viernes 20 de noviembre de 2009

Dice Pedro Ojeda que el capítulo XXIV "es un zurcido"


Pedro Ojeda Escudero dice en "La acequia", en su entrada de ayer, acerca del capítulo XXIV, que "es un zurcido". Por eso, para ilustrar el comentario "cuelgo" aquí uno auténtico y ...muy viejo. El bordado tiene más de sesenta años, el zurcido unos veinte menos.

Comentario al capítulo 2,24 del Quijote, publicado en "La acequia"

Sigo siendo el primo, aunque esto del perspectivismo complica la cosa...

Vuestras mercedes ya me conocen: soy aquel que se me identifica como “el primo del licenciado”, el que guió a don Quijote, hasta la mismísima entrada de la cueva de Montesinos.

Poco tiempo después de acompañarle en la aventura, llega a mis manos una pequeña parte de cierto libro, el autor es Miguel de Cervantes Saavedra, de quien tengo algunas referencias, no muchas. Os cuento cómo tuve la oportunidad de leerlo.

Visito la imprenta de Juan de la Cuesta, en el taller de la calle San Eugenio, cerca de la madrileña calle de Atocha, para ultimar la impresión de uno de mis transcendentales y humanistas libros. Esperando al maestro impresor, me entretengo en ojear unos folios depositados encima de una mesa. Se trata de unos capítulos señalados con los números XXII y XXIII, que alguien ha dejado allí. ¡Ah y el inicio del XXIV!

Cuál sería mi sorpresa cuando tropiezo con nuestra aventura, la de la famosa cueva. Disfruto con su lectura y vuelvo a ver al caballero andante internándose en una tenebrosa cueva, con mi valiosa y valiente ayuda. Las zarzas, los cuervos… Y qué me dicen de la fabulosa descripción de sus visiones allá abajo, la incredulidad de Sancho y mi fe en tan noble caballero. Todo, tal y como sucedió…y allí estaba yo. Lo devoré, digo que lo leí todo. Ya recuerdan vuestras mercedes: un Montesinos abrigado con su barba, un Durandarte yacente y parlante, una Belerma menopáusica y ajada, con el corazón de su amante en salazón…

Cervantes, en el título, nos anuncia que vamos a tropezar con mil zarandajas, impertinentes pero necesarias. ¿Zarandajas? Consultando mi biblioteca, he llegado a la conclusión, tras varias consultas, de que se trata de tonterías. Bueno, si las tonterías son necesarias, ya no lo son tanto.

Mi lectura va como la seda pero, al llegar al comienzo del XXIV, el traductor morisco de esta “grande historia” dice que su primer autor, el moro Cide Hamete, dejó escritas, en el margen, unas objeciones sorprendentes. Este Cide no se puede creer que al valeroso don Quijote le ocurra lo escrito. Don Quijote es incapaz de mentir y, además, en una hora, no pudo fabricar tal cantidad de disparates. El moro se cura en salud y nos advierte que, si esta historia parece apócrifa, no es culpa suya. Deja al lector prudente para que juzgue por sí mismo. Por si el asunto es poco complicado, se da la circunstancia de que, poco antes de morir, Hamete se retractase de ella, confesando que la había inventado porque cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias.

Como era sencillo el asunto de los narradores, aquí estoy yo, el primo, sumándome a ellos para complicar más el juego de espejos.*

Sigo con la historia y tengo que manifestar que no sé lo que me maravilló más, si fue el atrevimiento de Sancho o la paciencia de su amo. Es un momento dulce para don Quijote, ha visto a Dulcinea, aunque encantada y pidiendo prestados unos míseros reales. De eso se aprovecha Sancho…

