquella noche. Y advierte, divertido, que si no fuera el plazo de las justas tan corto, se quedaría allí unos días a gustar de la conversación de don Quijote. Lo haría más despacio a la vuelta, propone.


El cura, valiente cotilla, le da pelos y señales de lo que don Quijote era y lo que con él había acontecido el año pasado. Don Álvaro queda maravillado.




-"Lo que don Quijote era", dice. El que desee saber lo que don Quijote es en verdad, lea los textos de don Miguel de Cervantes y déjese de avellanas. Sí, soy Cide Hamete, permanezco oculto, mas añado en el presente texto, con tinta verde, lo que me plazca. Salam Aleikum, lectores míos.



Cuando Tarfe se queda a solas con el viejo hidalgo, le pide le haga la merced de guardarle en su casa, hasta la vuelta, unas armas milanesas y grabadas que trae en un baúl, tan sutiles “que sólo pueden servir para la vista”.


Las hace sacar: “peto, espaldar, gola, brazaletes, escarcelas y morrión”. A don Quijote se le alegra “la pajarilla infinitamente”, por su entendimiento se pasea impaciente lo que piensa hacer con ellas.


-¡Armas milanesas! ¡Armas que sólo sirven para la vista! Don Quijote no precisó de armas milanesas, le bastaba con las de sus antepasados:

"Y lo primer que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas aesto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que,encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera".

¿Guardarle la armas en casa? `¡Cómo no! Faltaría más! Esto es lo menos en que piensa servirle, y vendrá tiempo en que se holgará de verlo a su lado. Y le pregunta por la divisa que piensa llevar en sus armas, libreas, letras y motes. Don Álvaro le contesta a todo y no entiende que al hidalgo se le está pasando por la imaginación el ir a Zaragoza.

Entra Sancho muy colorado y sudoroso, anunciando el almuerzo. Don Álvaro, que ya sabe de su glotona condición, le pregunta si tiene apetito de almorzar.

¿Apetito? No recuerda haberse visto nunca harto, sólo aquella vez que repartió el pan y queso de la cofradía y tuvo que aflojarse dos agujeros del cinto. Una respuesta a juego con el personaje que satisface al guasón del invitado que dice tenerle envidia.

-¿Cómo dice que nunca se vio harto Sancho? Dos y tres agujeros del cinto se aflojaría en las bodas de Camacho. Mas el Sancho Panza verdadero no sería capaz de zamparse el pan y queso de la cofradía, nunca hubiera dado cuenta de la comida de los pobres, por muy comilón que fuera. Está encantado de la vida cuando le invitan de buen grado los ricos, eso sí. ¿Recuerdan como miraba aquellas ollas? ¿Y ´como le invitó el cocinero?



"Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba, y de todo se aficionaba: primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quién él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques; y, últimamente, las frutas de sartén...y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y, con corteses y hambrientas razones, le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas. A lo que el cocinero respondió:

Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene juridición la hambre, merced al rico Camacho. Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan."


 -Después de almorzar llegan los tres caballeros con su gente y el cura porque ya amanece.





-Don Álvaro sube a caballo y don Quijote saca del establo a Rocinante, con la intención de acompañarlos. El rocín es presentado “como uno de los mejores caballos que a duras penas se podrían hallar en todo el mundo: no hay Bucéfalo, Alfana, Seyano, Babieca ni Pegaso que se le iguale”.

-Je, je. "Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban". ¡Sépalo, don Tarfe!

Don Álvaro le mira, se sonríe y da su opinión: demasiado alto, sobrado de largo, muy delgado y con muchos años encima. Pero añade, irónico, que estará tan flaco por ser algo astrólogo o filósofo, o por su larga experiencia del mundo. Y remata por cortesía: de cualquier manera “digno de alabanza por discreto y pacífico”.


Salen todos a caballo, el cura y don Quijote les acompañan casi un cuarto de legua. El cura maravilla a don Álvaro con las locuras quijotescas.

Al llegar a casa, una vez apeado, envía presto al ama en busca de Sancho, con orden de traer el libro “Florisbián de Candaria”.

Volando viene el escudero, cierra el aposento por dentro y quedan solos los dos. Sancho saca el libro debajo del sayo y se lo da a su amo que lo toma eufórico y hiperbólico: “uno de los mejores y más verdaderos libros del mundo”.


Sancho no lo había podido entender por estar tan dormido; su señor se lo ha de repetir: que deseaba partir para Zaragoza a las justas, olvidando a la ingrata Dulcinea, buscando otra dama mejor y, de allí, iría a la corte del rey de España para dar a conocer sus fazañas.

- ¡Sacrilegio! ¿Otra dama mejor? ¿Ignora acaso que "Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo..."?

Don Quijote da rienda suelta a su fantasía: trabará amistad con los grandes de la corte, donde verá a alguna fermosa dama de la reina, tal vez le dé algún papelito furtivo como muestra de su amor, el rey le dará habitación en su palacio para ser envidiado por los caballeros del tusón que procurarán descomponerle con el rey…Y los desafiará y retará y matará y vista su valentía por su Majestad Católica le alabará “por uno de los mejores caballeros de Europa”. Todo una novela de un tirón, dicho con brío, con voz sonora, con la mano puesta sobre la guarnición de la espada.


-Nunca pensó mi don Quijote en visitar la corte del rey de España. ¿Europa? No, que su geografía era mucho más lejana y exótica. De Trapisonda para arriba. ¿Recuerdan el viaje al reino de Candaya, montados en Clavileño?

