jueves, 31 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: Madres.


Recordáis a mi amiga Austri, la que me acompaña en mis paseos literarios, con el libro Andarás perdido por el mundo. Es muy suya en lo que toca a lecturas, pero los relatos de Óscar Esquivias la han atrapado. 

El Jueves Santo aprovechamos para visitar la Catedral. Mi amiga es tibiamente creyente y escasamente practicante, pero no quiere perder su rescoldo de fe. En mi caso, ni rescoldo; pero disfruté acompañándola, que los ojos de una niña de la calle de la Paloma siempre descubren algo nuevo entre sus piedras. Y como siempre que visito mi "gabacha" catedral, alcé la vista a mi estrella del Cimborrio y saludé a mi arcediano Villegas en su arco sepulcral de la girola, con su eterno libro entre las manos, clave en la trama de Inquietud en el Paraíso. 


Después de los oficios, salimos  a dar un paseo por nuestras habituales arboledas, pues la temperatura invitaba. Nos propusimos entresacar alguna idea que recogiera todos los cuentos de Andarás perdido por el mundo.

-Bueno, Austri. Ya los hemos leído todos, algunos varias veces. Incluso nos inventamos la cara B para uno de ellos.

-Sí, para Curso de natación. Dimos voz a un padre al que pintamos de color sombrío. Suponíamos que muy malo tenía que ser para  que los dos niños fantasearan con la idea de casar al monitor con mamá.

-Sí, y a Óscar le divirtió como cambiamos la perspectiva a la historia. Me decía, en un comentario, que podríamos haberlo contado de nuevo tres veces, con las voces de la madre, de Stefania y Davide.

-¡Claro! ¡La madre! Hay una madre en la mayor parte de estos relatos. Una madre o algo de lo que hay que despegarse. Soltar amarras. Se me ocurrió delante de Santa María la Mayor.


Réplica de Santa María la Mayor, Catedral de Burgos.

-Y eso ¿crees que tiene su importancia? 

-Mucha. Porque para andar perdido por el mundo hay que soltarse de la mano de una madre, como el niño Óscar en Textiles Marín. Mira, se me ocurre analizar los cuentos, en relación con la figura materna, una de las claves. Como ves, aunque soy lectora plana y convencional tengo mis ideas. Y me pongo manos a la obra. 

-¿Y lo de la Santa María la Mayor? ¿Te ha afectado el incienso, querida Austri?


-No me seas hereje. Comparaba la imagen gótica con las románicas, Theotokos, totalmente ajenas al niño que tienen sentado sobre sus rodillas. En la de nuestra patrona ya hay un indicio de relación entre la madre y el hijo, le está mostrando algo. Evidentemente, Jesús se soltará de la mano de su madre y andará perdido por el mundo. 



-Estás llena del espíritu de la Semana Santa, pero sigue con Óscar Esquivias. 

- ¡Sigo con Maternidad! En La marca de Creta hay un relato titulado así. Es una mujer solitaria que alquiló una habitación a un muchacho delgaducho que huía del pueblo y de un padre que le arreaba.  Comenzó a lavarle la ropa, a hacerle la comida y a sentir ”una continua y secreta alegría de la que a veces se avergonzaba”.  Una maternidad algo extraña, ficticia y con tintes algo morbosos porque a la buena mujer se le iban los ojillos detrás de los chicos jóvenes de la vecindad. 

-No me digas que has leído La marca de Creta.  ¿Lo compraste?

-No lo tenían y lo saqué de la biblioteca . Mira qué bonito, como es un libro de un burgalés, lleva una pegatina con la catedral.


-Pero ahora tenemos que centrarnos en Andarás perdido por el mundo que ya va por su segunda edición, todo un éxito.



- Ya me centro. De eso hablaba, de maternidad, de madres. Voy con el primer cuento.

En Todo un mundo lejano,  hay una madre , Encarna, “desorientada, muy triste” porque su hijo ha roto con su vida anterior. “¿Dónde estaba el Ismael estudioso y responsable? ¿Dónde el Ismael piadoso, cristiano, generoso? Ahora le sentía distante, frío, antipático, ajeno. Le había registrado los cajones de su cuarto y había encontrado cosas que yo ni me podía imaginar (sí podía pero me callé).”