La verdad es que doy por bien empleado el tiempo gastado y así se lo quiero manifestar al caballero andante. Sólo el hecho de conocer a un andante resucitado, es una gran felicidad. Muy útil, para mi Ovidio español, es el haberme revelado el secreto de la cueva de Montesinos, con las metamorfosis del río y las lagunas. Por no hablar de dos grandes descubrimientos, ni más ni menos que la verdadera antigüedad de los naipes y el verdadero nacimiento del río que aparece y desaparece. Durandarte, resignado, pronuncia las palabras clave: “paciencia y barajar”, de lo que se deduce que ya se usaban en tiempos de Carlomagno. Aprovecho esta averiguación para mi otro libro, el de la invención de las antigüedades. Lo del río es algo desconocido por la gente, esto también me sirve para otro libro, se titulará…

Don Quijote quiere saber a quién voy a dedicar mis libros, si Dios me ayuda y consigo la licencia. Pienso que no faltan en España señores y grandes de España a quien dirigirlos. Y este caballero que de todo entiende, incluidas impresiones, licencias y dedicatorias, me advierte que muchos no quieren admitir dedicatorias. No se van a tomar la molestia de agradecer una cortesía…pero, aunque haya grandes tacaños, hay un príncipe que suple la falta de los demás. Lo tendré en cuenta, dedicaré mi libro al de Lemos, como Cervantes, y no al de Béjar…

Tras aludir a la envidia de algunos, corta la conversación porque hay que buscar alojamiento, que se hace de noche.

*El autor, el traductor, el narrador y el personaje narrador protagonista se desmienten entre sí. El perspectivismo es aquí muy complejo.

Continúa


lunes 16 de noviembre de 2009

Tuvo un sueño lúcido


Viñeta de "El país", ayer.
Aunque se refiere al padre
, puede servir también para el hijo. Genial Forges.

Ele Bergón dijo...

Hola coleguis. Hoy sólo puedo escribir con la derecha, pues me han vendado la izquierda. Tengo que esta unos días sin moverla y no voy a poder jugar a mis muchos juegos, pero sí que puedo ir al tuto. Vaya lata.

!Uf! qué lío tiene el Alonso ¿No se habrá fumado algo? Pa qué se mete en esa cueva tan oscura ¿lo vió? ¿ Lo imaginó? ¿ Se lo inventó? ¿Lo soñó? Con éste nunca se sabe. Yo creo que todo junto. Vio algo a pesar de la oscuridad, después imaginó e inventó lo que quiso, pues todos sabemos del pie que cojea y no tardando mucho se quedó dormido y soñó que soñaba, que eso me ha pasado a mi y tuvo un sueño lúcido y todo eso en una hora. Nada de tres días.

¡Cómo se ríe mi padre con el encantamiento de la tal Dulcinea, ya lo entiendo ya, si me lo ha contado todo ¡que risas... A mi me gustaría ser también encantador y encantar a los profes cuando corrigen los exámenes ¿a qué sí Karim? Tú y Silvia sois los que mejor me comprendéis.

Ya os contaré lo del amor que ahora me esoy cansando de escribir con una sola mano
Choque de manos troncos

El Sanchico




Selma dijo...
La pánfila de la Selma se ha vuelto a despistar y le he mangado el nick otra vez... ¡Colegui, lo tienes chungo.. una sola mano! ¿y para la play cómo te lo montas?

Estoy contigo... el Quijo estaba fumao a tope... ya bajaban al moro en aquellos tiempos también..

Nada, que te pongas bueno pronto y a ver si nos hacemos unas birras...

el Karim.


Pedro Ojeda Escudero dijo en "La acequia":

Abejita...nos da cuenta de la opinión del Sanchico, que se la envía Ele Bergón: este chico -que escribe con una sola mano para imitar a Cervantes- no se cree mucho lo de don Quijote y piensa que se ha fumado algo. Eso sí, lo ilustra con la viñeta que el gran Forges dedicó a su padre el domingo pasado.

