jueves, 11 de abril de 2019

Una reunión lectora para "Los amores equivocados": tres libros y una excursión.



La primavera asomaba a la ventana y las ramas del árbol se iban vistiendo.

El martes, 2 de abril, a las cuatro y media de la tarde, en el Seminario 119 de la Facultad de Humanidades, en la UBU, el Club de Lectura presencial de La Acequia y Alumni UBU,  dirigido por Pedro Ojeda Escudero, vivió una interesante reunión, en torno a Los amores equivocados de Cristina Peri Rossi.

Comenzamos con algunas sugerencias de lectura para el próximo curso. Pedro Ojeda nos aconseja "id apuntando cosas". Alguien apunta a Carmen Kurtz, a otro lector le gustaría leer a Juan Manuel de la Prada...A continuación, se recuerda la excursión a Sevilla: "un lujazo, un éxito agotador".

-(Pedro Ojeda) Eva Díaz Pérez y un profesor de Historia del Arte nos enseñaron la ciudad desde un punto de vista distinto, la profundidad de conocer esa Sevilla de aquella época. Fue muy denso, un día completo dedicado a Murillo.



Eva Díaz, el profesor de Historia del Arte y Pedro Ojeda.
Foto cortesía de Yolanda Delgado, tomada durante la excursión a Sevilla.

La novela El color de los ángeles, como biográfica, hace un repaso a la vida del pintor. Algunas novelas históricas profundizan en el testimonio de una época; otras, la mayoría, se documentan y recrean una época, como un "biopic" que toma a los personajes y los sigue, sin problematización, sin conflicto. Eva Díaz Pérez ha intentado levantar testimonio de la Sevilla de la época y de quién era Murillo. Le podéis pedir más cosas: una profundización del personaje. Murillo ve la época en que Sevilla deja de ser la ciudad del esplendor y el arte empieza a tener menos riqueza. La peste casi acaba con la población, cientos de cadáveres eran arrojados a los carneros y cubiertos de cal, y el comercio con América se vio afectado. Sevilla va a ser sustituida por Cádiz. A Murillo le pilla un cambio de estética y una nueva forma de entender el Arte y la Teología.



-(L.) Maravilloso, no lo conocía mucho (al pintor).

-(L.) Todos tenemos la imagen de Murillo como pintor de las Inmaculadas.

-(L.) Nos explica las técnicas: cuatro capas de pintura...

-(Pedro Ojeda)  Descubrimos al Murillo costumbrista, muy apreciado en el mundo protestante, que gustaba a los comerciantes de paso por Sevilla. Ahora han traído cuadros de todo el mundo, con las dificultades de transporte, seguros, etc. Es significativa la historia del cadáver de Murillo: lo enterraron en la iglesia al lado de su casa, vinieron los franceses y los del barrio sacaron el cadáver para evitar que fuera robado, lo quemaron y esparcieron sus cenizas en la Plaza de Santa Cruz. En represalia, derribaron la iglesia; su lugar lo ocupa hoy el consulado de Francia.


Los lectores en la Plaza de Santa Cruz (en primer plano Myriam Goldenberg)
Foto cortesía de Yolanda Delgado, tomada durante la excursión a Sevilla.

Bien escrita, bien documentada, levanta la biografía a partir de un momento determinado. Murillo en primera persona va contando su vida, sus técnicas, su familia. No va a una problematización, a un conflicto. Algunas de los episodios están sacados de las crónicas de la época, nos enseña otra Sevilla. ¿Buena persona? Lo que se traduce es que vivía dedicado a su trabajo, como un artesano y no como un genio, que eso llegaría mucho después, con el romanticismo. Pintaba para las iglesias y los monasterios y lo hacía magníficamente, con dominio de la técnica y los colores. Experimentaba con productos llegados de las Indias, como la cochinilla, que aumentaban el valor del cuadro y, con él, llega la dulzura en la expresión a la temática religiosa, abandonando la sangre, los padecimientos, el dolor. Hay clientes que están buscando otra cosa y él va a modificar la sensibilidad de los clientes. La pintura de Murillo supone un paso hacia el amaneramiento.

-(L.) La escritora pone en boca de su personaje el temor a ser ahogado en un mar de almíbar, como reflexión al contemplar la pintura de su paisano Velázquez.

-(Pedro Ojeda) En Velázquez sale el paisaje, en Murillo es un telón.

La excursión ha salido muy bien, menos mal que no hizo calor. 

-(L.) Vamos con el libro que toca ahora, bien diferente, por cierto. 

Los amores equivocados es una colección de cuentos de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi. Exiliada durante la dictadura uruguaya, vive en España desde 1972, integrada en los círculos literarios españoles. Al principio, era conocida por su poesía y más tarde por sus novelas, como La nave de los locos.


