miércoles, 5 de octubre de 2016

Cartas marruecas y cartas marroquíes (3)



Recordáis de dos entradas anteriores, mi encuentro con Mohamed, un joven marroquí que fue mi alumno en la escuela de adultos. Me habló de un trabajo escrito que había realizado en el instituto donde cursa bachillerato nocturno, en relación a las Cartas marruecas de Cadalso. Me lo envió junto a unos apuntes preliminares. Aquí tenéis los que se refieren a las cartas primera, segunda y tercera. Mohamed selecciona parte del texto y lo comenta colocando las palabras del escritor en un contexto actual. Son unas auténticas cartas marroquíes.


“He logrado quedarme en España...”

No fue fácil, mi padre pidió dinero a un prestamista y pagó al patrón de la patera. En sueños me persigue la memoria de aquel terrible viaje, bajo el sol, el agua salada, los vómitos y los compañeros amontonados. Vi cuerpos hinchados, ahogados. Después de dar gracias a Alá por haber llegado a tierra, me eché a andar sin rumbo, pasé sed y hambre, viví agazapado como un conejo, trabajé en el campo y en la construcción y recorrí España de punta a punta. 



Ahora tengo un trabajo de vigilante nocturno, en una fábrica de Burgos, y aprovecho la noche para estudiar. Pude traer a Fátima que encontró trabajo en una casa y ahora cuida a una señora muy mayor. Tuve mejor suerte que mi hermano Omar que sobrevive aquí con ayudas y algún trapicheo. 

“Me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano…”

Hace mucho que cambié el caftán y la chilaba por el pantalón y la camiseta; pero no he conseguido evitar las miradas recelosas, tampoco Fátima se libra. Yo no la impongo el hiyab, mas ella considera importante llevarlo, algo que le ha cerrado muchas puertas. También le gusta llevar caftanes de telas brillantes, me pregunto qué se pondrá nuestra pequeñita cuando sea mujer. No debería preguntármelo, será inevitable que Nadia vista como las españolas de su edad. Será una buena musulmana o lo que ella quiera, a ti te lo digo profesor, nunca diría esto delante de los míos. ¡Qué difícil es el "justo medio"! 



Sí. Me invitan a las casas de algunos amigos españoles o ecuatorianos y yo les he invito a la mía; no muy a menudo, me siento más cómodo en la de mis compatriotas. Sus celebraciones religiosas me resultan extrañas y a ellos las nuestras. Yo no entiendo lo del bautismo o la primera comunión y a ellos no les cabe en la cabeza el ayuno del Ramadán. 

En cuanto al idioma, obligado te veas, cada vez me manejo mejor en español, aunque no escriba tan bien como Gazel. Tengo un buen recuerdo de las clases de la escuela de adultos, me sirvieron de base para seguir estudiando. No olvido mi lengua ni mi cultura, en la biblioteca pública me prestan algunos libros en árabe.



“Observaré las costumbres de este pueblo...”. 

He llegado a una amistad muy estrecha con Juan, un compañero de trabajo que se esfuerza en explicarme las costumbres de “un país más ameno que el mío, y más libre". La televisión actúa como canto de sirena, los jóvenes marroquíes ansían, ansiamos, escapar de la pobreza y la tiranía. Desde África se ven las luces pero no las sombras. 


Un astronauta de la NASA retrata el estrecho de Gilbraltar desde la estación espacial. "Parece que España está flotando lejos de África"

“Procuraré despojarme de muchas preocupaciones que tenemos los moros contra los cristianos, y particularmente contra los españoles”. 

Es difícil sacudirse los prejuicios, nos cuesta a  los moros y mi amigo Juan me asegura que no menos a los cristianos. Los viejos de la Plaza Mayor me hablan de los moros que trajo Franco, en la guerra civil, que tanto miedo causaban. 