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domingo 15 de noviembre de 2009

¿Soñaba dormido o soñaba despierto don Quijote?(3)


Amaneció

Anocheció

Amaneció

Anocheció

Amaneció

Anocheció
"...allá me anocheció y amaneció, y tornó a anochecer y amanecer tres veces"


Tercera parte del comentario al capítulo XXIII,segunda parte del Quijote.Publicado en "La acequia".

A estas alturas del discurso, tengo una serie de dudas que deseo resolver. La principal es la del tiempo: cómo en poco más de una hora ha ocurrido todo lo que me acaba de relatar. Se lo planteo y Don Quijote rechaza que haya sido un día. Me asegura que vio anochecer y amanecer tres veces, que estuvo tres días allá…Sancho le da la razón, si todo ha sido por encantamiento, las horas también estarán encantadas: una hora igual a tres días con sus noches.

Otra duda que tengo es la de la comida, si comió durante esos tres días. Responde que ni comió ni sintió hambre. Sancho quiere saber si los encantados comen. Don Quijote parece que está muy puesto en el tema: ni comen, ni defecan, ni necesitan manicura, barberos o peluqueros. El escudero también pregunta si esas extrañas criaturas duermen. En esos tres días, ninguno ha pegado ojo, ni el caballero andante tampoco.
Sancho encaja el refrán de “dime con quién andas, decirte he quién eres”. Si su señor anda con gente encantada que no come ni duerme, no ha de extrañarse de no comer y no dormir. Y suelta lo que estaba deseando soltar: que le perdone, pero no cree nada de lo que don Quijote ha dicho.

¿Qué dice este ignorante? ¿Cómo había de mentir su señor? Es imposible componer tantas mentiras en tan poco tiempo. Sancho me corrige, él no cree que su señor mienta. Han sido los malditos encantadores los que le han metido en el magín todo lo que ha contado y lo que contará. ¡Qué majadero este escudero!

Don Quijote replica que pudiera ser, pero no es así. Asegura que él lo vio con sus ojos y lo tocó con sus manos. Además, Montesinos le mostró maravillas y, entre tanta maravilla, le mostró tres labradoras que brincaban como cabras. Y ¡una de ellas es la sin par Dulcinea del Toboso! Y las otras dos son las mismas que vieron con ella, en cierta ocasión.

Montesinos no las conocía, son tantas las señoras principales encantadas…Nada menos que la reina Ginebra y su dueña Quintañona, escanciando vino a Lanzarote, cuando de Bretaña vino. Demasiado vino… ¡Qué hartazgo de romances!

Sancho se ríe y habla para sí mismo, repite que el encantador es él…loco está loco…Y se lamenta del aciago día en que su “caro patrón”, bajó a la cueva de donde ha salido contando disparates, con el juicio perdido y todo…gracias al tal Montesinos.

Caballero y escudero manifiestan no hacerse caso el uno al otro. Sancho, desesperado, le pregunta en qué conoció a la tal Dulcinea, entre las “encantadas” de la cueva. La respuesta del señor deja pasmado al criado: la reconoció porque llevaba los mismos vestidos de aquella vez.


Afirma don Quijote que le habló, no respondió y salió huyendo. Montesinos le advierte que sería inútil seguirla y, además, porque es la hora de salir de la sima. El anciano le informa de que, andando el tiempo, se le avisaría para los desencantamientos. La hora del cierre…se ve que tenía prisa el de las barbas.

Antes de salir el caballero, ve que se le acerca una de las dos compañeras de Dulcinea. Con lágrimas en los ojos y en baja voz, le transmite un mensaje de la del Toboso. Le besa las manos y suplica que, por estar en una gran necesidad, le preste media docena de reales, o lo que tenga… Deja en prenda un faldellín ¡Una prenda interior femenina! Y promete volvérselos con brevedad.

