miércoles, 16 de abril de 2014

Aitana lee "La tortuga 427"

Así estaba el Parral el día 8 de abril de 2014, camino de la lectura colectiva presencial, a las cuatro de la tarde.¿Recordáis?

Comentario dialogado del cuento "La tortuga 427", del libro "Rosa-Fría, patinadora de la luna". Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

-Aitana, ¿leemos el cuento “La tortuga 427”?

-Sí, me gustan las tortugas. Tita, ¿te acuerdas las que vimos en Madrid?

-¿Las de la estación de Atocha?

-Sí, cerca del tren, en un jardín con palmeras y lluvia, al lado de las escaleras que se mueven.


-Pues la 427 era una tortuga tan viejecita que vivió con Noé. ¿Sabes quién era Noé?

-Sí. El que metió a todos los animales juntos porque llovía mucho. Lo vi en una peli de dibujos.



-Verás, dicen que Noé vivió hace más de tres mil años, en un lugar entre  dos ríos que se llaman Tigris y Éufrates. 

-¿Y es verdad que metió a todos los bichos en un barco? ¿Y no se hundió el barco?

-Los libros importantes, la Biblia y el Corán, nos cuentan la historia de Noé. Y también el poema del Gilgamesh que tiene muchos más años, tantos que se escribió en una tablilla de barro, mira aquí la tienes en el ordenador.



Nos hablan de un arca, una nave completamente cerrada. Tienes razón, no hay barco que pueda con tanto peso.



Pero, en el cuento, Noé y los animales viajaron en una ballena porque la madera se mojó y los toneleros no pudieron construir un arca. 

-¿Se los tragó la ballena?

-No, no confundas a Noé con Jonás. Se metieron en la ballena porque quisieron. Y la tortuga 427 fue muy importante.



-¿Y eso es verdad?

-Ni verdad ni mentira, es un cuento. Y ya te dije que en los cuentos todo es posible. Vamos a leerlo entre las dos, me han dicho que lees muy bien. 

Leemos el cuento turnándonos. Al día siguiente, coge el cuento. No lo abre y me dice.

-¡Pobre tortuga 427! 

-¿Por qué?

-Porque fue una valiente y muy lista, salvó a todos. Y acabó en  una alcantarilla.

- ¿Te acuerdas?

-Pregúntame.

¿Dónde estaba la tortuguita al principio del cuento?

-Tomaba el "five o'clock tea" como dice mi profe de inglés. No , no lo tomaba. Pero estaba en un sitio donde lo tomaban. A ella le gustaba más una hojita de lechuga pero va la tonta de la camarera y le pregunta si quiere pasteles o sandwichs. 


-Y como tenía el número 427 en el caparazón, le trae 427 pasteles y 427 vasos de agua y 427 servilletas. ¡Qué risa! 

- La tortuga solo quería hierba.

-Y se cree que el gorro verde de una chica es hierba...Pidió lechuga, cucarachas. No la oían. Guardó la cabecita en su concha.

-¡Nunca había oído música! Solo la canción de Noé. Y la gente hablaba, hablaba, muy alto, muy alto. ¡Pobre 427! 

-¿Cómo era Noé?

-Olía a berrañas y a cabra. Y no se lavaba. No sabía lo que era la lluvia. Le cayeron las gotas de agua y no entendía. 



-La tortuga estaba con Noé.

-Sí, porque iban a matarla para hacer un peine con su casita. 

-Pero entonces, llega uno de sus criados y le dice "llueve".

-Nadie habla, solo la tortuguita habla y le dice. "Padre...esto es el diluvio". 

-¡El diluvio! Recuerda que alguien le había hablado de que debía evitar algo. ¡Era el diluvio!

-Llamó a los animales. ¡Hijas! ¡Hijos! Tenían que subir al montecito. Noé estaba contento, le gustaban las gotas. Y cantaba a las nubes la canción: "cúcuru en pino".



-Lo leo: "Cúcuru en pino, y debajo del cúcuru un méeee". Ay, Aitana, me parece que Noé había tomado demasiado zumo de las uvas de su viña.

-Y "con el tínguili, tínguili, tínguili". ¡Qué gracioso ese Noé!

-¿Qué animales entraban? ¿Te acuerdas?

-Cabras, borregos, terneras, panteras, bisontes, palomas, gallos, avestruces, de todo. La tortuga se estaba ahogando, pero nadie la oía y pasaban por encima. Y Noé con el tínguili, tínguili, tínguili.

-El valle se hundió bajo el agua del mar y la del río. Se llenaban los pozos y las cavernas. Los pájaros caían al agua muertos de cansancio. Se apagaban las luces de las casas y se encendían los relámpagos. Un enorme vaho, un gran mugido cruzaba el cielo. Los toneleros de Dios volcaban sus toneles. La Tortuga dijo a Noé que había que hacer un arca.



