miércoles, 16 de marzo de 2011

Las tentaciones de Jaime Tobes.


"Viene la noche" (Foto tomada en Palacios de Benaver)



Comentario a la parte final del primer capítulo de "Viene la noche", novela de Óscar Esquivias.

¡Hola Sara!

Sigo con lo de aquel jueves 21 de diciembre de 2006.
Jaime desanda lo andado y acompaña a Benjamín hasta el portal. No le parece bien que pasee de noche, por el frío y los atracos. El viejo protesta, que si desde cuándo son los hijos los sermoneadores, que si me tratas como a un ni-ño...



Los basureros, tan jóvenes y tan guapos, dan de comer bolsas al camión en su enorme boca. Treinta y cuatro años y se siente poco menos que un viejo. Ahora descubre gente jovencísima por todas partes, ya sean compañeros, camareros, policías o basureros. Nos ocurre a todos en cuanto dejamos de ser jovencísimos, cosa que tiene lugar en una etapa demasiado temprana de nuestra vida.

Es una desoladora noche sin luna. En la calle Castilla no queda ni el pakistaní de la frutería. En Goiri, la iglesia de los salesianos luce su cúpula de embudo, obra de un "arquitecto chistoso".



En Franco Rodríguez, las farolas tiñen las nubes de anaranjado. Alguien le saluda por su nombre y se sorprende. Es Ruth, vuestra vecina, con su feísimo pequinés con jersecito rojo y coletita.

Con una mirada suplicante, le invita a tomar algo, para “hablar de una cosa”. Uy, qué le pasa a ésta. Le brillan los ojos. Rebosa de alegría cuando tu marido le dice que bueno, que sólo un minuto. Tranquila, Sara, que no va a pasar nada. Te cuento.

La chica, alborozada, arrastrándo a los dos, al de cuatro patas y al de dos, hasta un portón como de garaje. Pintadas en él, una bandera ecuatoriana con unas niñas a la comba. El local se llama “Arbolito de Naranja” y hay que pulsar un timbre para que te abran.



Calor infernal, olor a sudor, mangas cortas, humo de tabaco, música atronadora, sonsonetes de tragaperras… ¿Qué hace tu Jaime en esa “caldera”? Se da cuenta de que apenas hay mujeres, pero no, no es un bar gay. Que a Ruth la devoran con los ojos. Ella sonríe, barre con la mirada y agita la mano, saludando como una reina. Los súbditos contestan alzando el botellín. Bajitos, fornidos, morenos y de piel barnizada; así son sus rendidos admiradores.

Jaime, ahora,recibe una sorprendente confidencia: "Me los he tirado a todos". Está borracha, esto es una encerrona, a ver por dónde sale tu chico.

Se les acerca una camarera muy joven, con una camiseta ceñidísima y sudadísima. Les pregunta "qué es lo que les provoca". Jaime se sobresalta ante tal verbo , qué le va a provocar si no es su escote. La camarera traduce al madrileño: "qué es lo que les apetece". Un zumo de naranja será lo propio del tugurio. Pues no, juguitos no. Lo del arbolito de naranja tiene que ver con las niñas de la comba.

La camarera alaba su linda sonrisa, se reclina y casi le besa. Tu chico, educadito él, lo agradece y reenvía el piropo. Ruth empieza a estar molesta y reclama atención: la chica es menor y has entrado conmigo. Pide dos cubatas, obviando que Jaime no bebe alcohol, los dos para ella...Y cae, como un mazazo, la contundente proposición: "si subes...te la chupo"

Como Jaime se ríe nerviosamente , va más lejos: "te pago, cuánto quieres". Cien euros, doscientos, esto es una subasta. Con las manos de Ruth en las ingles, tu marido rechaza la peregrina oferta, como un nuevo San Antonio, resistiendo las tentaciones.



No quiere y no puede, proclama.¿No puede? ¿Padece impotencia? Bueno, perdona, Sara, que me meta en intimidades.

Ella no está acostumbrada a que le digan que no, él quita hierro al asunto, con la palabra guapa. Miente como bellaco, le parece "hogrible", como dice tu suegro.

Fue guapa; pero las pastillas le han puesto como una vaca, reconoce Ruth. Está siempre disponible gracias a ellas y los hombres lo notan. No sabemos qué extraña y afrodisiaca medicación sea esa. ¿La de la depresión? ¿Alguna hormona? ¿Sabes tú, Sara, si hay algo así en la botica?

Jaime la anima a elegir entre los machitos del tugurio. Y, oquéi, allá que va. Toma al perro, un saltito y a por uno de esos que vegetan, luciendo sus depilados sobacos. Cambia unas palabras con el más joven, el más feo. Su barriga está a punto de reventar una camiseta de palmeritas, la cual ofrece un "Paradise" en Malibú, que no en un Burgos inquieto.