Don Quijote, sorprendido, pregunta a Montesinos si es posible que los “encantados principales” padezcan necesidad. Y éste le contesta que la necesidad a todos alcanza, aún a los encantados. Le anima a dárselos, que la prenda es buena…El caballero no toma la prenda, le da cuatro reales que tenía en el bolsillo para limosnas a los pobres. La labradora debe transmitirla que le pesa en el alma su necesidad y quisiera ser un Fúcar,un Fugger, para remediarlo. Y lo más importante: una declaración de amor en toda regla. Él no puede tener salud sin verla y hablarla, que se deje ver y tratar.

Y sigue con el romancero, no sé qué zarandajas con el marqués de Mantua, Baldovinos, la montiña, el infante don Pedro de Portugal. ¡Qué empanada de romancero!

La doncella coge el dinero y se despide con una cabriola que la levanta dos varas por encima del suelo. ¡Menudo salto!Consultaré en mis libros para estudiar los saltos más grandes que es posible dar.

Sancho se lamenta de la pérdida de juicio y disparatada locura de su señor. Le pide, por Dios, que no “dé crédito a esas vaciedades “y vuelva...

Lleva razón don Quijote. Este ignorante le quiere bien y por eso habla de esa manera; pero carece de experiencia y ve imposibles las cosas difíciles.

Yo sí creo en lo que nos ha contado, aunque me llamen mentecato. No, no soy el primo, con el significado de bobalicón. Soy el primo del licenciado espadachín, recuerden.


Un abrazo para todos.


Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"Comenzando con estas fotos sólo puede tener un resultado bueno."

También dice en la entrada" El feísmo,más entregas de Cornelivs y noticias de nuestra lectura", con fecha LUNES 16 DE NOVIEMBRE DE 2009,en "La acequia":

"Abejita nos sorprende con un recomendable enlace en la que se hace a don Quijote pionero de la espeleología. Después comienza el comentario del capítulo tras echarse un sueñecito por imitar a nuestro protagonista y relata, desde la voz del primo, lo que don Quijote vio en la cueva y los comentarios posteriores: recrear así este pasaje le da un nuevo significado. No os perdáis las imágenes: la primera graciosa, la segunda, con una fina ironía"

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0X8bXrHQe
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Un abrazo a Pedro Ojeda y a todos los que pasáis por aquí: el director y los músicos de la orquesta.

¿Soñaba dormido o soñaba despierto don Quijote?(2)


"...pasaba una procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas"

Continuación del comentario al capítulo XXIII,de la segunda parte del Quijote, publicado en "La acequia".

El anciano barbudo se presenta como el mismo Montesinos, el que da nombre a la cueva, alcaide y guardia mayor perpetua, para más señas. Don Quijote le pregunta si es verdad lo que se cuenta de él: que había arrancado, con una daga, el corazón de su amigo Durandarte, para llevarlo a Belerma, tal y como era deseo del difunto. Responde que es verdad, aunque matiza que no había tal daga sino un puñal muy afilado.

Sancho, que desconoce la Historia de España, apunta el posible nombre del artesano que fabricó el puñal, sevillano y de nuestro siglo. Don Quijote le explica que lo de Roncesvalles aconteció hace muchos años, siendo el dato del artífice del puñal, un detalle nimio.

Nos cuenta que Montesinos lo introduce en una sala fresquita, donde hay un sepulcro de mármol, sobre el cual ve a un caballero tendido, de carne y hueso, con la mano puesta en el corazón. Es el mismo Durandarte, encantado por el francés, encantador y sabio Merlín. Encantados, pero muy a disgusto, tiene allí a Montesinos y a otros. Nadie sabe para qué hizo tal cosa el galo, tal vez el tiempo lo revele. El barbudo no entiende que el yacente Durandarte se queje y suspire, estando él tan seguro de que murió en sus brazos y le arrancó el corazón, dos libras de músculo cardíaco, a petición del agonizante. Ni él ni nadie entiende algo así…

Y don Quijote, con voz de trueno, nos repite los octosílabos del romance que el “mísero” muerto vocea, aquello de « ¡Oh, mi primo Montesinos!, recordando a su pariente lo de transportar el corazón hasta su señora Belerma.