Con Los amores equivocadossigue la tradición del relato breve. Muy juguetona, rompe las convenciones sociales, algo que a los jóvenes les puede parecer natural, pero que no lo era tanto para una mujer nacida en 1941, de otra época. Son en total once cuentos, desde  Ironside a Cuento de Navidad. ¿Qué os han parecido?



-(L.) A mí me ha chocado el del pelo púbico (Un maldito pelo).

-(L.) El del pelo es muy erótico.

-(L.) No hay amor, son encuentros sexuales.

-(L.) El primero, el del camionero, es el que más impacta (Ironside).

-(P. O.) En el 72 llega a España y vivirá la Transición. En Madrid y Barcelona, en los años ochenta, durante la movida, se publicaban relatos de ese tipo.

-(L.) Un libro que escribió y tenía guardado en un cajón. Algunos cuentos son anteriores, posiblemente.

-(L.) El segundo relato, el titulado Los amores equivocados, tiene trazas autobiográficas.

--(L.) Te estimula, son relatos breves que hacen que no te aburras.

-(P. O.) Se lee fácilmente.

-(L.) Relatos recuperados.

-(P. O.) ¿O se sigue escribiendo así? Son relatos como los de la movida, de los años 80. Ahora serían políticamente incorrectos. El contexto es la época en que llega a España. Cristina Peri Rossi es deudora de esa época.

-(L.) Leí un poco y qué pereza.

-(L.) ¿Nos aporta algo?

-(P. O.) Va desvelando la hipocresía. Se centra en escenas de sexo explícito. En el del pelo (Un maldito pelo), el que lo está relatando está haciendo un "cunnilingus", se le atraviesa un pelo en la garganta y se pregunta: paro o no paro, se lo digo o no se lo digo. Se mete en el pensamiento de una persona.



-(L.) También es muy explícito el de La escala Lota. 

-(L.) Lo que hace una señora con una señora, no lo sabía...(con guasa). 

-(P. O.) Relaciones equivocadas, no van de forma sincera. En Ironside, un camionero recoge a una chica muy joven en autoestop, nunca ha subido a nadie, el personaje es tópico, machista, piensa en sus hijas mellizas, la chica le cuenta su historia, parece un hombre bondadoso. El camionero va a acceder a una petición insólita de la chica, al final la deja en un club de carretera. Al final, llama a casa y pregunta a su mujer por sus hijas, han ido a una fiesta, que vuelvan, que el mundo está lleno de hijos de puta...



En el relato titulado Los amores equivocados hay dos historias, la de él y la de ella. Ella, uruguaya como la autora, con dieciocho años se enamoró y cruzó el Atlántico para buscarlo. La había desvirgado "con sabiduría, delicadeza y sensualidad"...se lo encontró en Barcelona. Él queda atrapado en el relato, se casa con ella, la cual no hará más que contar su bonita historia de amor que él terminará creyendo. Hasta que un día invitan a cenar a un matrimonio portugués y ella cuenta la historia de otra manera, él descubre que todo era mentira.




-(L.) Dice "como la Maga, de Cortázar".

-(P. O.) Es la protagonista de Rayuela. 

-(P.O.)En De noche la lluviauna mujer conduce un día de lluvia, en una curva se encuentra con una chica y piensas que se va a cumplir lo de "la chica de la curva". No es nada de eso sino que terminan liándose las dos.

En Ne me quitte pas hay un doble plano: el psicólogo psicoanaliza al paciente mientras va pensando en el chico que le espera en casa.

La escala Lota juega con el convencionalismo: la mujer madura va siendo atrapada por la chica joven, convirtiéndose en el cazador cazado. Se repite el esquema de una persona mayor que abusa de su posición y el menor da la vuelta a la situación.



En Confesiones de escritores todo termina reducido a un postureo para ligar: "El autor iba con la periodista madura. La agente, con el joven escritor inédito".

En La Venus de Willendorf , el adulterio termina sin tragedia, divirtiéndonos: "Estaba ahí de pie, completamente desnuda y cubierta con un tapado de visón". 

Los cuentos navideños o son muy dulces o muy tristes. En Un cuento de Navidad, dos hermanas, separadas por el océano, se preguntan: "qué vamos a hacer con mamá". Al final: "¿Quién se ocupará de nuestra madre de más de noventa y cinco años cuando las dos hayamos muerto". ¡Tienen claro que la madre las va a sobrevivir!

Una vez acabado el comentario de Los amores equivocados, quedamos para el 30 de abril. Nuestra próxima aventura lectora será: Concierto barroco de Alejo Carpentier. Paloma sugiere que Pedro nos dé una pincelada del libro que vamos a leer a continuación, sin desvelar, solo para guiar. Lo cuenta: 


Los amores equivocados y Concierto barroco, juntos pero nada que ver. 