- Efectivamente, Mateo sí podía imaginarse. ¡Qué ignorante Encarna, la madre catequista de un hijo catequista! Tan guapa como la Ceccarelli, tan elegante, con moño peineta y mantilla, en los actos litúrgicos. Tal vez pasara por su cabeza que una buena novia, una chica cristiana y modosita acabaría con la tontería de su vástago y nada de psiquiatra, un buen director espiritual, un lavado confesional y volvería el Ismael de antes. Ni se imaginaba que la voz de Mateo era una voz enamorada. 

Sandra Ceccarelli

El chino de Cuatroca pronto se soltó de la mano materna. Fue engendrado la víspera de partir su madre a la aventura de la emigración. Siempre contó a su hijo que fue fruto del amor y, aunque ella no le buscó, fue "un regalo del buen Dios, quien puso en su tripita una perla preciosa la última noche que pasó en su patria, en el dulce Guayaquil". Cuando se dio cuenta del embarazo ya estaba en Madrid, trabajando de criada interna, en un lujoso piso de Reina Victoria.

El padre, Jefferson, recibió la noticia por teléfono, en Guayaquil. Cortó la comunicación para siempre. Se desentendió de la "perlita" y su mamá terminó casándose con "un hombre horrible" y español. Mamá era buena y dulce pero floja de carácter y se ponía del lado del padrastro en las discusiones. 

-El "chino" se independizó y se marchó de casa en cuanto tuvo dieciséis años. Andará perdido por el mundo este español de nacimiento, ecuatoriano de origen y llamado "chino" por sus rasgos achinados. Guayaco de corazón. Para pagar el mísero alquiler de una habitación compartida, se prestará  a una increíble farsa, la de hacerse pasar por chino profesor de chino, para una niñita bebé adoptada por una cultísima pareja gay. Una burla cruel del compañero de piso, el dominicano Rhadamés. Arreciarán las carcajadas mientras el pobre "chino"se echará a llorar. Seguirá andando perdido por Cuatro Caminos. Sin madre y sin patria. Sin madre patria.


-El niño de La Florida tiene madre, muy regañona y controladora, muy atenta a los buenos modales de sus dos hijos. Sobre todo que no metan la pata y digan palabras inconvenientes como "loco". Porque se ponen muy nerviosos cuando van a visitar al tío Lolo, ingresado en el psiquiátrico de Oña. Muestran sin disimulo  extrañeza y rechazo, en parte contagiados del nerviosismo materno. Lolo es el hermano de mamá, aquel al que ingresaron hace tantos años que todavía dice palabras como leñe o tuso.

Todo cambiará para el niño narrador a partir del momento en que, en medio de la fiesta del centro, pierda de vista a sus padres. El tío Lolo tira de él, el niño va detrás y se va a producir una sintonía entre los dos. Al final, cuando proclame: "El poema lo ha escrito mi tío, lo ha hecho el solo. Es poeta. Se llama Lolo. Lolo Galerón", será su hora de la verdad, el gesto que le hace crecer, el momento estelar de tío y sobrino.

-Para hacerse mayor, uno pierde de vista a sus padres.

Monasterio de Oña

El joven de Gorea visita la tumba de aquel hombre santo que era capaz de borrar las nubes de los ojos de los enfermos. A él mismo le dio la vista con su saliva. Le tocó además los labios y aseguró que tendría el don de la elocuencia. El joven piensa que, en realidad, no ha aprendido todavía a ver ni ha pronunciado las palabras que Álá ha previsto que diga.

-Recuerda que, cuando murió, alguien colocó una moneda sobre cada uno de sus ojos y se los vendó. Era un niño, pero se acuerda bien. Su madre dice que lo de las monedas se lo ha inventado. No siempre las madres aciertan, el de Gorea visita la tumba del hombre santo, reza y medita. Y encuentra en la arena de los caminos un pañuelo anudado con dos monedas en el interior. Y se lo entrega a un mendigo.

El joven de Gorea andará perdido por el mundo, como aquel hombre santo.



