miércoles, 1 de mayo de 2013

"...y un huerto claro donde madura el limonero"



Río Duero, a la altura de San Saturio.
Comentario en torno a  un solo verso  de "Campos de Castilla", de Antonio Machado. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Abro “Campos de Castilla” y recuerdo mi viaje a Soria, el de hace unos meses, con el libro en la mano, buscando el rastro del poeta. ¿Recordáis aquellas entradas con el título: "Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán"?

Leo el comienzo del famosísimo “Retrato”:
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero..."


Pero me detengo en el segundo verso:
¿Tan pronto? No has hecho más que empezar, valiente comentario el tuyo, María Ángeles. Sí, solo es un verso, pero…qué verso.
¿La caricia de los acentos, en mi oído? “…y un huérto cláro donde madúra el limonéro”. Alejandrino de acentuación trocaica, dos hemistiquios…no nos compliquemos.

¿La cadena de erres suaves que hacen el eco a la erre fuerte del huerto? Huerto, claro, madura y  limonero.
¿La belleza de la imagen sugerida? Un huerto sevillano lleno de luz, un limonero bañándose a placer en el sol que amarillea sus frutos. ¡Quiero estar ahí!

Las imágenes que mi cerebro construye al leer las ocho palabras...no serán las mismas que las tuyas, amigo que me lees. Y nunca sabremos, de verdad, cómo era el huerto y el limonero de la infancia de Machado.

Una explosión de luz verde y amarilla. Deseo olerlo… ¿Cómo huele el limonero? ¿Cómo huelen sus hojas y sus flores? No lo sé, no se dan esos árboles  en mi ciudad castellana. Creo oler sus frutos amarillos, esos sí los conozco, aunque sean… de la frutería.


Sí, huele a limón. Me gustaría atraparlos, meter mis manos en la fuente, como hizo el niño Antonio, en aquella "tarde alegre y clara, casi de primavera":
El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...

...
Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
 Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.
Y comparto con el pequeño Antonio su desilusión, nunca alcanzamos los frutos que sueñan en el fondo de la fuente. No cesamos en nuestro empeño de atraparlos en el agua serena. Soñamos. La fuente está vacía.


Esta vez me he lucido, solo he comentado un verso, ocho palabras, nada más.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino
 

10 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Pues sí te has lucido Abejita porque has escrito sobre un verso pero ¡qué verso! Precioso. Yo sí me acuerdo de aquel viaje machadiano/becqueriano que hiciste y comentaste :) Besotes, M.

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Gracias por tu entrada dedicada a esas ocho palabras, de forma tan bonita.
Los libros de Machado siempre los tengo a mano, pero mañana procuraré hacer la aportación a la lectura.
Al igual que Merche Pallarés también recuerdo tu viaje soriano.

Abrazos

Paco Cuesta dijo...

Nos llevas a compartir un aroma lírico inolvidable.
Un abrazo

pancho dijo...

Siempre que salen los limones me acuerdo Antonio Torres Heredia camino de la Maestranza de Sevilla con una vara de mimbre a ver los toros, en versos más cortos:

A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
...
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.

Un placer leer tus anotaciones tan machadianas por partida doble. Con un verso tan intenso, basta.

Un abrazo

mpmoreno dijo...

Ocho palabras, ¡pero qué ocho palabras! "Y un huerto claro donde madura el limonero: es un huerto, por tanto tranquilidad y paz, no hay ruido sólo el de la acequia de riego, claro; con radiante sol pero tal vez de la mañana, porque es claro no abrasador, seguro que a esa hora una suave brisa se pasea por ese huerto, somos nosotr@s que seguimos al Maestro, nos acercamos mucho hasta acariciarlo para no perdernos ni una letra, madura el limonero, despiertan las glándulas salivares con su jugosidad porque está maduro y nos conquista ese sabor afrutado y acidulado que hay que sorber de a pocos.
Me quiero quedar en ese huerto.

Pamisola dijo...

Ya te veo metida en el tema machadiano, y cómo siempre lo vives, y te lo curras. Yo también recuerdo el viaje a Soria que hice ahora hace un año, con el profe de la Universisdad, y me encantó, casi a la vez que tu hiciste las entradas de tu viaje, siempre tan interesantes.


No sé a qué te refieres con lo del cambio del blog, ya me dirás.

Besos

Aldabra dijo...

y que bien los has hecho... nos has explicado muy bien por qué nos gustan los versos y por qué nos suenan a música celestial... con esos palabros tan interesantantes "acentuación trocaica" y "hemistiquios".

me encantan los limonersos y los limones y el sabor... me encanta aderezar las ensaladas con limón y echárselo a la merluza recién cocida con un chorretón de aceite de oliva...

ains... que bien huele, que bien sabe todo y lo bien que escribía Machado.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Machado comienza por donde debe: presentando la voz poética que nos va a llevar de la mano. ¡Viajaste como si supieras que llegaríamos aquí!

Ele Bergón dijo...

Ya sabes que me encantó esta entrada tuya tan sentida y tan llena de poesía.

Un abrazo

Luz

Myriam dijo...

Sea, pero hasta aquí me llegó el aroma del limonero..... ¡gracias!