-(P.O.) Lo cuento. Concierto barroco es una novela pequeñísima. Lo que se va a contar es cómo se construyó la ópera Montezuma de Vivaldi. Alejo Carpentier, conocido por novelas como El Siglo de las Luces, reflexiona sobre la identidad americana. Ante un nuevo imperio, Norteamérica, varios autores, como Vargas Llosa, García Márquez o Miguel Ángel Asturias, se preguntan qué van a hacer para integrar lo indígena, lo español y lo negro. 

Es una doble reflexión sobre la identidad americana, con un nuevo tipo de lenguaje, "el lenguaje de la maravilla". El argumento de Montezuma es la conquista de México por Hernán Cortés. La novela quiere estudiar el conflicto de identidades, lo español y lo americano. Escrito en los años sesenta del siglo XX, plantea la necesidad de reflexionar sobre lo americano, ante la imposición de los Estados Unidos. Alejo Carpentier propone una identidad a partir de Concierto Barroco.



Pedro Ojeda nos lee el comienzo: "De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el juego de los asados; de plata los jarros fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata..."

Un lenguaje repetitivo y rítmico, como la misma música de Vivaldi. Después de la pincelada, nos despedimos hasta la próxima reunión, el 30 de abril.

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible. 

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

miércoles, 27 de marzo de 2019

"El color de los ángeles" de Eva Díaz Pérez. "Sus cuadros respiraban" .


-"Suena un ruido terrible en medio del silencio del alba"Me caí del andamio, mi cabeza se libró, gracias a Dios, pero tenía magullado el brazo derecho. No podía incorporarme y mi antigua hernia se había salido del todo. Sentía frío, miedo y dolor. Recordaba como murió un anciano, yo era un niño, en la tienda de mi padre cirujano barbero. Me quedaba un corto espacio de tiempo, unos meses, sin poder pintar, solo repasaría el gran lienzo de mi vida. 

¿Cómo me había podido caer? "Bartolomé Esteban Murillo es un hombre de más de sesenta años" . Sí, era una edad avanzada y "una quebradura vieja en la barriga" me traía por el camino de la amargura. El mismo padecimiento de aquel viejo paciente...Nada de esfuerzos, clamaba mi médico, pero decidí "rematar el detalle de la escena celestial". No podía esperar a mis ayudantes, ignorantes de la magia de los colores. Rezaba mientras ascendía, peldaño a peldaño, con la paleta, los pinceles y el "cuenquillo con el pigmento azul". Solo podía  agarrarme a la barandilla con una mano y un descuido me condujo al suelo.



Vivía esa etapa de la existencia en la que, irremediablemente, se rebobina, se echa una mirada hacia atrás, se repasa la vida. La memoria trae de vuelta los momentos brillantes y también los que quisiéramos enterrar para siempre. Incluso retornan detalles anodinos que toman, con la pátina del tiempo, un matiz nuevo e insospechado, como los colores de mis cuenquillos.



-Maestro, aquí, al principio de este libro, El color de los ángeles, en el primer capítulo, Azul de ultramar, una mujer escritora, Eva Díaz Pérez, nos presenta a un Murillo sesentón y achacoso, ante una pintura incompleta: Los desposorios místicos de Santa Catalina. Y su pensamiento toma rumbo inesperado y la memoria se la juega. "Sus cuadros respiraban". Son las primeras palabras del libro y es la mejor definición de su obra, ya ve su merced, sólo tres palabras. 


Eva Díaz Pérez y La carne de los ángeles.
Foto tomada por Yolanda Delgado en la excursión a Sevilla del Club de Lectura de Alumni UBU.

-Me parecía percibir, en lo que estaba pintando, "una extraña ánima" que volvía "rosadas las encarnaduras, como si por dentro corrieran las sangres". Presto aparté "las absurdas fantasías", llegué a percibir cambios de posturas y  gestos en mis santos. No, yo era un "hombre humilde, sencillo y comedido",  me vi obligado a sacudirme el "orgullo impropio de un cristiano". Era muy grande mi fama; pero nunca había de creerme "un dador de vida como Dios". Me decía a mí mismo: mira, Bartolomé, que el Santo Oficio afila presto sus uñas. El olor del quemadero llegaba a todos los rincones de Sevilla, yo nunca entendí el regocijo del populacho. 

Tan loca mi imaginación, cerraba los ojos y permitía a Santa Catalina tomar en sus brazos al Niño Jesús, para que María reposase. La divina madre sonreía y la carne de los ángeles se volvía más sonrosada: las mejillas, las roscas de los brazuelos, las barriguillas abombadas, los diminutos pies que pateaban las nubes. Perdí a mis niños, tan hermosos, que me servían de modelo, partieron tempranamente para otro cielo no pintado. 



Aquella terrible peste se llevó a tres, su imagen en los lienzos era mi pobre consuelo y el de mi esposa Beatriz que cada día visitaba la iglesia de Santa María la Blanca. José Felipe, hijo, si te estás quieto mientras tu padre, te pinta te daré leche con miel. Jugarás eternamente, junto a Nuestra Señora. 