-Vamos con El principe Hamlet de Mtsensk. Yuri tiene madre, tan ajena a los aspectos amorosos de la vida de su hijo como la madre de Ismael, el catequista de Gamonal. Yuri debía continuar los estudios de piano en Oriol, a cuarenta minutos en tren de Mtsensk, impronunciable ciudad rusa. La madre pasaba por una depresión, tras la enfermedad y muerte de su marido. Tomaba unas potentes medicinas que le producían sopor y, a pesar de ello, se ofreció a llevar a su hijo en coche, ante los abundantes retrasos de los trenes. Cabeceaba al volante e incluso una vez se salió de la carretera. Yuri tomó la determinación de no consentir el sacrificio de su madre pero, al día siguiente, los maquinistas se pusieron en huelga y no quedó más remedio que recurrir a ella.

-Mientras Yuri estaba en clase, charlaba con profesores y empleados del conservatorio. Contaba con pelos y señales los detalles de la enfermedad de su marido. Repetía: "Ya veo la luz, ya estoy saliendo", "como si la depresión fuera un laberinto oscuro". Las visitas diarias a Oriol le sentaron bien a su estado de ánimo. Yuri estaba en un momento delicado, era un adolescente, había perdido a su padre y notaba la ausencia de su mejor amigo Vania que no había sido admitido en el conservatorio. Si a eso le sumamos la depresión materna...

-Y las infidelidades declaradas de Vania, la gota que colma el vaso. No es de extrañar que el cuento termine con un portazo a Vania, mejor dicho un ventanazo. Yuri andará perdido por el mundo. En Mtsensk, en Oriol o en donde actúe como pianista.


En Los chinos, el narrador es otro adolescente. Pasamos de una Rusia más o menos actual a un Burgos que todavía se extrañaba de ver a un chino. El protagonista pasó de los coreanos del taekwondo a los chinos del restaurante. Nadie distinguía a un chino de un coreano. Ahora tampoco, pero no les miramos con curiosidad.

Se puso a trabajar de camarero español en un restaurante chino, algo muy raro. Era una manera de empezar a independizarse de su familia.

"No hacían contrato y pagaban una miseria pero daban de cenar al final del trabajo y esto último,no sé por qué, me pareció lo más atractivo, porque las cenas en casa de mis padres estaban llenas de purés recalentados y, sobre todo, de reproches, malas palabras o silencios tensos"

-Un mal ambiente familiar, la madre está incluida. El camarero español de restaurante chino acumulaba tensiones, las de casa, las del trabajo... Y llegó el día en que, para más inri, se presentó a cenar la pareja formada por sus antiguos compañeros de colegio: Iñaki y Laura Gamboa. Laura era la niña de sexto B que había escrito secreta y repetidamente el  nombre del protagonista, en una libreta del colegio, adornada con muchos corazoncitos, lo normal a esa edad.  El narrador rechazó furioso tales muestras de amor, arrancando las hojas que fueron directas a la papelera. Laura nunca supo quien fue el autor o si lo supo no dijo nada. Iñaki era el mejor compañero del gimnasio de taekwondo. 

Patio de colegio en Gamonal

¿No le gustaba Laura? Si no le gustaba, ¿por qué le molestó tanto ver a Laura emparejada con Iñaki, en el restaurante chino? El cuento termina con mucha violencia: el cocinero abofetea a su hijo al verlo fumar, quita el cigarro al camarero español y...

"...salté, extendí en el aire la pierna y le di una patada en los riñones"

"Seguí pateándolo, con años de rabia acumulados en la punta del pie"´

¿Contra quién iban las patadas rabiosas? ¿Contra Iñaki o contra el cocinero chino? ¿Se sentía atraído por Jesús, el camarero chino hijo del cocinero? ¿Le gustaba acaso Laura? ¿Por qué no soportaba verla tontear con Iñaki? 

-El camarero español de restaurante chino andará perdido por el mundo. No habrá más purés recalentados por mamá. 




El protagonista de Temblad filisteos se soltó hace mucho de la mano de mamá. Y de las inermes obras de teatro clásico a las que desea desestructurar para que no las conozca ni su padre...total son autores muertos. ¡Qué saña contra Calderón! ¡Y pagan por la faena! No le importan las dificultades, se crece con ellas:

"Vamos a pelearnos mucho"


-El de La última víctima de la batalla de Trafalgar, el profesor Robredo, se soltó de su  alma máter,  la Universidad.de Burgos y anda despendolado. Pasó de sus alumnos y de sus clases, lanzándose a una rocambolesca aventura en Londres, dirigido por las consignas de otro profesor, aún más loco. Le ofrecerán un documento que cambiaría la visión de la batalla de Trafalgar. ¡Ay el inepto Villeneuve! Robredo pasea su  locura por un Londres enloquecido, ante el jubileo de su "gloriosa y dulce reina Isabel". 