Y, al redactar este trabajo, no faltaré a la verdad, seré sincero, aunque sólo se trate de la tarea de un estudiante. Como decía el joven Gazel al viejo Ben Beley : “… tú me enseñaste a amar la verdad. Me dijiste mil veces que faltar a ella es delito aun en las materias frívolas”. Es lo mismo que me inculcaron en mi infancia, en Tetuán. Confío en que Alá haya concedido a algunos de mis viejos maestros “una vejez sana y alegre”. Pero me temo que hayan muerto, los ancianos no disponen, en Marruecos, de cuidados médicos y medicinas, como aquí. Me gustaría traer a mis padres conmigo, sobre todo a mi madre, casi ciega por unas cataratas que aquí operarían fácilmente.





"Los europeos no parecen vecinos, aunque la exterioridad los haya uniformado"

No he podido viajar por Europa, pero tengo muchos familiares en Francia, en Bélgica y en Alemania. Cada país es un mundo, aunque diga mi primo Abdel que le parecen  todos iguales, tan rubios, tan blancos, tan sonrosados. Me cuentan que son más "cerrados" que los españoles, que cuanto más arriba más frío, en todos los sentidos.Tampoco todos los españoles son abiertos y simpáticos. Los emigrantes lo tienen difícil en todas partes, es la verdad.

"Aun dentro de la española, hay variedad increíble en el carácter de sus provincias. Un andaluz en nada se parece a un vizcaíno; un catalán es totalmente distinto de un gallego; y lo mismo sucede entre un valenciano y un montañés. Esta península, dividida tantos siglos en diferentes reinos, ha tenido siempre variedad de trajes, leyes, idiomas y moneda".

Aunque haya vivido en distintas comunidades autónomas y sepa de esas diferencias, no he de hablar con ligereza. ¡Decir sin más que los andaluces son alegres, los vascos comilones o los catalanes tacaños! El señor Cadalso me dice que entre bien en su historia, que haga preguntas, apunte mis reflexiones y me tome tiempo antes de juzgar. 



«La península llamada España sólo está contigua al continente de Europa por el lado de Francia, de la que la separan los montes Pirineos. Es abundante en oro, plata, azogue, piedras, aguas minerales, ganados de excelentes calidades y pescas tan abundantes como deliciosas. Esta feliz situación la hizo objeto de la codicia de los fenicios y otros pueblos".

¡Feliz situación la de aquella Iberia opulenta! Ahora España es un país que lucha por superar la crisis. ¿Pobre? ¡Cuántos prefieren o preferirían la pobreza española! Como dice Viorel, mi amigo rumano: ¿Crisis? ¡Si están los bares llenos!

Volvamos a Cartas marruecas. Gazel enferma, Nuño le acompaña y le cuenta la historia de España. Mi amigo Juan me hizo muchas visitas en el hospital, cuando me operaron de apendicitis. Pero sólo hablamos de fútbol, algo muy importante en este país. Uno de los ancianos de la tertulia de la Plaza Mayor fue profesor de historia y se presta, en ocasiones, a ser mi Nuño Nuñez. Me amplía lo que estudio en las aulas. Me comenta, divertido, que, cuando era pequeño, los libros escolares pintaban a los fenicios como unos aprovechados que cambiaban telas teñidas y piedrecitas de colores por pepitas de oro y plata. ¡Y que ahora llaman fenicios a los catalanes!



¿Y los romanos? Los soberbios "dueños de lo restante del mundo" encontraron aquí "una resistencia extraña y terrible". Los numantinos, después de catorce años de sitio "incendiaron sus casas, arrojaron sus niños, mujeres y ancianos en las llamas, y salieron a morir en el campo raso con las armas en la mano". 

"Si los romanos conocieron el valor de los españoles como enemigos, también experimentaron su virtud como aliados". Qué otra cosa podían hacer, porque "Roma se hizo señora de toda España". 


Numancia

Y en la España de ahora ¿quiénes son los romanos? ¿Quién manda aquí? ¿Será la señora Merkel con su ssspanien en la boca? ¿Los de Bruselas? ¿Los Estados Unidos? ¿Los grandes capitalistas que ya no tienen patria? Porque yo veo las calles principales de las ciudades españolas llenas de nombres extranjeros. 