Foto tomada por Yolanda Delgado en la excursión a Sevilla del Club de Lectura de Alumni UBU.

Me sacudo la fantasía y la soberbia. Suspiro y me distraigo con los olores del taller. Huele a bosque de Indias, ay Bartolomé, otra fabulación, qué te pasa hoy, cuidado. Sí, los obradores sevillanos olían a cedros de Indias, a caoba, a palisandro o a palo de Campeche. Árboles extraños que viajaron miles de leguas para ser marcos, bastidores, armarios para pinturas o arcones. Aquel "aire balsámico" que impregnaba  también el taller del maestro Juan del Castillo, cuando yo era aprendiz, oficial más tarde. Y el mío propio, cuando pasé a ser pintor "de muy celebradas escenas sagradas". "Un olor a océano y a bosques" que me llevaba mucho tiempo atrás, junto a mi maestro, aquel día en que me alabó una pincelada en la mano de la Virgen, como "propia del arcángel san Gabriel". 

Me llegó la primera fama con el encargo de los frailes del convento de San Francisco. Cansados de carne atormentada y sangrienta, muchos aplaudieron la  religiosidad amable, el "bálsamo dulce y sanador" que yo, mozo pintor, les ofrecía para alivio de un tiempo amargo. Inundaciones, peste, hambrunas y el deterioro del cauce del Guadalquivir que desviaba el comercio a Cádiz. Sevilla ya no era la capital económica del maltrecho imperio español. 


Junto al Guadalquivir.
Foto tomada por Yolanda Delgado en la excursión a Sevilla del Club de Lectura de Alumni UBU.

Resignado a no ser ni Tintoretto ni Velázquez, temía que mis cuadros no resistieran un siglo y  perecieran "en un mar de almíbares por pecar de tanta dulzura". No, no todo era almíbar ni ángeles con "piel rosada de miel", albayalde y bermellón, ay mis pequeños arrojados a la fosa de la peste. Pinté golfillos que devoraban sonrientes la fruta robada, peligrosa vida la de los niños hospicianos criados sin leche, alcahuetas, prostitutas, magdalenas, viejas que despiojan, ángeles caídos...la vida del pueblo sevillano...Una Sevilla "de sombras y luces, de plata y de muladares."


Foto tomada por Yolanda Delgado en la excursión a Sevilla del Club de Lectura de Alumni UBU.

Los colores, tan costosos, constituían mi pasión y mi pesadumbre. La cochinilla que venía de tan lejos para dar arrebol a "la carne de los ángeles" o la azurita impaciente "por ser el color del gracioso manto de Nuestra Señora. El albayalde o la ancorca de Flandes, la magia de la pintura. 



Pero mis colores envejecían,  me preguntaba de dónde había salido ese "color de bronce viejo", "una luz anciana de color cansado", como yo mismo. "Una tiniebla agazapada en mis primeras pinturas...una herrumbre, una invisible lepra que devorara el alma del lienzo". Pensaba en "el aspecto arrasado de los cuadros de los maestros del pasado", los míos también sufrirían así irremediablemente. ¿Y si hubiera cirujanos de obras de arte?



Intenté espantar los malos pensamientos y regresar al azul de Los desposorios de Santa Catalina. El día anterior había tenido la idea de mezclar el pigmento con agua del mar de Cádiz, como tantas veces hice con el agua del Guadalquivir. Era mi secreto, agua y barro como recuerdo de la ciudad en la que se había pintado. Tal vez por eso mis cuadros respiran o quizás "esa agua putrefacta y hedionda del gran río Betis, dulce y salitrosa por la cercanía del mar de Sanlúcar, sea la causa del color quebradizo que descubre ahora en todos sus lienzos". 

"El barro de Sevilla...aquel fango que era el primer olor de los cuadros".Los jóvenes aprendices recorríamos las riberas del Guadalquivir, después de la marea, para recogerlo seco y llevarlo en cestas de mimbre al obrador. En el camino bromeábamos con las mozas: "a un real la arrobaaaa". Luego tocaba aplicarlo con paciencia en las imprimaciones de cada lienzo, para tapar los poros. Oscurecía las escenas sagradas, el claroscuro que tanto gustaba para las iglesias.

No había podido dormir pensando en el azul de ultramar, el azul atlántico de Cádiz. ¿De qué color era el mar? No podía esperar, allá iba yo con el cuenquillo del azul de ultramar. Era una "mañana de frío blancoceniza del mes de enero", me frotaba las manos heladas, observaba las tonalidades del resto del cuadro y confirmaba satisfecho que los toques de luz estaban bien resueltos, gracias al albayalde. Hablaba a solas: "¡El albayalde es el pan de la pintura!",  la letanía que solía repetir a mis discípulos. Blanco con ocre para la piel curtida. Blanco con bermellón para la piel rosada de los ángeles. Corría la leyenda de que yo pintaba con sangre y leche. La piel tierna de mis hijos, los pinté nada más salir del vientre de mi bienamada Beatriz, pero también "la piel que pintara en su sueño loco" mi discípulo Rodrigo de Salazar. 