"Así que, Sancho, no hay para qué descubrirnos, que el que nos lleva a cargo, él dará cuenta de nosotros; y quizá vamos tomando puntas y subiendo en alto, para dejarnos caer de una sobre el reino de Candaya, como hace el sacre o neblí sobre la garza para cogerla por más que se remonte y aunque nos parece que no ha media hora que nos partimos del jardín, créeme quedebemos de haber hecho gran camino."

Don Quijote en la corte delos duques. Cuadro quijotesco de Ana Queral.

Abre el arca y cuando el escudero las ve, tan relucientes, piensa que son de plata; él las convertiría en reales, millones de reales. Toma el morrión y se lo coloca, con la imaginación, al rey o …al señor cura en procesión, con su capa. Pregunta si las hizo el sabio Esquife o nacieron así.

¡Qué necio el escudero! ¡Qué imaginación desmedida la de Don Quijote! Asegura que las armas fueron forjadas por el mismo Caronte, herrero de los infiernos. 

El caballero andante se pone las armas, con ayuda de Sancho. Y habló con voz entonada:

“-¿Qué te parece, Sancho? ¿Estánme bien? ¿No te admiras de mi gallardía y brava postura?”


Se pasea por el aposento, hace piernas, levanta la voz, la hace más gruesa y mete con presteza la mano a la espada, acercándose colérico a Sancho, diciendo:

“-¡Espera, dragón maldito, sierpe de Libia, basilisco infernal! ¡Verás, por esperiencia, el valor de don Quijote, segundo san Jorge en fortaleza! ¡Verás, digo, si de un golpe solo puedo partir, no solamente a ti, sino a los diez más fieros gigantes que la nación gigantea jamás produjo!”


Sancho que lo venir, corre, se mete debajo de la cama, huyendo de su amo que acuchilla cortinas, mantas y almohadas. Le dice mil palabras injuriosas y le arroja una cuchilllada larga que si la cama no fuera tan ancha el pobre lo pasaría harto mal.






El escudero pide compasión por todos los santos que le vienen a la cabeza. Don Quijote se embravece más, ya no está hablando con su criado sino con un “soberbio” al que pide:

“ ¡Vuelve, vuelve las princesas y caballeros que, contra ley y razón, en este tu castillo tienes! ¡Vuelve los grandes tesoros que tienes usurpados, las doncellas que tienes encantadas y la maga encantadora, causadora de todos estos males!”


El pobre escudero ruega. Que no es ni princesa, ni caballero, ni maga; que es “el negro de Sancho Panza”, su vecino y escudero. El colérico caballero le pide que saque a la emperatriz que dice, sana y salva; que su persona quedará a su merced, como vencido.

-Sancho está a punto de ser acuchillado como aquellos cueros de vino tinto de la venta.

Sancho obedecerá, traerá a todas las princesas del mundo. Solo le pide que envaine la espada; a lo cual, por fin, accede el viejo hidalgo, molido y sudado de dar cuchilladas.

Panza se hinca de rodillas, descolorido, ronco y lleno de lágrimas de miedo. Se da por vencido, su merced le perdone. El señor caballero andante le responde con un latinajo que habla de la ira de los leones. ¿Dónde tengo el diccionario de latín?

(La ira del león nos enseñó a perdonar a los afligidos)

Y perdona al “soberbio jayán”, aunque su arrogancia no merezca clemencia, habrá de dejar las malas obras y se dedicará, es una orden, a deshacer tuertos y agravios. El atemorizado Sancho jura y promete, hará todo lo que dice. Solo osa preguntar, ingenuo, si en lo de deshacer tuertos, también entra el cura Pedro García que es tuerto de un ojo, porque no quisiera meterse en cosas de la Santa Madre Iglesia. 

Y va don Quijote y confiesa que todo era fingido, que era para darle a entender su gran esfuerzo y maña en combatir, derribar y acometer. Sancho jura, no es para menos. 




Esos ensayos quisiera él que su mercé los hubiera hecho “cuando aquellos pastores de marras, de aquellos dos ejércitos de ovejas, le tiraron con las hondas aquellas lágrimas de Moisén con que le derribaron la mitad de las muelas, y no conmigo”. Disculpa a su amo por ser la primera vez y adiós, que se va a comer.

Don Quijote le dice que no, que le desarme y se quede a comer con él, que después de la comida hay que preparar “nuestra partida”.

Después de comer le mandó que le trajese unas badanas para hacer un adarga, con papelones y engrudo. Vendió dos tierras y una viña, lo hizo todo dineros para la jornada que pensaba hacer. Hizo también un lanzón con un hierro ancho y compró un jumento para Sancho. Y con más de trescientos ducados, “hicieron su tercera y más famosa salida del Argamesilla por el fin de agosto del año que Dios sabe, sin que el cura ni el barbero ni otra persona alguna los echase en menos hasta el día siguiente de su salida”.




-¿Tercera salida? Ay, Alisolán, Alisolán, ya te diré yo cuál fue la tercera salida...seguiré con mis anotaciones verdes.

-Así es, mi señora, "hicieron su tercera y más famosa salida". Los seguiremos y comentaremos.

-Hasta la próxima semana, un saludo para vos, Alisolán, y para los que pasan por aquí. Recuerdos al señor Avellaneda, sea quien sea.

María Ángeles Merino

-  Y, al final, en la derrota, nos hizo saber que "Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo..." 
Alisolán habla en azul.
Cide Hamete habla en verde.
María Ángeles habla en negro.