Su cuenta corriente quedó a cero. La presión le oprimía el pecho, se le nublaba la vista, se desplomó. Le habían engañado. Hervían imágenes en su cabeza: el delegado de clase persiguiéndole por los pasillos de la UBU, las pantorrillas de la británica y patriota patrona, el músico ruso cagón saliendo del servicio, el pakistaní contando impasible los billetes, el sobrino policia de la patrona cantando algo a su "country", la horrible música barroca inglesa...Argggg.

Estaba próximo a la muerte y alguien proyectaba en su mente el rótulo: "Hoy termina la batalla de Trafalgar; ésta. que debió ser la primera, es su última víctima". 



-Días después, convaleciente en el hospital, todavía se veía en la cubierta del Bucentauro, golpeado por las olas, con sabor a sangre en la boca. Corazón Valeroso se había vengado. 

Si hubiera tenido madre, el profesor Robredo no hubiera andado por el mundo sin mudas limpias. 

Casa inglesa

Vayamos con La Casa de las Mimosas. Mijail tiene madre espartana que cree ciegamente en el libro de un pediatra llamado doctor Gustafsson: fruta, verdura, gimnasia sueca al aire libre y natación diaria. Así que el odiado Sidney, sacaba al niño de la cama para las tablas de gimnasia y después a sumergirse en la piscina: crol, espalda, braza y mariposa. A Sidney le parecía poco lo de Gustafsson, cosa de señoritas, y añadía flexiones, saltos o más minutos de natación. 

-Una mujer viuda, aristócrata rusa perpetuamente exiliada y rica a pesar de los bolcheviques. Llevaba a Mijail a los cines de su propiedad, como a un espectáculo inocente. Si le advertían de que la película no era apropiada para un niño, replicaba: "es mi hijo, no un niño". Era una madre tan invasora como las mimosas de su jardín, en Santa Mónica, en California. Ni pinos ni palmeras, no conseguían que crecieran sino mimosas. 

-Mijail, el narrador, suponemos que ya adulto, declara que, en 1926, a los ocho años de edad, acabó  su infancia, después de ver la película: "El demonio y la carne". El aire europeo de la película, el recuerdo de su padre con uniforme militar, la nostalgia de lo que no había vivido. En aquella película había una melodía secreta: "atisbé lo que significa el sexo". Gilbert y Hanson , los dos protagonistas masculinos, "se miraban de una forma tan intensa que transmitían un sentimiento que iba más allá de la amistad".

-Y los besos de Greta Garbo no le parecieron ridículos "sino muy perturbadores". Deseó que alguien le mirara con ese mismo deseo. Se sintió mareado, borracho, atrapado como su madre con las mimosas. Cuando mamá le comenta que los payasos de Hollywood han dejado de hacer cine para niños, Mijail tarda un poco en contestar:

"Ya no soy un niño, mamá"

-Mijail se perderá por el mundo, para huir de la materna Casa de las Mimosas. El cine le llevará a conocer mundo. No echará raíces. Huirá del ejercicio físico, como de la peste.


Vayamos con Mambo. Carmen, la Papamoscas ni tiene madre ni es madre. En todo caso, juega a ser la mamá de su perro Pipo. Le hubiera gustado, tal vez, ser la madre del chico de los gladiolos, el que tiene novio, el narrador. Y, a éste, tal vez le gustaría hacer un poco de madre con Fernando, pobre chico con las señales del intento de suicidio, la carne cosida de sus brazos. Y hacer que coma mejor, nada de fritanga, él le prepararía ese pescado a la sal que le gusta tanto.