"¿Cómo pudiste traicionar mis enseñanzas? ¿No te diste cuenta de que cometías un gran pecado?" Me sorprendía a mí mismo, estaba hablando en voz alta, hablaba a un fantasma. A Rodrigo, mi discípulo preferido, que llegó a mi taller después de una infancia en la calle. Me admiraba su destreza, su exquisito cuidado impropio de sus años y su crianza. Opinaba de pintura como un maestro. 

Aquel día de la caída, me parecía estar hablando con Rodrigo sobre la dificultad de pintar en Sevilla, por el exceso de luz. Me preguntaba, las preguntas de un fantasma, si los ángeles se pintaban mejor en verano. 

-"¿Por qué me haces preguntas tan raras, hijo?
-Porque, si los pigmentos se llenan de sol, saldrá un color más dorado, más de lumbre para esas criaturas del cielo..."

¡Lumbre! Me enredaba "en las luces viscosas del pasado", "aquel mal asunto". Rodrigo que entregó un hermoso ángel al duque de la Florida y después le llegaron otros pedidos de caballeros a los que les gustaba ver la belleza en sus cámaras privadas. Había pintores que ejecutaban en secreto retratos de mujeres desnudas, mi discípulo "los hacía de mocitos galantes". "¿Cómo pudiste traicionar mis enseñanzas? ¿No te diste cuenta de que cometías un gran pecado?"

Yo también pequé, Rodrigo. Ingenuamente, pero fue un pecado. El duque me encargó "ángeles mancebos". Quería ver en su alcoba mi "divina carne de ángeles". Ángeles que custodiaran su cama. Accedí. Durmieron muchos años "ocultos en un arcón".
"Pero ¿y si ahora que está tan cercana su muerte se descubren?"

"A mi hijo Gaspar Esteban, canónigo de la catedral, no gustaría de esos ángeles pintados por su padre en los que hay algo tan extraño."

 Estaba tan distraído que olvidé que había dejado "el cuenco con la pintura azul junto al pie derecho". Tropecé y perdí el equilibrio, mi torpeza de hombre viejo, no pude agarrarme a tiempo. Mientras caía pensaba que los ángeles del cuadro de los Desposorios y todos mis ángeles pintados saldrían de sus lienzos y me recogerían suavemente "en un manto de nubes de gloria". 



La carne de mis ángeles. No todo fue almíbar y miel en mis cuadros, ni en mi vida. Los que contempláis mis cuadros, son ya cuatro siglos, juzgaréis. Mis cuadros respiran, viven. 

-Así soñé a Bartolomé Esteban Murillo, después de leer El color de los ángeles de Eva Díaz Pérez. Un libro agradable, bien documentado, el lector sabe distinguir lo que es historia de lo que es una recreación con contenido histórico. Es una novela para buscar los cuadros citados, ahora es fácil, con un móvil o un ordenador. Aunque nada como verlos realmente. El Cuarto Centenario ha sido una gran oportunidad para dar un paso en la tarea de descifrar el enigma Murillo. ¿Cómo era de verdad Bartolomé Esteban Murillo? 

Me hubiera gustado viajar a Sevilla, con el Club de Lectura Presencial de La Acequia y Alumni UBU que organizó una excursión que, me cuentan, fue un gran éxito. Mis circunstancias familiares me lo impidieron. Gracias al profesor Pedro Ojeda y a Alumni UBU por haberla organizado y llevado a cabo. Otra vez será. 



Foto tomada por Yolanda Delgado en la excursión a Sevilla del Club de Lectura de Alumni UBU.
Myriam Goldenberg, Pedro Ojeda, el guía y Eva Díaz pérez. 

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Gracias a Yolanda Delgado por la cortesía de enviarme sus fotos. 

Palabras en rojo tomadas directamente de El color de los ángeles, Eva Díaz Pérez, editorial Planeta. 

lunes, 11 de febrero de 2019

"Cuaderno de vacaciones" de Luis Alberto de Cuenca: alba milagrosa en la Caverna.


Mi sobrina me acompañó a comprar Cuaderno de vacaciones de Luis Alberto de Cuenca. 


Comentario en torno al libro de poemas Cuaderno de Vacaciones de Luis Alberto de Cuenca, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.


