jueves, 28 de marzo de 2013

"...ya no la debes tocar. Es la Salvadora"



La mujer que curiosea podría ser la Ignacia o la Salvadora, ya más mayorcita..

 Comentario de algunos contenidos de la novela "Aurora Roja", de Baroja. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

¡Hola de nuevo, Manuel Alcázar, personaje barojiano!

Mi anterior entrada comenzaba con el barrio "sepulcral" en que ahora vives, rodeado de cementerios clausurados. Entré en tu casa y te sorprendí hablando con el apañado vecino, el Rebolledo hijo, en su taller de electricista, en la parte baja de tu vivienda. El muchacho, al que no le disgusta nada la Salvadora, te tira de la lengua; el primer tirón va de economías, el segundo aterriza en tus sentimientos hacia ella.


Caían gruesas gotas sobre los charcos y la melancolía del día gris te empujaba a las confidencias. ¿Casarte? Cariño, agradecimiento, amor...no estás seguro de tus sentimientos, acaso Salvadora te quiera como al gato, porque eres de casa...No digas tonterías, Manuel. La Justa no te quería, no le des más vueltas.


Esa misma tarde de charcos recibes la visita inesperada de  un joven "con ligero acento extranjero", seguido de un perro lanudo. Es tu hermano Juan que dice venir de París, hace quince años que no os veis y le cuesta reconocerte. Has cambiado mucho, él no ha cambiado tanto, a pesar de su aspecto de artista bohemio.


"Azorado" con la llegada imprevista, le acompañas al piso principal. Los habituales a la tertulia del taller presencian, con asombro, tu "entrevista" con aquel desconocido de sombrero puntiagudo y pelo largo. Tu hermana Ignacia, la Salvadora, Rebolledo padre, Rebolledo hijo,y el señor Canuto acompañado de su "fraseología" peculiar. "Tipos raros, buenas personas" te acompañan ahora, en tu tiempo de ocio. Tus vidas de "randa" y  timador de casino quedan muy lejos.

Encarrilaste tu vida. Baroja emplea un capítulo entero´ en dar una vuelta repentina y rápida a tu pasado, algo que los literatos, y ahora los del cinematógrafo, llaman analepsis. Qué incómodo para Juan y para ti, os paraliza subiendo la escalera.

Ya en el capítulo siguiente, llegas arriba y abres la casa, entráis en el comedor. Mientras tú piensas a qué vendrá este, tu hermano califica como bonita tu sencilla casa, le cautiva "el cuartito limpio" y el aparador con las botellas ordenadas. Por fin sube la Ignacia, tu hermana se siente egoistamente  inquieta y se alborota con la presencia del perro Kiss. Por cierto, que el peludo va a tener también sus aventurillas con los canes golfos de la calle Magallanes.


Por fin, entra la Salvadora y Juan no puede evitar un movimiento de sorpresa, algo especial tiene esta mujer. La presentas así:

"Es una amiga que vive con nosotros como una hermana"

Tus palabras, tan rebuscadas, te avergüenzan y se lo contagias a tu "amiga como una hermana", la conversación languidece. Entra el hermanito de la Salvadora y se pone a jugar con el perro. Juan le acaricia y no pregunta quién es, la Salvadora se pone como una amapola , balbucea un pretexto y sale del cuarto.

Os quedáis solos los tres hermanos y le preguntas "maquinalmente" qué ha sido de su vida estos años. Lo de la deserción del seminario ni lo oyes, tan preocupado estás por la turbación de la Salvadora. Os relata sus "recuerdos de hambre y bohemia": apuntador en una compañía de cómicos, compañero de un vagabundo retratista, restaurador, artista en Barcelona...Su vida de obrero de joyería en París, mientras realiza su aprendizaje artístico en el Louvre y en el Luxemburgo. Y crea con entusiasmo. Y adquiere cierta gloria con su obra "Los rebeldes". Y ahora ya tiene "encargos suficientes para poder vivir con holgura". Esta ha sido su vida.




Os habla calurosamente y lo escucháis con frialdad. Rodin, Meunier, su intención de crear un arte social para las masas, sin mezquindades burguesas. Ignacia y tú, como si os habla en una lengua extranjera.