Mientras, a Fito, el pequinés, le sabe a gloria el cubalibre de Jaime. La camarera, al verlo, da un gritito y le da con la bayeta. Tu marido quiere acabar de una vez, paga sólo la última ronda, a saber lo que debe ya la "Mamita", así la llaman en el "Arbolito". ¿Tacaño?

Jaime tiene sueño, dice adiós con la mano. Ruth agarra al "gordo Malibú" y le dice que espere, que ellos también se van. Con tan buena compañía, le toca atravesar Bravo Murillo, hasta el portal de vuestra casa.

Malibú lleva todas su neuronas concentradas en la palabra sexo al cubo. Se encuentran con una pandilla de chavales que le saludan, Ruth no da puntada sin hilo, besa a todos y se deja tocar el culo.

Después de mil paradas, llegan al portal y Jaime teme que se apareen sobre la jardinera del ficus. Piensa que , en realidad, lo que busca es excitarle a él y que sea una orgía de tres. O cuatro, si incluyen al perro.

Ruth se despide de tu Jaime, con una gran sonrisa y un "hasta mañana amor".Le da un beso que parece "el lengüetazo de un sapo". Estate atenta, no vaya a ser que San Antonio sucumba a las tentaciones.

Ya, en casa, se siente agotado y feliz por haber escapado de la "encerrona". Arroja sus ropas "contaminadas" a la lavadora. Huele a tabaco y a sudor, pero le da pereza ducharse. Cuando vuelvas a casa, el olor va a ser más fuerte que nunca y te va a dar más jaqueca que nunca.

La calefacción está prendida, no consigue un poco de frescor. Te echa de menos, está tentado de llamarte al hospital para contarte su aventura, pero no lo hace. Tal vez teme que te mosquees.

Desde el piso de la azafata, le llegan ruidos: muebles corridos, saltos, merengue a tope y pisotones. Va al cuarto de baño y oye los grifos de arriba. Risas, chapoteos y ladridos, están bañándose con el perro. Cómo se lo pasan.

Jaime se acuesta, acunado por la música caribeña. Sobre la mesilla, está la partitura del Mesías. Tiene remordimiento por no haber estudiado nada. Repasa el coro "Let him deliver", ese que la directora les pide que canten a una velocidad endiablada. Canta un poco a media voz, pero el merengue casa mal con Haendel.



Piensa que le va a tocar "comer techo", como dice tu suegro. Se acuerda, entonces, de la carta a Putin. ¡En la lavadora! Rescata el papel y comienza a leerla.

Le llama señor Vladímir, con tilde, como lo pone "El País", "el periódico de la gente honrada en España". Así lo dice Benjamín Tobes: creyente, burgalés y lector de un periódico de izquierdas...



Una carta llena de digresiones y paréntesis. Se pierde con demasiadas explicaciones, se embarulla, retuerce y enrosca las frases. Muy crítico es Jaime con la redacción de tu suegro.

¿Y para qué escribe a Putin? Pues...para comunicarle la impresión que le ha producido descubrir la literatura rusa. Y le pregunta por unas palabras que los traductores han dejado en ruso: kokoshnik, devichnik, zakuski (кокошник, девичник, закуски)*. Le desea feliz Navidad, le anima a visitar España y se ofrece para acompañarle al Museo del Prado. ¡Cosas de tu suegro!

Le vence el sueño, la carta le ha servido de somnífero. Reza tres avemarías, se persigna y apaga. Ruth, Malibú y Fito siguen con su fiesta. Se duerme.

Mientras tanto, el viento vibra en el "relax", la habitación donde tus compañeras y tú os refugiáis. Refrescos, café, butacones y una mesa donde extiendes tus papeles, los de la ponencia que vas a presentar en un congreso de Barcelona. Preside un crucifijo. En el vestíbulo hay una foto con las monjas francesas que fundaron el hospital, con sus tocas aladas, hace más de cien años, en un Madrid de barrizales, con niños "escrofulosos".

Tu mirada se va a a los cuatro rascacielos que se construyen en la Castellana. Colocas la mano sobre los vidrios y te estremeces. Tiemblas, se te pone la piel de gallina. Un mal recuerdo se ha cruzado por tu mente.

Vuelves al control, revisas en los monitores la frecuencia cardiaca de los fetos. Todo va bien. El dolor de cabeza sigue ahí, pero no te tomas el ibuprofeno. "Por alguna razón inexplicable" el dolor te tranquiliza.

Hasta mañana, Sara.