Luis Alberto de Cuenca da rienda suelta a lo que anida en su interior y es "un acto de liberación no exento de alegría". Y lo que anida puede ser una "Plegaria de la buena muerte", un "Tengo miedo" o una "Caverna perpetua"

"Hacer versos es una fiesta" siempre, ya sea en torno a un vestido nuevo, un "Ensueño celta", algo de Ágatha Christie, un himno a la Gran Diosa, "Tewp y Gärensen", quiénes serán esos, las runas sacras, la Movida madrileña, el profeta Amós, la mujer amada o a saber. Lo mismo puede ser Lee Miller en la bañera de Hitler que un dinosaurio sobre una colcha de ositos azules. Lo normal en unas vacaciones. El lector no adivina qué referencia, y de qué calado, se le va a cruzar en el verso siguiente. Todo lo fusiona, todo adquiere sentido en  Luis Alberto de Cuenca, con su "proverbial jeta". No en vano es el autor del "Hola mi amor, yo soy el lobo". Y de un inmenso trabajo de investigación filológica. 

Cuaderno de Vacaciones, el "Vacaciones Santillana" de un humanista que no sabe hablarnos directamente de la vida si no la pasa por el tamiz de la cultura, la más elevada o la más cotidiana, cultura siempre, que él no admite distinciones. Reúne ochenta y cinco poemas, de 2009 a 2012, fruto de su manía de trabajar en los meses de agosto, como un escolar aplicado, en los veraneos con Alicia, su mujer; que no la Alicia del otro lado del espejo, aunque también. 



El poeta en períodos de holganza se ejercita en "un alborozo íntimo, y a la vez, expansivo". 

¿Alborozo? 

"Sueño del alba milagrosa" "acunado por el amanecer", el de "la memoria de tus ojos al despertar", "de esos ojos iniciándose/en la fiesta del mundo, en la alegría/de existir" o el de "la infancia como antorcha en el subterráneo" "en mis victoriosas mañanas, tantos años después, y alumbra la noche oscura de mi alma". Alborozo platónico. Brindis vitalista, dicen. 

Unas victorias pasajeras porque  la muerte no está lejos y le hace carantoñas y vive, vivimos, en una "caverna perpetua""persiguiendo inútilmente la fuente primordial, donde confluyen todos los hilos de agua del recuerdo".  La fe está oxidada y la esperanza anonada, "duro es vivir sin dioses ni diosas" . La vida es "un desvaído infierno sin colores y sin formas" "donde la angustia, donde la ansiedad". "¡Ah de la vida!" 



Los poemas se sitúan en un territorio cada vez más sombrío, "en las profundidades de mí mismo/donde la angustia, donde la ansiedad."¿Para qué la voz del poeta? ¿Para amargarse y amargarnos? No, aquí tenemos las claves: 

"El objeto de la literatura 
no es inventar enigmas para iniciados cursis.
Su meta es reflejar los anhelos, angustias
y emociones reales de la especie
en un espejo imaginario.
Y hacerlo de la forma más nítida posible."

Una poesía que sea espejo del alma humana y algo más: 

"Y su voz no ha de ser solamente memoria, 
sino también columna en que se asiente 
la condición humana, fundamento 
que alivie su temor al vacío, mitigue 
su angustia y vierta luces 
en su noche perpetua. "

Poesía que alivia, mitiga e ilumina. Poesía medicina y poesía conocimiento. La "Cucharada" será así menos amarga. Y un poco más dulce si nos entregamos a los clásicos:

"Los clásicos ayudan a vivir,
y a morir, y a olvidar nuestras miserias,
y a no perdernos por el laberinto 
sin Teseo ni Ariadna que es el mundo."

Del verano de 2009, me ganó su "Tengo miedo", el que dedicó a Neruda y a mí se me cruzó con Gustavo Adolfo Bécquer. 

TENGO MIEDO. 
Homenaje a Pablo Neruda

Tengo miedo. El pasillo de mi casa me aterra.
Los muebles y los libros de mi cuarto se mueven.
Debajo de mi cama los diablos piden guerra,
lo desbaratan todo y con todo se atreven.

Tengo miedo. La voz lúgubre de la noche
resuena en mis oídos diciéndome: "Soy yo,
he venido a colgar de tu alma este broche
que me dio para ti la mujer que te amó."

Está hecho de dolor y de horror primigenio,
es un monstruo de fauces perpetuamente abiertas
que te engulle el espíritu, milenio tras milenio,
y sella para siempre con pez todas tus puertas."

Tengo miedo. No sé qué pensar ni decir,
ni como defenderme de tanta oscuridad.
¡Quiero olvidarlo todo y tan solo dormir,
sin que nada ni nadie turbe mi soledad!

Tengo miedo. El fantasma de la muerta regresa
del más allá, y penetra en mi lecho maldito,
y me lleva con ella al fondo de la huesa,
convirtiéndome en víctima de un pavoroso rito.

 "Tengo miedo". Será el viento-digo; y pongo la mano sobre el corazón para tranquilizarme. Pero mi corazón late cada vez con más violencia. Las puertas crujen sobre sus goznes, "con un chirrido agudo, prolongado y estridente". "El pasillo de mi casa me aterra". "Debajo de mi cama los diablos piden guerra"..."lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi no se sienten".