Juan quiere esculpir un busto de Salvadora, para presentarlo en la Exposición. ¿Por qué? Así ironiza el escultor con su ruborizada modelo:

"Porque tienes una cara especial. No eres como nosotros, por ejemplo, que siempre somos guapos,elegantes, distinguidos...; tú no, un día estás fea y desencajada y flaca, y otro día de buen color, y casi casi hasta guapa."

Salvadora posa mientras cose, con un gatito rojo en el regazo y eso les permite hablar de ti. Él...que si Manuel anduvo en algunas épocas hecho un golfo, ella... que ahora está muy bien... no sale de casa nunca, él...se figuró que estabáis casados, ella "pues no". Y él remata que acabaréis casados porque "Manuel no podría vivir sin usted. Está muy cambiado y muy pacífico". Recuerda anécdotas de vuestra infancia, tu audacia y valentía con aquel chico mayor que trajo una mariposa clavada con un alfiler; menuda paliza te dio por arrancárselo y tirarla por la ventana.

http://dondeelcorazonmelleve-irema.blogspot.com.es/2011_02_20_archive.html

Por fin, un día te quedas contemplando la estatua y murmuras:
"ya no la debes tocar. Es la Salvadora". Tú bien lo sabes, Juan ha encontrado la expresión:

 
"Era una cara sonriente y melancólica, que parecía reir mirada de un punto, y estar triste mirada de otro, y que sin tener una absoluta semejanza con el modelo, daba una impresión completa de la Salvadora."
Emperatriz romana
 
Juan está contentísimo, su busto tiene algo de emperatriz romana; de su escultura se ha de hablar, ha de llevarla a la Exposición. Se empeña en convidaros al teatro. Ignacia y Salvadora no quieren ir, tú tampoco tienes ganas, sientes  miedo ante el centro de Madrid de noche, temes encontrarte con tu vida de antes porque eres "un hombre que no tiene energía para nada...hago lo que hacen los demás".


Teatro Apolo

Y así va a ser, en la puerta del teatro Apolo  vas a encontrarte con tu antigua amiga la Flora, que te da noticias de  viejos conocidos. La Justa está en un burdel, "hecha una jamonaza", se da al aguardiente...no hace más que beber y engordar".
Cuadro de Botero

Luego te encuentras con Violeta, la amante de tu primo Vidal, envejecida, medio paralizada y medio ciega, hecha una piltrafa humana. Le das todo el dinero que llevas encima y sientes alivio al llegar a casa:

"En el comedorcito, a la luz de la lámpara, cosía la Ignacia, y la Salvadora cortaba unos patrones. Había allá un ambiente limpio, de pureza."

"Mujer cosiendo", Renoir.
 
 Y les cuentas no lo que has visto en el teatro, sino lo que has visto en la calle.

Tendrás un encuentro con la Justa, desafiante, en el merendero del Partidor, en Cuatro Caminos, donde os invita Juan a merendar, para celebrar su éxito en la Exposición:


"—¿Quién es esa que está contigo? ¿Tu querida?—y señaló a la Salvadora.
—No.
—¿Tu novia?... Chico, tienes mal gusto. Parece un fideo raido."  

La Justa tiene un aspecto de bestialidad repulsiva, ahogada en gordura. Dedica miradas de basilisco a la Salvadora. Al final, cansados de impertinencias, las de la Justa más las de sus compañeras y dos señoritos , os retiráis.

"—¿Por qué me mira así esa mujer?"
 
Y la Salvadora te hace esta pregunta sonriendo. Es la sonrisa de una mujer que se sabe victoriosa.
Foto tomada en el merendero del Partidor de Aguas.
 
Quieres tener taller propio, ser autónomo dicen ahora. Recibes ayuda de tu hermano Juan, las mil pesetas de la tercera medalla, a pesar de ciertas desavenencias porque Juan te reprocha tus ambiciones burguesas. Las mujeres de la casa te animan a pedir ayuda a Roberto Hastings, para comprar una máquina y tipos nuevos, por quince mil pesetas. Y tu viejo amigo confía en ti, acepta asociarse contigo y te ayuda a comprar la impresora y las cajas. Instalas tu propia imprenta. Nunca lo hubieras pensado de aquel iluso que soñaba con una gran herencia, en la pensión de doña Casiana.
 
Pero caes enfermo, por la fatiga y las preocupaciones. Y allí estará ella para cuidarte amorosamente, como al gato, porque eres de casa.