El venerable se pone de rodillas, llora, asegura a su desconfiado primo que sacó el corazón enterito, lo limpió con un pañolito de encaje, partió con él “de carrera para Francia”, lo echó sal para que no hediese ante las narices delicadas de Belerma.

Pero el sabio Merlín tiene encantada a Belerma y a todos: a Durandarte, a Montesinos, al escudero Guadiana, a la dueña Ruidera y sus hijas, y sobrinas…Quinientos años y ninguno se ha muerto. Estas últimas no están en la cueva, porque Merlín se compadece de sus femeninas lágrimas y las convierte en lagunas, las que llevan su nombre. También se apiada del escudero Guadiana, el cual es convertido en río y se esconde de puro pesar, por dejar a su señor; aunque no le quede más remedio que asomar y seguir su corriente, arrastrando su melancolía. Así de sosos son sus peces…con lo sabrosos que son los del Tajo.

¿Y qué papel ha de cumplir don Quijote en todo esto? Me lo preguntaba yo, al llegar aquí, un poco impaciente…Pues el primo barbudo dice al primo yacente que aquí tenéis a don Quijote de la Mancha, resucitador de la orden de caballería, a través del cual podemos ser desencantados. Y el muerto replica que si no es así, paciencia…Un difunto resignado…y escéptico.

Don Quijote sigue con su relato y ahora toca el turno a las llorosas y quejicas mujeres. Ve, en procesión, dos hileras de hermosísimas doncellas, de luto, con turbantes blancos, gimiendo y cantando endechas.

Al final de la comitiva, una señora muy seria, con un enorme turbante, vestida de negro, arrastrando sus largas tocas blancas, llevando en las manos un corazón acecinado ¡Es Belerma portando el de Durandarte! Nos la describe como a una señora mayor, poco agraciada y con mal color…Y especifica Montesinos que el mal color no es debido al “mal mensil” sino al intenso dolor de su corazón, el suyo, ante la visión continua del otro corazón, el de su amado. La suponíamos hermosa y joven, pero quinientos años envejecen y afean a la más bella.

Mal mensil, mal mensil, reconozco que ignoro de qué se trata, mas lo consultaré en uno de mis libros. Será algo relacionado con los meses…

El barbudo supone que Belerma, de no haber sufrido en demasía, “igualara en hermosura, donaire y brío a la gran Dulcinea del Toboso”. ¡Eso no lo puede sufrir don Quijote! Advierte, muy comedidamente, que no se compara, cada una es quien es. Montesinos se disculpa , con delicadeza, y en paz...

Sancho se maravilla de que su amo no coceara ni pelara las barbas del viejo, al mentarle así a la del Toboso. Parece ser que, en otros tiempos, hubiera reaccionado violentamente. Don Quijote le hace ver que él tiene por costumbre respetar a los ancianos y a los encantados…con más motivo.

Continúa


Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

Sigo comprobando el cambio del relato con la perspectiva. Y qué fina ironía la de la imagen.

Pedro: sí, posiblemente, haya ironía en mi foto y en el hecho de relacionarla con la procesión de doncellas del capítulo. Aunque esas chiquillas de negro me dan un poco de penita,es una mirada cariñosa...Esta foto la he encajado dos veces, saco partido a mi maquinita...

Un abrazo

viernes 13 de noviembre de 2009

¿Soñaba dormido o soñaba despierto don Quijote? (1)


Estoy con el comentario al capítulo XXIII,de la segunda parte del Quijote:

Publicado en "La acequia"
"De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos,cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa ".El primo , personaje del capítulo anterior, os cuenta lo que le cuenta don Quijote.
¿Soñaba dormido o soñaba despierto don Quijote?

Son las cuatro de la tarde. Es un día nublado, el sol tibio nos acaricia y no nos agobia. Nuestro héroe está en buena disposición para contarnos la aventura que ha vivido en la cueva de Montesinos. Descubre una espaciosa concavidad a doce o catorce estados de profundidad y entra en ella para descansar un poco.