"Tengo miedo. La voz lúgubre de la noche/ resuena en mis oídos diciéndome: Soy yo, /he venido a colgar de tu alma este broche /que me dio para ti la mujer que te amó." ¿La mujer? ¿Un broche? ¿No era una cinta azul la que Alonso fue a buscar al Monte de las Ánimas? ¿No soy acaso Beatriz? Alguien ha dado la vuelta a la leyenda. 



"Está hecho de dolor y de horror primigenio". Es el monstruo que todo lo engulle y todo lo sella, el que todos los de la caverna tememos. "Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando, dilatándose, las fijaba en un punto, nada; oscuridad, las sombras impenetrables." "Tengo miedo. No sé qué pensar ni decir, /ni como defenderme de tanta oscuridad". 

"Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma". "¡Quiero olvidarlo todo y tan solo dormir,/sin que nada ni nadie turbe mi soledad!"

"y me lleva con ella al fondo de la huesa, /convirtiéndome en víctima de un pavoroso rito. "
"...la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca, blancos los labios, rígidos los miembros: muerta, ¡muerta de horror!"


Hay una mujer muerta, novia de juventud, en la vida y en todos los poemarios de Luis Alberto de Cuenca. La poesía mitiga la angustia, alivia expresar nuestros miedos, los fantasmas de nuestro cerebro, en un "espejo imaginario". "El fantasma de la muerta" penetra en el lecho y le lleva "al fondo de la huesa" para convertirlo en víctima de un pavoroso rito. Huesa, podía haber dicho sepultura, pero huesa da más miedo...todavía. El pavoroso rito, pavor da más miedo que el miedo. Ahora me  parece oír a Dorotea con Juan Preciado, platicando bajo tierra. ¿Empacho literario?

En Cuaderno de vacaciones cabe una pesadilla terrorífica, en vacaciones también hay lugar para "el monstruo de fauces perpetuamente abiertas". ¿Y qué decía el "Tengo miedo" de Neruda? 


"Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto."
...
Todos tenemos miedo, pero los poetas lo condimentan con la belleza de la palabra. Alivian, mitigan, iluminan. "Alba milagrosa" en la "Caverna perpetua" de nuestra vida. 

Le pido disculpas a Luis Alberto de Cuenca por cruzar su poema con la leyenda becqueriana. Los lectores somos niños juguetones con los libros. 

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino




Palabras en rojo tomadas directamente de Cuaderno de vacaciones de Luis Alberto de Cuenca, colección Visor de Poesía, Visor Libros, cuarta edición, marzo 2017.

El Monte de las Ánimas, leyenda de Gustavo Adolfo, Bécquer. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 

Una ayudita: 

https://laacequia.blogspot.com/search/label/Luis%20Alberto%20de%20Cuenca

https://www.ritmos21.com/12697/cuaderno-de-vacaciones-de-luis-alberto-de-cuenca-.html

Pequeña crónica en torno a nuestra reunión, comentamos "Cuaderno de vacaciones" de Luis Alberto de Cuenca.



Pequeña crónica de nuestra reunión en torno al poemario Cuaderno de vacaciones de Luis Alberto de Cuenca. 

El invierno seguía en la ventana, el árbol desnudo. 

El martes, 5 de febrero, a las cuatro y cuarto de la tarde, en el Seminario 119 de la Facultad de Humanidades, en la UBU, el Club de Lectura presencial de La Acequia y Alumni UBU,  dirigido por Pedro Ojeda Escudero, vivió una animada reunión, en torno a Cuaderno de vacaciones de Luis Alberto de Cuenca. 

Comienza nuestro profesor: 

-(P.O.) Diréis que la poesía es difícil, que no me gusta. De Luis Alberto de Cuenca tenemos la referencia de la movida, las letras de la Orquesta Mondragón. Es persona muy agradable, muy correcto, muy educado. Investigador de clásicos, en Cuaderno de vacaciones, realiza un recorrido cultural desde lo más elevado a lo más cotidiano. Es un producto de la movida, de los movimientos culturales de la postmodernidad, en que valía igual un cómic que un autor latino. Hay una transformación del canon, de la cultura. Algunos se quedaron en las cuestiones de pop. 

Luis Alberto de Cuenca es alguien con una gran formación. Lo cuenta él mismo, lo escribió a retazos en verano. No tiene más unidad que eso. Podéis apuntar las referencias...muchísimas. Fue Premio Nacional de Poesía en 2015.



¿Qué os ha sorprendido? ¿Qué os ha gustado?

-(L.) Se va a unas cosas y a otras, no he entrado.

-(L.) No hay mucho que entender, es muy claro.

-(L.) Y se agradece.

-(L.) Yo sólo había leído El desayuno que es muy popular, cayó en Selectividad. Es muy cotidiano, muy sensual, muy amoroso.

-(L.) Es muy pesimista.

-(L.) Habla mucho de la muerte.

-(L.) De la vejez.

-(L.) No parece el mismo de El desayuno: "Me gustas cuando...voy a empezar contigo el desayuno."

