miércoles, 23 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: Curso de natación.


Recordáis a mi amiga Austri, la que me acompañó durante mi paseo por Gamonal, con el libro Andarás perdido por el mundo, en la mano y en la boca. También estuvo conmigo en un detallado paseo por La Florida.  En las dos entradas anteriores, tenéis nuestros comentarios. Ahora la conocéis un poco, pudisteis comprobar que los relatos la atraparon, a pesar de ser tan suya en lo que toca a las lecturas. Le ha cogido gusto a ayudarme con las entradas y hoy me acompaña a dar un paseo, con libro, por las orillas del Arlanzón que comienzan a florecer:


Andarás perdido por el mundo, Ediciones del Viento.

-¡Hola Austri! ¿Qué te parece si seguimos con los cuentos de Andarás perdido por el mundo? Porque la semana pasada formamos un buen equipo, nos paseamos por La Florida, de la mano del tío Lolo, "compartiendo las emociones y los pasajes del niño narrador". 

-¡Hola María Ángeles! Así es, compartimos emociones y  pulverizamos el cuento...con todo cariño. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres. 

-Bueno mujer, no lo digas así. Nos gustó tanto que nos resistíamos a dejar algo en el plato. La Florida está ahí intacto, para el que desee disfrutar de su lectura o confeccionar un sesudo comentario. Nosotras no lo impedimos.

-¿Qué cuento quieres comentar esta semana? 

-Esta semana quiero ponerme con Curso de natación, pero no lo voy a comentar.

-El más corto de todos y no lo comentas. ¡Qué bribona estás! 

-No lo voy a comentar, pero le voy a buscar la cara B. O, si lo prefieres, si el cuento es A, me pondré con -A. Porque Curso de natación estimula al lector a imaginar el cuento paralelo. ¡El del padre ausente! Como dijo Pedro Ojeda: "un mundo entero en una piscina". 

-Me parece estupendo, pero explícame por qué has puesto a un San José en la cabecera de la entrada.

-Porque le di la vuelta al cuento el sábado 19, Día del Padre. El niño del curso de natación pone en evidencia a un padre muy poco padre, nada que ver con ese San José que alza con tanto cariño y orgullo a su criatura. Lo fotografié  en Elciego, un pueblo de Álava donde estuve de excursión, en junio pasado. Es del XVII o del XVIII, no recuerdo. El padre del niño de la piscina es, por el contrario, un padre ausente, lo podíamos representar con un San José románico.

-¿Románico? 

-Sí, románico; porque la iconografía del románico mostraba, a menudo, a un San José ausente o dormido. 

-Como diciendo "qué tengo yo que ver con todo eso". ¿Es eso lo que quieres decir? Los artistas románicos gastaban su guasa, a pesar de sus rígidos cánones. El papel de José era difícil, sin duda. 


-Sí, ausente como un San José románico, o algo peor. No lo sabemos, es el "punto ciego" del cuento. Un padre, el del niño narrador, que  desaparece tras la primera frase: "Aprendí a nadar el verano que mis padres se separaron ". No volverá a aparecer hasta el final: "A mediados de agosto, papá volvió a casa". En medio tenemos al niño y a su hermana Stefania que eligen a Davide, al monitor de natación, "el hombre más guapo del mundo", para casarlo con su mamá.

-El pobre niño trata de imaginar cómo sonaría, con la voz del monitor: "Levantaos, hay que ir al colegio", "Comed todo lo que hay en el plato" o "Un beso y a la cama". Y se esmera en sus ejercicios para hacer cumplir mágicamente sus fantasías: Davide se enamorará de su mamá, se casarán y vivirán todos juntos. Stefania y él tendrán un progenitor orgulloso de sus hijos, como el San José de tu foto. Un poco severo, no importa, con tal de que esté a su lado. Podría ser un buen cuento para el Día del Padre, podrías haberlo publicado el día 19.

Te ayudo a imaginar el cuento paralelo. Comienza, María Ángeles. Sigo yo.