Nos pide que no descolguemos más cuerda, pero no le oímos. Así que con la soga descolgada se fabrica un asiento en forma de rosquilla y ocurre algo increíble ¡se queda dormido! ¿Cómo puede alguien quedarse dormido en esas circunstancias?

Con posterioridad a los hechos aquí narrados, he tenido la ocasión de preguntar a ciertos excéntricos que vencen el miedo a estas puertas del infierno y se introducen en ellas. No me lo han sabido explicar; ellos afirman que la oscuridad, el silencio, la humedad, el frío, la visión cambiante de ciertas rocas semejantes a carámbanos de hielo…todo contribuye a crear un estado de ánimo propenso a las alucinaciones.

Yo siempre me he limitado, como guía, a acompañarles hasta las puertas de estas misteriosas oquedades y no poseo elementos de juicio. Mi mente siempre las asocia con monstruos, seres infernales…

Hablando de infiernos, me perdonarán una digresión: pronto llevaré a la estampa un libro titulado “Catálogo de apariciones maléficas a varones y doncellas en castidad”, con el “nihil obstat” del Santo Oficio, por supuesto. Es que yo venía a hablar de mi libro…entre otros asuntos.

Pero volvamos al relato de nuestro caballero andante que asegura despertarse del sueño y encontrarse en un prado ameno, de esos que aparecen en las pastoriles novelas y en los versos del gran Garcilaso. Despabila los ojos y comprueba que está despierto, se palpa la cabeza y los pechos para certificarse que es él mismo, y no un fantasma, el que está allí, entre tanta amenidad y deleite.

Y después del prado, el palacio de cristal que aparece en tantos relatos. Y después del palacio transparente, el venerable anciano de las barbas. ¿He dicho venerable? Sí, lo he dicho: el venerable anciano de las barbas blancas y larguísimas que también está en tantos relatos para gente ociosa y pueril, poco amiga de libros enjundiosos como el mío.

El ancianito va vestido con un capuz morado, una beca verde de colegial recién graduado y una gorra de ésas con aro. No iba armado sino con un rosario de gruesas cuentas con los padrenuestros del tamaño de huevos de avestruz.

Me parece que aquí, nuestro caballero andante exagera un poco, teniendo en cuenta los datos que aporta mi interesante libro: “Medidas de huevos en las diferentes especies avícolas” ¡Demasiado grandes los cinco dieces! Entre que arrastra el capuz por el suelo y el rosario…

La presencia del venerable, bello adjetivo, le deja suspendido y admirado. Le abraza y, con vocabulario arcaico, le manifiesta que “luengos tiempos ha “que esperan su visita para que dé noticias al mundo de lo que encierra la cueva de Montesinos…



Pedro Ojeda Escudero dejó aquí estos comentarios:

Seguro que tu despertar será tan productivo como el de don Quijote.

Contado desde la voz del primo adquiere connotaciones nuevas: recrearlo así es un acierto.

Ya ves, Pedro, que el despertar fue productivo.Sí, es curioso como visto desde el punto de vista de otro personaje, descubrimos matices nuevos. Gracias por dirigir la orquesta con tanto acierto.

Un abrazo al director y a los demás músicos.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Don Quijote, pionero de la espeleología.


En esta página "Don Quijote, pionero de la espeleología". se analizan algunos textos del Quijote desde el punto de vista de un espeleólogo.

Comienza así:

"... hemos de recordar que el insigne hidalgo manchego fue en época muy temprana pionero en la exploración de cuevas, tal y como se relata en los capítulos 22 y 23 de la segunda parte de la inmortal novela de Cervantes.