"Entraba la Salvadora y mullía el almohadón ó le preguntaba si necesitaba alguna cosa, é inmediatamente Manuel sentía un agradecimiento tan grande, que hubiera querido exponer su vida por ella..."

Eres ya un triunfador, en lo profesional y en lo amoroso. Seguiremos  tu trayectoria. Entrarás en la tertulia dominical anarquista de la taberna "La aurora", en Areneros.Tu hermano Juan no coincidirá con tus puntos de vista. El narrador no será muy objetivo, este don Pío es muy suyo. Hasta la próxima entrada, Manuel, la última, será la bomba.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:


María Ángeles Merino


Las palabras textuales de la obra:

http://es.wikisource.org/wiki/La_lucha_por_la_vida_III

11 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En el fondo, es un triunfador por estímulo de la Salvadora, que el pobre Manuel sigue con sus inseguridades...
Qué buena labor de resumen e ilustración.
Aunque yo dé por terminada esta lectura, en La Acequia seguiré recogiendo tus aportaciones, por su puesto.
Un beso.

pancho dijo...

Lo primero que se me ocurre comentar es el extraordinario esfuerzo por buscar y encontrar tantas ilustraciones acorde con la narración. Enhorabuena.

Y después, la humillación para Madrid que resulta de la comparación de la calle Magallanes con la vista aérea de París.

Con eso de la analepsis - o lo que sea - me has llegado al alma, qué nivel...

Algo tengo escrito sobre el prólogo de Aurora roja, pero con tanta fiesta, no sé cuándo lo podré subir. Y además es la última semana dedicada a Pío Baroja según el programa, el tiempo se ha echado encima y sin vender una escoba.

Un abrazo

Merche Pallarés dijo...

La Salvadora es el ejemplo de que detrás de un gran hombre siempre hay una mujer... Ella sabe encarrilar al pusilánime de Manuel. A mi como a PANCHO también lo de la "analepsis" me ha llegado al alma, je,je...:) Besotes, M.

Paco Cuesta dijo...

Gran e ilustrado extracto con analepsis fotográficas incluidas.
Besos

Kety dijo...

Gracias a Facebook he logrado entrar en tu blog.

Como siempre genial.
Contigo yo si que hago analepsis de lo que llevo leído. ;-)

Un abrazo

Bertha dijo...

Me ha encantado esta lectura guiada y estas imágenes; encaja todo a la perfección.Una analepsis de película.

Ahora que ya se va encarrilando para bien la vida de Manuel...ya no lo volveremos a tener como protagonista.

Feliz día de Resurrección Mª Angeles.

Pamisola dijo...

Ya terminé el libro, y me quedo pensativa con muchas cosas, por algo será. Quiero decirte que han sido de mucha ayuda tus entradas. y las de todos.
Esa forma de incluir a Manuel, en tus opiniones, charlando con él como si tal cosa es muy divertido. Debías adoptarle, (es broma). Ignora el pobre, que dentro de unos días estarás entusiasmada con el personaje de otro libro, así son las cosas.
Abrazos.

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:
(Te envié este comentario -dos veces- ayer. Al no verlo publicado creí que lo tenías en espera, pero pienso que debió volarse)
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Qué estupendo acompañamiento a los personajes de Don Pío.
La Salvadora, se hace querer y gusta a los caballeros y a los lectores.
Juan además de sincero, valiente, artista, y romántico...¡generoso!.
¡Qué página la del capítulo IV, dedicada a ‘Las impresiones de Kis’!

Abrazos.

P.D.: Sabía que ibas a dedicarle una imagen al perrillo.

Myriam dijo...

Se me asó comentarte aquí en su momento, peor te había leído.

Me gustaron mucho, tus ilustraciones, en especial al primera de la Calle Magallanes.
Esta casa comienza a ser un verdadero hogar... completísmo ahora con Juan y su perro Kiss.

(¡¡¡Qué chistoso, el mismo nombre que mi hija le puso a su segundo perro y por el mismo motivo que Baroja eligió su nombre para perro de un pintor!!!)

Besotes

Myriam dijo...

"Se me pasó/ pero te..." dice en la primera frase de mi comentario anterior ¡qué torpe soy con el tecleado!

Más besos

Cosmo dijo...

Los profesores habrán de tener cuidado al corregir exámenes o trabajos porque se lo das todo hecho,es una maravilla.Besos