Habla el padre del niño narrador y su hermana Estefania

-Al llegar el verano no nos aguantábamos más y nos separamos. No iríamos de vacaciones a San Vincenzo, ni mi mujer ni yo estábamos para dar explicaciones, ni a mis padres ni a los suyos. Nos quedaríamos en Florencia, aunque yo habría de buscarme un pequeño apartamento. Para que los niños no añoraran el mar, ella les apuntó a un curso de natación en la piscina Le Pavoniere, "en una suntuosa villa del Parco delle Cascine". Ella nunca reparaba en gastos cuando se trataba de la comodidad de sus niños, que no pasaran calor. Qué calor iban a pasar en "el lugar más umbroso y frío de la ciudad". Un poco de calor tampoco les vendría mal, blandengues criaturitas. ¡Qué bien les vendría un espartano internado ! ¡Y qué tranquilidad dejarlos en manos capaces de domarlos convenientemente!


-Me alarmó lo que se le escapó a mi hija Stefania, toda una mujercita de catorce años. Le preguntó mi madre si era buen profesor el tal Davide y la niña lo proclamó como "el hombre más guapo del mundo". Sentí curiosidad por conocer la elegante piscina y su afamado monitor. Indagué un poco, a qué  horas acudían mis hijos, para no coincidir, sería muy embarazoso.

-Cuando llegué, estaba dando clase a un grupo de mujeres maduritas que se lo merendaban con la mirada. Allí estaba el socorrista monitor de natación, con sus eternas gafas de sol y su camiseta que subía y bajaba como un telón, dejando al descubierto una impecable musculatura, eso que llaman "tableta de chocolate". Es que los chulitos de gimnasio se inflan a esteroides, de dónde iban a sacar esas piernas como columnas, peludas y morenas de rayos UVA. 

Aquel verano tuve varias reuniones con la que iba a ser mi ex mujer, cosas de abogados y de dinero, ya sabéis. Eran bastante agrias pero mi mujer se endulzaba cuando hablaba de sus hijos. Me contaba que su hijo batía las piernas con ritmo, aguantaba la respiración y soportaba el cansancio. Que nunca le había visto esforzarse tanto. Que salía del agua temblando y de color azul, pero feliz de haberse superado. 

-¡Si mi hijo no sabía nadar! En San Vincenzo, se escondía tras las rocas, recogiendo conchas y piedrecitas para su colección. Porque era muy pequeño aquel día. Lo sujeté con toda mi fuerza y lo arrojé  donde más cubría, el mismo método que siguió conmigo mi difunto padre. Debió de coger miedo, como una nenita. Lo superó gracias al estupendo monitor, decía ella. Tiene ya doce años. 




-Mira que si mi hijo se me ha vuelto...

No llegamos a firmar los papeles. Qué iba a hacer ella sin mí. Yo no soy una mala persona, infiel, lo normal, alguna vez se me fue la mano, hay cosas que un hombre cuando es muy hombre...Abandoné el apartamento de mala muerte a mediados de agosto. 

"A mediados de agosto, papá volvió a casa"

- Estefania y su hermano tuvieron que olvidar su sueño. 


¡Qué bien nos ha quedado el cuento paralelo! Nos ha salido un padre peor que ausente y un marido impresentable, María Ángeles.

-Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino



13 comentarios:

María Luz Evangelio dijo...

Monitor 1, padre ausente 0.
Pobres niños, da igual que hagan muchos largos en la piscina, al final se tienen que conformar con la decisiones de los mayores. Cuando ya le hemos tomado cariño al monitor resulta que debemos olvidarlo y pensar de nuevo en el padre.
Muy divertido lo de darle la vuelta al cuento y que en la aventura te ayude tu amiga Austri.

Óscar Esquivias dijo...

Ja, ja. Me encanta cómo cambias la perspectiva a la historia. Se podía contar de nuevo al menos tres veces, con las voces de la madre, de Stefania y de Davide. Sería gracioso leer el resultado.