Todo un espeleólogo avant-la-lettre, Don Quijote tiene escasos predecesores en la historia de la espeleología...la mayoría de referencias a exploraciones antiguas de cavernas son posteriores a las fechas (1605-1615) en que Cervantes publicó su obra:...se ha dado en convenir que la verdadera espeleología, una de las ciencias más jóvenes, no comienza hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX, al amparo de las nuevas ideas enciclopedistas que trajo la Ilustración, cuando la curiosidad de los científicos estimuló la prospección de las cuevas europeas a la búsqueda de restos fósiles.

Hasta entonces, las cuevas habían sido objeto de toda clase de supersticiones, tenidas como antros donde habitaban monstruos, seres fantásticos o maléficos, o como puertas de entrada a las regiones infernales, y estos temores sólo eran desafiados ocasionalmente por intrépidos mineros a la busca de metales. Es en este contexto donde hay que situar la hazaña de Don Quijote, para poder valorar en toda su dimensión la audacia y valentía desplegadas por el caballero al atreverse a descender solo por la sima de Montesinos, cueva que realmente existe en la región de la Mancha.

Aunque lo sabemos ficción, no nos deja de sorprender en el relato la gran similitud, el continuo paralelismo, en todos los detalles, de las peripecias relatadas en el libro con las que habitualmente pasamos los que hoy en día exploramos cuevas, y ello nos da pie a elucubrar acerca de si el mismo don Miguel de Cervantes habría visitado en persona una gruta, o al menos hablado con alguien que lo había hecho."

No dejéis de consultarla.¡Y Sancho también fue espeleólogo a la fuerza!Más adelante...

lunes 9 de noviembre de 2009

Pero ¿es que no saben dónde está Zaragoza?




Mapa de España que indica, entre otras muchas localidades, dónde está Zaragoza.

Ele Bergón dijo:

! Pero bueno , estos dónde coño están! Mi padre le convence a mi madre que van a Zaragoza, ella lo acepta más o menos y ahora, se van a las Lagunas del Ruidera que están hacía el sur, para Ciudad Real y Albacete! Que eso lo sé aunque me suspendan en sociales !Qué camino más raro!

Y esa afición que tiene el Alonso por hacer cosas raras para demostrarle el amor a la tal Dulcinea, que ya sabéis que tengo mis dudas que existe, para que luego ella no se entere de ná. ¡Cosa más boba no lo he visto! y yo me pregunto ¿ Por qué le hará caso mi padre al Alonso? Claro que a mi me pasa lo mismo con el Rubén le sigo la corriente en clase y luego las broncas me las llevo yo.

Por cierto, el otro día salí voluntario a la pizarra, por culpa del Rubén, en la clase de inglés y lo supe poner todo bien, hasta el color morado que la profe no se acordaba de cómo era. ¡Que bien me sentí! Voví triunfante a mi sitio y dejé de ser un pringaillo como ese colegui que le ha quitado a nuestra nueva visitante Selma, !el nick! qué impresentable, eso es muy íntimo y personal. Bienvenida Selma , me alegro que estés por aquí.

El que sí parece primo, primo, ese ese que escribe libros, vete tu a saber cómo son, seguro que rollazos, y que ahora se ha juntado con estos dos que están más allá que para acá. Pero ¿es que no saben dónde está Zaragoza? A este paso nunca van a volver. Brrrrr.

Último apunte, no me gusta cuando mi padre habla mal de mi madre y mi madre habla mal de mi padre con sus amigas. Yo los quiero a los dos igual y no está bien eso que hacen.

En fin, coleguis, voy a ver si me enamoro, aunque visto lo visto con el Alonso, no sé si debo, pero la verdad es que este año lo tengo difícil, en clase sólo hay una churri y creo que ya está pillada. Tengo que buscar en otro sitio porque la verdad es que me aburro así, sin el amor.

Choque de manos

El Sanchico


Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Finalmente, el Sanchico sale con una lección de geografía. gracias a Ele Bergón. Se le ve molesto con tanto ir y venir de su padre y se pone a recordarles por dónde ir a Zaragoza. Además, no sabe si enamorarse o no: este chico no sienta la cabeza."