Pero vinieron los malos que eran unos bárbaros. 

"Largas revoluciones inútiles de contarse en este paraje trajeron del Norte enjambres de naciones feroces, codiciosas y guerreras, que se establecieron en España".

De esos "enjambres" Cadalso debe saber bien poco y lo despacha con lo de "inútiles de contarse".

El viejo profesor sonríe ante estas palabras de Cadalso: "Pero con las delicias de este clima tan diferente del que habían dejado, cayeron en tal grado de afeminación y flojedad, que a su tiempo fueron esclavos de otros conquistadores venidos de Mediodía".




Iglesia visigoda de San Juan de Baños. 


¿Los godos afeminados y flojos? ¿Por culpa del clima? ¿Les afectó el calor? ¿Sólo rendían ante el áspero y frío clima del norte de Europa? No lo es menos el de Burgos. Parece ser que sufrieron las consecuencias de la desunión entre ellos. El último rey godo, don Rodrigo, perdió España por la traición de otros godos, partidarios de otro rey. 

Los godos huyen y llegan los malos más malos, los míos, los pueblos del norte de África. ¡Los musulmanes! Pero ahí estaba don Pelayo "uno de los mayores hombres que naturaleza ha producido". Me dice el profesor jubilado que mucho de lo que cuentan de él es leyenda, que era un rey asturiano que se enfrentó a los musulmanes en la batalla de Covadonga, una escaramuza de resultado incierto, pero que le permitió afianzar su poder. ¡Y contó con la ayuda de la Virgen María! 

"Desde aquí se abre un teatro de guerras que duraron cerca de ocho siglos. Varios reinos se levantaron sobre la ruina de la monarquía goda española, destruyendo el que querían edificar los moros en el mismo terreno, regado con más sangre española, romana, cartaginesa, goda y mora de cuanto se puede ponderar con horror de la pluma que lo escriba y de los ojos que lo vean escrito". 

Mi anciano amigo me explica que los reinos cristianos coexistieron durante casi ochocientos años con el Al Andalus. Que ambos espacios comerciaron e intercambiaron conocimientos, pero también pelearon por el territorio peninsular. Pero que en la escuela se lo contaban como si hubieran estado ochocientos años sin tregua, dale que te dale a la espada. 



Tal vez Cadalso, un hombre muy racional y razonable, ponga en boca del personaje Nuño la versión histórica que era normal en su época y confíe en que el lector reflexione sobre aquel "teatro de guerras". ¿Teatro?

Y llega lo que el escritor considera como modelo de monarquía hispánica, la de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, incorporadores de "tantas provincias tan diferentes en dos coronas". Podrían haber dejado a sus herederos un "imperio mayor y más duradero que el de la Roma antigua", pero les faltó un heredero varón y la corona pasó a "la Casa de Austria la cual gastó los tesoros, talentos y sangre de los españoles por las continuas guerras que, así en Alemania como en Italia, tuvo que sostener Carlos I de España". 



Me explica mi viejo amigo que, para Cadalso, la decadencia española comienza con Carlos V y Felipe II. Sin embargo, ahora se suele hablar de decadencia a partir de Felipe III. Los libros escolares del franquismo decían "Carlos I, campeón de España y de la cruz". Un campeón que derrochó "tesoros, talento y sangre de los españoles".

"Murió dejando su pueblo extenuado con las guerras, afeminado con el oro y plata de América, disminuido con la población de un mundo nuevo, disgustado con tantas desgracias y deseoso de descanso".

Consulto cualquier libro de texto actual de la asignatura de Historia. Invariablemente el siglo XVI es apogeo y el siglo XVII  es crisis. Tenía razón Cadalso: España quedó extenuada por las guerras de unos reyes empeñados en mantener y agrandar la enorme finca familiar de los Austrias. El oro y la plata de América poco afeminaron al pueblo español, que pasaban enseguida a las manos de los banqueros genoveses. A la muerte de Carlos II "no era España sino el esqueleto de un gigante".