Abejita de la Vega dijo...

Los niños sufren mucho esas circunstancias. Una amiga, que pasó de niña por la separación de sus padres, me dijo que el cuento le parecía irreal, que cuando tus padres se separan lo último que quieres es que tu madre se busque una nueva pareja. Pero mi amiga quería mucho a su padre,esa es la diferencia. Me alegra que la cara B te haya divertido. Besos, Mari Luz.

Abejita de la Vega dijo...

Qué alegría me das, Óscar. ¡Cuánto madrugas! Me encanta que te encante. Es verdad, todavía se podría contar la perspectiva de la madre. No sé, no sé.
Un abrazo

María del Carmen Ugarte García dijo...

Las historias son tan abiertas que nos dan pie a seguir con nuestras historias. Para mí fue un sorpresón que el padre volviera y se acabara el cuento. ¡Cuántas incógnitas!

pancho dijo...

Me ha encantado también cómo has terminado el cuento que el autor dejó a medias de escribir. Bueno, en serio, mira que da de sí el minicuento.
Además aprendemos Románico. Qué bueno ese San José adormilado, como si con él no fuera el misterio.
Aquí el "padre horrible" parece que se arrepiente.
Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

¡Qué bien lo pasamos con las historias abiertas!
Miles de incógnitas con miles de soluciones. Sí, nos marea el volantazo que pega el escritor al final. ¡Los niños no quieren! Debe ser muy mal padre ese hombre. A Austri y a mí nos ha salido un tipejo impresentable.

Besos, Carmen Ugarte. Saludos a la Papamoscas y un mimo a Pipo.

Abejita de la Vega dijo...

A mí se me fue la mano, cargué las tintas en el padre. A la madre la vi débil y temerosa. Miles de posibilidades,tantas como lectores y lecturas. La iconografía es una fuente de inspiración, la del románico es mi debilidad. Fui a Elciego a ver la bodega ultramoderna y probar el vino...y me fijo en ese San José padre feliz.
Un abrazo

Myriam dijo...

Excelente esta historia alternativa y en especial la colaboración entre tú y Austri.

En Colombia y otras regiones del Caribe, los negros de la costa tiran a sus hijitos recién nacidos al agua para que aprendan rápido a nadar.
Los recién nacidos son anfibios que estuvieron nadando en líquido amniótico Más tarde ese reflejo se pierde y el niño si se puede ahogar, por eso es tan importante aprender de chicos a nadar.
En niños como los del cuento de Esquivias y más con un padre como tú y Austri pintaron, el hecho de aprender a nadar les da confianza y afirma su autoestima, esto independiente del monitor y todo lo bueno que este pudiera aportar.

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué deliciosa manera de darle la vuelta al cuento. A ver qué hacemos con Austri cuando acabemos de leer a Esquivias...

Abejita de la Vega dijo...

A ver como la convenzo para que me acompañe en las noches lúgubres. Huye de todo lo que huela a viejo y a Bachillerato.
Un placer dar la vuelta al cuento. Me faltó la visión de la madre,como me indica Óscar.

Pamisola dijo...

Hola Mª Ángeles, paso a saludarte y a felicitarte por tus entradas. Cómo no estoy leyendo el libro este comentario parecerá fuera de lugar, (por eso no entro más a menudo), pero me fío de los comentarios que te ponen los que sí lo leen, comodona que es una.
Con ese ristra de amigas-compis que te "ayudan" consigues que las historias además de interesantes sean divertidas, lo sé por otras veces que sí leo el libro que toca. Sólo por curiosidad, esa Austri, no tendrá nada que ver con otra que anda por ahí...

Abrazos.

Abejita de la Vega dijo...

Encantada de recibirte, Puri. Nada de fuera de lugar. Austro se llama Austringiliana, es de un pueblo de Burgos famoso por los nombres godos. Sospecho que es descendiente de la monja que se pasea por Internet, Sor Austringiliana, amiga de Sor Pucela.

Abrazos