-En El mejor de los mundos, conocemos a un médico cooperante en un país africano, desencantado de todo, adicto a todo, que descubre el mejor de los mundos en el mundo artificial que le ofrece la droga. Una bolsa de pegamento y Tofi le besará con sus carnosos labios. El neumólogo francés ya no recuerda cuando tuvo madre protectora. Lo más maternal que le viene a la memoria es la tía Veronique que se dejaba tocar los pechos cuando se bañaba en el río. No abandonará nunca "el mejor de los mundos". y andará perdido por el peor de los mundos. Pero él no lo sabe. Las lenguas enroscadas, ay. Aquella playa africana.


-Pasamos a El misterio de la Encarnación. El "frullato" del oboe rompe las barreras del tiempo. El músico Julio vuelve a encontrarse con el niño Julito, al que reclamaba la Yoli con un timbrazo insistente que sonaba exactamente como el trémolo del oboe. La Yoli, con el artículo la, melodía del pasado, aquella niña de su clase que tuvo una niña siendo todavía una niña. Aquellos tiempos de comer almóndigas y de ir a ca´la Yoli. Cuando Sor Violante les explicaba en clase la reproducción humana asépticamente y Julito había coloreado el momento memorable en que "el óvulo flotaba como un planeta gigante en mitad del cosmos y los espermatozoides cruzaban el espacio como una lluvia de cometas". Nada indicaba que tenía lugar dentro del cuerpo humano, nadie les explicaba como "saltaban esos recacuajos del cuerpo del hombre al de la mujer". En el colegio les adiestraban para creer en lo maravilloso como "El Misterio de la Encarnación", una muchacha que leía y un ángel bellísimo. Misterios, qué tranquilidad.



La Yoli no volvió al colegio. Tuvo un bebé, la pequeña Dina, y la madre de Julito le envió a ca la Yoli, con una caja de bombones y ropita de bebé usada, envuelta en papel de regalo también usado. A la Yoli se le ocurrió decir que Dina se le parecía y Julito se puso nervioso, mordisqueaba los bombones que eran de licor y quiso salir corriendo. "Me tengo que ir, Yoli". La besó, besó a la madre de la Yoli y a todas las "sultanas" que estaban allí. Se estaba despidiendo de todas. Tenía que huir de aquella casa, de la suya, del barrio, de España, de la galaxia. Bajó las escaleras a saltos, salió a la calle y hoy Julio lo sabe: "has seguido corriendo y huyendo hasta hoy". 

-Julio anda perdido por el mundo, con su rechazo de la paternidad a cuestas. 



Y, por fin, El arpa eólica. Héctor Berlioz, estudiante de medicina a la fuerza, "completamente absorto en su labor de escribir música". Capaz de componer "en latín cantado debajo del agua", para un aria en que el Faraón se ahoga en las aguas del Mar Rojo. Capaz de diseñar instrumentos musicales como el arpa eólica o el guitarrocorno. Capaz de ser impertinente con el temible director del Conservatorio, el malhumorado Cherubini. 

- El problema del joven Berlioz es el dinero, su padre ha girado las mensualidades al doctor Amussat, con el compromiso de entregárselas en mano cuando Héctor asista a clase. Lo sabe a través de una carta de su hermana Nanci:

"Querido hermano, habla con tu profesor , quizá él te pueda adelantar esos francos...Recibirás carta de papá pronto. Está muy entristecido y medita que debe hacer contigo...Mamá le implora que te rescate de París, dice que la ciudad te ha engullido como la ballena a Jonás y asegura entre amargas lágrimas que quizás te hemos perdido ya para siempre, pero yo no lo creo así..."

Berlioz tenía una hermana maternal y una madre que lloraba y temía perder a su hijo para siempre. Él ya se soltó de la mano, pero ella insiste en retenerlo, quería sacarlo del vientre de la ballena.

-Todavía hemos de ver a Berlioz con su aparatosa arpa eólica. Pero el narrador Pons nos lo va a metamorfosear en una especie de jovencito Frankenstein que hará cantar a un cadáver traído del cementerio. Todo un cuento romántico de terror, pero no lo cuentes, María Ángeles.

Héctor Berlioz andará perdido y tan a gusto por el mundo, con su música. 



-Acabamos los catorce relatos. Mañana estaremos en la sesión de lectura colectiva presencial, con Óscar Esquivias y el profesor Pedro Ojeda, en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos. Lo contaré. Tenía que hablarte de la próxima lectura: Noches lúgubres de Cadalso...