Al final, Gazel extrae cinco conclusiones: la ausencia de paz en casi dos mil años, la costumbre de aliar guerra y religión adquirida en la lucha contra "los descendientes de Tarif", el desprecio por el comercio y la industria, la vanidad de la nobleza y la escasa afición de muchos a las artes mecánicas, tan distraídos que están en manejar los caudales de las Indias.

Ahora no hay batallas contra "los hijos de Tarif", pero la guerra se hace de otra manera.¿Qué es el terrorismo sino guerra? ¡En nombre de Dios nunca! ¡Menos aún en nombre de Alá, el clemente, el compasivo, el misericordioso!




Deseo lo mejor `para este país que me ha acogido, que crezcan los caudales y se inviertan en el comercio y la industria, para que haya pan y trabajo para todos. 

Hasta aquí los apuntes de Mohamed para el comentario de las tres primeras de las Cartas marruecas. Como muestra es un buen botón. Un Gazel del XXI, tan racionalista y amigo del saber como el personaje de Cadalso. ¿Me decís que Mohamed no existe? Gazel tampoco. Sería bueno que existieran. 

Para la lectura de octubre, nos quitamos la peluca dieciochesca y de cabeza al XXI. Leeremos y comentaremos Queremos que vuelvan del paisano Miguel Ángel Santamarina, una novela tan actual que nos parece conocer ya a los personajes. Pero son otros. 



Un abrazo para todos los que me visitáis:

María Ángeles Merino

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor-din/cartas-marruecas--0/html/p0000001.htm#I_1_


18 comentarios:

  1. No sé, si Mohamed es real o un personaje imaginario, pero me han gustado sus cartas.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Si es real es muy reflexivo y si no: es un personaje muy bien introducido para que nos cuente esta crónica.

    Y si me lo permites a pesar de los derramamientos de sangre que tapizan esta piel de toro:aun no hemos limado viejas asperezas siempre esta la llama cerca de la mecha...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas asperezas, así es.
      Muy reflexivo como Gazel.

      Eliminar
  3. Real, muy real. Nos encontramos con él todos los días pero no lo vemos porque nos resultan invisibles para que no nos cuestionemos nada.

    ResponderEliminar
  4. Buenas tardes, Abejta de la Vega:

    ¡Que bien has unido pasado y presente, a modo de crónica!
    No te has dejado nada en el tintero.
    Vuelvo a mirar la fotografía de los ocupantes de la patera. ¿No sentirán vergüenza “los emperadores” cuando vean así a sus gentes?.

    Abrazos.
    P.D.: Leyéndote, además, casi me he visto sentada contigo, compartiendo la mesa de esa cafetería.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como si habláramos tomando café. El pasado y el presente sę dan la mano.

      Eliminar
  5. ¡Excelente! Mi relación con los magrebíes ha sido más bien escasa, pero me ha gustado este ir y venir tuyo, en este caso de alguien bastante integrado. No siempre es así, y yo coincido con tu personaje en que el término medio es difícil.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un emigrante tan integrado sería lo ideal pero...

      Eliminar
  6. Ya lo decía Quevedo:
    Nace en las Indias honrado,
    Donde el mundo le acompaña;
    Viene a morir en España,
    Y es en Génova enterrado.
    Y pues quien le trae al lado
    Es hermoso, aunque sea fiero,
    Poderoso caballero
    Es don Dinero.
    Lo recordaba de Paco Ibáñez.
    ¡Vaya búsqueda de ilustraciones!, de la enciclopedia Álvarez.
    Este personaje, Mohamed, va a hacer historia bloguera. Como el Sanchico de Luz y todos los demás inventados en tus historias.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero poder hacerle huecos entre otros libros.
      Sanchico era muy grande.

      Eliminar
    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
  7. Es un gran chico este Mohamed y además muy aplicado y curioso. Se nota que ha tenido una excelente maestra.

    Besos

    ResponderEliminar