jueves, 16 de febrero de 2012

"Sonata de primavera": "¡Callad, os lo suplico...! ¡Fue Satanás! "

"Casi primavera en Campo Real" (Madrid).  21.2.2007, foto tomada con el móvil.
Comentario a mi lectura de las páginas finales de "Sonata de primavera", de Valle Inclán, colección Austral, edición de 1999. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Alguien ha herido al de Bradomín en un hombro. Musarelo, su temblón asistente, le desabrocha "la bizarra ropilla".


Mientras le cura, insiste en  buscar al "bergante" culpable. Imposible, es un protegido de la Princesa y, posiblemente,  esté ahora rindiendo cuentas de "la hazaña del puñal".

De aquí
El viejo marqués  recuerda.  "Tembló como el corazón de un niño" en aquella biblioteca a oscuras,  ante la maléfica  Gaetani. Y , desde el momento en que oye su voz, "qué infamia" , tiene por cierto que "la noble señora" lo sabe todo, lo ha urdido todo.

Biblioteca Palacio de Lebrija

Xavier se domina y, cortésmente, le pregunta si acaso está enferma. Contesta no, a secas.
Hojea un libro, suspira y se incorpora en su sillón. Sobre la estancia se cierne "un silencio como un murciélago de maleficio, que sólo se anuncia por el aire frío de sus alas".

De aquí.

A su lado, el perro fiel Polonio, esperando un ¡vamos! de su ama. Atraviesa la biblioteca sin mirarlo. El marqués se contiene ante la afrenta y le pide que espere, ha de contarle lo de su herida. La "amabilidad felina" de su voz helada y temblorosa amedrenta a la Princesa. Palidece, se detiene, mira al mayordomo y murmura fríamente:


"¿Dices que te han herido?"

Fijaos en el tuteo, inadecuado para un enviado de Su Santidad. El de Bradomín siente el odio "en aquellos ojos redondos y vibrantes como los ojos de las serpientes".

De aquí

No, no llamará a sus criados para que lo expulsen, no desea que se sepa en el Vaticano. Desdeñosamente deja caer:

"¡Ah...! No tuve carta autorizando tu estancia en Ligura"
Será preciso volver a escribir, sugiere el odioso guardia noble. Y lo hará la autora de la primera misiva: María Rosario.

¿Qué dice ? Esas palabras llevan "nimbo satánico".Tamaña osadía hace temblar a la "gran dama". Sabe dominar el temblor, sus labios se pliegan en una sonrisa falsa y escucha la historia que él quiere contarle. Fue en el jardín, señora Princesa.

Xavier se despide "con una profunda cortesía", sin beso en la mano. Polonio, desvergonzado, hace unos cuernos con los dedos. Las fuerzas del Mal regocijadas con este trío reunido a oscuras en la biblioteca del Palacio Gaetani.



De aquí

A pesar de todo, sigue el dictado de su orgullo y no abandona el Palacio. Se siente vencido, pasa el día en su cámara. "Combatido por tales bascas" recibe la extraña visita de un fraile capuchino.

De aquí

Entre otros preventivos preámbulos, el misterioso monje le asegura que:

"ningún interés vil me trae a vuestra presencia. Solamente me guía una poderosa inspiración, y no dudo que es vuestro Ángel quien se sirve de mí para salvaros la vida".


 
¿Qué ha de hacer? Le indica que salga , al anochecer, ´por la cancela del jardín y baje rodeando la muralla. Buscará "una casa terreña que tiene en el tejado un cráneo de buey". Le abrirá una vieja, le hará entender que está "resuelto a recobrar el anillo y cuanto ha recibido con él". Ha de mostrarse generoso con la mujer. ¡Un religioso aconsejando visitar a una bruja!



Tras la salida del capuchino, el marqués "advierte con estupor" que en su mano falta su anillo, el de su abuelo, con el escudo de los Bradomín grabado en amatista.
De aquí.

Baja al jardín, al encuentro consigo mismo. Las veredas de mirto son "caminos ideales que convidaban a la meditación y al olvido". Le llega "sofocado y continuo" el rumor de las fuentes sepultadas en el verde. Percibe "una vibración misteriosa". Es María Rosario "al pie de una fuente, leyendo en un libro". 