Un abrazo de María Ángeles Merino. 

Otro de Austringiliana, la amiga Austri.


16 comentarios:

María Luz Evangelio dijo...

Bueno, después de leer tu texto me quedo con cara de asombro. Te has dado una buena sesión de escritura y has recogido todas las lecturas e impresiones de los relatos para darle cohesión a tu visión del libro. Veo que te has fijado en la figura de la madre y en que todos andan perdidos por el mundo, un punto de vista muy interesante. Yo no me atrevo a realizar una visión conjunta del libro, así que con tu permiso, le doy al me gusta, comparto y así queda claro que me parece bien esta entrada. Abrazos.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Perfecto este análisis transversal. ¿No me digas que tu amiga Austri es la versión en el siglo XXI de la monja esa medieval que también te acompaña?

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En efecto, estas madres de los relatos de Óscar Esquvias son parte de esa desorientación de los personajes. Tanto como los padres (muertos, ausentes...). El núcleo familiar que está y no está explica gran parte de los comportamientos de esos personajes.
A ver qué haces con Austri...

Bertha dijo...

Que razón tiene , para crecer se tiene que soltar de ese brazo materno porque sino las madres de la condición que sean a veces son un poco pesada(...)

Un beso Mª Angeles y otro para Austri y el plan B JAJAJA.

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

¡Qué estupenda lectora eres!
Y las fotografías, todas con detalles incorporados, especialmente la del arcediano Villegas con los dos libros, y la Virgen, y...
Me he quedado con ganas de saber del último relato.
Y he sentido un poco de envidia al ver la dedicatoria. Haré lo posible, cuando vaya a Burgos, por conseguir los libros de Óscar y su firma. Tengo que pensar algo. Mañana será otro día.

Abrazos.
P.D.: Enlazo una escena de la película muda de 1926 'El demonio y la carne'.

pancho dijo...

Las madres son las que más saben de los hijos aunque no lo parezca o lo disimulen.
Magnífico y trabajoso análisis de la función de las madres en los diferentes cuentos, como corresponde a una arañita o a una abeja incansable.
Como siempre, bien acompañado de elementos gráficos acorde con el texto. Qué verde Mtsensk (mejor copiar y pegar el nombre...)
La imaginación del autor se descubre hasta en la dedicatoria. Conoce bien tu blog...
Un abrazo.

Ele Bergón dijo...

Como te dicen todos los comentaristas, has hecho un excelente trabajo en esto de encontrar la esencia de los relatos de Esquivias' en esa madre que no deja crecer, pero estoy segura que quiere a sus hijos con un amor incondicional.
Besos

Abejita de la Vega dijo...

Las madres creen saberlo todo de sus hijos, me lo va a contar a mí que lo he parido. El amor es incondicional, aunque no les guste algunos aspectos de la vida de sus hijos.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Disimulan sí. Incluso simulan saber lo que no saben. Gracias Pancho. Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Te gustará Óscar. No te lo pierdas. Qué fascinante la Garbo de ese enlace. Gracias Gelu. Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Pesadas por amor. Austri y el plan B te envían un abrazo. Gracias Bertha.

Abejita de la Vega dijo...

Los ausentes están muy presentes cuando nos perdemos. Austri nos acompañará. Gracias y un abrazo Pedro.

Abejita de la Vega dijo...

Es una descendiente creo. Se llama como ella. Gracias Carmen y un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Un atracón de escritura. Mereció la pena. Un abrazo y gracias Mari Luz.

DORCA´S LIBRARY dijo...

Me ha gustado la historia del chino de Cuatroca, esa perla que nadie esperaba y que sólo la madre supo valorar.
Hay quien se siente perdido al perder físicamente a su padre o a su madre, otros lo hacen a pesar de tenerlos físicamente cerca. Cuánto poder tiene la familia.
De las fotos, me quedo sin dudarlo con la de la casita inglesa. Una de mis debilidades...
Un abrazo amiga de caminos.

Abejita de la Vega dijo...

El pobre chino de Cuatroca anda perdido perdidísimo y el final es muy amargo aunque arrecien las carcajadas. La vida....La familia orienta o desorienta. La casa inglesa también es mi debilidad. Besos amiga.