-No, no podían, tita, la madera estaba mojada. La Tortuga le dijo que las ballenas flotaban. Y Noé mandó que trajeran una ballena. Pasó por allí una ballena libre y Noé le pidió que los llevara, pero dentro. Todo era agua.

-Entraron todos los animales, de dos en dos, de tres en tres. Cuando la tortuga quiso entrar...


Dibujo de Alberti

-...la ballena ya había cerrado la boca. La Tortuga subió al lomo, se asomaba a los agujeros y oía la canción del tínguili, tínguili, tínguili. Todos la cantaban. Solo ella sabía lo que pasaba fuera. ¡Qué miedo! ¡Cuánta agua! 



-El día 21 apareció el Sol con arcos de colores. 

-¡El arco iris! ¡El que sale cuando llueve y hace sol!



Foto de Julio Plaza del Olmo

-El día 31, una paloma salió para buscar los palomares muertos. El día 39, la Tortuga les gritó que ya podían salir, que ya no llovía. El día 40 soltaron otra paloma que tampoco volvió. Y fue la Tortuga la que con una hoja de perejil en la boca...




-...dijo a Noé que podían salir. Y salieron todos. Había mucho barro, pero estaban muy contentos, con el tínguili, tínguili, tínguili. Leones, caballos, vacas, todos con el tínguili de Noé.

-Noé se puso de rodillas. Sus hijos le limpiaron un poco y se marcharon cada uno por un lado. Noé se quedó solo. Sus hijos se alejaban cantando: "Cúcuru en pino y debajo del cúcuru un méee".

-No estaba solo, tita. La Tortuga y la Ballena estaban con él. Gritaban: padre Noé, eh padre Noé. Nada, ni caso. Se miraban con mucha pena y se fueron.

-¿Por qué tenían tanta pena?

-Porque esperaban que Noé les diera un premio por haber salvado a todos los bichos y a todas las personas.

-Les dolía la ingratitud, Aitana. Cuando haces algo por los demás esperas que lo reconozcan.

-Bueno, hicieron el bien y ya vale.¿No?

-Sí, cariño, es suficiente. 

-La Tortuga estaba en el salón de té, la camarera le puso 427 pasteles, 427 vasos de agua y 427 servilletas. La pisaron. Un perro la lamió. No quería que la mirasen. Se sentía mal.

-Veía 427 bocas que se reían, 427 bocas que comían. Se sentía pequeña, tonta, solo era una tortuga más, por culpa del ingrato Noé. Era la 427 que amaestró un señor despistado que la dejó allí olvidada.

-No era una más, era la que salvó a todos, tita.

-Tienes razón, aunque  la empujaran a la calle. Aunque  le dieran un puntapié y acabara en una alcantarilla.

-Igual la tortuga prefiere una alcantarilla a un sitio donde tomar té.

-Tienes razón. 

-¿Y si la llevan a Atocha que allí llevan a las tortugas abandonadas?

-Es un idea. En el Jardín Botánico sería feliz.

Otro día, leeremos otro cuento de este libro, Aitana. Y lo comentaremos, lo podrás leer en el blog. 



Besos para Aitana y para todos los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino


domingo, 13 de abril de 2014

Los jicarazos de don Torcuato porque "todo el mundo tiene ganas de matar a alguien"



Digresión químico pedagógica. Exposición IES "Diego Porcelos".

Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

"Tampoco eran deleznables sus saberes de química, y corría la voz de que en el sótano de su casa escondía un laboratorio clandestino en el que obtenía sutiles e indetectables venenos: como que, cuando los de Villasanta de la Estrella dieron jicarazo a un arzobispo liberal, despacharon a Castroforte una comisión secreta para que obtuviera de don Torcuato el bebedizo…Esto fue...después de haberse corrido la fama de que la mujer de don Torcuato había sido enviada al otro mundo mediante una sencilla taza de café con leche. Los que suponen que la fortuna de don Torcuato procedió de la industria clandestina de venenos...le atribuyen la idea de que todo el mundo tiene ganas de matar a alguien y de que siempre hay alguien que le quiere matar a uno, lo cual, comercialmente explotado, puede producir en un período de tiempo relativamente corto un número de muertes cuyo cálculo resulta en apariencia arduo...doña Mercedes Fandiño mató a su amante para, sobre su cuerpo muerto, reconciliarse con su marido; don Armando Valeiras se deshizo limpiamente de su hijo con el mismo veneno que éste  tenía preparado para enviarle al otro mundo y heredarle; la octogenaria Micaela Vizoso, ya que sus fieles criados Fermin y Pepa no la precedían en el uso de la muerte, forzó el Destino y les pagó un entierro de primera; la señorita Piluca Cerdido...dio el pasaporte definitivo a su novio Carlitos porque la quería demasiado y era una lata; el sereno nocturno Celedonio Dacuña Prego envió al otro barrio a su colega Cresconio Dapena Dorrego...porque había luna aquella noche y Cresconio no se había dado cuenta, Celedonio le invitó a un carajillo y..."

(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)


Mis saberes de química sí son deleznables, se sitúan a nivel de crucigramas y se basan en aquellos rudimentos de la tabla periódica que me enseñó en el "Mendoza" cierta profesora cuya esquela pude leer recientemente en el "Diario de Burgos", últimamente tropiezo con las esquelas de mis viejos profesores; era la  Física-Química elemental que cursé nada más comenzar los setenta, cuando el dictador no había padecido ni siquiera la flebitis.  Y don Torcuato, no, don Torcuato no tenía flebitis, solo padecía de rijosidad, enfermedad que el Generalísimo no padeció en su vida, que lo suyo, lo de don Torcuato, eran los venenos, los cuales obtenía auxiliado por sus nada deleznables saberes de Química. De los saberes de Química de don Francisco no sabemos nada, ni falta que hace.



Los de Villasanta de la Estrella obtuvieron en secreto el bebedizo de don Torcuato para despachar a un arzobispo liberal, menudo jicarazo le dieron. Jicarazo viene de jícara, una vasija pequeña para beber, sobre todo chocolate. ¿Chocolate? Me voy a tomar uno bien espesito y con churros, que un día es un día y las calorías no cuentan. 

Porque, aprovechando que el río Vena pasa por mi barrio,  he de celebrar que tras un arduo recorrido por las  librerías en busca de "Rosa Fría, patinadora de la luna", aterrizo en la Casa de Cultura, la de San Lesmes, la que inauguró el popular ministro Wert. Y allí tecleo en el ordenador a ver si hay suerte. ¡Lo tienen! ¿Cómo es que no está en su correspondiente estantería? 



Extrañada, me dirijo al mostrador y expongo el problema, la bibliotecaria teclea, apunta un número en un misterioso papelillo que me entrega al mismo tiempo de indicarme que vaya al piso de arriba, que allí me lo darán. Pero, cielos, descubro que no llevo encima la tarjeta de lectura. Así que me resigno a recorrer la  distancia que separa mi casa de la biblioteca. Atravieso el puente del río Vena, la Confederación Hidrográfica del Duero me indica el caudal del citado río, entre otros datos de interés. 


Digresión fluvial. Río Vena

En unos minutos, estoy de vuelta con la tarjetita verde en la mano. Ahora sí, ahora me dirijo a la segunda planta, muestro el el papelillo de antes y la bibliotecaria correspondiente desaparece en busca del libro, guardado, al parecer,  donde el público no puede acceder, no sé el motivo, tal vez les falte espacio. Me entrega un ejemplar de Austral algo deteriorado y me anuncia que he de devolverlo el día 21, allí mismo. ¡Bien! Lo guardo en mi bolso y tomo el camino de la chocolatería. En tan dulce compañía , leo el primer cuento: "Rosa Fría, patinadora de la luna". Me siento como una niña, patino sobre la luna y , para reponer fuerzas, unas cucharaditas de chocolate vienen bien. 


Digresión chocolatera con churros tubulares.

Pero no está envenenado como el café con leche que envió al otro barrio a la esposa de don Torcuato, al cual atribuyen la idea de que todo el mundo tiene la idea de matar a alguien y de que siempre hay alguien que le quiere matar a uno. Hombre, matar matar, no; pero...siempre hay alguien que...En fin, qué os voy a contar. 

Bueno, el caso es que las muertes se multiplicaron en Castroforte: la esposa al amante, el padre al hijo con ganas de heredar, la octogenaria a los criados sospechosos, la señorita al novio latoso, el sereno a otro sereno una noche de luna.

De todo eso se acusó a Torcuato en Villasanta; aunque ya se sabe lo que podemos fiar de los documentos villasantinos, capaces de negarle la antigüedad al mismísimo cuerpo de Santa Lilaila de Éfeso. Pero don Torcuato siguió con el Sistema Tubular, qué culto fervoroso el suyo al Vaso Idóneo, y los tubos llegaban al sótano. 

Y yo sigo con el chocolate y los churros tubulares. No sé qué me han echado en la taza. A mi lado, está sentado un señor de aspecto decimonónico. Y oigo a la camarera que dice "las vueltas, don Torcuato". ¿Ha dicho Torcuato? Como escarpias, oiga. 

Pedro Ojeda escribió: María Ángeles Merino  había decidido leer a sorbos "La Saga/Fuga de J.B.". Lo he cumplido al pie de la letra.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


miércoles, 9 de abril de 2014

Aitana, mi "patinadora de la luna".



Comentario en forma dialogada del cuento "Rosa-Fría, patinadora de la luna" de María Teresa León, colección Austral nº 1596, autorizada en 1934 por María Teresa León y Rafael Alberti, editorial Espasa Calpe, Madrid 1975.

Aitana, mi sobrina chica, habla con Paola, mi sobrina grande. La pequeña ha tenido un bonito sueño. Así lo cuenta:


-Tita, he soñado con la patinadora.

-¿Con la patinadora?

-Sí, con la del cuento, la que patinaba en la luna. 

-¿"Rosa Fría, patinadora de la luna? ¿Te gustó el cuento?

-Sí, pero la patinadora era Aitana, yo. Oí un toc toc y entró por la ventana de mi cuarto una vaca muy bonita, más que la que vimos en  la juguetería. ¿Te acuerdas de la vaca rosa?


-¿Y volaba?

-Sí, volaba porque tenía alas. Era azul con manchas rojas y unos cuernos pequeñitos que parecían de oro. Mira, voy a dibujarla.


-¡Qué bien te acuerdas! ¿Y qué te dijo la vaquita?

-Que había nevado en la luna y que en la luna había montones de helado de fresa.



-¿De fresa? ¿No eran de limón?

-No, que a mí los sorbetes de limón no me gustan. Era helado y de fresa. Que no soy Rosa Fría, que soy Aitaaaaana.



-Un nombre que le gustaba mucho a María Teresa León, la señora que escribió el cuento, su hija se llama como tú. ¿Y subisteis a la luna?

-Sí, la vaca me metió por la chimenea y llegamos enseguida. Y la Luna me hablaba.



-¿Qué te dijo?

-Que yo era una patinadora de las mejores. Y  había organizado para mí una carrera. Y que estaban invitadas todas las estrellas que juegan a hacer dibujos en el cielo: un león, un cangrejo, unos niños gemelos, un toro, una cabra, dos peces...

-Sí, las constelaciones del Zodiaco.



 -Y las del carro que sacan a paseo  a la estrella que nos dice el camino cuando nos perdemos.

-¿Las de la Osa Mayor paseando a la Polar? 

-Sí y esas que se apagan enseguida. Y pides un deseo deprisa, deprisa.

-¿Estrellas fugaces?



-Sí. Y había mucha nieve.

-¿Nieve en la luna?

-Sí y los Polos trajeron  nieve de la Tierra, el de arriba y el de abajo. El gorro blanco y los zapatitos blancos.

-¿ Polo Norte y Polo sur?




-Sí, como dice mi seño. Y los cometas llevaron la nieve en sus colas que brillaban mucho.

-¿Y quiénes patinaban contigo? 

-El Humo de los trenes y el de las fábricas y el de los caballos y los toros.



-¿Humo de los caballos y de los toros?

-Sí,  el que les sale por las narices.


Caballos en una playa de Estepona, así los ve Aitana.

-¿Y quién más?

-¡Uy! Muchos. Los ladridos de los perros.

-¿Patinaban los perros? 



-No, solo patinaban sus guau guau. Y los ay ay ay de las personas tristes. Y las miradas de los niños  que lloran cuando se les escapa el globo. Y  abetos que patinaban en el hielo.

Dibujo de Rafael Alberti

-Mira cómo los dibujó Rafael Alberti, un poeta que también dibujaba. Se casó con María Teresa León y tuvieron una niña, Aitana Alberti.



-Yo temblaba, todos eran más rápidos que yo. Y vinieron a decírmelo, para hacerme rabiar. Aitana, yo corro más que tú, me dijo el humo del tren. Y el  de los bueyes y caballos, qué risa.

-¿Por qué? 


-Porque llegaron montados en un tiovivo, con una señorita con muchos lazos que preguntaba la hora y se parecía a una de mi colegio. 


-Y los ay ay ay decían que les dejara ganar, que estaban muy tristes. 


-¿Y el humo rojo de las fábricas se enfadó con la Luna, verdad? Porque pensaba que habíais empezado sin él. 


-Sí y a mí... que me iba a quedar sin pulmones. 




-Íbamos a comenzar. La Luna se había puesto un poco triste por los amigos que iban a morir en ella.

-Te lo leo: "Todo llega a la Luna y todo allí se calla definitivamente".  Deja las cosas tristes y cuéntame la carrera. 


-Es que empezó a venir mucha gente a verme y yo ya no quería patinar. Estrellas y más estrellas, quería irme. Hasta los pinos se ponían de puntillas para verme. Llamé a la vaca y le dije que no podía patinar, que me había hecho daño en un pie y me dolía mucho.


-¡Qué mentirosilla! 


-Se asustaron y llamaron a las morsas médicos. Llegaron en un trineo con unos colmillos muy largos, muy largos. Miraron mi pie, no veían nada, claro.


 Y la Luna muy preocupada llamó a los renos. Eran como los de Papa Noel pero con delantales y guantes de goma. Hablaban entre ellos algo que yo no entendía. Al final, dijeron "no tiene nada". 

-Te iban a pillar la mentira.

-Sí y por eso grité: ¡Ay, que se me ha metido un copo de nieve en el ojo!





-La Luna llamó a la Aurora Boreal que me curó con agua que sacó del pico de unos pájaros. Me acarició y dijo que no era nada.



 La Luna estaba enfadada porque el público no quería esperar tanto. Y yo pedí más ayuda.

-¿A quién?


-Al viento para que despertara a los abetos. Los abetos empezaron a subir de la tierra y se colocaron a los lados de la pista. Después, le dije al viento que llamara a los lobos...Y pedí a la vaquita voladora que me trajera el espejo. Ahora sí me atrevía a patinar.


-Venga, cuéntame lo de la carrera, que estoy impaciente.

-La Luna movió los cuernos y nos juntó a los patinadores. Me daban risa los Suspiros que iban de rosa. Dieron la señal y todos corríamos. 





-Sigue, sigue.

-Me iban a ganar. El ladrido de los perros y las miradas a los globos perdidos iban por delante. Mi falda y mi bufanda pasaban por encima de los cráteres. Subía por las pendientes y no podía más. Tiré mi espejo en la nieve.


Pero los abetos quisieron ayudarme, extendieron sus brazos y muchos patinadores se engancharon en las ramas: el humo de las fábricas, de los trenes y de los caballos. Los lobos se asomaron, los ladridos y las miradas a los globos se quedaron quietos, quietos. ¡Los abetos y los lobos eran mis amigos!


Los Suspiros seguían subiendo la cuesta pero tropezaron con ni espejo y, como son tan presumidos, se pusieron a mirarse a ver qué tal les quedaba la faldita rosa.


Y llegué a la meta, empujada por el viento amigo mío. Una constelación muy guapa me dio la Copa. La luna me regaló un collar de piedras de la suyas. Y las estrellas, entradas para el cine. ¡Era la ganadora!




Estaba muy contenta pero muy feliz y le pedí a la vaquita que me llevara a la Tierra. Me dejó en mi casa y se marchó otra vez a la Luna. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

-¿Qué me dices del cuento de "Rosa-Fría, patinadora de la luna".

-Me gusta porque habla de estrellas y cosas bonitas. Y porque no hay ogros, ni brujas, ni niñas muy buenas, muy buenas. Y los lobos son buenos. Y Rosa Fría gana a los que corrían más que ella.




-Porque no se rinde. Aunque lo pasa mal al principio, como nos ocurre a todos.

-Y tiene amigos...


-Que la ayudan a pasar por encima del miedo y las tristezas.


Y colorín colorado. 

Y yo desperté de un sueño en que Aitana contaba su sueño.

 Sí, Aitana, cuando vaya al sur, leeremos juntas "Rosa-Fría, patinadora de la luna". Y patinaremos las dos en la luna, que en los sueños, y en los cuentos, no hay nada imposible.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de: 

María Ángeles Merino

Entrada dedicada a mi sobrina Paola y a mi sobrina nieta Aitana, con el cariño de su tía.

sábado, 5 de abril de 2014

"...para godos solitarios"



"También, entonces, don Torcuato del Río, ante el desamparo en que los godos quedarían a causa de su campaña reivindicadora, inventó su famoso “Consolador a vela para godos solitarios”, que una compañía catalana estuvo a punto de adquirir y explotar; si no lo hizo fue porque aquel año apenas sopló el viento. El artilugio es ingenioso y complicado como puede verse en el diagrama publicado por La Tabla Redonda. Ofrece una eficaz sustitución del Vaso Idóneo, con la ventaja de recibir del viento, y no del antebrazo, la fuerza propulsada.”

(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)


¡Qué mal quieren los celtas de Castroforte del Baralla a los "godos"!

Porque don Torcuato propone una alternativa al Vaso Idóneo:

"Un consolador a vela para godos solitarios"

El antebrazo no se les quedará de piedra, al menos.

¿Eficaz?

¿De dónde sacarán tanto viento?

¡Ay don Torcuato! 

¿O le llamamos don Joseíño?

¿O tal vez don Gonzaliño?

Porque Gonzalo Torrente Ballester coloca la realidad frente a un espejo de feria que a su vez está frente a otro espejo enfrente de otro y de otro...

Un abrazo para los que pasan por aquí.

De una lectora de "La Saga/Fuga de J.B." que ahora la lee en pequeñas dosis. Se aprecia mejor lo bien escrito que está. Me darán las uvas, eso sí. De varios años nuevos, sí. 

María Ángeles Merino

jueves, 3 de abril de 2014

¡Mía!



Digresión publicitaria y jabonosa. "olorosa a heno"

Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

“Y don Torcuato perdió así a su diaconisa, blanca a la vista, olorosa a heno, deliciosa de escuchar cuando cantaba, agridulce a los labios y suave a la mano estremecida que la exploraba, según comunicó a sus amigos, compungido, desolado por la pérdida. Y aquí se juntan los divergentes caminos, porque la perorata en cierto modo indignada y en cierto modo política de don Torcuato, puede resumirse en la frase, pronto convertida en lema, propaganda y cartel de desafío: “No podemos permitir que los godos nos roben nuestras hembras “, y el adjetivo posesivo estaba usado en un sentido más amplio y algo más enérgico que el usado por la legislación vigente.”

(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)

¡Mía!

¡Ahora sé de qué iba la historia de la criada!

¡Mía!

¡Ahora sé el porqué de la merienda de empanada y confites!

¡Mía!

¡Ahora comprendo la locura tubular! 

¡Mía!

¡Don Torcuato ha perdido a la diaconisa con que oficiaba el Culto al Vaso Idóneo!

¡Mía!

¡Me la han robado!

Compungido, desolado, desafiante.

¡Celtas todos! ¡No podemos permitir que los godos nos roben nuestras hembras! ¡Un director de circo!

Blanca, olorosa a hierba, de dulce cantar y hábiles manos.

¡Mía!

¡El posesivo más amplio y más enérgico!

¡Míaaaaaaa!

Ayer os dije que seguiría leyendo la saga/fuga pero que no comentaría. Y hoy sigo leyendo y se me ocurre la idea de redactar pequeñas entradas. Leo unas líneas más y ¡ahora comprendo! He de escribirlo. ¡Eureka!

Un abrazo para los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino

Nota: aunque me ponga a patinar en la luna, creo que escribiré microentradas como esta, en torno a la novela más densa que vieron los siglos del mundo.

miércoles, 2 de abril de 2014

"Las luces de las linternas perforaban la oscuridad...se perdían en infinitud de tinieblas..."

"Las luces de las linternas perforaban la oscuridad...se perdían en infinitud de tinieblas..."

¡Don Joseíño, don Joseíño! Existente o inexistente, me dirijo a usted para expresarle mis impresiones. Yo con mi linterna para perforar la oscuridad...o intentarlo al menos.


Digresión fotográfica y románica, estoy dentro de la ermita románica de San Fagún.

Pesco en un mar de palabras y ahora le atrapo,  a usted y al resto de caballeros de la nueva Tabla Redonda, linterna en mano, sumergidos en las tenebrosidades existenciales de aquel sótano, donde tantas horas pasó don Carmelo Taboada, que en la paz de las lampreas descanse, sin más compañía y desahogo que la doña Coralina de madera pintada. Llego en el momento en que recuperan tan importante  escultura, su reina Ginebra.


Pesco en un mar de palabras y preparo las cañas. Digresión fotográfica y  marítima.

Y, como usted es el erudito, le llueven preguntas. Que si doña Coralina fue contemporánea de Castelar, más o menos, que si cantaba en Madrid, y  usted que cantaba más en París y grandes capitales y  que rivalizaba en belleza y popularidad con la Emperatriz Eugenia. Y Belalúa que manifiesta no saber nada de esa "Eugenia". No se esfuerce, don Joseíño,  que las palabras solo interesan como tapaderas de sus “sicalípticas fantasías”. 


La Bella Otero, referente de Coralina Soto.

Van a lo que van, apostaría usted, bien apostado, que todos los reunidos allá abajo, incluido mi don Joseíño, a la vista de la churretosa escultura, aprovechan para desnudarla mentalmente. ¡Hala! Fuera vegetales interpuestos o sobrepuestos. Y a practicar “operaciones de dilatada duración, desde antiguo reputadas de placenteras, aunque amargamente dolorosas y frustradas cuando el cuerpo dorado de la imagen no pasa de fantasma”. 

¿No le da vergüenza, don Merlín? Nombre de gato dice Julia, esa sí es una buena chica, de carne y hueso, como la ansiada chuleta, la que iba a ser costeada con los honorarios que debería haber pagado la señorita Vieites, la que mostraba un pecho y luego otro, una fresca, por las clases de Gramática para las oposiciones al Magisterio Nacional. Mas, con la plaza en la mano, si te he visto no me acuerdo; y, aprovechando que el Mendo pasa por Castroforte, don Celso le despide de la Academia con un finiquito de insultos. 


Merlín, nombre de gato. Digresión fotográfica y gatuna.

No le regaño más. Volvamos a las "operaciones", un minuto y “siete suspiros de morfología varia pusieron fin a aquel silencio patético remate”. Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay. Me parece oír los siete variopintos suspiros de los siete rijosos caballeros artúricos.


Siete suspiros. Digresión fotográfica y pastelera.

 Usted que ha pasado tantas horas entre polvorientos papelotes, venga, cuénteles la verdadera historia de la Tabla Redonda, se la pide su público. Mire qué preocupados están por los cuernos que la reina Ginebra ha de colocar, "metafóricamente", sobre el rey Artús, el monárquico luso don Annibal. Y advierta qué ojos golosos cuando califica usted la solicitada historia como política y  pornográfica. ¿Pornográfica? Uy, qué gustito les da, cómo se entere don Acisclo, venga, escríbala ya, aunque sea para leerla en privado. 

Y la escribe, con la del "Palanganato" de propina. Leemos el título: "Disertación histórico crítica sobre la Tabla Redonda y el Palanganato, y sobre algunas personas y algunos hechos con ellos relacionados, por J.B.". 


¿Será este el "Palanganato"?

Me coloco la linterna y adentro. Cita usted al doctor Amoedo, el cual asegura que todo comenzó con la llegada de Argimiro el Efesio, pero usted desecha tan remota teoría porque ¿quién nos demuestra que dicho heleno aterrizara alguna vez en Castroforte y  se llamase así? Se podía llamar Teucro, como el de Pontevedra que pasó por Troya.




Las verdades como piedras pierden mucho en dos mil años, es mejor buscar una fuente documentada, como hizo Castiñeira, cronista más cauto que elige a Celso Emilio el Romano como punto de partida. Pero también queda muy lejos y los efectos de la niebla siguen siendo los mismos. Así que ni griegos ni romanos, ni Castiñeira.



"...y los efectos de la niebla siguen siendo los mismos..."

Y aterrizamos en don Torcuato del Río, notable personaje, del cual  vuestro padre don Gonzalo dijo: "Don Torcuato tiene también una referencia real muy concreta: Murguía". Manuel Murguía, autor de una "Historia de Galicia" y esposo de la gran poeta Rosalía de Castro, buen referente, no muy bien parado aquí.



Porque don Torcuato "se mostró siempre partidario de entender las cosas a partir de sí mismo".Lo cual, dice usted, tiene la ventaja de proporcionarnos fechas importantes y precisas porque todos los días de su vida fueron trascendentales, si exceptuamos el sarampión de niño y la gripe ya más mayorcito. Nadie hubiera sospechado la importancia de aquel recién nacido pequeñísimo pero tan dotado virilmente que su abuela dijo que iba para cura. 

A ver, algo importante de verdad. Eso es, don Torcuato proclamó en el balcón del Ayuntamiento el Cantón Federal e Independiente de Castroforte del Baralla. Y cuando pensaba que iba a seguir por ahí, va usted y me dice que se siente atraído por aquella fecha en que dio de merendar a sus amigos. El pretexto era la publicación reciente de la monumental "Historia de la rivalidad milenaria entre Castroforte del Baralla y Villasanta de la Estrella", con apéndice y todo. Venga, centrémonos en la historia castrofortina. Mil años de historia quedaban fuera de duda y esclarecido el misterio de las lampreas. Del Santo Cuerpo solo hablaba de paso; pero, dado el ateísmo del historiador, eso no extrañó a nadie.




"Cuando llegaron los de la trinca"...Castañeira, Baliño, Amoedo, Barallobre y el Vate Barrantes, esperaban encontrar los siete volúmenes de la obra encima de la mesa. Y lo que había era una monumental empanada, vino y confites. Don Joseíño déjese de meriendas y vaya al grano. Pues no, va usted y me cuenta que don Torcuato no se quitaba la chistera en casa y sus amigos tampoco. Que las capas y gabanes desaparecieron camino de las perchas entregados a un artefacto de la invención del anfitrión que, de golpe y porrazo, nos lo muestra usted como una mezcla de mago e inventor de extraños artilugios.


Era 1864 y había noticias frescas de Madrid, "donde la cosa no andaba del todo bien" a causa de los intelectuales y...de una criada que había venido a casa de los señores de Ruiz Armada procedente de Villanueva de Arosa. ¡No! ¡Lo de la criada no! ¡Historia! ¡Por favor!

Los invitados también esperaban que Torcuato sacara el libro, después de los confites. Pero para entonces se habían metido en disputas por si la criada era rubia o morena , si la criaturita que había traído consigo era de su marido que la había abandonado o era hijo de soltera. ¡Socorro! ¡Cotilleos no! ¡Estoy leyendo una disertación histórico-crítica! 

Menos mal que Baliño, más enterado, cierra la discusión: "No se hable más. El marido se fue a vivir con otra. lo sé de buena tinta". Todos quedan en silencio. Don Torcuato dice: bueno, bueno, bueno, bueno. Todos se estremecen, saben el significado de cuatro buenos, dichos con ese tono. Si eran solo tres, solo contaba su última aventura. Pero son cuatro y Barallobre guiña el ojo a Castiñeira, con el significado de "ahora nos va a sacar desnuda a la criada"

Pero no, se va don Torcuato y vuelve con una bolsa de arpillera de las que saca unos tubos. Algo excepcional  e inesperado, no hay guiños sino temblores. Todos se acuerdan del veneno del que se había hablado un año antes. ¿Ahora veneno? ¿Después de lo de la criada y los tubos? Y Amoedo que piensa en eructos de lamprea. Y Castiñeira en que no ha hecho testamento y sus sobrinos se matarán por la herencia. 



¿Que me espere dice? Bueno, a ver qué hace don Torcuato con los tubos. Los coloca en la repisa de la chimenea, sobre un soporte de madera. Carraspea y anuncia que hoy es un día especial, no por el libro que acaba de publicar sino por la inauguración del "Homenaje Tubular al Sistema Métrico".

Digresión pedagógica: el homenaje más tubular que he encontrado para el Sistema Métrico. Exposición IES "Diego Porcelos".


Y también "Fantasía Matemática de Tuberías Proliferantes y Polimorfas". Porque la gloria, la de don Torcuato, no le vendría, cree él, por sus trabajos de historiador, ni por sus invenciones mecánicas, ni por sus venenos indetectables, no.  ¿Venenos? ¡Ahora comprendo lo de los temblores! La fama le vendrá de la mano del Homenaje Tubular y de la "Proclamación Federal e Independiente del Cantón de Castroforte del Baralla", acontecimientos relacionados, él sabrá cuál es el nexo de unión. Aunque...¿quién pide nexos en "La Saga/Fuga de J.B.?

Ahora nos asegura usted que, durante muchos años, lo que se enseñaba a los forasteros era el Corpo Santo y el Homenaje Tubular. Y que se conservaba visible cuando Unamuno visitó Castroforte, a principios del XX. Al parecer, don Miguel quedó perplejo ante el tejado erizado de tubos, ante las ventanas que arrojaban tubos, ante los tubos que asomaban por las tapias del jardín ¡Menuda invasión tubular! El viento arrancaba música a los orificios y el escritor visitante no pudo menos de sorprenderse y comentar lo extraña que debía ser la mente autora de aquello. El peine de los vientos, un precursor de Chillida. ¿Que quién es ese?  Ya le contaré a usted. Y, lo que me faltaba por oír, que Unamuno se inspiró en los tubos para su ensayo "La locura del doctor Montarco".  No desvaríe, don Pepeíño.





Me voy de nuevo con don Torcuato que os explica todos los detalles de su invento: un tubo de zinc de un metro, perforado por diez agujeros, el Tubomadre, los tubos hijos , un tubo y otro y otro, ya apuntan al cielo, qué locura, qué maravilla. ¿Qué fue del Homenaje Tubular? Diz que desapareció en la guerra civil, los tubos fueron fundidos en señal de patriotismo. Y usted, don José, asegura que posee la clave del número de tubos...




Los tubos le llevan a la guerra y la guerra a sus años de presidio, y al hambre. Y al color plomo de las aguas del mar, junto al lazareto don Simón, desde donde contemplaba los atardeceres más hermosos de su vida, con un poco de rosa, muy bellos, mas sin esperanza, sin saber si le iban a indultar o acogotar al día siguiente. ¡Y vos sin más consuelo que los atardeceres! 




Y vuelta a los tubos de don Torcuato, venga a añadir tubos que tardaron, los muy ladinos, en asomar por las ventanas. Por fin, confesará la  intención política y filosófica. Porque el primer tubo que asoma lo hace para inmortalizar la alegría por la independencia política de Castroforte, estaba calculado. ¡Aterrizamos! ¡Viva el Cantón! ¡Por fin unos gramitos de Historia!

Un arte nuevo, una Teocosmogonía, el número de mujeres burladas por don Juan, basta. Me rindo, ni un tubo más. Creo que van a asomar por mi cabeza. Y no hay nada que celebrar, que yo sepa. 

Voy a ver si pillo la cosmogonía de los de la Tabla. "En el principio fue la Nada. La Nada será en el fin. Nada sería también el intermedio si la Nada no se hubiera doblado sobre sí misma, engendrando, así, el fulgurante protoátomo del que surgieron los Dioses". Un comienzo científico y poético. Y adecuado a las especulaciones religiosas en que se funda el culto al Vaso Idóneo. Porque todos los de la Tabla Redonda participaron en dicho culto, lo dejó escrito el Vate Barrantes. 


Culto al Vaso Idóneo

"Todo fue el Coito de la Mitad Macho de la Nada con la Mitad Hembra". Ya veo en qué consiste el culto al Vaso idóneo, Vas naturale o vagina. Leo: "Entonces queda claro y sin vuelta de hoja que la causa que andamos buscando hay que encontrarla...en el instante mismo en que Lilaila Souto Colmeio, moza de Gunderiz en el alfoz de Castroforte...fue violada por un vecino suyo, de mal nombre O Coneiras".

Y, al llegar aquí, la documentación proporciona dos versiones que conducen al mismo fin: que Lilaila, con dieciséis años, desapareció "semirraptada o cosa semejante", por el director de un circo que actuaba en Castroforte por aquellos días. 

Hasta aquí le acompaño, don Joseíño, en su disertación histórico crítica. Le seguiré, leeré el resto de la novela muy despacio, como aconseja Pedro Ojeda, aunque no haya comentarios escritos. A partir de ahora, podré decir que leí y comenté "La Saga/Fuga de J.B. " desde la página 75 a la 172, no es poca cosa, que no he visto libro más denso en mi vida. 

Porque en abril toca patinar en la luna. 

Un abrazo para los que habéis llegado hasta aquí de:

María Ángeles Merino