*La traducción que me da el traductor on line es: Kokoshnik, despedida de soltera, aperitivos.

Un abrazo de María Ángeles Merino para los que pasáis por aquí.


Pedro Ojeda dice en "La acequia":"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, continúa el comentario del primer capítulo de Viene la noche, en el que suma acertada síntesis y buen tino para la ilustración. No se olvida ni de Putin."

9 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¡Cuánto trabajo en tus comentarios! No te olvidas ni de Putin...

pancho dijo...

Muy bien traído lo del Arbolito Naranja. No se me habría ocurrido pensar que tuviera ese significado. Ni cómo te fijas en las palabras en ruso.
Resistir a esas tentaciones sólo se entienden desde la santidad, o desde la disfunción que señalas...

Como tienes la experiencia de los secundarios del Quijote, estas narraciones con cambios de punto de vista deben ser pan comido.

Excelente trabajo y bien ilustrado.

Un abrazo.

Myriam dijo...

Te acabo de dejar comentario en la entrada de la parte anterior que no sé como se me había pasado.

Tampoco yo había caido en lo del Arbolito Naranja y eso que he estado de visita en el Ecuador.

Muy bueno el recorrido fotográfico. La pma que esté en Madrid, lo haré detenidamente.

Myriam dijo...

ahh y un abrazo para ti Ma Angeles.

Asun dijo...

Muy curioso lo del "Arbolito naranja". Yo me preguntaba el por qué de ese nombre, pero no me puse a investigar. Gracias por haberlo hecho tú por mí.

Las pastillas que toma Ruth no creo que sean las de la depresión porque parece ser que esas más bien bajan la libido, que no parece ser lo que le pasa a ella.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Pedro: ni de Putin, aunque fuera un personaje algo siniestro y seguramente no leyó a Tolstoi. No se imagina Benjamín...

Pancho: me hizo mucha gracia encontrarme, por casualidad, con esa canción que cantan las niñas más bonitas de Guayaquil, cuando juegan a la comba. El cambio de punto de vista me gusta, será que empatizo con ellos, como dicen ahora. Me resulta más fácil siempre en primera que en tercera persona. Y más entretenido.

Myriam: sé muy poco de Ecuador pero me imagino a una sniñas guapas y morenitas cantando esa canción, mientras mueven la cuerda. En España cantamos el "cocherito leré". No te aconsejo mucho el distrito de Tetuán para pasear, es feíllo...yo lo recorrí con el Google maps.

Asun: de nada, me tienen intrigada esas pastillas porque estoy segura de que Esquivias sabe de lo que habla, se documenta con médicos, con curas, con comadronas o con lo que sea,

Un abrazo a todos, gracias.

Aldabra dijo...

Como siempre, un resumen divertido y ameno. Biquiños,

Antonio Aguilera dijo...

No se te pasa detalle.
Acabo de pasar esta mañana la página 102, que es donde acaba el primer capítulo; y leer tu comentario ahora me ha vuelto a refrescar la memoria.

Da muchos detalles de forma inteligente este Esquivias.
Me gusta sobre todo las ristras (cual ajos) de adjetivos que utiliza en muchas frases, siempre muy adecuados. A esto le llamo yo tener un lenguaje florido.
Aunque Cervantes no le va a la zaga. El complutense también los encadena magistralmente.
Me está siendo un buen complemento leer a Esquivias y escuchar El Quijote: el cerebro se me llena de palabrejas como de grillos.
UFF! y ahora los del Foro de Priego han propuesto para leer El Aleph de Borges (aunque ya lo leí y releí hace 6 años), la cabaza me explotará cualquier día como una bomba de relogería. Todo ello aliñado con las proteínas del pienso de los pollos y la coccidiosis de los pavos y bla bla jajjaja.

Por lo menos cuando leo tus coemtarios, me doy cuenta de las cosas que no dijo Esquivias, por lo bien que comentas e ilustras.

Gracias abejita, no cambies nunca.

Besos

Anónimo dijo...

Querida María Ángeles,
Realmente eres increible, es un trabajo fabuloso, con lujo de detalles, como cuando te leía con el Quijote, lamentablemente,no he leído nada del novelista Oscar Esquives, pero ten la seguridad de que buscaré la novela "Viene la noche", para leerla completa, me parece muy interezante.
Estuve en Ecuador hace algunos años en un Seminario de Orientación Familiar, en la ciudad de Guayaquil, te comento que hay chicas muy guapas y no son morenitas, hay mezcla de italianos, franceses y españoles, lo que les da una belleza muy especial, blancas, rubias, castañas etc-etc.
Me gustó mucho tu entrada, te sguiré.
Cariños, desde San Isidro.-Perú
María del Carmen.