En este vídeo que os presente la semana pasada, María Rosario lee en el jardín y el marqués...

"Dos rosas de fuego en las mejillas", alza la cabeza y vuelve a inclinarla. No recuerda como real la aparición en su alcoba, la tiene "por engaño del sueño". No huye. "En un batir de párpados" le echa "una mirada furtiva". ´


A la pregunta "qué leéis", ella sonríe tímidamente y contesta :"La vida de la Virgen María". El tan piadoso libro pasa a las pecadoras manos del marqués que lo abre "con religioso cuidado", aspirando el "aroma de santidad" de las flores disecadas de entre las páginas.

De aquí.

Lee el título : " La Ciudad Mística de Sor María de Jesús, llamada de Ágreda". El impío Bradomín dice conocerlo "porque su padre espiritual lo leía cuando estuvo prisionero".





Como San Agustín; pero tan humilde y buen cristiano que no quiso igualarse al Doctor de la Iglesia y las llamó "Memorias". La lectura favorita del de Bradomín. ¿Muy edificantes? Mucho. Una futura religiosa aprendería mucho en ellas, le dice, porque Casanova "fue gran amigo de una monja de Venecia".




La piadosa niña pregunta si esa amistad fue como la de San Francisco con Santa Clara. La respuesta de Xavier toca el techo de lo irreverente: " Con una amistad todavía más íntima".




La amiga de Casanova era carmelita, como lo será María Rosario. Ella calla y se ruboriza. Se queda "con los ojos fijos en el cristal de la fuente, que la reflejaba toda entera".







Él se inclina "como si hablase con la imagen que temblaba en el cristal de agua". Murmura: "cuando estéis en el convento, no seréis mi amiga".




María Rosario se aparta con un "callad, os lo suplico" que nos trae a los oídos las desesperadas súplicas de la doña Inés de Zorrilla. Junta las manos mirándole "con sus hermosos ojos angustiados". Gime. Se las lleva  a la frente y tiembla. Se descubre el rostro y clama "enronquecida":

"¡Aquí vuestra vida peligra...! ¡Salid hoy mismo!" 

 ¡Es su Ángel! ¡El que envió al ermitaño para salvarle la vida!

Corre a reunirse con sus hermanas . Van "unas en pos de las otras", hablando y cogiendo flores para el altar de la capilla. "Un grupo casto y primaveral" como el que pintó Botticelli, un cuadro que fascina a Valle Inclán.





Se aleja lentamente. Ya sabe quién es su Ángel salvador. ¿Vencerá el Bien sobre el Mal?


Cae la tarde. Flanquea la muralla del jardín y llega a la casuca terreña, la de la cornamenta de buey en el tejado. Una vieja hila en el quicio de la puerta. A la vista de "dos sequines" le hace pasar. Cree que es un enamorado buscando remedio a sus penas de amor. Celestina, tal vez.





El marqués, irritado, le grita que sólo viene por un anillo robado. La vieja dice no tenerlo, no saber nada, hace intención de echarle; pero él la amenaza con una pistola. Le dará doble dinero del que le han prometido "por obrar el maleficio".

La bruja lagrimea, le habían prometido cinco sequines. Ahora sí le reconoce: el joven guardia noble, marqués de Bradomín. Cuando Xavier saca de la bolsa las diez monedas, "llora enternecida". Le confiesa : "nunca os hubiera hecho morir, pero os hubiera quitado la lozanía".
"Paredes negras de humo, lagartos, huesos puestos en cruz, piedras lucientes, clavos y tenazas". Los útiles indispensables para una bruja, o para alguien que quiere aparentar serlo.





Ahora remueve la ceniza de la chimenea y le muestra su anillo. Se lo robaron estando dormido. Le mandaron privarle de su fuerza viril. ¿Cómo?


 Sigue revolviendo en el hogar y descubre " una figura de cera toda desnuda", con una "grotesca semejanza" con el de Bradomín. Esculpida por Polonio, no hay duda.





El marqués ríe largamente y la falsa hechicera se siente molesta. Si llega a bañar esa figura en sangre de mujer, si la hubiera arrojado a las brasas...lo hubiera pasado mal este guardia tan noble.

La bruja le ofrece "hacer delirar por vuestros amores a la Señora Princesa", por otros diez sequines. "No", repone "secamente"

Sale al camino de noche, caen gruesas gotas de agua. Se apresura. Balcones iluminados. Sale, entre cirios y chaparrones, una procesión de Semana Santa, la de la Santa Cena.


 



Ya en Palacio, la princesa ni le habla ni le mira. En un descuido, con la sonrisa en los labios, "coge audazmente su mano" y la besa. Ve " palidecer intensamente sus mejillas y brillar el odio en sus ojos". Las serpientes tienen mejor mirada.


Comprende que es imposible su estancia allí, se siente humillado. Pasa "horas de tortura indefinible", aunque le atraigan"aquellas asechanzas misteriosas, urdidas contra mí en la sombra perfumada de los grandes salones". La lucha contra los enemigos tiene, para el marqués, su parte atractiva. Es un aliciente para él.


Siente que su voluntad es "impotente para vencer la tentación de hacer alguna cosa audaz, irreparable ¡Era aquello el vértigo de la perdición...!". Debe irse, no puede luchar contra sí mismo.


Abre la ventana. La lluvia cae "sin tregua, como un castigo". Los cuatro judíos del Paso de las Caídas "han depuesto su fiereza", se despintan sus cabezas de cartón. Se ablandan los cuerpos y flaquean las piernas. Las tórtolas, indiferentes, se arrullan.






Una mano que bate "los artejos de la puerta" y la "voz cascada" del mayordomo le sacan "del penoso cavilar". Le entrega un pliego de Roma, ha de regresar.

El marqués le entrega su anillo y le amenaza con "salir por la ventana". La respuesta del diabólico Polonio es de otra época:


"No basta a vuestra venganza el maleficio con que habéis deshecho aquellos judíos, obra de mis manos, y con ese anillo queréis embrujarme. ¡Yo haré que os delaten al Santo Oficio!"

Foto Luz del Olmo (Ele Bergón)

El viejo marqués recuerda que tenía lágrimas en los ojos y miedo a sus audaces manos. María Rosario estaba con sus rosas y sus jarrones. Aquella niña es tan santa que viéndole a" tal extremo desgraciado, no tenía valor para mostrarse más cruel conmigo". Cierra los ojos, gime:

" Dejadme...! ¡Dejadme...!"

¿Por qué le aborrece tanto? La respuesta es rápida:

 "¡Porque sois el Demonio!"







 
Para huir de la situación, María Rosario llama a la más niña de sus hermanas. La pequeña Maria Nieves le muestra su nueva muñeca, fabricada por el odioso Polonio. La niña es imaginativa y les cuenta la historia de la muñeca, se llama Yolanda y es una reina. Tiene historias para todas, unas son reinas y otras pastoras. De pronto huye de la compañía de los dos mayores. Revolotea su cabellera dorada.

María Rosario aprovecha y murmura "con apagado acento":
 "Marqués, salid de Ligura..."

Al día siguiente, entrará en el convento, no la verá más. Pero Xavier desea sufrir:

"Quiero sufrir aquí... Quiero que mis ojos, que no lloran nunca, lloren cuando os vistan el hábito, cuando os corten los cabellos, cuando las rejas se cierren ante vos".






Con los brazos tendidos hacia él, murmura "arrebatada, casi violenta":

"Salid hoy mismo para Roma. Os amenaza un peligro y tenéis que defenderos. Habéis sido delatado al Santo Oficio".

¿Su madre? María Rosario dice que no la acuse. Entonces, Bradomín se torna verdugo:


"¿Acaso ella no llevó su crueldad hasta acusaros a vos misma? ¿Acaso creyó vuestras palabras cuando le jurabais que no me habíais visto una noche?"
 Él insiste, "con triste acento, gustando el placer doloroso y supremo del verdugo":

"No, no fuisteis creída. Vos lo sabéis. ¡Y cuántas lágrimas han vertido en la oscuridad vuestros ojos!"



   
Hace la señal de la cruz "con los ojos extraviados":
"¡Sois brujo...! ¡Por favor, dejadme!"


María Rosario, desfallecida y resignada, llama a la niña. La estrecha contra su pecho, la alza del suelo, apenas puede sostenerla y suspirando tiene que sentarla sobre el alfeizar de la ventana.



"Los rayos del sol poniente circundaron como una aureola la cabeza infantil"




Foto de Pili Medina (Campo Real)


Ella no puede jurarle que le aborrece, tampoco puede amarle. Su amor "no es de este mundo".

Él se inclina "para beber su aliento y su perfume" y murmura en voz baja y apasionada:

"Vos me pertenecéis. Hasta la celda del convento os seguirá mi culto mundano. Solamente por vivir en vuestro recuerdo y, en vuestras oraciones, moriría gustoso"


Tras otro "callad", tiende los brazos temblorosos hacia la niña. Se abre la ventana y sucede algo terrible determinado "por un destino fatal y cruel:


"La figura de la niña, inmóvil sobre el alféizar, se destacó un momento en el azul del cielo donde palidecían las estrellas, y cayó al jardín, cuando llegaban a tocarla los brazos de la hermana"



"¡Fue Satanás! ¡Fue Satanás...! "Aún resuena en el oído del viejo marqués aquel grito angustiado de María Rosario.

Maria Nieves está " inerte sobre el borde de la escalinata". El rostro "blanco como un lirio", de la sien mana un hilo de sangre. María Rosario grita
"como una poseída":

"¡Fue Satanás...! ¡Fue Satanás...!"







Bradomín levanta a la niña en brazos, sus ojos se abren un momento:

"La cabeza ensangrentada y mortal rodó yerta sobre mi hombro, y los ojos se cerraron de nuevo lentos como dos agonías"


El marqués  huye cobardemente. Siente miedo, baja a a las caballerías y engancha los caballos a la silla de postas. Parte al galope.

En la ventana, siempre abierta, le parece distinguir "una sombra trágica y desolada ¡Pobre sombra envejecida, arrugada, miedosa que vaga todavía por aquellas estancias, y todavía cree verme acechándola en la oscuridad!"

Le contaron que "ahora, al cabo de tantos años, ya repite sin pasión sin duelo, con la monotonía de una vieja que reza: ¡Fue Satanás!"


Estas páginas son un duelo entre el Bien y el Mal. Vemos quién termina victorioso. Mi imaginación me lleva con una vieja monjita que recorre los claustros repitiendo "¡Fue Satanás!". O, tal vez, perdió su firme vocación  y se sienta en el alféizar de aquella ventana, con su monotonía.


¿Por qué nos gustaría ir más allá de la ficción de  los escritores? Si así dejaron a sus personajes, así deben permanecer. Debe ser el autoengaño al que nos sometemos , placenteramente, los lectores.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:


María Ángeles Merino


Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, que ve en las páginas de las Sonatas un duelo entre el bien y el mal, resume, ilustre y comenta el final de la Sonata de primavera. Tiene razón en lo del orgullo de Bradomín, sin duda."

12 comentarios:

pancho dijo...

Este año no hay ni rastro de esa primavera incipiente que nos muestras en la foto. Los fríos nos tienen apegados al invierno.

Valle en pura contradicción, contrastes y provocación en sus escritos. Bien vista la extrañeza de un monje recomendando la visita a un representante de Satanás para que se haga cargo del conjuro.

Siempre hay algo que salva a Bradomín: Aquí no quiere que la bruja eche el mal de ojo a María Rosario.

Muy bueno lo de los cuernos de fuego de Polonio.

Otro trabajo reseñable. Un abrazo.

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Un excelente resumen estupendamente ilustrado.
Coincido con pancho, qué buen enlace para acompañar el gesto de los cuernos de Polonio.
Respecto a lo del tuteo de la Princesa Gaetani al Marqués, recuerda que en esta
.SONATA DE PRIMAVERA
pág.24[...]-¡En qué triste ocasión vuelvo a verte, hijo mío! La voz de la Princesa Gaetani despertaba en mi alma un mundo de recuerdos lejanos que tenían esa vaguedad risueña y feliz de los recuerdos infantiles. La Princesa continuó:
-¿Qué sabes de tu madre? De niño te parecías mucho a ella, ahora no... ¡Cuántas veces te tuve en mi regazo! ¿No te acuerdas de mí?
Yo murmuré indeciso.
-Me acuerdo de la voz...
Y callé evocando el pasado. La Princesa Gaetani me contemplaba sonriendo, y de pronto, en el dorado misterio de sus ojos, yo adiviné quién era. A mi vez sonreí. Ella entonces me dijo:
-¿Ya te acuerdas?
-Sí. . .
-¿Quién soy?
Volví a besar su mano, y luego respondí:
-La hija del Marqués de Agar...

y en la
SONATA DE ESTÍO:

pág.107[...]”Sin saber cómo resurgió en mi memoria cierta canción americana que Nieves Agar, la amiga querida de mi madre, me enseñaba hace muchos años, allá en tiempos cuando yo era rubio como un tesoro y solía dormirme en el regazo de las señoras que iban de tertulia al Palacio de Bradomín. Esta afición a dormir en un regazo femenino la conservo todavía. ¡Pobre Nieves Agar, cuántas veces me has mecido en tus rodillas al compás de aquel danzón que cuenta la historia de una criolla más bella que Atala, dormida en hamaca de seda, a la sombra de los cocoteros!”

Un abrazo.

P.D.: Tus dos entradas últimas las he enlazado en la mía de hoy.

Paco Cuesta dijo...

Bradomin ha traspasado -una vez más- los límites de lo razonable.
Trabajo ímprobo el tuyo

Delgado dijo...

Uno de los mejores finales de las Sonatas, todo empezaba a ponerse en su contra con un intento de aesinato y maleficios de por medio, y él siguió insistiendo erre que erre. Al final pagó quien menos culpa tenía: la niña.

A Brado no le quedaba otra que huir, con la atmosfera hostil de la casa, el haberse quedado era sentencia de muerte.

Estupendo resumen final de esta sonata, me gustó ;D

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me da la impresión de que el mal sale victorioso -ya veremos el final- porque Bradomín, que, como bien indicas, es un hombre lleno de orgullo, también sabe salir huyendo cuando la situación es insoportable.
Excelente trabajo de comentario e ilustración.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Veo que sigues con tus maravillosas entradas ilustradas....me falta tiempo para esto, pero no para saludarte...un beso

Myriam dijo...

Te confieso que esta entrada me da yuyu....

Besos

Kety dijo...

La escena de la niña -muñeca- en el suelo impresiona. No falta de nada.
Gran trabajo Mª Ángeles
Un abrazo

Aldabra dijo...

ayer por la tarde estaba escuchando la radio, el programa de Julia en la Onda y leyeron un correo de la Mosca cojonera, una pregunta para la profesora que estaba hablando sobre la reforma laboral, ¿eras tú?

bqñs,

Merche Pallarés dijo...

¡Bien ya me he enterado del final! ¡Qué rocambolesco y satánico! Besotes, M.
P.D. Ay, ya veo que tu también tienes las palabritas malditas para hacer comentarios...

Merche Pallarés dijo...

Por supuesto que has hecho un trabajo excelente como siempre. Besotes de nuevo, M.

Abejita de la Vega dijo...

Pancho: ni rastro por aquí, tal en vez Campo Real haya almendros en flor, como en 2007, cuando había una abeja volando por su vega. Un poco raro lo del capuchino...El Bradomín alguna salida buena tiene, menos mal.
¡Qué cuernos más satánicos los de ese enlace!

Gelu: la Gaetani ya le había tuteado como amiga de la familia, cariñosamente. Pero este tuteo de ahora es frío y marca distancias; a eso me refería.

Pancho: Bradomín se pasa unos cuantos pueblos. sí. ímprobo no, un poco largo.

Delgado: el episodio de la ventana y la niña es terrible, huye cobardemente...


Pedro: el Mal victorioso, como tantas veces ocurre en la no ficción.

Manuel: bienvenido seas siempre, de todas las maneras.


Myriam: da yu yu; aquí vale cargó las tintas satánicas.

Kety: niña como muñeca rota.

Aldabra: la mosca Cojonera es Julio, hijo de Ele Bergón.

Merche: dos, ahora son dos las palabras enroscadas arrejuntadas...malditas. "Rocambolesco y satánico", bien definido.

Besos y gracias a todos.