-(L.) Iba a pedir que lo leyera Pedro Ojeda.


Mis apuntes 

-(P.O.) Hombre cultísimo, cuando se decanta por la modernidad tiene que desaprender. En un juego de referencias clásicas, pone en un mismo nivel un mito grecolatino y Superman. Invierte los tópicos, así en "El desayuno" es ella la que va a desayunarse. En "Hola mi amor soy yo tu lobo" hay una inversión del cuento de Caperucita. Detrás de ese mito, un mito más amplio: el de la Bella y la Bestia, a su vez basado en los mitos clásicos de Polifemo y Galatea. Juega con grandes cuestiones culturales. Deconstruye la cultura, la elabora de otra manera, mezclando expresiones muy coloquiales con palabras latinas.



Ha construido una forma de escribir reconocible, de lo más reconocible. Juega con las expectativas del lector, poca gente escribe como Luis Alberto de Cuenca. Luego nos gusta más o menos, nos interesa más o menos. Habla de la muerte y se le nota la edad, su decadencia. Los poemas de amor a Alicia, su mujer, nos sorprenden con su visión tan directa, tan sincera. El primer poema es el mito de Venus. También incluye un poema de la movida, pasa factura. 

-(L.) Luego vuelves a leer El desayuno...

-(L.) Me gusta la mezcla, sus viajes por el tiempo, dio un beso a Teodora de Bizancio cuando era una stripper.

-(L.) El Lacoste con el cuello levantado que nunca llevó Rita, qué vulgaridad más grande.

-(L.) Hay una mujer muerta, novia de juventud.

-(P.O.) Sale en todos sus libros de poesía.



-(L.) Un poco pedante, hace alarde...

-(P.O.) Es culturalismo, todo muy elevado, lo llaman transculturalismo. 

-(L.) Lo que hacen son citas, no referencias culturales.

-(P.O.) Sus críticos no le aguantan, los que no le aguantan señalan especialmente los de amor.

Hay poemas que parecen pura prosa pero están medidos. 

-(Lector Paco Cuesta) Leo "La luna llena". 

Así lo hago yo. Nada que ver con como lo lee Pedro.


-(P.O.) Poesía de la experiencia creada por Luis García Montero. Es la parte cultista de la poesía de la experiencia. escribir como si se habla, ocultar la poesía, trabajar la medida para que ni siquiera la medida parezca poesía.

"Cuando la dulce niña se desnuda..." lee Pedro Ojeda.


-(P.O.) Han dado lugar a sus imitadores que no tienen ni idea, escriben como si fuera prosa, jugando contra la poesía excesivamente musicalizada.

Pedro Ojeda lee: "La otra noche, después de la Movida". 




Se está decantando por el prosaísmo. Goethe-Movida-Orlando. Es un juego retórico, una mezcla de clasicismo con cotidianidad. Escribir con este ritmo sin ritmo muy difícil: 

"Fue un tiempo mitológico, arquetípico, insano,
en el que se cruzaban los puentes que seaparan
la tediosa razón de la alegre demencia
como si fuesen sólidas pasarelas de mármol
y no hubiese feroces cocodrilos abajo."

Eran los "postmodernos", algo que va a ser pasajero: "a poco que bajemos la guardia, nos va a borrar la bofia de un plumazo."

-(L.) Se entiende, es muy asequible.

-(L.) Cuando está leyendo Pedro, lo he estado oyendo con los ojos cerrados, como música.

-(L.) El psicoanálisis de los cuentos de hadas, un librito muy viejo que hablaba del significado de los cuentos, creo que no era el de Bruno Bettelheim.

-(P.O.) Es aquello de "Érase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos". Dar la vuelta al cuento. A Caperucita le gusta el lobo.

-(L.) El que comienza "Cuando la dulce niña se desnuda" me molesta como mujer. A algunas amigas, también. Caperucita es una niña.



-(L.) A mí me ha gustado "Tengo miedo" que es para mí El monte de las ánimas de Bécquer. Lo dedica a Neruda pero se me cruzó Bécquer.

(P.O.) Escribe "Cinco haikus" porque Alicia los escribe. El haiku es más complicado de lo que parece. 

"Estás tan cerca
que he borrado tus huellas
con mi silencio."

En ningún momento nos habla de la vida. Ve la vida transformada por cultura. Mete un cuento, un libro, nunca va a hablarnos de nada directamente, es una marca de estilo, un juego culturalista.

Leo El desayuno . La mujer toma la parte activa, inversión del tópico.

Pedro Ojeda se despide, tiene que ir a dar una clase. Se nos ha hecho muy corto. La próxima reunión será en Sevilla y con el pintor Murillo. 

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible. 

Ahora falta la entrada con mi comentario individual, la estoy rehaciendo, después de un accidentillo informático. ¡Cuidado si os ofrecen "restaurar"! 

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino