domingo, 22 de mayo de 2022

"Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel": "¡Es inaudito, es inaudito!".

 


Comentario a la novela Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel para la lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.

Aquella tarde de marzo, mi amiga Austri, llamémosla así, me sorprendió en el Parque del Parral, junto a unos pocos almendros cercanos a la tapia. Había llegado hasta allí para comprobar y disfrutar de su incipiente floración y pasear al sol de la antesala primaveral. Me puse a hacer fotos con la novela de Rosa Chacel en la mano, comenzaba a releerla. Como me estorbaba, la coloqué en un hueco entre dos ramas. Cuando ya me iba, desde el otro lado del parque alguien me llamó por mi nombre. Le hice una seña con el brazo y se acercó, como saludo me preguntó con guasa si iba a plantar un libro y leer un árbol. 


No sé cómo pudo identificarme desde aquella distancia, Austri es un personaje misterioso que suele sorprenderme cuando estoy con alguna lectura del Club de Lectura. Tampoco tengo muy claro de qué la conozco, ella asegura que de toda la vida. Y con un "vamos " me llevó a un banco cercano y se puso sin más a hablarme de doña Rosa Chacel y sus Memorias de Leticia Valle. 


-María Ángeles, vamos con tu entrada. Leticia escribe su diario. ¿Qué pasa? ¿Qué le pasa a Leticia Valle, una niña que va a cumplir doce años?

"El día 10 de marzo cumpliré doce años...Creo que pienso en ello porque, si no, ¿en qué voy a pensar?
En todo lo de antes no pienso; lo veo dentro de mí; cada uno de mis minutos es uno de aquéllos..."

-Es una niña madura, culta, complicada y solitaria. Desde Suiza, acogida en casa de unos familiares, revive los acontecimientos que precipitaron su salida de España. Recuerda su vida monótona en Valladolid y su traslado a Simancas, en busca de tranquilidad para su padre, herido en la guerra de África. En el pueblo, recibe clases de música en casa de doña Luisa cuyo marido, el archivero Daniel, también se convierte en su profesor. Él se siente atraído por la chiquilla, hay un juego de seducción mutua que desemboca en el suicidio del adulto.

-En realidad, no pasan muchas cosas, a doña Rosa no le interesan los enredos ni las anécdotas,  sino analizar los conflictos que se mueven por dentro y apenas salen fuera. Es una novela de silencios, de "elipsis". Como escribe Luis Antonio de Villena, en el prólogo de la edición que manejas, son "pasiones tormentosas que, sin embargo, parecen apenas quebrar el cristal de la realidad exterior"(*). 

-Así es, más de un lector precipitado cerrará la novela preguntándose qué ha pasado aquí, por qué se ha quebrado el cristal:

"Y me pareció que en medio de su quietud estallaba algo como una pompa. Fue un pequeño estampido, lejano y tan breve, que se preguntaba uno si podía tener realidad una cosa tan sin tiempo."

-Ese lector debería volver al principio que enlaza con el final:

"Cuando quiero decirme a mí misma algo de todo lo que sucedió, sólo se me ocurre la frase de mi padre: ¡Es inaudito, es inaudito!". 

-¿Psicológica? 

-Sí, nos metemos en el entramado psicológico y el mundo interior de una preadolescente muy fuera de lo común: 

"Nunca me cansaré de decir el asco que me da esta enfermedad que es la infancia."

-Estamos a principios del siglo XX, en una familia burguesa. Ha crecido sin madre, con un padre ausente, enfermo y alcohólico, acompañada por una tía que no le presta atención. Apenas va a un colegio, se aburre, se refugia en los libros y aprende casi sola. No sabemos qué pasó con su madre:

"La verdad es que nunca pude recordar cómo era mi madre, pero recuerdo que yo estaba con ella en la cama...Era como si estuviese pegada a algo que, aunque era igual que yo misma, era inmenso, era algo sin fin, algo tan grande...aquella sensación era deliciosa...Recuerdo el ruido ligerísimo que hacía mi piel al despegarse de la de ella...seguramente entonces la miraba y ella me miraría...y yo siempre digo en mi fondo: el amor era aquello."

-Es el recuerdo de una niña muy pequeña, un bebé. Me gustaría leer Desde el amanecer, un libro donde Rosa Chacel tuvo la osadía de escribir su vida de cero a diez años de edad. No sé de ningún escritor que lo haya hecho


¿Seductora? ¿Seduce de verdad? ¿Puede seducir una preadolescente de doce años escasos? ¿No es "inaudito"?

-Seduce o juega a la seducción. O se da cuenta de su poder y experimenta con ella. Lo que quieras.

-¿Cómo la Lolita de Nabokov?

-Nada que ver, se adelantó diez años y doña Rosa rechazaba vehementemente cualquier punto en común, solo el que fuera una niña que sedujera a un adulto y lo llevara a la perdición. Contó que, siendo muy joven, conoció en Valladolid a un maestro rural que había tenido problemas por seducir a una niña. Más tarde, mientras escribía su primera novela,  su marido y un amigo le comentaron el argumento de la novela Memorias de un pecador de Dostoyevski : un hombre que seduce a una niña de trece años y ésta se cuelga. Rosa les dijo: "yo escribiré un día una novela en que sea una niña de trece años la que seduzca a un señor y sea éste quien se tenga que colgar".

-Lolita es frívola y corrompida, como la tradición de las nínfulas de la cultura clásica. Leticia posee una madurez ausente en la de Nabokov.


-No sé por qué, en lugar de la Lolita que no leí, me acuerdo de Las ninfas de Francisco Umbral, una lectura de mi adolescencia, premio Nadal en 1975. Ninfas y "nínfulo" sí puede decirse así.


La niña Leticia no es buena. Al archivero Daniel lo envía dialécticamente a los leones.

-Hoy diríamos que es la víctima y se autoculpa; pero Rosa Chacel, desde la Vanguardia, busca algo diferente, ha recibido el impacto del surrealismo.

-Es muy amiga de la introspección y el análisis, una pornografía psicológica, si se puede decir así. Sigue unos caminos no usuales en la literatura española:  conoce muy pronto el psicoanálisis de Freud, a Proust lo leería después, y reconoce la gran influencia de El retrato del artista adolescente  de James Joyce. Así lo manifiesta en la entrevista que le hace Soler Serrano en "A fondo" (1976).  

-¿Realista?

-Sí, una narradora realista que da muy poca importancia a la realidad, aunque se aprecia cierta nostalgia de exiliada, evocando una Valladolid y una Simancas remotas. (*)

"Aquel pasaje, a la entrada de la calle del Obispo, se torcía en el medio para salir a la de la Sierpe, y en el ángulo que formaba había una rotonda con montera de cristales, que tenía cuatro estatuas representando las estaciones, y en medio una de Mercurio. ¡Qué luz caía sobre aquella pequeña plaza encerrada!"

-Es su tercera novela, la primera tras salir de España. Iniciada en 1938, entregó un capítulo a Victoria Ocampo para la revista Sur de Buenos Aires, por avatares del exilio se publicó en 1950. (*)


-Prácticamente toda la obra de Rosa Chacel versa sobre el amor, pero " nunca condesciende a escenas amorosas epidérmicas, ni mucho menos pornográficas"(*). 

"De pronto alargó una mano y cogió en un puñado todos mis tirabuzones, apretándolos junto al cogote. Dijo: "Ésta es la que tiene que darte más guerra; con estos pelos, buena debe ser...
A fuerza de tirar con disimulo conseguí que lo soltara; dije apenas buenas noches y eché a correr.
Corrí como si me persiguiesen y llevaba una sensación muy extraña; no sabía si por haberme comportado yo torpemente o si por cómo se habían comportado conmigo.. También estaba inquieta por doña Luisa...".

-Leticia es sentida, en muchos momentos, como un trasunto de la personalidad de la autora. No solo vemos a la niña solitaria que fue Rosa, sin colegio ni juegos con otros niños, criada por unos padres que la lanzaron a la vida intelectual, según cuenta ella; también su fuerza y madurez de mujer adulta, su deseo de encontrar la mejor femineidad en la cultura del hombre, sentida como superior. 

-Se va encontrando con mujeres que le ofrecen modelos, aprende de ellas y las abandona. 

-La profesora que tuvo en Valladolid, amiga de su padre, avanzada y atractiva. 

La maestra de Simancas, sencilla y trabajadora, demasiado "mujercita". 

La prima Adriana, guapa, abierta a otros mundos, con sensibilidad artística.

 Luisa, la mujer del archivero, la profesora de música, "mundana", culta y sensible, lo cual no le impide cuidar hijos, casa y cocina. 

"Entonces sentí un asco de ser mujer que me quitó la fe hasta para llorar."

-¿Cuándo ocurre lo que ocurre, lo inaudito, si es que ocurre algo? ¿Tal vez aquí, amiga Austri?

-Me dejé caer en el sofá, de bruces, y escondí la cara entre los almohadones...No sé cuánto tiempo pasé así, ni sé por qué de pronto levanté la cabeza. Don Daniel estaba apoyado en el quicio de la puerta: mi llanto se cortó en seco.

De su semblante habían desaparecido por completo la crueldad, la inhumanidad y la ironía; solo estaba presente lo otro, lo horrible, lo indefinible.

Entró y cerró la puerta detrás de sí...".


-Podemos ahí rellenar un silencio...

Ya sé que la leíste hace tres o cuatro años, que te quedaste con la sensación de no haber entrado del todo, de perderte en los pensamientos alambicados de una protagonista que, en ocasiones, te irritaba, a dónde quería ir a parar esa cría. Ahora te ha gustado más, con lo "inaudito" mejor atrapado. 

Has aprendido a disfrutar en compañía de Leticia en sus reflexiones, a veces tormentosas, y en sus minuciosas observaciones: la hiedra que asoma junto a la ventana, el Cristo yacente visto desde dentro de la urna, ¡la niña se mete dentro!, los seres imaginarios que veía en los muebles, la niña que lamía la pared, los comentarios maldicientes de las monjas y del ama, una tormenta, las labores, los silencios de su familia, el viaje en el coche de caballos, las compras navideñas, la casa del archivero, doña Luisa celosa y tan completa, la prima Adriana bailando, la fiesta popular en honor de la maestra...¡Lo cuenta todo y no cuenta nada! ¡Y cómo escribe doña Rosa!

-¿Y si no ha pasado nada? ¿Y si todo es imaginación de una adolescente? 

¿Y qué pasa con el padre, la maestra elegante y la tía? ¿Qué suceso anterior escabroso asoma? ¿Por qué doña Luisa se siente tan fascinada con la niña? ¿Por qué algunas feministas de ahora no saben qué hacer con Leticia? ¿Era feminista la escritora?

¿No escribe demasiado bien? ¿No te chirría que corrija al mismo Zorrilla? ¿Qué sabe de rimas una estudiante de bachiller por libre? Bien está que nos recuerde que Valladolid no es Valladoliz...

¿Por qué a doña Rosa no le gustó la película si ella misma interviene con un cameo y se inventó a una marquesa que en el libro no está? 

¿Qué opinas, Austri? ¡Austri! ¿Dónde te has metido? 

Ha desaparecido, siempre hace lo mismo. 

Hasta la próxima lectura: Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal. Un libro risueño y fantasioso, realismo mágico andaluz. 

Un abrazo a todos los que pasáis por aquí y gracias por vuestra paciencia. Toda una primavera.

María Ángeles Merino

Las palabras en rojo están sacadas directamente de: Memorias de Leticia Valle, Rosa Chacel, edición para Círculo de Lectores, con introducción de Luis Antonio de Villena y semblanza autobiográfica de Alberto Cousté, 1988. ISBN 84-226-2456-7.

(*) Tomado del prólogo de Luis Antonio de Villena. 

5 comentarios:

La seña Carmen dijo...

Creo que algún día tendré que releer Las ninfas. Me gustó muchísimo aquel libro que leí con avidez unas Navidades.

¡Qué buena amiga y qué gran personaje es Austri! ¡Tan burgalesas que sois!

Ele Bergón dijo...

Muy buena entrada, llena de preguntas con sus incógnitas aún sin resolver y está claro que es una novela y son muchas, según las interpretaciones que cada lector o lectora quiera hacer.
No en vano la niña adolescente y protagonista de la novela, está llena de imaginación.


Besos

Sor Austringiliana dijo...

Burgalesas las dos y complementarias. Era el comienzo de una primavera bélica y me zambullí en la literatura, un tanto tortuosa, de Rosa Chacel. 12 de marzo casi.

Sor Austringiliana dijo...

Muchas preguntas y ni doña Rosa sabía la respuesta.
Besos

Sor Austringiliana dijo...

Proponemos leer Las ninfas.