Primera parte del comentario al capítulo 2,59 del Quijote, publicado en "La acequia"
Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote.
Una “fuente clara y limpia” les socorre del polvo, del cansancio y del susto, mucho susto…El agua refresca y hace cobrar el aliento ¡Aquellos toros descomedidos!
En una “fresca arboleda “se sientan caballero y escudero, mientras el rocín y el rucio pacen a sus anchas. Sancho extrae, de las alforjas, un tesoro de pan y queso; mas don Quijote, pesaroso, no come y Sancho, comedido, espera a su señor, hasta que el escudero, impaciente, se olvida de la cortesía y comienza a engullir pan y queso.
Don Quijote, sarcástico, le dice que coma, viva y... le deje morir a manos de sus pesarosos pensamientos. Si él nació “para vivir muriendo”, se ve que Sancho lo hizo “para morir comiendo”. Ahora que sus historias son impresas , respetándole los príncipes, solicitándole las doncellas…ahora que espera palmas, se ve pisado por inmundos animales. Considerando esto, no puede comer y se dejará morir de hambre, la peor muerte.
Creo que , en realidad, a don Quijote no le duelen tanto las coces y su breve huelga de hambre es una redecilla que va a tender al pajarillo Sancho. El chantaje emocional es una trampa que Sancho va a saber sortear.
Él mastica y desaprueba la actitud de su señor. Le aconseja bien: hay que tirar de la vida y la desesperación es gran locura. Coma un poco, échese un sueñecito sobre la hierba y volarán las pesadumbres.
Estas “filosofías” convencen a don Quijote que , seguramente, empieza a tener algo de hambre. Ahora es el momento de proponérselo. Él dormirá, y mientras tanto, puede Sancho apartarse, echar al aire sus “valientes posaderas” y azotarse un poquillo, con las riendas de Rocinante. Sólo unos trescientos o cuatrocientos azotitos de nada, y comenzará la cuenta atrás para desencantar a Dulcinea.
Sancho sabe parar a su amo. Tranquilo, mi amo, por ahora los dos echamos un sueñecito y Dios dirá. Tenga paciencia la encantada tobosina y verá a Sancho como una criba, cumpliendo lo prometido; que azotarse es “cosa recia” y precisa su preparación.
Don Quijote se lo agradece, come algo y a dormir los dos. El rucio y el rocín, compañeros inseparables, quedan libres para darse un atracón de jugosa hierba.
Y el verde colchón se pega a sus magullados cuerpos más de la cuenta y han de apresurarse para recorrer esa legua que los separa de una venta; que así la llama don Quijote esta vez , abandonando su antigua costumbre de llamar castillos a las ventas.
(Sigue)
Un abrazo para Pedro Ojeda y para todos los que pasáis por aquí. Sigo con el capítulo...
3 comentarios:
Nuestro pobre Quijo está molido y depre. Espero tu segunda parte. Besotes, M.
Molido, depre y algo manipulador con el pobre Sancho.
Besos
Este Sancho ya sabe mucho.
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